HOWARD HUGHES Y LOS IMPUESTOS

HOWARD HUGHES Y LOS IMPUESTOS

Uno de los personajes más pintorescos, maniáticos e inteligentes que pueden encontrarse en la industria cinematográfica es Howard Hughes (1905-1976), el más genuino multimillonario de la historia, el hombre más adinerado del mundo, a decir de la prensa de su época, y el primero en llegar a ser considerado billonario, pues se calculó que su fortuna rondaba los 2500 millones de dólares cuando, tras años de disputas legales posteriores a su muerte, todo su patrimonio se dividió entre sus 22 primos, sus únicos herederos.

Howard Robard Hughes, Jr., nació en Texas en una fecha indeterminada. Algunos dicen que fue un 25 de septiembre y otros un 24 de diciembre. Curiosamente tampoco está claro el momento de su fallecimiento. Sucedió el 5 de abril de 1976, pero no se sabe bien en qué momento. Hughes se encontraba enfermo y se autorrecluyó en un hotel de Acapulco, rodeado de los médicos que siempre le acompañaban (y por los criados mormones de los que se rodeó en los últimos veinte años de su vida), pero a los que no solía hacer mucho caso. Su estado era tan grave (se encontraba descuidado, greñudo y con las uñas larguísimas y sin cortar) que se decide trasladarle en avión hasta el Hospital Metodista de Houston. Allí solo pudieron certificar su muerte, pero nunca se aclaró si sucedió en el mismo hospital, durante el vuelo, o si ya había fallecido antes de salir de Acapulco. A su entierro en el cementerio Glenwood de Houston, solo asisten seis personas.

Si su nacimiento y muerte están rodeados de misterio, no es el caso de su vida, muy conocida en la época, y posteriormente, tanto por la intensa vida social que llevaba como por las películas que llegó a filmar o por los negocios que emprendió a lo largo de su vida, sobre todo con la aviación. Fue el creador de la compañía TWA, competidora de la todopoderosa PamAm y diseñó aviones para el ejército norteamericano.

La aviación le jugó algunas malas pasadas económicas (se vio obligado a pleitear para no tener que vender la TWA por determinación legal, pero al final tuvo que hacerlo y se embolsó una gran cantidad de dinero por ello) y algunos fracasos técnicos (el Hughes H-4 Hércules, el enorme hidroavión que diseñó para el ejército norteamericano que debía utilizarse en la IIGM, no llegó a ser construido), pero también le ocasionó el mayor daño a su salud. Fue en 1946, concretamente un 7 de julio, cuando el avión XF-11 que probaba para el ejército norteamericano, se estrelló en Los Ángeles. El avión se incendió y Hughes sufrió importantes lesiones internas, múltiples fracturas en clavícula y costillas (todas rotas) y quemaduras de tercer grado por todo el cuerpo (el característico bigote de sus últimos años ocultaba una de esas quemaduras). Estando convaleciente, pidió a sus ingenieros que acudieran para diseñar una camilla más adecuada a sus necesidades, con un sistema hidráulico compuesto de 30 motores que funcionaban al pulsar una serie de botones. Había inventado la moderna cama de hospital.

Pero sobre todo Hughes era multimillonario y ejerció de ello a menudo durante toda su vida (incluso en 1972, residiendo en Managua, intentó hacer negocios con el dictador Anastasio Somoza, pero tuvo que marcharse al ser sorprendido por el gran terremoto del 23 de diciembre de ese año). Se dice que amaba el dinero no por sí mismo, sino porque lo veía como el medio con el que podía obtener aquellas cosas a las que no alcanzaba a obtener por sus propias manos. Parece ser que fue el autor de aquella frase que declaraba que “todo el mundo tiene un precio”.

Hughes nació en el seno de una millonaria familia texana enriquecida con el petróleo. Heredó la fortuna de sus padres con 17 años, así que la acumulación de dinero nunca le fue algo extraño. Quería ser el hombre más rico de la tierra, y es posible que lo consiguiera. Sin embargo, su tesón, inteligencia, amor al riesgo y a las inversiones económicas, así como su apego por el trabajo compulsivo, no fueron los únicos elementos en hacer crecer su fortuna. También fue uno de los más grandes defraudadores de la hacienda norteamericana sin ningún escrúpulo. Mejor dicho… utilizó todos los resquicios legales a su alcance para escamotear el pago de altos impuestos.

Hughes fundó en 1932, en California, una compañía de aviación (antes de la TWA), llamada Hughes Aircraft, que quiso trasladar, sin éxito, a Nevada donde se pagaban muchos menos impuestos. Esto, que le salió mal, no fue óbice para que intentara toda su vida pagar menos al fisco. Al final, en 1953, encontró el modo: donó todos sus activos al Instituto Médico Howard Hughes, que él mismo había fundado, y que era una entidad exenta del pago de impuestos.

Vivió muchos años en California, donde tenía su casa, además de su negocio de aviación, pero pronto dejó la casa para vivir en hoteles (de lujo, por supuesto), porque así no tenía que declarar impuestos por su residencia habitual. Cuando unos años más tarde la ley se modifica de modo que quien viviera al menos 180 días al año en un hotel en un estado concreto, debería pagar igualmente por residencia, Hughes se fue cambiando de hotel, y de estado, antes de cumplir ese plazo. A consecuencia de esta “estratagema”, los estados de California y Texas no pudieron cobrar los impuestos relativos a su herencia porque ninguno de ellos pudo probar que era el Estado de residencia legal de Hughes. Un triunfo frente a la hacienda pública incluso tras su muerte.

Hughes siempre se rodeó de gentes de valía, hombres a los que se jactaba de “comprar” por un alto precio a cambio de su absoluta fidelidad a su causa y a sus empresas. Pero eso también le obligaba a pagar altos impuestos. Entonces Hughes ideó una forma de pagarles bien sin tener que declararlo al fisco. Mientras trabajasen para él les pagaba un sueldo casi miserable (que era por el que cotizaba), y cuando terminaban su trabajo en la empresa, Hughes les criticaba mordazmente, incluso con injurias ofensivas y de forma pública. Entonces sus empleados le “demandaban” judicialmente por difamación y, como era seguro que perdería el juicio, Hughes les pagaba una bonita y enorme cantidad de dinero… casi libre de impuestos para él. Una de las mayores indemnizaciones que pagó por este método fueron los 2.2 millones de dólares que se embolsó su socio durante un tiempo Robert Maheu.

Parece una forma diferente de finiquito en diferido, ¿verdad? Pero Hughes marcó una gran diferencia con respecto a todos los defraudadores a la Hacienda pública patrios… Todas las tretas que utilizó a lo largo de su vida para evadir impuestos, eran absolutamente legales. Nunca realizó un fraude fiscal, ni dejó de pagar los impuestos que le correspondían, pero intentó por todos los medios que esos fuesen los mínimos posibles. Cosas de milmillonarios.

Por cierto… ayer se cumplió el plazo para realizar la Declaración de la Renta en España. ¿Encontraron alguna fórmula para desgravar y no cotizar tantos impuestos? ¿No? Tal vez deberían haber leído algo sobre la vida de Howard Hughes… o haber preguntado a Marta Ferrusola, a quien le sale a devolver…

AlmaLeonor