TIEMPO DE OLIMPIADAS (VII)

TIEMPO DE OLIMPIADAS (VII)

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OLIMPIADAS DE LOS ÁNGELES 1932

Con los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932, los Juegos de la X Olimpiada, el deporte olímpico volvió a cruzar el Atlántico después de 28 años. Las novedades de estos juegos incluyen la utilización por primera vez del photo finish, el cronometraje automático en los eventos de pista del atletismo, o el podio de tres niveles para la imposición de medallas a los deportistas, que incluía el izado de bandera del país del ganador de cada prueba, hecho que modificaba sustancialmente las normas implementadas por el Barón de Coubertin, quien creó los juegos como una participación de atletas a título personal y no nacional. Aún hubo otras “innovaciones técnicas”, como un enorme tablero luminoso que daba las clasificaciones de los deportes al momento, proyecciones del resumen diario de la competición y, sobre todo, una crónica radiada que llegó a escucharse en buena parte del mundo.

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Pero no fueron unos juegos muy celebrados. Aún estaba candente la gran crisis económica mundial conocida como “Crack de 1929”. No se sabe muy bien si fue por conveniencia deportiva o por ahorro económico, el caso es que desde esta edición los Juegos Olímpicos pasan a celebrarse en unos 15/18 días (16 en esta edición), en lugar de los largos Juegos de ediciones anteriores (recordemos que en las que coincidían con Exposiciones Universales, duraban meses, y el resto no menos de 79 días). Curiosamente, la ceremonia inaugural del 30 de julio (celebrada en el estadio Los Ángeles Memorial Coliseum, el estadio más grande del mundo en esos momentos) fue contemplada por más de 100.000 personas, todo un récord.

"At the Seaside of Arild", de David Wallin (1876-1957)

“At the Seaside of Arild”, de David Wallin (1876-1957)

Los Juegos Olímpicos del Arte, sin embargo, atrajeron a muchos artistas a la competición  (y a unos 384.000 visitantes al Museo de Historia, Ciencia y Arte de Los Ángeles, donde se expusieron los trabajos de pintura y escultura), que presentaron unas 1100 obras representando a 31 naciones. En la modalidad de Pintura, gana la medalla de oro la obra “At the Seaside of Arild”, del sueco David Wallin (1876-1957), mientras que el artista norteamericano Mahonri Mackintosh Young (1877-1957), nieto de Brigham Young, el segundo profeta-vidente en importancia de los mormones (La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días), ganó el oro con su escultura “Knockout”.

"Knockout", de Mahonri Mackintosh Young

“Knockout”, de Mahonri Mackintosh Young

Sin contar estas medallas de arte, que no las tiene en cuenta el COI para sus recuentos, los EEUU, país anfitrión, se llevaron una abrumadora cantidad de medallas Olímpicas, 103 en total (41 de ellas de oro) frente a las escasamente 36 (12 de oro) que obtuvo el segundo clasificado en el medallero, curiosamente Italia (no los pesos pesados de otras ediciones, Francia o Reino Unido, que quedaron muy por debajo, con 19 y 16 respectivamente). Claro que, debido a los problemas económicos que seguía sufriendo Europa y el alto costo del largo viaje hasta América, solo participaron 37 países (46 en la anterior convocatoria) y 1328 atletas (más de 3000 en Ámsterdam 1928). Por las mismas razones (que originó falta de equipos inscritos) se suspendió el torneo de fútbol y el COI tuvo que ayudar económicamente a varios deportistas (construyó una Villa Olímpica para caballeros y albergó en un hotel de lujo a las señoras). Por ello se originó un gran revuelo con Paavo Nurmi, el gran atleta finlandés quien recibió ayuda económica para realizar el viaje a Los Ángeles, hecho que contravenía las normas amateurs de las Olimpiadas, y se le prohibió participar (recordemos que el nadador argentino, Alberto Zorrilla tuvo un problema en sentido contrario, de falta de fondos, tal y como se relata en la entrega anterior).

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El Juramento Olímpico  de los atletas fue pronunciado por el esgrimista norteamericano George Calnan (1900-1933),  que había participado en París 1924, Amsterdam 1928 (medalla de bronce) y obtuvo dos medallas de bronce en Los Ángeles. Calnan, que era militar con rango de teniente, falleció al año siguiente entre las 73 víctimas del accidente del dirigible norteamericano USS Akron (ZRS-4).

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En estos juegos volvemos a encontrar un joven deportista de 14 años (masculino en esa ocasión) galardonado con una medalla de oro. Fue el japonés Kusuo Kitamura (1917-1996),  campeón en los 1.500 m de natación libre.

Otro deportista llegó a ser un héroe en su país, llamado
“El Ñandú criollo”, tras ganar la Maratón de Los Ángeles 1932, la prueba estrella de los Juegos Juan Carlos Zabala en El Gráfico nro.683 del 13-8-1932Olímpicos. Se trata de Juan Carlos Zabala (1911-1983), un huérfano argentino, que además era excelente en otros deportes como fútbol, baloncesto y natación. Con 20 años, Zabala se convirtió en el ganador de la maratón olímpica más joven de todos los tiempos.

En las Olimpiadas de Berlín 1936 fue el abanderado de su país, pero no consiguió medalla. La película “…Y mañana serán hombres” (1939) del director argentino Carlos Borcosque, recuerda su triunfo olímpico (en 1979 el hijo de Borcosque realiza un remake del film con el mismo título).

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El deporte femenino tuvo su momento de gloria en estas Olimpiadas con la actuación de la estadounidense Mildred Ella Didrikson (1911-1956),  de 21 años, llamada “Babe” desde los tiempos en los que jugaba en el equipo masculino de béisbol de los Brooklyn Dodgers.

LOS ANGELES, CA - 1932: Mildred Babe Didrikson of the USA throws the javelin to win the gold medal during the Women's Track and Field javelin event at the 1932 Summer Olympic Games in Los Angeles, California. Didrikson was one of the most versatile sportswomen in the world, winning fame at the 1932 Games where she took both the 80 meter hurdles and javelin titles, and finished second in the high jump. Over a two year period, she continued to set world records in each event. She was an All-American basketball player but her more lasting fame came when she took up golf and won the Women's Amateur title once and the US Open on three occasions, the third time in 1953 after fighting cancer from which she died in 1956. (Photo by Getty Images)

LOS ÁNGELES-1932: Mildred “Babe” Didrikson (Photo by Getty Images)

Babe, estaba calificada para participar en las cinco pruebas femeninas de atletismo, pero sólo fue autorizada a competir en tres de ellas, y en las tres obtuvo medalla. Ganó la medalla de oro en lanzamiento de jabalina y en 80 m vallas, donde estableció un récord mundial, y la plata en una controvertida final de salto de altura.

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Babe destacó en muchos deportes además del béisbol y el atletismo. También jugó con éxito al baloncesto y fue una gran profesional del golf que en 1938 le permitió competir en el torneo masculino de golf Open de Los Ángeles (gano tres veces el Open de EEUU femenino, el último en 1956, poco antes de fallecer de cáncer). Desde entonces, y hasta el año 2006 (con Michelle Wie), fue la única mujer en superar el corte en un torneo de golf profesional masculino. Su entrenador fue su marido y conocido luchador profesional, George Zaharias (1909-1984).

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Otra deportista, la esgrimista británica Heather “Judy” Guinness (1910-1952),  será recordada en la historia de los Juegos Olímpicos por su noble deportividad. En la final de florete individual femenino, con el oro al alcance de su mano, indicó a los jueces que su adversaria, la austríaca Ellen Preis (1912-2007), la había tocado dos veces. Preis (que sería rechazada por la delegación alemana por ser judía y compitió con la de EEUU) se llevó la medalla de oro y Guinness la de plata. En 1936, Ellen Preis ganó la medalla de bronce en florete individual femenino, para disgusto de Hitler (también la obtuvo en Londres 1948).

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OLIMPIADAS DE BERLIN 1936

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Como ya se adelantó en otro artículo de esta serie, Berlín pudo haber organizado los Juegos Olímpicos de 1916, pero quedaron truncados por el inicio de la Gran Guerra en 1914. En la votación que se llevó a cabo en el COI en 1931, Berlín venció a Barcelona y obtuvo la sede de los Juegos Olímpicos de 1936, los Juegos de la XI Olimpiada, celebrados entre el 1 y el 16 de agosto, durante el periodo del Tercer Reich. Estos Juegos venían a cumplir las expectativas alemanas después de, justamente, veinte años de su anterior tentativa. En esta ocasión, serían los últimos antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial en 1939. Vistos con retrospectiva, parece que anunciaran el poder y la barbarie que estaba a punto de desatarse.

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Das Olympia-Stadion. Berlin 1936

Los Juegos de Berlín 1936 contaron con el mayor número de delegaciones nacionales hasta la fecha, 49 países, que enviaron un total de 3963 deportistas (3632 hombres y 331 mujeres). Alemania, el país anfitrión, presentó la delegación más numerosa con 348 atletas, y fue el país que ganó más medallas en los Juegos Olímpicos de Verano (89 en total, 33 de ellas de oro, seguido de los EEUU con 56 medallas en total) y el segundo con más medallistas de los Juegos Olímpicos de Invierno (6 medallas en total, 3 de oro), aunque muy lejos de Noruega, la primera clasificada con 15 medallas en total (7 de oro).

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Estos Juegos incluyeron, entre sus muchas novedades, las primeras acciones de boicot por cuestiones políticas , una amenaza del Comité Olímpico estadounidense que, al final, no se llevó a cabo. Lo que si se materializó fue la no participación de la España de la Segunda República (Rusia no envió delegación olímpica tampoco) porque se negaba a colaborar con el régimen nazi de la Alemania de Hitler. Como contrapartida, se propuso celebrar en Barcelona una Olimpiada Popular, en la que estaba prevista la participación de un gran número de deportistas: se llegaron a inscribir 6.000 atletas (la mayoría pertenecientes a asociaciones y clubes deportivos sindicales y de izquierda) de 22 países (los equipos de Alemania e Italia estaban compuestos por exiliados de ambas naciones), incluyendo también equipos representando a Alsacia, Cataluña, Galicia, el País Vasco y a judíos exiliados de varios países.

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Pero tampoco se celebraron porque, como todo el mundo sabe, la España democrática no llegó al mes de agosto, ya que el 18 de julio de ese año, un golpe de estado fascista terminó por originar la terrible Guerra Civil española y los Juegos se tuvieron que suspender precipitadamente. Los atletas se fueron a toda prisa, aunque algunos se quedaron enclara thalman España para luchar al lado de la República, como la suiza Clara Ensner (1908-1987), miembro del Partido Comunista de Suiza, que acabó siendo miliciana anarquista de la Columna Durruti (durante la Segunda Guerra Mundial, Clara y su marido, Paul Thalmann, se unieron a la resistencia francesa). En 1984, Clara regresó a España para presentar un documental sobre su experiencia titulado “Die lange Hoffnung”, de  Augustin Souchy (1892-1984).

A buen seguro que durante los Juegos berlineses, el Führer estaría siendo informado puntualmente del desarrollo de este conflicto español, que pronto se tornó casi en internacional con la participación, muy activa, de la propia Alemania (e Italia) del lado de los golpistas, y la comedida repuesta de apoyo a la República española de franceses, rusos y, sobre todo, mexicanos y argentinos.

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Y es que el régimen nazi utilizó estos Juegos Olímpicos y su proyección internacional como un gran escaparate de propaganda política del Tercer Reich, a través del elaborado programa de difusión encargado por Hitler al ministro de propaganda Joseph Goebbels, la puesta en escena realizada por Albert Speer y la supervisión y filmación realizada por la directora de cine y fotógrafa alemana, Leni Riefenstahl (1902-2003), una magnífica artista gráfica que quedó eclipsada por su adhesión política al nazismo. Suya es la película Olympia, un documental sobre los Juegos de Berlín 1936 que vio la luz en 1938, y que, pese a su excelente factura técnica, exacerbaba la superioridad de la raza aria en las competiciones. Fue el primer largometraje filmado en unos Juegos Olímpicos.

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El Saludo Olímpico a la Tribuna de autoridades realizado por los atletas que desfilan en la Ceremonia Inaugural, consistía, desde aproximadamente Amberes 1920, en hacerlo con el brazo en alto.

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Varias delegaciones nacionales saludando a la Tribuna en el Desfile Olímpico en Berlín 1936. La delegación griega estuvo encabezada por su Presidente Honorario, Spiridon Louis (vestido con el traje tradicional griego), ganador de la maratón de 1896 y primer campeón olímpico griego.

Equipo del Canada haciendo el saludo olimpico, Juegos Olimpicos de Invierno 1936.

Equipo del Canada haciendo el saludo olímpico, Juegos Olimpicos de Invierno 1936.

En 1936, ese saludo era el obligado en la Alemania nazi, pero aun así (por desconocimiento, costumbre o connivencia) muchas delegaciones lo utilizaron, incluida Francia. No está claro que en estos momentos los deportistas realizaran el gesto por ninguna otra razón que no fuese la olímpica, pero las fotografías con ese saludo a la Tribuna presidida por Adolf Hitler, han hecho correr ríos de tinta.

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Tampoco es del todo cierto que Hitler se negara a dar la mano al atleta norteamericano Jesse Owens (1913-1980) tras ganar el oro en la prueba de los 100 m lisos el 3 de agosto. En realidad, Hitler dejó de saludar a los medallistas por recomendación de Henri Baillet-Latour, y por un asunto de protocolo: el Führer, solo saludaba a los atletas alemanes (y afines) ganadores de una prueba y luego se marchaba del estadio.

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Hitler con Henri Baillet-Latour

El primer día de los Juegos, Hitler felicitó a los ganadores de las dos primeras medallas de oro, un finlandés y un alemán, lo que causó la recriminación del presidente del COI, indicándole que saludase a todos o a ninguno. Así que dejó de saludar a todos los ganadores de medalla, incluido Jesse Owens.

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De izquierda a derecha: Delos Thurber (bronce), Cornelius Johnson (oro) y David Albritton (plata).

Aunque cierto es, que Hitler abandonó aquel día el estadio antes de haber tenido que saludar, protocolariamente o no, a Cornelius Johnson (1913-1946) y Dave Albritton (1913-1994), ambos afro-americanos, oro y plata respectivamente en salto de altura, y que habían eliminados a los atletas alemanes, causando el disgusto y la marcha precipitada de Hitler del Estadio Olímpico.

James Cleveland Owens (1913-1980),  “Jesse” Owens,   fue «el mejor y más reconocido atleta de la historia» (recordemos que palabras similares fueron dedicadas a Jim Thorpe, también un gran atleta, ninguneado en esta ocasión por su origen nativo americano). En Berlín 1936 mostró al mundo su innegable talento ganando cuatro medallas olímpicas de oro en las pruebas de 100m, 200m, 4×100m y salto de longitud. Cuando llegó a Berlín era ya tan conocido y admirado, que los soldados de la Villa Olímpica tenían que protegerle de sus fans.

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Fue aquí, en Berlín, cuando Adolf “Adi” Dassler, futuro fundador de Adidas, y miembro por entonces del partido nazi, le ofreció a Owens unas zapatillas de su empresa jesse-owens-story(llamada Gebrüder Dassler Schuhfabrik, fue fundada junto con su hermano Rudolf, quien más tarde crearía la firma rival “Puma”), siendo así el primer atleta afroamericano patrocinado por una empresa privada (Dassler ya había patrocinado a otros atletas en Ámsterdam 1928).

Según el propio Owens, Hitler sí que le saludo fuera del podio y recibió una felicitación por escrito por parte del gobierno alemán. Pero de su propio gobierno, el de los Estados Unidos de América, ni siquiera eso. Así lo cuenta el gran Eduardo Galeano (1940-2015) en su libro Espejos   (208, Edit. Siglo XXI)

Negro Alado (pag.277): en esas Olimpiadas que Hitler había organizado para consagrar la superioridad de su raza, la estrella más brillante fue un negro, nieto de esclavos, nacido en Alabama. Hitler no tuvo más remedio que tragarse cuatro sapos: Las cuatro medallas de oro que Owens conquistó en velocidad y salto largo. El mundo entero celebró esas victorias de la democracia contra el racismo. Cuando el campeón regresó a su país, no recibió ninguna felicitación del Presidente, ni fue invitado a la Casa Blanca. Volvió a lo de siempre: entró en los autobuses por la puerta de atrás. Comió en restaurantes para negros. Usó baños para negros. Se hospedó en hoteles para negros. Durante años se ganó la vida corriendo por dinero. Antes de que comenzaran los partidos de béisbol, el campeón olímpico entretenía al público corriendo contra caballos, perros, autos o motocicletas. Después, cuando las piernas ya no eran lo que habían sido, Owens se convirtió en conferencista. Tuvo bastante éxito exaltando las virtudes de la Patria, la Religión y la Familia.

Adolf Hitler y Joseph Goebbels firman autógrafos a miembros del equipo canadiense de patinaje artístico durante las Olimpíadas de invierno.

Pero el Führer estaba satisfecho. Acudió a casi todos los eventos recibiendo ovaciones del público y peticiones de autógrafos de los deportistas, aunque se llevó varios “disgustos”. El más sonado con la competición de fútbol.

El Cancio__

Con la introducción de la Copa Mundial de Futbol de 1930, y con los problemas añadidos de la convocatoria Olímpica siguiente, este deporte estuvo ausente en Los Ángeles 1932, volviendo en Berlín. Austria jugó contra Perú en los cuartos de final, y el encuentro resultó muy discutido. Los árbitros anularon tres goles a los peruanos aunque se proclamaron vencedores. Austria protestó alegando varias irregularidades: que si los espectadores habían entrado en el campo antes del final, que si alguno portaba una pistola, que si los peruanos habían maltratado a los jugadores austríacos… al final, se programó un partido de revancha avalado por el COI y la FIFA (que no llegaron a escuchar la defensa peruana) en un campo a puerta cerrada el 11 de agosto.

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base_image Perú rechazó jugar este partido (otorgando entonces el triunfo a Austria) y las delegaciones Olímpicas de Perú y Colombia (en solidaridad) abandonaron los juegos. Por cierto, Austria perdió la final contra Italia (la Italia de Mussolini, aliada de Hitler) que fue la selección ganadora de la medalla de oro Olímpica.

Inge Sorensen (1924-2011) in 1936

Ya hemos hablado de la joven nadadora danesa Inge Sorensen (1924-2011) quien con tan solo 12 años ganó la medalla de bronce en los 200 m braza,  pero el mayor disgusto se lo dio a Hitler otra mujer, la atleta Gretel Bergmann (1914-) laGretel Bergmann mejor saltadora de altura de Alemania, que fue expresamente excluida del equipo olímpico alemán por ser judía: “Nunca más me permitieron poner un pie en el estadio, ni como espectadora… siempre recordaré los carteles denigrantes que se leían en estadios, locales y comercios de toda Alemania: no se permite la entrada ni a judíos ni a perros”.

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En total fueron 21 los deportistas judíos alemanes y austríacos “no elegidos” para participar en las Olimpiadas (Erich Seelig en boxeo, Daniel Prenn en tenis…), pese a que podían haber sido seleccionados por sus méritos deportivos. Solo hubo dos deportistas judíos en la delegación alemana: en los Juegos de Invierno, Rudi Ball (1911-1975) que había ganado la medalla de bronce en Hockey sobre hielo en  Lake Placid 1932 y obtuvo un quinto puesto en Garmisch-Partenkirchen; y en los Juegos de Verano, la esgrimista Helene Mayer (1910-1953).

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Helen Mayer participó en el equipo olímpico alemán de esgrima, pese a que había tenido que abandonar Alemania en 1931 junto con su familia por su filiación judía. En los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932, fue clasificada para formar parte del equipo Olímpico estadounidense. Sin embargo, tampoco recibió un buen trato por parte de su país de acogida. Con la llegada al poder del partido nazi en Alemania, los EEUU retiraron su beca universitaria y la expulsaron de su club de Esgrima. En 1936 Mayer fue la “moneda de cambio” con la que Alemania conformaba a los EEUU y éstos retiraban el boicot anunciado a los Juegos de Berlín por no admitir a deportistas judíos (boticot apoyado por el Congreso Judío Estadounidense y el Comité Laboral Judío). Helene ganó la medalla de plata (la de bronce fue para la austriaca Ellen Preis de la que ya se ha hablado) y realizó el saludo nazi. En 1972, con ocasión de los Juegos Olímpicos de Múnich, el Ring de la Villa Olímpica recibió su nombre en su honor.

Ilona, Mayer y Preis

Ellen Preis, Ilona Elek y Helen Mayer (de izquierda a derecha) en el podio.

Para disgusto total del Führer, las tres medallas olímpicas en la modalidad florete femenino, fueron a parar a tres deportistas judías, pues además de Mayer y Preis, el oro lo obtuvo la húngara Ilona Elek (1907-1988), una gran esgrimista que también obtuvo el oro en Londres 1948 y la plata en Helsinki 1952, además de varias medallas en Campeonatos Mundiales. No fue la única vez que un deportista judío subió al podio de los vencedores. En total, nueve atletas judíos ganaron medallas en las Olimpíadas de Berlín de 1936 (incluida Mayer y cinco húngaros), y muchos judíos acudieron a los Hauptmann Wolfgang Fürstner Kommandant des olympischen Dorfes 33219-35juegos, tanto desde EEUU (siete atletas masculinos, concretamente) como de países europeos. La presión antijudía afectó inclusos al corazón del régimen alemán. Fue muy sonado el suicidio del capitán alemán de la Wehrmacht, y subcomandante de la Villa Olímpica, Wolfgang Fürstner  (1896-1936), el 19 de agosto de 1936, justo unos días después de terminados los Juegos (Alemania no admitió el suicidio y certificó su muerte como accidental). Fürstner había sido degradado de Comandante en Jefe a Subcomandante de la Villa Olímpica con una burda excusa y conocía los planes de expulsarle de la Wehrmacht por su ascendencia judía.

Helen Stephens (a la izquierda) y Stanislawa Walasiewicz (a la derecha)

Helen Stephens (a la izquierda) y Stanislawa Walasiewicz (a la derecha)

Al menos hubo una mujer que no le trajo tantos disgustos al Führer, y se dice, que hasta 548867311intentó “echarle los tejos“. Se trata de la velocista norteamericana Helen Stephens (1918-1994), quien ganó dos medallas de oro en Berlín 1936: En los 100 m (por delante de la campeona olímpica anterior, la polaca Stanislawa Walasiewicz) y en los relevos 4×100. Lo curioso de este triunfo es que estuvo a punto de no ser reconocido porque se hizo circular el rumor de que Helen era en realidad un hombre. Su velocidad era mucha para los cánones machistas de la época. Simplemente una mujer no podía ser tan buena. Pero la atleta no se arredró y aceptó someterse a una revisión médica para disipar todo tipo de dudas.

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El programa de propaganda alemana se había propuesto muy altos objetivos. Dentro de estas acciones llevadas a cabo por el régimen del Tercer Reich (que incluyeron retirada de carteles antisemitas durante los juegos, profusión de banderas nazis en las calles y en el Estadio Olímpico, y hasta una redada policial que arrestó a unos 800 romaníes berlineses para ser recluidos en el campo de Marzahn), se realizó, por primera vez en la historia de los Juegos (incluidos los de la antigüedad), el recorrido de la Antorcha Olímpica en un viaje de relevos desde Atenas hasta Berlín (3422 relevistas que hicieron el recorrido de 3422 km, entre el 20 de julio y el 1de agosto), una idea del Jefe del Comité Organizador de las Olimpiadas, Carl Diem, como una forma de reivindicar para la Alemania aria, un supuesto origen griego, cuna del occidentalismo. El viaje de la antorcha olímpica se sigue celebrando hoy en día y los comités organizadores se suelen reservar el nombre del relevista final y el encargado del encendido del pebetero, hasta el último momento (aún no se sabe quiénes lo serán en Río de Janeiro).

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En 1936 el esquí alpino femenino se incorporó a los Juegos Olímpicos de Invierno.

Como última curiosidad, en estos Juegos de Berlín de 1936, será la última vez en la historia de los Juegos Olímpicos de Invierno, en esta ocasión, celebrados en la estación invernal de Garmisch-Partenkirchen, que coincidan con el país organizador de los Juegos Olímpicos de Verano. Antes, lo había sido Francia (en 1924, París y Chamonix) y los Estados Unidos (en 1932, Los Ángeles y Lake Placid). A partir de la cita celebrada siguiente (recordemos, en 1948), los Juegos Olímpicos de verano y los de invierno serán organizados por países distintos.

OLIMPIADAS NO CELEBRADAS DE 1940 Y 1944

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Otro de los acontecimientos celebrados en julio de 1936 en Berlín, fue la elección de la sede de los siguientes Juegos Olímpicos de Verano, los de 1940, llamados oficialmente  Juegos de la XII OlimpiadaLa sede elegida fue Tokio (Japón), en lo que hubiese sido la primera ocasión en la que los Juegos Olímpicos se celebraban en un país asiático. Los Juegos Olímpicos de Invierno se hubiesen celebrado ese mismo año en Sapporo en su V Olimpiadas de Invierno.

Pero el estallido de la Primera Guerra Sino-Japonesa de 1937, hizo que Tokio renunciara a organizar los Juegos y es Helsinki (Finlandia) quien toma el relevo. Se iban a celebrar entre el 20 de julio y el 4 de agosto de 1940. Se amplió el estadio, se construyó una Villa Olímpica, se quiso introducir el Vuelo sin Motor como disciplina Olímpica y se habían inscrito unas 60 delegaciones olímpicas nacionales.

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Pero tampoco pudo ser. La invasión de Polonia por tropas alemanas el 1 de septiembre de 1939, dió origen a uno de los conflictos bélicos más crueles de la historia de la humanidad, la Segunda Guerra Mundial, que no finalizó hasta el año de 1945, con lo que la siguiente convocatoria Olímpica, la que se iba a celebrar en Londres en 1944 (la elección tuvo lugar en junio de 1939), tampoco llegó a celebrase. Hubiesen sido los Juegos de la XIII OlimpiadaJuegos-olímpicos-Londres-1944.

Pese a la cancelación de los Juegos de Londres, el COI organizó una serie de actos oficiales para celebrar su cincuenta aniversario, que tuvieron lugar en junio de 1944 en Lausana (Suiza), país neutral durante la guerra y sede central de la organización olímpica. Se da la circunstancia de que el principal impulsor de estos actos fue el alemán Carl Diem (1882-1962), corredor de media y larga distancia y discípulo adelantado de Pierre de Coubertin, y como ya se ha dicho antes, el creador de la carrera de relevos de la antorcha olímpica celebrada en Berlín 1936 y que ya se repetirá en todos los Juegos de la era moderna. Diem, Secretario General del Comité de Organización de los Juegos de Berlín, fue el precursor de la Reichsbund Nationalsozialistischer Leibesübungen, el Órgano de Deportes de la Alemania Nazi. No obstante estos antecedentes, el COI confió en él para organizar el evento de 1944.

El COI también se comprometió con Londres para que celebraran el siguiente evento Olímpico que se pudiera tras la finalización del conflicto, y así, organizaron los Juegos de la XIV Olimpiada de 1948 de los que hablaré en el próximo artículo de esta serie. Helsinki tuvo que esperar un poco más, hasta la edición de los Juegos Olímpicos de 1952, mientras que Tokio no organizaría unas Olimpiadas hasta 1964.

…Continuará…

AlmaLeonor
(Fuentes: Las indicadas en los enlaces)

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5 respuestas a TIEMPO DE OLIMPIADAS (VII)

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  3. almaleonor dijo:

    En este enlace se puede leer sobre los escenarios de la Olimpiada de 1936 en Berlín… 80 años después…
    http://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/anos-despues-queda-juegos-olimpicos-berlin_10610

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  5. almaleonor dijo:

    Sobre Helen Mayer, un artículo de la web “Mujeres en la Historia” http://www.mujeresenlahistoria.com/2016/10/helene-mayer.html

    En su página de facebook, un comentario hace referencia a la nadadora austríaca Judith Deutsch, quien se negó a participar en los Juegos Olímpicos de 1936 protestando contra la ideología racista nazi… en la Wikipedia cuentan su historia y la de otros deportistas, una historia más compleja, como todas las que rodean esa delgada línea roja que (no) separa el deporte de la política https://de.wikipedia.org/wiki/Judith_Deutsch

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