LA LIBERTAD GUIANDO AL PUEBLO

LA LIBERTAD GUIANDO AL PUEBLO

La Libertad guiando al Pueblo (1830), es un cuadro que el francés Eugène Delacroix (1798-1863) pintó en 1830, en plena ola de revoluciones europeas que se iniciaron con la española de 1820 y tuvieron su continuación con las de 1848. En esta obra, una alegoría de la Marianne de la República Francesa, aparece conduciendo al pueblo levantado en armas para salvar la patria, tal y como lo había hecho cuando la Revolución francesa del siglo XVIII creó la representación de Marianne con la Francia que luchaba por desembarazarse del absolutismo monárquico.

En este cuadro están presentes símbolos que se asociarán desde entonces a la República, como el gorro frigio (relacionado con el liberalismo y la masonería, y que se colocó enseguida a la Marianne) y la bandera tricolor francesa que porta en una mano.

Esos símbolos inspirarán igualmente las alegorías de las repúblicas españolas. Tanto la Carmela de la Segunda República, como la La Niña Bonita de la primera, una imagen dibujada en 1873 por el caricaturista catalán Tomás Padró Pedret (1840-1877) en el semanario La Flaca. Revista liberal y anticarlista (publicada entre 1869 y 1876), donde firmaba con el pseudónimo “AºWº”.

La Niña Bonita mostraba los elementos propios del liberalismo (el gorro frigio y un seno descubierto), y añadía algunos elementos nuevos, como la figura alada (evocando a la Victoria-Nike griega), las tablas de la Ley (con la inscripción “RF”, la Constitución de la República federal española que no llegó a aprobarse) y la balanza de la Justicia. Libertad, Victoria y Justicia han sido representadas tradicionalmente con formas femeninas.

La Carmela de la Segunda República simplificará un poco todos estos atributos resaltando más la balanza de la justicia e introduciendo la bandera republicana tricolor. Es así como aparece en 1987 en la obra teatral del dramaturgo José Sanchis Sinisterra, titulada ¡Ay, Carmela! y que Carlos Saura convirtió en película, con el mismo título, en 1990.

En forma de lamento, ¡Ay, Carmela! fue también una canción nacida en la España de 1808 ocupada por los franceses, que pasó casi desapercibida hasta que ciento treinta años después, volvió a sonar con fuerza en una ya muy precaria Segunda República española.

La recuperación de la canción decimonónica durante la Guerra Civil española no es casual. Forma parte del imaginario idealizado del pueblo español levantado en armas contra “el invasor”: los franceses entonces y los fascistas después. En la España republicana se vive la contienda civil como una guerra de resistencia del pueblo en defensa de su libertad. Y en esa defensa popular vuelve con fuerza el recuerdo de la heroicidad del pueblo llano en 1808 representado por un universo femenino: las “Agustinas de Aragón”, las “Manuelas Malasaña”, las “Marianas Pineda”, la “Virgen del Pilar”… y el “¡Ay, Carmela!” que entonces se cantaba a las tropas napoleónicas desde las barricadas gaditanas.

El episodio decisivo de la Guerra Civil española que va a hacer revivir el grito, reconvertido ahora en republicano, es la batalla del Ebro, librada de julio a noviembre de 1938:

“El Ejército del Ebro,
rumba la rumba la rumba ba
una noche el río pasó,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
Y a las tropas invasoras,
rumba la rumba la rumba ba
buena paliza les dio,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
El furor de los traidores,
rumba la rumba la rumba ba
lo descarga su aviación,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
Pero nada pueden bombas,
rumba la rumba la rumba ba
donde sobra corazón,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
Contraataques muy rabiosos,
rumba la rumba la rumba ba
deberemos resistir,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!
Pero igual que combatimos,
rumba la rumba la rumba ba
prometemos combatir,
¡Ay Carmela! ¡Ay Carmela!”

La batalla del Ebro figura en la historia de la Guerra Civil como la más larga y una de las más sangrientas de todo el conflicto. En ella tomaron parte cinco brigadas internacionales, siendo la 11ª Brigada, la que primero estableció una cabeza de puente en la margen derecha del Ebro desde la que se lanzó la ofensiva republicana. Bajo el mando del teniente coronel Juan Guilloto León (llamado “Modesto”), dos cuerpos de Ejército (el V de Enrique Líster y el XV de Manuel Tagüeña; hubo un tercero, el XII, al mando de Etelvino Vega, que apenas participó en un principio) compuestos de unos 100.000 hombres, cruzaron el Ebro cuando eran las 00:15 horas del 25 de julio de 1938.

Algunos eran muy jóvenes, de entre 17-18 años (llamados “la quinta del biberón”) y los mandos populares prácticamente inexpertos. Ni Enrique Líster ni Modesto eran militares de carrera (cantero y aserrador respectivamente, Tagüeña, de 25 años, era brigada), aunque ambos habrían recibido alguna formación militar en la academia Frunze de la URSS. Con esos mimbres se enfrentó la República a la batalla más decisiva de toda la guerra.

Pero el inicial éxito de esta ofensiva enardeció los ánimos de unos milicianos desmoralizados y una población civil muy castigada a estas alturas de la guerra. La ciudadanía soportó los combates, los bombardeos (todo el levante fue bombardeado varias veces) y las ofensivas propagandísticas de los franquistas que, con los “bombardeos del pan”, quisieron hacerles cómplices de una victoria que aún no habían conseguido.

Así, ¡Ay, Carmela! fue el confiado canto que recorrió todo el frente y alcanzó la retaguardia republicana, al menos, durante los más de tres meses que duró la defensa del Ebro. Los “contraataques muy rabiosos” de los que habla la canción ascendieron de grado con la llegada de la Legión Cóndor alemana y las tropas italianas, que dando apoyo a 15 divisiones de infantería sublevada, tomaron el Ebro de nuevo tras intensos combates (al estilo “topetazo del carnero”, dicen las crónicas).

El 18 de noviembre los republicanos están ya fuera del Ebro, en la anterior línea de defensa de Ribarroja. Pese al triunfalismo del ¡Ay Carmela!, la Segunda República quedó prácticamente sentenciada a partir de esta fecha.

AlmaLeonor

Resumen de mi artículo “Con ese nombre de mujer” publicado el 21 de marzo de 2016 en la revista digital Anatomía de la Historia, que puede leerse entero en este enlace. Es mi pequeño homenaje a un día como hoy, 14 de abril, fecha emblemática de la proclamación de la Segunda República española en 1931.

 

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