EL “PATO” DE SCHRÖDINGER

EL “PATO” DE SCHRÖDINGER

Ánade o pato común (Anas platyrhynchos)

Aunque tardé un buen rato en darme cuenta, esta mañana, en mi paseo con Miki a lo largo del canal, un pato… mejor dicho un grupo de patos me seguía displicente en todos mis movimientos. Si yo me paraba, ellos se paraban, si avanzaba, ellos avanzaban. En realidad, todos ellos (la mayoría hembras y pollos jóvenes) seguían a un pato común macho, grande, de colores brillantes y gesto vivaz, que era el que encabezaba la comitiva y el que marcaba el ritmo de parada-avance, según mis movimientos.

Cuando me di cuenta de ello empecé a pensar en el motivo de tal comportamiento, y como yo nunca me he parado en el canal a echar comida a los patos (mucha gente sí que lo hace), se me ocurre que quizá aquel pato guiaba a sus congéneres (o tal vez una extensa familia) siguiendo no a la persona que les proporcionaba un alimento extra, sino a la representación de esa persona. Evidentemente, el pato no distinguía entre su dadivoso humano y mi persona ¿o tal vez si y lo que estaba expresando con su comportamiento era la notada ausencia de esa persona?

Entonces se me ocurrió describir la escena con un título: era el Pato de Schrödinger.

Todos conocemos, más o menos, la famosa distropía de Schrödinger, esa en la que un gato, (cruelmente utilizado, aunque se supone que en teoría) encerrado dentro de una caja con una capsula de veneno y un dispositivo que puede romper o no la capsula, crea la duda de si está vivo o muerto a no ser que se abra la caja, probando con ello la superposición cuántica de los estados «vivo» y «muerto», algo que no puede ser explicado por la lógica, solo con la intervención de un observador exterior. Es una noción interesante que siempre me ha intrigado. Estar vivo o muerto depende de la mirada ajena, parece querer decirnos la teoría de Schrödinger. Estar y no estar a la vez, mientras no se dirima la duda por un medio externo: abrir la caja y mirar.

Es lo que parecía querer decirme aquel pato de Schrödinger. Una persona que está y no está a la vez, dependiendo de la apreciación del pato. Para aquel pato, o yo era esa persona que esperaba y me estaba apremiando para que cumpliera con el cometido alimenticio, o yo era la representación de alguien que lo hacía, y por lo tanto, era una muestra clara de su ausencia. O al menos, esa es la duda que hizo crecer en mí. ¿Dónde estaba esa persona que esperaba el pato? ¿Existía siquiera? ¿Acaso debía ser yo esa persona? ¿Da igual la persona, el caso es estar ahí dando de comer a los patos? Estar y no estar a la vez. La distropía de Schrödinger.

Digo que me resulta muy interesante el experimento porque puede aplicarse a nuestra propia situación vital de cada día. Dejando aparte la inquietud que me causó el Pato de Schrödinger esta mañana, uno está o no está, dependiendo del ángulo externo con el que se le observa. Por ejemplo, para nuestros amigos, familiares y conocidos, siempre “estamos” aunque tardemos mucho tiempo en hablar o comunicarnos. Pero para el resto del mundo, nuestro estado vital dentro de una supuesta caja (nuestra vida), sería acogido con una indiferencia tan absoluta que se parecería mucho a estar muerto. Uno está y no está, vivo.

Pero si metiésemos en esa “caja” imaginaria de Schrödinger a un personaje muy conocido, por poner algún que otro ejemplo, digamos que a Jesucristo, Mahoma, Julio Cesar, Superman, James Dean, Marilyn Monroe o Elvis Presley… para la gran mayoría se proyectaría una imagen “muy viva” de su persona, aunque en puridad, sea una persona fallecida (o que nunca llegó a existir). El Rey ha muerto, viva el rey. El rey siempre está, aunque no esté.

El caso es que ahora no hago más que pensar en esa persona que esta mañana debía de haber acudido a una cita con el pato, una cita que yo imagino, que no sé si es real, que solo lo intuyo por el comportamiento del pato, y que por lo tanto, no puedo saber si está viva o muerta hasta que no se abra la caja… es decir, hasta que no aparezca alguien con una bolsa de pan para echar de comer a los patos. Pero en ese caso, y ahí está la enorme paradoja de la distropía del Pato de Schrödinger, nunca sabré si esa persona que aparece es la persona que esperaba el pato cuando aparecí yo…

Y así sigo cavilando…

AlmaLeonor