LA DESPENSA DE LA PICARAZA

LA DESPENSA DE LA PICARAZA

Suena a título de libro, pero no, no… va de despensas y picarazas. De todos es sabido que los córvidos son aves “apandadoras”, capaces de “robar” objetos y guardarlos en escondrijos o en sus nidos. Sabido es también que algunos animales, incluidas las aves, recopilan alimentos durante el día (o durante una estación) para poder disponer de ellos en otro momento. Lo que no sabía yo es que las picarazas (Pica pica, también conocida como picaza, marica, pega…), tan listísimas ellas, eran habilidosas constructoras de “despensas”. Al menos la que yo vi el otro día.

Volvíamos a casa mi marido y yo, cuando unos metros más adelante, vimos posarse una picaraza sobre el parterre y empezaba a picotear el suelo. Pensamos que estaba buscando lombrices o bichillos porque su picotear era insistente, tanto, que hubo un momento en el que desapareció su cabeza entera en el suelo. Nos quedamos un poco quedos, andando muy despacio para observar lo que hacía, porque aquello que habíamos visto nos resultó extraño…

-¿Ha metido la cabeza en el suelo?

-Eso parece…

Seguimos andando con mucho cuidado cuando otra tarea de la picaraza nos llamó poderosamente la atención… cogió una hoja seca con su pico y la depositó encima de donde había estado picoteando…

-¿Has visto eso…?

-¿Ha cogido una hoja y la ha utilizado como “tapa”?

Eso exactamente era lo que habíamos visto. La picaraza se marchó volando ante nuestra presencia (y seguramente no muy lejos) y entonces nos acercamos al lugar exacto donde habíamos visto realizar semejante comportamiento. Efectivamente, allí estaba la hoja seca…

La levantamos y vimos un agujero en el suelo, lo suficientemente grande como para que la picaraza pudiera ocultar su cabeza dentro de él, que era lo que habíamos visto antes…

Miramos dentro y encontramos esto: dos trocitos de comida, restos de un pajarillo negro, y otra hojita seca que los separaba…

Aquel pájaro, la picaraza, uno de los pájaros más listos que he visto nunca, se había fabricado una “despensa” delante de nuestros ojos… A veces me pregunto qué nos ha hecho creer que somos la cima de la evolución.

Las imágenes son todas propias. Las de las picarazas no son del mismo momento del hallazgo, son de otros días, pero seguro que la que hizo su “despensa” estaba observándonos igualmente.

AlmaLeonor

 

Anuncios

LAS VÍRGENES SIN NOMBRE

LAS VÍRGENES SIN NOMBRE

Virgen de la Consolata (Turín). Se dice que fue pintada por San Lucas (detalle).

¿Se habían dado cuenta de que todas las advocaciones de la Virgen María en nuestro país, carecen, en realidad, de nombre alguno? Ni siquiera María, tan popular como nombre propio en el mundo entero, puede ser un nombre, sino un apelativo. De hecho, de los personajes principales del relato Bíblico, solo Jesús tiene un nombre propio como tal, que derivaría del Yeshúa arameo, transformado en el Iesoús griego para finalizar con el Iesus latino. Hay quien lo hace derivar del hebreo Josué, que es el mismo que en arameo se diría Yeshua, pero eso sería otra historia. El caso es que él sí que tiene nombre, mientras que por mucho que busquemos, a Dios padre no se le conoce otro nombre que el de Dios, que puede ser un título tan genérico como el de Espíritu Santo, el otro vértice de la Trinidad, y de quien tampoco conocemos el nombre… ¿el espíritu santo… de quién?

Pero hablaba yo de María… La Biblia reconoce como María a varios personajes, empezando por la Madre de Jesús, pero también María la hermana de Moisés y Aarón, que acabó siendo reconocida por el nombre original en hebreo, Miryam (origen del Maryam en árabe), mientras que para la Madre de Jesús se utiliza simplemente María. Pero es que María, según alguna de las muchas interpretaciones que se han realizado sobre esta palabra, significa “señora”, un título. No debemos desdeñar esta interpretación porque fue realizada por los mismísimos Padres de la Iglesia (siglos I-VIII), partiendo del arameo mra, con ese significado de “señora” o también “excelsa”. Incluso en algunas versiones posteriores, María es relacionado también con “luz”. Yendo más allá, una interpretación de ese nombre de María, bajo la óptica egipcia, haría derivar el vocablo de mry, que significa “amada”. La Iglesia reconoce los apelativos de Santa María, Madre de Dios o María, Madre de la Iglesia… pero no quiere decir que sea un nombre.

 

Para concluir… no importa tanto encontrar el auténtico origen de este vocablo, como constatar, con todo ello que, en todo caso, María, bien puede ser un título o un tratamiento: la excelsa y amada señora que dio a luz a Jesús…  la Santa Señora,  madre de Dios; o la Señora que es Madre de la Iglesia. O sea, una mujer sin nombre.

Piensen en sus nombres, o en los de sus esposas, madres e hijas… Curiosamente, en España hubo un tiempo en el que era de cumplimiento obligado incluir María delante de todo nombre de niña (una amiga mía, de nombre Susana y cuya madre se negaba a tal norma, acabó incluyéndola por obligación, pero al final: Susana María), y ahora pienso que, además de un absurdo precepto religioso (que, por otro lado, era más alienante que absurdo), tenía una razón lógica. Les cuento, verán. Mi madre se llama Pilar, solamente Pilar. A mí me bautizaron como María del Pilar por mor de ese precepto que mencionaba antes, pero es que ahora veo que el nombre de mi madre no tiene ninguna lógica… Pilar… mi madre lleva el nombre de ¡una columna de piedra! No es un nombre, ¡es una columna! En cambio, el mío, María del Pilar, significa, implícitamente al menos, un apelativo femenino: “la señora del pilar de piedra”… no es que me lleve un nombre propio tampoco, pero al menos no me quedo solamente con la piedra.

Virgen del Pilar (1780), de Ramón Bayeu (1746-1793)

Si pensamos en prácticamente todos los nombres marianos de España, encontramos ejemplos similares: La Inmaculada Concepción, que son dos nombres femeninos, no son nombres, son los atributos que le asignó la Iglesia de Roma a la Madre de Jesús, a la que nombró Virgen por decreto conciliar; Lo mismo podríamos decir de la Virgen de la Asunción, en realidad, una mujer que es llevada al cielo (asunción) en cuerpo y alma tras su “durmimiento”; o Dulce Nombre de María, que nos queda con las ganas de saber cuál es ese nombre, el de esa “señora excelsa” cuyo nombre es tan dulce… Pero es que hay más…

  • María del Mar… la señora del mar.
  • La Virgen de Lourdes… una aparición mariana en la localidad francesa de Lourdes, como la Virgen de Fátima lo es por la localidad portuguesa del mismo nombre, o como la Virgen de Loreto lleva ese apelativo por la ciudad italiana de la que es originaria, un vergel de laureles (lauretum en latín). Y lo mismo pasa con la Virgen del Rocío, una imagen hallada en la aldea almonteña del mismo nombre, o las rivales vírgenes sevillanas de distintos barrios, la Macarena y la de Triana… llevan el nombre del barrio, no un nombre propio.
  • La Virgen del Camino… una señora en el Camino de Santiago.
  • La Virgen del Pino… una imagen encontrada en un pino en la bella localidad de Teror en Gran Canaria.
  • Nuestra Señora de los Ángeles… ni siquiera es María…
  • Nuestra Señora de la Esperanza… de la Fe, o de la Caridad, todos ellos nombres femeninos hoy en día, pero que son solo virtudes teologales.
  • María Auxiliadora, o la Virgen del Perpetuo Socorro, o Nuestra Señora de la Purificación o de la Consolación… explican muy bien cuál es su función, pero no es nombre.
  • Nuestra Señora del Rosario… pues eso, lo que lleva la señora en la mano.
  • Nuestra Señora del Carmen… curioso, porque deriva del Monte Carmelo, en Israel, o de la palabra Carmen, que es un canto extraño, un conjuro, un hechizo, un poema cantado con un ritmo determinado y cadencioso.
  • Nuestra Señora de los Dolores… no hace falta decir lo que son los dolores…
  • Nuestra Señora de la Almudena… la señora de la “ciudadela”, al-mudayna, o madina, un diminutivo árabe de “ciudad”, como la ciudadela árabe que existía en Madrid, la Almudena, o la antigua medina musulmana, en cuya muralla se encontró la que hoy es la patrona de Madrid.

… Piénsenlo.

Busquen una advocación mariana y se encontrarán con que en realidad no dice el nombre de la mujer de la imagen, sino un atributo, un lugar de origen, un elemento sobre el que se posa, un objeto que porta… pero no un nombre, porque ni siquiera María lo es… significa “señora”.

En cambio, los nombres propios los encontramos fácilmente en el pecado (Eva, Magdalena) o en el santoral: Santa Isabel, Santa Ana, Santa Lucía, Santa Águeda, Santa Bárbara, Santa Brígida, Santa Catalina, Santa Clara, Santa Cristina, Santa Elena, Santa Eulalia, Santa Genoveva, Santa Inés, Santa Juana, Santa Lucrecia, Santa Margarita, Santa Micaela, Santa Matilde, Santa Mónica, Santa Rosa, Santa Teresa, Santa Úrsula, Santa Tecla, Santa Felicidad… una santa que bien podría ser virgen, pues su nombre es un estado emocional en realidad.

LA VIRGEN DE SAN LORENZO

La Virgen de San Lorenzo de Valladolid (Fuente: Domus Pucelae)

Me he desviado un poco bastante del tema, porque yo, de lo que quería hablar es de la patrona de mi ciudad, la Virgen de San Lorenzo. Pero cuando me he dado cuenta de que, en realidad, nuestra Virgen no tiene nombre, me he puesto a pensar y he descubierto que, como he explicado, no lo tiene ninguna. Así que nuestra patrona no es un caso extraño. Es, eso sí, la única de la península (creo, tampoco he realizado un estudio exhaustivo) que lleva el apelativo de un señor, de un santo.

La historia de nuestra Virgen pucelana es prácticamente igual a la de todas las de los hallazgos de tallas de imágenes marianas contadas en casi todas partes. La mayoría de esas historias derivan de que, por temor a la invasión musulmana, muchas imágenes de cristos, santos y vírgenes fueron ocultadas, apareciendo “milagrosamente” tiempo después y originando su propia leyenda (aunque se tallase realmente en siglos posteriores). Esta Virgen nuestra fue hallada por unos aguadores vallisoletanos a la orilla del río, en la parte donde se solían abastecer desde el río Pisuerga para venderla por la ciudad, justo donde la historia sitúa la “Puerta de los Aguadores”, fuera de las murallas vallisoletanas.

Talla de la Virgen de San Lorenzo de Valladolid (Fuente: El Norte de Castilla)

Esa imagen, no tan pequeña como otras de su época y con un niño en brazos, originaria, hoy lo sabemos, de la segunda mitad del siglo XIV y de autor anónimo, fue llamada en un principio, la Virgen de los Aguadores, lo que viene a corroborar dos cosas: que ninguna Virgen lleva nombre propio y que esta nuestra siempre tuvo un nombre masculino.

La imagen fue entregada al párroco de la vecina Iglesia de San Lorenzo, la más cercana al río en esos momentos, y allí permaneció durante mucho tiempo, siendo tenida por la patrona de los aguadores del río y, más tarde, de todo Valladolid.

En 1917 es canonizada y el Ayuntamiento la nombra oficialmente Patrona de la ciudad de Valladolid (además de alcaldesa perpetua, lo que hoy causaría estupor) con lo que este año se celebra el centenario de ese nombramiento.  Como no se sabe a ciencia cierta en qué día fue hallada, para la celebración de la patrona se fijó la fecha de su festividad, el 8 de septiembre, día en el que el santoral católico celebra el nacimiento de la Virgen María, la madre de Jesús.

Y desde entonces se celebra en Valladolid la fiesta de su patrona en este 8 de septiembre, una fiesta y una patrona que, contrariamente a lo que sucede con la mayoría de las vírgenes de nuestro país, no tiene su santuario propio y ni siquiera recibió nunca un nombre. Se quedó como “la virgen que se encuentra en la Iglesia dedicada a San Lorenzo en Valladolid”, o sea, la Virgen de San Lorenzo, la patrona de Valladolid.

AlmaLeonor

¡¡Felices Fiestas!!

LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE

LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE

Tengo el placer de dar a conocer mi novela corta titulada LAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE, una obra en la que llevo trabajando tiempo y que es un sentido homenaje a mi padre, al Hollywood dorado de las actrices de los años 30, 40 y 50 y a una época en la que el cine era la válvula de escape de mucha gente.

De momento está disponible en formato digital en AMAZON, pero pronto estará lista en versión papel. Espero que podáis echarle un vistazo y que os guste. Hay muchas ilusiones puestas en este proyecto que hoy ve la luz.

Son muchas las personas a las que tengo que agradecer que hoy pueda contaros esto. No sería justo dejarme a nadie en el tintero, así que iré hablando de todo esto en los días sucesivos, con un poco de poso y tranquilidad.

¡¡Muchísimas gracias!!

AlmaLeonorLP

CORRUPTELAS QUE HICIERON HISTORIA (I)

CORRUPTELAS QUE HICIERON HISTORIA (I):

Primera parte: El Valido y sus “Tesoreros”

Artículo publicado por Alma Leonor López el 4 marzo, 2013 en la Revista Digital Anatomía de la Historia 

rodrigo_calderon
Rodrigo Calderón, conde de la Oliva de Plasencia (circa 1612), obra de Peter Paul Rubens (Royal Collection del Castillo de Windsor, Inglaterra)

La corrupción política y pública es un mal endémico de plena actualidad. Aunque no sea un consuelo, la Historia de España nos ofrece algunas de las más suculentas muestras de esas malsanas prácticas.

En el siglo XIV, los sobornos a alcaldes, escribanos y oficiales de Cortes eran tan frecuentes que una vez encontrado culpable al oficial corrupto, se le expulsaba de la Corte y se le excluía de la posibilidad de ocupar cargos públicos de por vida. La práctica debía ser tan corriente que se establecieron penas durísimas para los reincidentes. Así lo hizo saber Fernando IV  en 1312 en las Cortes de Valladolid:

“Otrossí tengo por bien que todos aquellos que andan baldíos a procurar cartas de la mi chançellería por algo que les den que se vayan de la Corte o se dexen deste ofiçio e caten sennores con quien bivan. E porque desto viene grande serviçio a mí e granddanno a la mi tierra e enfamamiento a los míos oficiales, e, si por auentura en esto fueren fallados, mando por la primera vez que les den çient azotes, e por la segunda que los desorejen, e por la tercera que los maten por ello”.

Durante el siglo XVII, la época de los validos, la corrupción se enseñoreaba de la Corte y toda la administración real. El duque de Lerma fue el más avezado en este “oficio”: Durante el traslado de la Corte a Valladolid realizó importantes negocios inmobiliarios, que se multiplicaron con la vuelta a Madrid.

Recibía constantes regalos económicos del rey y rentas de Italia y compró pueblos enteros a la Corona (con un dinero escamoteado de la Hacienda Real) que le proporcionaron más de 600.000 ducados de renta solo en 1607. También favoreció a toda su familia (hermana, tíos, yernos, nietos y biznietos) con cargos y prebendas.

El teólogo e historiador Juan de Mariana llega a proponer en un arbitrio toda una serie de medidas encaminadas a contener el gasto de la Corte y la Casa Real, a las que criticaba la multiplicación de concesiones de mercedes económicas desde el valimiento.

Es decir, atacaba la corrupción que se había instalado en España. En lugar de obtener respuesta a sus peticiones, lo que consiguió Juan de Mariana fue la oportuna prohibición de su libro y la apertura de un proceso judicial contra él (¿un prematuro juez Garzón?).

duque-lerma-rubens-644x362
Retrato ecuestre del duque de Lerma (1603), por Pedro Pablo Rubens (Museo del Prado)

A partir de entonces comienzan a caer los protegidos más corruptos del valido. El consejero real Fernando Carrillo realiza una auditoría en el Consejo de Hacienda a resultas de la cual Alonso Ramírez de Prado (fiscal del Consejo de Hacienda, consejero regio y brazo derecho de Lerma en política fiscal) fue detenido y acusado de cohecho y enriquecimiento ilícito. Se le embargaron bienes por valor de 1.704.000 ducados.

Pedro Franqueza, marqués de Villalonga se le incautaron cinco millones de escudos en bienes, enseres y metálico que se hallaron en su casa (¿en “bolsas de basura”?), aunque intentó ocultar su fortuna destruyendo documentos comprometedores y distribuyendo sus dineros por distintos puntos de España (aún no existían los “Paraísos Fiscales”). Fue condenado al pago de más de un millón de ducados y a prisión perpetua.

Pedro Álvarez Pereira, miembro del Consejo de Portugal, también fue detenido y condenado por delitos de corrupción.

En total, casi 500 delitos económicos salieron a la luz en 1610 cometidos por quienes “aprovechándose de la mano y autoridad que alcanzó con sus oficios, usó mal dellos y de la Real gracia, convirtiéndola en avaros, codiciosos y propios fines, procurando engrandecerse desvanecidamente (…), procediendo en lo demás con escándalo del Real servicio, mala cuenta de sus ocupaciones y nota general del Gobierno” (a decir de Fernando Carrillo, eminente consejero del rey Felipe III).

Pero el personaje al que más se le cuestionó por corrupción y malas artes, que incluían el asesinato, fue a Rodrigo Calderón (no “tesorero”, pero si una especie de secretario general de Lerma), quien había acumulado bienes, honores y poder, merced a su posición de privilegio y a la generalización de la corrupción en la Corte.

Su ambición fue tal que al poco de ser nombrado secretario de Cámara del Rey, ya pudo haber desfalcado 15 millones de escudos, además de hacerse con el privilegio de imprimir la Bula de la Cruzada (que le proporcionaba grandes beneficios), y recibir varios nombramientos nobiliarios y cargos. Incluso logró, para frenar las acusaciones populares que ya circulaban sobre él, que se emitiese una Real Cédula que “condenaba a perpetuo silencio a cuantos quisieran acusar a Don Rodrigo, al que se daba por buen ministro”. Es decir, consiguió inmunidad para sus corruptelas.

En 1618, Calderón fue finalmente acusado de enriquecimiento ilícito y de otros delitos (un total de 214 cargos, entre los que se encontraba la sospecha de haber utilizado venenos contra la reina Margarita causando su muerte) y conducido a prisión. Allí esperaba estoico un perdón del rey (ahora sería un indulto gubernamental) que nunca llegó, pues Felipe III falleció el 31 de marzo de 1621.

El nuevo rey y el nuevo valido (el conde-duque de Olivares, que mantenía una animadversión personal contra Calderón) ejemplificaron con la condena del secretario el fin de la corrupción administrativa y el inicio de una nueva forma de gobierno. Así, le retiraron sus títulos y honores, le embargaron sus bienes y:

“le condenaron a que de la prisión en que está sea sacado en una mula de freno y silla y le lleven por las calles públicas y le lleven a la Plaza Mayor, y en ella esté un cadalso para este efecto y en él le corten la cabeza, siendo degollado por la garganta hasta que muera de muerte natural”.

El duque de Lerma fue finalmente investigado a su vez y quedaron al descubierto todas sus tramas de corrupción. El rey le permitió retirarse a sus dominios de la ciudad de Lerma cuando obtuvo el capelo cardenalicio que había solicitado a Roma en previsión de su condena: “Para no morir ahorcado, el mayor ladrón de España, se viste de colorado” (dicho popular). Un “cambio de chaqueta” en toda regla.

AlmaLeonor

Continuará

1ª Parte: El Valido y sus “Tesoreros”.

2ª Parte: Corrupción en el siglo XIX y principios del XX.

3ª Parte: Los Casos desde el franquismo.

ESCAPADA RURAL A… TIEDRA

ESCAPADA RURAL A… TIEDRA

1-pc050027

Así sin pensarlo siquiera, la mañana del lunes 5 de diciembre nos pusimos en marcha hacia la Santa Espina para hacer unas fotos y disfrutar de una luminosa mañana y tan extrañamente calurosa para ser diciembre en Valladolid, tanto, que no hemos bajado de los 13º en todo el recorrido. Sin embargo, mientras fotografiábamos los eólicos que hay cerca de la Santa Espina, se nos ha ocurrido que en lugar de ir al Monasterio, sería buena idea acercarnos a Tiedra, que no conocíamos. Y eso hicimos. Por el camino, nos hemos encontrado un grupo de avutardas disfrutando del buen tiempo sobre la tierra de campos vallisoletanos. Aunque estaban lejos no se han inmutado con nuestra presencia y parando un minuto en la entrada de un camino, nos hemos podido acercar para tomar una fotografía.

Llegamos a la Santa Espina por la VP-5501, desde donde tomamos la VP-5012 hasta San Cebrián de Mazote (nos pararemos un momento en el camino del vuelta) y desde ahí, llegamos a Tiedra por la VP-5605 primero y, tras atravesar la autovía A6, entramos en Tiedra por la VP-6605. Son apenas 19 kilómetros por un paraje de extraordinaria belleza, los Montes Torozos vallisoletanos, especialmente bonitos en este otoño templado. Lo único que nos sobresaltó tristemente es que en los alrededores de la Santa Espina vimos muchas encinas enfermas y secas… muy triste.

4-img_2237

Tiedra es una localidad de apenas 300 habitantes, pero con un cierto encanto. Antes de llegar nos acoge una entrada jalonado por robles que augura una buena visita. Enseguida se ve el Castillo de Tiedra, apenas un torreón rodeado por una muralla con foso, pero al estar situado sobre una loma, se deja ver enseguida dominando parte de Tierra de Campos,  concretamente el valle del Duero hacia Toro. Y es que Tiedra está situada en el límite de Tierra de Campos, en las estribaciones occidentales de los Montes Torozos, y las vistas desde el castillo tienen que ser espectaculares. No lo pudimos ver por dentro (hoy es un museo) porque tiene sus horarios y nosotros no los habíamos consultado siquiera, pero se puede hacer uno una perfecta idea de la sensación de poder de quien dominara este castillo y el enclave de Tiedra.

En este castillo se tenía que haber llevado a cabo el encuentro del Cid con la infanta Urraca de Zamora, a instancias de su hermano, el rey Sancho II, quien quería que Urraca le cediese voluntariamente su propiedad (herencia de su padre) a cambio de la villa de Medina de Rioseco. Pero nunca se llevó a efecto. Sin embargo, este hecho sirve para señalar la primera mención del castillo de Tiedra en el siglo XI, justo cuando los reinos de Castilla y León se separan y Tiedra forma parte del Reino de Leon. Después, vuelve a aparecer como moneda de cambio en 1204, cuando el Papa Inocencio III anuló el matrimonio de Alfonso IX de León con su prima Berenguela de Castilla por consanguinidad, con quien se había casado en 1197 y de cuyo matrimonio nacieron cinco hijos. Alfonso le entregó a su ya exmujer, el enclave de Tiedra y el de San Pedro de Latarce como compensación. El Castillo acabó en manos de los Téllez de Meneses en el siglo XIII, siendo señor de Tiedra, entre otros títulos, Tello Alfonso de Meneses.

Reina Leonor Urraca. Biblioteca BritánicaY ahora viene lo interesante y que a mí me ha emocionado como cada vez que me encuentro ante la historia de una Leonor, nombre de tanta raigambre en Castilla. Al morir Tello Alfonso hereda sus propiedades el rey Enrique II, quien dona Tiedra a su hermano Sancho de Castilla y de este lo hereda su hija Leonor Urraca (1374-1435), llamada “ricahembra de Castilla”, poseedora de varios señoríos castellanos (condesa de Alburquerque, señora de Urueña y señora de Medina del Campo, entre otros muchos), que casó con el infante Fernando de Trastámara (o de Antequera, o el Honesto, futuro rey de Aragón como Fernando I, el primero de la dinastía castellana). Se comprometieron cuando Leonor tenía 16 años y Fernando 10 y se casaron cuatro años después, llegando a nacer de esta unión siete hijos, infantes de Aragón. Leonor Urraca fue la madre de Alfonso V el Magnánimo, rey de Aragón (y de Nápoles y Sicilia) y de Juan II de Argón, padre del Príncipe de Viana y de Fernando el Católico. También fue la abuela de Leonor de Castilla, esposa del emperador Federico III de Habsburgo.

Una mujer muy valiente y decidida que residió en su palacio de Medina del Campo, fundando el hoy Convento de Santa María la Real, desde donde tuvo que hacer frente al encarcelamiento de sus hijos y a la lucha contra el futuro Condestable de Castilla y valido del rey Juan II de Castilla, Álvaro de Luna. Leonor Urraca falleció en Medina del Campo en 1435 y fue enterrada en el mismo convento en una tumba sencilla con una lápida en el suelo.

6-pc050025

No son los únicos avatares de este trasmaneado castillo, pues en 1430 el rey Juan de Castilla confisca castillo y villa y lo convierte en prisión. Allí estuvo preso el obispo de Palencia, acusado de complot para derrocarle, aunque finalmente fue absuelto. Hoy puede verse la reproducción de un cadalso en las almenas, que, además de parapetos defensivos, solían hacer las veces de prisión medieval. Finalmente, los Reyes Católicos confirmaron el señorío de Tiedra con su castillo para Pedro Girón, Maestre de Calatrava y I Señor de Urueña. Su señorío abarcaría la casa de Osuna (con Pedro Téllez-Girón y de la Cueva en el siglo XVI), que  fue la propietaria del Castillo hasta el siglo XIX.

Desde entonces también ha llegado a pasar por varias manos, varias desafortunadas manos, diríamos mejor: en el siglo XIX, la familia de Gaspar Rodríguez utilizó parte de su estructura para otras construcciones; la familia de Alonso Carmona lo adquiere en 1911 y lo convierte en un palomar; no es hasta el año 2004 cuando el Ayuntamiento de Tiedra se hace con el castillo, quien inicia las labores de reconstrucción, terminadas en el 2013, que hoy permiten visitarlo en todo su esplendor.

Desde el castillo se puede ver todo el pueblo, incluidas las dos iglesias que hoy quedan de las cuatro que llegó a tener la localidad. Bueno, también está la Iglesia del Salvador, que es la que ofrece culto, y la Ermita de Nuestra Señora de Tiedra Vieja en las afueras.

11-pc050033

La Plaza Mayor es un bonito espacio con casas de balconadas y pilares de piedra y madera, algunas de las cuales son de los siglos XVI a XVIII. El edificio del Ayuntamiento cierra uno de los lados dotando de empaque a la plaza, pues el edificio, un antiguo hospital, es una bella muestra decimonónica de construcción civil, con elementos de diferentes estilos. Me gustaría sugerir desde aquí que en estos bonitos pueblos se tenga muy en cuenta el aspecto estético de sus edificaciones, impidiendo aparcar en plazas con tanto encanto o delante de edificios históricos al menos. Aunque apenas vimos gente paseando, los vehículos estaban en todas partes.

La Iglesia de San Miguel es un templo construido en el siglo XVI sobre una antigua iglesia románica, con una alta y esbelta espadaña sobre una torre que tuvo en su tiempo una función defensiva. No llegamos a entrar, porque al acercarnos vimos y oímos lo que parecía ser una actividad de serrería.

21-img_2240

Las ruinas de la mudéjar Iglesia de San Pedro son mucho más interesantes, aunque pudiera pensarse lo contrario. Construida en el siglo XVI y reformada en el XVII, hoy es un enclave derruido y un tanto descuidado, pero que ofrece multitud de ángulos muy fotogénicos, con vistas increíbles hacia el castillo. Entre la basura y maleza encontramos hasta alguna lápida en el suelo… sería interesante que se pudieran conservar los restos tal y como están, pero con un mantenimiento continuo para no acumular tanta suciedad. También está situada en alto y ofrece una imponente vista igualmente desde el castillo, con un aire defensivo, pero en el otro extremo del pueblo. Al alejarnos vimos que en el subsuelo y dentro de un recinto amurallado que parecía privado, se encontraban unas aberturas en arco que parecían bodegas inmensas.

Tiedra fue una zona vaccea y se sabe que este pueblo ocupó el territorio desde la mitad el primer milenio a.C. Los romanos lo llamaron Amallóbriga   y establecieron una civitate (ciudad) nombrada por Plinio y Ptolomeo. Hoy, todo el conjunto vacceo-romano constituye el Yacimiento del Cerro de la Ermita de Tiedra,  de la Edad del Hierro y lugar donde a finales del siglo XVI se edificó la ermita de Nuestra Señora de Tiedra Vieja. El Yacimiento cuenta con la denominación de Bien de Interés Cultural desde 1994.

52-pc050084

Pero el enclave de la Ermita de Nuestra Señora de Tiedra Vieja es magnífico, aún sin poder ver las excavaciones arqueológicas (están ocultas en el subsuelo tanto de la ermita como de las tierras de alrededor). Se puede llegar a él tanto desde el pueblo por un bonito camino arbolado de 400 metros, como desde la carretera, por una entrada señalizada. La ermita se reconstruye en el siglo XVII sobre una iglesia anterior y tras varias restauraciones, sobre todo a partir del 1713 bajo patronazgo de la familia Alderete, luce como hoy puede contemplarse. Bueno, lo de contemplarse es un decir, porque estaba cerrada. Hoy, veo que las visitas, gratuitas, son guiadas y con grupos a partir de ocho personas, aunque dicen que puede visitarse “durante todo el día”. La próxima vez llamaré por teléfono a ver si podemos entrar.

Es un magno edificio de estilo barroco con una Hospedería adosada que conserva varias de sus dependencias en buen estado. También se puede encontrar en el interior de la ermita un órgano procedente del Monasterio de la Santa Espina. Desde la entrada de la hospedería hay un camino de tierra que en apenas veinte minutos llega hasta el pueblo de Pobladura de Sotiedra, y en el que se pueden observar restos de una calzada romana.

53-img_2258

Justo al final del camino que llega desde la carretera, se encuentra el cementerio de Tiedra y hacia la izquierda toda una campa, reformada y acondicionada en 1855, junto a los caminos de acceso, desde la que se observa una bonita vista del Castillo, con algunas mesas para descansar, una fuente y lo que parecían los restos de una actividad cultural con objetos de lana que debió celebrarse este verano y que entre los tonos dorado-rojizos del otoño y la luz de este diciembre tan extrañamente luminoso, ofrecían interesantes ángulos fotográficos.

Aquí hemos terminado nuestra visita a Tiedra. Pero nos hemos prometido volver a este bonito pueblo castellano y es una promesa que no vamos a echar en el olvido. Queremos acercarnos en primavera para poder observar los floridos campos de lavanda que hemos visto por los alrededores. También queremos ver un atardecer desde el castillo y tal vez, realizar algún tramo de lo que en Tiedra llaman “la ruta de las fuentes” (sendero PRC VA13), un recorrido de unas 4 horas y media de duración por los alrededores tomando como guía varias fuentes y caños de distintas épocas, desde el siglo XIII al siglo XX. Y no nos olvidamos de la posibilidad de poder visitar el Centro Astronómico de Tiedra,  un moderno observatorio del amplio cielo castellano, y que es todo un referente en este tipo de instalaciones.

89-pc050125

La excursión tocaba a su fin (nos habíamos venido sin preparar, solo para pasar la mañana y ya eran casi las tres de la tarde), pero no quisimos perder la oportunidad de pasar (otra vez, era nuestra tercera visita) por el pueblo de San Cebrián de Mazote para ver si podíamos entrar en la Iglesia Mozárabe de San Cipriano, pero tampoco pudo ser. Los horarios de visita son muy restringidos (solo media hora antes de cada misa y solo los miércoles y domingos en otoño e invierno). Es un templo de origen visigodo, románico del siglo VII, que fue reconstruida en el siglo X con aportaciones mozárabes, que trajeron monjes del Monasterio de San Martín de Castañeda (en la comarca de Sanabria, en Zamora). La espadaña es del siglo XIX.

Al llegar a casa, este extraño tiempo decembrino nos regaló una vista preciosa de los árboles de nuestra calle, con la luz de la primera hora de la tarde cayendo sobre los colores dorados y rojizos de las últimas hojas del otoño. No se puede acabar mejor una excursión.

AlmaLeonor

 

Fuentes: Las indicadas en cada enlace del texto.

Más fotografías, aquí, y pinchando en la primera imagen. También en la página ALMA VIAJERA.

 

 

EL PAN DE VALLADOLID

EL PAN DE VALLADOLID

marca-de-garantia-pan-de-valladolid

SOLACES DE UN VALLISOLETANO SETENTÓN
José Ortega Zapata 

He hablado en otro lugar de este ayer, de la fabulosa baratura del pan, y aquí encaja decir algo, en su elogio y remembranza. Pan, como el que se comía en Valladolid, no exajero al afirmar que, desde que salí de mi querida Ciudad, el año 1847, no he encontrado ninguno que le iguale en sabor y calidad, á pesar de haber corrido mucha tierra, aquende y allende los mares. Le había de una porción de clases, que me voy á recrear, detallándolas, porque la cosa lo merece y me produce regodeo.

Marcadamente distintas unas de otras, todas eran un «bien me sabe», yá fuesen muy «metidas en harina», yá de masa ligera y esponjada. ¿Habrá la novísima industria de la panificación desterrado de Valladolid aquel modo especial y multiforme de elaborar el artículo de mayor primera necesidad? Si así es, aseguro á los vallisoletanos, que han perdido con el adelanto.

En la «Ciudad» —no había que pronunciar, ni que escribir la palabra «Valladolid», para que se comprendiera que, decir «Ciudad» hablando ó escribiendo, era, antonomásticamente, decir «Valladolid»;— en la «Ciudad», pues, había el «pan de polea», de este nombre, porque no tenía canterones, y sí la forma de una polea, con su canal alrededor, como la de las garruchas, y del grueso de dos pulgadas próximamente. Se hacía en el barrio de San Andrés —de la Mantería o  de los Sarracenos que estos tres nombres tenía el barrio—, cuyos vecinos eran, en su mayoría, labradores y panaderos. pan-candeal-polea-valladolid

El «pan de polea» era un poco moreno; y al salir del horno, aromatizando con el agradable olor de, «á pan caliente», tenía una blandura y una suavidad deliciosas y se «deshacía en la boca». El agua que se empleaba para amasarlo, era del «Caño» (Fuente) de Argales. Frío, y «de un día para otro», mejor aún, no tenía igual para la sopa, fuese de caldo de «la olla» —en Valladolid se llamaba «olla», lo que en otras poblaciones, puchero, puchera ó cocido— fuese de ajo (sopas en ajo, dicen en Murcia).

El «pan de polea» era el pan de los pobres, porque, á su buena clase, reunía la baratura —cinco ó seis cuartos, las dos libras y media— y porque, además, tenía «buen comer» y rundía mucho. «Rundir», verbo popular de Valladolid, significaba «satisfacer», «alimentar», «cundir», «dar de sí» y «hacer con poco, mucho». Del propio modo, la gente que vestía de paño pardo, llamaba á Valladolid, Vallaüli.

ciguñuelaCiguñuela (imagen: JoeCat-Panoramio)

Al «pan de polea», seguía en baratura, si bien costando un cuarto más, ésto es, seis ó siete cuartos las dos libras y media, el «pan de Ciguñuela» y el «pan de Villanubla»; los dos pueblos que mayor cantidad de pan llevaban á Valladolid, de entre los abastecedores de este artículo. Su clase era de «no más pedir», lo mismo estando tierno, que «sentado», ó de un día de por medio, así para comido «seco», como para hacer sopa con él.

pandelechuguino_big

Muy blanco, muy «metido en harina», muy cocido, tanto que su delgadísima corteza superior, tersa,  lustrosa, como bruñida, se descascarillaba, sólo con tocarlo, cuanto más, al partirlo con cuchillo, á retortijón ó á dentellada limpia; el pan de Ciguñuela y Villanubla, se subdividía, en «pan liso» (por estar amasado sin ningún ingrediente extraño á la harina y la levadura), en «pan del aceite» (por haberle echado en la masa un poco de aceite), en «pan de anís» (por haberle echado en la masa unos anises, saliendo estos á la corteza de arriba, empedrándola de puntitos brillantes) y en «pan lechuguino», porque, antes de meterle en el horno, afiligranaban las  piezas, yá hechas y redondeadas, con las guardas de distintas llaves, dándole, con estos relieves, una visualidad despertadora de pegarle cuatro mordiscos.

35217

Las cuatro clases de pan de Ciguñuela y Villanubla, descritas, eran iguales, en la forma de disco, y del mismo tamaño todas, muy extendido de circunferencia, del grueso de media pulgada, con canterones, ó sin ellos, de miga muy compacta, sin ojos, sabía á gloria, yá se comiera «seco», yá con otros alimentos, yá en sopa. De un día para otro, se ponía «Iludo», que quería decir, correoso, y «más hecho» y más alimenticio; no se agriaba.

Otra clase de pan, no recuerdo si de los dos repetidos pueblos, ó fabricado «en la Ciudad», era el «pan de cinco canteros»; más alto que los cuatro antes reseñados, más esponjoso; del mismo precio y peso que éstos, formaba, con ellos, una clase general, á los efectos  del mayor consumo.

pande5canteros_big
También las «Tortas», pan moreno sin corteza y con mucha miga, abizcochado, eran muy apetecidas, pero constituían una clase aparte, y sólo representaban la golosina, el sibaritismo.No recuerdo si eran forasteras ó indígenas; pero tengo para mí, que las Tortas de Valladolid, ó de otros puntos de España, debieron ser el modelo del famoso «pan de Londres», que no tiene corteza; que es muy alto, cilindrico, y que, hace algunos años, trataron algunos tahoneros de aclimatarlo en Madrid, con escaso éxito y menor demanda

tortadepan_big (1)

Las panaderas de Ciguñuela y Villanubla —sus padres, maridos, hijos y hermanos «se quedaban en casa»—, por ser ellas las que iban á Valladolid á vender el pan, ignoro si en virtud de femenil privilegio eran en aquellos tiempos, á mi tierra natal, lo que en los actuales, los panaderos de Alcalá de Guadaira, á Sevilla; población la de Alcalá, más conocida por Alcalá de los Panaderos, por el gran surtido del artículo indispensable, como el que llevaban á Valladolid las panaderas susodichas. En todas las estaciones del año, al mujer vallisoletana_jaquin diaz_nº 54 1842-48rayar el día, llegaban á Valladolid, sentadas, á mujeriegas, en las caballerías conductoras de las cargas, en sendas aguaderas ó alforjas, las panaderas de «referencia». Cubrían su cabeza, con la airosa montera negra castellana, pero, para diferenciarla de las de los hombres, adornada con moñitos de seda cardada, y uno de los moñitos, sobre el pico superior de tal tocado. En derechura, se encaminaban á los Soportales de Guarnicioneros y de la Especería; descargaban, y, sentadas en cuclillas, delante de las aguaderas ó de las alforjas, ponían de manifiesto, sobre paños blancos y limpísimos, los panes. Mis ojos de niño repararon, más de una vez, que todas ellas eran unas mozas muy garridas; y hoy, por aquello de que «los ojos nunca son viejos», ratifican, merced á la magia de los recuerdos, la idea de la hermosura de aquella bella mitad del género humano y panaderil.

pan-candeal-lechuguino-valladolid

¿Sigue exhibiéndose ese tipo en Valladolid? Me intriga la duda y la lanzo á los cuatro vientos de la publicidad. Porque, si el pan de Ciguñuela y Villanubla era sabroso, más sabrosas me lo figuro— serían las panaderas….

Además de las casi incontables clases de pan, de que dejo hecha mención, se hacía, en Valladolid, el que llamaré «de lujo». Era éste, el del Barrio del Puente Mayor, más conocido por el nombre de «pan del sello», porque, imagesen el centro de su corteza superior, campeaba un sello, representando al Santísimo Sacramento, con dos ángeles arrodillados, y alrededor, el nombre del panadero. Alto, con canteros, muy suave y gustoso, esponjado, costaba un real de vellón, cada pan de dos libras y media. Había que comerlo tierno; duro, era poco agradable, y, blando, y duro, «hacía mala sopa».

Los «panecillos», de media libra, con cuatro ó cinco canteros, blanquísimos, muy cocidos, de miga suave, se hacían en tahonas, de las cuales, la principal y de más fama, era la de Dulce, su dueño, que tenía el establecimiento cerca de la Parroquia de San Miguel. Cada «panecillo» costaba tres ó cuatro cuartos. El renombre de los tales «panecillos» era tal, que á Valladolid se le llamaba «la tierra del panecillo», y que se decía, del que había corrido mundo: «¡ése ha corrido el panecillo!».

P8150278

Para tomar chocolate, para hacer sopa y para torrijas, por los Santos y Carnaval, el «pan de agua» — pan francés— no tenía compañero. Le había de varios tamaños, era muy esponjoso y cada pan, de los pequeños, valía dos cuartos. De él y dé los «bollos de leche», vulgo «de tetas», he hablado, al describir las chocolatinas, de las cinco de la tarde, conque se obsequiaban los reverendos de los conventos, en las casas donde eran convidados, ó donde se convidaban los frailes. Los «bollos de tetas» —dos cuartos cada uno— tenían forma elíptica, y en sus extremos, dos pezones, que constituían el por qué de su nombre vulgar. De masa muy tierna y chupona, á bollo por jícara de chocolate, se sacaba «á pulso», con ellos, el contenido de cada jicara ó «pocilio», quedando en su fondo, solamente, un sorbo, verdadero epilogo, que solían amenizar los frailecitos, mediando la jicara con agua, para que no se destemplara la dentadura y para preparar el estómago al frío del vaso de agua, que cerraba el convite, acompañado del azucarillo, «panal», «bolado» ó «esponjado». Los bollos de agua y los de leche, también se elaboraban en las tahonas.

Badajoz-Febrero de 1894.
(EL NORTE DE CASTILLA, del 13 de Marzo de 1894).
EL VALLADOLD DE 1830 A 1838.

 

AlmaLeonor

Fuentes: Las indicadas en cada enlace (ver también en fotografías).

 

EL DERRUMBE DE LA BUENA MOZA

EL DERRUMBE DE LA BUENA MOZA

10022716953_37757b8240_mFachada de la catedral de Valladolid (Grabado de Fournier) antes de la caída de la torre  (Wikipedia Republished) .

El día 31 de mayo de 1841, Valladolid asistió consternada al derrumbe de la torre de su Catedral, la conocida por todos como “LA BUENA MOZA”. Esta es la crónica de como llegó a ser y como llegó a desaparecer uno de los emblemas del Valladolid más sacralizado.

La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Valladolid es el templo mayor vallisoletano, un templo “manco” que ha sufrido algunos avatares luctuosos a lo largo de su historia. Es la sede de la Archidiócesis de Valladolid, con lo que eso signifique en el rango de escalafones de la jerarquía católica, y según la idea original tenía que haber sido el más grande edificio religioso de Europa (solo se ha construido el 40-45% del diseño inicial, entre otras razones, por las dificultades técnicas del terreno y la falta de recursos económicos para hacerlas frente). No en vano, fue ideado por el “rey planeta”, Felipe II  (1527-1598), para la ciudad que le vio nacer, por lo que confió el encargo de tan magno proyecto a Juan de Herrera (1530-1597), el mismo arquitecto que había finalizado la construcción de su obra emblemática, el Monasterio de El Escorial. Hay quien piensa incluso que el diseño de la Catedral de Valladolid, podría ser un reflejo de la Basílica del Monasterio madrileño.

10614133_10204951247407951_8799895053262091204_nPuerta de la antigua Colegiata de Santa María (imagen propia)

Así las cosas, se inician las obras en el siglo XVI, utilizando para ello unos terrenos junto a los que ocupaba la antigua Colegiata de Santa María, seo de la que hoy pueden verse algunos restos en los aledaños de la Catedral. Se da la circunstancia de que esta colegiata ya fue construida sobre la primitiva edificación religiosa, la primera Colegiata de Valladolid, obra del fundador de la Ciudad, el Conde D. Pedro Ansúrez (1037-1118), que quería dotar a la villa de un templo mayor acorde con la importancia que empezaba a adquirir. Pero no fue la primera tampoco, ya que para realizar esta obra se removió y terminó de demoler una antigua ermita dedicada a San Pelayo. La primitiva Colegiata quedó con el nombre de Santa María de la Antigua (hoy solo queda los restos de la antigua torre en la iglesia del mismo nombre), y la nueva colegiata tomó el de Santa María la Mayor. Pero, como decía, tampoco esta fue la definitiva. Aún hubo una tercera Colegiata, del siglo XVI, a cargo del prestigioso arquitecto real Rodrigo Gil de Hontañón (1500-1577), pero este murió en 1577 y la colegiata se quedó solo con los cimientos.

10640993_10204951248287973_959092365784956779_nTorre de la Iglesia de La Antigua de Valladolid (imagen propia)

Entonces se iniciaron las obras de la cuarta Colegiata de Valladolid, bajo los auspicios de Felipe II, proyecto magnífico que, aunque inconcluso, sirvió de ejemplo para las catedrales de México y Lima. El 13 de mayo de 1582 (hoy festividad de San Pedro Regalado, patrón de Valladolid), el maestro Pedro de Tolosa se hace cargo de las obras contando con el beneplácito de Herrera (jamás estuvo presente a pie de obra en Valladolid) quien coloca a su arquitecto de confianza, Diego de Praves , en el proyecto. Al año siguiente, a causa del fallecimiento de Diego de Praves, es sustituido por su hijo Alonso de Tolosa. En 1595, y a instancias de Felipe II, la Colegiata de Santa María de Valladolid, adquiere el rango de Catedral, curiosamente un 21 de mayo, justo el mismo día en el que vino al mundo el rey Felipe en el Palacio de Pimentel de la villa de Valladolid.

10583818_10204951246927939_4793717522825686145_nRestos de la Colegiata de Santa María (imagen propia)

Los años siguientes van a ser importantes para este monumento religioso, pues en 1596 Felipe II otorgó el título de Ciudad a la villa de Valladolid, en 1597 murió Juan de Herrera y en 1598, muere Felipe II. La Catedral se quedó huérfana.

Pero vamos a lo que vamos…

1280px-Valladolid_(España),_Catedral._Proyecto_ideal_de_Juan_de_Herrera,_según_Chueca-Goitia.

Proyecto ideal de Juan de Herrera para la catedral de Valladolid según Fernando Chueca Goitia  (Wikipedia Republished)

El templo que había diseñado Herrera era un enorme espacio de tres naves con varias capillas, bóveda de cañón con lunetos, frontón triangular con remates de bolas con los paños del cuerpo central animados con hornacinas y, finalmente, en los extremos de la fachada, se situarían dos torres iguales de planta cuadrada, con tres pisos separados por entablamentos. En la parte trasera otras dos torres más pequeñas cerrarían el perímetro del templo. El 26 de agosto de 1668, se celebra la ceremonia de consagración de la Catedral, aunque aún falta mucho por hacer y los recursos económicos escasean cada vez más.

En el siglo XVIII, entre 1703 y 1709, es cuando se acometen las obras de construcción de la Torre del Evangelio siguiendo los planos de Herrera, aunque parece que no muy fielmente. Incluso el cuerpo alto de la fachada principal ya no se hace al estilo “herreriano” sino que sigue el trazado de las nuevas corrientes artísticas (tan diferentes a las que dominaban en el siglo XVI cuando se inicia la construcción), tal y como diseña el arquitecto Alberto de Churriguera (1676-1750), el artífice de la Catedral Nueva de Salamanca. La fachada principal, con todo su ornamento, se concluye en 1733.

10613032_10204951246047917_3957751425618195117_nFachada principal de la Catedral de Valladolid (imagen propia)

Y es este momento al que quería llegar. La Torre del Evangelio, situada a la izquierda de la fachada principal del templo, constaba de tres cuerpos con vanos abiertos en la parte superior para colocar las campanas, y un cuarto cuerpo que colocó Churriguera en su modificación dieciochesca, que contaba con una cúpula rematada en aguja. Además, entre el segundo y tercer cuerpo se instala un Reloj, por obra del arquitecto Antonio de la Torre. En total adquirió una altura de 57 metros que aún levantaba más con la veleta que se colocó en lo alto de la aguja. Pronto se la empieza a conocer como “La Buena Moza” de Valladolid. Y más pronto aún, la aparición de serias grietas, anuncian la desgracia que le sobrevendría.

En el año de 1726 ya fue necesario acometer obras de acondicionamiento de la cimentación de la Torre, obras que fueron llevadas a cabo por el arquitecto fray Pedro Martínez de Cardeña. No fue suficiente. En 1746 el Cabildo tuvo que hacer frente a otra serie de obras de acondicionamiento, esta vez a cargo de fray Antonio de San José Pontones. Por si no tuviese nuestra Catedral suficiente con todas esas grietas que amenazaban su torre, en 1755 el terrible y trágico Terremoto de Lisboa se hizo sentir en nuestro suelo, de modo que hasta el cronista de Valladolid, Ventura Pérez , narra cómo el 1 de noviembre de aquel año “la torre tembló haciendo sonar la campana del reloj”, como un mal presagio y los canónigos corrieron como alma que lleva el diablo lo más lejos posible de la temblorosa Catedral.

Proyecto de Ventura Rodríguez para asegurar la torre de la catedral de Valladolid.Proyecto de Ventura Rodríguez para asegurar la torre de la catedral de Valladolid.
Las obras consistieron en enzunchar la torre con cadenas de hierro
 (Wikipedia Republished).

En 1761 el Obispo Isidro Cosío y Bustamante encarga ya unas obras para tratar de acomodar la Torre definitivamente, dejándola en manos del arquitecto madrileño Ventura Rodríguez (1717-1785), quien aseguró los desperfectos con una estructura interior de hierro, obra de los hermanos Gaspar y Rafael de Amezúa . Por cierto que estos mismos prestigiosos rejeros de Elorrio, Vizcaya, fueron los encargados de realizar la reja del coro de la Catedral que hoy se encuentra en Metropolitan Museum de Nueva York, al parecer vendido por el Cabildo a un magnate norteamericano, Arthur Byne , en 1928.

Y así compuesta, duró la torre hasta el 31 de mayo de 1841, cuando a las 12 de la mañana, una horrorosa tormenta de agua y granizo, acompañada de un fortísimo viento, que duró hasta bien entrada la tarde, causó el horroroso derrumbe de “La Buena Moza”, la Torre del Evangelio, la única Torre levantada de la Catedral de Valladolid.

iiDibujo de Isidoro Domínguez Díez (Wikipedia Republished)

José Ortega Zapata (1824-1903) contó el suceso de esta forma en sus crónicas enviadas al periódico El Norte de Castilla de Valladolid, y recogidas en la obra “Solaces de un vallisoletano setentón”, publicada en 1895:

La torre de la Catedral, que era conocida en tierra de Valladolid con el nombre de «la Buena Moza», se desplomó á las tres de la tarde del 31 de Mayo de 1841, segundo ó tercer dia de Pascua de Pentecostés, apenas terminada la hora de coro. Lo que se desplomó fué, desde la parte superior de los llamados «cuatro vientos», donde estaban las hermosísimas campanas, entre ellas la muy sonora del reloj. Se dijo que lo derruido era lo fabricado por el arquitecto que sucedió á Herrera, que fué el autor de los planos del templo y el que había dirigido las principales obras.

El estruendo que produjo el desplome de la torre, fué como si se hubieran disparado muchos cañones á la vez; y la ciudad y las habitaciones de las casas se vieron envueltas en densísima nube de polvo, casi impalpable, pero que axfisiaba.

Una gran parte de las ruinas cayó á plomo sobre la capilla del Sagrario, destrozando su bóveda; y los sillares y los escombros de otra parte de las mismas ruinas, cegaron el cauce del río Esgueva, en el trayecto de todo el lado derecho de la Catedral.

La gente de Valladolid, consternada por espacio de muchos días con la pérdida de su torre, atribuyó á milagro varios hechos, ocurridos momentos antes, y á consecuencia del derrumbamiento.

Un capellán de la Catedral, sobrino del Deán, estaba encargado de cuidar del reloj de la torre; tenía la costumbre todas las tardes, terminado el coro, de subir á la torre para dar cuerda al reloj y ponerlo en hora, y así lo hizo la aciaga tarde del 31 de Mayo de 1841. Instantes después de haber bajado de la torre y de haber salido de la Catedral, donde ya no había persona alguna, ocurrió el desplome.

El campanero, que, con su mujer, tenía por habitación un cuarto inmediato al campanario, observó un movimiento de trepidación y la caida de pequeños trozos del techo de la habitación; por intuición é instinto, fué á refugiarse bajo uno de los arcos de los cuatro vientos, y en aquel momento mismo, ocurrió el hundimiento, quedando ileso el campanero. Su mujer tuvo la desgracia de caer entre las ruinas de aquella inmensa mole de sillares, campanas, maderas y hierro; porque es de saber que, con motivo de haberse cuarteado la torre, años antes, á causa de haberla herido un rayo, fué reforzada con grapones ó barrotes de hierro, que abrazaban sus ángulos. Como digo, la mujer del campanero, envuelta en las ruinas, cayó con ellas en la capilla del Sagrario.

Se supo en Valladolid tan tremenda noticia, apenas fué conocida la de que se había hundido la torre. Acudieron inmediatamente al sitio de la catástrofe las autoridades civiles y militares, con tropas de la guarnición para acordonar todo el edificio, y con una brigada de presidiarios, los cuales, por aquella época, extinguían sus condenas en el convento de S. Pablo, que estaba convertido en presidio. Los arquitectos, maestros de obras y muchos albañiles, con sus herramientas, acudieron también. Con grave riesgo penetraron en el templo las autoridades para conocer la extensión del siniestro en lo interior; vieron que, aunque destruida la cancela de hierro de la capilla del Sagrario, el arco de ésta se hallaba practicable en parte; con un valor á toda prueba y saltando por encima de las ruinas, entraron y vieron asimismo, que la capilla se hallaba completamente obstruida, en muchos pies de espesor, por los escombros.

Oyeron ó creyeron oir quejidos, y suponiendo que quien los daba era la mujer del campanero, acordaron en el acto que, para lograr salvarla, los presidiarios, dirigidos por los arquitectos, y en unión de albañiles, empezaran á descombrar con mucho cuidado. Tan peligrosa operación, se verificó sin ningún contratiempo; pero hubo que suspenderla a las doce de la noche para que descansaran los trabajadores, los cuales aseguraron haber oído más distintamente lamentos de persona humana. Al ser de día, se reanudaron los trabajos, y á media mañana, descubrieron los operarios la extremidad de una saya de mujer, entre una viga y los escombros; entonces no les quedó duda de que la mujer del campanero estaba viva, porque, aunque con voz muy débil, pedía socorro.

Ansiedad indescriptible se apoderó de las autoridades y de los arquitectos que presenciaban y dirigían los trabajos. Se redoblaron las precauciones para desenterrar la viga, que era de enorme grueso; desembarazada un tanto de escombros, fueron vistos, no sólo vestidos, sino cabellos de mujer aprisionados entre la viga y los cascotes; para facilitar los movimientos de la desgraciada, se cortó con tijeras las ropas y los cabellos descubiertos; se continuó descombrando y, á medida que el trabajo avanzaba, se pudo notar que la viga presentaba un declive bastante pronunciado, por lo que, la operación se encaminó á apreciar, de abajo á arriba, si la punta de la viga tenía algún punto de apoyo. No salió fallido el cálculo, puesto que el madero estaba en contacto con una de las paredes de la capilla, en ángulo, y formando hueco, en plano inclinado. Hecho tan importante descubrimiento, se procedió á descombrar, de arriba á abajo, la parte de viga, que estaba todavía enterrada, y el resultado fué ver que el extremo inferior de la viga, descansaba en un montón de piedras gruesas y que no había temor de que hiciera movimiento.

Guiados los trabajadores por la voz de mujer, que, yá se oía más cerca, fueron sacando escombros para agrandar aquel espacio y llegar al sitio deseado. El éxito coronó la operación, porque se vio que la viga estaba también allí en el aire; reconocido el hueco con las manos y con luces, aparecieron más ropas, y un pie, pero lo mismo el cuerpo de la infeliz, que los vestidos, sujetos entre la viga y los materiales derruidos.  Un esfuerzo mayor en el trabajo y las precauciones, y la víctima estaba salvada.

Acabada de descombrar la viga, hubo necesidad de cortar de nuevo con tijeras, el resto del traje y del pelo, para sacar de aquella tumba á la mujer del campanero. Y se logró, y estaba viva, pero ¡en qué estado! Casi idiota, sin poder hablar; pero por fortuna sin un arañazo.

¡Había estado treinta horas, bajo la inmensa mole de las ruinas de la torre!.. La viga que resistió aquella «gran pesadumbre»,  la salvó.

Cómo pudo suceder que el madero cayera, en vez de perpendicular, diagonalmente, formando ángulo con la capilla, apoyada en una de sus paredes una punta, y la otra hincada en los escombros que cubrían el suelo; cómo, que mujer y viga fueran precipitadas desde la enorme altura de lo desmoronado de la torre y entre aquella avalancha de piedras sillares, siendo la viga sostén y al mismo tiempo escudo salvador; cómo se obró tal prodigio, tal milagro, nadie, ni aún los arquitectos, pudo explicárselo.

Repuesta de la horrible impresión sufrida, las primeras palabras que habló la mujer del campanero, fueron para decir: «Cuando volví en mi, sin saber lo que me había pasado, y,me vi enterrada en vida; cuando noté que no podía moverme; que estaba ciega y con la boca llena de polvo, hasta ahogarme; cuando me convencí de que nada me dolía; cuando oí golpes que retumbaban sobre mí; cuando supuse si sería para sacarme de aquel sitio; cuando los gritos que creía dar no eran contestados, porque yo nada oía, como no fueran los golpes; cuando, después de no sé cuantas horas, los golpes se pararon; cuando nada volví á oir, creí que Dios me había abandonado».

Estas palabras de la pobre mujer, se repetían de boca en boca por todo Valladolid; durante más de un mes estuvo gravísimamente enferma en una casa particular, en donde también el campanero pasó larga y peligrosa enfermedad. Si no recuerdo mal, marido y mujer vivieron después muchos años.

Quedaban, descombrada que fué la catedral, grandes peligros que arrostrar; el del reconocimiento de la torre y el de derribar lo que apareciera ruinoso. Ningún arquitecto, ningún maestro de obras, ningún albañil, se atrevían á acometer la empresa. Así pasaron bastantes días, «hasta que un presidiario se prestó á hacerlo todo, siempre que se le indultase del tiempo que le faltaba de extinguir su condena. Fué aceptado el ofrecimiento; se construyeron por el mismo presidiario, andamios y aparatos, y Valladolid entero vio á aquel hombre animoso y valiente, suspendido en el espacio por fuertes correas, trabajar con la piqueta, durante algunas semanas, hasta que llegó á asegurar que lo que había quedado en pié de la torre estaba firme y en disposición de que se reconstruyese todo lo que se había desplomado.

Tal es el penoso relato que, del hundimiento de la esbelta torre de la Catedral de Valladolid, me han permitido hacer los recuerdos que conservo, al cabo de los 53 años trascurridos; relato, que no creo discrepe mucho, del que haya hecho, en su historia de la Ciudad, D. Matías Sangrador y Vítores, como testigo presencial; y lo digo en hipótesis, porque nunca he tenido ocasión de leer el libro escrito por mi paisano y amigo, á quien vi por última vez en Madrid, en ocasión de ser él Fiscal de la Audiencia de Oviedo, en cuya capital falleció, sino estoy trascordado.

¿Quién hubiera creido que la torre de la Catedral de Valladolid, toda de piedra sillería, no iba, por su solidez, á desafiar la acción de los siglos? Y sin embargo, vino, cuando se desplomó, á ser una de las que, según el poeta…

«Y muchas que desprecio al aire fueron,
á su gran pesadumbre se rindieron».

Badajoz-Abril de 1894.
(EL NORTE DE CASTILLA del 20 de Mayo de 1894).

Ante tan magnífica crónica no queda más que decir que la Torre nunca se volvió a levantar y la definitiva demolición finalizó el 14 de agosto de 1841. En el año de 1880 se comenzaron las obras de construcción de la Torre de la Epístola, la torre del lado derecho de la Catedral, que, finalizada en 1890, es la que hoy puede admirarse en nuestra ciudad, rematada ya por una nueva cúpula y la figura del Corazón de Jesús que se añadieron en una fecha tan tardía como 1923.

10600544_10204951245807911_4590356152415031221_nTorre de la Epístola de la Catedral de Valladolid rematada por la estatua del Corazón de Jesús (imagen propia)

“La Buena Moza” nos dejó para siempre un 31 de mayo de 1841. Comenzaba entonces para Valladolid la “desconventualización” de una ciudad “sacralizada” que se modernizó completamente transformada al albor de la nueva burguesía decimonónica y las obras del ferrocarril. Pero esa, ya es otra historia.

AlmaLeonor.

Fuentes: Valladolid siglo 21 ; Domus pucelae ; Valladolid Web ; Vallisoletvm ; Wikipedia-Torres ; Wikipedia-Catedral ; Solaces de un vallisoletano setentónWikipedia Republished .

640px-Valladolid_-_Catedral

Aspecto actual de la Catedral de Valladolid, con la Torre de la Epístola a la derecha (mide 69 metros de altura, la segunda estructura más alta de la ciudad), a cuya cúpula se puede acceder actualmente gracias a la reciente instalación de un ascensor.
(Imagen: Wikipedia Republished)

LA TERCERA Y ÚLTIMA VISITA DE ISABEL II A VALLADOLID

LA TERCERA Y ÚLTIMA VISITA DE ISABEL II A VALLADOLID

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
Isabel II, obra de Casado del Alisal (1865)

Artículo publicado por la Revista Digital
Anatomía de la Historia
el 24 de septiembre de 2012, y que rescato hoy,
9 de abril, día del fallecimiento de la reina en París en 1904.


El 1 de agosto de 1865, la reina de España, Isabel II, visitó por tercera y última vez la ciudad de Valladolid camino de la guipuzcoana Zarauz, su lugar de vacaciones. Durante ese año de 1865 muchos sucesos, nacionales e internacionales, públicos y privados, vinieron a conferir a ese viaje de verano unas características especiales que acabaron por anunciar los acontecimientos que unos años más tarde, en 1868, acabarían con el reinado isabelino.

LOS PROLEGÓMENOS DEL VIAJE

Isabel_VAlladolid_siglo_XIXValladolid en el siglo XIX

Valladolid, la antigua capital real de España, recibió en el siglo XIX a tres personalidades regias: José Bonaparte el 28 de marzo de 1813, cuando acudió rodeado de toda la Corte y de sus ministros; Fernando VII, el 21 de julio de 1828; y hasta en tres ocasiones a su hija, la reina Isabel II.

El diario vallisoletano El Norte de Castilla, convertido en cronista real, se hace eco de la coincidencia de las tres visitas regias a Valladolid con el hecho de que, deteniéndose en su recorrido desde Madrid, todos ellos orasen junto a “un anciano de 80 años” que vivía en una humilde choza en el segoviano convento dominico de Santa María la Real de Nieva. (También conoció este anciano “al actual rey consorte, D. Francisco de Asís cuando era niño”.)

La muy Noble, muy Leal y Heroica ciudad de Valladolid había iniciado su larga marcha hacia una sociedad burguesa, harinera y textil, con el Canal de Castilla que vinculaba económicamente el eje Valladolid-Palencia-Santander. El ferrocarril afianzó y mejoró este enlace, y la reina Isabel II pudo sancionar y ser testigo de sus inicios en 1858. Su última visita, la de 1865, sería significativamente diferente.

En el año 2008, con la celebración del 150 aniversario de la primera visita regia, se glosaba esta epopeya al tiempo que se la ponía en conexión con la nueva iniciativa que colocaba a Valladolid en el papel de importante enlace en la creación de las líneas del tren de alta velocidad (AVE). El ferrocarril y la ciudad mantienen así su perenne vinculación.

En 1858, Isabel II visitaba por vez primera Valladolid como colofón a las celebraciones de la llegada del ferrocarril a una ciudad pujante (sobre todo a partir de los años 30, con las desamortizaciones, y los 50, con el ferrocarril) que había alimentado el sueño de modernidad de una urbe ya plenamente burguesa. Eran los tiempos en que en el país se iniciaba el periodo de la Unión Liberal (el llamado “Gobierno Largo”, hasta 1863) y todo parecía apuntar hacia un horizonte de progreso, simbolizado por ese trazado de líneas ferroviarias en España, que tuvieron a Valladolid como importante nudo de enlace y centro de operaciones de los ferrocarriles del Norte.

En estos momentos, Isabel II está pletórica. Su apuesta por la Unión Liberal(la única posible por otro lado) consigue restablecer el orden en el país y crear el marco necesario para que la inversión y el auge financiero afiancen el tímido despegue económicoque se iniciara con el Bienio Progresista de mediados de la década (1854-1856) y sus leyes liberalizadoras (desamortización y ferrocarril, principalmente).

Los partidos políticos alcanzan un punto de equilibrio, precario, pero lo suficientemente estabilizador como para que el país funcione institucionalmente. A su vez, las relaciones con la Iglesia encuentran un grado de estabilidad pues esta última acepta las desamortizaciones al tiempo que acapara el dominio educativo.

En lo personal, Isabel II ha llegado a un momento de personal determinación: mantiene a su lado a sus confesores y asesores religiosos, pese a sus lances amorosos y la opinión crítica de todo el país; igualmente encuentra en sus parejas sexuales una satisfacción que no puede encontrar en su marido, incluida la de ofrecer al trono un heredero varón (se atribuye la paternidad del infante don Alfonso, nacido el 28 de noviembre de 1857, al flamante capitán de Ingenieros, Enrique Puigmoltó y Mayans,valenciano, con ascendencia de carlistas rehabilitados, su padre, y moderados de primera línea, su tío, Luis Mayans); el buen momento económico le permite vivir la vida alegre y disipada que le han enseñado a desear, y mantiene a familia y allegados lo suficientemente ocupados con sus negocios y beneficios como para que no intervengan en conspiraciones contra ella.

El pueblo aclama a la reina, adora a una Isabel II campechana y popular, y se lo demuestra a su paso por prácticamente todas las provincias españolas durante los viajes programados para su enaltecimiento. La opinión popular es muy favorable a su soberana, y la opinión pública (entendida esta no como se conocería hoy, sino la de políticos, hombres notables, intelectuales y profesionales) pese a mostrarse comedida, al menos no le es desafecta.

Que todos estos logros pudieran ser suyos, es algo que se han encargado de negar prácticamente todas las biografías y obras consultadas. La historiadora Isabel Burdiel, habla de “la construcción” de una reina adecuada a los intereses de quienes la rodean. Pero es indudable que fueron logros de los que, merecidos o no, provocados o no, si que disfrutaba Isabel II en aquel año de 1858.

Sin embargo, no duraría mucho esta ilusión, ya que en 1862 se inicia una crisis económica que agrava una situación política y social deteriorada, entrando ya de lleno en una espiral de decadencia. En el Valladolid de 1864 y 1865, la consecuencia inmediata de esa crisis fue la quiebra de muchas de aquellas sociedades crediticias e inmobiliarias que habían proliferado con el siglo. Esta crisis económica, las crispaciones políticas nacionales, los sucesos internacionales y los movimientos prerrevolucionarios que se advierten ya en 1865 (10 de abril, Noche de San Daniel), marcan los prolegómenos de la caída de Isabel II.

LA VISITA A VALLADOLID

Isabeldocumento-3Programa de Recepción de la Reina en Valladolid

La tercera y última visita de la reina Isabel II en agosto de ese último año, se produce a un Valladolid adolecido por la crisis y nada va a ser igual. Sin embargo, lo que la comitiva real va a poder apreciar en la ciudad son una serie de mejoras y saneamiento de su trazado urbano que remozaban, con mucho, la imagen provinciana del Valladolid del 58, e incluso la incipientemente urbanizada y burguesa que había podido observar en su segunda venida de 1861 (igualmente breve, igualmente de paso hacia Zarauz).

La visita real de 1865 se realiza a un Valladolid burgués, moderno, urbano, cosmopolita, fabril y ferroviario. Cierto es que la crisis frenó muchos de los impulsos comerciales en marcha, pero Valladolid ya había cambiado.

Junto a Isabel II viajaban su esposo, Francisco de Asís de Borbón, y las infantas, así como el príncipe de Asturias, el futuro Alfonso XII, además de su séquito personal y de servicio. En esta fecha Isabel tiene casi 35 años y ha traído diez hijos al mundo, de los que solo han sobrevivido cinco. Cuando Isabel llega a Valladolid el 1 de agosto de 1865, se encuentra de nuevo, “en estado interesante”, embarazada de su último hijo, Francisco de Asís Leopoldo de Borbón y Borbón, que nacerá en enero del año siguiente.

Sabemos también que Miguel Tenorio de Castilla, el favorito “de turno” de Isabel II (al menos desde 1859), se encontrará con la reina en Zarauz, pero no hay ninguna constancia de su presencia en Valladolid. Tenorio de Castilla, poeta, periodista, varias veces gobernador civil, diplomático y político moderado, es además, su secretario personal. Su relación con Isabel se constata hasta agosto de 1865, cuando es apartado de la corte y de su cargo (comunicado por el ministro de Gracia y Justicia, Fernando Calderón Collantes), precisamente durante el viaje regio a Zarauz.

Si hemos de hacer caso de la “rumorología” popular (por aquellos años se decía que los hijos nacidos muertos, o que murieran al poco tiempo, eran hijos de Francisco de Asís, su primo y marido), el hijo que Isabel II dio a luz en enero de 1866, el mentado Francisco de Asís Leopoldo de Borbón y Borbón, no era de Tenorio (quien le habría dado hijas tan solo) y su vida no se prolongará más de un mes.

La reina y su real familia tomaron el ferrocarril del Norte en la estación de Arévalo a las tres de la tarde de aquel 1 de agosto. Convocadas las autoridades en la estación de Valladolid a las cuatro y media de la tarde, la comitiva no llegaría hasta las nueve de la noche.

Estas convocatorias se cursaron entre el 29 y 31 de julio, desde la Comisión de Festejos de la Diputación Provincial, a todos los representantes institucionales de la ciudad: al alcalde-corregidor (Juan López de Bustamante), al gobernador civil de la provincia (José Gallostra y Frau), al arzobispo (Juan Ignacio Moreno), al capitán general de Castilla la Vieja (general Manzano), a miembros dela Diputación Provincial que figuran en las Actas dela Comisión (Eduardo Ruiz Merino, Francisco López Flores, Pedro Antonio Pimentel y Tomás Villanueva), así como a diputados y senadores y a una serie de prohombres vallisoletanos que prestarán sus carruajes para el servicio de transporte de la familia real y séquito.

También se cursa una carta a la Junta Directiva del Teatro Calderón, donde se solicita: “poder ofrecer a la Regia comitiva para su descanso un salón a propósito […] arreglando, así mismo en uno de los locales inmediatos a dichos salones un cuarto-retrete para S.M.”

Pero ¿donde están los demás prohombres de negocios vallisoletanos? Sabemos que el secretario del Crédito Castellano es Luis de Polanco, y el secretario accidental, Julián Majada. El Banco de Valladolid cuenta con Calixto Fernández de la Torre como administrador y con José de Lafuente Alcántara como comisario regio; y la Sociedad General de Crédito Industrial, Agrícola y Mercantil tiene como administrador delegado a Juan A. Gil.

Pero ninguno de estos nombres figura en las relaciones de personalidades asistentes que recoge El Norte de Castilla. La explicación es muy sencilla, no están las arcas municipales para realizar muchos gastos: “Castilla hoy en medio de las desgracias especiales que la agovian [sic], de la dolorosa situación que ha un año atraviesa, tendrá imposibilidad de obsequiar como otras veces a la regia comitiva”.

En las anteriores visitas reales, las de 1858 y 1861, la empresa del Ferrocarril del Norte había tomado parte activa (organizativa y económicamente) en los festejos de recepción de la reina. En esta ocasión sin embargo, ni aporta capital ni festejos, ya que la compañía atraviesa uno de sus peores momentos. El Norte de Castilla fue, precisamente, uno de sus principales azotes: “¿Hasta cuando hemos de estar denunciando abusos de la empresa del ferro-carril del Norte? Confesamos que ya vamos cansándonos, y que antes llevamos trazas de aburrirnos y callar, que la empresa de poner remedio a uno solo de sus innumerables desmanes []” –diría el periódico el 11 de julio de 1865.

Uno de los actos centrales de toda visita real a una localidad es la entrega de limosnas, dádivas y regalos. La Comisiónde Festejos, según un comunicado del alcalde a los señores párrocos, ofrece, con argumentos que resultan extrañamente actuales, una “ayuda familiar para aliviar en lo posible las suertes desgraciadas que experimentan diferentes familias de esta ciudad, por consecuencias de la falta de trabajo […] esperando su parecer de acuerdo para hacer las distribuciones a los padres de familia”.

Porque en 1865 las cosas se presentaban muy difíciles. Se vive en España una profunda crisis económica que, como sabemos, afecta de forma sangrante a una ciudad como Valladolid, que aún no había consolidado firmemente su base burguesa pre-industrial, pero que también causa estragos en Barcelona, por ejemplo, ciudad plenamente industrializada.

Los partidos políticos, desgastados por sus propias fricciones y por el difícil engranaje en el que se articulaba la Unión Liberal, se crispan y arrastran con ellos una opinión pública (esta vez sí, incluye la popular) que toma cada vez más protagonismo: Es el ejemplo de la citada Noche de San Daniel del 10 de abril, cuando la Guardia Civil disolvía en Madrid a tiros una manifestación estudiantil provocando 11 muertos y 193 heridos.

Los acontecimientos que dieron lugar a ese luctuoso suceso arrancan el 20 de febrero, cuando Ramón María Narváezpresentaba en las Cortes su proyecto de ley para desamortizar el patrimonio real, una operación que además del 25% del producto de las ventas, aumentó “considerablemente la contabilidad de la reina por el incremento de sus inversiones en deuda española exterior y en valores extranjeros a partir de 1865”. Entonces el líder republicano Emilio Castelar escribió en el periódico La Discusión un artículo titulado “El Rasgo” (haciendo referencia al “rasgo de generosidad de Isabel”) donde criticaba la decisión regia, acusando a la reina de querer únicamente rellenar sus propias arcas y mantener el status quo del Partido Moderado en el poder. Un caso de corrupción político-económica.

El gobierno de Narváez exigió la expulsión de Castelar de su cátedra de Historia Filosófica y Crítica de España en la Universidad Centralde Madrid, provocando con ello la dimisión del rector y la convocatoria de manifestaciones estudiantiles que derivaron en la Noche del Matadero, como llamaron a la de San Daniel algunos periódicos de la época, que no todos. Porque los hechos no son recogidos en la prensa del día siguiente (Las Noticias), en su total magnitud, sino que más bien son explicados como propios de una “algarada de desocupados, sin ningún plan formal”, a los que el gobierno logró contener y calmar; los tiros de Guardia Civil y ejército “se escaparon”, y no produjeron ni muertos y ni heridos, sino solo “contusiones provocadas por las huidas”… Ejercicios todos ellos de desinformación y acomodaticia connivencia con el poder.

El Gobierno de Narváez quedó tan desacreditado como la confianza en las intenciones económicas de la reina, pero ésta tendrá que volver a llamarlo el 10 de julio del año siguiente, cuando, tras los pronunciamientos de Prim y Serrano (en Villarejo de Salvanés el 3 de enero y en el Cuartel de San Gil, el 22 de junio) se hiciese patente la desconfianza regia hacia O’Donnell.

Y ya con la caída de éste (expulsado de Madrid, se exilia en Biarritz), la situación de los progresistas y demócratas en la década de los años sesenta se radicalizó en tal extremo que muchos de sus líderes (Juan Prim, Emilio Castelar, Francisco Pi i Margall, Práxedes Mateo Sagasta, Manuel Ruiz Zorrilla) optaron por el exilio, principalmente a Portugal, Francia, Inglaterra, Suiza y Bélgica. En este último país fue donde se fraguó el acuerdo entre un grupo de personalidades opuestas al moderantismo (pero cada uno con sus fines específicos) para acabar con la dinastía borbónica, considerada un estorbo en el avance constitucional español, y que derivó en el Pacto de Ostende de 1866.

EL “DESCANSO” VACACIONAL

estacion-del-norte-01Estación de Ferrocarril del Norte de Valladolid (1895)

Volviendo al viaje real, el día 3 de agosto, a las cuatro y media de la tarde, la familia regia estaba ya en San Sebastián. El periplo termina sus días en Zarauz, en unas jornadas muy animadas de encuentros. Recibieron a la Reina Madre, María Cristina de Borbón Dos-Sicilias (las visitas de la madre de Isabel II nunca se consideraban meramente “de cortesía”), y visitaron a los emperadores de Francia, Napoleón III y Eugenia de Montijo, en su villa de Biarritz.

Este encuentro tampoco fue de confraternización (María Cristina no soportaba que su hija, Isabel, reina, tuviese que reverenciar a Eugenia de Montijo, emperatriz), sino que se enmarca en el juego de alianzas e influencias europeas acerca del reconocimiento del reino de Italia. Napoleón III era un firme partidario de la unidad italiana, e intervino militarmente en este territorio frente a Austria (virtual dominante en la zona tras la derrota de Napoleón I Bonaparte y el Congreso de Viena).

La unificación italiana acabó por crispar las relaciones del Imperio francés con los católicos (ya muy deterioradas), y también con Isabel II, ferviente católica (como Eugenia de Montijo, por otro lado) y partidaria del mantenimiento de los Estados Pontificios. Aunque España, a instancias de O’Donnell acabó por aceptarlo.

El día 15 de septiembre la comitiva real se pone de nuevo en marcha hacia Madrid, una vez finalizada su estancia estival en Zarauz. Ensombrece el viaje el reciente fallecimiento del infante Francisco de Paula, padre del rey consorte. También la prensa comunica que “con motivo del fallecimiento de su alteza real la gran duquesa Sofía, viuda del gran duque Leopoldo, y madre del gran duque reinante de Baden, S.M. la Reina nuestra señora se ha dignado resolver que la corte vista de luto por espacio de catorce días, la mitad riguroso y la mitad de alivio, cuya soberana disposición comienza a regir desde esta fecha”.

No obstante, la jornada del día 15 se presenta sumamente contradictoria: El marqués de San Gregorio traslada al Consejo de Ministros la buena nueva del estado de la reina que se encuentra en su quinto mes de embarazo, hasta entonces mantenida en secreto. Con tal motivo, se publica en la Gaceta de Madrid que “se ha dispuesto que el día de hoy, mañana y pasado, sean días de gala”.

El día 15 de septiembre ¿es un día de gala o es un día de luto? La misma confusión debió reinar entre las autoridades vallisoletanas cuando la noche del día 15 estaba previsto el paso de la comitiva regia por la estación de Valladolid en su camino hacia la capital, aunque una nota del Gobierno Provincial exigía “traje de etiqueta y luto riguroso”.

Esta será la última vez que Isabel II visite Valladolid, pero por espacio de ocho minutos y sin salir del Tren Real apostado en la estación del Ferrocarril del Norte. El ferrocarril testimonia de esta manera la especial unión de la monarquía isabelina con el tren y con Valladolid.

Alma Leonor López

¿HUNGRÍA EN VALLADOLID?

¿HUNGRÍA EN VALLADOLID?

simbolos_hungria_esteban_7528Corona de San Esteban, cetro, orbe, espada y manto, símbolos de Hungría

Últimamente se está hablando mucho de Hungría, un país cuya fascinante historia no puede quedar secuestrada por el “lado oscuro” de su reciente política ultraconservadora y xenófoba. De la historia de Hungría se ocupan poco las crónicas televisivas, pero la nación magiar ha aportado muchísimo a la propia historia de Europa y también a la de Castilla.

Y curiosamente “pudo” llegar a tener una visible presencia en Valladolid. Empecemos por el principio.

san-eusebio-vercelli

En el siglo XIII una orden religiosa católica es creada en Hungría por el beato Eusebio de Estrigonia (1200-1270), natural de la ciudad húngara de Esztergom, cercana a Budapest. Esta ciudad, salvada de las invasiones mongolas, fue cedida por el rey Bela IV de Hungría al Arzobispo de la Diócesis en 1249, momento desde el que el jerarca de la Iglesia obtuvo el control y derechos absolutos sobre la ciudad. Así, todos los ermitaños que llevaban siglos habitando pacíficamente las montañas Jakab, entre las colinas Patacs y Ürög, y donde existía un claustro de ermitaños desde 1225, pasaron a depender administrativamente (además de jerárquicamente por sus votos eclesiásticos) del Arzobispado de Esztergom.

Dotado del Reglamento básico ordenado por el Arzobispo, en 1250 el beato Eusebio  se convirtió en el guía de los eremitas que habitaban las montañas, construyendo un monasterio en la colina de Pilis, el Monasterio de la Sancta Crux (o Monasterio de Pisilia), a donde se trasladó con otros seis religiosos.

Eusebio fundó así La Orden de San Pablo, Primer eremita u Orden Paulina (en latín: Ordo Sancti Pauli Primi Eremitae), a través del documento Vitae fratum, una especie de visto bueno del Papa para que, en 1263, el obispo de Veszprém, de donde dependía el Monasterio, tuviera a bien reconocerla como nueva orden monástica bajo la Regla de los canónigos regulares de San Agustín. El Obispo consintió, siempre y cuando no aumentase el número de ermitaños. Así estuvieron durante años hasta que, en 1309, dado el aumento de fieles seguidores, el Papa Clemente V permitió la constitución formal de la Orden que se instaló en el Monasterio de la Montaña de San Pablo, sobre la ciudad de Buda, centro principal paulino.

Hasta el momento de la aceptación papal, la orden solo pudo crecer de forma lenta y pausada a través de pequeños centros por toda Hungría, Transilvania y Croacia. Después, su expansión es más evidente. Sin embargo, hay quien atribuye una llegada de los paulinos a Castilla, en una fecha tan temprana como 1276, a través de la fundación del Convento de San Pablo en Valladolid por la joven reina de Castilla, Violante de Aragón y Hungría, en honor a esta orden eremita húngara. Pero es un error.

Ahora veamos si pudo haber sido posible esa presencia húngara en Valladolid.

La orden paulina era conocida en toda Europa durante la Edad Media y al parecer, también en las cortes católicas de Portugal y España. Pero la amistad con la órden húngara bien pudo ser una cuestión política más que religiosa, ya que toda la familia real de Hungría gozaba entonces de la apreciación popular por su extensivo ejercicio de la caridad y la ayuda a los más necesitados, y también, del beneplácito papal por su contribución a la Iglesia.
BOTON_4Violante de Aragón y Hungría, nació en la ciudad de Zaragoza (en el reino de Aragón), hija del rey aragonés Jaime I “El Conquistador” y de su segunda esposa, Violante de Hungría (será nombrada en adelante como Iolande, su nombre no castellanizado, para no confundirla con su hija), que era medio-hermana de Santa Isabel de Hungría (hija del rey Andres II de Hungría también, pero de su primera esposa), que fue una dama caritativa canonizada en el año 1236, precisamente en el año del nacimiento de Violante, convirtiéndose en un símbolo de caridad cristiana para toda Europa. Su culto se extendió muy rápida y profundamente desde los territorios germánicos, polacos, húngaros y checos, hasta los italianos, ibéricos y franceses. También era hija de reyes húngaros (Bela IV y su mujer María de Lascaris), Santa Margarita de Hungría, ofrecido a Dios por sus padres si libraba a Hungría de los tártaros. Y así podríamos nombrar a más parientes regios húngaros santos o canonizados.

Iolande de Hungría (1215-1251), descendiente de la poderosa casa húngara de los Árpad, era hija de del rey Andrés II de Hungría y de su segunda esposa Yolanda de Courtenay. Era además, prima de San Luís, rey de Francia, y nieta del emperador latino de Constantinopla, Pedro de Courtenay. Así que la importancia de la muy cristiana familia real húngara es evidente que radicaba en la alta consideración de su linaje. Y luego, apoyaba a la Orden Paulina.

Y finalmente, la hija de Iolande de Hungría, Violante de Aragón (1236-1301), nacida un año después de las nupcias matrimoniales, fue desposada por Alfonso, el futuro Rey Alfonso X el Sabio, en la Colegiata de Valladolid el 26 de diciembre de 1246, cuando tenía tan solo 10 años de edad y su esposo veinticinco. Tal vez, este matrimonio fuera el colofón al acuerdo territorial entre ambas coronas firmado ese año, el Tratado de Almizra, que fijaba las fronteras entre Castilla y Aragón, pero supuso también un matrimonio ventajoso entroncado en una de las familias con más ascendencia regia y cristiana de Europa.

Los esposos tardaron en tener hijos. Cuando Alfonso fue coronado rey en 1252, tenía ya varios hijos bastardos, así que culpó a la joven niña del fracaso de su deber como reina procreadora. Cuenta la leyenda que guardó cama en un paraje alicantino y después, en 1253, quedó encinta, siendo desde entonces conocido el sitio como  «Pla del Bon Repós» (“Llano del buen reposo”). Violante llegó a concebir 11 vástagos (entre ellos Sancho IV, quien sería rey de Castilla junto a su esposa María de Molina) y falleció a los 74 años en Roncenvalles, en Navarra.

Con Violante, y su poderosa y religiosa familia, es posible que cierta influencia húngara se dejara sentir en el reino castellano, pero solo posible. Sí que se sabe que la joven reina administró en nombre propio ciertos territorios, como la localidad de Hervás (Cáceres), y concedió privilegios y prebendas. También procuró el asentamiento de órdenes religiosas en su reino, pero todo ello formaba parte de un patronazgo bastante frecuente entre las reinas medievales, que ostentaban el señorío de la villa. Se sabe que Violante influyó en el asentamiento de las residencias de frailes mendicantes, como franciscanos y dominicos, pero no llegó a traer a Castilla monjes de la recién creada Orden de San Pablo, Primer eremita. No. El Convento de San Pablo no fue una fundación pro-húngara.

830 1 Iglesia San Pablo Valladolid-Cathedral cities of Spain 1909- William Wiehe Collins (1862-1951)Iglesia San Pablo Valladolid (1909) de William Wiehe Collins (1862-1951)

Es frecuente atribuir la fundación del Convento de San Pablo de Valladolid a la ya reina Violante de Castilla por la mención que de ello hace la obra del archivero y director del Archivo de Simancas, Julian Paz y Espeso (1868-195?), quien así lo hace constar en 1897:

“La fundación del Monasterio de San Pablo, ya relatada por cuantos de él se han ocupado débese á la Reina Doña Violante, mujer de Don Alfonso el sabio, que mandó al Concejo de Valladolid escribir al Padre Provincial de los Dominicos pidiéndole con recomendación de S. M. que enviase religiosos para fundar un Convento en dicha ciudad.” (Julián Paz y Espeso; “El Monasterio de San Pablo de Valladolid: noticias históricas y artísticas sacadas de varios documentos”; Imprenta: La Crónica Mercantil; 1897; pag.9).

Sin embargo, el historiador vallisoletano Jesús Mª Palomares Ibañez considera errónea esta afirmación y atribuye las primeras gestiones para la instalación del convento a los mismos religiosos dominicos, con fechas anteriores incluso a la de la misiva de la reina, como se puede inferir de una carta enviada por el Concejo al padre provincial de los dominicos (la fecha que figura en la carta se refiere al año 1276 en el computo actual):

“Al  mui religioso prior provincial de la Orden de Predicadores. De nos el Concejo de Valladolit, salut en Jesuchristo. Sepades que la Reina nos embió mandar por su carta que vos otorgáramos aquel lugar que demandasteis para morada en Valladolit, desde la Cascajera hasta San Beneyto. Et a Nos plácenos mucho de corazón, lo uno por cumplir mandamiento de nuestra señora Reyna, loal porque entendemos que esto, que será en servicio de Dios, y honra del lugar. Et Nos llamamoma Vos que vengades poblar aquel lugar, en tal manera que los omes bonos que allí han sus heredamientos, si vos algo quieran dar de lo suio por su gracia, que lo recibades; en otra manera que se los compredes, segunt vos avinierados con sus dueños. Et enviamos vos esta carta seellada con nuestro seello pendiente en testimonio. Fecha carta viernes primero dia de mayo, era de mil y trescientos catorce años.” (AHN, Libro Becerro, fols 3 y 4, Jesús Mª Palomares Ibáñez; “Aspectos de la Historia del Convento de San Pablo de Valladolid”; Archivum fratrum praedicatorum XLIII; 1973; pag.95).

Aunque no es cierto que la fundación del Convento de San Pablo de Valladolid se debiese a la devoción de Violante de Castilla por la orden paulina húngara, no sería extraño que en los años difíciles de su infructuoso matrimonio, la joven reina Violante conociese y aún venerase a estos monjes contemplativos por influencia de su madre Iolande.

Jose de RiberaSan Pablo Eremita, por José de Ribera (1640)

La orden se forma en 1250 (aunque recordemos que no recibe el beneplácito papal hasta 1263), tras unos años muy convulsos para el reino húngaro por las invasiones mongolas. Es el año del nacimiento de su hermano Sancho de Aragón (1250-1275), quien sería abad en Valladolid y seguramente por ello estuviese más unido a su hermana que el resto de su familia que se encontraba en Aragón. En los años siguientes Violante asiste a otros acontecimientos de gran importancia emocional: el fallecimiento de su madre Iolande de Hungría, en 1251; la coronación de su esposo como Rey de Castilla con el nombre de Alfonso X, en 1252 (postulado, además, como Emperador de Sacro Imperio Romano Germánico entre 1256 y 1257); y el nacimiento de su primera hija, Berenguela, en 1253.

El año de 1275 es otro año significativo para Violante de Castilla. En ese año, su hermano Sancho de Aragón, tras ser capturado por los musulmanes, es ejecutado en el paraje conocido como “La Celada”, en la localidad jienense de  Torredonjimeno. Sancho, que además de abad en Valladolid, fue nombrado Arzobispo de Toledo en 1268, había ingresado en la Orden de la Merced, de gran tradición en el reino de Aragón (fundada por el barcelonés Pedro Nolasco, fue aprobada por la Santa Sede en 1265, y ampliamente apoyada por Jaime I de Aragón), dedicada al rescate de cristianos cautivos por los musulmanes. Tenía 25 años.

Plaza San Pablo

Es indudable que este fatal desenlace de la vida de Sancho de Aragón tuvo que hacer sufrir mucho a su hermana Violante, pero mucho más la muerte, en el mismo año de 1275, y en plena campaña contra los musulmanes benimerines, de su hijo, el Infante Fernando de la Cerda, heredero al trono de Castilla. La reina Violante procuró siempre que la Corona de Castilla recayese en los herederos de su hijo varón primogénito sin llegar a conseguirlo. Finalmente, el reino fue a parar a manos de su otro hijo, Sancho IV.

Todo esto en una sociedad tan sacralizada como la Medieval, tenía que hacer que se acercase a la religión como consuelo. Cierto es, que entre los años 1250 y 1275, la reina Violante de Castilla había podido reunir en su ánimo alegrías y pesares suficientes como para querer patrocinar la fundación del Convento de San Pablo de Valladolid. Sin embargo, su impulso solo será materializado por la reina María de Molina (1264-1321), esposa de Sancho IV y tres veces reina de Castilla, quien dedicaría grandes esfuerzos para que se llevara a cabo la construcción formal del Convento de San Pablo. Y también tenía sus motivos.

maria1María de Molina y Fernando IV ante las Cortes de. Valladolid (de Antonio Gisbert).

María de Molina, quien se había enfrentado a la reina Violante de Castilla por la herencia del reino, no había obtenido la legitimidad papal de su matrimonio ni por lo tanto, la de sus hijos (Sancho se había casado antes, en 1270, cuanto contaba 12 años de edad, con Guillerma de Montcada, bajo la fórmula “sponsalia per verba de presenti”, es decir, sin conocerse: y además María de Molina era su tía). En el momento de la coronación de Sancho IV, en 1284, tras alzarse contra su padre (Alfonso X) y a la muerte de este, sus hijos fueron excomulgados por el papa y considerados bastardos. La legitimidad del matrimonio y vástagos fue un problema durante todo el reinado de Sacho y María de Molina, porque no fue conseguida hasta noviembre de 1301, cuando se recibe la Bula del Papa Bonifacio VIII. Ese mismo año, en Roncesvalles (Navarra), donde se encontraba descansando al volver de Roma tras obtener el jubileo, fallecía la reina Violante de Castilla.

Pero antes, en 1295, al quedar viuda, María de Molina se convirtió en reina-tutora de su hijo Fernando, menor de edad, futuro Fernando IV. Como su hijo aún era considerado bastardo, la reina reclama, y logrará, apoyos en las Cortes de Valladolid de ese año. Sin embargo, el nuevo rey falleció tempranamente, en 1312, así como también su esposa la reina Constanza, por lo que María de Molina vuelve a ejercer la tutela regia, esta vez, de su nieto Alfonso XI de un año de edad, y es reina de Castilla por tercera vez.

Los esfuerzos de la reina por la legitimidad de su descendencia y por los problemas que acarrearon las tutelas, pueden hacer entender el entusiasta patronazgo hacia las construcciones religiosas de Valladolid (y en el reino de Castilla, con varias fundaciones más en su nombre), y el apoyo incondicional a los dominicos mendicantes. Pero también profesó sincero amor a la orden. A su muerte dejó en testamento a los frailes dominicos de San Pablo, las rentas que le pertenecían por el portazgo de la villa y, según Jose Mª Palomares, pidió ser amortajada con los hábitos blancos de la orden (el cronista de Castilla en 1572, Ambrosio de Morales, describe sin embargo su mortaja como: “en hábito honesto, sin letra alguna”).

Curiosamente, no es enterrada en San Pablo, sino en el Monasterio de las Huelgas Reales (Santa María la Real de Huelgas), de la Orden del Císter, construido por su patronazgo en su cedido palacio de la Magdalena, extramuros de la ciudad, en el año 1282.

998 2 Sepulcro Maria de Molina-Mº Huelgas Reales-ValladolidSepulcro de María de Molina en el Monasterio de las Huelgas Reales 

El Convento de San Pablo quedaba entonces unido a la Orden de los Dominicos desde el primer impulso de Violante de Castilla y por patronazgo regio de María de Molina. Éstos frailes mendicantes, nacidos por fundación de Santo Domingo de Guzman en 1216, se habían instalado ya durante este siglo en varios conventos en Castilla, bajo la advocación de San Pablo apóstol, como primer predicador, por lo que nada tenían que ver con el santo eremita de la fundación paulina. Entre 1216 y 1276 se habían fundado, dedicados a San Pablo, los conventos de Segovia (1218), Palencia (1219), Burgos (1224) y también habían fundado otros conventos dominicos bajo diferentes advocaciones, como San Esteban de Zamora (1219), San Esteban de Salamanca (1230) o Santo Domingo de León (1261).

En Valladolid, se instalan en los terrenos denominados de la Cascajera “el qual es el mejor y mas saludable que tiene la referida villa por estar al septentrión en alto y por la misma parte vecino del Pisuerga.” La cofradía llamada de “La Cascajera” es el nombre con el que se conocía a la asociación de los notables de la Villa, que además donaron a los frailes casas y terrenos adyacentes, con sus huertos y derechos. En la zona donada existía ya una ermita (primera residencia dominica con el patronazgo de Violante de Castilla) conocida como Santa María del Pino, nombrada así por un gran pino que crecía al lado de ella y que “un supprior que a la sazón era, por cierto respecto que tuvo un día, en tanto que los frailes comían, le hizo cortar sin dar parte dello a nadie.” Desde su fundación, el convento mantuvo ese pino como símbolo de su orden en el Monasterio.

En 1398, será otra reina castellana, Doña Beatriz de Portugal (1373-1420), esposa del rey Juan I de Castilla (1358-1390), quien retome el proceso de donaciones para ampliar el Convento y cede a los dominicos “todo el solar que es dentro de la mi villa de Valladolid de como se contienen de unas casa nuevas que […] son cerca de la Puerta del Bao, fasta la Puerta del Postigo que llaman de San Pablo de dicho monasterio.” En el siglo XV, el cardenal fray Juan de Torquemada (tío del inquisidor general Tomás de Torquemada) se encargará de sufragar las obras para la ampliación del Templo que pierde ya su forma mendicante. Continuó su obra fray Alonso de Burgos, obispo de Palencia y después fueron numerosos los mecenas de este Templo, pero ninguno tan generoso como el Duque de Lerma, quien, una vez adquirido el patronato del convento en 1601 con el traslado de la capitalidad a Valladolid, costeó la reforma de su fachada principal y dotó al convento de numerosas obras de arte.

PIC_2464

En esta imponente Iglesia de San Pablo (es lo que queda hoy de la construcción conventual, ya desaparecida) fueron bautizados los reyes Felipe II y Felipe IV. Para el primero, se tuvo que recurrir a una añagaza y sacar al infante por una de las ventanas del Palacio de Pimentel para poder ser bautizado en este templo porque de haber salido por la puerta del Palacio habría tenido que ser bautizado en la Iglesia de San Martín.

Así, el gran Felipe II fue paulino, pero sin tener ninguna relación con la orden nacida tres siglos antes en  la lejana Hungría y de tanta tradición cristiana medieval. Los primeros paulinos instalados en un país de lengua castellana, fueron los que llegaron a España en el año 2011, encargados de restaurar la vida monástica en el Monasterio de Yuste (Cáceres) y por lo tanto nunca habían ocupado ningún monasterio ni advocación en Valladolid, ni en Castilla, ni en ninguna de las tierras americanas de la Corona. No.

AlmaLeonor