LA BARONESA DE WILSON

LA BARONESA DE WILSON

Imagen: Emilia Serrano, baronesa de Wilson, en “La Ilustración Nacional” (1898)

Para celebrar este 15 de octubre, día de las escritoras 2018, se me ha ocurrido traer a colación a una escritora que, en mi libro VISIBLES MUJERES Y ESPACIO PÚBLICO BURGUÉS EN EL SIGLO XIX, solo mencioné, pero de la que me hubiese gustado profundizar más en su vida y obra. Me refiero a Emilia Serrano García (1843-1922), prolífica escritora y traductora, frecuentemente bajo pseudónimos, como Serrano de García de Tornell o, más habitualmente, el de Baronesa de Wilson. Granadina de nacimiento y barcelonesa de adopción, pasó muchos años en América, donde fue más conocida. A lo largo de su vida viajó por toda Europa y América y mantuvo amistad y relación con poetas y escritores tan insignes como Alfonso de Lamartine, Alejandro Dumas hijo o José Zorrilla, quien, se decía, estaba perdidamente enamorado de Emilia y sería a quien dedicaba sus versos bajo el nombre de Leila.  

Léila, ¿por qué el jardín del alma mía
No da mas que la flor de tus amores,
Hoy que al influjo de tu amor debía
Átomos germinar procreadores,
Cuando su tierra sin cultura un día
Generosa y feraz dio tantas flores?

La flor de mis recuerdos.
José Zorrilla (París, 25 de noviembre de 1854).
Biblioteca Digital Hispánica (vol.I, pag.31)

Por la cercanía de la fecha del 12 de octubre, día del Descubrimiento de América, me gustaría extraer algunos párrafos de su obra “América y sus mujeres: estudios hechos sobre el terreno por la Baronesa de Wilson” (1890), cuyas más de quinientas páginas pueden leerse en la Biblioteca Digital Hispana. Además del relato de su vida y su viaje por tierras americanas durante un año y medio, Emilia se dedica a recoger la imagen y la palabra de algunas mujeres eruditas americanas. Contiene grabados de mujeres como Jacinta de Crespo (venezolana),  Mercedes Cabello de Carbonero (peruana), Santa Rosa de Lima (peruana), Lasternia Larriva de Llona (peruana), Janequeo (india araucana), Mercedes Marín del Solar (chilena), María del Carmen Alcalde de Cazotte (chilena), Soledad Acosta de Samper (colombiana), Policarpa Salavarrieta (La Pola, colombiana), Adela Mora (costarricense), Inhijambia (india mexicana), Sor Juana Inés de la Cruz (mexicana), Carmen romero Rubio de Díaz (mexicana), Josefa Ortiz de Dominguez (mexicana), Ángela Peralta (mexicana), Marta Washington (norteamericana) o Juana Manuela Gorriti (argentina), de la que recoge este poema:

El mundo moral es un reflejo del mundo físico;
el pensamiento del hombre es una repercusión de la naturaleza que lo rodea;
sus obras, un mosaico formado con fragmentos de su propia existencia.
JUANA MANUELA GORRITI .

AMÉRICA Y SUS MUJERES (1890)

Los Viajes de Cristóbal Colón, la Historia de las Indias, por el Padre Las Casas, La Araucana, de Ercilla, y otras obras, fueron el origen de mi entusiasmo por América. Las escenas de la vida de los indios, descritas gráficamente; los descubrimientos y conquista, las batallas, las heroicidades de españoles y de indígenas, la lucha tenaz y justa de los hijos del Nuevo Mundo contra los invasores, me enajenaron hasta el punto de olvidarme de todo lo que no era leer, dándose el caso de renunciar á paseos y á otras distracciones, por entregarme á mi pasión favorita.

Dos años después de casada, y al cumplir yo los diecisiete, era viuda [y con una hija nacida en París]. Entonces viajé. […] Volví á mis estudios literarios y á mi intimidad con los libros; y ya en francés, ó bien en español, distraíame  hilvanando algunos artículos.

Sería preciso estudiar la historia de la mujer desde los tiempos más apartados y en las sociedades más remotas; la influencia que ha ejercido en todos los pueblos y en todas las civilizaciones, y las extrañas vicisitudes que la han agobiado, para comprender y avalorar sus méritos y sus facultades intelectuales; pero no son de este lugar ni es mi propósito desarrollar las ideas que en pro de la mujer acuden en tropel á la imaginación: tiempo y espacio habrá par a expresarlas, y si esto no sucede, hablarán por mí y con mayor elocuencia los hechos que desde la publicación de mi artículo La Mujer de hoy se han sucedido en honra y gloria de aquélla.

Los elementos que me rodeaban eran mu y á propósito par a estimularme á escribir, renovándose mis aficiones relacionadas con América; De aquellas íntimas y sabrosas descripciones nació mi periódico la Revista del Nuevo Mundo, dirigida en la parte política por el Barón de Guilmaud.

Leía mucho, sobre todo lo referente al Nuevo Mundo, porque avasallábame la idea de atravesar el inmenso Océano para adquirir exacto conocimiento de regiones que me forjaba yo con todas las magnificencias del antiguo Oriente. Es decir, por su curiosa historia, por sus extrañas leyendas prehistóricas, por las galas de la Naturaleza, que un sol de fuego hace eternas y sin rival, y por las antiguas ruinas que me atraían con irresistible atractivo. Ensueños de oro podría llamar á los éxtasis de mi inquieta fantasía cuando vagaba por bosques y florestas americanas.

Ocurrióseme de la noche á la mañana embarcarme para Cuba, haciendo escala en Puerto Rico y Santo Domingo, el que hacía corto tiempo habíase ó habían anexionado á España. Mi viaje duró año y medio, y me reservo dar cuenta de mis impresiones en posteriores páginas de este libro; pero sí debo advertir que dio á mis ideales visos de esplendorosa realidad, antojándoseme que sólo con dibujar al natural tipos, hábitos y escenas de la vida real, y vigorizando el cuadro con algunos toques históricos y pintorescos, resultaría un todo interesante y un estudio de pueblos que aún falta mucho par a conocer bien.

Me consagré con mayor ahínco á la historia americana; el pensamiento de visitar el Nuevo Continente arraigábase en mi ánimo con singular persistencia. […] Sin fijarme en inconvenientes gravísimos ni en riesgos lógicos, guiada sólo por el vehemente deseo que de largo tiempo no me daba momento de reposo, resolvía salir de Europa, emprender mis investigaciones por el dilatadísimo Nuevo Mundo y penetrar en sus selvas vírgenes, vestidas con la incomparable suntuosidad que el Autor de todo lo creado prodigó sin límites en aquellas regiones. Soñaba con escalar caminos dificilísimos, subir á las cordilleras envueltas en su inmaculado manto de nieve, analizando desde allí las perdurables bellezas de los valles, lo pintoresco del conjunto y finalmente estudiar en ciudades, aldeas y chozas los tipos singularísimos y las costumbres primitivas conservadas entre los indígenas. […] No podía ocultárseme lo temerario del propósito; pero mi excelente salud y la incontrastable fuerza de voluntad, salían fiadoras para que no temiese el cansancio moral ó físico. […] Estaba resuelta á embarcarme en Lisboa, porque según mi itinerario comenzaba mi viaje por el que entonces era Imperio del Brasil.

Eran las nueve de una hermosa mañana de diciembre de 1873, cuando el vapor inglés Tholemy penetró en la bahía de Río Janeiro por la angosta abertura que forman las rocas, pasando al entrar y rozando casi contra el singular y famoso peñasco llamado por su forma El Pan de Azúcar. […] Al saltar en tierra experimenté una de esas sensaciones que hacen época en la vida. Estaba en América.

Emilia Serrano, baronesa de Wilson.

 

En la conquista, en el coloniaje y más aún en la independencia de América, ha influido siempre y poderosamente la mujer; ella creó héroes y dulcificó muchas veces las tristezas de las derrotas ó las venganzas del vencedor.

E. S. (no lo dice, pero supongo que será Emilia Serrano).

 

VISIBLES MUJERES Y ESPACIO PÚBLICO BURGUÉS EN EL SIGLO XIX