FASTIGINIA (SEMANA SANTA EN VALLADOLID)

FASTIGINIA (SEMANA SANTA EN VALLADOLID)

El caballero andante Don Quijote de la Mancha. La Procesión de disciplinantes (I:52). J. J. Grandville (1848)

Preludio de las solemnidades que precedieron a la Semana Santa en Valladolid. (1605) Porque los castellanos este año (por razón del nacimiento del Príncipe en Viernes Santo) anticiparon su Pascua de Flores, haciendo de Semana Santa Navidad, os quiero contar algunas particularidades que observé, que usan en la administración y ceremonias de los oficios de esta Semana, diferentes de la costumbre de la Iglesia en Portugal […]

Las iglesias se cubren de brocados, telas y damascos bordados, aun la más humilde ermita, que me pareció cosa de grande majestad: es una de las en que más se deja ver la riqueza y grandeza de España; porque las iglesias son tantas como luego diré, y tapizan el interior de todas ellas, y no es preciso para ello desguarnecer ningún señor sus casas, porque son de las sobrantes. En todo lo demás hay poco concierto y aparato y menos curiosidad […]

Lo ordinario es recorrer las iglesias de día, porque como aun las más encerradas doncellas tienen los días todos por suyos, no quieren sufrir el sereno de la noche; y como en las devotas es la devoción poca, y las que no lo son no tienen necesidad de aprovecharse de estas ocasiones para salir de casa, teniendo siempre la puerta abierta, recógense con tiempo; y así, en anocheciendo, hallé las más de las iglesias sólo con el sacristán, y solamente se encuentran por las calles algunos hidalgos alocados, que se andan disciplinando, con doce o catorce hachones delante, y ellos con sus zapatos blancos, ropillas de holanda cruda, y sus divisas y copetes […]

Las procesiones de Semana Santa son muchas, y con mucho más orden que las nuestras, de manera que la inferior de ellas es más notable que la mejor que nunca se hiciera en Lisboa. En estos días de Semana Santa, la primera sale de la Trinidad, viene delante un guion de damasco negro con dos puntas de borlas, que llevan dos hermanos de negro; tienen estos guiones, en lugar de nuestras laranginhas de los estandartes, las imágenes de las cofradías, doradas, muy perfectas. Esta traía la de Nuestra Señora al pie de la cruz, cubierta con un velo negro; delante dos trompetas destemplados con los rostros cubiertos y enlutados, que mueven a mucha compasión y tristeza; luego un hermano con una cruz, que hacen de tablas delgadas, hueca por dentro y toda dorada, y con ser grandísimas, son muy fáciles de llevar, y dos hachones de una y otra parte. Seguían 400 disciplinantes en dos filas en orden de procesión, 200 de cada parte, sin desorden alguno, cada uno en el lugar que tomó. Detrás de ellos 400 hermanos de la cofradía, vestidos de bocací negro, con sus antorchas de cuatro pábilos, todos en el mismo orden; y en medio de ellos el primer paso, porque en lugar de nuestras banderas pintadas, traen pasos de bulto, de altura proporcionada, los más bellos y hermosos que se puede imaginar, porque estos de Valladolid son los mejores que hay en Castilla, por la proporción de los cuerpos, hermosura de los rostros y aderezo de las figuras, que todo es de la misma materia, de cartón y lino, de que están formados; y si va algún vestido, gorra o capa al exterior, es todo de brocado o tela, de suerte que parecen muy bien. Este paso era la Oración del Huerto, con los discípulos y el ángel. Seguían otros 400 disciplinantes por el mismo orden, y algunos de ellos con una sola roseta (a la que llaman abrojo) que les abre los costados, y afirmo que vi a alguno llevar trozos de sangre coagulada de más de a libra, que me pareció demasiada crueldad, y me escandalizó se permita tanto exceso. De tras de ellos seguían 150 hermanos, con hachas, y en el medio otro paso, que era el de la Prisión. En la última parte de la procesión, iban 600 disciplinantes y 300 hermanos, con hachas y túnicas negras; y el paso era de Nuestra Señora al pie de la Cruz, con Cristo Nuestro Señor en brazos, y las Marías; detrás un corregidor o alcalde de corte, para que no sucedan desórdenes. De suerte que se componía lo procesión de 1.400 disciplinantes y 650 hermanos, porque no entra en ellas ninguna persona extraña.

Oficio de la Semana Santa (1858) Biblioteca Digital CyL

Esta es la menor procesión; va de la Trinidad a Palacio, y vuelve por la Platería y Plaza. En terminando ésta, sale otra de San Francisco hasta Palacio por la Platería y Cantarranas. Este era casi el doble que la primera, porque llevaba 2.000 disciplinantes y mil y tantos hermanos, con túnicas y hachas, todo por el mismo orden, y con el mismo concierto y distribución, y los pasos muchos y muy hermosos, y están armados sobre unas mesas o tabernáculos, algunos tan grandes como casas ordinarias, que llevan los mismos hermanos; y como las figuras son de paño de lino y cartón, son muy ligeras; mas puedo afirmar que no vi figuras ni imágenes más perfectas, ni en nuestros altares más nombrados de Portugal. El primer paso era la Cena, perfectísimo en todo. El segundo, la Oración del Huerto con el Ángel en un árbol, mucho de ver, y mucha soldadesca, y desorejamiento de Malco. El tercero, el paso de la Santa Verónica. El cuarto, cómo fue crucificado. El quinto, la lanzada de Longinos a caballo. El sexto, el descendimiento de la Cruz, tan al natural, que ninguno me parece tan bien, con la gravedad y melancolía de los Santos Velhos. El séptimo, Cristo Nuestro Señor en los brazos de la Virgen, con lo que se acaba la procesión, la cual tardó en pasar (muy de prisa) más de tres horas por donde estábamos; y no vale más ninguna de ellas.

Oficio de la Semana Santa (1858) Biblioteca Digital CyL

El Viernes Santo, por la mañana, sale otra de la Merced, con otros muchos pasos. Esta fue a pasar por junto de Palacio (estando el rey detrás de las vidrieras, y la infanta con él); llevaría 1.000 disciplinantes y 600 antorchas. En la misma mañana salió otra de San Agustín, que es de cruces solamente, negras, que son de hermanos de aquella cofradía, cada uno de los cuales da dos reales de limosna para reparación de ellas; y son 700 hermanos vestidos con túnicas negras, y llevan otras tantas cruces y sus pendones. Por la tarde sale la más principal procesión, que llaman de la Soledad, que es la más famosa de todas. Salió de San Pablo, frente a Palacio, que es monasterio de dominicos, y duró más de tres horas y media, con el mismo orden, concierto y distribución, y así acabó casi de noche, y lleva muchos más pendones y antorchas, y es cofradía de gente más grave, y lo que es más de alabar es el orden y concierto, porque desde que sale hasta que se recoge, no ha de cambiar de sitio ni cruzar una persona, ni entremeterse otra, porque, como tengo dicho, no entran en ellas más que los disciplinantes y hermanos con hachas, y los jueces que los van ordenando. Puede haber tantos disciplinantes, sin haber faltas en ellos, porque son todos hermanos y cofrades con aquella obligación. Unos se llaman Hermanos de luz, porque están obligados a acompañar con luz, que es un hachón de cuatro pábilos; otros Hermanos de sangre, que están obligados a disciplinarse, y, cuando no pueden, dan un criado o amigo, o persona alquilada, y no faltan infinitos de estos Simones Cirineos, por ocho reales y por menos, que por reales venderán las almas, cuanto más la sangre, y con este orden no pueden nunca faltar. A esta costumbre y compromiso alude Alonso de Ledesma (“Conceptos espirituales y del Monstruo imaginario”) en unas redondillas, donde, profetizando Simeón al Niño los trabajos que había de padecer, acaba una diciendo: “Con ser hermano de luz, lo seréis de disciplina”.

En la capilla del rey estuve el mismo Viernes Santo al oficio de la Cruz, en la cual el rey estuvo en el estrado y la reina en la tribuna, mas encubierta. Ofició el capellán mayor conforme al ceremonial romano; parecióme muy bien la costumbre que se tiene en los perdones y mucho de alabar, y es que, estando el rey de rodillas para besar la cruz, llegó un mayordomo llevando tres mazos de papeles con cintas, y poniéndose de rodillas, dijo: «¿V. Majestad es servido perdonar, por razón del santo tiempo en que está, a estas personas, a que en su Consejo ha parecido?». El rey respondió que sí, y luego besó la cruz, y después de él fueron los grandes que estaban presentes […]

Los sermones de toda esta Semana son infinitos, con diversos títulos: Descendimiento de la cruz, Soledad de la Virgen, Entierro, el buen Ladrón, lágrimas de las Marías y de la Magdalena y otros muchos. El Martes Santo se hizo una procesión en la iglesia de la Magdalena a las mujeres públicas, que se pudiera hacer a toda la corte, donde la justicia llevó once; cuando acudimos, a las ocho, no pude entrar; ni se convirtió ninguna, antes están haciendo muecas y descomposturas, que sirven de escándalo más que de provecho. Cuando alguna se arrepiente, las señoras que están presentes la recogen para casarla, aunque nosotros decimos que las llevan para maestras de ceremonias.

El Viernes Santo, que fue 8 de abril, estuvo la reina a las procesiones y a casi todos los oficios de las Tinieblas. Aunque sentía alguna molestia, disimulaba, porque tampoco se creía en el término, sino para el 15 o 20 del mes; mas, como las mujeres son buenas aritméticas en el pagar del crédito como en el cobrar del débito, la cuenta no quiso mentir […] A las diez de la noche, estando en el primer nocturno de los maitines del sábado, se halló casi primero con los parabienes del Príncipe que con los dolores del parto, porque parió sin trabajo. Acudió el duque de Lerma a los gemidos del niño, que también salió llorando, como cualquier hijo de vecino; y, preguntando si era varón, no le quiso la comadre responder sino que llamasen al rey, escondiendo el sobrescrito, para que no le conociesen por la muestra. Fue el duque muy alegre, diciendo:  «Desa suerte, Príncipe tenemos» [el futuro rey Felipe IV,  que sería llamado «el Rey Planeta» entre otros epítetos, nació en Valladolid el 8 de abril de 1605].

Fastiginia (o Fastos Geniales: vida cotidiana en la corte de Valladolid ),
es una obra en prosa escrita por el portugués Tomé Pinheiro da Veiga en 1605, en la que describe sus experiencias durante su estancia en la Corte de Valladolid, entre abril y julio de 1605.