EL REY CORNUDO

EL REY CORNUDO

Imagen: Pam Hawkes

Teniendo un rey un cuadro de sala para pintar, y no hallando ningún pintor lo pintase, a causa de que, en no contentarle la pintura, la mandaba deshacer y apalear al pintor, hubo un atrevido chocarrero, que, sin saber pintar, como supiese que el rey era cornudo, se atrevió de decirle que se lo pintaría, pero con un pacto que le diese la llave de la sala, porque nadie entrase a ver su pintura, hasta que la hubiese acabada. Contento el rey, para esto pidióle, para colores y cosas necesarias, cincuenta ducados y ración para su persona. Dados los dineros, el bueno del no pintor tuvo su entretenimiento de seis meses con el rey, diciendole que lo pintaba. Y, a la postre, teniendo pasaje con una nave, dijo al rey:

-Mañana le quiero mostrar mi pintura acabada, pero es bien que su alteza esté avisado de la propiedad de ella, y es que ningún cornudo la puede ver.

El rey, deseoso de saber si lo era, como se sospechaba, escerróse solo con el pintor, y, hablando con él, señalábale con una varilla la pared blanco, que maldita la figura que había, diciéndole:

-Mire vuestra Alteza, en este primer cuadro, cuál está Diana descuidadamente bañándose en esta cristalina fuente con sus ninfas.

El rey, aunque no veía nada, por no descubrir que era cornudo, respondía:

-Si, ya lo veo.

-Y en este otro, ¿no ve vuestra Alteza Acteón cuán embebido se está mirándola, y convirtiéndose en ciervo?

Respondió el rey:

-Si, veo.

-Y, en este otro, ¿cómo se mete, huyendo de sus canes, por este bosque arriba? Y, en este cuarto y postrero, entre está entretejida y aménisima arboleda, ¿cuál le comen y despedazan sus canes?

Y el rey siempre respondiendo que lo veía, saliéronse de la sala y tomó la llave en su poder, y el chocarrero prontamente se embarcó. Y, por probar su pintura, tomó el rey muchos caballeros y, puestos en la sala, manifetábales lo que el pintor le había relatado. Los cuales se sonreían, y otros le juraban que tal no había. Conociendo el rey la burla, y cuán cortesmente le había aquél chocarrero sosacado cincuenta escudos, y cuán delicadamente le dijo que era cornudo, mandóle buscar, para castigarle, y, no pudiendo haberle, mandó cerrar la sala para perpetuamente y poner encima de la puerta estos tres versos, escritos de oro, que decían:

Aunque por aquí salió
mi desengaño y cuidado,
mejor vivía engañado.

Don Juan Manuel,  El Conde Lucanor (XXXII: “De lo que contesció a un rey con los burladores que fizieron el paño”)
En, “El Cuento Español en los Siglos de Oro: Siglo XVI” (2002), de María del Carmen Hernández Valcárcel,  pag.203-4

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .