REBECA RIOTS

REBECA RIOTS

A lo largo de la historia son muchas las ocasiones en las que las mujeres se han visto envueltas en protestas y tumultos relacionados con la escasez de alimentos para su familia, por lo que habitualmente se han denominado “motines del pan”. Teófanes Egido, por ejemplo, cuenta un episodio del siglo XVII, conocido como Motín de los Gatos, en el que las mujeres están presentes en la protesta:

Pues entre las seis o las siete / de la mañana, se andaban / con dimes y con diretes / los pobretes tras el pan, / y con ellos las mujeres, / azuzando, porque el hambre / es la que los enfurece. TeófanesEgido López (1980), «El motín madrileño de 1699».

Aunque pueden encontrarse motines de este tipo desde la Edad Media, es a partir del siglo XVIII cuando se producen los más significativos. Y en todos ellos, las mujeres aparecen en un lugar preeminente. La propia Revolución francesa se suele encuadrar, por sus inicios, en este tipo de motines, pero ya se conocían antes en Francia (Guerra de las Harinas, 1775), en España (Rebomboris del pa, Barcelona, 1789), y hasta en las colonias norteamericanas (Boston, 1700-1713). En todos ellos la solución pasaba por una dura represión en primer término y, solo después de la destitución de algún cargo importante, el abastecimiento gratuito de pan. Pero, lejos de frenarse, aumentaron con el nuevo siglo. Por ejemplo, en la Inglaterra de la década de 1840, donde las revueltas por la presión fiscal y la escasez de pan, que recibieron el nombre genérico de  Rebeca riots, convirtieron a los menesterosos revolucionarios en los llamados hijos de Rebeca, la matriarca bíblica, la bella esposa de Isaac y madre de los gemelos Esaú y Jacob, erigida por el Génesis (24:60), en madre de millares de millares.

«Oh, hermana nuestra,
¡que seas madre de muchos millones!
¡Que tus descendientes
conquisten las ciudades de sus enemigos!»
                                                      Génesis (24:59-61).

Los disturbios tuvieron lugar entre 1839 y 1843 en el sur y centro de Gales, cuando agricultores y trabajadores del campo de la zona, protestaron por una subida de impuestos y, sobre todo, de los peajes de puertas que eran cobrados por fideicomisarios que operaban por encargo del gobierno, y que se suponía debían emplear lo cobrado en mejorar la red de carreteras que controlaban. Sin embargo, las subidas indiscriminadas de las tasas de peaje y el desvío de fondos a los propios bolsillos, colmaron la paciencia del campesinado largos años empobrecido. El precio del ganado y del trigo cayeron desorbitadamente y el de la mantequilla y el pan, subieron desproporcionadamente. A las protestas femeninas se sumaron algunos hombres disfrazados de mujeres, lo que provocó mayores alborotos entre los manifestantes e, incluso, un aumento de la delincuencia local.

La primera aparición de las Rebeccas se puede retrotraer a 1839, cuando se reconocen dos ataques en Carmarthenshire. Fueron dirigidos por Thomas Rees (1806-1876), conocido como Twm Carnabwth, quien arremetió el 13 de mayo de 1839 contra una nueva barrera de peaje en Efail-wen seguido por sus acólitos vestidos de mujer.

Esta costumbre parece que se origina en una peculiar y popular forma de castigo galesa que se aplicaba a gentes que cometían una fechoría pero era difícil llevarlo ante la justicia, por ejemplo, los adúlteros y padres de niños bastardos (una disposición en la “Ley de Pobres” vigente permitía que éstos se libraran de sus responsabilidades para con los niños, dejando a la madre desatendida). Era la llamada “Ceffyl Pren”, literalmente, “caballo de madera”, y consistía en una forma de humillación pública en la que se hacía desfilar al castigado por las calles atado a una especie de marco de madera, con la cara ennegrecida y vestido de mujer. También se aplicaba a aquellos terratenientes ricos que se aprovechaban de sus trabajadores y de su posición, y durante los disturbios de Gales muchos de los propietarios de puertas de peaje y los magistrados locales que los apoyaban, fueron objetivos de las Rebeccas.

El aumento de la conflictividad llegó hacia 1842, lo que acabó por conformar un cierto espíritu de lucha de los manifestantes, que ahora también adoptaron la costumbre de ir disfrazados con ropas de mujer, acompañados en muchas ocasiones por sus propias esposas. Su principal objetivo fueron las barreras de peaje:

Rebecca: “¿Qué es esto, mis hijos? Hay algo en mi camino. No puedo seguir…”
Alborotadores: “¿Qué pasa, madre Rebecca? Nada debe interponerse en tu camino.”
Rebecca: “No conozco a mis hijos. Soy vieja y no puedo ver bien.”
Alborotadores: “¿Vamos a venir y moverlo fuera de tu camino madre Rebecca?”
Rebecca: “¡Espera! Se siente como una gran puerta al otro lado de la calle para detener a tu madre,”
Alborotadores: “Lo romperemos, madre. Nada se interpone en tu camino.”
Rebecca: “Quizás se abra… Oh, mis queridos hijos, está cerrado y atornillado. ¿Qué se puede hacer?”
Alborotadores: “Debe ser derribado, madre. Usted y sus hijos deben poder pasar.”
Rebecca: “¡Fuera con eso, hijos míos!”.

El 6 de julio de 1843, un grupo de unos 200 hombres y mujeres atacaron el peaje de Bolgoed en las cercanías de Pontarddulais, así como algunas iglesias anglicanas que tenían concedida la función e cobrar diezmos. Fueron los disturbios más duros y trágico. Incluso, las Rebeccas fueron más allá enviando cartas amenazantes a propietarios de granjas para que redujeran sus alquileres a los campesinos arrendatarios, pero estos hicieron poco caso. Entonces, en septiembre de ese año, sucede una desgracia y una joven guardiana de la puerta del pueblo de Hendy, llamada Sarah Williams, resulta muerta durante los ataques.

Ante el cariz que estaba tomando el asunto el gobierno decide enviar al ejército, concretamente los destacamentos del 75º y el 76º Regimiento de a pie, apoyados por un Escuadrón de caballería, la 4ª Dragoon Guards, alojados precariamente en la ciudad de Llanelli. Desde este lugar se llevaron a cabo redadas, asaltos y detenciones de los alborotadores y sus mujeres, pero, sobre todo, se procuró detener a un grupo de hombres disfrazados que, aprovechando los disturbios se habían dedicado al asalto y pillaje en los alrededores. Estaban dirigidos por un delincuente conocido, John Jones (que se hacía llamar Shoni Sguborfawr) y su compañero David Davies (Dai’r Cantwr). El ejército logró detenerlos y fueron deportados a Australia. Los campesinos, entonces, tomaron la vía de la negociación.

Tras los Rebecca riots, a finales de 1943, los campesinos lograron mínimas, pero importantes mejoras, sobre todo impulsaron la realización de reformas legales. La Wales Act de 1844, aunque consolido la fórmula del fideicomiso, redujo a la mitad el importe de los peajes. La movilización social galesa no se olvidó nunca de las Rebeccas y en varios conflictos posteriores, incluso ya entrado el siglo XX, se reivindicó de nuevo el espíritu de la madre de millares de millares.

Existe hasta una película sobre las Rebeccas, “Rebecca’s Daughters” (1992), dirigida por Karl Francis, con  Peter O’Toole, Paul Rhys y Joely Richardson en los papeles principales. Se da la circunstancia de que el guion había sido escrito en 1948 por Dylan Thomas y publicado como una novela en 1965, pero el filme no se hizo realidad hasta 44 años después, lo que supone el lapsus de tiempo entre guión y película más largo de la historia del cine.

AlmaLeonor_LP

Fuentes: Wikipedia; Llanelli Community Heritage; Visibles. Mujeres y espacio público burgués en el siglo XIX (2018) Mª del Pilar López Almena.

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