EL JUICIO FINAL

EL JUICIO FINAL

Es posible que resulte hasta irreverente hablar de El Juicio Final en el día en el que se conmemora el supuesto nacimiento de Cristo, el 25 de diciembre, pero es que tiene mucho que ver, créanme.

En el ábside de la Capilla Sixitina de la ciudad de El  Vaticano se encuentra una de las obras más polémicas de Miguel Angel (Michelangelo Buonarroti, 1475-1564), el fresco de El Juicio Final, también llamado El Juicio Universal, que empezó a pintar 25 años después de acabar los frescos de la bóveda de la capilla y que fue abierto al público un día como hoy, 25 de diciembre de 1541, el día de Navidad.

Si frente al Juicio Universal quedamos deslumbrados ante el esplendor y susto, admirando por una parte los cuerpos glorificados y, por la otra, aquellos sometidos a la condena eterna, comprendemos también que toda la visión está profundamente impregnada de una sola luz y de una sola lógica artística: la luz y la lógica de la fe que la Iglesia proclama al confesar: Creo en un solo Dios… creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles (Homilía pronunciada por Juan Pablo II el 8 de abril de 1994).

Pese a estas palabras conciliadoras del papa Juan Pablo II, el Juicio Final estuvo envuelto en la polémica desde los inicios, pues se le encarga a Miguel Ángel que pintara sobre unos frescos ya existentes en el altar, obra de Perugino (Pietro di Cristoforo Vanucci, 1448-1523), que quedaron ocultos. Además, inicialmente, el papa Clemente VII le pidió que pintara “La caída de los ángeles rebeldes“, pero, tras su muerte, su sucesor Paulo III, fue quien le encarga la definitiva escena del Juicio Final.

Detalle de Jesucristo como figura central, con su madre María a su lado.

Miguel Ángel, artista muy metódico y personalista, empezó a elaborar el Juicio Final en 1536 y no lo termina hasta 1541. Basándose en el Apocalipsis de San Juan, el centro de la composición está ocupado por Cristo, pero un Cristo con gesto enérgico y hasta hostil, evidenciado aún más por la actitud sumisa y timorata de su madre, María, situada a su lado. Cristo está separando los justos de los pecadores, según aparecen sus nombres en los libros de la vida y la muerte, portados por los ángeles con sus trompetas, tal y como se relata en el Apocalipsis de San Juan.

El juicio ante el gran trono blanco. Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego (20:11-15).

Michelangelo, Giudizio Universale 06.jpg
“Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas”(8:2)

Pero su composición no gustó mucho a sus santidades por la proliferación exhibicionista, a su juicio, de desnudos. Eran cuerpos rotundos, exultantes, dotados de la característica terribilitá o fuerza sobrehumana de Miguel Ángel, que incluso llegó a retratarse en la figura de San Bartolomé, quien porta su propia piel en la mano, símbolo de su martirio (desollado).

Otros santos son reconocibles alrededor de la figura central, pues Miguel Ángel colocó en sus manos algún símbolo que los identifica, habitualmente relacionado con su martirio. Así, San Pedro porta las llaves del Reino, San Andrés sostiene una cruz en forma de “X”, San Sebastián agarra con fuerza las flechas de su martirio, San Lorenzo sostiene la parrilla, San Blas lleva en su mano los dos rastrillos de carda de su martirio y hasta Santa Catalina, usa la rueda de púas de su martirio para evitar el paso a los pecadores que intentan llegar al Cielo. Finalmente, San Pablo, al lado de Pedro, es reconocido por su barba gris y su aspecto ceñudo.

Michelangelo, Giudizio Universale 12.jpg

Michelangelo, Giudizio Universale 21.jpg

Michelangelo, giudizio universale, dettagli 03 bacio.jpg

Todas las escenas están rodeadas por una multitud de personajes, todos ellos desnudos o semi-desnudos (e incluso en escenas casi comprometedoras) unos al lado derecho de Cristo, los que ascienden al cielo, y a la izquierda los condenados que bajan a las tinieblas, algunos de los cuales se encuentran encima de la barca de Caronte.

Michelangelo, giudizio universale, dettagli 51 inferno.jpg

Entre los que descenderán a los infiernos, en la parte inferior derecha de la escena, se encuentra una figura demoníaca, Minos, el rey del Infierno, también desnudo, con orejas de burro y una serpiente enroscada a su cuerpo. Miguel Ángel le dibuja con los rasgos faciales de Biaggio de Cesana, maestro de ceremonias, quien había mandado cubrir las “verguenzas” de las santas figuras con hojas de parra y paños de pureza. El trabajo fue realizado por Daniele da Volterra (1509-1566), un discípulo de Miguel Ángel, a quien se le terminaría por apodar el «Braghettone» (Pintacalzones), y murió sin acabar el encargo.

Michelangelo, Giudizio Universale 29.jpg

El enfado del artista fue monumental pues los pintaron al oleo y no se podían borrar sin estropear su propia obra. Dicen que el de Cesana se dirigió al mismísimo papa Paulo III para que este ordenara a Miguel Ángel retirarle del mural, pero el papa, seguramente complacido con la representación del prelado, le respondió muy a la manera papal… 

“Querido hijo mío, si el pintor te hubiese puesto en el purgatorio, podría sacarte, pues hasta allí llega mi poder; pero estás en el infierno y me es imposible. Nulla est redemptio.”

Una última jugada de Miguel Ángel es que el Juicio Final está sobre el altar de la capilla y es inevitable que durante la celebración de la liturgia, el sacerdote, al dirigir su mirada hacia el crucifijo del altar, tiene que mirar, inevitablemente, hacia la puerta que da acceso al Infierno…

AlmaLeonor_LP