EL ARTE DE LEER

EL ARTE DE LEER

Imagen: Shaun Ferguson.

 

La lectura, como todo trabajo, tiene sus reglas. Indiquemos algunas de estas. La primera es que vale más conocer perfectamente algunos escritores y algunos temas que conocer superficialmente un gran número de autores. Las bellezas de una obra aparecen siempre mal a la primera lectura. En la juventud hay que andar entre los libros como se va por el mundo, para buscar entre ellos los amigos, pero cuando estos amigos han sido encontrados, elegidos, adoptados, es preciso apartarse con ellos. Ser familiar de Montaigne, de Saint Simon, de Retz, de Balzac o de Proust, basta para enriquecer una vida.

La segunda, es hacer en las lecturas un gran sitio a los grandes textos. Es necesario, a buen seguro, al mismo tiempo que natural, interesarse por los escritores de nuestro tiempo; es entre ellos entre quienes tendremos la oportunidad de poder encontrar amigos que tengan los mismos cuidados y las mismas necesidades que nosotros. Pero no nos dejemos sumergir por la marea de los librillos. El número de las obras maestras es tal que jamás las conoceremos todas. Tengamos confianza en la selección hecha por los siglos. Un hombre se equivoca; una generación se equivoca; la humanidad no se equivoca jamás. Homero, Tácito, Shakespeare, Molière, son ciertamente dignos de su gloria. Habremos de darles preferencia sobre quienes no han sufrido la prueba del tiempo.

La tercera es elegir bien su nutrimento. A cada espíritu le convienen sus alimentos adecuados. Aprendamos a reconocer quiénes son nuestros autores. Serán muy distintos de los de nuestros amigos. En literatura, como en amor, causa sorpresa la elección de los otros. Seamos fieles a lo que nos conviene. En esto somos nosotros los mejores jueces.

La cuarta es rodear nuestras lecturas, siempre que sea posible, de la atmósfera de recogimiento y respeto de que se rodean un hermoso concierto, una noble ceremonia. Leer no es recorrer una página, interrumpirse para contestar el teléfono, volver o tomar el libro cuando el espíritu está ausente, abandonarlo al día siguiente. El verdadero lector se procura largas veladas solitarias; reserva, para tal escritor muy amado, el atardecer de un domingo de invierno; agradece a los viajes en ferrocarril el que le den la ocasión de releer de un tirón una novela de Balzac, de Stendhal, o las Mémoires d’ Outre-Tombe. Experimenta un placer tan vivo en volver a encontrar tal frase, tal pasaje que él ama (en Proust, la zarza blanca o la pequeña magdalena; en Tolstoi, los desposorios de Lévine), como el aficionado a la música en acechar el tema del Mago en la Petrouchka de Strawinsky.

La quinta regla, en fin, es la de hacerse dignos de los grandes libros, porque con la lectura ocurre como con las posadas españolas y con el amor: que no se halla más que lo que se lleva. La pintura de los sentimientos no interesa más que a aquellos que los han experimentado o a aquellos que, jóvenes aún, aguardan su eclosión con esperanza y angustia. No hay nada más emocionante que ver a un joven que, el año pasado, no soportaba más que los relatos de aventuras, tomarle de pronto un gusto vivo a Anna Karenine o Dominique, porque a partir de este momento el joven sabe lo que es la dicha y el dolor de amar. Los grandes hombres de acción son buenos lectores de Kipling, los grandes hombres de Estado, de Tácito o de Retz. Era un hermoso espectáculo ver a Lyautey al día siguiente de haberle quitado Marruecos un gobierno injusto, entregarse al Coriolano de Shakespeare.

El arte de leer es, en una gran parte, el arte de volver a encontrar la vida en los libros y, gracias a ellos, de comprenderla mejor.

André Maurois (1885-1967)

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SILVANA MANGANO (1930-1989)

SILVANA MANGANO (1930-1989)

LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE

Pero a mí siempre me gustó más Silvana Mangano, a la que mi padre, por cierto, llamaba continuamente «Mag-na-no», como masculinizando el apellido de Anna Magnani, que sí que pronunciaba bien. Había participado en varias películas de Hollywood, como por ejemplo en Barrabas (1962), que es la primera película que recuerdo haber ido a ver al cine con mi padre ―mucho después de su estreno, por supuesto―, y aunque no puedo afirmar que yo la reconociera o recordara de esa película, todo lo que vi de ella después me pareció una muy elegante manera de interpretar ―inexpresividad para muchos, incluido algún profesor mío― y, sobre todo, una mujer de gran belleza. Si una de las notas característica de las maggioratas era su proximidad a la apariencia de cualquier mujer que se podía contemplar mirando por la ventana ―voluptuosas, sí, pero recias, con arrestos, con su mandil a la cintura, sudando, trabajando el campo, con rulos en la cabeza, vulnerables… y con un atractivo magnético y casi animal, accesible tras una boda o, si me apuran, en una noche de prostíbulo― la Mangano y su serena belleza me recordaba más a las inalcanzables y estilizadas actrices hollywoodienses, solo presentes en los sueños lujuriosos de los hombres que acudían al cine con su novia.

AlmaLeonorLP

SILVANA MANGANO
(21 de abril de 1930 – 16 de diciembre de 1989)

 

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LANA TURNER (1921-1995)

LANA TURNER (1921-1995)

LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE

“De todos estos juegos de Imitación a la vida (1959) ―la magnífica adaptación al cine del gran Douglas Sirk de la novela de Fannie Hurst, que ya había sido llevada a la gran pantalla, y más fielmente por cierto, en 1939, protagonizada por Claudette Colbert― no me contaba nunca nada mi padre, pero sí que me hablaba de otras cosas, de otros anhelos, de otras trastocadas vidas, de otras fórmulas de imitación y de felicidad no alcanzada. Como por ejemplo, sobre la azarosa vida amorosa de Lana Turner (Julia Jean Mildred Frances Turner), la protagonista de la película de Sirk ―donde interpretaba a un actriz que ascendía fulgurantemente en su carrera a costa de sacrificar mucho en el camino―, que también fue consentida por las productoras porque, según la propia Lana, las hacía ganar dinero con cada uno de sus líos de cama.”

AlmaLeonor LP

LANA TURNER
(Julia Jean Mildred Frances Turner)
8 de febrero de 1921 – 29 de junio de 1995

 

 

TEMPUS FUGIT RADIO

TEMPUS FUGIT RADIO

¡¡Muchas gracias a Óscar Fábrega Calahorro y a todo el equipo del programa de Tempus Fugit en Candil Radio, por la mención de VISIBLES. LAS MUJERES Y EL ESPACIO PÚBLICO BURGUÉS EN EL SIGLO XIX  y de LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE, en su programa de ayer domingo!!! ¡¡MUCHAS GRACIAS!! 

Tempus Fugit es un programa de radio en Almería, donde colaboré durante dos temporadas (los podcast y artículos se pueden ver en la barra lateral de este blog), con una sección fija llamada HISTORIA CON ALMA. El pasado domingo día 11, como colofón a la semana en la que se celebró el DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER, hicieron mención de mis dos libros con protagonismo femenino. ¡¡MUCHAS GRACIAS COMPAÑEROS!!

Se puede escuchar en el podcast de la emisión y, de paso, un programa fantástico en el que, junto a los historiadores Juanfra Colomina y Eusebio Rodríguez Padilla, hablaron de su libro, La desbandá de Málaga en la provincia de Almería, de la Editorial Círculo Rojo, sobre uno de los episodios más escalofriantes y trágicos de la Guerra Civil. Tempus Fugit, un magnífico programa de radio y uno de los más escuchados de Candil Radio. 

Se puede escuchar también aquí, o pinchando en la imagen.

AlmaLeonor_LP

 

EL CÍRCULO DE COSTURA

EL CÍRCULO DE COSTURA

“Varias vecinas se juntaban con mi madrina, al sol en el patio interior, o en el enorme portal de la calle si amenazaba lluvia, para coser. Hacían «ajuares» de novia, algo que a mí me intrigaba enormemente porque, por más que preguntaba qué era eso, las mujeres se burlaban de mí en lugar de contestarme.

― ¿Qué estáis haciendo?
― Ajuares, niña…
― ¿Qué son ajuares?
― Algo que tú tendrás antes de casarte…
― … pero que tendrás que guardar sin mancha…
― … si no quieres hacer mala boda…

Y se echaban a reír mientras mi madrina las hacía callar con un «no hagas caso a estas chismosas». Ella me dejaba sentarme a su lado para ver como lo hacían. Una sábana o un mantel era bordado entre dos… un almohadón o una servilleta era cosa de una sola. A mí me maravillaba ver cómo una simple aguja con hilos de colores dejaba en el lienzo blanco tantas bellas composiciones: flores, hojas, ramos, cuadrados, rectángulos, más flores… poco a poco aquellas mujeres, sin dejar de reír y de hablar, a veces a voz en grito, otras en susurro, iban componiendo belleza en unas sábanas que serían estrenadas por una novia en su noche de bodas ―un día escuché que los ajuares eran para eso― y tal vez, pensaba yo, lavadas por manos ajenas unos años después.

Pero aquel círculo de comadres servía de mucho más que de improvisado taller de ilusiones bordadas a punto de cadeneta. Era un círculo de confianza, de compadreo, a veces sincero y a veces con gran doblez, pero donde se sentían seguras para hablar de sus cosas. Cosas que no dirían ni a su marido ni a su párroco y que, por cierto, no tenían ningún empacho en comentar conmigo delante, a sabiendas de que yo no me enteraba de nada.

Los ajuares los cosían las madres para las hijas y éstas colaboraban cuando ya tenían novio formal. En el círculo de mi madrina, solo había madres. Ninguna novia.

― ¿Esta es una sábana de ajuar, de las que coses?
― Si… es para la hija de Matilde… se casa este otoño. Ya está terminado y se lo estoy planchando. ―Mi madrina guardaba un cariño especial por Matilde, la hija.
― ¿Y tú por qué coses si no tienes hijas?

Creo que nunca nadie golpeó tan fuerte a mi madrina como lo hice yo con aquella pregunta. No fue mi intención hacerle daño y ella lo sabía, pero se lo hice. Mucho. Nunca valoré lo suficiente lo que significaba para las mujeres españolas de la generación de mi madrina cumplir con el sacrosanto deber de ser esposas y madres. Por supuesto, por ese orden. Para mí, en cambio, ninguna de las dos cosas adquirió nunca gran importancia. Mi divorcio supuso un alivio y no he sentido nunca el deseo de ser madre. Pero para mi madrina, madre de cuatro hijos varones, no haber tenido una hija constituía un profundo dolor, que además estaba sumido en la más abnegada de las renuncias.

― Bueno… te tengo a ti.
― Pero yo no me voy a casar, ni voy a coser, ni voy a planchar… ¡Nunca! Yo me quedo con ti, madrina. Yo con ti.
― No te preocupes. Para coser y planchar estoy yo… para lo demás… Dios dirá.
― ¡No! Lo diré yo.

Para ser una mujer tan religiosa como lo era mi madrina, resultó desconcertante la extraña sonrisa que le provocó mi rotunda diatriba y cuyo significado nunca adiviné. Tal vez solo se quedó pensando si, con aquel aplomo, parecía más lista que tonta o si por el contrario, mi rebeldía casamentera me convertía en más tonta que lista. Pero lo que yo sí intuí, ya desde entonces, es que los matrimonios eran sinónimo de problemas. Lo había sido el de mi padre, lo era el de mi madrina, más tarde lo sería alguno de los de mis primos y también el mío. Definitivamente, los matrimonios son un azote del infierno.”

Las Actrices Favoritas de mi Padre
AlmaLeonor López Pilar

 

EL OLOR A MI PADRE

EL OLOR A MI PADRE

 

“Para mí, el olor de mi padre era especial. Recuerdo que siendo yo adolescente sabía cuándo llegaba tarde a casa porque al subir por las escaleras reconocía el olor de mi padre. «Vaya… llegó antes que yo», me decía a mí misma mientras mi mente empezaba a preparar la excusa que me redimiese por no llegar a tiempo para la cena. Supongo que muchos pensarán lo mismo de sus propios progenitores, es como una forma cariñosa de identificación perenne, algo ancestral incluso, como una reminiscencia de nuestro pasado más salvaje. Un olor que podemos reconocer como de hogar, aunque nunca seamos capaces de describir las notas aromáticas de su composición.

Y no era el olor a su colonia al que me refiero cuando digo que su aroma era especial. Desde luego, nada comparable al Chanel nº 5 de Marilyn, ni con su aroma ni con su significado ―en 1960, Marilyn Monroe confesó en una entrevista para Marie Claire que dormía solo con Chanel nº 5―, porque usaba una colonia del montón, de esas que utilizaban los obreros que podían comprar colonia para hombre ―la inmensa mayoría de los señores solo utilizaban loción para el afeitado―. Y además, en las droguerías ―antes, tanto la colonia para perfumar, como la lejía para fregar o la sosa para desinfectar, se dispensaban únicamente en las droguerías― solo tenían dos o tres marcas a lo sumo y casi con la misma combinación de fragancias. Entonces, todo el mundo conocía el aroma de su colonia y no hacía falta más, aunque fuese relativamente fácil identificar los pocos aromas que se podían encontrar en las casas.

Hoy, aún puedo recordar el olor de la colonia de mi padre. Ni me gustaba entonces, ni me gusta ahora ―sigue existiendo―.

Él olía a «mi padre». Era un olor particular, suyo. Para mí. Ni bueno ni malo. Propio. Reconocible. Querido y entrañable. Un olor que evocaba hogar.”

Las Actrices Favoritas de mi Padre
AlmaLeonor López Pilar

 

Mi padre, Antonio López Olivar, hubiese cumplido hoy 79 años.
In memoriam.

 

MARGARITA CANSINO

MARGARITA CANSINO

LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE

“Nunca pensé que esta vida mía, tan simple y tan idéntica a la de muchas otras personas, fuese a acabar configurando un mundo de relatos con el cine como principal protagonista. Bueno, no exactamente el cine, sino las actrices favoritas de mi padre. Y tampoco es exacto que mi vida fuese totalmente simple y anodina, así que no he comenzado con toda la sinceridad con la que esta historia se merece.
Empezaré de nuevo.
Mi vida guardaba un misterio…”

RITA HAYWORTH
(Margarita Carmen Cansino Hayworth ) 
17 de octubre de 1918 – 14 de mayo de 1987

 

 

ANN MILLER

ANN MILLER

 

LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE

“Como decía, incluso con mis pocos años llegué a poder diferenciar a cada una de aquellas extraordinarias bailarinas. Desde la misma Eleanor Powell ―que en los años sesenta fue nombrada «la más grande bailarina de claqué del mundo»―, mi favorita siempre, hasta Ann Miller…

― Ann Miller tenía unos zapatos de claqué tan brillantes como los tuyos, a los que incluso puso nombre. Se llamaban Joe y Moe…”
#AlmaLeonor_LP

ANN MILLER
(Johnnie Lucille Collier)
12 de abril de 19231 – 22 de enero de 2004

LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE

BÁRBARA STANWYCK

BÁRBARA STANWYCK

LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE

“Bárbara Stanwyck también era de sus favoritas, una mujer de rompe y rasga, capaz de ponerse el mundo por montera y desafiar a los mismísimos demonios del averno. Siempre le gustó, decía, su mirada cortante y su postura desafiante, sobre todo cuando alzaba la barbilla y se quedaba como «suspendida» en el aire mientras pronunciaba su frase o una palabra de su papel, lo que acabó por ser una de sus notas características, las que la auparon entre las más grandes intérpretes melodramáticas del Hollywood de su tiempo. Fue una de esas malas del cine con las que mi padre sí comulgaba.”
#AlmaLeonor_LP


BÁRBARA STAWYCK 
(Ruby Catherine Stevens)
16 de julio de 1907 – 20 de enero de 1990