FAMILIA DEL ARTISTA

FAMILIA DEL ARTISTA

Imagen: Victor Tkachenko

En los actos culturales debería estar prohibida la entrada a la familia del artista. También la de los amigos de la infancia. Por resumir, de todo aquel que conozca cierto anecdotario vergonzoso de la niñez y adolescencia y esté dispuesto a soltarlo a cualquiera que se le acerque en el cóctel. La familia es dinamita pura. El artista la utiliza como material creativo, moldea los recuerdos como le viene en gana, y la familia, sin entender que la literatura consiste, en gran parte, en una traición a los hechos reales, se cabrea, se queja o se envanece, según. El otro día hicieron un homenaje a Philip Roth en la Universidad de Columbia, y una de las cosas más divertidas que contó, en el repaso a su trayectoria literaria, fue que días antes de que apareciera el libro que le hizo popular, El lamento de Portnoy, invitó a sus padres a cenar con la intención de avisarles de que la novela que iba a publicar era bastante escandalosa y que tenían que estar preparados para las reacciones que pudieran leer. Roth supo por su padre que, de camino a casa, la madre dijo: «Este chico tiene aires de grandeza». Ay, las madres, cómo conocen a los hijos aunque los hijos sean ilustres. De cualquier forma, el muchacho no se equivocaba: aquel libro se convirtió en el colofón cachondo e irreverente con el que la literatura rubricó los años de revolución sexual de los sesenta. Las escenas caseras, con ese padre que padece un estreñimiento contumaz del que toda la familia está al tanto, y ese hijo que pilla un hígado de la cocina, en el desesperado intento de encontrar algo que se parezca a una vagina, y corre al cuarto de baño para hacerse pajas, levantaron reacciones de ira, sobre todo en la comunidad judía. Pajas reales, de jadeo silencioso interrumpido por la madre que llama a la puerta alarmada por si el hijo ha heredado el proverbial estreñimiento paterno; pajas mentales, las del chaval que brega con el deseo y la culpa. La familia tuvo que soportar las reacciones felices o airadas como si el libro fuera autobiográfico, y el autor, como es costumbre, se defendió diciendo: a mí que me registren, esto es solo ficción. La familia, ay. Debería haber un detector de familiares a la entrada de los eventos para dejarlos fuera. Eso debió de pensar el otro día Erica Jong, también experta en novelar todo aquello que toca, dicho esto en el sentido más literal de la expresión. Se trataba de otro homenaje universitario, en este caso a Miedo a volar, esa novela que en 1973 la dio a conocer en todo el mundo. Su protagonista, más que ser una heroína de la combustión interna, como el héroe de Roth, es una mujer de acción que cuenta sin reparos sus intercambios de fluidos. Todo parecía marchar de maravilla en el homenaje a este emblemático libro, hablaban las filólogas feministas, cantaban las excelencias de ese paso adelante que fue Miedo a volar en el relato de la sexualidad femenina, cuando llegó el turno de preguntas y se levantó una señora que parecía la doble de Erica Jong. Sus razones tenía, era la hermana. Soy la hermana de la autora, dijo, y después pasó a encadenar una serie de reproches a los que el público reaccionaba con ese gesto de asombro contenido tan propio de los americanos. A Erica le habrá ido muy bien con ese libro, dijo la hermana de la artista, muy bien, enhorabuena, pero a mí me hundió la vida, y quiero decir que por mucho que Erica se justifique diciendo que esto no es más que ficción, está claro que uno de los hombres que aparecen en la novela es mi marido, y me gustaría aclarar de una vez por todas que es completamente incierto que mi marido se metiera en la cama de Erica y le pidiera que le practicara una felación; esto fue una pesadilla para mi marido y para mí, así que sepan ustedes que si a ella el libro la hizo famosa, a nosotros sus mentiras nos han jodido la vida. Ufff. Dicho esto, el acto se dio por concluido. La hermana-bomba desapareció, y cuentan las crónicas que, en el cóctel, la autora se limitó a comentar, fríamente, que en su familia había gente más inteligente que la muestra que acababan de presenciar. ¡Ficción, ficción, esto es ficción!, dicen los autores desde que la literatura existe. Pero los padres o se tragan ese cuento. Fue sonado cómo el papá del autor teatral Sam Shepard (marido de Jessica Lange) se presentó, bastante borracho, por cierto, en el estreno de su última obra y en mitad de la representación comenzó a explicarle al público, que al principio no entendía si aquello era parte del espectáculo, que todo lo que se estaba contando en el escenario era una mentira podrida. Mientras se lo llevaban a rastras, el hombre iba balbuceando cómo pasaron verdaderamente las cosas. Ya les gustaría a los de La Fura dels Baus, que con gran aparataje de gritos y metralletas andan simulando, en su último montaje, el secuestro de un teatro a la manera chechena, conseguir que el público viviera un momento tan perturbador como ese de presenciar a un familiar borracho irrumpiendo en la sala para cantarle las cuarenta al autor. A ese autor que si escribe como se tiene que escribir, como si la familia no existiera, sentirá alguna vez en su vida el peso del viejo reproche bíblico: «Hijo mío, ¿por qué me has avergonzado?».


Elvira Lindo
DON DE GENTES,
Alfaguara (Penguin Random House España), Madrid, 2011

Publicado en El País (Dominical) el 20 de abril de 2008,

4 respuestas a «FAMILIA DEL ARTISTA»

  1. jajajaja ¡Genial artículo!
    ¡Cuánta verdad dices!
    Yo tengo varias historias en el coco bastantes «curiosas», pero al no estar en el escenario de lo fantástico, pueden interpretarse como «reales» y querer dilapidarme. 😝
    Hay por ahí una frase que dicen que comenta siempre un autor: «Ten cuidado con lo que me cuentas que puede terminar en alguno de mis libros». Sin embargo, hay otros (a mí me está pasando) que andan locos por contarte historias para que los uses en un relato. Hay de todo, como en botica antigua.
    El tema del sexo será tabú aun cuando nos hayamos exterminado por brutos e intolerantes. El día que se pueda hablar de él sin tener que esconderse o mirar quién te está escuchando, ná, seremos otra especie.
    Me encantó tu entrada y me incitaste a leer el libro de Roth, que no lo conocía. Tengo tantíiiisimos pendientes. 🤷🏻‍♂️🤦🏻‍♂️
    Gracias, Alma. Un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: