EUROPA 1998

EUROPA 1998

Imagen: Oleg Bogomolov

En 1998 se publicaba el libro Tiempo de Rebeldes de Jose Mª Mendiluce,  quien nació un día como hoy, 14 de abril de 1951. Cuando leí este libro ya conocía a su autor, pues había leído su “Con Rabia y Esperanzas” (1997), libro al que tengo en gran cariño, pues me lo dedicó en una presentación a la que acudí entonces. Y antes de este libro, ya me había conquistado con “El amor armado” (1996), del que conservo un ejemplar de su quinta edición (cinco ediciones de abril a julio de 1996 dicen mucho del éxito de este libro). Me convertí en incondicional de de su persona y obra y lamenté muchísimo su fallecimiento en el año 2015. Sus tesis, que estoy repasando estos días, se me antojan muy actuales. Él, que tanto vio y vivió, hubiese sido una mente lúcida y experimentada en estos tiempos de crisis… y no me refiero ahora a la del coronavirus, que seguro que también hubiese sido un gran efectivo en su solución o, al menos, en ver más allá de lo que nosotros no somos capaces ni siquiera de adivinar, sino que me refiero a la crisis existencial de las instituciones supranacionales, en especial la ONU y la UE. Tal era su experiencia. En este artículo reproduzco algunos párrafos del rapapolvo (y a la vez esperanzadora visión de futuro) que le echa a la Unión Europea de finales del siglo XX en “Tiempo de Rebeldes“, cuando ya existían indicios de la incapacidad en la que se estaba sumiendo y donde gentes como él quisieron advertirlo. En este texto que sigue incluyo parte de las tesis que, según cuenta Mendiluce en su libro, elaboraron un centenar de europarlamentarios, una declaración de intenciones políticas, que, sigue diciendo el autor, representa “una reivindicación del modelo de Europa que queremos ante la polarización y la reducción de la Europa política y ciudadana a la Europa económica“.

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¿QUÉ EUROPA EN QUÉ MUNDO?

Si Europa pretende  construirse derribando las fronteras interiores pero fortificando las fronteras exteriores, haciendo muros para impedir la entrada de los que tratan de llegar a una Europa de cierto bienestar, Europa no será más que un proyecto que habrá fracasado.

[…] Se está generando un sentimiento antieuropeo o de duda en sectores de nuestra sociedad que están alimentados por intereses políticos y económicos bastante complicados. Se dice que el Parlamento Europeo no sirve para nada, que la Comisión solo sirve para que unos cuantos ganen muchísimo dinero y por cada problema que surge estamos dispuestos a ir a la Cruzada. Y se puede empezar a fracturar un proceso de construcción europea que no puede dar marcha atrás sin llevarnos a todos al abismo […] Sin justificar el despilfarro, Europa nunca será demasiado cara. Porque la paz no tiene precio.

Europa está entre dos conflictos internos. El problema de la convivencia con numerosas minorías, debido a la llegada imparable de los inmigrantes y refugiados, y una peculiar crisis económica de sociedades duales, paro y exclusión, para colectivos cada día más numerosos. Y digo peculiar, porque los macroindicadores son espléndidos. Excepto el paro.

Nuestra Europa construye muros en Melilla y se convierte en frontera para los seres humanos. Cerramos Europa a la inmigración, a la llegada de los que huyen del hambre, de la persecución, o de las guerras, convirtiendo el hecho de su llegada, y no las causas que la provocan, en un tema político de primera magnitud. Haciendo el juego al ascenso de la intolerancia t de los grupos fascistas, racistas y xenófobos que crecen por toda Europa al calor de una percepción, falsa pero alimentada, de que estamos siendo invadidos por el exterior y al calor, también, de la falta de un discurso positivo, valiente, constructivo, honesto, generoso y solidario por parte de los partidos demócratas, sea cual sea su orientación.

[…] La Europa que tenemos es la Europa de Maastricht y de Ámsterdam. Es la Europa del neoliberalismo del dios Mercado, que es el dios de este fin de siglo, por cuyas leyes superiores y supremas se rigen todas las relaciones humanas. La Europa de Maastricht que vende a la ciudadanía europea un modelo economicista, un modelo monetarista.

Con un sistema económico victorioso, indiscutible aparentemente, que es el neoliberal, a través del cual descubrimos que cada vez sobra más gente. La gente mayor sobra cada vez más joven: prejubilaciones. La gente de edad mediana no encuentra empleo, la gente joven tiene grandes dificultades para acceder a un puesto de trabajo. Sectores enteros de la economía no sirven: son obsoletos. Y el desarrollo tecnológico y el aumento de productividad reducen la reconversión a exclusión o subvención.

No se va a aumentar el empleo y se va a reducir el desempleo, y no conoceremos un Europa sin parados si no cambiamos las ecuaciones y no cambiamos las políticas económicas para que, como la política, se haga en función de sus beneficiarios, que debemos ser los ciudadanos […] Necesitamos, entonces, una Europa que discuta sobre qué modelo social y qué modelo económico, sostenible ecológicamente, para que no sobremos cada vez más y podamos sentirnos todas y todos partícipes en lo económico, en lo social.

[…] Somos muchos los que queremos otra Europa. La de los ciudadanos. Cada uno en su puesto puede contribuir decididamente a que Europa asuma sus retos […] Europa va mal. Los europeos van mal. A la gente le duele Europa, por no lo sabe. Hay que reaccionar. Y rápido […] Una gran potencia política debería ser capaz de actuar. De aquí pasamos a la capacidad de Europa o, más bien, a su incapacidad.

[…] Europa va mal desde Sarajevo. Dijo que íbamos a ver, los íbamos y no hemos visto nada. Dijo que los estadounidenses eran nuestros amigos, no nuestros jefes. Dijo muchas cosas y no ha hecho nada; China está cerca, y África mal encaminada. El Sur explota y el Este se impacienta […] Europa se construyó entre seis, se amplió para convertirse en la Europa de los nueve, luego de los doce, y más tarde de los quince. Se ampliará, durante la primera década del tercer milenio [recuerden que este libro se escribió en 1998], para convertirse en la Europa de los veintiuno y luego de los veinticinco o de los treinta. Esto no puede funcionar sobre las bases actuales. Nadie cree seriamente que una Europa de más de veinte pueda funcionar de acuerdo con las reglas de la Europa de los doce.

[…] Europa necesita un nuevo tratado. La nueva regla del juego debe, pues, ser clara, eficaz y democrática. En resumen, en las antípodas del actual embrollo […] Hay que redactar un Derecho europeo inteligible para los ciudadanos. Hace falta un mayor control parlamentario del Ejecutivo. También es necesario un modo de funcionar a veinte o más en el ámbito europeo: lo esencial es que las decisiones europeas sean tomadas por mayoría. Porque, por unanimidad, sumamos los egoísmos y acumulamos una multitud de decisiones sin una verdadera política […] Inmensa tarea, pero con la que es posible realizar verdaderos progresos; es cuestión de voluntad, de imaginación y de organización.

Prefiero simplemente deciros que depende de nosotros, que a lo mejor podemos hacer muy poco, pero que tenemos tendencia a no hacer nada.

José Mª Mendiluce (1951-2015).

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