1,2,3,4… AMÉRICA

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El pasado día 17 de febrero se celebraron en la Facultad de Filosofía y Letras de Valladolid, la III Jornada Académica de Investigadores Latinoamericanos, en la que participé gracias a la invitación del recién investido Doctor en Historia, Jose Julián Soto Lara, compañero mío en el Máster Europa y el Mundo Atlántico y a quien agradezco enormemente la oportunidad que me brindó de poder estar en esa mesa a la que se le dio el título de HISTORIA DE DOS MUNDOS.

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Todas estas ponencias fueron grabadas en vídeo y se pueden ver en el canal youtube del colectivo, al que puede accederse aquí. La Mesa HISTORIA DE DOS MUNDOS, puede verse y escucharse pinchando en la imagen siguiente, y también aquí. Mi intervención comienza a partir del minuto 47:45, aunque recomiendo vivamente escuchar el resto de conferencias, todas ellas con una temática diferente y muy interesantes. En todo caso, el texto de lo expuesto en esa charla, puede leerse a continuación.

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1,2,3,4… AMÉRICA

Primero quería dar las gracias por acogerme en esta III Jornada Académica de Investigadores Latinoamericanos, no siendo yo ni americana ni investigadora de la historia del continente, aunque como si me considero latina e historiadora, de nuevo ¡Muchas Gracias!

Como se ha dicho, yo he trabajado en el siglo XIX español y más concretamente en la visibilidad de la mujer en esa sociedad burguesa que se afianza precisamente en este siglo, aunque a lo largo de mi trabajo me he encontrado con algunos temas que me hubiese gustado ampliar con una  investigación en la historia americana. Por ejemplo, el empuje de las mujeres que participaron en los procesos emancipadores americanos, o la valentía de las mujeres que forman sociedades masonas en la segunda mitad del siglo XIX en todo el subcontinente.

Pero aun no siendo especialista en la historia americana, si he tocado ciertos aspectos en algunos trabajos y artículos, y de eso tratará esta ponencia, de la exposición de algunos hechos de la historia americana que alguna vez he tratado en mis artículos.

Bien… como historiadores, siempre anticipamos si nuestra investigación histórica va a estar vertebrada con un orden cronológico, geográfico, biográfico o transversal, y esa suele ser la misma fórmula que empleamos como divulgadores para visibilizar nuestro trabajo. Pero a mí, que llegué a Historia desde la diplomatura de Educación Social, me gusta decir que utilizo una fórmula de “causalidad” para escribir mis artículos, es decir, que partiendo de un elemento cualquiera, común, saltar hacia relatos históricos, hacia la narración de hechos históricos. Por ejemplo desde los números.

Y para esta ocasión, he pensado que sería una buena idea hablarles a ustedes de historia desde esta óptica de causalidad numérica. Lo que vamos a hacer es un recorrido, del 1 al 4, por algún aspecto de la historia americana.

 

EMPEZANDO POR EL UNO…

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…tengo que decir que mi primera aproximación a la historia y cultura de las comunidades precolombinas fue con los Aymara. Fue una aproximación más que interesante, que cambió para siempre mi forma de entender la historia. Con los Aymara aprendí la importancia de la lengua y el lenguaje para el relato histórico. Y llegué a hacer mío ese axioma que dice que la lengua condiciona nuestra visión del mundo. Porque no podemos conocer aquello que no sabemos expresar. O al menos nos costaría muchísimo hacerlo.

También resultó una enseñanza enriquecedora la óptica desde la que se sitúa la concepción del mundo para los Aymara. Con aquel trabajo que realizamos un grupo de estudiantes de Educación Social, aprendimos que para ellos el pasado está delante de nuestros ojos porque es aquello que podemos ver, y que el futuro está detrás de nosotros porque es aquello que no podemos atisbar, que nos está oculto. Desde nuestra cultura occidental aprendemos justo lo contrario, que el pasado está detrás de nosotros porque es de dónde venimos y el futuro está delante porque es lo que tenemos que construir.

Conjugar esas dos visiones casi antagónicas del sentido de la vida tuvo que ser muy difícil para los primeros encuentros poscolombinos, pero hoy podemos extraer una enseñanza, que hay distintas fórmulas con las que abordar el relato de los hechos del pasado, de la historia. Situarnos en diferentes perspectivas en nuestro trabajo como historiadores puede ayudarnos a arrojar más luz sobre esos hechos históricos sobre los que investigamos.

Siempre recuerdo a los Aymara cuando me enfrento al reto de escribir un artículo histórico, o como en esta ocasión, hablar de historia.

 

EL NÚMERO DOS…

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…nos anuncia un error nominativo. Y es que tanto América, como el nombre con el que esas tierras empezaron siendo llamadas, Las Indias, son nombres, digamos “erróneos”, que no responden completamente a la realidad. Esto que les voy a contar formó parte de una intervención mía sobre los nombres de los continentes, en un programa de radio llamado Tempus Fugit que realizan unos amigos míos en una emisora de Almería, y en el que colaboré durante una temporada hablando de historia.

Cristobal Colon, aunque equivocadamente, pensaba que había llegado a Las Indias, la tierra que buscaba. Decía el Almirante que eran “unas tierras pegadas a Asia”, el oriente del mundo conocido, encontradas navegando hacia el occidente. Y así, En España, durante los siglos XV y XVI se utilizó el nombre de “Las Indias Occidentales”, o Las Indias, para referirse a todas las tierras descubiertas desde 1492. En el siglo XVIII se empieza a utilizar tímidamente el nombre de “América”, pero el órgano administrativo del que dependía todo lo relacionado con ella, el Consejo de Indias, siguió utilizando esta denominación hasta su desaparición en 1834.

El resto de naciones europeas utilizaban habitualmente el nombre de Nuevo Mundo, o como por ejemplo, Tierra de Brasil, una denominación muy corriente entre los portugueses, entre otras cosas, por Américo Vespucio, un navegante florentino al servicio de los Médicis que más tarde sirvió a la corona portuguesa para quien navegó bordeando Brasil. Y son estos viajes portugueses de Américo Vespucio los que le acabarían dando una idea de las enormes proporciones de las tierras descubiertas, un “Mundus Novus”, de proporciones que él consideraba continentales.

En 1502, a la vuelta de uno de sus viajes, Américo Vespucio escribió un texto en el que, entre otras cosas, decía: “Al sur de la línea equinoccial, en donde los antiguos declararon que no había Continente, sino un solo mar llamado Atlántico… yo he encontrado países más templados y amenos, de mayor población que cuantos conocemos. Es la Cuarta Parte de la Tierra”. Recordemos que hasta el momento se conocían o se nombraban tres continentes, Europa, Asia y África.

Es así como en 1507 en Lorena, Martin Waldseemüller,  edita la colección de mapas de Ptolomeo y en el de América estampa ese nombre, por cierto, en la parte sur del continente. En el prólogo, Mathias Ringmann explica que ese nombre es honor a la “mente preclara de Américo Vespucio”, y aclara que feminiza el nombre porque femeninos son el resto de continentes.

Mientras esto sucedía, decía Francisco Morales Padrón, uno de los especialistas más reputados sobre el Descubrimiento de América: “Américo Vespucio, en Sevilla, permanecía completamente ajeno a lo sucedido, igual que Colon permaneció ajeno al conocimiento de un nuevo continente”.  Dos personajes ajenos a su logro; dos nombres ajenos a la realidad del nuevo continente.

 

EL NÚMERO TRES…

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… fue uno con los que trabajé en los artículos de Anatomía de la Historia, donde colaboro de vez en cuando con el pseudónimo de Alma Leonor López. Fueron dos, y en ellos hablaba de las Troikas (las soviéticas y las más recientes y económicas de la UE) y de los Triunviratos, los dos romanos y los Triunviratos americanos, Triunviratos que tuvieron su importancia en la historia de las emancipaciones americanas del siglo XIX y aún después.

Por ejemplo, en Argentina (Provincias Unidas del Río de la Plata), en 1811, una Junta Conservadora revierte los avances emancipadores de la Junta Grande y nombra un Triunvirato gubernativo que tiene su continuación en un segundo Triunvirato que durará hasta 1814.

Por ejemplo, en las Provincias Unidas del Centro de América se nombró igualmente un gobierno triunviro, pero con un carácter completamente contrario, fue en 1823 y a raíz de su proclamación de independencia. El Triunvirato fue nombrado por tanto por una Asamblea Nacional Constituyente. Aún hubo un segundo Triunvirato hasta 1825.

Por ejemplo, en México, un Triunvirato ejecutivo (entre 1823 y 1824) fue designado por el Congreso restituido tras la abdicación como emperador de Agustín de Iturbide, con el triunfo de la Revolución de Casa Mata (1822-1823) y la proclamación de la República. La Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, aprobada en octubre de 1824, otorgaba la presidencia de la República a Guadalupe Victoria y puso fin al Triunvirato.

Por ejemplo, el caso de Uruguay, que fue algo más tardío, enmarcado en las disputas por el control del gobierno que mantenían el partido “blanco” y el “colorado”, y que desembocaron en la llamada Guerra Grande (1839-1851). Tras la paz de octubre de 1851 sobrevinieron unos años de convulsiones que impidieron la consolidación de un gobierno constitucional. En septiembre de 1853 se acordó la formación de un Triunvirato gubernamental en el que Venancio Flores acabó gobernando en solitario dada la muerte de sus dos correligionarios en el plazo de pocos meses. En 1854 fue nombrado presidente constitucional y se dio por finalizado el Triunvirato.

Nos vamos ahora a la República Dominicana donde en la segunda mitad del siglo XX, el 25 de septiembre de 1963, toma las riendas del Estado un grupo de militares que nombran una Junta Superior de Gobierno, militar y apoyada por la oligarquía y las élites dominicanas, que es la que instala un gobierno civil ejecutivo en forma de Triunvirato. Este golpe militar derrocó el gobierno constitucional que se había formado en febrero de ese mismo año con Juan Bosch, y que a su vez, había puesto fin a los 31 años de dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.

Este Primer Triunvirato, presidido por Emilio de los Santos (1903-1986), tuvo que ser renovado constantemente por las revueltas populares, sobre todo por la acción del movimiento político 14 de Junio, que se rebela en armas, provocando la dimisión del presidente tras el fusilamiento de su líder Manuel Távarez Justo. Donald Reid Cabral es quien dirigirá los tres Triunviratos siguientes, hasta ser derrocado por la Revolución de abril de 1965.

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Para terminar quiero que nos quedemos en este país, la República Dominicana, y volvamos a los orígenes de esta charla, a mi objeto de estudio, a la mujer. Para cerrar esta intervención me gustaría recordar un artículo de mi blog, HELICON, en el que contaba la historia de tres mujeres dominicanas cuyo ejemplo y sacrificio se recuerda cada 25 de noviembre en el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”.

Me estoy refiriendo a Patria, Minerva y María Teresa Mirabal Reyes, activistas políticas asesinadas en la República Dominicana a manos de la policía secreta del dictador Rafael Trujillo el 25 de noviembre de 1960. Tenían entre 26 y 36 años y en las ocasiones en las que fueron encarceladas, sufrieron vejaciones, violaciones y torturas sistemáticas. Las tres hermanas, llamadas “las mariposas” pertenecían a la “Agrupación política 14 de junio”, opositora a Trujillo, que ya hemos mencionado antes.

Bien, pues en 1981, en Bogotá (Colombia) se celebró el “Primer encuentro feminista para América Latina y el Caribe”, con asistencia de más de 200 feministas latinoamericanas. Es en este foro donde se denuncia la violación sistemática de los derechos de la mujer latina, incluyendo, como novedad hasta el momento, cuando no se contemplaba como tal, la violencia de Estado hacia la mujer.

Fue aquí cuando se propone recordar esta lucha el día 25 de noviembre como homenaje a las hermanas Mirabal. La propuesta, que fue aceptada por la ONU no fue oficializada hasta mucho más tarde, el 17 de diciembre de 1999 (resolución 54/134). Y se celebra así desde entonces, en España visibilizando el evento a través del color violeta.

No es el único color. Se ha utilizado el color blanco en alguna ocasión y en el año 2014, por ejemplo, el lema de la ONU para la campaña que llamó “16 días de activismo contra la violencia de género”, celebrada entre el 25 de noviembre y el 10 de diciembre (Día de los Derechos Humanos), llevó como emblema el color naranja. Y, no quiero dejar de mencionarlo, recientemente la visibilización de la lucha de la mujer por el reconocimiento igualitario entre los sexos y los derechos de las mujeres, y contra las formas machistas y burlescas del presidente Trump, ha tenido, como todos sabrán una visibilización en color rosa, el de los pussyhats (gorros rosas con orejas de gato) que llevaron las mujeres de la marcha de las mujeres Washington y en buena parte del mundo el pasado 21 de enero, y de la que también realicé un artículo para Anatomía de la Historia.

 

¿Y DÓNDE ESTÁ EN ESTA HISTORIA EL NÚMERO 4 …

…se estarán preguntando? Pues con las mismas hermanas Mirabal, porque la más pequeña de ellas, Bélgica Adela Mirabal, llamada Dedé, que no participaba de su activismo político y sobrevivió a la persecución, dedicó su vida a recordar la memoria de sus hermanas hasta su fallecimiento el 1 de febrero del 2014.

Casi sin haberlo previsto, hemos realizado un recorrido geográfico por distintos países de Centro y Sudámerica, casi biográfico, desde luego transversal y también cronológico. Empezamos hablando de los Aymara, un pueblo precolombino, luego pasamos al momento del descubrimiento y los nombres dados a las tierras descubiertas en los siglos XV y XVI, saltamos a los siglos XIX y XX con los Triunviratos gubernativos formados durante y después de las emancipaciones americanas y finalmente llegamos al tiempo actual con el recuerdo de las Hermanas Mirabal y la lucha feminista.

Muchas Gracias a todos.

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