LA BIBLIOTECA DE HARVARD Y EL TITANIC

LA BIBLIOTECA DE HARVARD Y EL TITANIC

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En la fachada de la Biblioteca Widener (The Harry Elkins Widener Memorial Library) de la Universidad de Harvard, hay una placa que recuerda en nombre de quién fue inaugurada en 1915, Harry Elkins Widener, alumno aventajado y graduado en sus aulas en 1907, nacido en Filadelfia (Pensilvania) el 3 de enero de 1885 y fallecido, junto a su padre, en la madrugada del 15 de abril de 1912 en el hundimiento del famoso transatlántico RMS Titanic. Mi amigo Marlon James Sales, que se encuentra allí estos días, es quien ha tomado esta fotografía de la placa.

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Harry Elkins era el primer hijo de una acaudalada familia norteamericana. Su padre, George Dunton Widener (1861-1912), fue un empresario y banquero norteamericano vinculado a la red de tranvías eléctricos de Filadelfia, y director de la Academia de Bellas Artes de Pensilvania. Casado con Eleanor, la heredera de la rica familia Elkins, con quien eleanor_elkins_widenertuvo tres hijos, en 1912 viaja con ella y con su hijo mayor, Harry, a París en un viaje de placer que incluía un negocio: buscar a un reputado chef francés para el Widener Filadelfia, un restaurante que pensaba abrir la familia en el Hotel Ritz Carlton. El viaje de regreso a los Estados Unidos lo reservaron en el Titanic. Aquella fatídica noche del choque con el Iceberg, Eleanor y su doncella, Emily Geiger, fueron evacuadas en uno de los botes salvavidas del buque, y rescatadas más tarde por el RMS Carpathia, mientras que Harry, su padre y el ayuda de cámara de éste, Edwin Keeping, quedaron a bordo. Nunca identificaron sus cuerpos, aunque se celebró un funeral en su honor en la Iglesia episcopal de St. Paul en Pensilvania.

Harry contaba con 27 años cuando falleció, pero ya había conseguido hacerse un nombre como reputado coleccionista de libros raros, a los que dedicaba todo su tiempo. Enhew_bookplate realidad solo coleccionaba aquellos libros “que le interesasen” según sus propias palabras. En la Universidad, ya había recopilado primeras ediciones de Charles Dickens, Robert Louis Stevenson, William Makepeace Thackeray… y, gracias a su afición teatral universitaria perfeccionada durante su pertenencia al exclusivo Club Hasty Pudding Theatricals, una fraternidad artística de Harvard, una gran colección de libros ilustrados y del traje. En Harvard también fue miembro y benefactor del exclusivo y masculino Owl Club  (originalmente “Phi Delta Psi Club”), y a los 25 años ya pertenecía a la Sociedad Bibliófila de Filadelfia (desde donde mantenía contactos con reputados libreros, como Abraham Simón Wolf Rosenbach, uno de los impulsores del coleccionismo de libros raros como inversión, y fundador de la Biblioteca-Museo Rosenbach, hoy Biblioteca Pública de Filadelfia) y al Club Grolier,  una sociedad exclusiva de Nueva York donde se daban cita los bibliófilos de más éxito, como por ejemplo Luther Livingston (1864-1914), y cuya biblioteca era ya famosa en el mundo. El Club Grolier lleva su nombre en honor a Jean Grolier de Servières (1489-1565), tesorero general de Francia y famoso bibliófilo patrocinador de la Imprenta Aldina (introducida por Aldo Manuzio en Venecia en 1494)  famosa por su especial tipografía (fue la introductora de la cursiva) y tamaño (en octava, como un libro de bolsillo actual). Grolier se especializó, además, en un tipo de encuadernación muy ricamente decorada y en incluir su exlibris, la frase “Io. Grolieri et amicorum” (propiedad de Grolier y sus amigos). Todas las bibliotecas del mundo quieren tener ejemplares Grolier en sus estantes, pero solo se sabe de unos 500 ejemplares reales pertenecientes a su colección particular. En Nueva York, Walter Jackson Montgomery (1863-1923) fue quien propuso su nombre para la sociedad bibliófila fundada en 1884 y a la que acabó perteneciendo Harry Elkins.

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En su afán bibliófilo Harry había adquirido en Inglaterra, entre otros muchos libros antiguos, una segunda edición de “Essais”, de Francis Bacon (1561-1626), de 1598, un libro que se dice quedó en su camarote del Titanic y que quiso recuperar antes de ser rescatado, perdiendo la oportunidad de ser embarcado en uno de los botes salvavidas. Esta historia nunca ha sido confirmada, pero se une a las muchas que surgieron después del naufragio. Lo que si sucedió después de la muerte de Harry en el Titanic, es que muchos de sus colegas y amigos donaron fondos y recursos para la realización de una fundación en su nombre.

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Eleanor Elkins, la madre de Harry, llegó a reunir dos millones de dólares que destinó a la construcción de un edificio en la Universidad de Harvard donde había estudiado su hijo, para albergar toda la colección de libros de Harry, un deseo que él mismo había expresado alguna vez: “quiero ser recordado vinculado a una gran biblioteca, pero no se me ocurre como”. Nació así en 1915 la Harry Elkins Widener Memorial, diseñada por Horace Trumbauer (1868-1938), un prominente y rico arquitecto de Filadelfia, que ya había construido algunos edificios para la familia y que impuso la señora Widener. Trumbauer construyó un gran edificio nuevo donde antes se encontraba la biblioteca de la universidad, la Gore Hall, que fue totalmente demolida.

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Una vez terminado, el edificio fue inaugurado el 24 de junio de 1915 y las puertas se abrieron a estudiantes y graduados. Eleanor Widener pronunció un emotivo discurso en el que dijo: “espero que se convierta en el corazón de la Universidad”. Casi como si fuese el cumplimiento de su deseo, se construyó en el interior del edificio el Centro Memorial Rooms, donde una serie de recuerdos de Harry recrean la que fuera su habitación.

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Los libros más valiosos se guardan en una biblioteca interna llamada Rotonda. Por encima de la puerta de entrada, un frontispicio recuerda a los impresores del siglo XV a los que tan aficionado era Harry: Caxton, rembolt, Aldus, fust y Schöeffer. Pese al patrocinio femenino, las mujeres tuvieron durante muchos años restringido su acceso a la Biblioteca, reduciéndose a unas pocas horas en las que no acudían estudiantes masculinos.

Hoy, la Biblioteca Widener de Harvard cuenta con una colección de 3,2 millones de volúmenes en diez pisos de salas que albergan más cinco millas de estanterías. Entre los ejemplares más valiosos se encuentra el primer libro impreso en lengua birmana, un ejemplar de la Biblia de Gutenberg impreso en Mainz (Alemania) en 1455,  una copia de los primeros folios en piel de oveja escritos en 1640 por William Shakespeare, y las primeras ediciones de varios autores de los siglos XVIII y XIX.

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Stephen Womack, en el centro (Fotografía de Jim Harrison)

Varias veces han intentado robar algunos de estos valiosos ejemplares, como cuando en 1969 un joven se descolgó sobre la sala donde se guardaba la Biblia de Gutenberg, que había alcanzado un valor de un millón de dólares, sin poder lograr volver a ascender con los 32 kilos de los dos volúmenes escondidos en su mochila. Cayó al suelo y completamente magullado fue arrestado. En 1990 unos 600 libros sobre historia y lingüística de la Iglesia aparecieron mutilados en la Widener causando daños por valor de 180.000 dólares. En 1994 se descubrió a un trabajador de la biblioteca, Stephen Womack, robando estos libros mutilados y escondiéndolos en un recinto del sótano. Este delincuente, apodado “Slasher” dijo actuar por venganza por un encarcelamiento anterior.

Durante muchos años Eleanor y la familia Widener se encargaron del mantenimiento de la colección y de las salas del edificio, celebrando reuniones festivas en el día del fallecimiento de Harry y su padre en 1912. Aún hoy, se siguen colocando flores frescas (claveles carmesí, los favoritos de su hijo) cada día en la Memorial Room de Harry bajo su retrato, y se dice que nunca falta helado (el postre favorito de Harry) en los comedores de Harvard. Está es una de las leyendas que siguen circulando en torno a la Biblioteca y a la donación de la señora Widener. La más conocida, y aunque carece de fundamento, dice que Eleanor Elkins Widener exigió que todos los alumnos de Harvard supiesen nadar antes de graduarse. Toda precaución es poca.

AlmaLeonor.

Fuentes: Las mencionadas en los enlaces.

 

 

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One Reply to “LA BIBLIOTECA DE HARVARD Y EL TITANIC”

  1. “Una historia singular de un amor que se hizo perpetuo con la construcción de la biblioteca. Decirte también que la Sra. Widener dispuso que no se podría tocar ni una sola piedra del edificio, por lo que a día de hoy, con todos los volúmenes ya incluidos en la colección universitaria, toda la expansión de la Biblioteca Widener se ha hecho abajo del suelo para cumplir con lo dispuesto. O sea, hay cuatro plantas de dos alas construidas debajo del suelo además de las cinco plantas originales de arriba. También hay un pasillo que conecta la Widener con otra biblioteca, la Pusey, donde se conservan mapas y otro documentos. Y aun así, se ha construido otro edificio más, fuera del campus, para albergar otros millones de libros que ya no caben en la Widener.”

    Comunicación recibida de Marlon James Sales.

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