LA TÚNICA DE NESO

LA TÚNICA DE NESO

Hércules y Licas (1795/1815), por Antonio Canova (Pinterest).

Según cuenta la mitología griega, el centauro Neso intentó secuestrar y violar a la esposa de Hércules, Deyanira, pero el héroe intervino clavando en el cuerpo de Neso una flecha envenenada con sangre de la Hidra de Lerna, a la que había vencido en uno de sus doce trabajos. Neso, en venganza por su pronta y dolorosa muerte, engañó a Deyanira haciéndola creer que con su sangre Hércules le sería siempre fiel. Deyanira hizo que el heraldo de Hércules, Licas, le entregase una túnica embadurnada con la sangre (ponzoñosa) de Neso sin que ella sospechase siquiera sus efectos.

Así lo contaba Sófocles:

Este rozagante vestido le has de llevar como obsequio de mis propias manos a aquel hombre. Pero al llevarlo ten en cuenta con que ningún mortal se lo aplique al cuerpo antes que mi marido, y que no le dé luz alguna ni de sol, ni de sagrado recinto, ni de fuego del hogar, hasta que él, engalanado, solemne y esplendoroso, se lo muestre a los dioses en un día de sacrificios de toros. Así lo tenía prometido: que si le veía un día salvo en casa u oía que lo estaba, le había de revestir cual se merece con este manto, y había de presentarle ante los dioses como sacrificador nunca visto con nunca vista indumentaria. Y ahí llevas una señal que él reconocerá al punto en el cerco de este sello. Ve, pues, y ante todo cumple tu deber: mensajero eres y no seas entremetido, y haz de manera que, juntas mi gratitud y la de él, doblen tu galardón. Las Tarquinias (vv.598-632).

Cuando Hércules recibe la túnica, y ante el sufrimiento que empezó a causarle, un ardor vivo sobre su cuerpo que arrancaba su piel, el héroe agarró a Licas por su pie y volteándole tres veces sobre su cabeza le arrojó al mar de Eubea, convirtiéndole en piedra, una roca conocida como Isla de Licas desde entonces. Hércules pidió a su amigo y sobrino (y posible amante o erómenoYolao que le diera muerte para librarle del sufrimiento y éste prendió una pira a la que se arrojó Hércules vistiendo las pieles del León de Nemea, al que también había vencido, por encima de la túnica envenenada.

Así lo contaba Ovidio:

He aquí que a Licas, escondido tembloroso en una peña ahuecada, divisa, y como el dolor había reunido toda su rabia: “¿No has sido tú, Licas”, dijo, “el que estos funerarios dones me has dado? ¿No has de ser tú el autor de mi muerte?” Tiembla él y se estremece,  pálido, y tímidamente palabras exculpatorias dice. En diciéndolas, y mientras se disponía a llevar las manos a las rodillas de él, lo agarra el Alcida y rotándolo tres y cuatro veces lo lanza más fuerte que en el tormento de la catapulta hacia las ondas eubeas. Él, suspendido por las aéreas auras se puso rígido, y como dicen que las lluvias se endurecen con los helados vientos, de donde se hacen las nieves, y también, blando, de las nieves al rotar, se astriñe y se aglomera su cuerpo en denso granizo, que así él, lanzado a través del vacío por esos vigorosos brazos y exangüe de miedo y sin tener líquido alguno, en rígidas piedras fue él convertido, cuenta la anterior edad. Ahora también en el profundo euboico, en el abismo, una peña breve emerge, y de su humana forma conserva las huellas, al cual, como si lo fuera a sentir, los navegantes hollar temen, y le llaman Licas.  Metamorfosis IX (210-225).

Hércules y el Centauro Neso (1599), por Juan de Bolonia

Desde la antigüedad, la túnica de Neso se tiene metafóricamente por la representación del dolor, pero más que del dolor físico (que también), un dolor más bien interno, moral, un dolor que devora sin paliativos y que no se puede evitar, un infortunio del que no hay escapatoria en un presente fatídico. Un dolor que lleva inevitablemente a la muerte.

Es un símil que se ha utilizado varias veces en la literatura y en la historia. Por ejemplo, William Shakespeare en su obra  “Antonio y Cleopatra” (1607), le hace decir a Marco Antonio que “la túnica de Neso está sobre mí”, cuando este comprende que ha perdido la batalla naval de Actium contra Octavio (31 a.C.). T.S.Elliot utilizó la expresión “camisa de fuego” para referirse a esta túnica en uno de sus poemas (“Little Gidding”, el último de los “Four Quartets”) publicado en 1942: “El amor es el nombre desconocido / detrás de las manos que tejieron / la insoportable camisa de fuego / que el poder humano no puede eliminar”. Una década más tarde, en 1952, el escritor postmodernista estadounidense John Barth escribió su tesis (en realidad la llamó “tesis-novela”) en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (Maryland, USA), titulándola “The Shirt of Nessus”. Aunque no se conservan copias (al parecer el autor no se siente especialmente orgulloso de su primera “obra” y pudo ser el artífice de la “desaparición” de la misma), se sabe que inicia con ella su afición a la novela realista postmoderna, en la que la repetición, la parodia, la hipertextualidad y la metaficción, son los artífices de su particular forma de escribir ensayos. También alude a la camisa de Neso el escritor argelino Yasmina Khadra en su obra “Las golondrinas de Kabul” (2002), cuando un personaje que desprecia el uso del burka por los extremistas musulmanes, compara su uso con la prenda envenenada de Hércules.

Hércules y Licas (Detalle).

En la historia, la túnica de Neso se reconoce en un episodio de la llamada Rebelión Anabaptista de Münster (1534), cuando un régimen de terror se instaló en la ciudad alemana alentado por las ideas mesiánicas y apocalípticas de Jan Matthys (1500-1534). El obispo de Münster, Franz von Waldeck (1491-1553), sitió la ciudad y una joven defensora del anabaptismo y de Münster, Hille Feyken, intentó engañar al obispo entregándole una camisa envenenada. Pero antes de que pudiera llevar a cabo su plan, fue delatada, encarcelada, torturada y asesinada, al igual que Matthys, que fue detenido el domingo de Pascua, asesinado y decapitado, permaneciendo su cabeza colgada durante días a la vista de todos los habitantes de la ciudad. Los cadáveres de los líderes anabaptistas derrotados por Waldeck fueron colgados en jaulas en la torre de la iglesia de San Lamberto.

Igualmente fatídico fue el destino de Henning von Tresckow (1901-1944) y el resto de conspiradores del complot del 20 de julio de 1944 para asesinar a Hitler, con la llamada Operación Valkiria organizada por el coronel Claus von Stauffenberg. Cuando Tresckow (había sido uno de los oficiales que tuvieron que firmar órdenes de secuestro de niños polacos y ucranianos para la Heu-Aktion, lo que acabó por hacerle decidir su implicación en la resistencia alemana contra Hitler) comprendió que su plan había fracasado y que todos los implicados estaban condenados a morir, recordó el episodio de Neso y terminó suicidándose en Królowy Most (frente oriental, al noreste de Polonia y cerca de la frontera con Bielorrusia), haciéndose estallar con una granada de mano. Estas fueron sus palabras:

El mundo entero nos vilipendiará ahora, pero aún estoy totalmente convencido de que hicimos lo correcto. Hitler es el archienemigo no solo de Alemania sino del mundo. Cuando, dentro de unas horas, me presente ante Dios para dar cuenta de lo que hice y dejé de hacer, sé que podré justificar lo que hice en la lucha contra Hitler. Dios le prometió a Abraham que no destruiría a Sodoma si solo se pudieran encontrar diez hombres justos en la ciudad, y por eso espero que Dios no destruya a Alemania. Nadie entre nosotros puede quejarse de la muerte, porque quienes se unieron a nuestras filas se pusieron la camisa de Nessus. El valor moral de un hombre se establece solo en el momento en que está dispuesto a dar su vida en defensa de sus convicciones.”

Hercules y Neso (Detalle).

Si el nacionalsocialismo alemán destruyó buena parte del alma de Europa al iniciar la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Polonia el 1 de septiembre de 1939, hay quien opina que este país, Polonia, ya tenía una camisa de Neso que lo estaba destruyendo. En 1992 se publica una colección de ensayos escritos por el disidente polaco Jan Józef Lipski (1926-1991) titulada genéricamente “Tunika Nessosa” (literalmente la túnica de Neso), que habían sido publicados en diversos medios con anterioridad, donde critica el nacionalismo católico polaco, equiparándolo con el veneno de la Hidra que acabó con Neso, por destruir el genio cultural de una nación. Miembro del sindicato Solidaridad, restableció el Partido Socialista Polaco, que dirigió desde 1987 hasta su muerte, y fue condecorado póstumamente tanto por el presidente Lech Walesa (en 1991) como por el presidente Lech Kaczynski (2006).

Hércules y Deyanira (1801), por Pietro Finelli (1770-1812).

Neso, Hércules y Licas, un trío fatídico, marcado por el destino y cuyo final no pudo ser más terrible y doloroso. Ni el libidinoso centauro Neso, ni el atormentado héroe Hércules, ni el fiel y atribulado lacayo Licas, pudieron sustraerse del dolor amargo de saber, con total certeza, que su pronta muerte sería espantosa… Un triste sino que también acabó con la vida de Deyanira, la cuarta persona protagonista de este atribulado suceso. Según Sófocles, que lo aborda en “Las Tarquinias” (siglo V a.C.) desde el protagonismo de Deyanira, Hércules maldijo su matrimonio justo en el momento de sentir el dolor de la túnica de Neso sobre su cuerpo (él solo sabía, en ese momento, que se la había hecho llegar Deyanira) y su hijo, Hilo, la acusó de ser la causante de la terrible muerte de su padre. Finalmente, Deyanira, abatida por la culpa y el dolor, se suicida clavándose una espada en el costado… También Deyanira fue alcanzada fatalmente por la túnica de Neso. Sófocles lo cuenta así:

Ahora veo que es horrible lo que he hecho. Porque ¿por dónde y por gracia de qué había aquella fiera de mostrarme su amor, estando muriendo, a mí, de quien le venía la muerte? No hay tal, no; era un embeleco y pretendía acabar con el que le había herido. Y yo lo vengo a entender a estas horas, cuando ya no tiene remedio. Yo, yo misma, malhadada, si no es que mis cálculos fallan, voy a ser quien le mate. Pues ve se que aquel dardo que le hizo la herida dejó maltrecho a Quirón [Hércules también le había herido incurablemente con una flecha envenenada con sangre de la Hydra], aun siendo un dios, y mata a cuantos vivientes llega a tocar. ¿Y no va a matar también a aquel esa misma negra sangre envenenada, recogida de la herida de este? No puedo dudarlo. Pues lo tengo resuelto; si este falla, yo también muero juntamente y del mismo golpe. A mujer que se precia de no ser del todo mala, le es imposible la vida quedando difamada… Las Tarquinias (vv.663-733). [Nodriza] Ya se ha ido Deyanira por el último de todos los caminos y sin mover los pies… A sus propias manos ha muerto… Al filo del acero asesino. Las Tarquinias (vv.871-946).

AlmaLeonor_LP

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