EXCURSIÓN SEGOVIANA: TURÉGANO Y CUELLAR

EXCURSIÓN SEGOVIANA: TURÉGANO Y CUÉLLAR

No podía haber dos pueblos encastillados más diferentes, pero visitamos ambos en una rápida excursión el pasado día 2 de octubre, posiblemente el día más caluroso de todo el verano y de lo que llevamos de año… ¡ah, no! Que ya estamos en otoño… pues a ver si alguien se lo hace saber al tiempo, porque no se da por aludido… ¡en fin! Miki se pasó el día jadeando.

El día 2, lunes, teníamos ambos el día libre, así que quisimos hacer una excursión rápida, a un lugar cercano. Al final nos decidimos por visitar Turégano, un sitio del que llevaba días leyendo cosas por Internet a propósito de unas conferencias sobre su Iglesia encastillada, al parecer uno de los mejores ejemplos de este tipo de construcciones en la península.

Según el Museo Arqueológico Nacional, que organizó las jornadas el pasado 28 de septiembre , las iglesias encastilladas (no tengo claro qué diferencia hay entre una iglesia “encastillada” y una “fortificada”) son un tipo de construcciones muy singulares y poco estudiadas. La documentación al respecto es escasa y no se tiene muy claro si fueron iglesias que se fortifican o fortificaciones que se santifican con una iglesia… en todo caso, el Centro de Documentación del Arte Románico tiene identificadas ochenta de estas construcciones, y una de ellas la Iglesia de Nuestras Señora de los Ángeles de San Vicente de la Barquera, que conocimos hace muy poco. También estoy por asegurar que la imponente iglesia-fortaleza de Santa María de Ujué, que visitamos en nuestras Excursión Navarra, se puede encuadrar igualmente en este tipo de construcciones.

Pero nos íbamos a Turégano, un municipio segoviano que registra ocupación humana desde la época prerromana, o así lo atestigua el castro arévaco que se encuentra en su término municipal. No obstante, su imponente castillo tiene orígenes celtibéricos y romanos, y también se pueden encontrar en su primera línea de defensa, trazas de construcción árabe (la muralla interior y la fortificación son del siglo XV),  por lo que todo el conjunto es un crisol de culturas.

En el año 1123, la reina  Doña Urraca hace donación de la villa al obispo Pedro de Agén, por lo que pasa a ser posesión del Obispado de Segovia desde entonces y residencia de los sucesivos obispos de la diócesis. El curioso escudo de la villa está elaborado a partir de los pertenecientes a los obispos Arias Dávila y Murillo Argáiz, con las Armas del Solar de Valdeosera. Turégano fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1931.

La historia del castillo de Turégano es interesante, pues aquí estuvo preso en 1585 Antonio Pérez, secretario del rey Felipe II, sin duda, uno de los prófugos más famosos de España, cuyos partidarios se instalaron en el cercano pueblo de Muñoveros para encontrar el mejor momento de asaltar el castillo y liberarle por la fuerza. Aunque consiguieron entrar, los alguaciles impidieron la fuga, principalmente por la habilidad del alcaide del castillo que engañó a los atacantes.

Antonio Pérez del Hierro (1540-1611), fue el secretario de cámara y del Consejo de Estado del Rey de España Felipe II (lo fue desde que Felipe fuera príncipe, porque era hijo de Gonzalo Pérez, a su vez, secretario de Carlos I), sobre quien ejerció una gran influencia durante muchos años. Políticamente se confabuló con la duquesa de Éboli (Ana Mendoza de la Cerda, y además, se decía que Antonio era hijo bastardo de su difunto marido, el poderoso Ruy Gómez de Silva) contra la facción del igualmente poderoso (o más) III duque de Alba de Tormes (Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel). Cuando las relaciones del rey Felipe II con su hermano Juan de Austria (gobernador de los Países Bajos) y su secretario Juan de Escobedo (1530-1578), pasaron por un momento tenso, acabaron alcanzando al secretario real Antonio Pérez, y no muy favorablemente precisamente. Al llegar Escobedo (que además, había sido protegido del difunto duque de Éboli) a la Corte para informar directamente al rey de las actuaciones ilícitas de su secretario, Antonio Pérez ve tambalear su posición y decide eliminarlo. Primero lo intentó con veneno y al no conseguirlo encargó a unos sicarios que lo asesinaran (Juan de Escobedo es asesinado en Madrid el 31 de marzo de 1578).

Puesto todo el entramado de traiciones y confabulaciones al descubierto, Antonio Pérez es detenido el 28 de julio de 1579 y la princesa de Éboli puesta bajo custodia (terminó siendo recluida en su palacio de Pastrana durante el resto de su vida). Tras pasar por varios encierros, en 1585 Antonio Pérez es encarcelado en Turégano (“incomunicado y con grillos y embargadas sus haciendas”), mientras el puesto de Secretario de Estado era ocupado por Antonio Perrenot de Granvela (117-1586). Cuando Antonio Pérez es condenado ya por el asesinato de Escobedo, es trasladado a una prisión madrileña (pasó por varias), de donde, esta vez sí, logra escapar (al parecer su mujer, Juana Collado, le visitó e intercambiaron los vestidos para que escapara, pero tanto ella como sus siete hijos sufrieron prisión durante mucho tiempo) y huir a Zaragoza para pedir asilo y protección al Justicia de Aragón, Juan V de Lanuza (1564-1591), quien terminó siendo detenido y ajusticiado. Antonio Pérez huyó entonces a Francia desde donde intentó por todos los medios desprestigiar a Felipe II, primero coaligándose con Enrique de Navarra, después en Inglaterra, donde proporcionó información para el ataque inglés a Cádiz en 1596, y más tarde dando eco y proyección púbica a la Leyenda Negra contra Felipe II y contra España. Finalmente huyó a París donde fallecía en 1611 en la más absoluta pobreza, en un alarde de justo fin para quien realizara tales infames comienzos.

Turégano es hoy una tranquila localidad con una bella plaza porticada desde donde la vista del castillo  es impresionante, dominando todo el entorno. Una de las particularidades de este castillo, es que dentro de él se integra la Iglesia de San Miguel Arcángel, del siglo XIII (románico tardío) cuya espadaña sobresale de la imponente figura encastillada, al lado de la enorme torre del homenaje del castillo. Su fisonomía conforma todo un reto fotográfico. Para visitar el conjunto, consultar los horarios, pues son diferentes según el día de la semana y la época del año.

Comimos estupendamente en Turégano. Nos paramos en el Restaurante La Antigua Posada, horno de asar, donde, pese a no tener buenas críticas en Internet (según leo ahora), nosotros comimos muy bien. Los judiones y el lechazo estaban muy buenos, aunque eso si fueron platos un poco escasos, muy al contrario de mi plato de champiñones y chuletas de Sajonia, mas abundantes. La verdad es que esta vez nos alegramos de no haber hecho caso de las recomendaciones de la red porque aquí estuvimos muy a gusto, nos trataron muy bien y fue barato, 10€ el menú. No tiene página web así que dejo la del Ayuntamiento donde se pueden ver el resto de establecimientos del pueblo.

Después de comer aún nos dio tiempo a recorrer un poco los alrededores de la plaza mayor (hacía demasiado calor como para pensar en un recorrido más amplio) donde vimos, el canal, el monumento taurino y la Iglesia de Santiago (también algún nombre de calle anticonstitucional que debería estar ya cambiado según la ley de Memoria Histórica).

Antes de abandonar Turégano quisimos dar una vuelta, que se antojaba perfecta en el mapa de carreteras, para ver si podíamos visitar algún otro pueblo de los alrededores. Desde Turégano fuimos dirección El Guijar (SG-2361), desde ahí a Rebollo y luego a Puebla de Pedraza (SG-2311). Vimos con pena como el Rio Cega estaba seco absolutamente y el paisaje añoraba el agua casi con angustia, pero la zona es preciosa y la carreterilla invita a visitarla con un tiempo más agradecido. Al llegar a la bifurcación que nos permitía volver a Turégano para completar la vuelta perfecta (habíamos pensado incluso entrar en Muñoveros), desistimos para dirigirnos hacia Cantalejo (CL-603)  y tomar luego dirección Cuéllar (SG-205).

Y así, de vuelta a casa decidimos parar en Cuellar, también población de Segovia (en el límite con Valladolid), a ver el castillo y la villa, muy de actualidad por celebrarse allí actualmente la edición de Las Edades del Hombre (Reconciliare). Además del castillo, son destacables su triple recinto amurallado (muy, muy, muy reformado, tanto que parece “deslavado” y desde luego no recuerda para nada sus orígenes medievales: fue construidas a partir del siglo XI y reforzadas en el siglo XV), uno de los más importantes de por aquí, y el conjunto de arquitectura mudéjar, además de diversas iglesias y monasterios (como el Santuario de El Henar), judería y casas señoriales. Pero nuestra visita fue bastante “minimalista”.

En el castillo de Cuéllar se recuerda especialmente a la reina María de Molina (1264-1321), quien celebró allí las Cortes de 1297 y se refugió en el castillo ante el peligro de quienes intentaron arrebatar la Corona al futuro Fernando IV de Castilla. En 1444 el castillo y el señorío de Cuéllar fueron entregados al valido de Juan II de Castilla, el condestable Álvaro de Luna (1390-1453). Fue aquí donde se le detuvo y desde donde se le trasladó a Valladolid para ser decapitado. La villa pasa después a manos de la entonces princesa Isabel, futura reina católica. El nuevo monarca Enrique IV de Castilla celebró las primeras Cortes de su reinado en Cuellar y se la compró a su hermanastra por 200.000 Doblas de la Banda (cada una por un valor de 106 maravedíes) en concepto de dote para entregársela a su valido Beltrán de la Cueva (1435-1492), duque de Alburquerque y Gran Maestre de la Orden de Santiago en 1464. El nuevo señor reforzó y amplió su recinto amurallado y castillo ante las posteriores amenazas de la reina Isabel, quien quiso a toda costa recuperar su posesión (enfrentada a la princesa Juana, llamada la Beltraneja, por sospecharse que era hija del valido). No obstante, el duque de Alburquerque siempre fue isabelino y falleció en su castillo de Cuellar apenas un mes después de que Isabel consiguiese unificar el reino junto a su marido Fernando de Aragón. El resto es ya historia de España. La más reciente respecto a Cuellar y su castillo, habla de un recinto que fue utilizado como cárcel política durante el franquismo.

Como era ya más de media tarde y hacía un calor endiablado, dimos una vuelta por Castillo y Murallas (el arco de San Basilio permite acceder a ellas) y dejamos para otra ocasión el recorrido por el resto del pueblo. Luego nos marchamos a casa.

AlmaLeonorLP

 

Fotos de TURÉGANO

Fotos de CUÉLLAR

 

 

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