UN TIO INFANTIL

UN TIO INFANTIL

Mi novia me plantó por ser un “Infantil del carajo” según sus propias palabras. Mejor dicho, Gritos. Estábamos en aquel hotelito tan apartado de la sierra, pero no me volverá a admitir en él, eso seguro.

Supongo que mi profesión marca mi personalidad. O tal vez sea al revés. Soy dibujante, y mi mundo son los de los antiguos personajes de Disney, los dibus. Adoro a Bugs Bunny, y hasta dicen que me parezco a él, tanto que todo el mundo me llama Bugs y no me importa en absoluto. Hasta ella me llamó así desde un principio, cuando nos conocimos en aquella discoteca y yo me acerqué despacito y le grite con toda la fuerza de mis etílicos pulmones: ¡¡¡JACAAA!!! Cuanto se rió aquél día conmigo.

Sin embargo pronto empezó a echarme unas broncas del carajo: “¡¡Bugs eres un infantil del carajo, no maduraras nunca!!”. Supongo que el hecho de que una tía te llame infantil precedido de Bugs, es ya de por sí gracioso, pero ella debía tener la gracia en el culo, como las avispas (también tenía una cintura de avispa por cierto, ¡¡y que cintura!!), y no le hacía ni puta gracia que yo saliese de cada una de sus broncas con un: “…Y eso es to… y eso es to.. y eso es todo amigos!!”.

Supongo que algo de razón tendría. Aún recuerdo la bronca más monumental, la que me llevé el primer día que fui invitado a su casa. Nada más abrir la puerta su padre no pude reprimirme y solté un “¡Coño! ¡¡Piolín!”. Me cayeron como panes, pero es que… ¡¡¡es cierto se parece a Piolín!! Tanto que hoy todavía su hijo pequeño le llama así (el enano y yo nos hicimos colegas inseparables, lo que cabreó más a su hermana).

Por la noche la llamé a su casa para disculparme… bueno, vale, no me pensaba disculpar ni de coña, pero algo tenía que hacer, aún no habíamos… bueno, eso. La muy loca me bronqueó nada más coger el auricular:

         Podrías haber venido hasta aquí con un ramo de flores ¿no?

         Pero amor, cariño, mi cielo, si el ramo de flores lo tengo aquí dibujadito para ti… (me acababa de coger en bragas, estaba disimulando, claro).

         ¡¡Y una mierda Bugs!! ¡¡Ya puedes regarlas si quieres que se conserven hasta que me vuelvas a ver!! ¡¡Crétino!!

Aprendía rápido la jodía.

Pero logré volver con ella. Un amigo me dijo que la mejor forma de tener contenta a una tía es invitándola un fin de semana a un hotelito de la sierra, donde no haya nada que hacer más que estar (bueno, él dijo otra cosa) en la habitación. Ella se mostró entusiasmada cuando se lo dije ¡¡¡ya estaba en marcha!!! Solo que me pidió que fuésemos discretos, porque por aquella sierra conocían mucho a sus padres ¡¡¡Cojonudo!! Discreción era lo que yo quería.

Lo que no imaginé es que no le hiciese ni puta gracia que reservase una habitación a nombre de Pixie y Dixie. Me estuvo bronqueando toda la tarde. Menos mal que por la noche la tenía ya casi convencida. ¡¡Mi chica!! Claro que con la rapidez con que se le agriaba el carácter, o actuaba enseguida o me quedaba a dos velas. Mientras ella estaba en el baño (¡¡mira que tardan las tías en el baño!!!), estuve encomendándome a todos mis dibus para lograr pronto… ya sabes. Sobre todo recordé al rey de la rapidez, a mi adorado ¡¡Speedy González!! Estaba tan concentrado pensando en él para llegar enseguida al final, antes de que mi irritable cintura-de-avispa se encolerizase, que pensé que era el mismísimo Speedy el que me había proferido aquel agudísimo chillido en mi puto oído:

         ¡Agggggggg!!!

         ¿Qué pasa ahora????? Joder, me has dejado sordo, tía.

         ¿Qué que pasa? ¿Es que ahora te haces el desentendido? ¿No te has puesto “goma” o qué?

         ¡¡Claro que me he puesto goma…!!! ¡¡Oppsss!! Se ha roto….

         ¿Quéeee? ¿Cómo que se ha roto? ¿Qué explicación tienes para eso?

         eh…..  eh….. eh….. ¡¡¡MALDITO ROEDOR!!!!

La bofetada se oyó en Cuenca.

¿Por qué te gusta España?

¿Por qué le gusta España? Ojala lo supiera, parece decir mi mente….

 

Tarea ardua, pero tengo que rellenar este cuestionario para una chica que está escribiendo su memoria de máster. Pero, ¿por qué me gusta España? Esta misma pregunta me la he hecho yo misma, pero todavía no he encontrado una respuesta adecuada, una respuesta que la pueda utilizar para responder preguntas como la anterior.

 

Una respuesta que pueda englobar los sentimientos que has experimentado, las experiencias que has vivido… Siempre algo falta, algo que no encaja…

¡Jopeta! como dicen mis alumnos, con esa jota que parece el rugido de un león.

 

Lo que falta, lo puedes encontrar sólo cuando decides estar en esta tierra, dejando a un lado todo lo que te han contado, todo lo que has leído tú, en definitiva, todo lo que te han enseñado. Y, sólo cuando estés en España, de repente, te das cuenta porque no puedes encontrar esta maldita respuesta que te pueda librar de estos cuestionarios que tienes que rellenar, con frases que te parecen tan corrientes, tan trilladas, como si hubieran salido de las páginas de Cosmopolitan o de Elle.

 

Llevas más de dos horas dándote vueltas sobre esta pregunta pero todavía no has escrito nada. Nada…

 

Pero ¿cómo que nada?, es que tú Maraki, siempre te complicas la vida… Vayamos por partes, para que puedas rendir así homenaje a tu naturaleza aristotélica:

 

1. Señas de lo “español”

 

Supongo que en este apartado entrarían cosas como: El chocolote es dulce y espeso como aquella taza de chocolate que probaste una mañana de marzo acompañada de Areti y José en una cafetería de Oviedo, que te quemó los labios y decidiste nunca más precipitarte en probarla.

 

O la ruta de tapeo con tu querida AlmaLeonor en Valladolid para que sintieras tú también el ritmo de la vida española, marcada por la necesidad de encontrarse, al atardecer, todas las generaciones confundidas, en los paseos y en los bares de tapas.

 

También inolvidable te será aquella chica cuyo nombre no recuerdas que conociste preguntando por algún buen local para comer en Santiago de Compostela y que amablemente ella no solamente te indicó un lugar sino que te mostró la ciudad con sus valiosos e inexplorados rincones, haciéndote de guía mejor que jamás podrías tú imaginar. Lo único que recuerdas de ella es su lugar de nacimiento que te recordaba el lugar de algún personaje no tan deseado para la historia contemporánea del país… 

 

2. Hedonismo a la española

 

Desde el momento que pisaste España, vayas donde vayas, no puedes dejar de darte cuenta del contagioso entusiasmo de este pueblo. Una despreocupación que no te cansa sino que te relaja.

 

3. Lengua para hablar con Dios

 

Ay, la lengua…Decía Reverte en uno de sus libros que alguien griego dijo “Le contaré algo que se dice en Grecia y que quizá usted ignora, aquí pensamos que cada idioma está hecho para algo: Si quieres hablar de filosofía, aquí está nuestra lengua griega, y no hay otra, por más que se empeñen ingleses y alemanes en meter sus verbos. Pero cuando un español habla … ¡ah, España!, cuando ustedes los españoles hablan, oímos a los ángeles cantar. Su lengua está creada para conversar con Dios. Toda mujer que conoce a un español aspira al matrimonio

 

¡Cuánta razón tiene Reverte! Jamás podrá aquel profesor de Historia en Salamanca que sólo asistías a sus clases sin que esas fueran necesarias, viernes a las nueve de la mañana, sólo para escucharle hablar con un acento que para ti significaba perfección, y armonía. En fin lo ideal.

 

Sobre la úlitma afirmación de Reverte, sin ir más lejos, casi todos tus conocidos tanto aquí como en tu tierra natal, han hecho realidad lo que tú llamas: “alianza hispanohelénica”. Por algo será.

 

Pero todo esto no deja de ser solamente la superficie…

 

Lo que hay dentro no ha encontrado salida en expresarse con palabras. ¡Mejor!, no hay que poner palabras en todo.

 

Te haces pensar en que quizás sea esa increíble diversidad humana o una vitalidad que se siente de forma extraordinaria en esta tierra la respuesta que anhelas tanto.

Quizás  sea el hecho de que no me he sentido nunca aquí “ξένη”(extranjera).

 

Talvez.

 

Pero no: sientes que hay algo por que está por descubrir más aquí.

 

Me imagino la cara de “mis españoles” leyendo este texto.

En boca de muchos de ellos harán su aparición palabras como “siempre los extranjeros tienen una visión mejor que los españoles”, “exageraciones”, “cosas de guiris”.

 

Ya son las dos de la madrugada y mañana tienes que madrugar.

Y aún respuesta no has encontrado.

 

Por más que lo intentes, no encontrarás.

 

Me es realmente tan difícil intentar describirlo en unas pocas líneas.

 

¿Por qué le gusta España? No sé/No contesto.

 

Maraki http://mariaenlatierradelosdioses.blogspot.com/

 

Dedicado a mi amiga AlmaLeonor que se lo había prometido desde hace mucho tiempo.

 

 

 

 

¡Hola!

Muchísimas gracias Maraki. Me ha hecho muchísima ilusión que me enviases tu texto.

Maraki, alma griega, corazón español. Maraki, que ama el Mediterráneo, y como buena griega lo siente como su auténtico hogar.

¿Cómo no va a gustarle España? Desciende de aquellos que saliendo de la Hélade, llegaron a Ampuries, Rhode, Mainaké…

En realidad Maraki, siempre estuvo aquí, en España, sólo que ella no lo sabia.

Bienvenida a ítaca. Siempre.

Besos.AlmaLeonor

 

 

 

CUENTO DE LA MOSCA COJONERA

CUENTO DE LA MOSCA COJONERA

 

Erase una vez un hombre que convivia con una mosca cojonera. Era lo primero que veía al levantarse y lo último al acostarse. Le acompañaba en sus desayunos, comidas y cenas, mientras veía la tele, y hasta cuando se duchaba.

 ¡Como disfrutaba el hombre bromeando con salpicarla! Le encantaba ver como se aseaba su linda cabecita con sus patitas delanteras, cual gracilmente movía sus livianas alitas… Le encantaba escuchar el sursurro que hacía al revolotear a su alrededor, y le resultaba sumamente divertido hacer un delicado gesto con la mano sobre su oreja para espantarla. Hasta le hablaba despacito y creía que reían juntos. Disfrutaba de su compañía cada minuto (y cada día eran más) que pasaba en casa. No sabía cómo, pero aquella mosca cojonera se había instalado en su vida y hasta podía afirmar (y lo había hecho) que no sería capaz de vivir sin ella.

Pero del mismo modo (sin saber como), descubrió un día que estaba harto de aquella mosca cojonera. Estaba cansado de ser lo primero que veía por la mañana y lo último que contemplaba por las noches. Le asqueaba verla revolotear alrededor de su comida, le molestaba que se pusiese delante de la tele siempre en el justo momento inoportuno. Estaba harto de encontrársela hasta en el baño. ¿Cómo podía estar siempre limpiandose su enorme cabezota con esas patas pringosas? ¿Cómo podía hacer tanto ruido con esas transparentes y débiles aletas? Estaba tan harto, que dejó de hablarla, luego pasó a los monosílabos molestos y por fín a los insultos directos.

Hasta lo comentaba en la oficina, donde, dicho sea de paso, no tenía a su alrededor el incordio de la mosca cojonera, así que pasaba allí muchas horas. También en el bar se libraba de su molesta y sempiterna compañía casera, así que  después de la oficina, era el lugar donde más tiempo pasaba. Allí, además, descubrió que había otros hombres con el mismo problema, y juntos (y borrachos) se divertían de lo lindo lanzando improperios sobre sus respectivas moscas cojoneras.

Pero una vez en casa, los gestos para espantarla se fueron haciendo cada vez más bruscos y hasta se descubrió un día dejando la mano agazapada para lanzar un segundo aspaviento, esta vez más fuerte. El tortazo en su propia mejilla le sirvió para aumentar su ira, pero también para descubrir que aquella situación acabaría haciéndole daño a él mismo. Y volvió al Bar. Esa noche volvió a casa más borracho que nunca, tanto, que ni siquiera se dio cuenta…. De madrugada, y aun con la borrachera, un sexto sentido le hizo despertarse sobresaltado: “algo pasa”, se dijo, sin saber exáctamente qué. Nada más levantarse de la cama se dio cuenta: “¡La mosca cojonera! … ¡No está!”.

Dio vueltas por toda la casa, buscándola, llamándola… pero no estaba. “¿Cómo es posible que se haya ido? ¿Cómo ha sido capaz de dejarme? ¡¡A mí, que tanto he hecho por ella!! ¡¡A mí, que tanto me ha molestado!! ¡¡¡¡Yo soy el agraviado!!!! ¡Yo debería haber tomado la decisión, no ella!”… Pero enseguida sus pensamientos oscilaron hacia el otro lado… “¿No era esto lo que yo quería en realidad? ¿No era esto lo que de verdad yo quería? Pues ya está, la mosca cojonera ya no está, ahora tengo lo que quería, ya está, lo he logrado”… Pero entonces… ¿Por qué se sentía tan abatido, tan triste, tan sólo, sobre todo tan solo? No hacía más que preguntarse eso una y otra vez, hasta que se sentó de nuevo en la cama. “Bueno, ya se pasará” se dijo de repente, mientras con la mano hacía un gesto detrás de la oreja para espantar una mosca cojonera que ya no existía.

MI ÚNICA PATRIA – BROKEN MIRROR

MI ÚNICA PATRIA

(mes de Noviembre)

 

Que es mi barco mi tesoro

que es mi dios la libertad,

mi ley la fuerza y el viento

mi única patria, la mar.

 

Un día en el colegio el profesor propuso que realizásemos un trabajo sobre el tema de la patria. Cuando llegué a casa pregunté a mi padre que era para él la patria. Me contestó con una serie de frases que casi no entendí y que acabaron con esta: “la patria es nuestra madre, la que nos acoge en sus brazos y a quien debemos amar”. La apunté. Luego le pregunté a mi abuelo que era para él la patria. Su respuesta fue breve y brusca: “la patria es una perra que mata a sus propios hijos”. La apunté. Después pregunté a mi madre que era para ella la patria. Ella no me dijo nada, sólo me entregó un poema. Cuando lo leí no entendí muy bien porque mi  madre me hablaba, a través de su poema, de piratas, mares y mundos lejanos. Pensé que se había equivocado. Yo quería saber que era “mi patria”, no la patria de un pirata, pero no le llegué a decir nada.

Cuando al día siguiente el profesor nos preguntó por las redacciones, yo no pude entregarle la mía. No había conseguido escribir nada porque no había llegado a entender ninguna de las respuestas que me habían ofrecido. Mi profesor no me regaño, pero al terminar la clase me preguntó por qué no había escrito nada. Yo le enseñé el poema que me había dado mi madre y entonces mi profesor me dijo lo siguiente: “si llegas alguna vez a entender este poema, sabrás lo que es la patria”.

Me he pasado toda la vida preguntándome por el significado de aquel poema. Me casé, tuve hijos y también nietos. Estudié, trabajé y me jubilé. Viví feliz y sencillamente, sufriendo cuando había que sufrir y alegrándome cuando había alegrías. He dado las gracias a los que me han ayudado y he intentado (y creo haber logrado) ayudar a otros. He repartido todo cuanto tenía y no le debo ya nada a nadie. Hice de mi pequeña vida cotidiana un mar de instantes intensos algunas veces y de amorosa calma otras. Hoy cumplo 80 años y mi nieta me ha regalado un poema… Aquel poema.

 

 

 

                                                                           BROKEN MIRROR

                                                                                               (mes de Diciembre)

Jody y Moody habían nacido gemelas en el mejor hospital que pudo pagar su acaudalada familia en la ciudad de Nueva York. Sin embargo, su fortuna no pudo impedir que Moody naciese con el síndrome de dow.

Jody y Moody crecieron con todo lo que el dinero de sus padres pudo adquirir para hacer su vida lo más placentera posible. Pero eso tampoco impidió que les proporcionasen a las niñas, sobre todo a Moody, todo el amor, cariño y comprensión que ellas reclamaban. Las niñas crecían felices y en el espejo de esa felicidad se reflejaba su madre, siempre velando para que sus hijas, sobre todo Moody, no sufrieran.

Solía llevarlas a jugar con otros niños al gran parque cercano a su domicilio. Allí, Jody enseguida entablaba conversaciones y juegos con otros pequeños mientras Moody se quedaba, algo retraída, a su lado. Cuando uno de los niños reparaba en Moody preguntaba:

         ¿Y ésta quién es?

Las niñas no respondían a esa pregunta, y su madre comprendía que era el momento de buscar otros compañeros de juegos. Pero siempre pasaba lo mismo. Siempre llegaba esa pregunta que mortificaba a Moody y le impedía articular palabra. De hecho, desde que las niñas empezaron a hablar, Moody sólo lo hacía con los miembros de su familia, nunca con otras personas ajenas. Esa actitud preocupaba a su madre, para quien estaba claro que Moody no encontraba una respuesta adecuada. Jody era su hermana gemela, pero no podía ver su reflejo en ella.

Cuando las niñas llegaron a la edad escolar, sus padres las llevaron a uno de los mejores colegios de la ciudad. El primer día, con sus nuevos uniformes, las dos niñas esperaron a que su madre terminase de hablar con la directora y su ayudante, antes de ir a su clase. Cuando la madre salió del despacho, se inclinó amorosamente sobre ellas para acomodarlas el uniforme y fue entonces cuando escuchó, involuntariamente, la conversación de la directora y su ayudante, sintiéndose a solas:

         Es una pena… dos niñas que debían ser una el reflejo de la otra…

La madre de las gemelas entró de nuevo en el despacho, y con el mismo tono de voz lleno de amor y dicha con el que se dirigía a sus hijas les respondió:

         Mis hijas son una el reflejo de la otra… sólo que en Moody es de un espejo roto…

Cuando las gemelas entraron en su nuevo aula se vieron pronto rodeadas de otras niñas que con la curiosidad propia de la edad, enseguida las llenaron de agasajos, haciéndoles, de paso, un montón de preguntas. Jody contestaba a todo con aire divertido, pero pronto las otras niñas se dieron cuenta de que Moody estaba allí, como ausente, sin contestar nada, sin hablar… Y entonces sucedió lo inevitable. Una de las niñas preguntó:

         ¿Y ésta quién es?

Pero esta vez, antes de que ni Jody, ni su madre, pudiesen acudir en ayuda de Moody, ésta, por primera vez en su vida, se dirigió a alguien que no era de su familia y le habló:

         I’am Jody’s broken mirror.

 

 

 

 

 
 

LA MARCHA DE ODISEO

LA MARCHA DE ODISEO

(Acto único)

Coro:

¡¡Adios, Adios!! Odiseo se marcha…
Vuelan con él las ilusiones
Vuelan con él las esperanzas
¡¡Adios, Adios!!

¡¡Adios, Adios!! Odiseo se marcha…
Obedece a Zeus, el Tempestuoso
Obedece al destino imperecedero
¡¡Adios, Adios!!

Entran en la sala Calipso seguida de la ninfa Hélice. Calipso está airada y Hélice la sigue para tratar de calmarla.

Calipso – ¡¡Zeus!! ¡¡Este era el mejor de tus hombres, el más inteligente, el más integro!! ¡¡ZEUS!!
Hélice
– Mi señora… no hableis así…
Calipso
– Se ha marchado Hélice, de nada han servido ni mi amor, ni mis hijos, ni mis promesas. Ha obedecido a Zeus…
Hélice
– Era su destino mi señora…
Calipso
– ¡¡El Destino!!, El destino no ha tenido nada que ver. Ha obedecido a Zeus y a Atenea. No, no era el más inteligente de los hombres……
Hélice
– ¿Qué decis mi señora?
Calipso
– Mi castigo, mi condición de mujer, es ser demasiado inteligente Hélice, Zeus lo sabe y también Atenea, por eso estoy en esta isla, y por eso está Penélope en otra isla…¡¡aisladas!!
Hélice
– Penélope es su esposa, mi señora…
Calipso
– Pero tampoco ella le tiene Hélice. Ese es nuestro castigo, estaremos solas en nuestras islas mientras no exista un hombre verdaderamente inteligente. Y para demostrarlo tiene que desobedecer a Zeus … ¡¡¡Zeus, yo te maldigo!!!
Hélice
– No hableis así mi señora…
Calipso
– Si, le maldigo. Él lo sabe. Sabe cual es la debilidad de los hombres, y la fortaleza de las mujeres, lo sabe. Y por eso nuestro castigo es esperar a que hombre siga su propio destino y no el marcado por Zeus… ¡¡Escucha!!… hasta ellas lo saben….

Coro:

¡¡Adios, Adios, Odiseo!!
Sigue el camino marcado,
Vuelve a tu hogar
¡¡Adios, Adios!!

¡¡Adios, Adios, Odiseo!!
Abandonas lo que creaste
No volverás jamás…
¡¡Adiós, Adios!!

Asomándose al balcón, Calipso mira el horizonte, donde el barco de Odiseo se desdibuja. Se abate. La ninfa la sujeta por los hombros.

Hélice – No lloreis mi señora…
Calipso
– Le amaba, Hélice. Zeus sabe cuanto le amaba. Solo una mujer que ama le dejaría marchar… Quise retenerle, es cierto, le ofrecí todo, hasta la inmortalidad… pero Zeus me ordeno…¡¡No!! No fue la orden de Zeus. Odiseo se hubiese marchado. Lo veía en sus ojos….
Hélice
– Quería volver a su hogar, mi señora…
Calipso
– No, Hélice. Odiseo no tiene hogar. No lo tendrá mientras no comprenda que puede elegir, que puede librarse de sus ataduras, que puede eludir el destino…. Mientras no entiendan eso, ni él, ni ningún hombre tendrá nunca un hogar. Y ni Penélope ni yo, ni ninguna mujer, tendremos un hombre. Solo recorreremos el camino que Zeus haya marcado….

Coro:

¡¡Adios, Adios, Odiseo!!
Calipso te añora
Calipso te ama
¡¡Adios, Adios!!

Calipso – … Algún día Hélice, algún día lo comprenderán….

 

 

 

Este texto ha sido elaborado por puro entretenimiento y forma parte de los "intentos" escriturarios de AlmaLeonor. Por eso se incluye en el apartado de ILUSTRENCIAS. Lo que sigue es información veraz.

 

En la mitología griega, Calipso (en griego Καλυψώ, ‘la que oculta’) era, según Homero, el nombre de una bella hija del titán Atlas, que reinaba en la hermosa isla de Ogigia.

Cuando Odiseo, que se hallaba a la deriva tras naufragar su barco, llegó a esta isla, Calipso le hospedó en su cueva, agasajándole con manjares, bebida y su propio lecho. Le retuvo así durante siete largos años, teniendo de él cuatro hijos: Nausítoo, Nausínoo, Latino y Telégono. Calipso intentó que Odiseo olvidara su vida anterior, y le ofreció la inmortalidad y la juventud eterna si se quedaba con ella en Ogigia. Pero el héroe se cansó pronto de sus mimos, y empezó a añorar a su mujer Penélope.

"Si te quedas conmigo te ofrezco la inmortalidad"

"Deseo volver a mi hogar, a Ítaca"

"¿Es Penélope mejor que yo?"

"Claro que no. Tú eres una diosa. Eres mucho mejor que ella. Pero Penélope es mi hogar, es mi vida"

Viendo esta situación, Atenea intervino y pidió a Zeus que ordenase a Calipso dejar marchar a Odiseo. Zeus envió a su mensajero Hermes y Calipso, viendo que no tenía más opción que obedecer, le dio materiales y víveres para que se construyera una balsa y continuara su viaje. Odiseo se despidió de ella, no sin cierto recelo por si se tratara de una trampa, y zarpó. Algunas leyendas cuentan que Calipso terminó muriendo de pena.

Atenea: No deja a Odiseo ni un momento. Lo protege y le es de mayor utilidad en tierra firme que en el mar. ¿Qué sentido puede tener que sea precisamente Atenea la que protege, acompaña y aconseja constantemente al héroe? Atenea, recordemos su símbolo, la lechuza con los ojos siempre bien abiertos, representa la inteligencia. Es patrona de tejedoras e hilanderas, pero es, antes que nada, la fuerza de la mente, capaz de dominar la lanza. Odiseo representa el ingenio, la listeza, la astucia, el sentido común; Atenea completa todo eso con unas dosis de inteligencia. Con Atenea, Odiseo es invencible, sale siempre airoso, siempre triunfa.

 

 

 

LOS TIEMPOS CAMBIAN QUE ES UNA BARBARIDAD

¡Hola!

He decidido crear una nueva categoría de Entradas par el Blog. Se va a llamar “ILUSTRENCIAS” en honor a mi amiga Gilvergg que es única en inventarse palabritas, jejejeje. En esta nueva categoría incluiré aquellas pequeñas cosas que escribo para una u otra cosa (normalmente para los foros en los que participo) o para Helicon exclusivamente. Con un poco de tiempo, cambiaré a esta categoría todo aquello que esté incluido en otra y que pertenezca a este tipo de escritos.

El que incluyo hoy pertenece a una propuesta del foro de Que-Leer acerca de escribir un relato breve relacionado con el tema “La Familia Tradicional”. Esta fue mi propuesta.

 

 

 

LOS TIEMPOS CAMBIAN QUE ES UNA BARBARIDAD

 

Estaba paseando por el parque cercano a su casa, como casi todos los días a esas horas, mediodía, la hora del paseo. Iba empujando el cochecito donde llevaba a su nieto, Baltasar, el hijo de su única hija y de su pareja, un médico limeño que se había instalado hacía unos años en Madrid. Su hija, Isabel, trabajaba en la misma consulta y él se encargaba de pasear a su nieto todas las mañanas. De paso compraba una barra de pan para él y su mujer, Eloísa, que todas las mañanas se iba un par de horas a la Universidad, a unas clases para “Mayores de 65 años” a las que se había apuntado desde hacía un par de años.

Fermín, el abuelo, se encontró con un amigo de toda la vida, Genaro. Ambos se sentaron en un banco del parque.

Genaro: ¿Qué tal el nieto?

Fermín: Bien, el médico dice que está muy bien de talla y peso, le llevamos el otro día a la revisión, mi mujer y yo.

G: Claro.

F: Si, como los dos están trabajando…

G: Claro

F: ¿Has visto al nuevo vecino que tengo?

G: ¿El argentino?

F: Si, de por ahí, de Caracas, creo que dijo.

G: Si, eso.

F: No se donde iremos a parar con tanto de por ahí, ¿no te parece? Y con tantas mujeres, ¡si es que tienen muchas mujeres!!

G: ¿Esos no son los moros? Cuando yo hice la mili en Ceuta…

F: Da igual, hombre, da igual!!, todos son iguales, mujeres, hijas, cuñadas, ¡que más dá!. Donde esté una mujer como la tuya y la mía, casados por Dios y por la Iglesia, que se quite todo lo demás….

G: Claro

F: Y luego las pone a todas a trabajar, y ¡hala!! A ganar dinero….

G: ¿Trabajan las mujeres del mejicano?

F: Todas, hijo, todas. El otro día una se ofreció a limpiar la cocina a mi Eloísa, ya ves, con lo que es ella para su casa, que no sale en todo el día. Cada uno a lo suyo, ¿no te parece? La mujer en su cocina, y solo en la de ella, y los hombres a lo nuestro, nada de cosas de mujeres, como debe ser.

G: Claro

F: Si es que en nuestros tiempos…. Ahora hasta los hijos se rebelan. Fijate que el hijo del urugayo es ¡¡enfermero!! Eso es cosa de mujeres!! Como los hijos y la casa. Pues no, el niño tenía que ser ¡¡enfermero!!

G: ¿Tiene una carrera?

F: Algo así, y la de la cocina también, por lo visto, también es enfermera, en su tierra, pero aquí no encuentra trabajo ¡¡Como si fuera tan facil!! Mira la mía, médico, y sin trabajo…

G: Pero ¿no estaba en una clínica con el marido?

F: Que no es su marido Genaro, que no te enteras, es su pareja, y la clínica es de él, no de ella, ¡faltaría más!, ella solo le ayuda, no trabaja….

G: Claro

F: Bueno me voy, que me cierran la panadería y tengo que darle el biberon a Baltasar. Esta así de majo por los biberones que le prepara su abuelo, ¿verdad guapetón? Adios Genaro, y ten cuidadito, que como te descuides aquí acaban hasta con la familia y todo.

G: Claro, Fermín, Claro, cuidate tu también hombre….

 

 

El viaje de Aníbal

ANIBAL

Me llamo Aníbal. Y cuando era más pequeño viajé en un avión. Fue un viaje horroroso, así que siempre agradecí a mi familia que no me obligaran a repetirlo. No he vuelto a viajar en avión.

En aquella ocasión no me dijeron nada. Así de preocupados estaban por mi reacción ante la novedad. Lo supe por conversaciones aisladas y frases sueltas que no iban dirigidas directamente a mi:

         ¿Crees que le gustará el avión?…

         ¡Son tantas horas!…

         ¿Y si se pierde?…

         Tendremos que darle tranquilizantes…

No había oído nunca esa palabra, “tranquilizantes”. Pero sonaba a golosinas y yo, no lo había dicho aún, soy muy goloso, así que no me preocupé. Incluso me alegré.

Cuando llegó el día de la partida tampoco me lo dijeron, pero lo supe por el ajetreo en la casa y las caras de preocupación. Yo en cambio estaba feliz ante la perspectiva de un viaje. Solo en el último momento mi familia se dirigió a mi:

         Aníbal, ¡nos vamos!

Me acomodé en mi sitio, igual de alegre que siempre que viajábamos en coche, aunque esta vez nos dirigiamos al aeropuerto, un lugar donde yo nunca había estado. Y me llevé una gran sorpresa.

¡Era un edificio enorme! ¡Y cuanta gente! ¿Todos subirían al avión? ¿Cómo ibamos a caber todos? ¡El avión tendría que ser muy grande! Ahora si tenía miedo de perderme. Sin embargo cuando llegamos al embarque el número de personas se redujo considerablemente y mi familia no hacía más que intentar tranquilizarme:

         Toma Aníbal, tus golosinas favoritas…

¡Bien! ¡Siempre saben como hacerme feliz! Pero… al poco rato, justo al subir al avión, me empezó a acuciar el sueño. De repente me vi en un pasillo oscuro, estrecho y largo, y me sentía como si me llevaran en volandas. Cerré los ojos.

Al cabo de un rato cesó la sensación de movimiento y los volví a abrir. ¡Estaba dentro del avión! Pero… esto no es como un coche… Parecía… ¡Parecía el estómago de la ballena que se tragó a Pinocho! ¡Pobre Pinocho! ¡Ahora comprendí como se sentía!

De repente sonó un ruido estridente, y cada vez más alto. Todo empezó a temblar. Algo me empujó hacia atrás y cerré los ojos con más fuerza. ¡Tenía tanto miedo!

Estuve así mucho tiempo, no recuerdo cuanto, pero fue mucho, mucho tiempo. Y durante todas esas horas no dejé de temblar de miedo. También temblaba porque el avión-ballena se movía mucho, o eso me parecía a mi. Debía de estar surcando los cielos como si se tratase de un inmenso mar. Más que volar, parecía que nadaba, y yo sentía que no tocaba el suelo. Pero estaba tan aturdido con ese ruido que se colaba por todas partes que no podía dejar de apretar mis ojos con toda las fuerzas de las que era capaz.

Cuando sentí que el avión-ballena se había parado, y ya no había ruido, mi cabeza aún daba vueltas. Durante un momento no me atreví ni a moverme, pero al poco abrí los ojos. Entonces si que me asusté.

¿Dónde estaba? Aquel lugar no era el avión-ballena. ¿Cómo había salido de él? ¿Qué era aquel lugar? ¡Estaba en una habitación llena de maletas y bultos! Y entre todos ellos, allí estaba yo, sobre una silla, muy quietecito y con los ojos abiertos como platos. Creo que hasta mi boca estaba abierta de la impresión.

Una mujer extraña se situó frente a mi y se puso a hacerme cucamonas. Resultaba tan esperpéntica que volví a cerrar los ojos. Sabía lo que había pasado. Los peores temores de mi familia se habían cumplido. En mi cabeza resonó la fatídica frase:

         Aníbal ¡¡¡Te has perdido!!!

 

Mientras tanto un hombre y una mujer, visiblemente consternados, describían minuciosamente a Aníbal ante la empleada de la oficina de reclamaciones del aeropuerto. Tan absortos estaban que no se percataron de que un policía uniformado se acercaba por el pasillo llevándolo en su mano. Se situó detrás de ellos y preguntó:

         Señores, ¿es este el GATO que habían perdido?

Y al volverse, las dos voces sonaron al unísono:

      ¡¡¡ANIBAL!!!!