ALMAS PARA EL RECUERDO: FANNY BULLOCK WORKMAN

ALMAS PARA EL RECUERDO: FANNY BULLOCK WORKMAN

Una de las reivindicaciones que he querido transmitir con mi libro VISIBLES, MUJERES Y ESPACIO PÚBLICO BURGUÉS EN EL SIGLO XIX, es que los historiadores debemos prestar más atención e investigar con más ahínco todas aquellas acciones femeninas realizadas en ámbitos públicos que parecían estar solo al alcance del sexo masculino. Este tipo de trabajos son imprescindibles en el avance por el reconocimiento de la igualdad y, afortunadamente, hay cada vez más publicaciones al respecto. Hoy, en el Día Internacional de la Mujer (que se lleva celebrando desde 1975), quiero reconocer la labor de la estadounidense Fanny Bullock Workman, una mujer casi desconocida pero que fue una de las primeras alpinistas profesionales y una defensora de los derechos de la mujer.

Por razones de un necesario acotamiento a la hora de realizar mi trabajo de TFM (que es de donde nace mi libro sobre las mujeres del XIX), no me dediqué en profundidad a describir la interesante aportación de las mujeres decimonónicas en el deporte. Hubo muchas que habría sido necesario mencionar, desde campeonas olímpicas en los deportes en los que se les permitía participar (tenis o tiro con arco, por ejemplo), a mujeres con un empuje envidiable que quisieron destacar en deportes tenidos por tan poco femeninos como el béisbol, el cricket, las carreras de fondo, la natación, el boxeo o el ciclismo, afición esta que llegó a constituir, incluso, todo un ejercicio de emancipación femenina, como ya conté en otro artículo de HELICONPues bien, Fanny Bullock, además de gran aficionada a la bicicleta, destacó en alpinismo, otro deporte que se tenía por no deseable para las mujeres de su tiempo, pero en el que muchas participaban aunque solo fuese por ese afán de viajar y descubrir que se hizo tan popular entre los burgueses del siglo y que ha ofrecido fotografías increíbles de mujeres ascendiendo paredes de piedra o hielo, incluso con sus complicados vestidos. Fanny fue más allá, incluso, descubriendo, describiendo, cartografiando y topografíando lugares casi inexplorados. Pero empecemos por el principio.

Fanny Bullock Workman (1859-1925) nació, como no, en el seno de una familia adinerada de Massachusetts (EE. UU.), lo que le permitió desarrollar todas sus aficiones e inquietudes. Como correspondía a su rango estuvo a cargo de institutrices en su infancia y estudió en algunas de las escuelas (para señoritas) más reconocidas del país, en Nueva York. Ya desde entonces mostraba su inquietud por los idiomas, los viajes y la aventura. Como muchos de los jóvenes altoburgueses de su tiempo (hombres, principalmente, pero también mujeres) tras sus estudios realiza un viaje por Europa, visitando, entre otros lugares, París. Es aquí, en el viejo continente, donde empieza a publicar algunas pequeñas historias con un estilo impecable, como una en la que una mujer inglesa, infatigable montañera y con pasión por los viajes, llega a ser una gran alpinista y termina casándose con un hombre con su misma afición. Fue el primer atisbo de lo que sería su verdadera vida, pues cuando volvió a Massachusetts en 1879 se casó con William Hunter Workman (1847-1937), hombre adinerado y muy aficionado al montañismo.

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Con William, Fanny descubre la escalada en las montañas de New Hampshire, donde llega a escalar el Monte Washington (de 1.918 mt) en varias ocasiones. Al contrario de lo que ocurría en Europa, en los EE. UU. se permitía a las mujeres pertenecer a clubes de senderismo y alpinismo, lo que abrió las puertas a Fanny para dedicarse a este deporte. En 1889 el matrimonio (con su hija Rachel) se traslada a Alemania para dedicarse por entero a sus aficiones. En Dresde, que es donde se instalan, Fanny no solo va a afianzar su amor por las montañas, sino también su compromiso con la igualdad de la mujer y su decidida cruzada por romper los tradicionales roles de esposa y madre asignados por únicos para la mujer. La bicicleta formaba parte de esa aspiración. Después de perder al que pudo ser su segundo hijo, Fanny y William se dedicaron a realizar rutas extremas en bicicleta.

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Recorrieron miles de kilómetros por numerosos países, como Suiza, Francia, Italia, España (en 1895, donde recorrió unos 4.500 km por toda la península, el Sahara y parte de Marruecos, describiendo el paisaje español como “rústico, pintoresco y encantador”), Argelia, Indochina y la India (al que describió como “un país continuamente hermoso”), donde, junto a Birmania, Ceilán y Java, recorrieron unos 23.000 km en total. Todos estos viajes fueron documentados por el matrimonio con muchas fotografías (de él) y tres libros de viajes (de ella, fundamentalmente, donde, no obstante, consignó algunas incorrecciones cartográficas) contando sus aventuras, que incluían anécdotas como, por ejemplo, el látigo (para ahuyentar animales peligrosos) y el revólver (para defenderse de los ladrones) de los que nunca se desprendían, pues solían dormir a la intemperie allí donde les encontraba la noche. En esos libros Fanny denunció también las pésimas condiciones de vida en las que vivían muchas mujeres en distintas partes del mundo. Su propia experiencia servía igualmente de escaparate reivindicativo de la capacidad de la mujer para emprender cualquier empresa que se propusiera.

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Durante un recorrido en bicicleta por la India recibieron de nuevo la llamada de la montaña. En el Himalaya Occidental practicaron escalada de altura ascendiendo al temible Karakoram, pese a todas las dificultades que se encontraron con los porteadores y suministradores locales, con quienes chocaban a menudo a causa de su practicidad estadounidense, su intransigencia occidental y su impaciencia por emprender nuevos retos cuanto antes. Pero ya nunca se desprenderían de la afición al montañismo.

Habíamos respirado la atmósfera de ese gran mundo montañoso, habíamos bebido de las turbulentas aguas de sus glaciares y nos habíamos deleitado con la belleza incomparable y la majestuosidad de sus imponentes cumbres, y, a medida que pasaba el tiempo, sus encantos reafirmaban su poder y nos llamaba con tensiones irresistibles para regresar una vez más a esas regiones, cuya grandeza satisface plenamente el sentido de lo bello y lo sublime.

William y Fanny Workman, The Call of the Snowy Hispar

Fanny fue una de las primeras mujeres en coronar el Mont Blanc (en 1891), el Jungfrau y el Matterhorn y, junto a su esposo, volvió regularmente al Himalaya, donde realizaron ascensiones y exploraciones en toda la zona a lo largo de más de 14 años (entre 1898 y 1912). Por ejemplo, dieron su nombre y el de su fallecido hijo a sendos montes inexplorados, Bullock Workman (5.930 mt) y Siegfriedhorn (de 5.700 mt).

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Uno de los mayores logros montañeros de Fanny fue la ascensión al Pinnacle Peak (de 6.930 mt.), estableciendo un récord de altitud femenino en su tiempo (otros dos fueron el Koser Gunge, de 6.400 mt, y un pico del Pyramid Peak, de 6.878 mt). También se dedicó a explorar, junto a su esposo, algunos glaciares casi desconocidos del Himalaya, como el Chogo Lungma, el Hoh Lumba, el Hispar, el Biafo (de 60 km de largo, estableciendo un nuevo récord al ser la primera mujer en atravesar un glaciar de ese tamaño) y en 1912 el gran Glaciar Siachen, de 72 km, en esos momentos el glaciar subpolar más ancho, más largo, el menos accesible y el menos explorado del mundo, estableciendo otro récord femenino. Es aquí, en una meseta de unos 6.400 mt., donde Fanny, que había organizado y dirigido toda la expedición, se haría tomar por su esposo una fotografía icónica sujetando un periódico donde podía leerse “Votos para las mujeres”.

El objetivo de colocar mi nombre completo en relación con la expedición [Glaciar Siachen]… no es porque quiera empujarme de ninguna manera, sino únicamente que en los logros de las mujeres, ahora y en el futuro, deberían ser conocidas por ellos y declarar en forma impresa que una mujer fue la iniciadora y líder especial de esta expedición. Cuando, más tarde, la mujer ocupe su posición reconocida como trabajadora individual en todos los campos, así como en los de exploración, no se necesitará tal énfasis en su trabajo; pero ese día no ha llegado por completo, y en este momento corresponde a las mujeres, en beneficio de su sexo, dejar constancia de lo que hacen, al menos, en el registro.

Fanny Workman, Two Summers in the Ice-Wilds of Eastern Karakoram

Fanny Workman fue la primera mujer estadounidense que ofreció una conferencia científica en la Universidad de la Sorbona de París y la segunda en ser miembro de la Royal Geographical Society británica (la primera fue la naturalista y viajera inglesa Isabella Bird Bishop, en mayo de 1897). De vuelta a los EE. UU. el matrimonio Workman se dedicó a dar conferencias sobre su experiencia viajera y alpinista. Fanny, que había sido admitida como miembro de varios clubes alpinistas del mundo (como el American Alpine Club, Royal Asiatic Society, Club Alpino Italiano, Deutscher und Österreichischer Alpenverein y Club Alpin Français), fue reconocida como una gran escaladora y una de las figuras más importantes del alpinismo femenino de su época, junto a la conocida Annie Smith Peck (1850-1935) o la escocesa Lucy Smith, fundadora del Ladies Alpine Club en 1907.

Fanny Workman murió en 1925 en Cannes (Francia). Su fortuna sirvió para financiar varias becas, una de ellas para estudiantes de doctorado de Arqueología e Historia del Arte en una universidad de Pensilvania que aún hoy sigue vigente.

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