SANT ESTEVE Y LA REPÚBLICA CHECA

SANT ESTEVE Y LA REPÚBLICA CHECA

Durante estas fechas son casi incontables las tradiciones y costumbres locales en los países de tradición cristiana. Es una festividad religiosa, sí, pero al fin y al cabo, toda religiosidad conlleva una serie de ritos ancestrales y costumbres sociales.

En Roma, por ejemplo, celebraban por estas fechas las Festividades de Saturnalia. Era una fiesta dedicada al solsticio de invierno, entre el 17 y el 23 de diciembre, y se ofrecían al dios Saturno, dios de la agricultura. Entre sus muchas celebraciones, se incluían festejos, reparto de regalos y las comidas copiosas con amigos y familiares ¿les suena? A lo mejor no hemos cambiado tanto desde entonces. Solo hemos acordado otras fechas y otros nombres.

San Esteban (1476), de Carlo Crivelli (1435-1495)

Porque son muchas las fechas y sus costumbres, usos y maneras, que se rememoran y celebran en muchos sitios en estos días. Una de esas costumbres la tenemos muy cerquita, en Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares… pero resulta que también se celebra mucho más lejos… en la República Checa (Alemania, Polonia, Holanda y Escandinavia, lo celebran como “segundo día de Navidad”). Me estoy refiriendo a la festividad de Sant Esteve o San Esteban mártir, celebrada hoy, 26 de diciembre, un santo católico que también se encuentra en el santoral ortodoxo (le consideran archidiácono), solo que aquí se conmemora el día 27, o bien el 9 de enero para aquellas iglesias ortodoxas que siguen aún el calendario juliano. San Esteban es venerado por las iglesias católica, anglicana, luterana, ortodoxas orientales, ortodoxa y la oriental nestoriana.

Sea como fuere, es una festividad dedicada al primer santo de la cristiandad, San Esteban, un judío helénico, diácono protomártir (de los primeros) y patrón de los talladores de piedra…. Porque fue lapidado (por eso se le suele representar con dos piedras, y la palma del martirio, claro) tras ser acusado de blasfemia al pronunciar un discurso en su defensa contra las autoridades judías.

​Es tradición que en este día (sea el que sea) las familias se reúnan (de nuevo) para una celebración familiar, pero esta vez, para dar buena cuenta de todo aquello que ha quedado sin consumirse en la cena de Nochebuena y comida de Navidad. En Cataluña, cada familia se reúne con la que no había celebrado en Navidad, como en  Baleares, donde se llama “Sa media” fiesta de Navidad, y en la Comunidad Valenciana se juntan en la casa de la familia paterna (en Navidad es costumbre en la casa materna… ¡lo que resolvería esta organización!). No es mala idea esta de celebrar el consumo de los restos, después de todo. Y ya nos vamos haciendo una idea de que en ciertos países esas sobras duran hasta el día 27 de diciembre y en otros, hasta el 9 de enero.

En los países anglosajones también celebran el día de San Esteban el 26 de diciembre, pero allí se llama Boxing Day, y está dedicado a la primera labor que realizó el santo: ofrecer caridad a los necesitados (en algunos sitios se tiene como el día de “deshacerse de los envoltorios de los regalos de Navidad”). En cierto sentido es lo mismo que ofrecer los restos de la comida anterior a la familia… otra forma de hacerlo, más social y humanitaria.

La curiosidad de la coincidencia de la celebración de San Esteban con la República Checa tiene su explicación. Y es que fue durante el imperio Carolingio cuando se establece que el día siguiente a cada Pascua de Navidad fuese día festivo y es por eso que la costumbre se implementó en los países de su influencia. Por ejemplo, en la República Checa, que es uno de los lugares donde se más se muestran las tradiciones navideñas en Europa, ya que allí se conservan desde el siglo XIV, testimonios escritos muy detallados sobre antiguas costumbres populares de la Navidad.

Las festividades navideñas checas comenzaban el 4 de diciembre con la fiesta de Santa Bárbara (santa muy venerada en la Comunidad Valenciana, por cierto), o Barborka, día en el que las “Barbaritas“, entre cuatro y seis chicas vestidas de blanco, cara tapada, una escoba en la mano y una campanita en la otra, regalan a los niños  los niños manzanas (secas o frescas) y les piden que sean buenos. A los traviesos les dejaba carbón y patatas. Este día era también en el que las muchachas casaderas checas cortaban ramilletes de cerezo que colocaban en un florero con agua esperando que florecieran antes de Nochebuena. Si lo hacían, significaba que en menos de un año tendrían boda.

Al día siguiente, 5 de diciembre, víspera de la fiesta de San Nicolás (recordemos que es el 6 de diciembre), Sv. Mikuláš, el santo hace una visita admonitoria a los niños checos acompañado por un ángel y un diablo (Krampus, ya hemos hablado de él). San Nicolás pregunta por su comportamiento durante el año y a los traviesos les espera una reprimenda del diablo que les asusta un poco, pero después de prometer que se portarán bien en el año entrante, el ángel les perdona y San Nicolás reparte regalos a todos.

Como en casi todo el norte de Europa, también en la República Checa se celebra especialmente el día de Santa Lucía, el 13 de diciembre, que además aquí es la patrona de las hilanderas. Según la tradición, si alguna hilandera se ponía a trabajar ese día, llegaba Lucía y le enredaba los hilos por no haber organizado una fiesta en su onomástica. Otra cosa que hacía la santa era visitar los hogares checos por la noche, comprobando que estuvieran limpios. Si encontraba polvo o ceniza, Santa Lucía lo limpiaba ella misma, pero debían invitarla a cenar en esa casa en agradecimiento.

Una de las mayores curiosidades checas se produce en la Nochebuena, pues es el momento de predecir el futuro. Sí. En esta noche en los hogares checos se trataba de averiguar si el próximo año sería benevolente y si habría felicidad en la casa. Los campesinos y ganaderos eran especialmente proclives a estas consultas, pues toda su vida dependería de una buena cosecha o una fructífera cabaña ganadera. En algunos pueblos a las gallinas se les daba de comer poniendo los granos en círculos, como modo propiciatorio para que no faltaran huevos.

Es curioso también que la mañana de Nochebuena se guardaba ayuno (a los niños pequeños se les decía que si aguantaban verían un cochinito dorado), para luego preparar una copiosa merienda-cena por la tarde (cuando aparece la primera estrella, a eso de las seis de la tarde) compuesta de, al menos, nueve platos. Esto también era una fórmula de propiciar la buena mesa para el año venidero. En las casas se elaboraban y se elaboran hoy en día también, varios tipos de galletas navideñas que se consumen en estos días. Cuanta más variedad de galletas, mejor.

La cena típica de Nochebuena consiste en una sopa de pescado de primer plato y pescado de segundo, habitualmente carpa (debajo de los platos se coloca una escama de carpa para que el dinero no falte en el año que entra), acompañada de ensaladilla. Desde mediados de diciembre es habitual ver en las calles de todo el país, puestos con grandes cubas de agua con las carpas vivas que se venden para Nochebuena. En algunos sitios es costumbre llevarla viva y mantenerla así en casa hasta el día de la cena… me imagino las penas de los más pequeños, más o menos como esos niños que juegan con el pavo que después verán cocinado encima de la mesa. Algunas, de nombre Pepicek (Joselito), son indultadas si siguen vivas en Nochevieja y devueltas al río.

En Cataluña no era muy común celebrar la Nochebuena. En realidad era un momento festivo infantil alrededor del Cagatió, un tronco (tronc) de Navidad al que había que golpear para que “cagara” regalos (chuches o chocolatinas doradas con forma de monedas), salir a la calle a cantar villancicos y, finalmente, asistir a la Misa del Gallo. La comida de Navidad era el momento familiar, con la gran comida típica, la escudella i carn d’olla, y sopa de gallets, aunque también se puede encontrar capón relleno o pescado al horno. Pero con el tiempo, mucha gente (sobre todo trabajadores llegados desde otros puntos de España) empezó a celebrar la cena familiar de Nochebuena y se consolidó como una celebración más. En todo caso, con las sobras de esa gran olla familiar, es con lo que se elaboraban los canelones de Sant Esteve, la comida típica catalana para este día festivo. Hoy, se encargan ya elaborados.

En Chequia, donde nos habíamos quedado, la tradición manda celebrar la cena Nochebuena con carpa. También son típicos los frutos secos y la fruta fresca, sobre todo manzanas, aunque esta es una fruta que tendrá su momento “estrella” un poco más adelante, justo cuando toda la familia, cogida de la mano, se levante de la mesa (todos juntos para propiciar la unión duradera, si alguien se levanta antes, trae mala suerte) y se acerque al Árbol de Navidad a buscar su regalo.

La tradición de colocar un Árbol de Navidad no es tan antigua como las demás de este país. Data de hace unos 200 años, cuando entra este adorno navideño en las casas burguesas donde se colocaban figuritas de pan o mazapán y los regalos a sus pies. Más tarde, ya en el siglo XIX, se extiende prácticamente a todos los hogares y se adorna más profusamente. Este momento está lleno de simbolismos en la República Checa. Por ejemplo, junto al árbol, las muchachas solteras deben colocarse de espaldas a la puerta y lanzar hacia atrás un zapato. Si la punta del zapato apunta hacia la puerta, se casará en el año entrante (que manía con casarse), pero si apunta hacia otro lado, la muchacha se queda soltera un año más. Luego, se cogen las manzanas de la mesa de Nochebuena y se reparten entre toda la familia. Cada uno debe partirla por la mitad. Aquel que encuentre una estrella en el corte de su manzana, tendrá felicidad y salud todo el año venidero, pero si no lo tiene, significa que alguna enfermedad entrará en su vida. También se hacen barquitos con cáscara de nuez y velas de papel, si tienes un lago o estanque cerca. Si el barquito se alejaba de la orilla, la persona se alejaría del hogar en el año venidero.

En la República Checa se celebra el día de San Esteban, el 26 de diciembre, más que día de Navidad. La fiesta grande es la de Nochebuena, como decíamos antes. Es solo que en todo el país, el día de San Esteban es el día de comer pavo asado, no las sobras como en Cataluña, y se acompaña de chucrú y unas típicas bolas de harina cocidas que en checo se llaman “knedlíky”. En Cataluña, por el contrario, se sirven en la cena de Nochebuena, acompañando la sopa de gallets, unas bolas de carne llamadas “pilotes”  una masa de carne picada, con huevo, pan rallado y especias, que tiene forma de pelota.

Las “Knedlíki” son básicamente bolas de pan a las que se añade harina, huevos, leche, patata, y casi lo que se quiera (las de patata se suelen rellenar de carne o de tocino e incluso frutas). Luego se le da forma de cilindro, se cuece en agua y se corta en rodajas para servirlas junto a la salsa del plato. Este acompañamiento se conoce desde la Edad Media (se hacían solo de pan, posiblemente para aprovechar el pan duro), aunque las primeras referencias escritas se hallan en el siglo XVII y es en el siglo XIX cuando se convierten en manjar acompañando el plato principal de carne en el día de San Esteban.

Y ahora no nos queda más que celebrar el penúltimo día festivo antes de acabar el año (queda Nochevieja), con una comida propia de un santo dadivoso, San Esteban, que repartió su caridad con los necesitados, como en las familias del litoral mediterráneo español (Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares) y en la República Checa, se comparte los restos de la comida anterior entre la familia. ¡¡Feliz Día de Sant Esteve!!

AlmaLeonor_LP

 

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