CANDELARIA, BRIGIDA Y BRIGHID

CANDELARIA, BRIGIDA Y BRIGHID

Actual Virgen en la Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria (Tenerife)

Hoy, día 2 de febrero, se celebra en las Islas Canarias el día de su patrona, la Virgen de la Candelaria. Como todas las tallas de vírgenes negras (o casi), tiene su propia historia envuelta en la leyenda. Se cuenta que, entre los años 1392 a 1401, la encontraron dos pastores guanches en la Playa de Chimisay (Tenerife), en la desembocadura del barranco del mismo nombre en el pueblo de Güímar. Pensaron que era una mujer extranjera de piel oscura con un niño en brazos y se asustaron muchísimo porque estaba prohibido a los hombres hablar o acercarse a las mujeres en despoblado, además, llevaban su ganado a encerrar en las cuevas y, sorpresivamente, no quisieron pasar del lugar donde se encontraba la mujer.

Entonces le hicieron aspavientos para que se marchase, pero a uno de los pastores el brazo se le quedó como muerto, no podía moverlo. El otro se enfrentó a ella con su chuchillo, pero se hirió a sí mismo sin saber cómo.  Estaban tan asustados que huyeron corriendo hasta el poblado de Chinguaro, donde se encontraba la cueva-palacio del mencey Acaymo, a quien le contaron lo que habían visto. Todos volvieron allí con algunos altos consejeros del lugar cuando se percataron de que era una imagen y el mencey ordenó a los pastores que la recogieran para llevarla hasta su cueva. Al tocar la estatua quedaron sanados y se sobrecogieron. Cuenta la historia que entonces fue el propio mencey quien quiso cargar con la mujer y el niño, pero unos pasos más allá no pudo con el peso y pidió socorro. Hoy, en ese lugar se alza un santuario, el de Nuestra Señora del Socorro.

La imagen acabó instalada en una cueva cerca del palacio real, donde, muchos años más tarde, un joven esclavo,  llamado Antón Guanche que había sido bautizado, al regresar a su isla reconoció en la imagen milagrosa a la Virgen María y propagó entre su gente la fe cristiana, conociendo desde entonces a la imagen como “La Madre del sustentador del cielo y tierra” (Axmayex Guayaxerax Achoron Achaman o Chaxiraxi), siendo trasladada a otra cueva (la de Achbinico), muy cerca de donde hoy se encuentra la Basílica de Candelaria.

Hasta aquí, al menos, lo que contó el religioso español Fray Alonso de Espinosa en 1594, pero no es la única versión, hay más, incluidas las teorías que envuelven a todas las imágenes de vírgenes negras, relacionándolas con el Priorato de Síon y la Orden del Temple. Hay, además, una polémica en torno a si es la actual Virgen de la Candelaria la talla original, o si lo es la conocida como Virgen de la Candelaria de Adeje, de factura totalmente diferente.

También, algunos historiadores han querido dotar de una explicación plausible a la aparición de la imagen. Antes de la conquista de Tenerife, las islas eran visitadas por expediciones europeas de reconocimiento, o por comerciantes de esclavos e, incluso, por monjes y religiosos que pretendían llevar el catolicismo a todos los confines de la tierra. Algunas de esas expediciones pudo llevar la imagen de una virgen negra y acabar, lo más probablemente por un naufragio, varada en la playa donde la encontraron los campesinos.  O, también, pudo ser llevada en el siglo XIV por frailes mallorquines que habían formado un breve obispado en Telde (Gran Canaria) y, pretendiendo propagar la fe, realizaron un ejercicio de sincretismo religioso difundiendo la religión cristiana entre los guanches a través de la aparición milagrosa de la Virgen, llamada ahora de La Candelaria, por el nombre del lugar donde acabó instalada.

El inicio de la devoción cristiana a la advocación mariana de La Candelaria, se sitúa ya en 1497, cuando el Adelantado de las Islas Canarias Alonso Fernández de Lugo, celebró en la Cueva de San Blas la primera Fiesta de las Candelas, coincidiendo ésta con la Festividad de la Purificación de la Virgen. La orden dominica se encargó de que se conociera en todas las islas y llegara hasta América, pues Hernán Cortés llevaba al cuello una medalla de esta imagen. El 26 de marzo de 1599 el papa Clemente VIII la nombra Patrona de Canarias.

A mí, sinceramente, me sorprende la postura del niño, tan caído hacia un lado, como si se fijara en algo que hay a sus pies o como si se le cayera a su madre de las manos… Si alguien tiene una explicación para esa postura tan extraña, me gustaría conocerla. Y, de paso, porqué la figura del Cristo de la Reconciliación que se guarda dentro, también tiene ese aspecto de «caerse» de la cruz… ¡que misterio!

 El caso es que siendo su festividad el día 2 de febrero, las cuestiones se multiplican. Como saben, entre diciembre y febrero se celebraban en toda Europa festivales de invierno que servían para ahuyentar la oscuridad y el frío de la estación y sobrellevarla hasta el inicio de la primavera. La iglesia católica vio que esas celebraciones tenían una gran raigambre entre el pueblo y había que situar santos y celebraciones cristianas alrededor de ellas. En diciembre se popularizó la Navidad, en enero la Epifanía y en febrero la Presentación de Jesús en el templo y la consiguiente purificación de la Virgen. Y la festividad de la Candelaria, entre otras advocaciones como San Blas, también de gran popularidad. Pero quedaron presentes reminiscencias de los primitivos ritos, entre ellos los relacionados con el árbol o tronco de Navidad, los desfiles de invierno con máscaras vegetales y los carnavales de febrero.

Pero hay algo más.

Conocemos una santa irlandesa que tiene relación con todo esto, Santa Brígida de Kildare, patrona de Irlanda y cuya festividad se celebra el uno de febrero, tanto en la iglesia católica como en la ortodoxa.

Tal y como contaba en mi libro DE TOROS Y DIOSES, a Santa Brígida se la considera autora de un milagro que tiene que ver con estos animales, y por eso se la suele representar con un torito o vaca a sus pies:

Su santidad parece que le quedó impronta desde el nacimiento, pues tras el destete, el druida de la aldea pudo comprobar cómo era imposible que ningún alimento le quedara en el cuerpo: lo vomitaba de inmediato. Solo consiguió alimentarse de la leche de una vaca blanca de rojas orejas. Desde entonces, santa Brígida y las vacas quedaron unidas. De la leche que ordeñaba junto con su madre elaboraba mantequilla que repartía entre los menesterosos, apareciendo de nuevo la mantequilla en sus despensas como por milagro. Llegó a fundar un monasterio de monjas desde donde obró varios milagros más, como curar a un leproso con una taza de leche (o agua) o curar la pata de una vaca que una mujer consiguió llevar a duras penas hasta el convento y allí quiso quedarse.”

Veamos su historia…

Al parecer era hija de un rey pagano irlandés (nunca son hijas de campesinos, que cosas) y una esclava picta, convertida al cristianismo al ser bautizada por San Patricio. Su padre la llamó así por la diosa Brigid de los celtas, pero era una esclava. Brigid tuvo una inclinación hacia la caridad desde niña y al crecer su fama fue tal que hasta su padre tuvo que concederle la libertad. Devota cristiana hasta la médula rechazó a todos los pretendientes que se le acercaban por su voto de castidad. Esa firme creencia en la fe llegó a oídos del obispo Mc Caill (luego santo), en Croghan y, hacia el año 468, ambos siguieron a siguieron a San Mel de Ardagh al reino de Tethbae (actualmente los condados de Meath, Westmeath y Longford). Allí, al cabo de unos veinte años, Brigid funda un monasterio en Kildare, en principio, una sencilla celda bajo un roble sagrado consagrado a la diosa Brigid, denotando así su influencia pagana. En él varias jóvenes doncellas custodiaban una llama sagrada. Esta fundación está considerada la primera comunidad monástica de Irlanda, aunque yo me sigo preguntando si realmente sería una comunidad católica o una reminiscencia de la devoción pagana que existía, muy extendida, en esas tierras.

Y, además, tenía con San Patricio una amistad tan firme, que da que pensar… “Entre San Patricio y Santa Brígida, los pilares del pueblo irlandés, tenían una amistad tan grande que tenían un solo corazón y una mente. A través de él y de ella, Cristo realizó muchas grandes obras” (Libro de Armagh). Lo cierto es que muchos irlandeses terminaron por llevar sus nombres, Patrick y Brigid. Hasta tal punto lo fue el femenino, que en el siglo XIX, cuando muchas mujeres irlandesas emigraron a Inglaterra en busca de trabajo como empleadas domésticas, el nombre Brigid llegó a convertirse en sinónimo de sirvienta. ¡Qué ironía! Salga usted de la esclavitud y funde conventos, para acabar siendo conocida con la misma tarea con la que empezó.

Y así, después de conocer a una virgen y a una esclava-monja,  llegamos a la diosa, Brighid (la exaltada), hija de Dagda (dios principal de la mitología irlandesa) y una Tuatha Dé Danann (miembro del pueblo de los dioses), esposa de Bres de los Fomorianos (dioses de la muerte) con quien tuvo un hijo, Ruadán, y… ¡¡Una diosa triple!!  Brighid tenía dos hermanas, también llamadas Brighid, y se considera una de las clásicas diosas triples célticas (no es la única), en este caso del fuego.

Su historia es fascinante. Se dice que tenía en su poder dos bueyes, Fe y Men, que pastaban a sus anchas en un prado llamado con sus nombres, Femen, además de poseer otros animales imponentes: el rey de los verracos (Torc Triath) y el rey de los carneros (Cirb). Y, finalmente, se dice que nació con una llama de fuego sobre su cabeza, lo que la conectaba con el Universo. ¿Recuerdan que Santa Brígida de Kildare guardaba la llama eterna en su cueva-monasterio? No es la única, las vestales también guardaban las llamas sagradas, y se la llegó a identificar con la Minerva romana. Es un tema recurrente.

Diosa Brighid personificada como la Minerva Romana.

Bueno, pues también se la relaciona con los pozos sagrados y las cuevas,  como la que dio cobijo a la primitiva Virgen de la Candelaria, como la que albergó a Santa Brígida de Kildare en un primer cenobio.

Pero es que su festividad se sitúa también entre el 1 y el 2 de febrero, cuando se celebra el Festival gaélico de Imbolc, como reconocimiento a los primeros signos de la llegada de la primavera a la tierra, en este caso, la finalización de la gestación de las ovejas ¿no eran pastores los que encontraron a la virgen de la Candelaria?

El Imbolc (significa “en el ombligo”, refiriéndose a la gestación de las ovejas y también a la primavera), es uno de los cuatro principales festivales del calendario celta, asociado con el ritual de la Fertilidad, del mismo modo que lo son las celebraciones de Santa Brígida o de la Candelaria. Se asocia convencionalmente con el 1 de febrero, pero en muchos lugares comienza, en realidad, el 31 de enero, situando el festival en el punto medio entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera. Peor no es la única variante, como cuento también en mi libro:

James Frazer dice que en Escocia se celebra el 19 de febrero como parte del «renacimiento de la vegetación en primavera» (1986: 169). La celebración se realiza la víspera de la fiesta y consiste en preparar una cama para la santa invitándola a pasar la noche en el hogar.”

El caso es que es una fiesta de “luz”, de fuego, haciendo alusión a la mayor duración del día que empieza a notarse en estas fechas, como otro indicio de la ansiada primavera. Tradicionalmente, para conmemorar el hecho, se iluminan faroles en los frentes de las casas por unos cuantos minutos, y en los rituales suelen participar muchas veladoras. ¿No es ese el significado de la Candelaria? Y, además, las imágenes que nos llegan desde los festivales del Imbolc que se celebran en Irlanda y Escocia y otras partes, evocan, poderosamente las celebraciones del invierno, esas en las que las gentes se vestían con ropajes hechos de paja y hojas de roble para conjurar la oscuridad. Otro día hablaré de ello.

AlmaLeonor_LP

¡Feliz Festividad de la Candelaría, de Santa Brígida y de la Brighit del Imbolc!

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