WHEELCHAIRS EN LA HISTORIA

WHEELCHAIRS EN LA HISTORIA

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Alex Høgh Andersen, actor que interpreta a “Ivar el deshuesado” en la serie de TV “Vikings” (2013-2017)

Ahora que ya hemos visto algunas sillas de ruedas del cine o la televisión, es hora de abordar aquellas que sabemos se utilizaron a lo largo de la historia, pero para ser justos, conocemos las que utilizaron personajes famosos o eminentes de la historia, porque de los miles de personas anónimas que la han podido utilizar en uno u otro momento, pocos datos tenemos. Bueno, alguno sí, enseguida los conoceremos. Pero antes, un desmentido, o desmentido a medias, porque no se sabe con seguridad…

Ivar Ragnarsson (787-873), uno de los hijos del temible Ragnar Lodbrok, y que también comandó un ejército vikingo, como sus hermanos Halfdan y Ubbe, era conocido como Ivar el Deshuesado y tradicionalmente se le ha tenido como un inválido que necesitó ser transportado en volandas  sobre su escudo toda su vida (no se dice nunca que fuese en silla de ruedas y en la serie de TV utiliza un carruaje especial). Pero no esta tan claro. Inn Beinlausi, era un apelativo usado en las sagas vikingas que significa “deshuesado”, si, incluso en el poema Háttalykill inn forni, se le describe como un ser sin un solo hueso, pero no es seguro que fuese así. Algunos investigadores aceptan literalmente su apodo como el de un caudillo, al menos, cojo y extendiéndose un poco más, con una enfermedad que se ha llegado a identificar como “osteogénesis imperfecta” (conocida como «huesos de cristal»). Pero esto es muy improbable, afirma la mayoría, dado el tipo de sociedad en la que vivía, una sociedad que practicaba el infanticidio si se observaban taras físicas, y más en el descendiente de un líder. Para la mayor parte de los historiadores especialistas en el tema no es un término que deba tomarse literalmente, sino como una expresión, tal vez de impotencia sexual (la serie “Vikings” se encargó de desmentirlo explícitamente), tal vez de todo lo contrario, de poseer unas dotes físicas impresionantes que le permitían moverse con gran flexibilidad, como una serpiente, o como un berserker, un guerrero nórdico muy temido, fiero hasta el extremo y que, al parecer, consumía algún tipo de brebaje que le producía un perfil psicótico y le hacía insensible al dolor (casi). Lo cierto es que Ivar el deshuesado no es un personaje al que se debería incluir en una relación de los que si utilizaron sillas de ruedas en algún momento de la historia pero, curiosamente, he decidido que encabece esta. Vamos con los demás.

El hombre de la Chapelle-aux-Saints, en un relieve de la fachada del Instituto de Paleontología Humana de París, obra de 1911 de Constant Ambroise Roux.

A lo largo de la historia no se ha tratado bien a aquellos seres humanos que nacieron o desarrollaron (ya fuese por accidente o enfermedad) la necesidad de ser transportados a hombros, o en un aparato adaptado, o en una silla de ruedas. Como se ha dicho antes, frecuentemente estas personas eran rechazadas y hasta eliminadas desde la infancia. Hay alguna notable excepción desde, incluso, la prehistoria. Por ejemplo, contaba yo en un artículo al respecto en Anatomía de la Historia, el caso de un neanderthal (con una antigüedad de unos 60.000 años) que presentaba varias lesiones graves que le convirtieron prácticamente en inválido. Se trata del ejemplar conocido como el “Viejo de la Chapelle-aux-Saints”, descubierto en 1908 y estudiado por el paleoantropólogo de la Universidad de Washington, y uno de los mayores expertos en neandertales, Erick Trinkaus. Hay más ejemplos, como el espécimen de Shanidar 1 (de hace unos 80.000 años), que presentaba mayores lesiones (aplastamiento de la mitad del cuerpo) y también un caso en España, en el yacimiento de Atapuerca, los restos de un heidelbergensis (de medio millón de años) apodado “el Viejo de la Sima de los Huesos”, descubierto en 1994, que pese a sufrir una pronunciada curvatura de la espalda (cifosis lumbar degenerativa) y una desviación de la columna respecto al sacro (espondilolistesis moderada), había llegado a la ancianidad: superaba los 45 años, como unos 80 años actuales. Todos ellos tuvieron que necesitar ayuda solidaria y altruista de sus congéneres para sobrevivir y, muy posiblemente, ser trasladados en brazos o en volandas por otros miembros del grupo.  

Un poco más adelante se conocen algunas vasijas del periodo Neolítico con pinturas de personas donde se pueden apreciar ciertas incapacidades como escoliosis, acondroplasia o amputaciones de miembros. Hacia el siglo VI a.C. sabemos ya de la existencia de sillas con ruedas, o más bien una especie de camilla rodante, por una representación en una vasija griega. También se sabe que en China, desde el siglo V a.C., ya se utilizaban versiones rudimentales de sillas de ruedas, incluso, se conoce un dibujo donde Confucio en silla de ruedas conversa con un niño (“Xiao er lun“).  Y un alto personaje chino ya en el siglo II d.C. utilizaba una silla de ruedas. Se trata del general Zhuge Liang (181-234), de la dinastía Qing, escritor, ingeniero e inventor, que falleció a la edad de 54 años, después de haber contribuido militarmente en muchas campañas a la fundación del reino de Shu. Estos casos chinos no necesariamente se refieren a personas con problemas de movilidad, sino que, más probablemente, fuesen transportados en sillas de ruedas por su ancianidad o estatus.

Y en el antiguo Egipto, una de las sociedades más estrictas en cuanto a la apariencia personal y que también practicaba el infanticidio y abandono de niños con algún tipo de problema físico, se conocen, sin embargo, algunas representaciones  que muestran gentes con estas minusvalías, como la de un sumo sacerdote (del 1400 a.C.) con bastón y una pierna que parece afectada de poliomelitis.  Sin duda, necesitaría de una asistencia mayor que la de un bastón en algunos desplazamientos.

“La curación del paralítico” (1668) Bartolomé Esteban Murillo.

La llegada de las religiones monoteístas no cambió este panorama cuasi-solidario y si, por un lado, se proclama el amor al prójimo en todas sus circunstancias, por otro, ya desde el judaísmo se aprecia una cierta animadversión hacia las personas con algún defecto, como si fuese un “pecado” no redimido. En el Levítico (21: 17-21) podemos leer: “si alguno de tus descendientes tiene algún defecto físico, no podrá acercarse a mi altar para presentarme las ofrendas que se quemen en mi honor.” Los sacerdotes judíos debían mantener un determinado aspecto y no padecer daño físico alguno: ni ciegos, bizcos, cojos, mancos, jorobados, enanos o deformes, con enfermedades en la piel o, curiosamente, tampoco los que tuviesen los testículos aplastados (¿un eufemismo para la impotencia?). Sin embargo, en el Nuevo Testamento se presta algo más de atención a este colectivo y en él se puede encontrar como Jesús llega a curar a un hombre paralítico que le es presentado en una camilla, lo que podríamos entender como una silla de ruedas de la antigüedad: “levántate, toma tu camilla y vete a tu casa. El hombre se levantó y se fue a su casa” (Mateo 9: 2-7).

Miniaturas medievales sobre el Rey Tullido y Perceval llegando a su castillo.

La Edad Media acentuó el oscurantismo hacia la discapacidad. Item más… también hacia cualquier diferencia del canon establecido por la Iglesia, llegando a calificar de brujas y herejes a toda aquella o aquel que se interesara por una explicación no religiosa de cualquier fenómeno. Pero hacia los siglos XII-XIII, en pleno medioevo, la leyenda del Grial trae a cuento un curioso personaje, el Rey Pescador, también llamado “El rey tullido”, un regidor herido en el muslo (o en la ingle, o en los testículos ¿aplastados, como decía el Levítico?), incapaz de moverse por sí mismo, impotente (curiosa similitud con Ivar el deshuesado), como si fuese el anuncio de un reino acabado, infértil. El rey cojo representa a un hombre que necesita redención y que en los relatos artúricos se muestra como el último (algunos hablan de un padre y un hijo que viven en un castillo y solo el primero está impedido) de una estirpe de protectores del Santo Grial.

A partir de aquí las cosas ya fueron mejorando poco a poco (muy poco a poco) para todas aquellas personas que necesitaron una silla de ruedas para poder desplazarse. Pero un elemento como una silla de ruedas solo podría ser privilegio de poderosos. Por ejemplo, el rey Felipe II de España, quien sufría una severa inmovilización a causa de la gota y la artrosis, y para quien se creó en 1595 la que se tiene por la primera silla de ruedas destinada especialmente a ese propósito. Se trataba de un cómodo sillón al que se le aplicaron ruedas en las patas y debía ser empujado por un asistente.

Algo más de medio siglo después, en 1665, un relojero de Nuremberg, Stephan Farffler (1633-1689), va a necesitar utilizar una silla de ruedas (no se sabe bien si por una paraplejia o porque perdió sus piernas) y él mismo se construye la que se tiene por la primera silla de ruedas autopropulsada. Se trataba de una mezcla entre sillón y triciclo que se impulsaba con una manivela que se accionaba con la mano. Este artefacto se tiene también por el primer triciclo de la historia.

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Durante los siglos XVIII y XIX la salud va a ser la protagonista de las sillas de ruedas que se desarrollan, sobre todo las destinadas a los balnearios, para todo tipo de públicos, no solo aquellos que tuviesen una necesidad física de utilizarlas. Y también va a hacer estragos la poliomielitis, sobre todo en la infancia…

La tragedia de la Gran Guerra vino a sumar una nueva batería de problemáticas con las que las naciones europeas se tuvieron que enfrentar una vez terminado el conflicto: la enorme cantidad de mutilados de guerra que volvieron a casa. El desarrollo de las sillas de ruedas vino así a paliar en lo posible estas necesidades. Como ya adelanté en el artículo anterior, la Segunda Guerra Mundial, y sobre todo la Guerra de Vietnam, también se cobraron su tributo de soldados y civiles con trágicas mutilaciones que les obligaron a utilizar sillas de ruedas.

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Una de las consecuencias de estas necesidades postbélicas fue el desarrollo del deporte paralímpico, ya hablé de ello en otro artículo de HELICON. El impulsor fue Sir Ludwig Guttmann (1899-1980), médico judío quien, tras huir de Alemania, se instala en Londres donde ejerce como neurólogo en  el Hospital de Stoke Mandeville (Buckinghamshire). Es aquí donde se organiza el primer evento deportivo para personas con discapacidad (la mayoría con lesión medular que necesitaban sillas de ruedas, más tarde se incorporarán mutilados de guerra), el 29 de julio de 1948, coincidiendo con los Juegos Olímpicos de Londres de ese año.

Sin embargo, el mayor adelanto en cuanto al diseño de estos aparatos había llegado unos diez años antes y por una causa no bélica: un accidente minero. En 1918 un ingeniero norteamericano, Herbert Everest, quedó inválido a causa de un accidente en una mina. Durante años utilizó las sillas de ruedas de las que disponía el mercado, nada prácticas para ser usadas por uno mismo y necesitadas de empuje por una segunda persona en la mayoría de los casos. Otro ingeniero amigo, Harry C. Jennings, recogió sus quejas y entre los dos crearon la que se tiene por la silla de ruedas de la que deriva todas las que conocemos en la actualidad. Aunque trabajaron en ella desde 1933, el modelo no fue patentado hasta 1937 y montaron una empresa, Everest & Jennings, que tras la Segunda Guerra Mundial se convirtió en un auténtico monopolio, pues eran quienes proporcionaban todas las sillas de ruedas que el país necesitó. Suyas fueron las sillas que utilizaron personajes como Alvin Cullum York (1887-1964), llamado coloquialmente el Sargento York (conocido en el cine por la película homónima de 1941, dirigida por Howard Hawks y protagonizada por Gary Cooper), uno de los soldados del ejército de los EE.UU. más condecorados de la Primera Guerra Mundial y que la necesitó hacia el final de su vida por sus muchos problemas de salud. También la que usó Winston Churchill  (1874–1965) , ya de muy mayor, y la que utilizó toda su vida Franklin Delano Roosevelt de quien hablaré en un momento.

Quizá el personaje más emblemático en utilizar una silla de ruedas de Everest & Jennings, y eléctrica, además, fue Ed Roberts (1939-1995), tetrapléjico tras contraer la polio a los 14 años, que se convirtió en uno de los activistas pro derechos de los discapacitados con mayor proyección en los USA. Fue el primer estudiante en una silla de ruedas que asistió a la universidad, concretamente a Berkeley en California. Fundó un grupo muy implicado en protestas y reivindicaciones para gente con discapacidad llamado  “Rolling Quads”, dando así un salto cualitativo al introducir el tema en la política. Su coraje produjo muchos éxitos, entre ellos la creación del Programa de Estudiantes con Discapacidades Físicas (PDSP), que proporcionaba servicios como la asistencia a los estudiantes en clase y reparación de sillas de ruedas a los miembros de la Universidad. Más tarde surgirá el Centro para la Vida Independiente (CIL) de Berkeley, el primer servicio de vida independiente y programa de defensa dirigido por y para personas con discapacidades. En 1976 es nombrado director del Departamento de Rehabilitación Vocacional de California por el gobernador Jerry Brown, lo que resulta curioso pues esta agencia le había etiquetado en el pasado como “incapacitado para trabajar”. Sirvió en ese puesto hasta 1983 cuando regresa a Berkeley y funda el Instituto Mundial de Discapacidad. Ed Roberts murió el 14 de marzo de 1995, a la edad de 56 años de un paro cardíaco.

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Hay algunos personajes de la historia a los que casi que identificamos ya con una silla de ruedas. Algunos, por tener un problema desde su nacimiento, como fue el caso de la poetisa y escritora mexicana Gabriela Brimmer (1947-2000), una gran activista por los derechos de las personas con discapacidad, que llegó a fundar la Asociación por los Derechos de las Personas con Alteraciones Motoras (ADEPAM). ​Gabriela nació con una parálisis cerebral tetrapléjica grave, de origen perinatal, que le impedía cualquier expresión o movimiento excepto en su pie izquierdo y es con el dedo gordo de su pie con el que marcaba las teclas en una máquina de escribir. Y otros, porque necesitaron silla de ruedas por un accidente, como le ocurrió a la gran actriz Sarah Bernhardt (1844-1923), quien tras una fatídica caída de niña las complicaciones que padeció toda su vida se acentuaron en 1914 y tuvieron que amputarle una pierna. Visitó el frente francés durante la Primera Guerra Mundial en silla de ruedas, y con ella actuó el resto de su vida. Falleció el 26 de marzo de 1923 y su funeral fue multitudinario: más de cien mil personas acudieron.

También Frida Khalo (1907-1954), que no necesita más presentación, necesitó utilizar una silla de ruedas, y no por la poliomelitis que le diagnosticaron en 1913, sino por un rosario de enfermedades, operaciones y accidentes que padeció toda su vida, el más grave ocurrido el 17 de septiembre de 1925, cuando un tranvía arrolló el autobús en el que viajaba. El accidente fracturó su columna en tres partes, además de otras muchas lesiones y fracturas en las costillas, la clavícula y las extremidades inferiores (su pierna derecha se rompió en once partes). Fue sometida a más operaciones (un total de 32 en toda su vida) y sufrió dolores fortísimos desde entonces. Su vida transcurrió entre la silla de ruedas y la cama de su hogar, reflejando todo su dolor y sufrimiento en sus pinturas.

Memorial a Franklin Delano Roosevelt en Washington.

Por ejemplo, también identificamos enseguida junto a una silla de ruedas, al presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt (1882-1945), y eso que no le gustaba nada mostrarse sentado en ella. Primo en quinto grado del que es reconocido como uno de los mejores presidente de los EE.UU., Theodore Roosevelt (1858-1919), no le anduvo a la zaga, ya que es el único de toda la historia del país en haber sido reelegido en cuatro ocasiones (1932, 1936, 1940 y 1944) y, por lo tanto, el que mayor tiempo lo dirigió: 12 años (hubiesen sido más de no haber fallecido antes). Roosevelt, que era gobernador del Estado de Nueva York, se ganó a los estadounidenses con la aplicación del programa político conocido como New Deal, sacando al país del estado de depresión causado por el Crack del 29. Con este respaldo consiguió ser presidente de los EE.UU. en 1932 ampliando el programa y consolidando la recuperación económica. Lidió con la Segunda Guerra Mundial, fue quien declaró la guerra a Japón y a Alemania, el impulsor de la Conferencia de Yalta, uno de los firmes apoyos del Desembarco de Normandía y firmó la puesta en marcha del Proyecto Manhattan que terminaría por elaborar las bombas atómicas que EE.UU. hizo estallar en Hiroshima y Nagasaki, aunque en puridad, la orden fue firmada por su sucesor, Harry S. Truman (1945-1945). Roosevelt no vio, por lo tanto, el final de la Segunda Guerra Mundial, fallecía el 12 de abril de 1945, mientras trabajaba en su despacho. Hablaba alemán y francés y, posiblemente, algo de español, pues tenía familia en Chile y vivió allí algún tiempo.

Prácticamente toda su carrera política la realiza en silla de ruedas, aunque procuró casi siempre ocultar su parálisis utilizando muletas para permanecer de pie, pero no podía andar. Le sobrevino cuando en 1921 enfermó de la terrible poliomielitis, una enfermedad muy extendida en los EE.UU. y que causaba estragos. Se trata de una infección viral de las fibras nerviosas de la columna vertebral que le produjo una parálisis total y permanente de cintura para abajo. Pudo recuperar las funciones de su abdomen, parte baja de la espalda, vejiga, intestinos y funciones sexuales (de hecho le fue infiel a su mujer, Eleanor, casi desde su matrimonio y hasta el fin de sus días, pues nunca se divorciaron), pero no sus piernas. Siempre afirmó que “estaba recuperándose” y procuraba no mostrarse en público en silla de ruedas.

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Otro político en silla de ruedas, este más actual y uno de los hombres más influyentes en la economía mundial (fue el ministro de Finanzas alemán desde 2009 a 2017 y firme apoyo de Ángela Merkel), es Wolfgang Schäuble (18 de septiembre de 1942). El 12 de octubre de 1990 fue víctima de un atentado cometido por un trastornado mental que le causó lesiones irreversibles teniendo que utilizar desde entonces silla de ruedas.

Pero sin duda, el más carismático y conocido personaje al que se le relaciona con una silla de ruedas es Stephen Hawking (1942-2018). Físico teórico, astrofísico, cosmólogo y uno de los hombres más inteligentes del planeta, era también un magnífico divulgador científico dotado de un gran sentido del humor. Le diagnosticaron ELA (esclerosis lateral amiotrófica) a los 21 años anunciándole que no le quedaban muchos más de vida. Falleció el año pasado, a los 76 años de edad, después de una vida fructífera que le ha llevado a ser reconocido como el hombre más inteligente del mundo. Su silla de ruedas era especial, la manejaba a través de leves movimientos de cabeza y ojos, y contenía un sintetizador de voz para poder comunicarse. La película La Teoría del Todo” (2014, James Marsh) con un inconmensurable Eddie Redmayne, ganador de un Óscar de la Academia por su interpretación, recrea la vida del gran Hawking.

Resultado de imagen de Aaron Fotheringham

Finalmente, en el mundo del deporte también se cuenta con personajes muy conocidos que utilizan silla de ruedas. Dejando a un lado el baloncesto en silla de ruedas, que tiene innumerables estrellas con un entusiasmo, deportividad y entrega más que notables, hoy, con una disfunción motora, es posible practicar cualquier deporte (prácticamente), como hemos podido ver en las numerosas ediciones de los Juegos Paralímpicos que se viene celebrando oficialmente desde los Juegos de Roma de 1960, aunque como hemos dicho, el antecedente primero se encuentra en los Juegos de Stoke Mandeville de 1948 en Londres. Aaron Fotheringham (8 de noviembre de 1991), por ejemplo, es un atleta extremo en silla de ruedas que realiza trucos adaptados de skate y BMX. Aaron nació con espina bífida y aunque usó muletas desde el principio, varias operaciones fallidas de cadera le obligaron a utilizar silla de ruedas desde los ocho años. Es uno de los skaters más conocidos del mundo.

Resultado de imagen de Alex Zanardi

Otro caso es el del accidente que obligó al piloto profesional de Formula-1 Alex Zinardi (23 de octubre de 1966) a utilizar una silla de ruedas. Fue el 15 de septiembre de 2001 en una carrera de CART en Lausitz (Alemania), por el que tuvieron que amputarle sus dos piernas. Pudo volver a la competición en 2004, con BMW en turismos y gran turismos, y en la especialidad de ciclismo de mano obtuvo la medalla de oro en los Juegos Paralímpicos de 2012 y en los juegos de Río 2016.

Y hasta aquí esta serie de dos artículos (el anterior, “Wheelchairs” se publicó en HELICON el pasado día 27 de junio y puede leerse pinchando aquí) relacionados con las sillas de ruedas, más que en las causas que obligan a utilizarlas.

AlmaLeonor_LP

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