LAMENTO DE ARIADNA

LAMENTO DE ARIADNA

Imagen: Marina Krasnitskaya

¿Quién me da calor, quién me ama todavía?
¡Dadme manos cálidas!
¡Dadme un anafre para el corazón!
Tendida, estremecida,
como una tenue mortecina a quien calientan los pies,
agitada ¡ay! por fiebres desconocidas,
temblando ante afiladas, gélidas flechas de hielo,
acosada por ti ¡pensamiento!
¡innombrable! ¡oculto! ¡atroz!
¡cazador tras las nubes!
Hundida por tu rayo,
ojo sarcástico que me mira en la penumbra.
Así yazgo,
me encojo, me retuerzo, atormentada
por todos los martirios perpetuos,
herida por ti,
el más cruel cazador,
tú desconocido —Dios…
¡Hiere más adentro!
¡hiere una vez más!
¡Desgarra, desgarra este corazón!
¿Qué es este martirio?

Friedrich Nietzsche
Ditirambos Dionisiacos

Nietzsche daba el nombre de Ariadna a Cósima Wagner.

CUENTO AZUL

CUENTO AZUL

Imagen: Million Shades of White

Los mercaderes procedentes de Europa estaban sentados en el puente, de cara a la mar azul, en la sombra color índigo de las velas remendadas de retazos grises. El sol cambiaba constantemente de lugar entre los cordajes y, con el balanceo del barco, parecía estar saltando como una pelota que rebotara por encima de una red de mallas muy abiertas. El navío tenía que virar continuamente para evitar los escollos; el piloto, atento a la maniobra, se acariciaba el mentón azulado…

Marguerite Yourcenar
El día Azul (30 de agosto de 2019).

EL GAVILÁN Y EL RUISEÑOR. JUSTICIA E INJUSTICIA

EL GAVILÁN Y EL RUISEÑOR. JUSTICIA E INJUSTICIA

Imagen: Gabriel Pacheco

Ahora contaré una fábula a los reyes, aunque también ellos sean sensatos. Ved cómo hablaba un gavilán a un ruiseñor de moteado cuello, al que llevaba bien alto, entre nubes, apresándolo en sus garras. Y él, traspasado por las corvas uñas, gemía lastimeramente; el gavilán con altivo tono le dijo estas palabras:

-Infeliz, ¿por qué chillas? Te tiene alguien mucho más fuerte que tú. Irás allí donde yo te lleve, por muy cantor que seas. Contigo haré mi cena, o te soltaré, según me plazca. ¡Insensato, el que pretende medir su fuerza con quienes son superiores a él! Privado se ve de la victoria, y a más de infamias, sufre dolores.

¡Perses! Tú escucha a la justicia, y no agrandes la insolencia. La insolencia es mala para el mísera mortal. Ni aun el procer puede fácilmente sufrirla, sino que es abrumado por ella cuando viene a caer en alocados trances. Senda que conduce al otro lado, en busca de lo justo, es más ventajosa. Justicia sobre Insolencia reina, cuando el fin de su curso alcanza: sufriendo el tonto aprende.

Deprisa corre Juramento, en pos de las torcidas sentencias. Y hay un clamoreo de Justicia, al ser arrastrada por doquiera la conduzcan los tragones de regalos, cuando dictan sus normas basándose en torcidas decisiones. Ella les sigue, llorando, por la ciudad y moradas de pueblos [vestida de bruma, portando ruina a los hombres] que la proscriben y no la administran en forma recta.

Mas quienes dictan para extranjeros e indígenas sentencias rectas, y en nada se apartan de lo justo, prospérales la ciudad, y sus gentes florecen en ella; por su tierra se extiende la Paz nodriza de mozos, y nunca a ellos asigna la dolorosa guerra el longitonante Zeus. Nunca a varones de recta justicia acompañan Hambre ni Aflicción, sino que en convites consumen la cosecha que con amor lograron. La tierra les procura rica subsistencia, y en los montes, la encina lleva, por la copa, bellotas; por el centro, abejas. Lanosas ovejas se vencen al peso de sus vellones. Engendran las mujeres hijos semejantes a sus progenitores. Se enriquecen con bienes sin tasa; no han de irse en las naves, pues el fruto lo da la fecunda gleba.

Pero aquellos que se ocupan de la Insolencia nefasta y de criminales obras, para esos tales reserva su Justicia el hijo de Crono, longitonante Zeus. A menudo la ciudad entera se ye privada de un vil rufián, aquel que peca y maquina maldades. Sobre ellos, desde el cielo, deja caer gran ruina el Cronión, Hambre y Morbo a la vez; van muriendo las gentes, las mujeres no conciben, se extinguen los hogares, por los designios de Zeus Olímpico. Y según las ocasiones, el Cronida les destruye vasto ejército o una muralla, o se cobra en el mar su vindicta con las naves de aquellos.

¡Reyes! Parad mientes, también vosotros, en esta Justicia. Cerca están, entre los hombres, los Inmortales: se fijan en aquellos que, con torcidas sentencias, entre sí se ultrajan, sin cuidarse del temor a los dioses. Tres veces diez mil, sobre la tierra nutricia son los Inmortales, por encargo de Zeus, custodios de los mortales hombres. Ellos vigilan las sentencias y criminales obras, vestidos de truma, visitando toda la tierra. Existe también una doncella, Justicia, hija de Zeus, gloriosa y augusta para los dioses que el Olimpo habitan. Y siempre que alguien la ofende empleando torcidos agravios, al puntó acude a sentarse a la vera de Zeus, su padre, el Cronión, y denuncia el intento de hombres injustos.

El pueblo termina pagando las locuras de los reyes que, urdiendo aflicciones, por senderos descarriados desvían sus sentencias, alegando tortuosas razones. Precaviendo estas cosas, enderezad vuestros juicios, ¡oh reyes tragones de obsequios!, y olvidaos totalmente de torcidas sentencias. El hombre que prepara males a otro, se los prepara a sí mismo; la intención funesta es, para quien la concibió, funestísima. Pues todo lo ve el ojo de Zeus, y todo lo sabe; también hasta aquí, sin duda, alcanza su mirada, si quiere, y no se le oculta qué clase de justicia es esta que la ciudad en su interior guarda.

Y ahora ¡ que no sea yo justo entre los hombres, ni mi hijo!, puesto que es malo ser varón justo, si el injusto ha de obtener mayor ventaja. Mas, tal final, no espero que lo cumpla Zeus previsor, ¡Perses! Tú pon estas palabras en tus mientes, y a la justicia escucha, mas olvídate por entero de la violencia. Este destino dispuso el Cronión para los hombres; que, peces, bestias y aves aladas se devoren unos a otros, pues no existe la justicia entre ellos. A los hombres, en cambio, les dio la justicia, que es con mucho la más excelente norma. Pues si uno se presta, con conocimiento, a dictaminar lo justo, a este concade ventura el longitonante Zeus. Quien, por el contrario, recurriendo a testimonios, premeditadamente jura en falso y miente, con lo que daña la justicia e incurre en extravío incurable…, de ese tal, quedará disminuida la descendencia de un porvenir; mientras, que la descendencia de un varón fiel al juramento será, en el futuro, superior.

Hesíodo
Los Trabajos y los días (700 a. C.).

EL AJEDREZ Y LAS MATEMÁTICAS

EL AJEDREZ Y LAS MATEMÁTICAS

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Imagen: Konrad Biro

En un reino al noroeste de la antigua India, había un poderoso rey, llamado Rai Bhalit, tan rico y rodeado de todos los placeres que de ninguno de ellos gozaba. Ordenó a uno de sus sirvientes, llamado Sissa, que creara un juego capaz de entretenerle. Pasado algún tiempo Sissa presentó a su señor un juego que emulaba la guerra y que se jugaba en un tablero con sesenta y cuatro casillas, alternativamente blandas y negras dispuestas en ocho filas y ocho columnas, al que llamó Ajedrez (Shakedrez, en honor a su hijo llamado Shahk).

El rey quedó tan encantado con su nuevo entretenimiento que le permitió escoger su recompensa. Sissa le dijo: —«Señor, soy hombre modesto, y me conformaría con que me paguéis un grano de trigo por el primer cuadrado, dos por el segundo, cuatro en el tercero, ocho en el cuarto, etc.». Es decir por cada cuadrado del tablero del Ajedrez el doble de granos de trigo que contenía el anterior, empezando por la primera casilla con un solo grano de trigo.

El rey, encantado por la modesta petición de Sissa accedió en seguida, pero su alegría pronto se trocaría en ira cuando ni los más sabios del reino eran capaces de calcular el número de granos de trigo que habría que entregarse a Sissa. Cuando le dieron la cifra se dio cuenta de que ni con todo el trigo de su país alcanzaría a pagar semejante suma y pensando que era una burla mandó matarle.

La cifra, realmente astronómica, es esta: 18.446.744.073.709.551.615, es decir, 2 elevado a 64 menos uno. O, también, estimando que en un kilogramo de trigo hay unos 20.000 granos, unas 922.337.203.685 toneladas métricas de trigo. La producción mundial de trigo de la cosecha del año 2017​, según la FAO, fue de 771.718.579 Toneladas métricas, lo que supone que para pagar hoy a Sissa su precio por el juego del Ajedrez, se le tendría que entregar la producción mundial de trigo de 1.195 años. Una acumulación de trigo que equivaldría a una montaña más grande que el monte Everest. Casi nada…

Fuentes: Wikipedia; La leyenda de Sissa.

 

RERUM RUSTICARUM

RERUM RUSTICARUM

Imagen: Bucráneo en una fuente. Pixabay

“¿Pero acaso no se conocen también, con nombres de animales, algunas regiones tanto en mar como en tierra, en el mar el que llamaron Mar Egeo por las cabras, cerca de Siria el monte Tauro, en la Sabina el monte Canterio y los Bósforos, uno el tracio, otro el cimerio? ¿No hay acaso muchos lugares en la tierra, como en Grecia la ciudad de Hippion Argos? Finalmente ¿no se llama Italia por las terneras, como escribe Pisón? Además, ¿quién dice que el pueblo romano no surgió de pastores? ¿Quién ignora que Fáustulo fue el pastor protector que crió a Rómulo y Remo? ¿No se mantendrá que ellos mismos también fueron pastores, por lo que prefirieron fundar Roma en las Parilias? ¿No se prueba lo mismo porque incluso ahora las multas se establecen, según la costumbre antigua, en bueyes y ovejas?; ¿porque la moneda de cobre fundida más antigua se marcó con una cabeza de ganado?; ¿porque, asimismo, cuando se fundó Roma, los muros y las puertas se delimitaron con un toro y una vaca y porqué, cuando el pueblo romano se purifica con suovitaurilias, se hace que un verraco, un carnero y un toro lo rodeen? ¿Porque tenemos muchos nombres con ambos tipos de ganado doméstico, mayor y menor: del menor, Porcio, Ovinio, Caprilio; del mayor Equitio, Taurio, Asinio? ¿Porque asimismo los apellidos demuestran lo dicho, como los de Annios Cabras, los Estatilios Toros, los Pomponios Terneros, como también otros muchos de animales domésticos?”

Marco Terencio Varrón (27 a.C.).

LA HISTORIA DESDE EL HELICON. LOS BOVIDAE

SÍNTOMA DE LOCURA

SÍNTOMA DE LOCURA

Imagen: Paul Bloomer

En una de las que serían sus últimas noches de libertad, Friedrich Nietzsche sale de su alojamiento en el número 20 de la calle Milano. Es enero en Turín, y hace frío. Aprieta el nudo de la bufanda en torno al cuello de su abrigo. Va a cruzar la calle cuando, ante él, un caballo se desploma. El cochero, impaciente, lacera a latigazos el lomo del animal, que no puede tirar de la carga. El filósofo corre hacia él, se abraza a su cuello y, llorando, le pide perdón en nombre de la humanidad.

La Historia considera este episodio como uno de los síntomas de su locura.

Chantal Maillard
La herida en la lengua” (2015) Ed. Tusquets.

AL SEÑOR LIBRERO

AL SEÑOR LIBRERO

Imagen: Consuelo Mura

Señor: le pido perdón; no hay ningún énfasis en los volúmenes que se le ofrecen. Si estuvieran escritor en estilo Salvandy se le pediría, por cada uno, cuatro mil francos.

No se emplean frases pomposas; jamás el etilo quema el papel; jamás se habla de cadáveres; las palabras horrible, sublime, horror, execrable, disolución de la sociedad, etc., no se emplean.

El autor tiene la fatuidad de no imitar a nadie, pero  si fuera necesario, para dar una idea de la obra, comparar su estilo con el de alguno de los escritores franceses, el autor diría:

He tratado de contar, no como los señores de Salvandy o de Marchangy, sino como Michel de Montaigne o el presidente De Brosses.

Henri Beyle “Stendhal” (1783-1842)
Vida de Napoleón” (1817-18)
Edición de la Colección Austral (1953)