MICRORRELATOS (XIV)

MICRORRELATOS (XIV)

Una vez soñé que podía caminar como lo hace la mayoría de la gente, pasar desapercibido, mezclarme con ellos. Tal vez volar en un globo, en un reactor, o en una avioneta. Incluso soñaba con escribir cartas a mis conocidos, contar historias a mi familia, sonetos de amor a mi enamorada… Todos mis sueños se desvanecen en cuanto abro los ojos. No es fácil la vida de un escarabajo de ciudad…. tantas maravillas a mi alrededor…. y no puedo “sentir” ninguna…. salvo cuando sueño.

“¡Harta estoy de tanta reunión!”. Ni un asomo de descanso dejaba el dichoso asunto del Estatut a los escasos miembros del servicio de limpieza (mujeres en su mayoría, huelga decir “miembras”), que no daban abasto limpiando despachos y pasillos. En un momento determinado paso a toda VELOCIDAD un ujier con cara de espanto. “¿qué pasa?” pregunto todo el mundo a coro. “el president, se ha atragantado”. “¿Ha vomitado?” pregunto una rolliza mujer (más rolliza por la experiencia que por el tocino). “No por dios” respondió el ujier. “el president nunca devuelve”. Las mujeres de la limpieza se quedaron mirando al ujier en su carrera hacia no sabían donde, mientras al otro lado un grupo de parlamentarios reían una broma que quizá solo ellos comprendían.

Era un caso perdido. La sordera no le permitiría nunca ser un virtuoso del helicon, como lo había sido su madre, hasta se llegó a preguntar en solitario y en silencio “qué coño es un helicón” hasta que vio la fotografía que le mostraron sus amigos. Bueno, más bien, los que creía sus amigos, pues con la fotografía llegaron aquellas terribles palabras, “tu madre, era una virtuosa con la música, pero fue una autentica cabrona”.

Pasear por este rastrero mundo es una pesada carga para alguien que no es capaz ni de poder vender un triste soneto. El oficio de poeta es un duro hueso de roer, si el talento para componer se escapa delante de mi sombra.

…No podrá llegar antes del atardecer. Entonces estarán ya todos sentados alrededor de la mesa. No es cuestión de llegar tarde o temprano, se repetía. No es cuestión de eso. Pero sabía en lo más hondo de su ser, que decir adiós, es precisamente una cuestión de oportunidad, de llegar a tiempo…..

Estoy frente al ordenador y la página sigue en blanco. No sé cómo explicarlo. Llegue aquí con las manos vacías, “sólo una pequeña mochila” me dijeron. Lo que no me explicaron es que necesitaría una maleta muy grande para recoger lo que me habría de llevar. Pero hoy he decidido quedarme. Quedarme en Manila y seguir trabajando en la escuela. No puedo olvidar la mirada de los niños, los colores de la calle, los silencios de la gente, el amor que recibo cada día. No puedo explicarlo y sin embargo debo hacerlo. ¿Cómo enfrentarme a esta página en blanco para explicarle que no voy a volver? Al fin y al cabo, fue él quien me prestó la pequeña mochila.

AlmaLeonor

Recopilación de algunos relatitos cortos de un juego entre amigos que realizamos hace muchos años y que titulamos “Lanzo un Guante”

 

 

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