DÍAS ACIAGOS

DÍAS ACIAGOS

Imagen: Kenne Gregoire.

Muy señor mío: no ceso de admirar que un hombre como V. md. esté titubeando entre el asenso y disenso al dicho popular de que el día martes es aciago. Confiesa V. md. que esta observación tiene todo el aire de vana y supersticiosa. Mas por otra parte la experiencia de algunos considerables infortunios que padeció en ese día le inclinan a juzgar que no carece enteramente de fundamento. En un martes llevó Dios a V. md. la mujer. En otro cayó V. md. en una grave enfermedad. En otro se le huyó un criado con cincuenta pasos que le había dado para emplear en una feria.

Son muchísimos, a la verdad, los hombres que fundan reglas sobre la casualidad; pero estaba yo muy lejos de pensar que V. md. padeciese la más leve tentación de caer en este vulgar error. Hago juicio de que V. md. tenga de cuarenta y seis a cuarenta y ocho años de edad, tiempo que ha incluido más de dos mil y cuatrocientos martes. Pues yo apostaré cualquiera cosa a que en buena parte de este número logró V. md. días muy felices y gustosos. Pero éstos no se apuntan, porque no tienen a su favor la preocupación. Al modo que los médicos observan unos pocos casos en que la crise de la enfermedad sucede en los septenarios, pasando por alto mucho mayor número de ellos en que se hace según otra serie de números.

La observación del martes como aciago pienso que es particular a España pero, debajo de la generalidad de reputar tales o tales días faustos o infaustos, es manía muy antigua y muy repetida en el mundo. Romanos, griegos,  pesas, egipcios, cartagineses, cayeron en este delirio, pero no atribuyendo la felicidad o infelicidad a los mismos días unos que otros, sino que cada nación tenía por infeliz aquel día, v.g., el segundo o tercero de tal o cual mes, en que había padecido alguna calamidad señalada. En el libro 4, capítulo 20 de los “Días Geniales” del filósofo Alejandro de Alejandro (1461-1523) podrá ver V. md. un largo catálogo de los diferentes días que tales y tales naciones tenían por felices o infaustos. Sin embargo, los hombres de superior talento despreciaban estas observaciones nacionales. Así Lúculo emprendió la batalla contra Tigranes en día que los romanos tenían por infausto, y lo mismo hizo el César en su expedición al África, correspondiendo feliz suceso. Y Alejandro, amonestado por los suyos que no invadiese a los persas en el mes de junio, porque era luctuoso para los macedones, despreció la advertencia, diciendo con escarnio de ella que mandaba que quitasen a aquel mes el nombre de junio y le llamasen segundo mayo.

François de La Mothe-Le-Vayer (1588-1672), el pensador “pirrónico”, dice que los turcos tienen por día feliz el miércoles y los españoles el viernes. Esto segundo nunca lo he oído, pero sí que los italianos tienen por infausto el viernes, como acá se dice que lo es el martes.

Como acabo de decir a V. md. que el común origen de reputar diferentes naciones tal o tal día por infausto fue haber padecido aquel día alguna sobresaliente calamidad, es natural desee saber si de este principio viene tenerse en España el martes por aciago. Y yo satisfago a su presumido deseo, diciendo que sí. Pero será nueva prueba de ser esta observación vanísima la relación del infortunio que dio ocasión a ella. Fue éste una derrota que padecieron los aragoneses y valencianos un día martes, vencidos por los moros en la batalla de Luxen, el año de 1276. Dos famosos historiadores españoles son mis fiadores: el Padre Mariana (libro 14 de su “Historia de España”, capítulo 2) y el gran Jerónimo Zurita (libro 3 de sus “Anales de la Corona de Aragón”, capítulo 100).

Sobre este suceso fundaron la observación de ser aciago el martes. Pero lo peor, señor mío, no está en que esta observación es falsa, sino que sobre esto es supersticiosa, y lo mismo digo de la observación cualquier día o de la semana o del año como fausto o como infausto. Este es el sentir común de los teólogo morales, aunque en orden a una u otra particularidad no están todos convenidos.

“Días Aciagos”, en Cartas Eruditas y Curiosas (1741-1760) del Padre Benito Jerónimo Feijoo, en Textos literarios españoles de los siglos XVIII y XIX (2013), de Margarita Almela Boix, pag. 31 y ss.

Martes, 13 de Marzo de 2018
AlmaLeonor_LP

 

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