LA ESPAÑOLA QUE DIO SU NOMBRE A TRES CIUDADES

LA ESPAÑOLA QUE DIO SU NOMBRE  A TRES CIUDADES

Juana María de León Smith. Retrato de 1815 (París).

No cabe duda de que los nombres españoles pueden encontrarse (casi) por todo el mundo. En Bergen, Noruega, encontramos en un viaje el nombre María, con su acento y todo en la puerta de un edificio religioso, en lugar del anglosajón Mary, y en todo el continente americano es más que corriente encontrar ciudades de nombre castellano. Así que no debe extrañarnos hallar topónimos con acento español casi que en cualquier lugar del mundo. Menos habitual es encontrar personas españolas cuyo nombre haya servido para bautizar una ciudad. Y no digamos si esa persona es una mujer. Y el sumun ya es si en lugar de una sola ciudad, han sido tres y en dos continentes diferentes.

Ese fue el caso de Juana María de los Dolores de León Smith (1798-1872), natural de Badajoz, que fue la esposa del general Sir Harry Smith (1787-1860), gobernador británico de la Colonia del Cabo y que también tiene una ciudad con su nombre, Harrismith, a unos setenta kilómetros de la bautizada con el nombre de su esposa, Ladysmith, en el distrito de Uthukela de KwaZulu-Natal, en la actual Sudáfrica.

Resultado de imagen de Ladysmith

En este país, existe otra localidad bautizada con su nombre, aunque con una ligera variación ortográfica, Ladismith, en la región occidental de Klein Karoo, en la provincia Occidental del Cabo, que en un principio se llamó con su nombre español, Lady Juana María Smith. Además de estas dos ciudades en el continente africano, Lady Juana Smith, da nombre a otra población en el continente americano, concretamente en Canadá, en la Columbia Británica, cerca de Vancouver, en la costa este de la isla. Esta población fue fundada en 1898 con el nombre de Oyster Harbour, y en 1900 fue rebautizada como Ladysmith por James Dunsmuir (1851-1920), Primer Ministro de la Columbia Británica de 1900 a 1902, como homenaje a los británicos que levantaron el sitio de Ladysmith en Sudáfrica (el 28 Febrero de 1900, tras 118 de asedio, desde el 2 de noviembre de 1899) durante la Segunda Guerra Boer, donde murieron unos 3000 soldados.

La liberación de Ladysmith (1900), de John Henry Frederick Bacon (1868-1914).

Juana María de León era descendiente del conquistador vallisoletano Juan Ponce de León (1460-1521), primer gobernante de Puerto Rico y el primero que llegó a la Florida, que fue criado en Sevilla y era descendiente, a su vez, del rey Alfonso IX de León, pues su madre, Aldonza, era hija natural del monarca. Esta ascendencia noble fue transmitida por generaciones hasta la familia de Juana María, de la nobleza castellana atrapada por la Guerra de la Independencia española en un Badajoz tomado al asalto en cuatro ocasiones, la última de las cuales por el ejército británico el 7 de abril de 1812. Entonces Juana y su hermana mayor, huérfanas, se vieron desamparadas y pidieron protección a los oficiales británicos.

Juana María Smith (1854) en un dibujo de Julian C. Brewer.

Uno de estos oficiales fue Sir Harry Smith, entonces recién ascendido a capitán del regimiento de exploradores 95th Rifles, y al que le gustaba cazar liebres con su perro Moro por las tierras extremeñas. Así lo contó un oficial de su ejército:

“Estuve conversando con un amigo al día siguiente, en la puerta de su tienda, cuando observamos a dos señoras que venían de la ciudad, que se dirigían directamente hacia nosotros; ambas parecían jóvenes, y cuando se acercaron, la mayor de las dos arrojó hacia atrás su mantilla para dirigirse a nosotros, mostrando una figura notablemente hermosa, con rasgos finos, pero su rostro cetrino, quemado por el sol y agotado, aunque todavía joven […] Se dirigió de inmediato a nosotros de esa manera confiada y heroica, tan característica de la gran doncella española, nos dijo quiénes eran, la última de una antigua y honorable casa, y se refirió a un oficial de alto rango en nuestro ejército, que había sido alojada allí en los días de su prosperidad, por la verdad de su historia. Su esposo, dijo ella, era un oficial español en una parte distante del reino; él podría, o quizás no, seguir viviendo. Pero ayer ella y su hermana menor pudieron vivir en la riqueza y en una casa hermosa. Hoy no sabían dónde recostar sus cabezas, dónde cambiar de ropa o un trozo de pan. Su casa, dijo ella, era un desastre, y para mostrar las indignidades a las que habían sido sometidas, señaló donde la sangre todavía caía por sus cuellos, causada por el rasgado de sus aretes a través de la carne por las manos de peores que los salvajes […] Por sí misma, dijo, no le importaba, sino a la doncella agitada y casi inconsciente a su lado, a quien había tenido pero que últimamente había recibido de las manos de sus instructores convencionales, estaba desesperada y no sabía qué hacer; y que, en la prisión y la ruina que en ese momento estaban desolando la ciudad, no veía seguridad para ella, sino la que parecía no muy delicada que había adoptado: ir al campamento y lanzarse a la protección de cualquier oficial británico que se lo permitiera. Y tan grande, dijo, fue su fe en nuestro carácter nacional, que sabía que la apelación no se haría en vano, ni la confianza abusada […] ¡Allí estaba de pie un ángel! ¡El ser más encantador que nunca antes había visto! […] Catorce veranos aún no habían pasado por su rostro juvenil, que era de una delicada frescura, más inglés que español; su rostro, aunque no tal vez rígidamente hermoso, era sin embargo tan increíblemente hermoso e irresistiblemente atractivo, superando a una figura en la naturaleza. Mejor que mirarla era amarla, y yo la amaba, pero nunca le confesé mi amor, y mientras tanto, un hombre más impudente intervino y se la ganó. Pero aun así fui feliz, porque en él encontró un tal como su belleza y sus desgracias reclamaban: un hombre de honor y un marido digno de ella en todos los sentidos, Harry Smith.”

Random Shots by a Rifleman” (Disparos al azar por un fusilero),
por Sir John Kincaid (1835)

Unos días más tarde, Juana María, de 14 años y Sir Harry, de 25, contraían matrimonio. Nunca se separarían. Curiosamente, fallecieron el mismo día, 12 de octubre (en algunos lugares aparece que Juana María falleció el día 10), aunque de años diferentes, Harry en 1860 (a los 73 años) y Juana María en 1872 (a los 74 años). Ambos reposan juntos en St Mary’s, en Whittlesey (Cambridgeshire).

Sir Henry George Wakelyn Smith, 1st Baronet de Aliwal GCB (1787-1860)

Lady Smith, pese a su juventud, no quiso alejarse nunca de su marido  y le acompañó durante todos sus destinos militares (excepto durante la Batalla de Bladensburg el 24 de agosto de 1814, en el marco de la guerra anglo-americana de 1812-15 por las colonias canadienses). Su esposo fue comandante de brigada en Waterloo en 1815 y después estuvo destinado en Francia, Glasgow, Nueva Escocia, El Cabo de Buena Esperanza (intervino en la Sexta Guerra Xhosa de 1834-36)… fue nombrado gobernador de la Provincia de la Reina Adelaida (Sudáfrica) mientras estuvo en manos británicas y también enviado a La India en 1840 donde participó en la campaña Gwalior de 1843 y resultó victorioso en la Primera Guerra Anglo-Sikh de 1845 (fue nombrado 1º Baronet de Aliwal por ello).

Durante todo este tiempo se cuenta que Juana María viajaba en el tren de equipajes y dormía al aire libre, como el resto de las tropas inglesas, padeciendo sus mismas privacidades. Estos gestos, unidos a un carácter fuerte, pero amable, y varias muestras de buen juicio, hicieron que Juana María fuese muy querida por los hombres bajo el mando del ya General Smith, e incluso por los más recios oficiales, como el Duque de Wellington, quien comentaría en alguna ocasión la buena amistad que le unía a Lady Smith y pronunció un encendido discurso en el Parlamento británico en favor de Sir Henry por sus victorias indias. Fue ascendido a Teniente General en 1846 y al año siguiente nombrado Alto comisionado británico y Gobernador de la Colonia de El Cabo (entre 1847 y 1852), Juana María le acompañó entonces a su nuevo destino africano, donde Sir Henry tomó el mando de una expedición para controlar la soberanía del Río Orange contra los Boers, y luchó en la batalla de Boomplaats del 29 de agosto de 1848. En 1853 vuelve a Inglaterra.

Anexiones sudafricanas de Harry Smith (1847-1854)

En Sudáfrica Lady Smith siguió siendo la mujer afable y comprometida que había sido en otros destinos de su marido. Se dice (aunque no es seguro) que Juana María dio a conocer el Melón en esta parte del continente africano, donde se le conocía como Spanspek (literalmente “tocino español”). Por los servicios prestados a la corona por su marido, el Parlamento británico concedió a Juana María Smith una pensión de 500 libras desde 1848. Pese a todos los exitosos destinos de Sir Henry, nunca estuvo sobrado de dineros y el matrimonio pasó penalidades económicas desde su vuelta a Inglaterra.

Como suele pasar con otros personajes de la Historia, Juana María y su esposo Sir Henry fueron tardíamente protagonistas de obras literarias de ambiente histórico. Su historia novelada aparece en la obra Then Spanish Bride” (1940) de Georgette Heyer, abarcando desde que se conocieron en Badajoz hasta la Batalla de Waterloo. Habían aparecido brevemente en la obra An Infamous Army” (1937) de la misma autora y de forma breve también Juana María aparece en el epílogo de “La Compañía de Sharpe” (1982), la decimotercera novela histórica de la serie Richard Sharpe de Bernard Cornwell. Igualmente, Juana María es nombrada en la obra de 1984 “El otro lado de la colina”, de Peter Luke, que narra las peripecias militares de su marido, Sir Henry, durante la Guerra de Independencia española y las Guerras Napoleónicas. Salvador de Madariaga también la nombra en su obra “Mujeres españolas” y en Badajoz, existe una calle con su nombre, Calle de Lady Smith.

La edición en línea de “La autobiografía del teniente general Sir Harry Smith” (1903, Londres: John Murray, Albemarle Street), está dedicada a Juana Smith, cuyo encanto y gracia brillan a través de las memorias de su esposo. Y también brilla a través de su nombre en tres ciudades distintas de dos continentes diferentes.

AlmaLeonor_LP

2 respuestas para “LA ESPAÑOLA QUE DIO SU NOMBRE A TRES CIUDADES”

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