DE MUTILADOS Y DISCAPACIDADES HISTÓRICAS (II)

DE MUTILADOS Y DISCAPACIDADES HISTÓRICAS (II):

De los Austrias a la actualidad

Artículo de Alma Leonor López publicado el 1 de abril de 2013 en la Revista Digital Anatomía de la Historia, sección Discusión Histórica.

Francisco Lezcano, el Nino de Vallecas, de Diego Velazquez.  

LA ESPAÑA DE LOS AUSTRIAS Y LOS BORBONES

En Lepanto, en 1571, el mayor escritor de lengua española, Miguel de Cervantes, ‘el Manco de Lepanto’, perdía su mano izquierda, anquilosada por una herida de plomo. Pero la Corte española de los Habsburgo que terminó con el hijo de un “Rey Pasmado” –Carlos II, quien podría haber padecido el síndrome de Klinefelter, una enfermedad genética, además de raquitismo, prognatismo, epilepsia y diversas enfermedades más– fue prolífica en enanos cortesanos (al igual que en las cortes inglesa y francesa por otro lado), aquejados de diversas patologías, e inmortalizados por Velázquez.

Así aparecen, por ejemplo, Nicolasito de Pertusano y Mari Barbola (bufones de la infanta Margarita, a quien acompañan en Las Meninas), el primero con una deficiencia de la hormona del crecimiento y la segunda probablemente aquejada de acondroplasia.

De esta misma enfermedad también sufría Sebastián de Morra, bufón de la Corte al servició de Felipe IV y antes del príncipe Baltasar Carlos, de quien también fue bufón ‘El niño de Vallecas’, Francisco Lezcano, quien pudo padecer un hipotiroidismo congénito de tipo mixedematoso ―a decir del doctor Juan Falen Boggio―, que le llevó finalmente a la muerte a temprana edad.

O Diego de Acedo ‘el Primo’ (que no engañe el apodo, pues era muy inteligente y actuaba de secretario encargado de la estampilla de la firma real, más que de bufón), posiblemente también aquejado de una deficiencia en la hormona del crecimiento.

Y Juan de Calabazas, ‘Calabacillas’, bufón del Cardenal Infante Fernando de Austria y de Felipe IV, que podría padecer una forma de hipotiroidismo infantil

Por cierto que, en el nacimiento del rey Carlos II, la Gazeta de Madrid del siglo XVII se parecía bastante a muchos canales televisivos tan ideologizados y tan escasos  en el “rigor” y en la “veracidad” de sus informaciones. Dio la noticia del nacimiento del príncipe heredero, el domingo 6 de noviembre de 1661, de esta forma: “un robusto varón, de hermosísimas facciones, cabeza proporcionada, pelo negro y algo abultado de carnes”. Pero según el embajador de Francia, “el Príncipe parece bastante débil; muestra signos de degeneración; tiene flemones en las mejillas, la cabeza llena de costras y el cuello le supura (…) asusta de feo”.

El rey Carlos II

El hispanista John Lynch lo sentencia: “Carlos II fue la última, la más degenerada, y la más patética víctima de la endogamia de los Austrias”.

No nos hemos olvidado de las mutilaciones. Éstas siguieron presentes durante la Edad Moderna e, incluso, una de ellas llegó a ser la causa de una guerra entre España e Inglaterra en 1739.

La Oreja de Jenkins

Robert Jenkins fue un marino inglés (corsario, contrabandista, pirata…) que, en virtud del acuerdo llegado entre ambos países, mercadeaba con su bergantín “Rebecca” por el mar Caribe, con licencia de “navío de permiso”.

Esta práctica estaba sujeta a estrictas normas en cuanto a los puertos, mercancías y cantidades que se podían comerciar, y la flota española vigilaba contumazmente que se cumpliese la ley. Jenkins se la saltó, y aunque no era el único en aquellos tiempos, topó con un guardacostas español al mando del capitán Juan León Fandiño, quien le abordó (amparándose en el “derecho de visita”), le confiscó la carga y, como si de una actualísima “riña de políticos” se tratase (“-¡contrabandista!”, “-¡Y tu más!”), acabó cortándole una oreja como castigo ejemplar.

Era abril de 1731. “Ve y dile a tu Rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”, dicen que dijo. Y el inglés lo hizo. Así, el episodio fútil, convenientemente planteado en el Parlamento y agitado entre la opinión pública inglesa, obligó al primer ministro Robert Walpole, a declarar la guerra a España el 23 de octubre de 1739.

En esta Guerra del Asiento, más conocida como Guerra de la Oreja de Jenkins, se desarrolló una de las batallas más importantes de todas las acaecidas en aquel siglo XVIII, la batalla o sitio de Cartagena de Indias, plaza que había sitiado el almirante inglés Edward Vernon, y que estaba defendida desde 1737 por el comandante general de Cartagena, el teniente general de la Armada española Blas de Lezo, apodado por sus hombres “Mediohombre”, pues con sólo 25 años ya era cojo (desde 1704), ciego de un ojo (en 1706) y manco (en 1713).

El almirante Blas de Lezo, “mediohombre”

En 1739 Vernon había destruido el puerto de Portobelo en Panamá, obligando al rey español a reorganizar completamente el comercio con América y la Flota de Indias. Esta victoria animó al inglés a emprender el asalto definitivo a Cartagena de Indias y del 13 de marzo al 20 de mayo de 1741, tuvo lugar el sitio.

La flota inglesa compuso la mayor agrupación de buques de guerra de la historia (solo superada por el desembarco de Normandía), con 195 barcos que contenían 3.000 cañones y cerca de 25.000 combatientes (incluidos esclavos macheteros jamaicanos y reclutas de Virginia comandados por Lawrence Washington, medio hermano del que sería el primer presidente estadounidense, George Washington), que superaba en más de 60 buques a la Armada Invencible de Felipe II.

Pero también fue vencida. Y esta vez por un valiente ’Mediohombre’ con unas fuerzas que “no pasaban de 3.000 hombres, 600 indios flecheros, más la marinería y tropa de infantería de marina de los seis navíos de guerra que disponía la ciudad”, tal y como afirma Jesús María Ruíz Vidondo. El rey Jorge II prohibió que se hablase siquiera de la derrota, y se ocultaron una serie de medallas conmemorativas de la “victoria” que nunca se produjo. En ellas se veía a un “Don Blass” arrodillado (lo que le era imposible) y con los dos brazos completos, entregando su espada al inglés, con las leyendas: “Auténtico héroe británico, tomó Cartagena en abril de 1741” y “El orgullo de España humillado por el almirante Vernon”.

Algo más de cincuenta años después, en 1797, otro inglés, el almirante Horatio Nelson, perdía un brazo al tratar de tomar Santa Cruz de Tenerife. También había perdido un ojo en una batalla anterior (en 1794).

LA GUERRA Y LA ACTUALIDAD

George Grosz,. Mutilado de guerra sobreviviendo tras el conflicto.

Las guerras siempre han ocasionado mutilados y heridos a perpetuidad, cuyas terribles secuelas les castigan de por vida y ocasionan a la sociedad en la que se insertan un esfuerzo doble para mitigar su dura reinserción (al tiempo que un gasto económico considerable). Por eso mutilar al enemigo siempre ha sido una estrategia de combate. Pese a ello, hubo algunos personajes en la historia reciente que serán recordados, además de por sus acciones militares, por la discapacidad que éstas les produjeron.

El conde Claus von Stauffenberg, coronel del Estado Mayor de la Wehrmacht y jefe del Ejército de Reserva de Berlín durante el Tercer Reich, era un alto y apuesto noble y militar alemán que gozaba de gran carisma entre sus compañeros de armas y entre la élite alemana de la época, como Albert Speer (arquitecto y ministro alemán). Stauffenberg perdió el ojo izquierdo, la mano derecha y los dedos meñique y anular de la mano izquierda en 1943, en el transcurso de una incursión durante una batalla al sur de Mezzouna (Túnez). Sin embargo, no fue este revés el que le llevó a planificar el conocido como “complot del 20 de julio”, el más importante intento de acabar con la vida de Hitler en 1944. Sus convicciones eran anteriores a su mutilación de guerra.

También fueron anteriores a sus heridas de guerra, las convicciones políticas del fundador de la Legión extranjera española, José Millán-Astray y Terreros. En la Guerra de Marruecos, entre 1921 y 1926, sufrió varias heridas a consecuencia de las cuales cojeaba de una pierna y se le amputó el brazo izquierdo. Además, un disparo en el rostro le causó la pérdida de un ojo, desgarros en el maxilar, y una profunda herida en la mejilla izquierda.

El muy condecorado Millán-Astray, un “notable erudito” y “conferenciante”, según el polémico Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia recibió el siguiente discurso por parte de Miguel de Unamuno en Salamanca: “El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra… Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor”.

Restos hallados de Ricardo III

Finalmente, las discapacidades y mutilaciones también han ayudado a la investigación histórica. Muy recientemente, la Universidad de Leicester, en el Reino Unido, ha podido confirmar, tras cuatro meses de pruebas y análisis, que los restos encontrados en una excavación pertenecen al rey Ricardo III, gracias, entre otros indicios, a la acusada escoliosis que padecía. William Shakespeare le describió como “un jorobado vil, ambicioso y corrupto”. No dijo nada de que fuese discapacitado.

AlmaLeonor

 

Viene de De mutilados y discapacidades históricas (I)

Y en HELICON… aquí.

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