MINIEXCURSIÓN A PAMPLONA

MINIEXCURISÓN A PAMPLONA

Pamplona  es una ciudad que merece más de una visita. Eso es lo que hemos constatado en esta nuestra primera (porque habrá más) aproximación a la que seguramente es una de las poblaciones más conocidas en el mundo gracias a sus fiestas de San Fermín.

Pero a nosotros nos han encandilado otras (más que nada porque no nos gustan las corridas de toros ni los espectáculos taurinos) de las muchas cosas que tiene Pamplona  . Nos han encantado las calles de su casco antiguo, la serena tranquilidad que se respira en la plaza del Castillo, el verdor y cuidado de sus jardines de la Taconera y la férrea presencia de su catedral al final de una calle empinada. No hemos podido ver mucho más, pero como digo, esta ha sido una miniexcursión que preludiará otras visitas.

Acueducto de Noaín

Esta vez no fuimos desde Valladolid, sino desde La Rioja baja, así que fue fácil enlazar con la AP15 en Castejón y seguirla hasta Pamplona. Lo primero que llegamos a ver desde la furgo fue el Acueducto de Noaín, construido en 1790 para abastecer de agua potable a la capital desde el manantial de Subiza. Consta de 94 arcos a lo largo de aproximadamente 16 kilómetros, y pasamos justo por donde se encontraban otros tres que fueron demolidos para construir la autopista.

Entramos en Pamplona, la vieja Iruñea. Fundada, según se afirma, en el año 74 por el mismísimo Pompeyo con el nombre de Pompaelo, se situó sobre un asentamiento anterior de nombre Bengoda. Con el tiempo y el poder de la familia del conde Casio, trastocada en el musulmán Banu Qasi y, sobre todo, con el empuje de Iñigo de Arista (¿?-851), Pamplona consigue erigirse en la capital del Reino de Navarra. Es un enclave singular bañado por el río Arga y su afluente, el Elorz, además del Sadar, afluente a su vez del Elorz. Es, por tanto, un enclave húmedo y verde a los pies de varias elevaciones montañosas y con un clima variable que hoy nos regala un día de luz espléndida y un calor inusual para la época, aunque a esto ya lo estamos sufriendo en todas partes.

Vamos buscando donde aparcar al aire libre porque no queremos entrar en uno de los muchos parking subterráneos que nos encontramos aunque nos juren que mide más de 2 metros de altura. Un empleado de la ORA (todo el centro de Pamplona es zona residencial y no se puede aparcar sin tarjeta), nos dice que podríamos aparcar todo el día con un solo ticket de pago en un lugar llamado Club Larraina, que encontramos con sus indicaciones en: Cuesta de La Reina, 2. Es un sitio muy bueno si encuentra sitio y nosotros tuvimos la suerte de encontrar uno, de no haberlo hecho, no sé qué hubiese pasado… Está justo al lado de los Jardines de la Taconera.

Portal de Francia

El Parque de la Taconera se termina de conformar en el año de 1830, cuando la burguesía construía en todas partes lugares de esparcimiento para el paseo y el solaz. Es un parque abierto y de paseo libre al que se puede acceder por algunas de las antiguas puertas de acceso de la muralla, como la Puerta de San Nicolás (la más monumental, como un Arco de Triunfo, del que solo se conserva la fachada), el Portal Nuevo, o la Puerta de Santa Engracia. Nosotros vimos el Portal de Francia, llamado así porque es el acceso a Pamplona del Camino de Santiago francés.

Parque zoológico de la Taconera

Hay un paseo a todo lo largo del parque que permite contemplar la parte baja de la ciudad con su río Arga y los árboles pletóricos de otoño. Es un parque muy, muy, muy cuidado, con un esmero envidiable y con una sorpresa en su interior, un pequeño parque zoológico con varias clases de patos, ocas, cisnes, pavos reales y diversas aves, así como conejos y, al menos, cinco ciervos hembra que nos regalaron un paseo por el recinto como si quisieran posar para nosotros y nuestra cámara (no vimos ningún macho, una pena). En uno de los puntos centrales del parque se encuentra el monumento al tenor navarro Julián Gayarre (1844-1890).

Pamplona cuenta con más jardines monumentales que no visitamos en esta ocasión. Por ejemplo, es destacable toda la zona de la Ciudadela y el Castillo, así como el Paseo del Arga, también llamado Parque Fluvial de Pamplona, el de la Universidad o el de la Media Luna, aunque a nosotros nos llamó mucho la atención la existencia de un jardín japonés, el Parque de Yamaguchi, situado cerca del Planetario.

Inscripción latina en la fachada del Ayuntamiento

Pero, como digo, teníamos muy poco tiempo, así que nos lanzamos hacia el centro de la ciudad para recorrer sus calles y disfrutar de su ambiente cosmopolita. Y desde luego que disfrutamos. En la Calle Mayor pasamos por delante del Palacio Ezpeleta un precioso edificio del siglo XVIII. Además de la famosa calle Estafeta, tan retransmitida por televisión durante los San Fermines, muchas son las callejuelas de paseo sosegado pero con viva presencia, que se parecen a ella como gotas de agua de un mismo vaso. Inevitablemente, y siguiendo la ruta de los encierros, llegamos al mismísimo centro del Casco Viejo, donde se encuentra su Ayuntamiento, edificio reconstruido en los años cincuenta, pero que aún conserva su magnífica y decorada fachada dieciochesca (es de 1760), en la que figura una inscripción latina que dice más o menos: “La puerta está abierta para todos, mucho más el corazón” (patet omnibus janua cor valde magis), una frase que describe, creo yo que muy bien, como te hace sentir la gente navarrica.

Placas con los tres burgos originales.

Ese viejo ayuntamiento había sustituido al que Carlos III de Navarra (1361-1425) mandó construir en 1423 en el lugar donde  confluían los tres burgos originales de los que constaba Pamplona: Navarrería, San Cernin y San Nicolás. Una serie de placas en el suelo recuerdan estos límites, a la vez que nos informa de lo siguiente que hay que visitar: la Iglesia de San Cernín y la de San Nicolás, además, claro está, de la Catedral. Pero primero hay que comer.

Iglesia de San Cernín

Iglesia de San Cernín.  Es el templo del patrón de Pamplona, San Saturnino o Cernín. Data del siglo XIII, aunque posiblemente hubiera allí un templo romano anterior. También fue una fortaleza militar de defensa, dada su situación en medio de los burgos que componían Pamplona. Hoy está situada en una calle estrecha, pero se ve bien el atrio porticado en su entrada. Otras curiosidades de la iglesia son su veleta en forma de gallo, el reloj de la torre de 1499, que es el que anuncia el momento exacto en el que hay que disparar el cohete sanferminero, y una oquedad, o “pocico”, donde San Fermin, que fue el primer obispo de Pamplona, bautizaba a los cristianos.

Iglesia de San Nicolás

Iglesia de San Nicolás.  Otro templo nacido como iglesia y bastión defensivo fue San Nicolás, del siglo XII. Se reforma entre los siglos XIII y XIV tras un incendio y aún tiene algunos añadidos del siglo XIX, e incluso del XX, como la torre actual, que es del año 1924. Contiene el órgano barroco más importante de Pamplona, construido en 1769. Este órgano suena cada 1 de noviembre en un concierto homenaje a Pablo Sarasate (1844-1908), cuyo paseo se encuentra justo en la entrada del Templo. Antes, este Paseo de Sarasate formaba parte de la Taconera, e inicialmente su nombre era Paseo de Valencia. Pero en 1908, al fallecer el violisnia, que vivió muy cerca, precisamente en la Calle de San Nicolás, el Ayuntamiento decidió cambiar el nombre del Paseo.

El Paseo de Sarasate tiene una curiosa historia. Durante la Edad Media, la muralla de la ciudad pasaba por el lado par de esta calle y la iglesia de San Nicolás se integraba en el cerco defensivo. El paseo era entonces una avenida extramuros, fuera de la ciudad. Fue así hasta el siglo XVI, tras la conquista de Navarra, cuando se construyeron las actuales murallas integrando toda la zona.

Catedral

Catedral de Pamplona. Es una construcción que data de los siglos XIV y XV, de fachada robusta y sobria en la que destacan los magníficos capiteles corintios de las columnas de su entrada. El interior es más ornamentado, de estilo gótico, y alberga el mausoleo de Carlos III de Navarra (1361-1425) y su esposa Leonor de Trastámara (1362-1415). El claustro de la catedral, construido entre 1286 y 1472, es imponente, una de las cumbres universales del estilo gótico a decir de los expertos, aunque no pudimos entrar porque, como todos los sitios, tiene su horario y sus estipulaciones. Cuando llegamos nosotros estaba abierto, pero solamente se podía entrar adquiriendo la entrada completa con visita al museo y torres, cinco euros y un tiempo que no teníamos. Así que nos quedamos sin verlo. Por cierto, que menudo bicho nos encontramos allí… menos mal que ya estaba muerto…

Una paradita en la plaza del Ayuntamiento ya nos puso en contacto con el buen tapeo de esta ciudad pamplonica (la buena cocina de Navarra ya la conocíamos de anteriores viajes a la navarra pirenaica), pero más tarde nos fuimos hasta las calles laterales del Paseo Pablo Sarasate, pasando por delante del Monumento a los Fueros  y el Palacio de la Diputación Foral , por recomendación de la oficina de turismo para comer. Seguimos enamorados de la cocina navarra.

Plaza del Castillo

Justo antes de la parada dimos con la Plaza del Castillo, verdadero centro neurálgico de la ciudad, que nos recordaba ligeramente a la plaza del templete de Tudela (Navarra), pero más grande y con un ambiente más relajado y tranquilo. Nos hubiésemos quedado todo el día en ese lugar. Así de bien nos hizo sentir esta plaza muy frecuentada por paseantes, familias, gentes que solo disfrutaban del sol en uno de sus bancos, y ciclistas. Creo que, hasta el momento, es la ciudad española donde más gente en bici he visto. Y con perros.

Café Iruña

Pero ya toca ir terminando. Para ello, nada mejor que un café en uno de los sitios más bonitos que he visto, el Café Iruña, en uno de los laterales de la plaza del Castillo. Es un local que existe desde 1888 y aún conserva el aire decimonónico de los cafés de lujo y tertulia que tanto proliferaron en nuestras ciudades. Este lugar fue, además, el primer establecimiento comercial en contar con luz eléctrica en toda la ciudad. Una exclusividad más para un local que se ha hecho famoso en todo el mundo por ser uno de los favoritos del escritor Ernest Hemingway (1899-1961).

La gente buena, si se piensa un poco en ello, ha sido siempre gente alegre”. Ernest Hemingway.

Uno no puede irse de Pamplona sin visitar el rincón favorito del escritor y sin hacerse una fotografía junto a su estatua.

#AlmaLeonorLP

 

Para saber más sobre los Paseos por Pamplona,
el Ayuntamiento ofrece este  pdf.

Como siempre, más fotografías pinchando la primer imagen, en ALMA VIAJERA
o también aquí.

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