EL ESPAÑOL QUE PUSO NOMBRE A UN COMPONENTE DEL ÉXTASIS SIN SABERLO

EL ESPAÑOL QUE PUSO NOMBRE A UN COMPONENTE DEL ÉXTASIS SIN SABERLO

Nicolás Monardes (1569). Wikipedia (DP)

 

La MDMA,  abreviatura de su nombre químico “3,4-metilendioximetanfetamina”, es lo que en lenguaje coloquial llamamos “Éxtasis”, una droga que produce efectos emocionales (euforia) y sociales (sociabilidad) similares a la empatía (por eso se engloba dentro de la categoría de drogas “empatógenas”) perteneciente a las llamadas genéricamente “anfetaminas”. El Éxtasis fue descubierto en 1912 por el químico alemán Anton Köllisch (1888-1916), aunque no sería hasta la década de los setenta cuando se populariza como droga psicotrópica en fiestas de rave music, acid house (en los 80) y breakbeat hardcore (en los 90). Este masivo uso recreativo y los efectos secundarios que causa (bruxismo, ansiedad, depresión, anhedonia, insomnio, pérdida de memoria…) hacen que se ilegalice su fabricación y consumo, salvo en algunas excepciones científicas y médicas.

La sintetización de la MDMA se puede realizar de varias formas (se documentan hasta veinte modos) a partir de una reacción química de sus compuestos o precursores químicos primarios, como, por ejemplo, el safrol, un aceite esencial, incoloro o amarillo, utilizado en la elaboración de antisépticos, pesticidas, perfumes y saborizantes. El safrol se ha identificado también como un producto cancerígeno para el hígado, por lo que su uso está prohibido en alimentación y controlado en otras aplicaciones. Puede extraerse de varios elementos naturales (aunque el procedimiento es tedioso y caro) como la nuez moscada, la semilla del perejil, el eneldo, el azafrán, las semillas de vainilla y varios árboles, por ejemplo, de la Ocotea odorifera  (una especie de laurel de Brasil y Paraguay), del Cinnamomum parthenoxylon  (Camboya, Indonesia, Malasia, Filipinas y Vietnam, considerado en peligro de extinción por la sobreexplotación furtiva para este uso) y, sobre todo, de la raíz o corteza de un árbol norteamericano llamado Sassafras albidum, vulgarmente sassafras.

Sassafras (1890), en un Códice Botánico alemán. Wikipedia (DP).

Pues bien, el sassafras, árbol al que los nativos llamaban “winauk” (al norte) o “pauame” (en la Florida), debe el nombre con el que se le conoce desde el siglo XVI, a un español, el botánico Nicolás Monardes.

El sevillano Nicolás Bautista Monardes Alfaro (1508-1588),  fue un destacado médico y botánico español, hijo del también afamado médico, Juan Bautista Monardes. Al quedar viuda su madre, Leonor de Alfaro, se volvió a casar con el boticario Juan López de Pastrana, que anima al joven Nicolás a seguir los estudios de medicina. Obtiene su título en Alcalá de Henares (Madrid), donde sigue los preceptos del humanismo y aprende griego y árabe, y el doctorado en la Universidad de Sevilla en 1547. En Sevilla desarrolla su afición por la botánica y cultiva en su propio huerto toda clase de plantas conocidas y otras no tanto, procedentes de América. También con América inicia una serie de negocios (algunos con los afamados Fugger), muy fructíferos, incluido el tráfico de esclavos, que aumentan su riqueza. Se estima que en 1568 su fortuna ascendía a 25 millones de maravedíes, aunque llegó a perder buena parte de ellos a lo largo de su vida.

Retrato del autor en las páginas de «Historia Medicinal…» (1580). University of Glasgow.

Sus campos de estudio fueron amplios, incluyendo la aplicación moderada de sangrías para curar ciertas enfermedades como la pleuresía, muy común en su tiempo, o el empleo del guayaco (que él importaba de América y comerciaba en Europa) junto al mercurio para el tratamiento de la sífilis. También escribió varias obras. Son muy conocidos sus tratados sobre los beneficios médicos de ciertos elementos de la naturaleza, como “De Rosa et partibus eius” (1540), sobre las rosas y los frutos cítricos; “Dialogo de las grandezas del hierro y de sus virtudes medicinales” (1574), sobre este metal;  “Tratado de la Piedra Bezaar y de la yerva escuerçonera”, sobre contravenenos empleados ya por Galeno;  así como el curioso Tratado de la nieve y de sus propiedades, y del modo que se ha de tener, enel brever enfriado con ella: y de los otros modos que ay de enfriar ” (1571):

“Cae la nieve por la mayor parte, en tiempo de invierno, principalmente, cuando corre el aire Cierzo, cae en tierras montuosas, nunca cae en tierras muy calientes, sino es por maravilla. Cuando cae, es de hermosa y graciosa vista, porque cae en copos blanquísimos, y cae blandamente, sin tempestad ni aire. Festeja a las gentes cuando cae, con sus pellas, no hace daño a nadie, que si endurece la tierra ella cuando se derrite, la emblandece y engrasa, matando las hierbas malas, y hace fructificar y crecer las buenas. Como dice Aulo Gelio, es por esto por lo que dicen año de nieves, año de bienes… Dice Galeno que la nieve prohíbe que no se corrompa el pescado y así lo conserva por mucho tiempo, que no se pudra, y así mismo conserva las carnes de putrefacción, como vemos que en las montañas, entre la nieve, se hallan hombres y animales, que se helaron, tan sin corrupción, como embalsamados. Dice Galeno que soñar nieve es indicio de tener enfermedades frías.”

Eysenhardtia polystachya (1916) o «palo dulce», por William Edwin. Wikipedia (DP).

Por sus propias palabras, es de imaginar que en Sevilla mucha nieve no vería Monardes… También fue el primero en describir el fenómeno de la Fluorescencia (“Historia Medicinal…”, Sevilla, 1565), la capacidad de ciertas sustancias de absorber energía en forma de radiaciones electromagnéticas para después, en apenas nanosegundos, emitirlas en una longitud de onda diferente y  luminiscente. Monardes partió de una infusión conocida como lignun nephriticum («madera renal») derivada de la corteza de dos especies arbóreas: Pterocarpus indicus (o “caoba filipina”, originaria de Asia) y Eysenhardtia polystachya (o “palo dulce”, originario de México).

Ilustración de una página de «Historia medicinal…» de Nicolás Monardes. Elsevier.

Pero su trabajo más conocido y por el que es protagonista de este artículo es Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales (publicado en tres partes: en 1565, 1569 y 1574), traducido al latín y al inglés en el mismo siglo XVI, y hasta en seis idiomas antes de finalizar el siglo siguiente, además de alcanzar las cuarenta y dos ediciones. Con su obra (y con sus intereses comerciales farmacológicos), Monardes dio a conocer mucho mejor en toda Europa algunos productos americanos como la piña tropical, el tabaco, el cacahuete, el maíz, la batata, la coca o la zarzaparrilla.

Mapa de distribución del Sassafras albidum en Norteamérica (2007). Wikipedia (DP).

Nunca viajó a América, pero desde su residencia privilegiada de Sevilla, puerto de entrada de todo lo que venía de Las Indias a España, y gracias a su propia compañía mercantil, se hizo con toda una serie de plantas y árboles que cultivaba en un huerto de su propiedad para estudiar y experimentar con ellas sus posibles aplicaciones médicas y farmacológicas. Describió por vez primera (algunas veces con errores propios de quien no conoce su hábitat original, y otras, se dice que movido por su interés mercantil) muchas especies americanas como el cardo santo, la cebadilla, la jalapa, el guayaco, la pimienta, la canela de Indias, el bálsamo de Tolú… y el sassafras.

La primera ilustración de un Sassafras albidum, gracias a Monardes. Wikipedia (DP).

Monardes conoce en Sevilla este árbol de la Florida. Lo estudió durante tres años gracias a las primeras noticias que le llegan por un viajero francés que le habla de las propiedades curativas de una infusión realizada con dicho ejemplar. Con esa fórmula, aprendida de los nativos, franceses y españoles se habían curado de enfermedades que contrajeron al llegar a esa parte de norteamérica:

“Lo hacían de esta forma: sacaba la raíz de este árbol y tomaba un trozo de ella como les parecía, y hacíale rajas y echábalas en el agua, a discreción, lo que veían que era menester, poco más o menos, y cocíanla en el tiempo que veían que bastaba, para quedar de buen color, y así, bebían a la mañana en ayunas, y entre el día y al comer y cenar, sin guardar más peso ni medida que tengo dicho, ni más guarda ni orden que esta. Y con esto sanaron de tan graves y trabajosas enfermedades.”

Monardes, incrédulo, se dispuso a estudiar esas supuestas propiedades. Primero identifica el árbol y lo llama sassafras, quizá una vulgarización de la palabra “saxifraga”, un género de plantas herbáceas que, a buen seguro, conocía Monardes, aunque no es a esta familia a la que pertenece el sassafras. Es un árbol endémico de América del norte y de algunas regiones asiáticas (Taiwan, por ejemplo), muy grande (puede alcanzar desde los 9 a los 35 metros de altura) y con muchas y finas ramas. Su corteza es de color marrón anaranjado (o amarillento) y tanto esta como las hojas (pueden ser de varios tipos, las más comunes trilobuladas), ramas, flores (las hay masculinas y femeninas), fruto (una drupa azul-negruzca) y raíces, son fragantes, como de cítrico e hinojo (los alemanes lo llamaron fenchelholz o “madera de hinojo” por su aroma). Se conocen cuatro especies, una de ellas ya extinta.

Fossil de Sassafras hesperia, ya extinta, encontrado en las montañas de Washington. Wikipedia (CC BY-SA 3.0: Kevmin).

Todo en el árbol del sassafras se puede utilizar y dar diversos usos. Las antiguas tribus norteamericanas utilizaban las hojas para tratar enfermedades como el acné, la fiebre o los trastornos urinarios. En algunos casos se sabe que se utilizó para tratar escorbuto, llagas, reumatismo, hipertensión, disentería… El aceite de safrol, extraído del sassafras, también fue habitualmente utilizado como analgésico y antiséptico (en enfermedades dentales, por ejemplo, los nativos utilizaban las ramitas como cepillo de dientes) y, también, como fragancia en perfumes y jabones, como repelente de mosquitos, pesticida, colorante… Un todoterreno químico, podríamos decir.

Se le conocen también muchos usos culinarios. En la Inglaterra del XIX, la corteza del sassafras se utilizó a menudo como un componente más del saloop, una bebida caliente y barata sustitutiva del caro café, muy popular entre las clases menos afortunadas de Londres y que, se decía, aliviaba varias enfermedades, entre ellas, la sífilis (que fue uno de los motivos por lo que el saloop dejó de ser popular), cosa que Monardes no atestiguó (él utilizaba el guayaco). En los EE.UU., fue un ingrediente básico de la cerveza de raíz o el té de raíz, así como un condimento habitual en la cocina criolla de Luisiana, un polvo aromático realizado con las hojas molidas y conocido como polvo filé (ingrediente principal del tradicional Gumbo criollo y de la sopa de Cajún) cuyo contenido en safrol es mínimo, por lo que sigue estando permitido. En cambio, la raíz del sassafras contiene mucho aceite de safrol y en EE.UU. está prohibido su uso desde 1960 por considerarlo cancerígeno, además de alucinógeno. La mayoría de las cervezas de raíz comercializadas actualmente utilizan compuestos artificiales sustitutivos de la raíz de sassafras, como el salicilato de metilo. El safrol también fue un ingrediente principal de la popular zarzaparrilla, al menos, hasta la mitad del siglo XX, cuando se sustituye por compuestos químicos. Se decía que la zarzaparrilla aliviaba los problemas de piel y sangre y “volvía lánguidas a las mujeres y resecos a los vaqueros”, lo que a tenor de lo que vamos sabiendo de su componente, el safrol, no es nada extraño.

Y, como apuntába al principio, el aceite de safrol, obtenido del árbol sassafras, ha sido la fuente mayoritariamente utilizada para sintetizar la “3,4-metilendioxianfetamina”, MDMA o Éxtasis, por lo que su venta está vigilada por la DEA norteamericana, algo que Menardes, aunque en su día se dedicara a actividades tan poco edificantes como el tráfico de esclavos y el comercio farmacológico interesado, nunca pudo sospechar que ocurriría dando a conocer al mundo el nombre y las propiedades de este árbol norteamericano, el sassafras.

AlmaLeonor_LP

 

Fuentes: Wikipedia, GoogleBooks, Elsevier, University of Glasgow.

 

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