EL RAMO DE VIOLETAS

EL RAMO DE VIOLETAS

Imagen: Jose Luis Muñoz Luque

Este relato se incluirá en el VadeReto del blog Acerbo de Letras, dedicado este mes de junio a ¡¡¡LA CARTA!!! Para la creación de este relato había dos premisas:

Primera: El relato, la historia que contéis, tendrá que ser narrado a través de una carta escrita en primera persona y relatando hechos, aventuras, emociones reales o ilusorias. Puede ir firmada con nombre, apodo o seudónimo, o dejarla anónima. Podéis dirigirla a alguien en particular o lanzarla al viento para que la lean las nubes. Puede ser una carta de amor, de venganza, de súplica, de amenaza, de ayuda… lo que vuestras locas y traviesas musas os inspiren.

Segunda: Una frase que debe aparecer dentro del relato y que debéis elegir entre las citas siguientes:

-«Escribir esta carta es como meter una nota en una botella… Y esperar que llegue a Japón». Alice Munro.

-«Las cartas no son más que un trozo de papel. Aunque se quemen, en el corazón siempre queda lo que tiene que quedar; por más que las guardes, lo que no tiene que quedar desaparece». Haruki Murakami

«Uno de los placeres de leer cartas antiguas está en que no necesitamos contestarlas». Lord Byron.

He escogido la última frase para incluirla en mi relato. Es un texto que tiene un fondo musical que vais a encontrar enseguida, pero que, también podéis escuchar al final del mismo.

EL RAMO DE VIOLETAS

En algún lugar del corazón, a 9 de noviembre de cualquier año.

Querida Almudena…

Te extrañará que te escriba una carta después de tanto tiempo enviándote tan solo unos versos hilados casi sin tino, pero con mucho amor… Bueno, y un ramo de flores, de violetas, cada año. Ya sabes que yo sigo anclado en el pasado y será difícil que pueda cambiar ¡Que irónico que te diga esto! ¡He cambiado tanto! Pero no quiero adelantarme, iré por partes. Mejor empezaré de nuevo.

Querida Almudena…

En realidad, no puedo empezar de nuevo… ¡Ojalá pudiese hacerlo! ¡Ojalá te lo hubiese explicado todo hace tiempo! Pero lo intentaré… Es mi última oportunidad, el próximo año ya no estaré contigo para felicitarte en tu santo y cumpleaños. Ya no podré enviarte ningún verso, ninguna flor por primavera, ningún ramo de violetas el 9 de noviembre…

Esta es la primera carta que te escribo… ¡Y que difícil me está resultando! Resulta tan triste que siendo yo cartero de profesión, nunca te haya enviado una carta. ¡Con las que yo he leído! Una vez encontré en una de ellas una frase que siempre recordé. «Uno de los placeres de leer cartas antiguas está en que no necesitamos contestarlas». Era de alguien llamado Lord Byron, y tenía mucha razón. Esta que te escribo es de hoy, querida Almudena, no antigua, pero tampoco vas a necesitar contestarla.

Pero si no nos escribimos ninguna carta, es porque nunca nos separamos, ni de novios, y no tuvimos necesidad de hacerlo. Aunque, también, porque yo no era, lo que se dice, un tipo romántico, ni creativo. Ya sabes que yo, echado para adelante, si… Pero sensible no. No lo fui jamás. No me dejaron serlo… Esto es lo que quería explicarte, que no te escribí ninguna carta, pero que siempre deseé hacerlo.

No sabía de qué forma expresar mi amor por ti. De verdad que no lo sabía. Solo me enseñaron a trabajar y a ser duro, como correspondía a un varón. Nadie me explicó que un hombre lo es, precisamente, por demostrar el amor que profesa a su esposa, a ti, querida Almudena. Pero es que a mí me obligaron a interiorizar lo contrario, me dijeron que debía ser duro, cruel, intolerante, insensible, austero, parco, reticente al cariño… Me enseñaron a no mostrar nunca mis sentimientos, a no desvelar ni mis miedos ni mis satisfacciones, a no hacerte saber que moría por una mirada tuya, que clamaba al cielo por verte sonreír, que tu voz era mi aliento, que tus manos mi alimento, que anhelé todos los días de mi vida los besos que no nos dimos ¡Cuánto tiempo perdí, mi querida Almudena! ¡Cuánto tiempo!

Sé que te hice daño. Sé que debí pedirte perdón hace mucho tiempo. Pero tampoco aprendí a hacer eso, no sabía cómo solicitar tu indulgencia, tu perdón. Te veía llorar cuando creías que yo no te miraba…, sufría cada vez que bajabas los ojos creyendo que mi semblante mostraba ira…, se me partía el alma cuando te veía feliz en compañía de los demás y tan triste y apesadumbrada conmigo. Solo puedo decir lo mismo que intento querer decirte desde que empecé esta carta, querida Almudena, que no sabía… que no sabía… de verdad que no sabía.

Una vez te vi admirando unas violetas. Las tomaste entre tus delicadas manos y te las llevaste hasta el rostro para aspirar su aroma. ¡No sabes cuánto desee en ese momento ser ese ramo de violetas! Si solo hubiese podido decirte que te amaba hasta lo más profundo de mí ser y que lloraba por no saber hacerte feliz… Me considerabas un demonio, te lo escuché decir más de una vez. Me tenías miedo… Me hubiese gustado saber explicarte que yo también tenía miedo… que sentía pavor cada vez que intentaba decirte que te amaba… ¡Que cobarde! Tenía que habértelo dicho tantas veces… Pero aquellas flores me hicieron pensar que si yo no podía aspirar a la dicha de que tus labios se acercaran a mí como lo habían hecho a ellas, al menos, podrías abrazar unas flores que yo te enviara.

Y así fue como empecé a hacerlo, querida Almudena. Aquel 9 de noviembre, como hoy, te envié un ramo de esas tus flores favoritas, las violetas, nada más que las violetas. Estuve pensando en escribirte también una tarjeta expresando lo que no me atrevía a decirte de frente, mirándote… “¡Felicidades! ¡Te amo!”, quería gritarte con el corazón… Pero tampoco tuve valor. No obstante, ¡qué alivio sentí ese primer día que te envié flores, querida Almudena! ¡Y que nervios al mismo tiempo! Estaba escondido, en la calle, esperando a que el mensajero te las entregara. Te vi abrir la puerta, y recibir el encargo con dudas, con tu inocente ignorancia, pero también con una satisfacción que encendió tu rostro. ¡Qué bella estabas! Guarde para mí ese rubor y también la sonrisa que surgió de tus labios y que iluminó mi vida en ese instante. ¿Y tus ojos? ¡Tus ojos bailaron, querida Almudena! ¡Qué bella estabas! Quiero decírtelo una y otra vez… ¡Que bella estabas! Aunque mi pesar eterno fue no haber tenido el valor de decírtelo antes.

Mi vida en la tierra se terminó ese día, querida Almudena. No sobreviví a la pena de no saber hacerte feliz, de no saber decirte cuanto te amaba. El destino quiso que la muerte me alcanzara justo después de la mayor dicha, de verte sonreír al recibir mi secreto regalo. Pero los dioses son benévolos, mi amadísima Almudena. Me permitieron cumplir el deseo que surgió de mis labios en ese último instante, el momento que certifica que solo la verdad surge en las palabras expresadas, porque ascienden desde el alma. Pedí que me permitieran ofrecerte mi amor cada año de la misma forma. Y me dejaron hacerlo.

Así que, cada nueve de noviembre, durante todo este tiempo, has recibido ese presente de mi amor, querida Almudena, un ramo de violetas. Te era enviado desde el infinito de mi alma, la única cosa buena que guardaba este cruel cuerpo endurecido por una forma de ver las cosas que nunca entendí, pero que siempre obedecí.

Pero ya no podré hacerlo más. Esta es mi primera y mi última carta, mi querida Almudena. Hoy cumples años, pero ya no cumplirás más. Mañana vence tu destino. Y antes de que puedas preguntármelo, te contestaré que no, que no podremos estar juntos. Mi tiempo de benevolencia termina contigo. Yo he de marchar a seguir penando mis crueldades, pero tú eres un alma pura que será recibida en los cielos. No te preocupes demasiado. Están llenos de versos y violetas.

¡Felicidades! ¡Te amo!
Tu esposo.

AlmaLeonor_LP

VadeReto de Abril: Vacío.

VadeReto de Mayo: El Tesoro del Pirata.

22 respuestas a «EL RAMO DE VIOLETAS»

  1. Buenos días, Alma.
    Un relato intrigante y lleno de mensajes.
    Por un lado, muestra una relación «tradicional», de las que se fraguaban no hace demasiados años. La sociedad, la religión, las normas y el que dirán hacían comportarse a hombres y mujeres tal y como retratas aquí. Ellos duros y opacos, ellas sumisas y dolientes. Aunque en el fondo existiera mucho amor, las relaciones eran muy difíciles y, por suerte, quedaron ya obsoletas. Al menos, en la mayoría de los hogares.
    No sé si adivino entre líneas, incluso, algún tipo de maltrato y la excusa que le hace sentirse dolido y arrepentido. Algo también muy usual en otros tiempos y que ahora son «solo» noticias de telediario (demasiadas todavía).
    No sé si hago spoilers, pero como esto es un comentario que debería leerse a posteriori, espero no estropear la lectura. Deduzco por los mensajes entrelíneas que el marido y firmante decidió quitarse del mapa y contratar los envíos de las flores y la carta. De esta forma, seguía dándole sus muestras de amor, pero le quitaba a ella la tristeza de su presencia. Sin embargo, me queda el enigma del final: «Mañana vence tu destino». ¿Desde el más allá puede ver la agenda de la parca o ha programado también su muerte?
    Ya me dirás. 😉
    ¡ENHORABUENA, Alma! Una carta pasional, perfectamente redactada y con una narración pausada y controlada que nos va metiendo poco a poco en la historia, hasta llegar a ese enigmático final. Una solo carta que nos permite imaginar una extensa, intensa y complicada historia de amor. Una maravillosa respuesta al reto propuesto. Muchas Gracias.
    Un abrazo. 🤗😊👍🏼

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    1. ¡Hola JascNet! Gracias por tus palabras. Intenté escribir una carta que explicara, en cierto modo, la canció de Cecilia. Como dices, al menos durante un tiempo en el que la educación era tan estrictamente patriarcal tanto para mujeres como para hombres, pudo haber mucho del sentimiento que he tratado de explicar. Pero el final que he querido transmitir es que el mismo día que le envía las flores por primera vez muere (por lo que sea) y el resto de los años es su espíritu el que le hace llegar las violetas cada año, hasta ese es el último en el que le envia flores junto a la carta, porque ella ya es muy mayor y sabe que va a morir al día siguiente. He tratado de incluir un poco de misticismo.
      Me alegro que te guste 🙂 Los que he leído en tu blog, son muy buenos, mucho. Y estoy esperando el tuyo, que seguro que pones el liston altísimo. 🙂
      AlmaLeonor_LP

      Le gusta a 2 personas

      1. Bueno, ya sabes que lo interesante de los relatos es la interpretación que le puedan dar las mentes majaronas, como la mía. 😂😝
        Por supuesto, me gusta mucho tu idea mística. No todo tiene que ser realismo puro y duro. Tu versión deja mejor sabor de boca y esperanza. 🥰
        ¿Mi relato? jejeje. Me van viniendo ideas y parece que va saliendo algo, bastante más oscuro e intrigante que el tuyo. 😉 Veremos cómo queda.
        Yo el listón no lo pongo ni altito, que luego tengo que pasar por debajo. 😅😂🤣
        Un abrazo.

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  2. Una primera y última carta para explicar toda una vida. Una vida de machismo exacerbado en la que se veían atrapados tantos hombres. Y de aguantar y callar en la que sobrevivían tantas mujeres. Vidas tristes de arrepentimientos y silencios. Ni siquiera creo que hubiera malos tratos en este caso, sólo una eternidad de guardarse lo que uno siente, no poder, no saber expresarlo. Y, tal vez, buscar fuera del hogar lo que no podían pedir ni explicar dentro.
    La carta mantiene el tono de la canción y refleja tan bien el clima que enternece y te deja la tristeza a flor de piel. ¡Me gustó Alma Leonor!
    Un abrazo.

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    1. A ver, no quiero que penséis que mi mente es más oscura de lo que ya seguro que es. 😅😝
      Pero al leer este trozo: «Me considerabas un demonio, te lo escuché decir más de una vez. Me tenías miedo…» Pues uno se imagina lo peor. 🤷🏻‍♂️
      Pero, es verdad que a veces, no hace falta la violencia para causar temor. De todas formas, como le he dicho a Alma, me gusta más su idea.
      La violencia, ni pa cortá leña. (No he cogío un hacha en la vía, mano).
      Saludos saturninos. 🤗😊😘👍🏼

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      1. Tal vez tengas razón, Jose. Pero, como tú muy bien dices «no hace falta la violencia para causar temor». La violencia psicológica, tan escondida y poco comentada, la constante gota de agua que va minando la moral… Aunque, ahora que lo pienso, eso también es violencia.
        No, no, no, «saturninos» no!! Nada de tristeza y taciturno. Mejor ¡¡¡Saludos saturnales!!!

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      2. 😱😱😱😱
        Pensaba que también venía de Saturno. Se ve que hubo un Saturnino, romano creo, que le dio otro significado más oscuro al adjetivo.
        Lo que se aprende con vosotras. 😉👌🏻

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      3. JascNet, nunca se me ocurriría pensar que tu mente es oscura… si acaso entre blanco y negro, jajaja… Bueno,lo del demonio es por lo mismo, lo dice Cecilia en su canción… aunque mi relato se aparta finalmente de la historia de Cecilia, he querido incluir detalles de la historia que cuenta.

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  3. Hola, Alma. Buena dramatización epistolar de tan conocida canción para veteranos de la vida. Has captado y desarrollado el espíritu de ese tema romántico y agridulce en una época en que estaba hasta bien visto ese comportamiento.
    Buen homenaje y recordatorio.
    Saludos

    Le gusta a 1 persona

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