LA CIUDADANA OLYMPE DE GOUGES

LA CIUDADANA OLYMPE DE GOUGES

Retrato de Olympe de Gouges (finales siglo XVIII)

Si hubo una mujer de la que se pueda afirmar sin lugar a dudas que murió por defender sus ideales, esa fue la francesa Olympe de Gouges, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana y guillotinada por su causa.

«Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; la mujer tiene el derecho de subir al cadalso; debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.»

Pocas veces en la historia unas palabras llegaron a resultar tan proféticas. Olympe de Gouges las colocó en el artículo X de su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, escrita en 1791,  en plena era de la Revolución francesa, cuando los ánimos políticos y sociales seguían enfervorizados y aún se debatía como encajar a la mujer en la nueva Constitución (fue aprobada en junio de 1793 sin incluirla), con la monarquía como cabeza del poder ejecutivo y con un poder Legislativo formado por los representantes del pueblo.

¿Qué Pueblo?

La gran paradoja de la Revolución francesa es que consideró integrar en las decisiones políticas a todos los estamentos sociales, pero no a sus mujeres. En 1793, justo cuando Olympe es encontrada culpable y condenada a morir en el cadalso, el Diputado de la Convención, Jean-Pierre-André Amar (1755-1816), miembro del Comité de Seguridad Nacional, declara abiertamente que las mujeres no pueden ser objeto de derechos políticos. Sí que habían ejercido su derecho a participar como militantes activas en la Revolución, sí que habían portado armas, sí que habían defendido barricadas e incluso se encargaron de increpar y azuzar a los hombres que no se sumaban a la rebelión. Pero la Asamblea Nacional Legislativa optó por instaurar un sufragio censitario en el que no cabían las mujeres (tampoco los criados ni los depauperados, por cierto).

Marcha de las Mujeres sobre Versalles (5 de octubre de 1789) Bibliothèque nationale de France.

Sin embargo, ellas fueron quienes protagonizaron algunos de los episodios previos a la Revolución en 1788 y quienes encabezaron la importante Marcha sobre Versalles en octubre de 1789, con la intención de que el rey, Luis XVI (1754-1793) y su mujer, la conocida María Antonieta de Austria (175-1793), abandonasen el refugio de su palacio veraniego y asumiesen sus responsabilidades en París. Fue considerado uno de los muchos motines de subsistencia existentes en este siglo, una marcha provocada por la escasez de pan y protagonizada, como todos ellos, por mujeres. Pero fue mucho más que eso. Las mujeres de Versalles, las mujeres de 1789, las de 1793, las de 1795, las mujeres que respondieron a la Revolución con su presencia en las calles y en las barricadas, ejercieron de revolucionarias por derecho propio. Sin embargo no podían ejercer de ciudadanas por decreto político. Ninguna de estas mujeres (ni otras, como por ejemplo, Madame Manon Roland, escritora, política e influyente girondina, que también acabó guillotinada), formo nunca parte ni de la Asamblea ni de la Guardia Nacional.

Ni siquiera duraron los Clubes de Mujeres que se formaron en París, como la Sociedad Patriótica y de Beneficencia de las Amigas de la Verdad, el primero formado exclusivamente por mujeres (creado en París por la feminista holandesa Etta Palm, llamada baronesa de Aelders), o el pro-Jacobino de las Republicanas Revolucionarias. Fueron clausurados el 30 de octubre de 1793 por la Convención Nacional.

Marie Gouze versus Olympe de Gouges

Olympe de Gouges en 1793.

Olympe de Gouges (1748-1793), fue el nombre con el que se dio a conocer públicamente Marie Gouze, una escritora y política girondina francesa, defensora a ultranza de la mujer y autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. Olympe fue una adelantada feminista de su época.

Criada en un acomodado ambiente burgués y casada tempranamente con un hombre que casi ni conocía y la sobrepasaba en años, siempre consideró el matrimonio como una tumba para la mujer. De este matrimonio tuvo un hijo, Pierre Aubry (1766-1803), quien tuvo que renegar de las ideas de su madre ante la amenaza de seguirla en la guillotina (falleció diez años después, con apenas 36 años, a causa de fiebre amarilla en la Guyana francesa).

Trasladada a París al enviudar, Olympe se cuidó de formarse en los ambientes culturales franceses acudiendo a los salones y tertulias de la época donde contactó con los movimientos políticos pre-revolucionarios. También comenzó su carrera como escritora con el nombre que ya la acompañaría toda su vida, Maríe-Olympe (era el segundo nombre de su madre) junto a una derivación de su propio apellido, Gouges. Con este nombre se le conocen alguna obra de teatro, como La esclavitud de los negros (1792), obra claramente abolicionista en la que vuelca todas sus ideas políticas al respecto, abogando por el derecho a la libertad de todo ser humano, incluidas las mujeres. Se dio a conocer en París con el título de Zamore y Mirza y con varios problemas para ser representada, pues muchos de los que acudían como público a las salas de la Comédie-FranÇaise, eran tratantes de esclavos. Esta obra le valió uno de sus primeros encarcelamientos por orden real.

Société des Amis des Noirs: “Los mortales son iguales, no es el nacimiento, sino la virtud sola que marca la diferencia.”  Bibliothèque Nationale de France. 

Pero ella siguió con su militancia y en años siguientes publica algunos ensayos sobre el tema: Réflexions sur les hommes nègres (1788) y  Le marché des Noirs (1790). Guiada por estas ideas abolicionistas ingresó en la Société des Amis des Noirs y se adhiere a la corriente moderada liderada por el fundador del Club, el político y miembro de la Asamblea Legislativa, Jacques Pierre Brissot (1754-1793), multiplicando su actividad militante con la publicación de panfletos políticos, como Lettre au Peuple (1788).societe-des-amis-des-noirs

En agosto de 1793 fue detenida por la publicación de uno de estos panfletos, uno en el que defendía la causa “brissotins” o “rolandista” (seguidores de Brissot y del político Jean-Marie Roland de la Platière, Ministro del Interior y esposo de la mencionada Madame Manon Roland), causa llamada en el siglo XIX, de los Girondinos,  criticando abiertamente la política del presidente de la Convención Nacional, Maximilien Robespierre (1758-1794), jefe  de la facción más radical de los jacobinos y miembro del Comité de Salvación Pública, entidad que gobernó Francia durante el periodo conocido como el Terror.

La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana

«Las madres, las hijas, las hermanas, representantes de la Nación, solicitan ser constituidas en Asamblea nacional. Considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos de la mujer son las únicas causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, han decidido exponer en una solemne declaración los derechos naturales, inalienables y sagrados de la mujer, con el fin de que esta declaración, presente continuadamente en la mente de todo el cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y deberes; con el fin de que los actos de poder de las mujeres y los actos de poder de los hombres puedan ser comprados en cualquier momento con el objetivo de toda institución política, y sean más respetados; con el fin de que las reclamaciones de las ciudadanas, basadas en lo sucesivo sobre principios sencillos e incontrovertibles, tiendan siempre hacia el mantenimiento de la Constitución, de las buenas costumbres y de la felicidad de todos. En consecuencia, el sexo superior, tanto en belleza como en valor -como demuestran los sufrimientos maternales- reconoce y declara, en presencia y bajo los auspicios del Ser Supremo, los siguientes Derechos de la Mujer y de la Ciudadana

Desde este clarificador Preambulo, Olympe defendió la igualdad de las mujeres en todos los sentidos, incluyendo el derecho a formar parte de las Asambleas políticas que su participación en la Revolución había contribuido a crear: «La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos» (art.I), «el ejercicio de los derechos naturales de la mujer no tiene más limitaciones que la tiranía perpetua a que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón» (art.IV).

Déclaration des Droits de la Femme et de la Citoyenne
Déclaration des Droits de L’Homme et du Cioyen

La declaración fue una respuesta feminista a la a Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, de la que ella sentía que se había excluido a las mujeres. Curiosamente, esta Declaración y la esencia misma de la Revolución francesa, con su encendida defensa de la igualdad, de los derechos de todos los ciudadanos por igual, fue tomada a principios del siglo XX como el punto fundacional de la lucha por la emancipación de la mujer. Sin embargo, es este episodio el que establece definitivamente la distinta relación con el hecho público que se establece entre los sexos. Y será un proceso irreversible. Las mujeres del siglo XVIII habrían sido más libres que las resultantes tras el episodio revolucionario, tal y como manifestaron mujeres de la talla de Madame de Staël (1766-1817) en su tiempo o Margarita Nelken (1894-1968) mucho más tarde, lo que resulta una paradoja en cierto sentido y significaría el primer caso de retroceso social en una historia de avances. Olympe de Gouges fue quien lo adelantó.

«Mujer, despierta; el rebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos. El potente imperio de la naturaleza ha dejado de estar rodeado de prejuicios, fanatismo, superstición y mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y la usurpación. El hombre esclavo ha redoblado sus fuerzas y ha necesitado apelar a las tuyas para romper sus cadenas. Pero una vez en libertad, ha sido injusto con su compañera. ¡Oh, mujeres! ¡Mujeres! ¿Cuándo dejaréis de estar ciegas? ¿Qué ventajas habéis obtenido de la Revolución? Un desprecio más marcado, un desdén más visible… ¿Qué os queda entonces? La convicción de las injusticias del hombre.» (Epílogo)

«Las armas de los radicales» (1819), caricatura del inglés George Cruikshank.

Acusada de colaboracionismo con la facción girondina, de simpatías realistas y considerada traidora a la Asamblea francesa del periodo conocido como la Terreur (septiembre 1793 a junio de 1794), implantado por el poder jacobino de Robespierre, Olympe fue detenida el 2 de noviembre de 1793 y condenada a muerte por el Comité de Salvación Pública, el brazo armado encargado de acabar con los considerados activistas contrarrevolucionarios.  Curiosamente, fue en este periodo cuando se abolió la esclavitud en Francia (decreto del 29 de agosto de 1793). Olympe de Gouges fue guillotinada al día siguiente.

AlmaLeonorLP

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