REPUBLIQUETAS…

REPUBLIQUETAS…

Cartel de la obra teatral escrita por Francisco Civit y Francisco Yeannoteguy, sobre las Republiquetas argentinas de 1816.

Preparando un artículo que saldrá enseguida sobre Repúblicas que ya no existen, me topé con el término “Republiquetas”, y no se trataba de un término despectivo, no… bueno, no, pero si… Me explicaré.

Se denominan Republiquetas a aquellos territorios, generalmente rurales, que fueron precariamente organizados en forma de República irregular por grupos guerrilleros y sometidos a una muy escasa o nula organización política o institucional, que surgieron entre 1811 y 1825 en el marco de las independencias sudamericanas, más exactamente, en la Real Audiencia de Charcas (Alto Perú), actual Bolivia. Hoy sí que se utiliza la palabra “republiqueta” con ciertas connotaciones despectivas para referirse a formaciones guerrillero-político-revolucionarias inestables, especialmente en los países de Centroamérica y del Caribe.

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No es exactamente lo mismo que una República Bananera, pero casi. Por cierto que este término, que fue acuñado por el afamado periodista humorístico y escritor de relatos cortos O. Henry (William Sydney Porter, 1862-1910), en su libro “Cabbages and Kings” (1904), para referirse a la dictadura servil de Honduras, país al que llegó refugiándose de una acusación de malversación de fondos, se extendió rápidamente para definir a “un país que es considerado políticamente inestable, empobrecido, atrasado y corrupto, cuya economía depende de unos pocos productos de escaso valor agregado (simbolizados por las bananas), gobernado por un dictador o una junta militar (muchas veces formando gobiernos forzosos o fraudulentamente legitimados, de ahí la impresión de equiparar “república” con “dictadura”), sometido a la hegemonía de una empresa extranjera (en este caso era Guatemala el mejor ejemplo), bien sea mediante sobornos a los gobernantes o mediante el ejercicio del poder financiero.”​ Con este término se acabó calificando a buena parte de las repúblicas centro-sudamericanas desde finales del siglo XIX hasta la década de 1970 y, posteriormente, a cualquier país en cualquier parte del mundo que hiciera de la inestabilidad política, la corrupción, el soborno y los golpes de Estado, su modus operandi habitual.

Pero las Republiquetas fueron otra cosa. En los primeros veintitantos años del siglo XIX se constituyeron en América Latina varias de ellas al amparo de los sucesivos “gritos” de libertad y secesiones de independencia de los territorios hispanos en el subcontinente. De hecho, fue Bartolomé Mitre  (1821-1906), historiador y primer presidente de la Nación Argentina entre 1862 y 1868, quien dio el nombre de Republiquetas a las insurgencias del Alto Perú  (Chiquitos, Santa Cruz, Tarija, Ayoupaya, Chayanta, Mizque, Santa Cruz de la Sierra, Cintis, Pomobamba, Muñecas…) sin que tuviera ninguna connotación despectiva (Mitre, B. Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina (1887), Cap. “Las Republiquetas”).

La llamada “Guerra de las Republiquetas” engloba una serie de enfrentamientos sucedidos en el Alto Perú durante un periodo que abarca, aproximadamente, desde 1813 hasta 1825, entre campesinos e indígenas liderados por un caudillo carismático, por un lado, y tropas realistas por otro. Fueron guerras desiguales en las que los realistas acababan pronto con unas tropillas, si bien numerosas, mal armadas y, con frecuencia, desorganizadas, que esperaban una ayuda de Buenos Aires que rara vez llegaba. No obstante, los realistas sufrieron muchas bajas en esas refriegas y, muchas veces, con escaso rendimiento efectivo, pues cuando un grupo guerrillero era desmantelado, enseguida aparecía otro en la zona.

Es ésta una de las guerras más extraordinarias por su genialidad, la más trágica por sus sangrientas represalias y la más heroica por sus sacrificios oscuros y deliberados. Lo lejano y aislado del teatro en que tuvo lugar, la multiplicidad de incidentes y situaciones que se suceden en ella, fuera del círculo del horizonte histórico, la humildad de sus caudillos, de sus combatientes y de sus mártires, han ocultado por mucho tiempo su verdadera grandeza, impidiendo apreciar con perfecto conocimiento de causa, su influencia militar y su alcance político.” (Bartolome Mitre) 

Quizá la más exitosa de esas Republiquetas formadas en el Alto Perú fue la Republiqueta de Ayopaya, dirigida por José Miguel Lanza, que en 1817 dominaba un territorio de 1400 km2 organizado como una República. Hacia 1825 parece que contaba con unos 500 combatientes, que se dieron así mismos el nombre de “División de los Aguerridos”, y unos 2.000 indios. Otra de las más famosas fue la Republiqueta de La Laguna que estuvo comandada por Manuel Ascensio Padilla y su esposa, la conocida Juana Azurduy (1780-1862), dominando el norte de Chuquisaca. Llegó a contar con 200 soldados y unos 4.000 indios (en un momento puntual juntaron hasta 10.000 indios para ponerse al servicio de Manuel Belgrano). El matrimonio Padilla-Azurduy sometió a su dirección a tropillas más pequeñas instalando su cuartel general en la localidad de La Laguna (hoy llamada Padilla en su honor), pero a la muerte de Padilla el 14 de septiembre de 1816, su grupo se desmembró en varias partidas.

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Juana había organizado ella sola varios grupos de guerrilleros, como el Batallón de Leales o el Batallón de Húsares, y combatió en primera línea junto a su marido y sus hombres. Por su valor en la batalla, Belgrano le concedió el grado de teniente coronel. Con su partida desmantelada Juana se unió a la Republiqueta de Tarija liderada por Francisco Uriondo, quien llegó a contar con casi un millar de guerrilleros. Más tarde, Juana se vinculó sentimentalmente a Martín Miguel de Güemes  (1785-1821), quien combatía junto a su hermana, llamada “Macacha” Guemes (1776-1866)  en la provincia de Salta, durante la Guerra Gaucha. Pero cuando Matín muere en 1821 Juana se apartó de la lucha y quedó desamparada. Falleció el  25 de mayo de 1862 casi en la indigencia. Entre los años 2009 y 2015 tanto Bolivia como Argentina reconocieron sus servicios a la independencia de ambas naciones y fue ascendida a mariscal del Ejército de Bolivia y generala del Ejército Argentino.

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Algunas de las otras Republiquetas formadas en este tiempo fueron: la Republiqueta de Larecaja, instalada en la región del lago Titicaca del Alto Perú (actual Bolivia) como un autodenominado “Batallón Sagrado” formado por 200 regulares y 3.000 indios, al mando del sacerdote católico Ildefonso Escolástico de las Muñecas (1776-1816), quien fue ejecutado tras su derrota en la batalla de Choquellusca el  18 de octubre de 1816 y la Republiqueta desmantelada;  la Republiqueta de Santa Cruz en torno a la ciudad de Santa Cruz de la Sierra (actual Bolivia), la de mayor tamaño y duración, que estuvo comandada por el coronel Ignacio Warnes (entre 1813 y 1816) y después, y hasta 1825, por José Manuel Mercado (1782-1842), el colorao, llegando a contar con unos 1.000 regulares​ y 2.000 indígenas; la  Republiqueta de Vallegrande que actuaba en la ruta Cochabamba-Chuquisaca-Santa Cruz de la Sierra, al mando de Juan Antonio Álvarez de Arenales, quien era, además, el jefe principal de todas las Republiquetas de la zona y llegó a contar con 1.000 regulares y 3.000 indios armados con lanzas, hondas, palos y arcos, además de 13 cañones;  ​la Republiqueta de Cinti, en la ciudad del mismo nombre, que estuvo bajo las órdenes del famoso guerrillero José Vicente Camargo (1785-1816), herido y capturado en Arpaya por el coronel Centeno en abril de 1816, quien mandó su ejecución a degüello el mismo día; o la Republiqueta de Porco y Chayanta, dirigidas respectivamente por Miguel Betanzos y José Ignacio de Zárate, quienes dirigieron su tropilla de forma muy irregular y cometiendo abusos y asesinatos con sus 3.000 a 4.000 indios, con los que también conquistaron Potosí el 26 de abril de 1815, con el resultado de la muerte de Betanzos en combate.

La historia de las emancipaciones americanas es inmensa y en ella se entrecruzan acciones que tuvieron lugar en territorios que hoy son países diferentes y llevadas a cabo por personajes de muy diversa procedencia. Lo que caracterizaron a estas Republiquetas es su organización irregular y su establecimiento casi político en un territorio que tan pronto dominaban como perdían a manos de las tropas españolas. Otra de las características de estos grupos es la adhesión de muchos indios que habían estado siendo empelados como mano de obra semi-esclava en las plantaciones y minas de los adelantados españoles y criollos. Pero una vez establecido el gobierno de un territorio,  y sobre todo, una vez proclamada la independencia del territorio del Río de la Plata (futura República Argentina) hacia 1825,  también se opusieron a someterse a la voluntad del nuevo estado, lo que llevó a una historia de enfrentamientos entre indígenas y los nuevos gobiernos independientes.

Para terminar con este repaso a las Republiquetas, tenemos que hablar de otro término con el que a veces se equipara y a veces se diferencia, las “Montoneras” (no confundir con los “montoneros” peronistas del siglo XX que no tenían nada que ver con estos). Se denomina Montoneras a las formaciones civiles, pero con carácter militar irregular (de ahí el apodo: “montones” de hombres desorganizados que se agrupaban en los “montes” de un entorno rural, y que luchaban a caballo, es decir, “montados”) y frecuentemente locales, que seguían a un caudillo autonombrado y que lucharon en los procesos de las independencias americanas frente a España durante el siglo XIX. También hay quien ha querido ver en estos grupos una similitud con las guerrillas que se hicieron numerosas durante la Guerra de la Independencia española (1808-1814), aunque a decir verdad se diferenciaban en algunos aspectos, por ejemplo, en su deseo de formar tropas regulares (auxiliares) para la causa independentista, cosa que lograban a veces (y se convertían en milicias regulares rurales al servicio del gobierno provisional) y otras se alejaban de ese plan y se convertían en una especie de azote del gobierno provisional establecido actuando, por lo tanto, fuera de la ley, tanto de la provincial, como de la real española.

Otra de sus características, su organización jerárquica militar, lo era en su mayoría, porque, por ejemplo, las Montoneras de Blas Basualdo (1790-1815) que actuaban en las provincias de Entre Ríos y Corrientes entre 1813 y 1815, se distinguían, precisamente, por su indisciplina y la eventualidad de sus acciones. Sin embargo, las disciplinadas Montoneras de  Martín Miguel de Güemes, fueron muy valiosas durante la Guerra Gaucha. En Bolivia (Alto Perú) se conocen los Montoneros de Eustaquio “Moto” Méndez, un pequeño hacendado local al que le faltaba un brazo y cuya imagen se hizo muy popular después de unirse a la guerrilla de Güemes en la Batalla de Suipacha y durante la Guerra Gaucha. Organizó su propia cuadrilla alrededor de 1812 hostigando a las tropas realistas de Tarija que nunca pudieron dar la región por pacificada. También participó en la Batalla de Sipe-Sipe en 1816, pero a partir de aquí fue más eficazmente perseguido y detenido en alguna ocasión.

“Caballerías Montoneras a mediados del siglo XIX” (1973), de Carlos Morel

También se llamaron Montoneras a algunos grupos rebeldes más tardíos que operaron en otros lugares de Sudamérica, como en Perú, donde lucharon contra la ocupación chilena durante la Guerra del Pacífico (entre 1879 y 1893); o en Ecuador, donde llegaron a formar parte de las fuerzas militares del Partido Liberal de Eloy Alfaro (1842-1912) con las que pudo liderar la Revolución Liberal Ecuatoriana de 1895 y efectuar los golpes de estado que le llevaron a la presidencia del país en dos ocasiones entre 1897 y 1911; o en Venezuela, donde grupos montoneros se enfrentaban continuamente con caudillos hacendados (todos ellos habían participado de las guerras del libertador Simón Bolívar), durante toda la segunda mitad del siglo, hasta que la Revolución Liberal Restauradora de 1899 emprendida desde Colombia por Cipriano Castro  (1858-1924), termina con este estado de cosas convirtiéndose en Jefe de Estado (1899) y primer Presidente constitucional de Venezuela (1901-1908) tras su triunfo en una guerra civil en la que es de suponer que los montoneros tuvieron mucho que ver, pues acabó con el caudillismo imperante.

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Con el tiempo, y al igual que la palabra “Republiquetas”, también el término “Montonera” ha sido reutilizado con carácter peyorativo y se ha llegado a utilizar con una cierta consideración federalista provincial frente al centralismo de Buenos Aires. Hoy, cualquier país puede ser considerado una Republiqueta por otro con el que mantenga cualquier tipo de desavenencia…

AlmaLeonor_LP