EL GAVILÁN Y EL RUISEÑOR. JUSTICIA E INJUSTICIA

EL GAVILÁN Y EL RUISEÑOR. JUSTICIA E INJUSTICIA

Imagen: Gabriel Pacheco

Ahora contaré una fábula a los reyes, aunque también ellos sean sensatos. Ved cómo hablaba un gavilán a un ruiseñor de moteado cuello, al que llevaba bien alto, entre nubes, apresándolo en sus garras. Y él, traspasado por las corvas uñas, gemía lastimeramente; el gavilán con altivo tono le dijo estas palabras:

-Infeliz, ¿por qué chillas? Te tiene alguien mucho más fuerte que tú. Irás allí donde yo te lleve, por muy cantor que seas. Contigo haré mi cena, o te soltaré, según me plazca. ¡Insensato, el que pretende medir su fuerza con quienes son superiores a él! Privado se ve de la victoria, y a más de infamias, sufre dolores.

¡Perses! Tú escucha a la justicia, y no agrandes la insolencia. La insolencia es mala para el mísera mortal. Ni aun el procer puede fácilmente sufrirla, sino que es abrumado por ella cuando viene a caer en alocados trances. Senda que conduce al otro lado, en busca de lo justo, es más ventajosa. Justicia sobre Insolencia reina, cuando el fin de su curso alcanza: sufriendo el tonto aprende.

Deprisa corre Juramento, en pos de las torcidas sentencias. Y hay un clamoreo de Justicia, al ser arrastrada por doquiera la conduzcan los tragones de regalos, cuando dictan sus normas basándose en torcidas decisiones. Ella les sigue, llorando, por la ciudad y moradas de pueblos [vestida de bruma, portando ruina a los hombres] que la proscriben y no la administran en forma recta.

Mas quienes dictan para extranjeros e indígenas sentencias rectas, y en nada se apartan de lo justo, prospérales la ciudad, y sus gentes florecen en ella; por su tierra se extiende la Paz nodriza de mozos, y nunca a ellos asigna la dolorosa guerra el longitonante Zeus. Nunca a varones de recta justicia acompañan Hambre ni Aflicción, sino que en convites consumen la cosecha que con amor lograron. La tierra les procura rica subsistencia, y en los montes, la encina lleva, por la copa, bellotas; por el centro, abejas. Lanosas ovejas se vencen al peso de sus vellones. Engendran las mujeres hijos semejantes a sus progenitores. Se enriquecen con bienes sin tasa; no han de irse en las naves, pues el fruto lo da la fecunda gleba.

Pero aquellos que se ocupan de la Insolencia nefasta y de criminales obras, para esos tales reserva su Justicia el hijo de Crono, longitonante Zeus. A menudo la ciudad entera se ye privada de un vil rufián, aquel que peca y maquina maldades. Sobre ellos, desde el cielo, deja caer gran ruina el Cronión, Hambre y Morbo a la vez; van muriendo las gentes, las mujeres no conciben, se extinguen los hogares, por los designios de Zeus Olímpico. Y según las ocasiones, el Cronida les destruye vasto ejército o una muralla, o se cobra en el mar su vindicta con las naves de aquellos.

¡Reyes! Parad mientes, también vosotros, en esta Justicia. Cerca están, entre los hombres, los Inmortales: se fijan en aquellos que, con torcidas sentencias, entre sí se ultrajan, sin cuidarse del temor a los dioses. Tres veces diez mil, sobre la tierra nutricia son los Inmortales, por encargo de Zeus, custodios de los mortales hombres. Ellos vigilan las sentencias y criminales obras, vestidos de truma, visitando toda la tierra. Existe también una doncella, Justicia, hija de Zeus, gloriosa y augusta para los dioses que el Olimpo habitan. Y siempre que alguien la ofende empleando torcidos agravios, al puntó acude a sentarse a la vera de Zeus, su padre, el Cronión, y denuncia el intento de hombres injustos.

El pueblo termina pagando las locuras de los reyes que, urdiendo aflicciones, por senderos descarriados desvían sus sentencias, alegando tortuosas razones. Precaviendo estas cosas, enderezad vuestros juicios, ¡oh reyes tragones de obsequios!, y olvidaos totalmente de torcidas sentencias. El hombre que prepara males a otro, se los prepara a sí mismo; la intención funesta es, para quien la concibió, funestísima. Pues todo lo ve el ojo de Zeus, y todo lo sabe; también hasta aquí, sin duda, alcanza su mirada, si quiere, y no se le oculta qué clase de justicia es esta que la ciudad en su interior guarda.

Y ahora ¡ que no sea yo justo entre los hombres, ni mi hijo!, puesto que es malo ser varón justo, si el injusto ha de obtener mayor ventaja. Mas, tal final, no espero que lo cumpla Zeus previsor, ¡Perses! Tú pon estas palabras en tus mientes, y a la justicia escucha, mas olvídate por entero de la violencia. Este destino dispuso el Cronión para los hombres; que, peces, bestias y aves aladas se devoren unos a otros, pues no existe la justicia entre ellos. A los hombres, en cambio, les dio la justicia, que es con mucho la más excelente norma. Pues si uno se presta, con conocimiento, a dictaminar lo justo, a este concade ventura el longitonante Zeus. Quien, por el contrario, recurriendo a testimonios, premeditadamente jura en falso y miente, con lo que daña la justicia e incurre en extravío incurable…, de ese tal, quedará disminuida la descendencia de un porvenir; mientras, que la descendencia de un varón fiel al juramento será, en el futuro, superior.

Hesíodo
Los Trabajos y los días (700 a. C.).

 

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