EXCURSIÓN NAVARRA

EXCURSIÓN NAVARRA

Tenemos suerte. No se puede calificar de otra forma el que acabásemos visitando Olite, Ujué y Pitillas, en lugar de hacer un tranquilo recorrido campestre para pasar el día. Empezamos con una parada en Contrebia Leukade (sitio arqueológico muy interesante del que hablaré otro día), entre Aguilar y Cervera del Rio Alhama en la Rioja Baja, y donde Miki estaba en plena forma y con ganas exploradoras. Pensábamos, en un principio, llegar hasta Igea y Cornago para ver el árbol fósil que allí se conserva y recorrer ambos pueblos, pero al poner gasoil, el muchacho de la estación de servicio nos recomendó Olite. “Es un pueblo muy guapo y un lugar tranquilo para pasar la tarde. Yo voy a menudo”, nos dijo.  Yo ya lo conocía de una excursión anterior, pero mi marido no, así que hasta allí nos fuimos. Por la carretera encontramos un par de letreros que indicaban la proximidad de la Laguna de Pitillas con un “observatorio de aves”. Toda una suerte de nuevo. Una indicación así resulta irresistible para personas tan aficionadas a los pájaros como nosotros. Además, mi marido, el auténtico especialista, había escuchado pasar grullas y pensó que quizá veríamos alguna si nos acercábamos allí al atardecer. Sería uno de nuestros destinos del día. Para completar la jornada, sugerí visitar el Monasterio de la Oliva, un sitio en que ya estuve en una ocasión y al que me apetecía volver. Además, en el mapa de carreteras se señalaba la ruta como de especial encanto. Pero volvimos a tener suerte de nuevo, y en Olite, la simpática muchacha de la Oficina de Turismo nos recomendó visitar Ujué, “un pueblo medieval con mucho encanto, que siempre recomendamos visitar”, explicó. Fue la tercera suerte del día. Empezamos.

Como decía, esta excursión la empezamos en La Rioja baja, así que desde Cintruenigo hay que tomar la N-113 hasta Castejón y allí enlazar con la N-121 que nos deja en Olite. No tiene pérdida, pero no tomamos la autopista AP-15. Primero, porque nos apetecía “carretear” por estos parajes que ladean las Bardenas Reales, y segundo, porque esa autopista es carísima. No teníamos prisa. Y fue una suerte, porque como decía, fue en la N-121 cuando vimos la indicación hacia el Observatorio de Aves de la Laguna de Pitillas. Ya llegaremos. Antes de esa indicación, sale hacia la derecha la carretera que lleva hasta el Monasterio de la Oliva, cerca de Carcastillo, al lado justo del río Aragón, cuyas orillas son las que tienen esa belleza de la que nuestro mapa de carreteras se hacía eco.

OLITE es una pequeña localidad de unos 3000 habitantes a menos de 50 km. de Pamplona. Lo primero que vimos al llegar fue una indicación de parada de Autocaravanas, ya casi es deformación “profesional” que el ojo se nos vaya a las señales. Decidimos seguirlas y aparcamos allí, junto a otras ACs enormes y a los pies de la Iglesia de San Pedro. Nos dirigimos de inmediato hasta la mismísima entrada del enorme y fantástico Castillo de Olite, y aunque no podíamos entrar a visitarlo (tendríamos que meter a Miki en un transportin que no teníamos y tampoco nos apetecía hacerlo porque lo que yo recuerdo es que es un edificio vacío a excepción del museo, y hay que pagar cerca de 5 euros por persona), le recorrimos por su perímetro tomando unas preciosas fotografías enmarcadas en un luminoso cielo empedrado de otoño.

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EL CASTILLO DE OLITE, o Palacio Real de los Reyes de Navarra en la localidad de Olite, es una monumental construcción a caballo entre palacio y fortificación militar, que data de los siglos XIII y XIV, en la plena Edad Media. La zona más antigua del Palacio es hoy el Parador Nacional de Olite, un enorme y plano edificio, ejemplo más importante del gótico civil de Navarra, situado en la Plaza de los Teobaldos, seguramente dedicada a Teobaldo I de Navarra, “el Trovador” y su rival, Teobaldo IV de Champaña, ambos esposos de Gertrudis de Dagsburgo (una conocida trovera medieval), y además, el primero era hijo de Teobaldo III de Champaña y padre, en su tercer matrimonio, de Teobaldo II de Navarra. Los Teobaldos… que haberlos había muchos por estas tierras.

El Parador lleva el nombre de Príncipe de Viana, que era el título de los herederos del Reino de Navarra y el único que ostentó durante su triste vida Carlos de Trastámara y Évreux, Principe de Viana, nieto de Carlos III y directo heredero del reino, pero que llegó a mantener una agria disputa con su padre (Juan II, que acabaría siendo rey de Aragón) por el reino de Navarra y posteriormente por Aragón y Cataluña y nunca consiguió ser coronado. Nacido en Peñafiel (Valladolid) y educado en Olite, fue desposeído del título por las intrigas de su padre y de su segunda esposa Juana Enríquez, madre del futuro Fernando el Católico, tras una sangrienta guerra civil. Murió de tuberculosis a los 40 años sin haber conseguido reino alguno. Su lema fue «Utrimque roditur», que se traduce como “Por todas partes me roen”. Tremendo.

La puerta que da acceso al Parador ha sido utilizado en alguna ocasión como escenario en películas de época, como por ejemplo para “Los Borgia” (2006, de Antonio Hernández), tal y como reza en un cartel de la misma plaza. Esa puerta se construyó en 1584, bajo el reinado de Felipe II, quien por lo visto se hospedó una noche en el Palacio Viejo, y está coronada con un blasón (muy deteriorado) con una dedicatoria al CATHOLICO REX DON PHELIPPE NUESTRO SEÑOR.

Las ventanas que dan a la plaza son obra de artistas franceses realizadas en 1414. El Parador de Turismo se construye en 1966 recuperando el Palacio Viejo (siglos XII-XIII) que se encontraba prácticamente en la ruina desde 1514 (cuando desaparece el Reino de Navarra) y sobre todo tras el incendio que sufrió durante la Guerra de la Independencia en 1813. Un incendio provocado por el general Espoz y Mina para evitar que las tropas francesas lo usasen como bastión.  Gustavo Adolfo Bécquer, testigo de esta desolación palaciega, escribió muy emotivamente sobre él: “Cuando el crepúsculo baña las ruinas en un tinte violado y misterioso, aún parece que la brisa de la tarde murmura una canción gimiendo entre los ángulos de la torre de los trovadores.”

Con Carlos III “el Noble” (1361-1425) y su esposa Leonor de Trastámara (1362-1415), a partir ya del siglo XV, este edificio pasa a ser una de las sedes de la Corte del Reino de Navarra, siendo ampliado y monumentalizado al modo gótico francés. Se convierte así en Palacio Real, aunque con una forma un tanto irregular, ya que se aprovechó la fortaleza militar anterior (y sus murallas romanas) y se incorporó la Iglesia de Santa María. El conjunto palaciego está formado por estancias reales, fosos, torres, murallas y jardines (contó con jardines colgantes a 20 m del suelo) que en tiempos del Príncipe de Viana, contó con cidras, naranjos, pomelos y con insólitas y poco conocidas plantas como jazmines de Alejandría. Todo ello con su sistema de riego. También hubo un zoo, con “fieras” temibles como leones, un lobo cerval, un camello, varios gamos, un avestruz, jabalíes, una jirafa, varios búfalos y hasta aves fabulosas, como papagayos, que se guardaban en una especie de “pajarera” que les permitía volar en semilibertad y de la que aún se pueden observar algunos restos en uno de los patios del castillo. Un rico edificio palaciego considerado en su tiempo como uno de los más bellos de Europa. Así lo contaba un viajero anónimo alemán en el siglo XV, en pleno esplendor de la corte navarra: “Estoy seguro que no hay rey que tenga palacio ni castillo más hermoso… no se podría decir ni aun se podría siquiera imaginar cuán magnífico y suntuoso es dicho palacio” (Museo Británico de Londres).

El Castillo-Palacio de Olite es el monumento más visitado de Navarra. Se puede recorrer la Torre Ochavada, con su estrecho mirador, la Torrre del Homenaje de casi 40 m de altura y desde donde se divisan vistas increíbles (hay que subir unos 133 escalones), un Pozo de Hielo con forma de huevo gigantesco y de unos 10 m de profundidad, una morera de casi 300 años de antigüedad declarada monumento natural de Navarra, y varias de sus galerías y salas, además del museo. El ruinoso edificio fue adquirido por la Diputación Foral de Navarra en 1913, declarado Monumento Nacional en 1925 y restaurado en 1937 bajo un proyecto de los hermanos Javier y Jose Yárnoz Larrosa.

En la Plaza de Carlos III, que cuenta con una pirámide al estilo de la del Louvre de París (la remodelación de la plaza fue una obra civil moderna del arquitecto navarro Patxi Mangado), se encuentra la entrada al castillo, además de la Torre del Chapitel (portal del primitivo recinto amurallado romano, que fue “ayuntamiento” durante la época medieval) y las Galerías Medievales (estaban cerradas en ese momento, pero son una de las cinco galerías o puentes sobre fosos, construidas en el siglo XIII, de unos 50 m de largo, y que suelen albergar exposiciones varias) que recorren buena parte del subsuelo hasta el Palacio. Su reconstrucción, para ser mostradas al público, data de entre 1986 y 87. Y al fondo, al otro lado de la calle, el Ayuntamiento, una casona señorial del año 1950, con el mismo aire renacentista que el resto de la plaza.

Antes de adentrarnos en sus preciosas calles visitamos la IGLESIA DE SANTA MARIA LA REAL, insertada en el conjunto monumental del Palacio, pero a la que se puede acceder independientemente desde su puerta principal situada en la Plaza de los Teobaldos. Actualmente está en restauración, así que no pudimos admirar su preciosa fachada, pero las fotografías instaladas en el frontispicio de la obra no dejan lugar a dudas de su majestuosidad. Lo que sí se puede ver bien es lo que queda del Atrio Exterior, un añadido del siglo XV, cuyos edificios superiores fueron derribados en el siglo XX (se puede ver cómo eran originalmente en la fotografía de una obra de 1835 del pintor Genaro Pérez de Villaamil).

Es una construcción del gótico navarro de gran belleza, de entre la segunda mitad del siglo XIII y el siglo XIV, cuando fue adornada con las influencias francesas que trajo consigo el rey Carlos III. Es un templo de nave única, que alberga un precioso y colorido retablo renacentista de 28 tablas pintadas al óleo (de 1528 y con influencias flamencas, obra del pintor aragonés Pedro de Aponte, conocido como el “maestro de Ágreda”), presidido por el Cristo de la Buena Muerte (gótico flamenco, de mediados del siglo XIV) y una talla gótica de la Virgen con el Niño (del siglo XIV). El órgano rococó es de 1785.

En la portada exterior, un gran rosetón de ocho arquivoltas (la vidriera de 1998, es obra del vitralista local Alberto Chueca), preside un tímpano de profusa ornamentación, con escenas de la virgen con el niño y otras de la vida de Jesús. La cornisa está decorada con hojas y ramas. Dos figuras orantes sobre la puerta y otras de apóstoles a ambos lados completan la decoración (que como digo no pudimos ver porque estaba cubierta con un andamiaje). Se puede ver el interior pagando 1,50 euros.

Las calles de Olite son otra de sus maravillas, pues aún pueden contemplarse casonas del siglo XVI, con elaborados escudos esculpidos en piedra en sus fachadas y preciosos aleros de madera de en muchas de ellas, donde también las puertas de arco de las entradas merecen una fotografía. Olite cuenta todavía con restos del amurallamiento romano, arcos góticos y hasta una judería.

Siguiendo la Rúa Mayor, desde la misma Plaza de Carlos III, vamos a dar de nuevo a la Iglesia de San Pedro, inicialmente románica (siglo XIII), pero ampliada en estilo barroco (hasta el siglo XVI), cuya entrada principal (la parte románica más antigua) se sitúa en la coqueta placita del Fosal y la parte sur con su torre acabada en un tejado en pico, llamada la Torre del Campanal, desciende hacia la parada de Autocaravanas, pero antes, ¡oh, sorpresa! unos baños públicos que quedan al lado de la misma. Esta área con diez plazas de aparcamiento es muy reciente, se abrió en abril de este mismo año y cuenta con servicio gratuito de llenado y vaciado de aguas (negras y grises) y un límite de estancia de 72 horas. Para más información sobre el estacionamiento de Autocaravanas de Navarra, mirar en esta web que nos proporcionaron en la Oficina de Turismo de Olite: www.actximeleta.com

La IGLESIA DE SAN PEDRO se encuentra en la plaza del Fosal en el amurallado medieval exterior de Olite. Es la iglesia más antigua de la localidad, aunque no alcanzó el rango de iglesia hasta el siglo XVI. El nombre de la plaza de el Fosal, donde está la igleisa, indica que aquí se encontraba el cementerio eclesiástico (en el siglo XIX dejaron de realizarse enterramientos en el casco urbano, como en toda España). El Retablo Mayor, de 1681, es obra de Juan de Eguilaz (de Tafalla, Navarra), dorado tres años más tarde por Juan Carrasco y está dedicado a San Pedro. Cuenta con pinturas del prolífico artista (nacido en Ejea de los Caballeros, Zaragoza, se afincó en Tudela, Navarra, desde donde realizó cerca de 300 obras) Vicente Berdusán y Osorio (1632-1697). Parece ser que a finales del siglo XIX, el Obispo de la diócesis de Pamplona tuvo que interceder para que Olite no se convirtiese en un territorio descontrolado ya que cada vecino elegía libremente si pertenecer a la parroquia de Santa María o a la de San Pedro. Desde 1882 se demarcan las calles que pertenecen a la primera y quedan para la segunda todas aquellas que “no han sido asignadas a Santa María”.

Los alrededores de Olite cuentan con sitios muy recomendables para la visita como Artajona, Tafalla, San Martín de Unx, el Monasterio de la Oliva, los pueblos próximos Marcilla y Funes, el Valle de Orba, la Laguna de Pitillas (que veríamos más tarde) y la misma Pamplona, pero nosotros nos decantamos por una recomendación muy viva de la Oficina de Turismo de Olite, la visita al pueblo de Ujué, donde se encuentra su famosa Iglesia-Fortaleza. Pero antes, hicimos un alto muy agradable en el merendero que hay a la entrada de Ujué para hacer acopio de fuerzas y gozar de una estupenda comida al aire libre.

UJUÉ es una pequeña población navarra situada en la Sierra de Ujué a una altitud de 815 m sobre el nivel del mar, una altura que no parece tan significativa pero que le permite obtener unas vistas espectaculares en derredor que, en ocasiones dependiendo del tiempo, llega hasta poder divisarse las estribaciones de los Pirineos. Por esa posición privilegiada, en época medieval debió ser un enclave defensivo de primer orden, por lo que su signo de identidad terminó por ser la Iglesia-Fortaleza de Santa María de Ujué. De hecho, esta población que se denominó Uxué hasta el siglo XIX, aparece mencionada en los siglos IX y X simplemente como Santa María, y es descrita como una fortaleza fronteriza de montaña.

Cuentan los Anales del Reino de Navarra del padre jesuita José Moret (1684-1704), que a mediados del siglo VIII esta zona era un simple monte erial, sin construcción alguna. Hasta allí llegaban los pastores de los alrededores con sus rebaños, y uno de ellos, un día sintió curiosidad por las entradas y salidas de una paloma en una cueva cercana. Al acercarse a ella, lejos de asustarse, la paloma comenzó a aletear como invitándolo a entrar en la cueva. El zagal entró y allí encontró la imagen de una virgen. Volvió el pastor alborozado a su pueblo que se encontraba a unos pocos kilómetros en el valle, junto a la ermita de la Blanca, y entusiasmados por el hallazgo providencial, todo el pueblo decidió ir a instalarse junto a la cueva de la virgen, donde alzaron una nueva iglesia. A ese nuevo lugar le llamaron Uxué, que en la lengua vasca hablada en estas tierras significa “paloma”, y a su virgen, Santa María la Blanca. Y así fue como una de las leyendas que circulan alrededor de este lugar sitúa el nacimiento de la villa.

Para conocer todo lo que de historia y leyendas encierra este bello pueblo de Ujué, el blog de Mikel Burgui es casi imprescindible.  Por este blog conocemos la leyenda narrada anteriormente, leyenda que fue recreada en el año de 1886, para celebrar el milenario de la aparición mariana, en un libro que publicó el párroco local, catedrático y canónico lectoral de Segovia, Eustaquio Jaso Gil (1853-1904). En este libro, además, se ensarta la leyenda de la aparición de la virgen y la fundación de Ujué, en la epopeya de la conquista de Navarra a los moros de la familia Banu Qasi. No hay ninguna evidencia de ello, pero el autor recrea en una poesía que encabeza el librito, hasta un rescate de la imagen de la virgen cuando los pérfidos moros quisieron llevársela a Calahorra:

-¡Navarros! Grita Gimeno,
con voz que ahoga su garganta
¡ A rescatar a la Virgen
o a morir todos!. ¡Al arma!
Y todos ardiendo en ira
fuego de sus ojos lanzan
que es su mas rico tesoro
Santa Maria la Blanca.
Sin detenerse un momento
todos se ponen en marcha
y a Calahorra se dirigen
Respirando odio y venganza.

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La IGLESIA DE SANTAMARÍA DE UJUÉ es un templo-fortaleza románico del siglo XI, con reformas góticas de los años 1370 y 1375 (ordenadas por Carlos II “el Malo”), que cuenta con una muralla defensiva. Fue Sancho Ramírez (1076- 1094), padre del futuro rey Pedro I Sánchez de Aragón, quien ordenó su construcción y dotó a la Villa de Fueros propios. Pero tras la Conquista de Navarra por parte de la Corona de Castilla, el Cardenal Cisneros dio orden de derribo de la fortaleza, orden que no se cumplió en parte quedando actualmente de la primitiva construcción sus dos torres almenadas (la Torre de los Cuatro Vientos y la Torre de los Picos) y la Casa Parroquial o palacio de Carlos II. En lo más alto se encuentra el “Castillazo”, la zona militar, en la que hoy puede contemplarse el patio de armas con un aljibe y los cimientos de un gran torreón que fue demolido.

Todo ello se puede recorrer. La parte románica (tres ábsides) ha sido objeto de una magnífica restauración que permite contemplar todos los “Pasos de Ronda” realizados por Carlos II por los muros exteriores, a través de una serie de pasillos cubiertos que rodean toda la iglesia y se abren con ventanales al Castillazo y llegan hasta la preciosa balconada de la Casa Parroquial (de cinco niveles) que permite llegar hasta la entrada principal, y desde la que se contempla unas vistas fabulosas de la ribera navarra. Todo ello cuenta con muchísimas figuras, canecillos, animales fabulosos, capiteles decorados, ménsulas, representaciones alegóricas y vegetales sobre la vendimia… la portada gótica, con  una curiosa Ultima Cena con un gallo, una estrella, los tres magos sonrientes y un cuarto personaje vestido de clérigo que es el rey Carlos II, es una de las más profusamente decoradas de toda Navarra.

Pero a mi me sorprendió una figura situada en la parte derecha del pórtico. Se trata de la figura de una monja, aunque en la Guia Explicativa que puede obtenerse de Internet dice que es un “hombre vestido con lo que parece ser un hábito y capirote”, que blandiendo una formidable espada, atraviesa el cuerpo de una especie de animal demoníaco, “un grifo, animal mitológico mezcla de león y águila”, dice la guía, y que relacionan con la lucha entre la virtud y el vicio. A mí me causó una honda impresión porque es una imagen sobrecogedora que rompe todo el esquema de figuras anteriores, con parras, uvas, monjes con libros, con instrumentos musicales…  En la Guía Explicativa que mencionaba antes se puede leer sobre los significados de todas las figuras.

En el interior, muy austero (se puede ver la luz del retablo con un euro en la máquina), se puede ver una reja gótica que guarda el retablo donde se encuentra la Virgen de Ujué, que al parecer, es del siglo XII o XIII y no puede ser por lo tanto la que encontrara el pastor, supuestamente, en el siglo VIII. En el siglo XIV se la forra de plata por orden de Carlos II “el Malo”, cuyo corazón se conserva en un relicario en el mismo retablo, tal y como ordenó el monarca en su Testamento en 1385 (murió justo al año siguiente) y donde dejó escrito además, que su cuerpo fuese enterrado en la Catedral de Pamplona y las vísceras en Roncesvalles… ¡Que caprichos!

El altar primitivo de 1607, obra de los escultores Juan de Berrueta y Juan de Alli, del ensamblador Juanes de Echenagusia (todos ellos navarros, de Sangüesa), y del pintor de Olite Juan de Frías y Salazar, fue pasto de las llamas un 15 de octubre de 1616 por un incendio del que la imagen de la virgen se salvó milagrosamente. Por eso, ese día ha sido festivo en Ujué hasta los años sesenta cuando se trasladó al 15 de mayo. Por cierto que en este año se cumplieron los 400 años de “La Preservación de la Imagen de la Virgen de Ujué“.

En el año de 1617, se instala un nuevo altar, esta vez de piedra, obra de Juan de Berrueta, un Calvario que hoy puede verse en los pasos de ronda.

La Iglesia-Fortaleza de Ujué fue declarada Monumento Nacional por Orden Ministerial de 26 de junio de 1936 y protegida por la Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español. Nos marchamos de este lugar con pena por la magnífica tarde que hemos pasado callejeando por su entramado medieval. Intentamos dar la vuelta por la NA-5311 hacia Murillo el Fruto y Carcastillo, en lugar de volver sobre nuestros pasos por la NA-5310 (en ese intento vimos la Cruz del Saludo, del siglo XIV, en este cruce de carreteras a la entrada al pueblo), pero estaba impracticable, tanto, que hasta un cartel lo anunciaba y dimos la vuelta, no nos arriesgamos. Estaba realmente mal.

Nuestro destino ahora sería la LAGUNA DE PITILLAS:

La laguna de Pitillas es un humedal de origen endorreico (“sin desagüe”) situada entre las localidades navarras de Pitillas y Santacara, tiene una superficie de 216 Ha localizados en su mayoría en terrenos del término municipal de Pitillas. El acceso a la laguna se realiza por una pista situada a aproximadamente 2 km. del pueblo de Pitillas en la carretera que une esta localidad con Santacara.”

Así empieza explicándose la web de la Laguna de Pitillas, lo que es de agradecer dado que en el folleto que nos entregaron en Olite podemos empezar leyendo esta contradicción: “Visitas. La mejor época: cualquiera puede ser apropiada, pero si se desea ver aves, conviene ir en invierno“… hasta aquí bien, pero continua diciendo que “de marzo a junio se recomienda no bordear las lagunas para no molestar a las aves ni a sus polluelos”… vale, dice que se puede llamar para que te informen de paseos alternativos, pero remata con el horario de la apertura de los observatorios: “en verano (16 de julio a 15 de septiembre) abierto todos los días… resto del año, solo fines de semana y festivos”. Entiendo que es difícil combinar lo que es mejor para la naturaleza con los presupuestos públicos para dotar de personal que vigile los observatorios, pero vamos, es de agradecer que se empiece por acordar cuando es el mejor momento para visitar la laguna… y ya de paso que en todo caso, estén disponibles y aptos los observatorios o no, que se pueda disponer de unos baños abiertos… ahí lo dejo.

Pero aparte este problema logístico, y señalando que el pueblo de Pitillas es feo y no tiene absolutamente ningún interés y el acceso al Centro de Interpretación (y de paso al resto de observatorios de aves desde el pueblo), situado a unos pocos kilómetros, están muy escasamente indicados (en el folleto dice “de Pitillas a Santacara por la NA-5330, a unos 4 km girar a la izquierda por una pista”), la visita a la Laguna de Pitillas fue tan espectacular como habíamos previsto.

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Aunque no había demasiada variedad en la población de aves, sí que pudimos ver las ansiadas grullas descansando en una de las zonas más alejadas del humedal (no llevábamos cargada la batería de la cámara del telescopio… ¡lástima!). Además de ellas, vimos cisnes salvajes, porrones, miles de fochas y pato cuchara, entre otros. Todo un regalo para la vista.

La Laguna de Pitillas, conservada en su estado natural desde 1976, está incluida como Reserva Natural (RN 27) en la Red de Espacios Protegidos de Navarra (1987), catalogada como Zona de Especial Protección para las Aves (1991), incluida en la Lista de Humedales de Importancia Internacional del Convenio de Ramsar (1996), y se está trabajando para que entre a formar parte de la europea Red Natura 2000. Es el embalse natural más extenso de Navarra, y un lugar clave para las aves migratorias que utilizan la ruta pirenaica occidental (ánade real, silbón, pato curchara, porrón común, cerceta común…). También hay aves que nidifican allí entre marzo y junio (garza real, azulón, ánade friso, focha, aguiluchos laguneros…). Anfibios, reptiles, y mamíferos como comadrejas, tejones, ginetas, jabalíes o zorros, también son habituales visitantes de este humedal.

Existen 3 itinerarios marcados desde el Centro de Interpretación y que pueden ser visitados de forma libre. Un itinerario de un km aproximadamente permite acercarse a la laguna para observar las aves y la vegetación, los otros dos, más amplios, rodean la laguna (5 km) o llegan hasta Pitillas (3 km). Desde el Centro de Interpretación, donde está el aparcamiento por cierto, parte también un camino de unos 450 m que llega hasta un observatorio de madera. Pero no hay baños disponibles, insisto.

Una jornada preciosa. Unas visitas fantásticas. Un acercamiento a la naturaleza espectacular y unos colores otoñales que ya pudimos apreciar perfectamente volviendo a nuestra casa riojana. Ya solo queda planear la próxima excursión.

AlmaLeonor.

Para ver todas las fotografías del viaje, pinchar aquí, en la imagen de cabecera, o en la misma imagen en ALMA VIAJERA, en este mismo blog, HELICON.

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