EL ASOMBROSO VIAJE DE POMPONIO FLATO

EL ASOMBROSO VIAJE DE POMPONIO FLATO

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Subimos a la azotea, nos acercamos a la muralla y allí Apio Pulcro, apoyando una mano en una almena y alargando el otro brazo me pregunta:
—¿Qué ves?
—Nada —respondo—, un terreno baldío.
—Exactamente. Un terreno baldío perteneciente al Templo, donde pronto, por decisión expresa del rey Herodes, se construirá un barrio de viviendas y comercios. ¡Al lado mismo del Templo! El proyecto sólo es conocido de unos pocos, entre ellos, el difunto Epulón y, por supuesto, el sumo sacerdote Anano, el cual, muerto el principal inversionista, por deferencia a mi persona y a mis conexiones en la metrópoli, así como por amor a la patria, pensando sólo en el bienestar del pueblo de Israel y en la gloria infinita de Yahvé, me ha propuesto participar en la compra del terreno antes de que la decisión real se haga pública. Esto que ahora ves a tus pies, Pomponio, no vale nada, pero cuando se anuncie su desacralización, valdrá cientos…, no, ¡miles de talentos! ¿No es acaso un milagro, Pomponio? Si no hubiera sido por un estúpido homicidio, yo nunca habría venido a esta población apestosa. ¡Los dioses, Pomponio, los dioses inmortales me han guiado hasta este filón! El problema, como puedes suponer, es de liquidez. ¡Pecunia praesens! Prácticamente no he traído dinero, contando con que las autoridades locales sufragarían todos mis gastos, como es preceptivo y como mandan las leyes sagradas de la cortesía. Y los soldados apenas si llevan consigo unas pocas monedas sin valor, para sus necesidades adicionales o para mostrar su gratitud hacia la benevolencia de sus superiores. La paga entera se les da al regreso, para disuadirles de desertar o de no luchar con el debido arrojo. En resumen: esta misma tarde he despachado un mensajero a Jerusalén. Un árabe: magnífico jinete. Y como no entiende nuestro alfabeto, no podrá descifrar el contenido del mensaje. Va dirigido a unos comerciantes de la capital con los que en anteriores ocasiones he realizado fructíferas transacciones y a quienes he pedido, en términos que no admiten evasiva, un préstamo a bajo interés. Si no hay contratiempo, mañana estará de regreso el mensajero con un pagaré. Nunca se debe confiar dinero en metálico a un soldado, y menos si es árabe.

 

El Asombroso viaje de Pomponio Flato, de Eduardo Mendoza… visionario en 2008… Premio Cervantes en 2016.

AlmaLeonor.

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