EN QUE CONDICIONES SE PUEDE RESPETAR EL PASADO

EN QUE CONDICIONES SE PUEDE RESPETAR EL PASADO

Imagen: Léon Spilliaert

El monacato, tal y como existía en España y existe en el Tíbet, es para la civilización una especie de tisis. Detiene en seco la vida. Simplemente, despuebla. Enclaustramiento, castración. Ha sido un azote para Europa. Añádase a esto la violencia que tan frecuentemente se ha hecho a las conciencias, las vocaciones forzadas, el feudalismo apoyándose en el claustro, el mayorazgo metiendo en el monasterio el exceso de familia; las salvajadas de las que acabamos de hablar, los in pace, las bocas cerradas, los cerebros tapiados, tantas inteligencias desdichadas puestas en el calabozo de los votos eternos, la toma de los hábitos, entierro de almas completamente vivas. Añádanse los suplicios propios de las degradaciones nacionales y cualquiera se sentirá estremecer ante el hábito y el velo, esos dos sudarios de la invención humana.

Sin embargo, en algunos puntos y en algunos lugares, a pesar del pensamiento moderno, a pesar del progreso, el espíritu claustral persiste en pleno siglo XIX, y una curiosa recrudescencia ascética asombra en este momento al mundo civilizado. El empecinamiento de las viejas instituciones por perpetuarse se parece a la obstinación del perfume rancio reclamando vuestra cabellera, a la pretensión del pescado atrasado que querría ser comido, a los vestidos de niño persiguiendo al hombre para vestirlo y a la ternura de los cadáveres que querrían volver para abrazar a los vivos.

“¡Ingrato! – dicen los vestidos-, te he protegido del mal tiempo ¿Por qué no quieres saber nada de mi?”; “Vengo de alta mar”, dice el pescado; “He sido una rosa”, dice el perfume; “Te he amado”, dice el cadáver; “Os he civilizado”, dice el convento.

A todo esto una respuesta: “en otros tiempos”.

Pensar en la prolongación indefinida de las cosas difuntas y en el embalsamamiento de quienes nos han gobernado para que sigan haciéndolo, restaurar los dogmas en mal estado, redorar los relicarios, enlucir de nuevo los claustros, volver a bendecir las reliquias, volver a amueblar las supersticiones, volver a alimentar los fanatismos, recuperar el mango de los hisopos y de los sables, reconstruir el monaquismo y el militarismo, creer en la salud de la sociedad por la multiplicación de los parásitos, imponer el pasado al presente: todo eso parece extraño.

Hay, sin embargo, teóricos para estas teorías. Estos pensadores, gente de juicio, por otra parte, utilizan un procedimiento bien sencillo: aplican sobre el pasado un enfoscado que llaman orden social, derecho divino, moralidad, familia, respeto a los mayores, autoridad como antaño, la santa tradición, legitimación; y os gritan: “¡Mirad!, tomad esto, honrados ciudadanos”. Esta lógica era conocida por los antiguos. Los arúspices la practicaban. Frotaban con greda blanca una becerra negra, y decían: “es blanca”. Bos cretatus.

Víctor Hugo
«Los Miserables»

2 respuestas a «EN QUE CONDICIONES SE PUEDE RESPETAR EL PASADO»

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