LOS UROS

LOS UROS

Uro (Bos taurus primigenius) Litografía de 1927 (Wikipedia, DP). Ninguna de las imágenes de este artículo está incluida en el libro.

Nuestros antepasados del Pleistoceno llegaron a convivir con uno de los animales más grandes y poderosos de nuestra Prehistoria: los uros (Bos primigenius). El uro es una variedad de toro salvaje, hoy extinto, de casi el doble de peso y altura que cualquier especie de bóvido que pueda existir actualmente.

Cráneo de Uro encontrado en Túnez por el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES)

Los primitivos uros machos podían llegar a tener una altura de dos metros y sus astas alcanzaban dimensiones fabulosas. Por ejemplo, el ejemplar hallado recientemente en Cartago (Túnez), el uro más antiguo del mundo, de 700.000 años de antigüedad, cuyos cuernos medían cada uno más de un metro y el animal, en vida, pudo alcanzar un peso de más de 1.000 kilos. Da escalofríos pensar que algunos de estos animales que, hace entre 16.900 y 12.300 años (Pleistoceno Superior) eran cazados por nuestros primeros antepasados en la mismísima comunidad de Madrid, podían llegar tener una cornamenta de más de 70 cm de anchura de punta a punta. Pero así fueron retratados en las cuevas prehistóricas del norte de España, quizá como rito propiciatorio de caza, quizá como representación gráfica y simbólica de los conceptos inmateriales mencionados al principio: la fuerza, la bravura, el poder o la virilidad fecundadora.

Aurochs (Uro) en una pintura en la cueva de Lascaux (Francia).

Con el tiempo, algunos especímenes de bóvidos fueron domesticados y aprovechados como algo más que alimento por los pobladores neolíticos y, así, llegaron a nuestros días las vacas, ovejas, cabras, toros y uros. Pero el uro se extinguió allá por el año 1627, cuando en los bosques de Polonia, en Jaktórow, murió el último conocido tras siglos de ser cazados sistemáticamente por los pobladores germanos, hecho que conocemos bien por La Guerra de las Galias (50/40 a.C.), de Julio César:

XXVIII. La tercera raza es de los que llaman uros, los cuales vienen a ser algo menores que los elefantes; la catadura, el color, la figura de toros, siendo grande su bravura y ligereza. Sea hombre o bestia, en avistando el bulto, se tiran a él. Mátanlos cogiéndolos en hoyos con trampas. Con tal afán se curten los jóvenes, siendo este género de caza su principal ejercicio; los que hubiesen muerto más de éstos, presentando por prueba los cuernos al público, reciben grandes aplausos. Pero no es posible domesticarlos ni amansarlos, aunque los cacen de chiquitos. La grandeza, figura y encaje de sus cuernos se diferencia mucho de los de nuestros bueyes. Recogidos con diligencia, los guarnecen de plata, y les sirven de copas en los más espléndidos banquetes (Libro sexto).

Sin embargo, este fabuloso animal siguió llamando poderosamente la atención, tanto, que incluso en los años treinta del siglo pasado, en Alemania, hubo hasta un intento de recrearlo: el bovino de Heck, el espécimen salido de un proyecto de los alemanes Heinz y Lutz Heck, directores de los zoológicos de Múnich y Berlín respectivamente, para clonar uros.

Comparación del tamaño de un hombre con la reconstrucción de una pareja de uros (arriba) y con una pareja de bovino de Heck (abajo). (Wikipedia CC BY-SA 3.0: DFoidl)

Este intento fallido de recrear una raza bovina que se creía autóctona de Europa central, fue un absoluto fracaso ―calificado en alguna ocasión como «la mayor estafa científica del siglo XX»―, por lo que muchos de aquellos animales acabaron recluidos en la reserva holandesa de Oostvaardersplassen.

Un toro de Heck en la reserva natural de Oostvaardersplassen (Paises Bajos) (Wikipedia, CC BY-SA 3.0: GerardM)

Precisamente, es en los Países Bajos donde aún sigue en marcha el llamado Taurus Project, una colaboración entre entidades ―como la Fundación Ark, Rewilding Europe y la Stichting Taurus holandesa, el principal apoyo del proyecto, una asociación de ecologistas, genetistas, historiadores y ganaderos― y universidades holandesas y norteamericanas, con la pretensión, mediante cruces selectivos ―el proyecto utiliza variedades sayaguesa y pajuna―, de llegar a criar un tipo de toro más parecido al uro (auroch) que al toro de lidia español  que es, según afirmaron en su momento los Heck, el animal que más se le podría asemejar. Pero, en realidad, no es así. Recientes investigaciones genéticas han conseguido determinar que son los antepasados de las modernas razas británicas e irlandesas los que comparten más analogías genéticas con el extinto uro europeo. El Taurus Project, dirigido por el ecologista y escritor Ronal Goderie, y activo desde el año 2008, sigue intentando encontrar el modo de revivirlo, de hecho, dice poder lograrlo en siete o diez años.

AlmaLeonor_LP

Este artículo es una parte de mi libro, disponible en Amazón:
LA HISTORIA DESDE EL HELICON: LOS BOVIDAE.