EL MIEDO. UN MOTOR DE LA HISTORIA

EL MIEDO. UN MOTOR DE LA HISTORIA

Imagen: Guido Sileoni

El miedo, como fenómeno compartido por los integrantes de un grupo social determinado, ha sido desde siempre una de las grandes motivaciones del comportamiento de los seres humanos, tanto considerados en su escala individual como en el plano colectivo. Quizá al mismo nivel y competencia que otros sentimientos humanos también predicables de forma comunitaria y capaces de mover a la acción a masas de individuos: el odio, la filantropía, la esperanza o la frustración. De hecho, la Historia, entendida como el registro de la evolución de las diversas formas de sociedades humanas, es prodiga en ejemplos demostrativos. Sin ir más atrás en el tiempo, Jean Delumeau, en una obra histórica canónica (El Miedo en Occidente), nos reveló en su momento el inmenso protagonismo de ese fenómeno entre el siglo XIV (la centuria de la peste) y el XVIII (los últimos estertores de las guerras de religión y de la caza de brujas). G. Lefevre nos informó igualmente en El Gran Miedo, de la crucial importancia que tuvo el temor a una supuesta conjura aristocrática en la radicalización de las masas campesinas durante la Revolución francesa en el verano de 1.789. Y mucho más recientemente, a la hora de explicar la brutalidad sanguinaria de la Guerra Civil española de 1.936-1.939, el propio Manuel Azaña recordaba antes de su muerte que la contienda había tenido su origen en “el odio y el miedo” a partes iguales: “Una parte del país odiaba a la otra, y la temía”. Lamentablemente, nada hace prever que ese protagonismo histórico del miedo como fenómeno social vaya a decrecer en los próximos años y decenios. Quizá más bien todo lo contrario.

Enrique Moradiellos
“Un motor de la Historia” (El Cultural, 30-11-2006)