PERROFOBIA

PERROFOBIAS

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Una respuesta propia al artículo de Javier Marías titulado PERROLATRÍA  y que pueden leer pinchando en el título.

Lo de los “derechos” de los animales es un despropósito. Con frecuencia son sus propietarios quienes quieren para sí una especie de privilegio añadido.

Este es el titular con el que Javier Marías se despachaba a gusto en su columna de El País Semanal tachando a los que proclaman los derechos de los animales de “privilegiados” que defienden un “despróposito” y de paso calificándonos a los propietarios de mascotas, poco menos que de “dictadores” que queremos imponer a los demás nuestros gustos por los canes.

Marías dice que aquí, en España, hemos “importado” la “lerda” idea americana de creer que todo el que posea un perro es buena persona, y pone de ejemplo a Hitler… Mire señor Marías… sabemos de sobra que poseer un perro (empieza hablando de animales, luego de mascotas y acaba reduciendo su biliosa diatriba solo contra los que tienen perro) no es sinónimo de ser buena persona, como escribir libros de éxito no le eximen a nadie de ser idiota. Y no hace falta que se vaya muy lejos para tener claros ejemplos. De lo de los perros, digo. De lo otro, que cada uno piense en quien quiera. Aquí en España hay mucho hijoputa que tiene perro y le abandona… eso los más benévolos, porque otros directamente cuelgan a los galgos de un pino en cuanto se acaba la temporada de caza, les utilizan para peleas de perros a muerte, les maltratan hasta casi la muerte y luego les tiran desde una furgoneta a la carretera, o podría ponerle miles de ejemplos más. No son buenas personas, pero sus perros, hasta muertos, les serán fieles. Así son esos animales.

Dice también el señor Marías que los animales no tienen derechos y sí las personas deberes para con ellos. Si los ejemplos anteriores no son suficientes, podría decirle de muchos que ejerciendo de sus derechos de posesión y superioridad hacia los animales, revientan caballos en el Rocío, cortan la cabeza de lobos para colgarlos en las señales de tráfico de Cantabria, saltan encima de lechones hasta revertarles las entrañas, se suben encima de un borrico de poca alzada hasta causarle la muerte, sacan a una cría de delfín del mar hasta morir con tal de hacerse un selfie, matan a garrotazos a las crías de las focas árticas para utilizar sus pieles por snobismo, son capaces de causar la muerte de miles de tortugas que acuden a desovar a playas atestadas de turistas que hasta se suben encima de ellas para hacerse fotos, asesinan cada año a miles de calderones indefensos en las costas danesas a palo limpio, y por supuesto, hay bárbaros capaces de alancear a un toro hasta morir, de causarle sufrimientos infinitos en una plaza de toros, o de provocarle heridas de toda clase en novilladas, escuelas taurinas, correbous y demás vaquillas de pueblo.

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Pero claro, todo eso lo hace la gente honrada, honesta y henchida del derecho a que quien tenga un perro no le moleste cuando pasea por la calle, o se siente en una terraza, o no le ofenda cuando ve a alguien en las redes tratar a su mascota como parte de su familia. Es mejor que toda esa gente honrada, honesta y henchida de derechos, se dedique a hacer todo lo que he descrito más arriba, o vocifere o escupa por la calle, fume delante de todo y de todos sin consideración ninguna, imponga la mala educación que ha propiciado a sus chillones hijos a todo el mundo en todas partes, y por supuesto, me obligue a mí y a otros a aguantar el beneplácito absoluto del que goza el fútbol por poner un ejemplo. Por tener un perro le molesta a usted mi actitud por mantenerlo en las mejores condiciones, pero es socialmente aceptable, que una empresa cierre para ir a ver un partido o se utilicen espacios públicos de todos para aporrear los sentidos con las barbaridades de los comentaristas futboleros, y de paso para hacer política a costa de más mentiras.

Según el señor Marías los animales no tienen derechos, y aunque es partidario de no maltratarlos gratuitamente (me gustaría saber cómo ha escrito este artículo suyo entonces),  sí que es partidario de responder violentamente si le ataca. ¡Hombre! Faltaría más. Nadie le va a reprochar señor Marías que utilice un raticida en su desván, un matacucarachas o matahormigas en su jardín, un insecticida en su casa, o un repelente de mosquitos en su piel (aunque también hay alternativas menos dañinas para todo ello, que conste). Puede estar tranquilo por ello que no le vamos a acusar de nada desde este “desvariado” sector de los amantes de los animales si se defiende de ninguno de esos bichos, o de un león que quisiera devorarle, pongo por caso, si eso pudiera suceder. Incluso de un perro que le atacara, aunque su ataque tuviera una explicación (que siempre la tienen). Pero ¿acusarnos a todos los que tenemos mascotas de querer “imponer” su presencia animal porque en Madrid haya tal número de ellas? Incluso se asombra de que algunas personas tengan más de un perro. Vamos, señor mío, que hay quien tiene más de un coche (o más de un arma de fuego, si me apura) y causa más daño que el dueño de varios perros y eso no parece molestarle a usted nada de nada.

Los animales tienen derechos, como seres vivos que son, o tendrían que tenerlos, vaya. Igual que les tenemos todos.  Nosotros también somos animales a los que se supone que nos asiste una racionalidad que pocas veces demostramos y deberíamos ser capaces de discernir cuando un animal hace daño, de cuando es simplemente una mascota (también hay gatos, pajaritos, toda clase de roedores, reptiles…). A nosotros también nos asiste el derecho de defendernos de una persona que nos ataca, e incluso hay leyes que avalan esa posibilidad o sirven para hacer caer todo el peso de la ley sobre quien nos violenta. ¡¡Si hasta hay leyes, incluso internacionales, que defienden construcciones y edificios como Patrimonio de la Humanidad y ejercer violencia contra ellos está penado!! Pero los animales no las tienen. Vale, si, existen leyes contra el maltrato animal, pero eche un vistazo a los casos que he puesto más arriba y dígame a cuántos de esos carcamales les ha sido impuesta una sentencia severa, ejemplarizante y suficientemente disuasoria. No. Nuestras leyes, muy al contrario, son capaces de blindar festejos taurinos y defender escuelas de tauromaquia, incluso subvencionando visitas escolares a las plazas. Nuestras leyes, muy al contrario, son capaces de defender el derecho a cazar con escopeta animales que vuelan de paso por nuestro cielo, o que viven en nuestros bosques, o pescar con muerte y sin control algunas especies de río o marinas, que como muchos otros de los cazados, están en vías de extinción. Esas leyes no condenan a quien maltrata animales. Pero si me condenan a mi si llevo suelto a mi perro de 15 kilos por la calle.

Lo de recoger las heces es un acto de civismo que realizamos la gran mayoría, pero como en todo, hay guarros que no las recogen, y también guarros sin perro que escupen o se suenan los mocos en la calle, que orinan en cualquier rincón (hasta en mi portal, obligándonos a los vecinos a hacer un desembolso económico para poner una puerta adicional), que incluso defecan (si, si, todos los que tenemos perro lo sabemos y si no, pregunte), que tiran botellas o vasos dejando los cristales rotos, que tiran las colillas de sus cigarros al suelo, o realizan todo tipo de actos vandálicos en las ciudades y que parece que molestan poco a los que solo tienen ojos para ponerlos en quien llevamos mascotas.

No creo que los dueños de perros clamemos porque nos dejen entrar en todos los sitios posibles, pero si porque en España se puedan tener los mismos derechos que se tienen en otros países de Europa, ya que tan europeístas nos proclamamos a veces. En varios países de Europa he viajado con mi perro en todo tipo de transportes y al sentarme en una terraza o local, le ponen primero un cuenco con agua a mi perro antes de preguntarme a mí que voy a consumir. Y donde no puedo entrar con él (incluidos museos), hay habilitada una zona para poder dejarlo, a la sombra, debidamente protegido y con agua disponible. Aquí, hay quien ha dejado morir a varios cachorros en el maletero de un coche. Y no va a ser sancionado, aunque puede que usted le considerara europeo y muy europeo.

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Y en cuanto a restaurantes, se asombraría usted de en cuantos sitios me han llegado a decir que preferirían dejar pasar a los perritos, pero que no le dejan sus otros clientes, aunque sus hijos causen más destrozos. Porque los causan. Y nadie les dice nada. Bueno, sí. Ya hay donde organizan viajes sin niños o restaurantes donde no son admitidos. Por algo será.

No, no se preocupe ni usted, ni nadie de todos esos que le han aplaudido la gracia de su artículo. Yo desde luego no les voy a imponer la presencia física de mi perro (la virtual sí, y se aguantan),  pero solo por una razón, porque mi perro no se merece juntarse con alguien de su calaña. Las “perrofobias” ni van con él ni van conmigo.

Firmado: Almaleonor  y Miki.

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3 respuestas a PERROFOBIA

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