HILDEGARD VON BINGEN

 HILDEGARD VON BINGEN (SANTA HILDEGARDA)

Museum - Hildegard von Bingen
(Por alguna razón, esta entrada que debía de figurar antes no se grabó como es debido)

Hildegard Von Bingen fue sin duda una de las mujeres más extraordinarias de la Edad Media europea. Hildegard nació en Bemersheim (Alemania) en el valle del Rin, el año 1098 (o 1099), en el seno de una familia noble alemana. Fue la menor de diez hijos, por lo que siguiendo la costumbre de la época pude decirse estaba destinada a la Iglesia. Desde muy niña, Hildegard sufrió visiones que más tarde la propia Iglesia confirmaría como inspiradas por Dios. Estos episodios, descritos por ella misma como “La Luz Divina”, la dejaban muy mal e incluso la cegaban temporalmente.

Sus padres preocupados decidieron entregarla totalmente al convento benedictino de Disibodenberg, que se encontraba bajo las órdenes del Abab  Jutta. Él fue quien se encargó personalmente de la educación de Hildegard, y así pudo tener un profundo aprendizaje en latín, griego, liturgia, música, oración y ciencias naturales, además de una disciplina asceta. A los dieciocho años, Hildegard toma los hábitos benedictinos.

En 1136, Jutta murió y Hildegard, a pesar de ser muy joven, asumió el mando del convento y comienza a escribir sus experiencias.

La “Vida de Hildegard von Bingen”, obra escrita pocos años después de su muerte (acaecida en 1179) por el monje Theoderich von Echternach, permite aproximarse a su figura que ha sido considerada como la primera bióloga alemana, la primera médica y la primera feminista.

De los nueve libros que escribió, destacan “Scivias”,de corte místico; “Liber Vitae Meritorum”, sobre ética; y “Operatione Dei”, sobre teología. Otro de sus libros, el “Liber Simplicis Medicinae” es importantísimo para la medicina, pues en el se hace un acercamiento a la ciencia de curar desde la perspectiva holística, incluyendo conocimientos de botánica y de biología. Describe con minuciosidad las propiedades medicinales de las plantas y las virtudes de las piedras preciosas y los metales. Por ejemplo, el vino jugó un papel muy importante en sus tratamientos, y Hildegard recomendaba beberlo tibio como remedio para la incontinencia.

De la misma forma, el “Liber Compositae Medicinae” trata sobre las enfermedades, pero desde el punto de vista teórico y explica sus causas y síntomas.

Pero, Hildegard no sólo se dedicó a escribir, si no que además compuso música. Escribió setenta y siete canciones aproximadamente, y una ópera “Ordo Virtutum”, por la cual se ha dicho que la compositora fue más allá de las normas de la música medieval y le otorgó un nuevo lenguaje. Hildegard no fue la única mujer de su época en escribir música pero fue la única, o una de las pocas, que logró mantener la autoría de todas sus obras, gracias a que supervisó personalmente la copia de los manuscritos. Tan audaz acto permite hoy en día escuchar su música.

También mantuvo una intensa correspondencia con los personajes más relevantes de su época, como el Papa Eugenio-III, Federico-I Barbarroja o Bernardo de Clairvaux.

Un comité de teólogos de la Sede Pontificia legitimó sus visiones y sus mensajes, que para muchos eran predicciones del futuro, aunque ella lo negara y dijera que más bien era una proyección del presente. Tal fue su reconocimiento, que llegó a ser conocida como la “Sibila del Rin”. En este momento, la gente la buscaba para escuchar sus palabras de sabiduría, para curarse, o para que los guiara.

La relación con la Iglesia no fue muy buena y alcanzó su crisis, cuando Hildegard y las monjas del Convento Rupertsburgo que ella había fundado (se llamó así por un Santo del que ella escribió la biografía, en el actual barrio de Bingenbrück, hoy desaparecido) dieron sepultura en el cementerio de su convento a un joven revolucionario, que había sido excomulgado por el arzobispo. Según la Iglesia el joven no merecía santa sepultura, pero Hildegard insistía en que él se había arrepentido. Se negó a desenterrarlo e incluso hizo desaparecer cualquier rastro del entierro, para que nadie se atreviera a buscarlo.

Este problema le acarreó a Hildegard y a todas las monjas a su cargo una prohibición de hacer música. Ella muy molesta, le escribió al Arzobispo una carta bastante dura en las que se lamentaba de la “perdida” que esto significaba para todo el Rin, y además amonestaba a la autoridad eclesiástica. La Iglesia decidió perdonarla y pocos años después, esta polifacética y mística mujer murió.

Esta “monja emancipada” fue una intelectual que logró conquistar grandes espacios durante su retiro. Además de escribir y componer, concibió una nueva imagen de la mujer. Describió a Dios con atributos femeninos, algo revolucionario para la época. Convirtió las debilidades atribuidas a las mujeres en autoridad y luchó por la equiparación de los sexos en cuanto al castigo por los pecados. No tuvo reparos en pelearse con los representantes de la Iglesia por estos asuntos.

En aquellos tiempos, este modo de pensar era inconcebible. En una época en la que no había duda de la culpabilidad de Eva, ella se atrevió a decir que Eva no había cometido falta, sino que era una víctima engañada por Satán, quien envidiaba a la mujer su capacidad de dar vida. Por si esto fuera poco, se atrevió a visualizar el acto sexual como una unión espiritual que iba más allá de la procreación.

Hubo varias tentativas para canonizarla, y aunque esto nunca se llegó a realizar, popularmente se la reconoce como “Santa” e incluso el Papa Juan Pablo-II la calificó como  “una mujer santa”.

Bingen, la ciudad que la acogió, atrae hoy a curiosos de todo tipo: investigadores, teólogos, esotéricos y médicos alternativos que visitan el Museo Hildegard buscando datos, o recorren los antiguos senderos del vino y la medicina natural en los alrededores de Bingen. El Convento Rupertsburgo fue destruido durante la Guerra de los 30 años, pero el Convento Eibingen, otro lugar donde vivió Hildegard, quedó intacto. Se encuentra en la otra orilla del Rin, a las afueras de Rüdesheim am Rheim, una ciudad que recibe muchos miles de visitantes más que Bingen. Por ello los habitantes de Bingen insisten en subrayar una diferencia: del otro lado del río queda el estado de Hesse, y de éste, Renania Palatinado. Además cuentan con el patronimico de una de las mujeres más extraordinarias de la Edad Media, Hildegard von Bingen.

Páginas web que se pueden visitar:

http://www.study-in-germany.de/spanish/4.30.3.1230.html

http://finam.cl/contenidos/hildegard_von%20_bingen.htm

http://www.solonosotras.com/archivo/21/biog-hildegard.htm

http://www.beethovenfm.cl/cgi-bin/enciclopedia_persona.cgi?id=119

http://www.discoweb.com

http://www.foroclasico.com

http://www.beethovenfm.cl

www.martinschlu.de/. ../hildegard.htm

www.abtei-st-hildegard.de/. ../hildegard.html

www.heilfastenkur.de/ hildegard_von_bingen.shtml

www.eisenburger.de/ Photo/Hildegard/hildegard.html

www.bingen.de/kultur/ museum/museumstart.htm

www.agapea.com

 

 

 

 

LA CIUDAD DE WORMS

LA CIUDAD DE WORMS

Worms, pertenece al estado alemán de Renania-Palatinado. La ciudad, situada a orillas del Rin, en la región vitivinícola del Rheinhessen, cuenta hoy con unos 80.000 habitantes y es la heredera de una historia singular.

Este lugar estuvo ocupado por la tribu germánica de los Vangiones, hasta que fueron expulsados por los romanos que lo bautizaron como Borbetomagus, y construyeron una fortaleza hacia el 14 a.C. En el 412 la ciudad, llamada Augusta Vangiorum, fue transferida a los Burgundios, otra tribu germánica, quienes la convirtieron en la capital de su reino.

Los Burgundios, originarios de Escandinavia, entraron en el Imperio alrededor del año 200 instalandose en Pomerania (Polonia) y Alemania, hasta que se asentaron en esta zona a orillas del Rin, entre Francos y Alamanes, como pueblo Federado (fœderati) de los romanos. No obstante parece que mantuvieron una relación tormentosa con sus anfitriones, ya que irrumpieron en las regiones fronterizas y extendieron su influencia cuanto les fue posible, arrebatando incluso Mogunticum (Maguncia) al Imperio.

Este estado de cosas, fue el que propició que el general y Magister Militum romano, Aecio, enviara contra ellos a mercenarios Hunos de Atila que terminaron invadiendo el Reino Burgundio del Rin. Su Rey Gundicar murió en una de estas batallas en el año 436, y su capital y su reino desaparecieron.

Las leyendas heroicas que cuentan la defensa de los Burgundios frente a los Hunos, fueron recopiladas en el siglo XIII para formar el “Cantar de los Nibelungos”, la mayor narración épica en lengua alemana.

Las viejas historias nos cuentan muchas maravillas
 de héroes admirables, de grandes trabajos,
 de alegrías, de fiestas, de llantos y de quejas;
 ahora escucharéis prodigios de los combates de arrojados guerreros.

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Como la clara luna que, al surgir de las nubes,
 borra la luz de las estrellas,
 así estaba Krimhild entre las mujeres,
 alegrando el corazón de los guerreros.

—/—

No puedo referir qué pasó después.
 Caballeros, mujeres y nobles escuderos lloraron
 a sus queridos amigos muertos.
 Aquí la historia tiene su fin: éste es el Pesar de los
 Nibelungos.

 

En el 486, Clodoveo-I, el gobernador de los Francos-Salios construyó aquí una nueva ciudad a la que llamó Wormatia y pronto se convirtió en Sede Episcopal. Sus Obispos fueron adquiriendo gran importancia política hacia los siglos X y XI. La ciudad se alió entonces con los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico en su lucha contra el Papado y en el siglo XII, Worms se convirtió en Ciudad Imperial Libre, cuando en 1122 el Papa Calixto-II y el emperador Enrique-V firmaron aquí el famoso Concordato de Worms, por el que las investiduras eclesiásticas recaían en el Papado, poniendo fin a la llamada “Querella de las Investiduras”.

Desde fines del siglo XV, Worms fue sede de ocho Dietas Imperiales (asambleas legislativas), del Reich, en las que, bajo la égida del Emperador, se congregaban Príncipes, Condes y representantes de las ciudades libres del Imperio. La más célebre fue la Dieta de Worms de 1521, entre el 28 de enero y el 25 de mayo, en la que el emperador Carlos-V convocó a Lutero para dirimir el problema protestante.

Del 16 al 18 de abril, Lutero habló delante de la Asamblea pero, en vez de abjurar, defendió con energía su Reforma. El año anterior, el Papa León-X, había emitido la Bula “Exsurge Domine” requiriendo a Lutero para que se retractase de 41 de las 95 tesis que criticaban a la Iglesia. Lutero fue convocado por el Emperador para comparecer delante de la Dieta Imperial, y el Príncipe Federico-III, Elector de Sajonia, obtubo para él un acuerdo por el cual si Lutero se presentaba le sería concedido un salvoconducto seguro desde y hasta el lugar del encuentro.

Lutero se negó a retractarse con la siguiente argumentación:

Al menos que no esté convencido de testimonios de las escrituras o de razones evidentes – puesto que no confío en el Papa, ní en su Concilio, dado que ellos han errado continuamente y se han contradicho a sí mismos – Me mantengo firme en las escrituras por mí adoptadas, y mi conciencia es prisionera de la palabra de Dios, y no puedo ni quiero revocar ninguna, viendo que no es seguro o justo actuar contra la conciencia. Dios me ayuda. Amén.

El Nuncio Papal de la Dieta redactó y propuso violentas denuncias contra Lutero, y Carlos-V promulgó el Edicto de Worms el 25 de mayo, donde se condenaba formalmente el Luteranismo. El Edicto declaraba a Lutero como un bandido y prohibía la lectura y posesión de sus escritos. Permitía a cualquiera matar a Lutero sin sufrir consecuencias penales y provocó mucha agitación incluso entre los más moderados. Pese al acuerdo que garantizaba el regreso seguro de Lutero, se incluyó que pronto sería arrestado y castigado. Para protegerlo, el Príncipe Federico-III lo capturó en el camino a casa y lo escondió en el Castillo de Wartburg, donde Lutero inició su traducción de la Biblia al alemán. Lutero continuó con la Reforma hasta su muerte en el año 1546.

No obstante el Edicto de Worms no llegó a ser obedecido y en 1525 los habitantes de la ciudad lo adoptaron, por lo que sufrió duras represalias durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). En 1689 fue prácticamente destruida por el ejército francés durante la Guerra de la Liga de Augsburgo y en 1801, durante las Guerras Napoleónicas, se le privó de sus derechos de ciudad libre y fue anexionada al Ducado de Hesse-Darmstadt.

Por último, Worms resultó también muy dañada durante la Segunda Guerra Mundial, pero en la segunda mitad del siglo XX se reconstruyó el centro de la ciudad y varios monumentos fueron restaurados. Hoy en día la Historia se mantiene presente en sus calles.

 

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ANÉCDOTAS-22: Charlas y Pseudo-Charlas

ANECDOTAS-22: CHARLAS Y PSEUDO-CHARLAS

Nosotros no hablamos otro idioma más que el español. Yo aún puedo articular alguna frase (corta) en inglés, pero según mi hijo, que no dejó de reirse de mi durante todo el viaje, mi inglés es como el del Tarzán de las películas. Puede ser hasta verdad. Pero con eso nos hemos ido apañando más que bien durante todos los viajes que llevamos haciendo. Sin embargo no nos es suficiente, sobre todo cuando alguna persona se acerca para charlar con nosotros y nos vemos incapaces de mantener una conversación fluida.

En este recorrido nos hemos encontrado con muchas personas con las que charlar, lo que siempre resulta la parte más interesante de un viaje. Hablar con la gente nos encanta, aún con las dificultades del idioma, y cada año procuramos soltarnos un poquito más. Mi hijo mejora mucho su inglés en cada viaje, y en éste se soltó tanto, que era capaz de entrar en una tienda, preguntar por casi todos los artículos, intercambiar opiniones e incluso regatear.

He llamado “Charlas” a aquellas que hemos mantenido en español, bien con españoles, bien con personas de otras nacionalidades que hablaban español. Y llamo “Pseudo-Charlas” a aquellas que hemos mantenido, o intentado mantener, en ingles. Pero empezaré por el principio.

Durante el viaje de ida ya estuvimos charlando con una pareja de Santander que viajaban en una Camper California como la nuestra. Llevaban a su niñita de corta edad, y un labrador negro precioso. Inevitablemente la conversación se inició y continuó en gra parte, en torno a la Camper. A ellos les resultaba, como a nosotros, un vehículo fantástico y lo preferían a una Autocaravana. Habían realizado aún pocos viajes con ella, pues era nueva, pero en esta ocasión, con dos meses de vacaciones, se iban hasta Croacia. Habían pensado tomarse el viaje con mucha calma, sobre todo por su niña, y pensaban ir parando en varios sitios, como Lyon, que era su segundo destino, después de haber descansado unos dias en las Playas de Arcanchón que visitaban a menudo.

Toda esta conversación la mantuvimos en español, claro, pero en el mismo área de descanso coincidimos con un chico belga que viajaba solo, y que empezó a charlar con nosotros gracias a que él, como mi marido y mi hijo, estuvieron escalando en la pared practicable de la que disponía el área. Y esta conversación si que se desarrolló en inglés. Fue la primera señal de que podíamos hablar con alguien, aún con nuestra mala pronunciación. Nos contó que era músico, que conocía España, y que un tío suyo, también músico, había trabajado en Madrid con Miguel Bosé ¡¡que cosas!!

En la Ruta del Mosela tuvimos la suerte de ir a parar al Camping Van der Beerk, donde su dueño, el del nombre, hablaba español. El decía que solo un poquito, pero la verdad, hablaba español, muchíiiiiisimo mejor que yo inglés. Fue un alivio y pudimos mantener una agradable charla (además de las consabidas preguntas sobre instalaciones y demás), sobre la zona del Mosela, muy poco conocida por el turismo español (principalmente son alemanes y holandeses los que la visitan) pero a la que cada año acuden más, sobre todo en agosto. También nos explicó que la Ruta del Mosela es muy apreciada por los campistas porque mantiene un microcrima siempre muy agradable y el cañon es más estrecho que el del Rin, por lo que las vistas son también mejores.

De la mano de Van der Beerk tomamos también nuestras primeras cervezas alemanas. Nos dejamos aconsejar y la verdad es que lo hizo muy bien.

Fue en este camping donde tuvimos la oportunidad de hablar (muy poco) con el holandés que tuvo el percance con los cisnes. A raíz de ese incidente nos saludaba siempre que nos encontrábamos y cruzamos alguna palabra. Luego le volvimos a ver en Rudesheim, ya en la Ruta del Rin, ya que coincidimos en el Camping. Entonces si que mantuvimos una de las que yo llamo “Pseudo-Charlas” porque su inglés era tan limitado como en mio, pero pude intuir que se alegraba de la coincidencia de ruta y ubicación.

Y en este mismo Camping encontramos también a una pareja de Logroño que viajaban en Camper, y a quienes habíamos visto circulando por Coblenza, aunque no pudimos saludarlos entonces. Estaban en Rudesheim y nos contaron un poco su ruta, que se parecía mucho a la nuestra. Ellos llevaban mucho tiempo viajando y estaban encantados con la T4 de Volskwagen.

En Rudesheim (era un Camping muy grande, y una parada casi obligatoria) coincidimos, así mismo, con un español afincado en Dinamarca, donde se había casado y donde trabajaba en la hostelería. Estaba con su familia de vacaciones con una Caravana enorme. Nos contó muchas cosas de Dinamarca (que a punto estuvo de ser nuestro destino de vacaciones) y algo que nos sorprendió mucho, calificó el Camping de Rudesheim como “de mierda” cuando había sido el que más nos gustó a nosotros. Pero, según dijo, en Dinamarca son mucho mejores y en Noruega estaban los más excelentes camping que él había visto. ¡¡¡Tomamos buena nota de ello!!!

En la ciudad de Rudesheim, aun tuvimos otro encuentro con españoles, una pareja de Valencia que estaban visitando la zona. Él trabaja en Franckfurt y ese fin de semana su mujer le había ido a visitar para conocer la ciudad y paso los alrededores. Fueron muy simpáticos y estaban tan encantados de Rudesheim como nosotros.

La mejor Charla en español de la Ruta del Rin fue la que mantuvimos con Stefan, un viticultor de la ciudad de St.Goar que encontramos por pura casualidad.

En este punto tan avanzado de la ruta, aún no habíamos adquirido ninguna botella de vino de la zona. No nos acabábamos de decidir. En la ciudad de St.Goar, que recorrimos después de visitar el castillo, nos encontramos con una tienda estupenda en la que vi una preciosa jarra alemana de cerámica a un precio muy econòmico. Como llevabámos tiempo detrás de una, quise entrar para ver si tenían más modelos. No tenían más que esa, pero nos llevamos una agradable sorpresa al encontrarnos con Stefan.

Resultó que él tiene una de las bodegas más exitosas de la zona, produce sus propios vinos y licores, todos de forma artesanal, y los distribuye él mismo, con lo que todas las botellas que pudiésemos encontrar con su fotografía en la etiqueta (y vimos varias), serían suyas. Tuvimos la suerte de que hablaba bastante español porque su mujer era chilena y sus suegros vivían en España, con lo que había viajado en alguna ocasión a Alicante. Prometí que hablaría de su tienda, así que lo prometido es deuda y os presento a Stefan.

Stefan’s Wine and a Christmas Paradise

HeerstraBe 57

56329 St.Goar

Germany

Tef: 067 41- 7550             Mobile: 0162 – 4195254

e-mail: info@stefans-wine-paradise.de

website: www.giftsfromgermany.com

Antes de abandonar la Ruta del Rin, aún pudimos hablar con más gente. Normalmente alemanes que querían charlar y saludar en cuanto se enteraban que éramos españoles. ¡¡¡Sentían una especial curisidad por saber que hacíamos por allí!!! Jejejeje. En realidad la mayoría querían saludarnos porque habían visitado España y les había gustado tanto que estaban encantados de ver a unos españoles.

En Maguncia tuvimos que parar en una gasolinera  para preguntar como entrar en la ciudad, ya que estuvimos perdidos por carreteras locales durante un buen rato. Ya he contado eso. En la gasolinera la muchacha que la atendía no nos entendió o no quiso entendernos, o nos podía ayudar. Pero un alemán que estaba poniendo gasolina en su vehículo se ofreció a responderme. Me dirigí a él en inglés, pero dijo que no hablaba inglés. Algo debemos de tener los españoles que se nos cala enseguida la “mas-o-menos” procedencia, porque enseguida el hombre preguntó “¿italiano?”. Por lo visto él hablaba algo de italiano. Le dijimos que sí, que nos respondiera en italiano, ¡¡¡por favor!!! Y con sus indicaciones pudimos ¡¡al fin!! entrar en Maguncia. Estuvo muy amable y atento, pero ¡¡casi se le sale la gasolina!!

Aún pudimos tener una “Pseudo-Charla” más. En el Camping de Boppard, nos encontramos con una pareja de holandeses que se mostraron muy simpáticos cuando me acerqué a atusar al perrito que paseaban. Les dije con mi inglés simple que me gustaban los animales y especialmente los perros y la mujer casi salta de alegría. Entonces el marido inció la charla. Él si que hablaba un poco mejor inglés, su mujer nada. Eran de Amsterdam y presumían de ser los únicos de esa ciudad de todo el camping. Por lo visto habían preguntado a otros holandeses y ninguno era de allí.

Luego se interesó por las sudaderas que tanto mi marido como yo llevábamos puestas. Tengo que explicarlo primero. Tenemos un par de sudaderas que compramos una vez en Santo Domingo de la Calzada, en La Rioja. Desde entonces (ya hace varios años) siempre las llevamos para utilizarlas en los campings. En esas sudaderas esta grabado el nombre de la localidad y unos gallos, símbolo de Santo Domingo de la Calzada y protagonistas de su leyenda: “donde cantó la gallina, después de asada”. Explicarle todo esto al holandés en mi precario inglés y esperando a que él se lo tradujese a su mujer en su idioma, fue de lo más fatigoso, jejejejeje. Pero estuvimos hablando un buen rato y resultaron de lo más agradables.

En Heidelberg, la Pseudo-charla más curiosa fue la que mantuvimos en el Mirador del Castillo con un chico de la Radio local. Quería entrevistarnos acerca de nuestro viaje turístico, pero le pedimos que no nos grabara porque nuestro inglés era muy precario. Se avino a ello y estuvimos charlando un buen rato. Sus preguntas iban dirigidas sobre todo a conocer porqué habíamos elegido ese destino.

En la Selva Negra volvimos a encontrarnos con una alemana que se interesó por nosotros al sabernos españoles. Ella en su perfecto inglés nos preguntó por nuestra ruta que encontró muy interesante y bonita y nos preguntó por España. Quería saber de donde éramos, a la vez que elogiaba nuestro país. Solo la costa, claro, porque la mayoría de los que viajan a España lo hacen a la costa. Cuando decimos que venimos desde Valladolid, nadie reconoce la ciudad y tenemos que explicar que está al norte de Madrid, en la meseta Castellana. Entonces afirman. De Madrid al menos han oído hablar o lo han visitado. Algunas veces para no tener que dar tantas explicaciones decimos que somos de La Rioja, y mira ¡¡¡eso si lo conocen!!!, jejejeje

También en la Selva Negra, en el Lago Titisee, coincidimos con Clasimir y Dolors, un encantador matrimonio de Castellón que venían desde Avigñón, donde habían estado disfrutando de la Semana de Teatro que se desarrolla en toda la ciudad. Nos lo recomendaron vivamente. Con ellos hablamos muchísimo, bueno más mi marido que yo, que ese día estaba muy cansada y me quedé casi dormida en la Camper. Nos hablaron de sus muchos viajes, pues llevaban ya varios años viajando con una Camper, y también de algunas de sus malas experiencias, todas en Italia, donde les habían robado dos veces. ¡¡¡Menudos ánimos para visitarlo!!!

Nos encontramos con otra pareja de españoles en las Cataratas Triberg. Habían llegado a Baden-Baden en avión desde Madrid, allí habían alquilado un coche y estaban haciendo una ruta por la zona.

Ya en Alsacia el número de españoles aumentó considerablemente. Oíamos hablar español en todas partes, pero curiosamente no hablamos con ninguno. En el Castillo de Hohlandsbourg, en la Ruta de los Cinco Castillos de Egisheim, nos encontramos con una representación medieval en el patio central del Castillo. Aunque hablaban en francés, sus gestos eran suficientemente explícitos y fue muy entretenido. En la Torre del Homenaje, en el centro del castillo, se encontraban los trajes y armaduras de los actores, y muchos niños se los estaban probando. Nuestro hijo se probó una pesada Cota de Mallas de 18 kilos de peso y poco después uno de los actores le puso la coraza de la armadura y un guantelete. Estuvieron hablando un buen rato sobre la Época Medieval y sobre su vida de artesano y actor, y al final se fotografiaron juntos ¡¡¡ha quedado una foto estupenda!!

El resto de conversaciones fueron más bien, el alargamiento de alguna consulta en Campings o Oficinas de Turismo, o algún elogio o chanza en algunos de los locales donde tomamos un café o entramos a comer. En todas partes, eso si, con la amabilidad y simpatía con la que seguían haciendo gala. La última conversación, un poco más larga, la mantuvimos en Kaysersberg, en una tienda de cervezas. Resultó que su dueño era de ascendencia española (su abuelo por lo visto era español) y él había visitado la costa (Alicante) en alguna ocasión. Todo esto nos lo contó después de que nos interesásemos por alguna cerveza algo más especial que la típica “Sans Culotte” que se exhíbia ostentosamente junto a un provocativo cartel en el escaparate. Al entrar en el establecimiento y preguntar por una cerveza local (en español), el tío nos señaló el cartel, afirmando (en francés) que esa cerveza era la que compraban los españoles. Nosotros queríamos algo especial, y ¡¡vaya si lo conseguimos!!, pero solo después el dependiente se avino a iniciar la charla.

Ahora todos nosotros nos hemos hecho la promesa de intentar mejorar nuestro inglés (al menos) para poder mantener más “Charlas” que “Pseudo-Charlas” en nuestros viajes sucesivos.

 

 

 

7-Viaje por Alemania y Alsacia: El Palatinado

 

4.- Ruta del Palatinado: COBLENZA-BADEN-BADEN.

Destaca: HEIDELBERG.

La Autopista A61 viene desde Koblenz y sigue dirección Maïnz, donde se toma la A31. Es en esta donde se coge la salida 58 para llegar a Worms, nuestro primer destino en la zona palatina.

WORMS

www.worms.de/tourismus

Llegamos a las 14:40 (km.2409.9) al primer Parking (de pago) que vimos al entrar en Worms. Lo primero que hicimos fue buscar la Oficina de Información, donde nos despacharon enseguida con un par de folletos en ingles. Hace un calor infernal hoy.

Worms, perteneciente al estado de Renania-Palatinado, es famosa, entre otras muchas cosas, por el vino blanco Liebfraumilch, lo que no nos hace olvidar que estamos en una ruta vitivinícola todavía. Pero la historia de Worms es mucho más interesante.

Durante la 2ª Guerra Mundial, Worms resulto muy dañada, aunque todavía pueden admirarse las Ruinas de las Fortificaciones y de la Muralla Medieval, así como la Catedral Románica de San Pedro de los siglos XII y XIII. El impresionante Memorial Martín Lutero, realizado en 1868, recuerda el nacimiento del Protestantismo en la ciudad y la figura de su creador.

Worms fue sede de una importante comunidad judía alemana y se conservan aún bastantes vestigios de ella, como la Sinagoga de los Hombres, de 1174 (aunque ha sido reconstruida en varias ocasiones posteriores); el Museo Judaico de Raschi (1982), fundado en memoria del erudito talmúdico Rabino Solomon Ben Isaac; un Mikwe o Baño de Mujeres, y el Cementerio Judío, que es el más antiguo de Alemania. Solo vimos la fachada del Museo Judaico, que estaba cerca de donde aparcamos, y a las 16:30 ya estábamos saliendo de la ciudad, con la sensación de que nos hemos dejado mucho por ver.

Ahora nos dirigimos por la carretera 47 hasta Lorch, dirección Bensheim, y luego por la 460 hasta Heppenheim, un lugar que hemos visto con muchísimo movimiento de gente, hoteles y restaurantes, porque deben comenzar aquí los bosques y colinas situados entre el río Main y el Neckar. Aquí tomamos ya la carretera 3 que nos lleva a Heidelberg, a donde quedan 24 km.

HEIDELBERG

www.cvb-heidelberg.de

www.heidelberg.com

A las 18:00 estamos buscando donde aparcar en Heidelberg. Al final nos quedamos en un Parking de pago que nos encontramos enfrente del Castillo. Recorrimos el patio interior, al que se puede acceder fuera de las horas de taquilla, y los jardines que lo rodean. En ellos se estaban preparando un festival de danza y música, cuyas entradas se vendían allí mismo ¡¡Un espectáculo así debe ser digno de verse en tan excepcional escenario!!

Desde el Castillo nos enamoramos de Heidelberg  y se nos olvidaron todos los problemas de circulación y aparcamiento que habíamos vivido. Quisimos empezar a conocerla enseguida, empezando por la noche. Buscamos un Camping en nuestra guía y vimos uno llamado Camping Heidelberg-Schlierbach, justo debajo de donde estábamos. Seguimos la B37, por la Schlierbacher Landstrabe, que es la vía que corre paralela al río Neckar, y enseguida aparecieron las indicaciones. A las 19:45 (km.2492,9) estamos instalados y tomándonos un par de cervezas alemanas.

Heidelberg es la más antigua ciudad universitaria alemana y una de las mejores zonas económicas del país. Es una ciudad romántica, cosmopolita y dinámica, y según la información que encontramos, une dos contrarios difíciles de congraciar: Mito y Modernidad, pero es absolutamente cierto. Aquí se descubrió el primer resto fosil de Homo Heidelbergensis, de hace unos 600.000 años, que fue, hasta descubrirse Atapuerca, el fósil humano más antiguo de Europa. Pero es más conocida por ser la ciudad del Romanticismo, gracias a los artistas alemanes del siglo XIX que la inmortalizaron en sus obras, tales como Grimm, Goethe, Eichendorff o Friedrich Hölderlin (1770-1843) quien afirmó que Heidelberg era “…de las ciudades patrias la más bella…”.

Con la información que nos han dado en el Camping tomamos el autobús que para en la misma puerta, pidiendo al conductor un Ticket de Grupo de 24 horas. Nos bajamos en la Bismarck Platz, la última parada en el centro, y desde allí emprendimos el camino hacia el Casco Antiguo por la Hauptstrabe, la calle peatonal y comercial que atraviesa Heidelberg. A medida que nos acercábamos al Casco Antigo, el ambiente se animaba considerablemente y había muchos locales abiertos. Uno de los más emblemáticos es “El Buey Rojo”, un local de 1703 que reunía a las antiguas hermandades de estudiantes. Los estudiantes de hoy siguen haciendo caso de su máxima: “Si quieres recuperarte después de empollar como un animal, coge tus cosas y vete al Buey…”.

Después de cenar, llegamos hasta la Plaza del Mercado, con mesas a la luz de las velas y con el Castillo iluminado al fondo. ¡¡¡Que bonito!!! Pero aunque el ambiente del centro de Heidelberg no decaía, decicimos marcharnos y tomamos el autobús en la parada de la Neckarmunzg Plazt. Debíamos coger el Bus-35 y bajarnos en la parada marcada como Schlierbach Im Grund. A las 23:30 estábamos ya acostados.

16-07-2008 MIERCOLES

A las 11:00 salíamos del Camping. Ayer vimos una zona residencial, justo enfrente, donde podemos aparcar. No hay que poner Ticket de Parking. Como nuestro billete de bus vale para todo el día de hoy, podemos visitar Heidelberg sin problemas.

Nos bajamos en la parada del Alte Bruke, que lamentablemente estaba completamente cubierto por obras, pero aún pudimos ver algo y observar desde él el Castillo. El primer puente sobre el Neckar, de madera, era de 1248. Hasta 1786 no se construyó un puente de piedra, uno de nueve arcos de arenisca roja al que se le puso el nombre del Príncipe Elector del momento, Karl Tehodor. La Puerta de Entrada Sur, con sus dos torres blancas, también data de esta época. Durante los últimos días de la 2ª Guerra Mundial el puente fue volado, pero en 1946 se rescataron las piedras del río y el puente se reconstruyó por completo al año siguiente. Cuenta la historia que junto a la Torre Norte del Puente Viejo se situaba un mono que mostraba un espejo a los paseantes. Cuando en 1689 se derribó tanto el puente como la torre, también desapareció el mono. En 1979 se realizó una escultura modernista del Mono del Puente que se ha colocado en la Puerta de Entrada Sur. Es una de las imágenes más fotografiadas de Heidelberg, literalmente “tomada” por un nutrido grupo de japoneses cuando nosotros llegamos, con lo que no pudimos fotografiarle ni de lejos.

Desde la Puerta del Puente se accede a la Calle Steingasse del Casco Antiguo. Lo primero que se puede ver son varias casas renacentistas muy bonitas, como la posada “Zum Goldenen Hecht”, “El Lucio Dorado”. Siguiendo por aquí encontramos la conocida como Casa Ritter, una de las más bellas fachadas de Heidelberg. Construida en 1592 por un comerciante de paños, fue la única casa renacentista burguesa que se salvó de la destrucción y el posterior incendio que asolaron el Castillo y la ciudad durante la Guerra del Palatinado, el 22 de mayo de 1693. Desde 1705, y completamente restaurada, es un Hotel y Restaurante.

Luego nos acercamos a la Plaza del Mercado donde encontramos un animado mercadillo callejero que rodeaba la Iglesia del Espíritu Santo. En esta iglesia gótica de los siglos XIV-XV, están sepultados los Príncipes Electores del Palatinado. Es la iglesia más grande de la región y su torre tiene una altura de 82 mt. Fue destruida durante el incendio de 1693 y reconstruida en 1700. Desde entonces ha sido utilizada alternativamente por católicos y protestantes, llegando a construirse un muro de división que no desapareció hasta 1936. En la plaza se encuentra también la Fuente de Hércules, de 1701, y el Ayuntamiento, reconstruido el mismo año, que posee una torre con carillón cuyo sonido puede escucharse todos los días a las 12:00, a las 16:00, y a las 19:00 horas.

Nuestro paseo nos lleva ahora hasta la Estatua de la Virgen barroca (1718) situada en el Kornmarkt o Plaza del Mercado del Trigo, y poco después hasta la Plaza de la Universidad. La Universidad fue fundada en 1386 por Ruperto-I, siendo la tercera del Imperio (después de las de Praga, 1348 y Viena, 1365) y la primera de Alemania. El edificio de la Vieja Universidad fue construido en 1712 y el de la Nueva Universidad en 1933. Nuestra información nos dice que son dignos de visitarse tanto el Museo de la Universidad (www.uni-heidelberg.de), como la Cárcel de los Estudiantes, en la Calle Augustinergasse, pero nosotros no visitamos ninguno de los dos sitios. Estábamos ansiosos por subir al Castillo, y fue lo que hicimos desde el Casco Antiguo, por una empinada y empedrada cuesta que va a dar directamente a las taquillas.

En el terreno de un Castillo medieval, en una terraza saliente del Monte Königsstuhl, domina uno de los testimonios culturales alemanes más importantes, el Castillo de Heidelberg, que es considerado el Castillo en ruinas más grandioso de Alemania. Durante cinco siglos fue la residencia de los Príncipes Electores del Palatinado, tiempo durante el cual fue casi destruido en varias ocasiones. Las ruinas se convirtieron en el símbolo de toda una época, la del Romanticismo alemán.

En el año 1300 se modificó como Castillo defensivo y en el siglo XVII como Palacio Renacentista. En 1693 fue casi convertido en ruinas tras la Guerra del Palatinado y vuelto a reconstruir para ser de nuevo atacado por un rayo y un posterior incendio en 1764. Hoy, en contra de todos los planes de renovación y gracias a medidas de conservación monumental, se ha mantenido en su estado de semi-ruina.

Nada más pasar las taquillas se encuentra el Patio Principal, con el Gläserner Saalbau y su Campanario del siglo XVI, y los principales edificios: el Friedrichsbau (1605) y el Ottheinrichbau (1560). El Friedrichsbau (Edificio de Federico) es un Palacio Renacentista restaurado, con 16 antepasados en las hornacinas de la fachada. En este edificio se encuentra la Capilla, el Salón del Rey y el Edificio de las Doncellas, todo visitable de forma guiada y con una entrada aparte que no llegamos a sacar, lo que si visitamos fue la Bodega donde se encuentra el Gran Tonel, una enorme barrica con capacidad para 222.000 litros de vino que mandó construir (y rellenar) Karl Theodor hacia 1751, y para el que hicieron falta 130 troncos de roble. Una escalera permite ascender hasta la parte más alta y verlo desde arriba y por detrás.

El  Ottheinrichbau (Edificio de Ottheinrich) es una de las fachadas renacentistas más bellas de la época de este Príncipe Elector (1502). Se ha conservado en ruina, aunque en sus sótanos se encuentra el Museo Farmacéutico Alemán (www.deutsches-apotheken-museum.de). Fundado en 1957, fue una de las visitas más bonitas e interesantes que hicimos. Muestra la historia y el desarrollo de la farmacia desde la Antigüedad hasta el siglo XX (con una explicación del desarrollo de la Aspirina Bayer por ejemplo), así como varias reproducciones de farmacias antiguas con sus muebles, vasos, tarros de cerámica (alemanes, italianos, holandeses…) y utensilios médicos, a cual más bonito, pero también todos aquellos elementos, animales, naturales o artificiales, utilizados en medicina desde la Edad Media. Más abajo aún, se podía admirar la reproducción de un laboratorio alquimista, con sus pipetas, jarras de decantación, hornos, morteros, alambiques, etc que era una auténtica maravilla.

No se puede dejar de entrar los Servicios del Castillo, (se paga un euro) porque están cubiertos de cuadros donde se pueden ver monedas y billetes de todas las épocas y de todas las partes del mundo.

Ya solo nos quedaba entrar a través del Gläserner Saalbau (Salón de los Espejos), y su Torre Campanario que tiene un reloj de sol en la fachada. Este edificio que si que está restaurado, es el acceso a una balconada muy amplia desde donde se obtienen magníficas vistas de Heidelberg, el Neckar y el Paseo de los Filósofos, el paseo situado al otro lado del río y desde donde los poetas que cantaron el romanticismo alemán contemplaban el Castillo.

Solo nos quedaba volver a recorrer la parte exterior. La Torre de Defensa es una derruida construcción que sirvió en su día para conservar en seco la pólvora. En 1693, expertos franceses consiguieron volarla pese a sus muros de 6.5 mt de espesor. Otros restos que pueden verse muestran la imponente arquitectura militar del edificio, pero que no pudieron escapar a la destrucción de 1693.

Al salir nos encontramos con la puerta que conserva una Argolla de Leyenda. Luís-V mandó construir en 1620 una Torre de Defensa llamada Torturm (Puerta Fortificada), que cuenta con un Rastrillo y un Foso. En la parte de arriba está instalada la vivienda del vigilante de la Torre. Según se dice, instaló una pesada Argolla en la puerta y prometió que quien pudiese romperla con los dientes se convertiría en dueño del Castillo (¡¡lo intentamos!!, jeje). Otras posibilidades a visitar en Heidelberg son:

Museo del Electorado Palatino: www.museum-heidelberg.de

Museo Zoológico de la Universidad: www.web.zoo.uni-heidelberg.de

Museo del Bonsái: www.bonsai-centrum.de

Mueso de Arte y Liturgia Sagrados: www.cvb-heidelberg.de

Centro Cultural y de Documentación de Gitanos y Romaníes Alemanes: www.sintiundroma.de

Museo Casa Cajeth: www.cajeth.de

Colección Prinzhorn: www.prinzhorn.uni-hd.de

Que toda despedida vaya de la mano con la intención de volver”, dice nuestro librito, y ese fue nuestro deseo cuando abandonábamos una de las ciudades más dinámica, jóven, bonita, y encantadora que hemos visitado nunca. Heidelberg tiene nuestra promesa de vuelta.

BADEN-BADEN

www.baden-baden.com

Salimos de Heidelberg siguiendo las indicaciones de la carretera 3, pensando en seguirla hasta Baden-Baden. Nos imaginábamos que por esta carretera nacional encontraríamos mejores paisajes que por la Autopista, pero tras unos cuantos kilómetros de bastante tráfico, absoluto hastío y sin nada digno de mención, a las 15:24 decidimos tomar la Autopista A5 en Bruchsal, dirección Basel, ya que en Alemania son gratuitas. Enseguida encontramos la indicación de la salida 51 a Baden-Baden.

Nos detenemos en la Oficina de Información, cuya entrada está muy bien señalizada y preguntamos. Con un poquito de español nos dicen que todos los aparcamientos de la ciudad son subterráneos. Es mejor dirigirse al Área de Parada para ACs, muy cerca de donde estamos, y visitarla en autobús, que se toma muy cerquita. El “Área” es un simple descampado, pequeño y de tierra, al lado de un aparcamiento para vehículos (con un malicioso tope de techo a menos de 2 mt de alto) y un pequeño parque. No obstante había varias ACs y paramos allí a las 16:23 (km.2601,2).

En el autobús 201 volvimos a pedir un Ticket de Grupo de 24 horas (City Karte). Nos bajamos en la parada final, en Leopoldsplatz, tomando buena nota de que la parada de la vuelta llevaba el nombre de Ebertplatz.

Se dice que en Baden-Baden, situada entre los espesos bosques del Valle del Río Oos, en la zona norte de la Selva Negra, fue el mismísimo emperador romano Caracalla quien descubrió las beneficiosas aguas de sus termas, entre escaramuzas con las tribus germanas. Desde entonces, la conocida en todo el mundo como “Balneario Mundial de la Selva Negra”, la exclusiva ciudad del Spa, de 2.000 años de antigüedad,  remite a una época dorada e intemporal en la que las dinastías reales europeas acudían a sus Balnearios, junto a los más notables representantes de la política, las finanzas y las artes del siglo XIX.  El Teatro, la Opera, el Hipódromo y las mundialmente famosas Termas, confieren a esta ciudad un elitismo, lujo y bienestar, difícilmente alcanzables para la mayoría de la gente.

La Kurhaus, es el centro del complejo balneario que alberga en su interior el Casino más famoso y lujoso del país, que recibe al año más de 600.000 visitantes. En sus mesas han jugado personajes como Bismarck, Marlene Dietrich o Dostoiesvski, quien se inspiró en él cuando escribió su novela “El Jugador”. Es el centro social de Baden-Baden y escenario de suntuosas galas, conciertos y bailes, y actos mediáticos.

La ciudad cuenta con un centro muy animado, unas calles con cierto encanto para ser recorridas, y un magnífico parque con más de 300 especies diferentes de árboles y plantas originales, la Lichtentaler Allee. Nosotros empezamos recorriendo el centro y llegamos hasta las instalaciones de la Terme di Caracalla, pasando antes por el Friedrichsbad, muy frecuentado por la gente de aquí, por lo que vimos. Nos internamos en otra calle comercial llena de tiendas de artesanía, ropa exclusiva, heladerías y puestos de  souvenirs. No nos seducía demasiado.

Desembocamos en la Lichtentaler Allee que, aunque no la recorrimos mucho, es preciosa. Según la información que habíamos recogido, se pueden encontrar, además de las variedades de plantas y árboles, distintos puentes muy adornados que cruzan el río Oos, muchas vías para pasear o montar en bicicleta, y unas buenas vistas de las Mansiones y lujosos Hoteles que se sitúan a su orilla. Al final, se puede pasear por el Jardín de Rosas Gönner, que nos recomendaron vivamente en la Oficina de Información. Vimos la Trinkhalle, un corredor construido entre 1839 y 1842 con columnas corintias y 14 frescos en sus paredes, cuyas salas se utilizan como Café, tienda, venta de entradas y Punto de Información, aunque a estas horas estaba cerrado. Por detrás de la Trinkhalle se accede a una Cascada y más allá comienza el Michaelsberg (Monte Miguel) desde donde se pueden realizar varios paseos. Otras posibles visitas:

Museo de la Antigua Cultura del Baño: www.badruinen.de

Museo Municipal de Baden-Baden: www.bad.bad.de

Casa de Brahms: www.brahms-baden-baden.de

Colección Frieder Burda: www.sammlung-frieder-burda.de

Neues Schloss (Castillo Nuevo): www.neues-schloss.com

Iglesia Rusa: Lichtentaler Strasse, 76     /       Kloster (Convento) Lichtenthal: Hauptstrasse, 40

Iglesia de Autopista San Cristobal: En la Autopista A5, antes de llegar a Baden-Baden

Monte Merkur y Funicular Merkur: www.stadtwerke-Baden-Baden.de

Hipódromo Iffezheim: www.baden-galopp.com

Friedrichsturm (Torre Friedrich): Panorámica de 360º sobre la Selva Negra, en lo alto del Badener Höhe.

 

A las 19:00 estábamos ya en marcha para buscar la carretera 500, la que nos internaría en la Selva Negra, pero primero teníamos que salir de la ciudad. Vimos en el plano que el Michaelstunnel atraviesa todo Baden-Baden sin tener que callejear por el centro y enseguida estábamos en las afueras ¡¡¡que magnífica idea!!!

 

5-Viaje por Alemania y Alsacia: RUTA DE LOS CASTILLOS DEL RIN

 3.- Ruta de los Castillos del  Rin: COBLENZA-MAGUNCIA-COBLENZA.

Destaca: RÜDESHEIM.

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Todas las guías que hemos consultado aconsejan una ruta siguiendo el cauce del río Rin, entre Maguncia y Coblenza. Nosotros, que hemos venido siguiendo el Mosela, uno de sus más importantes tributarios, hemos decidido recorrer el Rin al revés, empezando por la ciudad de Coblenza, donde se juntan los dos ríos.

COBLENZA

www.touristik-koblenz.de

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El nombre de Coblenza, de origen romano, hace referencia a “apud confluentes”, lo que significa “junto a los confluentes”. En el Dustsches Eck (el Rincón Alemán) de Coblenza, desemboca el Mosela en el “Vater Rehin”, el “Padre Rin”, bajo la mirada de la monumental estatua ecuestre del antiguo emperador prusiano Guillermo-I.

A las 12:50 (km.2045,9) conseguimos encontrar un Parking en el centro, y tras subir unas escaleras nos encontramos con el “Alte Burg” (Castillo Antiguo), que hoy alberga una biblioteca municipal. Al lado comienza el puente de hierro Balduinbrücke, con sus once arcadas. Y aquí mismo hay indicaciones hacia los lugares más emblemáticos de Coblenza. El primero al que accedemos fue la Basílica de San Castor, consagrada en el año 836, aunque la actual construcción data de finales del siglo XII.

Al final de una calle que desembocaba en la Münzplatz, nos encontramos con unas estatuas muy simpáticas que tienen que ver con algo llamado “Zapatero Resch”,  y que todo el mundo las fotografiaba (aunque no sabemos que son).

Luego pasamos por la Liebfrauenkirche, una iglesia cuyas torres en bulbo datan del siglo XVII. Me resultó muy curioso encontrar en su interior un Cristo crucificado en una cruz con forma de “Y” griega, como el Cristo Templario que se encuentra en Puente la Reina en Navarra. Luego paseamos hasta la plaza del Ayuntamiento (Rathaus) y sus calles adyacentes. Vimos la Florinskirche, otra basílica señalada porque conserva una torre romana, aunque lo más llamativo es el color amarillo de su fachada y las altas agujas de sus torres. Volvimos al coche y nos dispusimos a visitar el Rincón Alemán.

El camino hacia el Rincón Alemán es un bonito paseo ajardinado, de 8 km.de longitud (en total), al lado de los ríos Rin y Mosela. Este nombre data de 1216, cuando se establecieron en sus inmediaciones los Caballeros de la Orden Teutónica. Al llegar a su entorno lo primero que llama la atención es la enormidad de la estatua ecuestre, aunque nosotros estábamos ansiosos por asomarnos al extremo para observar la desembocadura del Mosela, al que habíamos acompañado desde Tréveris, en el Rin.

La Estatua Ecuestre del Emperador Guillermo-I, fue convertido en monumento a la unidad alemana desde 1953 hasta la reunificación en 1990. Para verlo en detalle hay que subir hasta la base de la estatua, desde donde se puede apreciar el enorme tamaño tanto del caballo como del jinete. Desde aquí se contempla también una bonita vista de la confluencia de los dos ríos (y se ve el Camping de Coblenza, justo en la orilla de enfrente).

Desde la explanada observamos ahora la Fortaleza de Ehrenbreitstein, que se alza a 118 metros sobre el Rin, frente al Rincón Alemán. Esta fortaleza fue construida por los Príncipes Electores de Tréveris, a partir de un pequeño Castillo que existía desde el año 1000. Los franceses lo destruyeron tras cinco asedios entre 1688 y 1799, y los prusianos lo volvieron a fortificar en 1817. Hoy se conserva casi íntegramente y puede ser visitada. Alberga el Museo Regional y el Archivo del Estado. Otras posibles visitas en Coblenza:

Museo del Rin Central: www.touristik-koblenz.de

Museo Ludwig: www.ludwigmuseum.org

Museo del Rin: www.rhein-museum.de

LA RUTA DE LOS CASTILLOS DEL RIN

A las 16:10 hemos decidido salir hacia la carretera de los Castillos del Rin, la B42. Elegimos esta carretera porque era la que aparecía más frecuentemente en la información que fuimos recopilando, aunque hay Castillos y pueblos dignos de recorrerse en ambas orillas, surcadas una por la B42 y otra por la 9, y no hay puentes para pasar de una a otra, a diferencia del Mosela, solo se puede pasar por Coblenza, Maguncia o por alguno de los ferrys de transporte de vehículos que hay a lo largo de ambas. Enseguida vemos alzarse a nuestras espaldas el lujoso Castillo Stolzenfels, justo a la salida de Coblenza.

A las 16:46 paramos en el pueblo de Braubach desde donde sacamos una fotografía del Castillo Marksburg, hoy propiedad de la Sociedad Alemana de Castillos, que lo adquirió en 1900 (por la cantidad simbólica de 1.000 marcos) a los prusianos, dueños en ese momento. Este Castillo nunca fue sitiado ni sufrió luchas, por lo que es el único castillo feudal del Rin que todavía se conserva y se puede visitar, ya que alberga el Museo de los Castillos.

A todo lo largo de la carretera se pueden ver los Castillos en lo alto de las colinas que bordean el río, tanto los de una orilla como los de otra. También se pasa por bonitos pueblos que invitan, todos ellos, a quedarse al menos un rato para pasear por sus calles. Estamos totalmente abrumados por tanta belleza a nuestro alrededor, que incluye los magníficos viñedos de las laderas de las colinas y el imponente Rin, surcado continuamente por enormes barcazas de carga y casi tan grandes barcos de recreo para turistas. Si nos paramos en un sitio, queremos hacerlo también en el siguiente. Si nos pasamos de largo nos arrepentimos en cuanto salimos ¡¡¡que difícil decidir!!!

Así, con estas dudas, a las 17:35 llegamos al promontorio de la Roca Loreley, entre Kaub y St.Goarshausen, símbolo del romanticismo del Rin. Desde el aparcamiento, a los pies de la Loreley, se puede subir hasta lo alto de la meseta por un camino de escaleras. También existe una carretera que parte de St.Goarshausen y que lleva a lo alto del picacho, donde existen miradores para admirar el paisaje. Si no se quiere hacer ninguna de las dos cosas, al final del dique que se encuentra al pie de la carretera, hay un monumento a la bella Loreley, sobre una plataforma de piedras.

Salimos de Loreley a las 18:15 dispuestos a llegar a Rüdesheim. Por el camino aún pasamos por paisajes preciosos, como: Kaub y el Castillo Die Ptalz; Lorch y la vista espectacular del Castillo Sooneck en la otra orilla; Assmanshausen y las ruinas del Castillo Ehrenfels; y sobre todo, la magnífica vista que desde esta orilla se obtiene del pueblo de Bingen, que se encuentra en la opuesta, con la Mäuseturm (Torre de los Ratones) en medio del río.

A las 18:45 (km.2115,7) estábamos ya situados en el Camping de Rüdesheim, el mejor que hemos visitado. Está situado a unos 800 metros del pueblo, así que nos permitía visitrlo a pie. Hemos pensado quedarnos aquí dos días.

RÜDESHEIM

www.ruedesheim.de

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Rüdeseheim ha sido tradicionalmente el lugar donde los barcos que surcaban el Rin descargaban sus mercancías para atravesar por tierra el llamado “Agujero de Bingen”, donde el río efectúa un súbito cambio de rumbo y se vuelve más estrecho, con más escollos. Por eso, Rüdesheim ganó importancia y poder económico. La ciudad, que tiene unos 10.000 habitantes, cuenta con unas 3.200 plazas hoteleras y es visitada anualmente por más de 2.7 millones de personas. Es la indiscutible capital de una de las más hermosas regiones vitivinícolas de Alemania, el Rheingau, de donde son oriundos los famosos Riesling. Y sigue siendo una ciudad para detenerse.

Nosotros hemos decidido conocerla esta misma noche, y tras cenar, nos vamos por el camino del río hasta Rüdesheim. Varados, vemos cuatro enormes, iluminados y preciosos barcos de turistas que hacen escala aquí una noche. Lo primero que nos encontramos en el pueblo es la vía del tren y enseguida la Estación (Bahnhof). Continuamos por la Rheinstrasse, la Calle del Rin, que corre paralela al río y donde se encuentran muchos comercios y restaurantes, aunque claro, a estas horas, están cerrados.

Habíamos leído que en Rüdesheim hay dos calles llenas de bonitos restaurantes que animan la ciudad, una es la Drosselgasse de 144 mt de largo, y la otra la Oberstrasse. No pensábamos encontrar a nadie a esas horas, pero al encontrar la Drosselgasse ¡¡¡aún estaba animada!! Pudimos ver los bonitos restaurantes, muy decorados y con los camareros y camareras llevando los trajes típicos alemanes. En algunos había música en directo y todavía se podían ver grupos de gente en las mesas, terminando la cena, tomando copas, o simplemente charlando. Pero era evidente que no tardarían en cerrar. Mañana volveremos.

12-07-2008 SABADO

Hoy podemos ver mejor el camino del río, que está circundado por un magnífico parque y el consiguiente camino para bicicletas. Llegamos a Rüdesheim haciendo el recorrido de la noche anterior. Junto al Rin se encuentra el Castillo Brösmserbur, el más antiguo y mejor conservado de los tres que rodean Rüdesheim. Hoy es propiedad de la ciudad y alberga una Coleccion de Vasos y Copas (www.rheingauer-weinmuseum.de ). Otro es el Castillo de Oberburg, del que solo se conserva una imponente torre. El Torreón del Mercado, es un resto del edificio delantero que conformaba el tercer Castillo de Rüdesheim. Y en el extremo oeste de la Rheinstrasse se encuentra la Torre Adlerturm, del siglo XV y de veinte metros de altura, que formaba parte de la antigua fortificación de la ciudad.

En Rüdesheim también se pueden admirar casas señoriales imponentes, como la Casa de los Brömser, del año 1542, la más bonita, con un entramado de madera en color rojo vivo y bellas agujas puntiagudas rematando una serie de torrecitas. En él se encuentra hoy el Gabinete de Música Mecánica de Siegfried (www.siegfrieds-musikkabinett.de ), con una colección de instrumentos de música mecánicos de tres siglos. Otras casas señoriales que se pueden admirar en la Calle Oberstrasse son la Ritterschen Hof, la Bassenheimer Hof y la Winzerhof.

Pero sin duda lo mejor es la animada Drosselgasse que hoy se nos muestra en toda su esplendorosa agitación. Las tiendas están abiertas, y junto a las habituales de recuerdos y souvenirs, se pueden encontrar centros de auténtica artesanía, sobre todo en madera, de la que vemos muestras verdaderamente maravillosas. También hay tiendas y bodegas donde degustar y comprar vino. En uno de los más bonitos restaurantes (Drosselhof, de 1727) vemos en su patio, un reloj con muñecos articulados que salen al dar la hora. Por encima, una gran cantidad de campanillas acompañan la salida con una musiquita que hace que muchos paseantes nos congreguemos a su alrededor para verlo y escucharlo. Es uno de los Strausswirtschaften, antiguos y típicos patios de viñadores, donde se atendía a los huéspedes durante el periodo de vendimia.

Seguimos caminando y nos encontramos con un curioso Museo de la Tortura ( www.foltermuseum.com ) que decidimos visitar. Junto a algunas penosas maquetas de ajusticiados, brujas, torturados, y una imagen de Lutero, podemos ver varios de los más espeluznantes y extravagantes instrumentos de tortura que se han utilizado en las distintas épocas, desde la guillotina, hasta un cinturón de castidad, pasando por tornos, agujas, pinzas, sierras y no se cuantas cosas más. Hay una importante colección de grabados que tienen pies de foto en español  (¡¡que curioso, no hay folletos en español, pero esto si!!!), y mencionan continuamente a la Inquisición española…

Queremos hacer una ruta por la cumbre del Niederwald, a la que se puede llegar con las Cabinas del Telecabina. Vemos en la taquilla que se puede coger un Ticket combinado que incluye la subida en “Góndola”, un paseo entre los bosques del Niederwald de 20 minutos hasta los Telesillas que bajan a Assmannshausen, y luego un recorrido en barco hasta Rüdesheim. Nos parece una idea estupenda y sacamos tres billetes. Desde las Góndolas se observa un paisaje magnífico que incluye el Rin, Rüdesheim y los viñedos que lo circundan.

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En los lindes del bosque del Alto de Niederwald, a 225 mt sobre el Rin, se erigió entre los años 1877 y 1883, un grandioso monumento (de 37,6 mt. de altura total) que debía simbolizar el restablecimiento del Imperio Alemán y de la Unidad Alemana. La principal figura monumental de 10,5 metros de altura, es La Germania que necesitó 32 toneladas de bronce para realizarse, pagado en su mayor parte por contribuciones de los ciudadanos. La Germania puede tener un significado simbólico importante para los alemanes, pero a nosotros lo que más nos interesaba era la magnífica vista de toda la zona del Rin que se veía a esta altura. Rüdesheim y Bingen se pueden ver en todo su esplendor, así como los magníficos viñedos que los rodean.

Después de un montón de fotos, nos dirigimos por uno de los caminos a través del bosque del Niederwal hasta la estación del Telesilla. El recorrido fue precioso, entre bosques y árboles altísimos que le proporcionaban un aspecto realmente de cuento. Fuimos encontrando indicaciones para acceder a otros lugares como el Castillo Jagdschloss o la Abadía Benedictina de St. Hildegarda (que se ve desde el Camping), pero nosotros no queríamos internarnos tanto. Además encontramos otras maravillas sin salirnos del camino, como un Torreón de piedra desde el que se divisaba el paisaje a una altura superior a la del monumento y permitía ver la Torre de los Ratones (Mäuseturm) y el Castillo Ehrenfels; o una “caverna encantada”, una especie de excavación o construcción de piedra que había que atravesar a oscuras para que se cumpliese un deseo… Y más adelante, ya prácticamente en la estación del Telesilla, vimos una alambrada que cobijaba una colonia de ciervos con unos simpáticos cervatillos que correteaban por todas partes y se acercaban a comer de nuestra mano.

Los Telesillas nos descendieron muy lentamente sobre toda la ladera. Con suma delicadeza nos dejaron en Assmannshausen, un pueblo precioso que pertenece al distrito de Rüdesheim. Es conocido por producir una variedad de vino tinto muy famoso en Alemania, el Spätburgunder. Después nos dirigimos al embarcadero, donde debemos coger el barco que nos lleve de vuelta a la ciudad ¡¡por fin vamos a realizar un crucero por el Rin!! ( www.bingen-ruedesheimer.com )

Mientras esperamos me acerqué a tomar unas fotografías del espléndido y extensísimo Hotel Krone de Assmannshausen y del Castillo Rheinstein, en la otra orilla del Rin. Cuando llegó nuestro barco nos instalamos en cubierta, desde donde disfrutamos de unas vistas mágníficas. Desde el embarcadero de Rüdesheim, y absolutamente encantados de la jornada vivida, volvimos al Camping.

Hemos decidido seguir por la B42 hasta Maguncia, visitar la ciudad, y salir después por la 9 hacia Coblenza visitando algunos Castillos y pueblos en esa orilla del río. Antes de entrar en Coblenza hay una carretera que enlaza con la Autopista que va hasta Worms y Heidelberg, nuestros siguientes destinos, y tomándola nos evita volver a efectuar el mismo recorrido en sentido contrario. Solo que de esta manera nos perderemos algunas de las visitas que queríamos efectuar en la B42, como la subida a Loreley o el Castillo Marksburg, pero nos parece la mejor solución.

13-07-2008 DOMINGO

A las 11:00, salimos hacia Maguncia siguiendo aún la B42. Pasamos por Oestrich, un pueblo donde se encuentra una Antigua Grúa de Carga del Rin. La carretera B42 entrá directamente a la Autopista 42. Para seguir por los pueblos pequeños al lado del Rin, hay que  tomar dirección Etelville o Ingelheim, que son los últimos antes de Maguncia.

Desde la autopista, un cartel con la indicación “Maïnz Zemtrum” nos deja en la carretera 60 y aquí ya no supimos que dirección tomar, pues ya no volvió a aparecer la señal del centro de la ciudad. Tuvimos que preguntar y averiguamos que debíamos tomar dirección  “Innenstadt” (¡¡lo habíamos visto unas cuantas veces!!). Una vez en el coche pudimos ya llegar sin problemas, y a las 12:15 (km.2168,2) aparcamos porque estábamos hartos de circular en coche, con el beneficio, además, de que al ser domingo no pagabamos Ticket de Parking. Habiamos llegado a Maïnz.

 

6-Viaje por Alemania y Alsacia: RUTA DE LOS CASTILLOS DEL RIN

MAGUNCIA

www.mainz.de

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Hacia mucho calor, y al caminar por sus calles vemos que ¡¡¡estaban vacías!!! Después del animado bullicio de un sitio como Rüdesheim, la verdad es que nos impuso un pelín de desconcierto. La información que llevábamos dice que “el abierto y amigable ánimo de la ciudad y sus habitantes se siente en todas partes”, pero se olvidaron mencionar que “menos los domingos”.

Maguncia surgió a la sombra de un asentamiento romano amurallado al que llamaron Zahlbachtal. Aún pueden verse hoy restos de esa muralla. En el siglo VIII, San Bonifacio y su sucesor, hicieron de Maguncia la única ciudad del mundo, además de Roma, que ostentaba el título de “Santa Sede”. Más tarde, en el siglo XIII el Arzobispo de Maguncia ostentó el cargo de Archicanciller (Presidente) del Colegio de los Príncipes Electores. En 1792 las tropas revolucionarias francesas hicieron huir al Príncipe Elector y se convirtió en República perdiendo la dignidad Arzobispal. En 1950 Maguncia fue nombrada capital del Estado de Renania-Palatinado.

En el centro del Casco Antiguo, en la Plaza del Mercado, se encuentra la Catedral de San Martín de Maguncia, un templo en arenisca roja que se empezó a construir en el 975 bajo el Obispo Willigis, aunque la construcción barroca final se añadió entre los años 1769 y 1774. De este estilo destaca la Capilla Gotthardkapelle, hecha de piedra clara.

Lo primero que vimos al llegar a la plaza de la Catedral fue la estatua erigida en honor de San Bonifacio. Después: un Pilar de Piedra, que creemos es la “Columna de Júpiter”; la Fuente Renacentista (de 1526), y las casas coloreadas que la rodeaban, pocas. También vimos que la Casa Museo de Gutemberg seguía en obras.

Decidimos entrar en la Catedral y visitar lo que nuestra guía califica como “la colección más completa de monumentos fúnebres y esculturas de los siglos XI al XX”. Realmente es casi lo más destacado del interior, aunque también nos gustó la sillería de madera en torno al altar y la Pila Bautismal, situada en una de las Capillas más bonitas. Luego salimos al Claustro, donde seguían los monumentos fúnebres, o al menos esculturas referentes a la muerte. Había leído que merecía la pena ver el Museo del Tesoro de la Catedral de Maguncia ( www.dommuseum-mainz.de ) así que entramos, pero la verdad que es muy poco lo que hay expuesto y no nos llamó la atención más que un Cristo Crucificado, que se encontraba en na urna de cristal, cuyo autor era Dalí. Luego leímos que el Dommuseum debe ser otro edificio mucho más grande (de dos pisos) que no vimos.  

Desde la plaza donde se encuentra el edificio moderno del Museo Mundial de la Imprenta (www.gutenberg-museum.de ), se obtienen mejores fotografías de la parte frontal de la Catedral. El Museo Gutemberg fue fundado en 1900 para celebrar los 500 años del nacimiento del genial impresor, entramos, y la verdad es que nos gustó mucho. Además de poder contemplar, dentro de una cámara acorazada, un ejemplar de la Biblia de Guttemberg, pudimos ver un Quijote del impresor Ibarra, un ejemplar muy raro, y otros muchos libros preciosos de los primeros momentos de la imprenta. También hay salas que explican “los libros antes de Guttemberg”, y otras dedicadas a otras culturas, como la india, japonesa, egipcia… Y en la parte inferior una reproducción del Taller de Guttemberg, y algunas de las primeras máquinas impresoras, verdaderos “montones de chatarra, tornillos y tuercas”, pero que significaron un gran avance para la humanidad. Verdaderamente muy interesante.

Nos dirigimos después hacia donde veíamos la orilla del río, y el paseo por aquí fue precioso. Al volver al aparcamiento pasamos por unas ruinas que correspondían a la antigua Iglesia de St.Christophe, y justo donde aparcamos se encontraba la Iglesia de St.Peter, con unas torres rematadas en bulbos, muy curiosas, pero que estaba cerrada. Vimos también la enorme Cupula que remata la Iglesia Evangélica. No encontramos la Iglesia Católica de San Esteban, que me hubiese gustado visitar, ya que había leído que cuenta con vidrieras modernistas pintadas por Marc Chagall. Otras posibilidades en Maguncia:

Museo Kupferberg: www.staff.uni-mainz.de

Museo de la Navegación en la Antigüedad: www.mainz.de

Museo de Ciencias Naturales: www.staff.uni-mainz.de

Jardín de Rosas Rosengarten y Reserva de Caza Gonseheim

Palacio de los Príncipes Electores con el Museo Central Romano-Germánico

Teatro Unterhaus y Teatro Kammerspiele

Museo Estatal de Maguncia

BINGEN

www.bingen.de

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Desde Maguncia tomamos enseguida la carretera 9 hacia Bingen, y a las 17:20 aparcábamos justito al lado de la Oficina de Información. No pusimos Ticket de Parking porque es domingo.

Bingen, con el barrio de Bingenbrück, es una población situada en la desembocadura del río Nahe en el Rin, donde los romanos ya construyeron una fortificación que con el tiempo constituyó la base del Burg Klopp, el Castillo emblemático de la ciudad. Hoy está reconstruido, es la sede del Ayuntamiento, y alberga un Museo Regional. Se puede observar desde cualquier punto de Bingen y hay varios caminos entre viñedos para ascender.

Sus otros edificios interesantes son la Basílica de San Martín y la Rochuskapelle, un poco más alejada, pero de imponentes agujas. Encontramos una plaza con una fuente que contenía un monumento a Santa Hildegarda de Bingen, que naturalmente es muy venerada aquí, y a partir de ella, una serie de muñecos en forma de enorme Ratón y decorados con diferentes dibujos modernos (al estilo de las “vacas” que proliferaron hace unos años), jalonan el resto de calles de la ciudad. Esta dedicatoria al ratón viene dada por la Mäuseturm, la Torre del Ratón, una de las antiguas aduanas y torres de señalización fluvial, que se puede ver muy bien siguiendo el paseo al lado del río hasta Bingenbrücke, pero quedaba lejos.

Salimos a las 18:15 por la misma carretera 9, pero observamos que las vistas desde este lado no son tan espectaculares como las del otro, y además, la vía del tren la entorpece en muchos tramos. A las 19:00 (km.2210.3) paramos en el Camping Marienort de Trechtingshausen. Nos dieron a elegir plaza y escogimos una justito al lado del Rin. Desde esta posición privilegiada, además teníamos otras vistas impresionantes: por encima de nuestras cabezas se erguía el Castillo de Reichenstein y un poquito hacia la izquierda se divisaba la silueta del Castillo Rheinstein ( www.burg-rheinstein.de ), la primera fortaleza que dio pie al célebre movimiento romántico alemán en torno al Rin.

14-07-2008 LUNES

A las 10:45 salimos del Camping para visitar nuestro primer Castillo alemán. Desde el pueblo de Trechtingshausen sale una carretera pequeña y muy empinada hacia el Castillo de Reichenstein y una vez allí se aparca en la misma puerta.

CASTILLO REICHENSTEIN

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El Reichenstein es uno de los Castillos más antiguos del Rin, destruido por Rodolfo de Habsburgo en 1282. En 1899 fue comprado por un particular que lo reconstruyó. Hoy conserva algunas partes del primitivo Castillo, pero está completamente restaurado, alberga un Restaurante y, tras pasar por taquilla, se puede visitar por libre.

Nada más cruzar la puerta se accede al Salón de Cornamentas, y la escalera, todo ello revestido de cornamentas, sobre todo de ciervo, pero también de otros animales. Un detalle curioso lo compone una lámpara en forma de dragón (no será la única que veamos). También se accede desde aquí a un amplio espacio ocupado por una Colección de Estufas de hierro y placas de hogares, así como algunos baúles de hierro y sus intrincados cerrojos. Seguidamente se accede a la Sala de Armas, con unas cuantas armaduras completas (una muy curiosa y deteriorada es de Samurai) y varias picas, lanzas, espadas, ballestas y fusiles.

Los pisos superiores están ocupados por los Salones Privados. En todos ellos se conservan muebles, objetos, pinturas, retratos, libros, documentos y muchos más enseres de los últimos ocupantes del Castillo y de aquellas personalidades que los visitaron. Luego subimos a las almenas, desde donde se divisaban muy bonitas vistas, y pueden ser recorridas casi en su totalidad. Después se vuelve a bajar y ya no hay más que ver, salvo un patio privado donde al parecer se ofrecían las comidas después de acontecimientos importantes como bodas o bautizos.

Nos dirigimos de nuevo a la carretera 9. De camino podemos observar el Castillo Sooneck que también se puede visitar en verano, aunque por lo visto hay que hacer un kilómetro de camino andando para llegar. Nos paramos un momento en Bacharach, una ciudad que merecería un recorrido más detenido, pues es una de las que aún conserva gran parte de la primitiva fortificación, incluido el Castillo de Stahleck, que domina el panorama desde su privilegiada altura. Se necesitan 25 min. de camino solo para ver su patio y los alrededores, porque no se visita.

Nos volvemos a detener, esta vez en el aparcamiento del embarcadero cuando tenemos enfrente Kaub y el Castillo Pfalz, la fortificación que Luís el Bávaro mandó construir en 1326 en la isla Pfalzgrafenstein. Ciudad y Castillo resistieron un sitio de seis semanas en 1504. Por encima de Kaub se puede contemplar el Castillo Gutenfels (significa “buen peñón”), que data de 1200. Aunque Napoleón proyectó su derribo y desmantelamiento, se consiguió salvar gracias a una compra privada. Hoy alberga un lujoso hotel y no se visita.

A las 12:20 paramos en Oberwesel, donde nos encontramos con un problema con los Parking. No entendemos las señales y no se pueden meter monedas en los parkímetros. Decidimos dejar el coche sin poner Ticket y recorrer el pueblo que es conocido como “la ciudad de las torres y el vino”. Sobre Oberwesel se puede observar el imponente Castillo de Schönburg (significa “hermoso castillo”), con varias torres de defensa (es un hotel, no se visita), pero lo más significativo son sus murallas, ya que cuenta con la más completa fortificación que se conserva en el tramo medio del Rin, incluyendo 18 torres. Y tiene, además, su propia leyenda, relacionada con siete rocas, que por lo visto se encuentran bajo las aguas del río en este tramo, y que llaman “las siete doncellas”. Cuenta la leyenda que siete jóvenes fueron transformadas en piedra debido a su extrema beatería.

Al llegar a St.Goar nos volvemos a detener para fotografiar, en la otra orilla, el Castillo Katz, un refuerzo para el Castillo Rheinfels de este lado, ya que desde ese punto se podían divisar inmediatamente los barcos que doblaban el peñasco de la Loreley. De esta forma, ambos (conocidos popularmente como “el Gato y el Ratón”), protegían la lucrativa aduana del Rin. El Katz es una propiedad privada y no se visita, pero si se puede recorrer el Castillo Rheinfels, que es hacia donde nos dirigimos ahora.

CASTILLO RHEINFELS

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Esta impresionante fortaleza, una de las más grandes e inexpugnables del Valle del Rin, demostró su alto valor estratégico al resistir cuarenta asaltos y más de un año de sitio sin rendirse. Transformado en fortaleza, en el siglo XV se le añadieron troneras y galerías de minas. Durante la Guerra de Sucesión del Palatinado (1692) fue la única fortaleza del Rin que, con una guarnición de 4.000 soldados, resistió los ataques de un ejército francés compuesto por 23.000 hombres. En 1797 los franceses volaron la fortaleza y sus restos fueron utilizados para remozar diversos Castillos, como el Ehrenbreitstein de Coblenza. En 1843 el Príncipe Elector Prusiano lo compró, evitando así su total desmoronamiento. Hoy se visitan las ruinas, pero resulta de lo más interesante y atractivo.

Desde St.Goar parte un camino a pie hacia el Castillo de unos 15 min. pero también hay una carretera para poder subir en coche. La pendiente es del 17% y las curvas muy cerradas. Al final se encuentra el Parking de pago. Lo primero que vemos son los Baños. Resultó ser una visita de lo más curiosa porque eran preciosos, claro que no creo que los caballeros opinen lo mismo porque en el suyo, una guillotina (auténtica) decoraba el WC, jejejeje

En las taquillas nos dicen que la visita al Rheinfels se hace por libre y nos entregan un plano y explicaciones en español. Antes de continuar quiero advertir a quien visite este Castillo que vaya provisto de linterna.

Los recorridos que propone el plano son dos. Uno a través del Castillo medieval y otro por la fortaleza exterior y las rutas subterráneas. Del primer recorrido, lo más interesante es el antiguo Treppenturm, o subida a la torre, donde se encuentra el Museo, muy aconsejable de visitar (es gratuito) ya que allí se puede contemplar, entre otros objetos, banderas y armas interesantes, una inmensa maqueta de lo que fuera en tiempos el Castillo Rheinfels, una reproducción bastante exacta porque se contó con detalladas ilustraciones a color, grabados y planos de la fortaleza, que se realizaron en el año 1607.

Después se pasa por el imponente Muro del Castillo y lo que queda de la Torre Principal de 41 mt. de altura, las Trincheras de defensa y un Pozo (Brunnen) de 70 mt. de profundidad que data del siglo XV. Subiendo a la Torre del Reloj, que conserva su altura original de 21 mt. se divisan unas magníficas vistas del Valle del Gründelbach, al otro lado, y al bajar por unas estrechas escaleras de madera llegamos al punto de inicio.

El segundo itinerario es el más curioso y entretenido. Se inicia bajando una escalera llamada “A los caminos de Guardia” y nos encontramos ya visitando las “Casamatas”. Son una serie de pasillos subterráneos con ventanucas para lanzar proyectiles que recorren todo el Castillo y que llevan denominaciones muy curiosas, como: “A las vueltas por las minas”, o “El Hueco de la Raposa”, o “El Foso del Cuello”. Aún hay otras que llevan a la parte más baja de la fortaleza, que están cerradas, pero que antaño eran llenadas de pólvora para hacerlas estallar en caso de que el enemigo se infiltrase por ahí. Por varios de estos pasadizos visitables hay que tener mucho cuidado con la cabeza, pues algunos son muy bajos (apenas un metro en algunos tramos), y en varias ocasiones se hace necesaria la linterna, pues el camino puede ser muy irregular y no se ve nada. También podemos encontrar bifurcaciones y ramales que dan la sensación de haberse perdido ¡¡fue realmente divertido!!

Desde el Torreón del Armero se accede a los puestos de guardia superiores, con buenas vistas del exterior. Siguiendo este camino se llega al antiguo Almacén de la Sal, donde se almacenaba el Salitre para la pólvora, y un poco más allá, las Mazmorras, el Matadero y el Sótano Mayor, un inmenso edificio del siglo XV dedicado a almacenar vino y víveres. Sus muros tienen cuatro metros de espesor y hacen eco. Después alcanzamos ya la salida.

SANKT GOAR

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A las 17:00 abandonamos el Parking del Castillo y nos volvemos a detener en este bello pueblo de St. Goar para recorrerlo un poco. Lo primero que vemos son los Ferrys que lo comunican con su homólogo St.Goarshausen en la otra orilla y que nos gustó mucho cuando pasamos por allí. El nombre de ambos les fue dado por el ermitaño Goar que vivió aquí en el 765 y fundó un Monasterio.

St.Goar sufrió varios asaltos durante la Guerra de los Treinta Años, y fue casi destruido 1759 en el transcurso de la Guerra de los Siete Años. Hoy posee un centro muy animado, con bellas casas con entramado y muchas bodegas. Visitamos la de Stefan, que tiene su tienda en la calle principal y produce vinos y licores artesanales (de los que nos procuramos un par de botellas). Además habla español.

Después nos marchamos camino de Boppard, el penúltimo destino de esta carretera 9, pues aún queremos ir un poquito más allá y visitar el Castillo Stolzenfels. Todavía nos es posible contemplar algunos de los Castillos que jalonan las colinas, como el Castillo Mäus de Wellmich, y los llamados “hermanos enemigos”, los Castillos de Sterrenberg y Liebenstein, llamados así por las gentes porque sus defensas son más fuertes en la parte en la que se divisan el uno al otro.

BOPPARD

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Llegamos a Boppard a las 17:15 y nos dirigimos a la Oficina de Información. Allí nos ofrecen un folleto en español y alguna explicación también en un poquito de español. La primera e ineludible visita es a la Iglesia de San Severo. En su interior se conservan algunos frescos y bellas vidrieras. La otra iglesia de Boppard es la Iglesia de los Carmelitas, donde se encuentra una muy venerada Traubenmadonna, o “Virgen de las Uvas”, pero no llegamos a verla. Nos gustaron mucho sus calles con bastantes casas  entramadas muy bonitas, sobre todo una de color rojo y que luego he visto la llaman “La Casita del Te” (Teehäusje).

Las dos estrellas indiscutibles de Boppard son el Castillo del Príncipe Elector (que no llegamos a visitar), y el Castro RomanoBodobrica” (que sí visitamos). En el primero es donde se encuentra el Museo Thonet ( www.museum-boppard.de ), el autor de la famosa silla, que popularizaron las cafeterías vienesas. El Castro Romano testimonia que Boppard se encontraba entre las más importantes colonias romanas de la zona. Originalmente un asentamiento celta (Baudobriga), fue ocupado por los romanos en el siglo IV construyendo una fortaleza y dándole el nombre de Bodobrica, que es de donde proviene el actual de Boppard. Esta fortaleza se ha excavado y es la que se puede visitar hoy.

Pero lo que más nos llamó la atención a nosotros fueron las Vistas Panorámicas de las que hablaba el folleto. Boppard dispone de un Telesilla que asciende en 20 min. desde el Valle de Mühltal hasta el Gedeonseck y el Vierseenblick, dos miradores panorámicos. Al primero se llega tras un corto paseo y desde él se puede divisar el famoso Gran Meandro que el Rin describe en Boppard. El segundo, más accesible, permite divisar el panorama de los “Cuatro Lagos”, un efecto óptico que hace que el Rin parezca ser cuatro lagos en lugar de un solo río. Era tarde ya para subir al Telesilla.

A las 18:30 (km.2257,6) llegamos al Camping Shonneneck que no estaba en la misma ciudad. No nos permiten instalarnos en la orilla del río, sino en la zona verde del medio. El edificio de baños y duchas es muy grande, con espacios amplios y con muchas cabinas, al lado de una inmensa piscina. Un cartel en la puerta de las duchas nos hace entender que se cierran a las 12 de la mañana y a las 10 de la noche. Pero nos pilla lejísimos y los fregaderos, que están más lejos aún, también se cierran.

15-07-2008 MARTES

A las 10:45 abandonábamos el Camping y también Boppard (sin subir a los miradores). Ahora continuamos circulando por la carretera 9 en dirección Coblenza y aún seguimos viendo Castillos. Se divisa estupendamente el Castillo Marksburg, aunque no pudimos parar a sacarle una foto ¡¡lástima!! Pero nuestro destino, el Castillo Stolzenfels, aparece en nuestra guía como uno de los Castillos más bellos del Rin.

CASTILLO STOLZENFELS

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El Castillo Stolzenfels (www.rheinromantik.de) se encuentra frente a la desembocadura del río Lahn, sobre una montaña que se eleva por encima del pueblo de Kapellen. Fue construido pocos años después que el Castillo Lahneck (1250) que se encuentra enfrente, y ambas fortalezas tuvieron, en el siglo XIV el derecho de cobrar impuestos aduaneros en el Rin. Fue destruido en 1689. En el año 1823 la ciudad de Coblenza se lo regaló a Príncipe heredero Federico Guillermo de Prusia quien mandó reconstruirlo según el modelo del romanticismo renano y el resultado es un palacio de cuento. Desde el año 2002 forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Aparcamos a las 11:07 en Kapellen, que solo dispone de un descampado al sol como Parking (al menos no es de pago). Luego hay que subir a pie por un camino empinado, aunque muy cómodo y bonito de realizar, y en el que además de un frondoso arbolado puede admirarse la pequeña Ermita de San Menas, de forma redonda, y un Viaducto desde el que se contempla una bonita vista del Río. Una vez arriba vimos que se estaban realizando obras en el recinto y que nos encontraríamos camiones, hormigoneras, cables, operarios y andamios por todas partes ¡¡en fin!!

En las taquillas nos informan de que la visita es guiada y que debemos esperar 25 minutos hasta el siguiente turno. No hay ni una sola sombra en la entrada, ni hay explicaciones en español, solo en inglés, y la visita se ofrece únicamente en alemán.

Al menos hemos disfrutado de un Palacio precioso. Tanto los exteriores, con sus vistas sobre el Rin, y sus torres amarillas terminadas en almenas irguiéndose sobre el cielo azul, como los cuidados interiores, han sido una visita agradable. Empezamos por una Gran Sala de Reuniones que aún mantenía alguna armadura. Luego visitamos la Capilla, muy pequeñita, aunque con pinturas en la pared que están consideradas entre las más importantes del Rin, y más tarde un Jardín de Pérgola, con una fuente en medio y varios tipos de plantas alrededor, aunque estaba en obras. Vimos las Cocinas, que no mantienen nada del mobiliario, aparte del horno y una especie de pilas, y después entramos en las habitaciones. Pasamos por un par de pasillos por los que solo podíamos asomarnos  y que mantenían todo el mobiliario. Luego pasamos a una sala amplia en la que se podían ver unos frescos en las arcadas del techo que representaban virtudes: caballerosidad, amor, lealtad… y que daba a otra, llamada Sala de Armas, donde pudimos ver varias armas de los siglos XII al XVIII colgadas en las paredes, así como unas cuantas armaduras y grilletes. Luego se entra en la zona más protegida, tras una puerta cerrada con llave, y en la que debíamos calzar una especie de patucos de felpa que servían, además de para proteger la madera del suelo, para pulirlo, porque no se podía caminar con ellos, solo arrastrar los pies ¡¡que listos estos alemanes!!

En estas habitaciones se encuentran los muebles neogóticos más lujosos y originales, por lo que están todos protegidos. Según la guía del Rin son objetos de gran valor, como el Escritorio del Elector de Tréveris que data de 1700. Y con eso acabamos nuestra visita al Stolzenfels, con la sensación de que nos habían ocultado un montón de dependencias, pues desde fuera parece mucho más grande.

A las 13:00 salíamos ya del Parking de Kapellen, casi a las puertas de Coblenza, para buscar la Autopista A61. A las 13:30 estamos ya en ella, con lo que se acaba nuestra Ruta de los Castillos del Rin. ¡¡que pena que nos da dejar este río y estos parajes!!!

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DIE LORELEY

“DIE LORELEY”  de Heine.

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La Roca Loreley, es un peñasco situado entre Kaub y St.Goarshausen, símbolo del romanticismo del Rin. Por debajo, el cauce del río se estrecha convirtiéndose en la parte más angosta y profunda (tiene 146 m de anchura y 23 m de profundidad), con escollos y remolinos que hacían la travesía muy difícil, tanto, que los barcos que la atravesaban daban tres toques de campana invitando a la tripulación a rezar mientras durase la travesía. La leyenda convirtió el eco que se podía escuchar en este rincón, en voces fantasmagóricas que dieron lugar a numerosas historias. La más conocida es la de la hechicera “Loreley” quien con su belleza extraordinaria y su canto encantador, seducía a los navegantes que, al mirar hacia arriba, olvidaban los peligros de los escollos y naufragaban siendo tragados por el río. La leyenda fue descrita por los poetas alemanes del romanticismo, sobre todo Heinrich Heine, cuya obra, “Die Loreley”, fue puesta en música por Silcher, dando fama a este peñón del Rin.

Una adaptación al español hecha por Sergio Pereira

Busco en vano esto que siento
De por qué estoy tan triste y apenado;
Una historia me ha dejado sin aliento
sin descanso en éxtasis he quedado.

Fresco está el aire y oscurece
calmo está el Rin en su mover;
La cima acantilada luz parece
es el último brillar del sol atardecer.

Las más pura de las doncellas sentada
allá arriba lleva a maravillar.
su dorado tesoro se mostraba;
su dorado cabello ella al peinar.

con un peine de oro ella al usar
canta una canción ensoñadora
su melodía extraña al sonar
es intensamente abrumadora.

El pescador en su pequeña barca
apresado es en su anhelo y suspirar.
No ve las rocas no las abarca
Sólo allá arriba se pierde en su mirar.

Creo que el oleaje pronto arrojará
a ambos, a su fin a la barca y al ser;
Eso es lo que esa canción logrará
La Lorelei en hechizante atardecer.

EL RIN

 

EL PADRE RIN

 

El Rin (en alemán, Rhein) es uno de los ríos más importantes de Europa. Nace en el este de Suiza por la confluencia del Vorderrhein y del Hinterrhein, cerca de la ciudad de Chur, y fluye durante unos 1.320 km casi siempre en dirección noroeste, a través, o bordeando, Austria, Liechtenstein, Francia, Alemania y los Países Bajos, hasta su desembocadura en el mar del Norte.

El Valle Central (o Medio) del Rin transcurre entre Maguncia y Bonn, y en el tramo entre Bingen am Rheim y Coblenza (unos 65 km.), atraviesa la Montaña de Pizarra Schiefergebirge, donde en el transcurso de millones de años, el Rin ha labrado una garganta de 200 a 300 mt de profundidad con grandes tajos que dividen el macizo. Este tramo fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en junio del 2002, por ser un conjunto único que asocia un patrimonio geológico, histórico, cultural e industrial importante. El área protegida abarca unas 27.250 ha. y se completa con una “area de respeto” de unas 34.680 ha.

Por el volumen de mercancías transportadas por el río (es navegable durante 883 km. entre Basilea y el Mar del Norte) y el número de pasajeros que lo utilizan, el Rin es una de las vías fluviales comerciales interiores más importantes del mundo.

Desde la Convención de Mannheim de 1868, el Rin está considerado una región de “aguas internacionales” desde el último puente de Basilea hasta el Mar del Norte, asegurando así a Suiza un acceso libre al mar. La sede de la Comisión Central para la Navegación del Rin está en Estrasburgo y fue fundada en 1815.

El nombre de Rin es de origen celta y significa fluir (como en griego antiguo “rhein”). Los romanos lo denominaban Rhenus, fue para ellos una vía importante de comunicación y constituyó, durante mucho tiempo una parte de su frontera septentrional (junto con el Danubio). Los habitantes de los valles renanos aprendieron de ellos a construir fortificaciones y a cultivar viñedos en las laderas soleadas.

En los últimos años del Imperio Romano, en una noche de diciembre del 406, suevos, alanos y vándalos cruzaron el río helado a la altura de Maguncia, asolando la Galia y desparramándose por el Imperio Romano Occidental. El Rin entró así a formar parte del mundo germánico que lo denominó Vater Rhein (Padre Rin). En total 32 reyes y emperadores alemanes recorrieron el Rin desde Francfort, el lugar de su elección al trono, hasta Aquisgrán, donde se celebraba la ceremonia de coronación.

Los patrones de barco y comerciantes que durante la Edad Media surcaban el río con sus mercancías, sufrían los atracos de cuadrillas de salteadores de caminos, lo que hizo que se construyeran numerosos castillos para su defensa. Sin embargo los señores de los castillos exigían en contraprestación el pago en metálico de grandes tributos. A estos impuestos arbitrarios se añadían los derechos de tránsito otorgados por el emperador a los cuatro Príncipes Electores Renanos en concepto de feudo. Esto obligaba a los comerciantes a prestar retribuciones en diez puestos de recaudo diferentes sólo en el tramo del Rin entre Bingen y Coblenza. En el siglo XIII el emperador Rodolfo de Habsburgo restableció el orden y los castillos contribuyeron a garantizar la seguridad de las poblaciones colindantes sin el cobro abusivo de impuestos. Con el tiempo, los nobles trasladaron sus residencias a confortables palacetes en los valles y muchos castillos se convirtieron en ruinas. Solo algunos fueron transformados en fortalezas.

Hasta la Guerra de los Treinta Años, la zona tuvo una importancia notable como región vinícola, sobre todo Bacharach, importante mercado de este producto. A partir del siglo XVII el Medio Rin fue permanentemente campo de luchas, tradicionalmente por invasiones de Francia. Muchos de los castillos fueron destruidos en el conflicto de 16881692.

El viaje de Goethe por el Rin en 1774 marcó el comienzo de la Época Romántica. Esta zona es considerada la auténtica sustancia de los Castillos Románticos alemanes y muy pocas regiones en el mundo tienen una historia tan densa y auténtica. La Canción de los Nibelungos que data del año 1200, cuenta que el sombrío Hagen de Hunsrück, hundió aquí el Tesoro de los Nibelungos. La zona llegó a caer en la órbita francesa hasta que la rescató Prusia en el siglo XIX y el valle fue asociado románticamente al esplendor de Alemania. Muchos castillos y fortalezas se preservaron desde entonces.

Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versalles especificó la desmilitarización indefinida de Renania (los territorios situados entre la frontera francesa y el Rin, más una franja de 50 km. al este del río) que quedaría ocupada por tropas aliadas durante 15 años, hasta 1935 (tras el Tratado de Locarno, las tropas aliadas se retirarían de Renania en 1930). Esta clausula creó mucha amargura en Alemania y se considera una de las causas de la Segunda Guerra Mundial. La reocupación y militarización de Renania por parte de la Alemania nazi (1936) incrementó la popularidad de Adolf Hitler en Alemania.

 

Millones de turistas visitan año tras año los románticos paisajes de la comarca del Rin Medio, en la que se concentran, especialmente entre Rüdesheim y Coblenza, más castillos y fortalezas que en ningún otro lugar sobre la tierra. Y este verano nosotros estuvimos allí.

 

4-Viaje por Alemania y Alsacia: RUTA DEL MOSELA

 

2.- Ruta del Mosela: TRÉVERIS-COBLENZA.

Destaca: BERNKASTEL-KUES.

Para entrar a Tréveris se toma la salida 3 de la Autopista, situándonos en la B51. Esta carretera tiene una pendiente en bajada de un 10%, por lo que al principio de ella hay una desviación para camiones que conviene que aquellos que tienen Caravana o grandes ACs utilicen.

Primero nos fuimos a ver el Area de Pernocta para ACs que indicaban las señales, pero como estaba algo lejos del centro, nos fuimos hasta allí con la Camper y aparcamos en calle Alle Richtungen, previo pago del Ticket de Parking. Los aparcamientos subterráneos tienen 1,9 mt. de altura.

TRÉVERIS

www.trier.de/tourismus

 Tréveris se fundó mil trescientos años antes que Roma”, reza una inscripción en la Plaza del Mercado, que es claramente una exageración medieval, según la información que nos dieron en la Oficina de Turismo (en español). Lo que sí es cierto es que Tréveris es una ciudad muy antigua, fundada por orden del emperador Octavio Augusto en el 16 a.C. Adquirió importancia con el emperador Diocleciano, quien a finales del siglo III la convirtió en capital del Imperio Romano de Occidente. En el siglo XIV los Arzobispos de Tréveris obtuvieron la dignidad de Príncipes Electores y la convirtieron en Capital del Electorado. Como pasa con todas las ciudades fronterizas, Tréveris perteneció unas veces a Prusia y otras a Francia, hasta que en 1945 pasó a formar parte del Estado federal de Renania-Palatinado de la República Federal de Alemania. Fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1986.

Lo primero que visitamos fue la Plaza del Mercado, con la Fuente y la Cruz del Mercado, del siglo X. En ella empezamos a ver las primeras altas y esbeltas casas con entramado de madera y de distintos colores que lucían estatuas, imágenes religiosas, pinturas, campanas o relojes en su frente. Por una callecita adyacente llegamos a la Catedral de Tréveris, que según la tradición, fue construida por el Obispo Agricio cuando la madre del Emperador Constantino, Santa Elena, le regaló su vivienda para erigirla. De hecho, las investigaciones arqueológicas han descubierto que debajo de la Catedral había una casa romana. El ala oeste data del siglo XI, el coro del siglo XII, el claustro del siglo XIII y la Cámara del Tesoro del siglo XVIII, así que como dicen en la ciudad, “la Catedral es un espejo de la Historia europea”.

En su interior se pueden ver muchas tumbas y esculturas de los Obispos de Tréveris que aquí se hicieron enterrar desde la Edad Media. La más preciada reliquia del Templo es la Santa Túnica, la vestimenta sin costuras de Cristo que Santa Elena (la madre de Constantino) trajo de Tierra Santa. Se conserva extendida horizontalmente en su cofre de madera debajo de una cubierta climatizada de vidrio, aunque solo se puede acceder a la Capilla de la Túnica en la segunda semana después de Pascua. En el siglo XVII se construyó el “Vordertheyl”, la parte anterior de la Capilla que es lo que se puede ver. Desde este punto se obtiene una magnífica vista de todo el interior de la Catedral. Una buena parte del resto de los edificios que la componen (Iglesia de Nuestra Señora, Cripta de Santa Elena…) se encontraba cerrada por obras. Lo que si pudimos recorrer fue el Claustro, sembrado de lápidas de los Obispos enterrados, y con un tranquilo deambulatorio. Tampoco visitamos el Mueso de la Catedral (www.bistrum-trier.de ).

Después volvimos a la Plaza, desde donde nos dirigimos hacia la Porta Nigra, construcción romana del año 180, que abría el acceso norte al casco urbano. Su nombre se deriva del color oscuro que la piedra arenisca ha ido cogiendo a lo largo del tiempo. En el año 1016 fue convertida en Iglesia por el Santo Simeón, quien construyó la primitiva capilla sobre una de las torres. Todo el edificio se transformó en la Iglesia de Porta Nigra y aún hoy se pueden contemplar las pinturas religiosas de su interior. Napoleón hizo retirar todas las reliquias religiosas y dejó de ser un templo. Desde lo alto se aprecian bonitas vistas de toda la ciudad. La Oficina de Turismo y el Museo Municipal (www.museum-trier.de ) se encuentran justo al lado, en el antiguo Monasterio de Simeón.

En general Tréveris nos ha servido para “abrir el apetito” de lo que nos queda por ver. Al volver al coche dimos con la casa donde en 1818 nació el filósofo Karl Marx, hoy convertida en Museo ( www.museum-karl-marx-haus.de ) que ya estaba cerrado. Otro museo emblemático de Tréveris, pero que tampoco visitamos, es el Museo Estatal de Renania: www.landesmuseum-trier.de

Después nos dirigimos al Área de Pernocta, donde a las 19:03 (km.1809,4) estábamos instalados. A última hora de la tarde pasó un hombre en bicicleta cobrando el establecimiento a cada nuevo vehículo. No pude preguntarle a qué daba derecho ese pago, porque desde luego, los servicios del Camping, que estaba al lado, no se podían usar (estaban cerrados con llave). El Área está justo al lado del Mosela y un paseo para bicicletas y paseantes lo recorre.

Después de cenar nos llevamos la desagradable sorpresa de que la bomba del agua de nuestra Camper no funciona. Va a resultar un inconveniente para el resto del viaje, pero por hoy nos apañamos, y con un “pelín” de disgusto nos disponemos a dormir (fue entonces cuando vimos a una rata negra enorme atravesar el Área dirigiéndose hacia el río…). Mañana será otro día y nos dispondremos a realizar una de las rutas más bellas de Alemania, la Ruta del Río Mosela.

10-07-2008 JUEVES

A las 10:00 de la mañana estábamos ya listos para salir de Tréveris. Tenemos 23º de temperatura y vamos a buscar la carretera N53 siguiendo dirección Kolh (Colonia). Primero salimos por la A49 que desemboca en la Autopista a Colonia, cuya primera salida, la nº2 dirección Ehran, nos permite tomar ya la N53. 

LA RUTA DEL RÍO MOSELA

El Mosela nace a 735 mt. de altura en el monte Col de Bussang, en los Vosgos franceses, roza el Gran Ducado de Luxemburgo, y finalmente busca su lecho en uno de los paisajes vitivinícolas más hermosos de Alemania. En sus 544 km, antes de desembocar en el Rin a la altura de Coblenza, se pueden apreciar románticos Castillos y ruinas señoriales, entre idílicos recovecos y viñedos en sus laderas. Los vinos de la zona son el Riesling del Mosela, el Ebling (una variedad blanca de Pinot Noir) y algún otro vino tinto.

Todo esto decía nuestra guía, y también que la Ruta comienza en el pueblo de Saaburg, un poco antes de Tríer, pero nosotros la empezamos al salir de esta ciudad y enseguida vislumbramos los bellos paisajes, siempre con el río a nuestro lado, en algunos tramos solo separados por una valla metálica. Toda la ruta está jalonada de pequeños pueblecitos a uno y otro lado de río y sobre todo, viñedos. Espléndidas extensiones de viñedos muy cuidados sobre las laderas que nos rodean, y que se extienden hasta donde se pierde la vista. Comenzamos enseguida a ver Campings y Áreas para ACs, tan verdes, cuidadas y llamativas que paramos en una, una vez pasado el pueblo de Schweich.  En el área, justo al lado del río, vemos muchas ACs y sobre todo Caravanas.  ¡¡¡Esto es precioso!!!

A las 11:15 hemos parado en Trittenheim porque estamos impacientes por empezar a caminar sobre estos sitios tan bonitos. Trittenheim, conocido por sus excelentes viñedos de terrenos escarpados, dispone de dos afamadas bodegas. Después nos acercamos hasta el puente que, desde 1.909 atraviesa el río que antaño se cruzaba con un servicio de travesía, y del que han quedado, como referencia y recuerdo, sus dos Torres-Faro. En esta ciudad compramos nuestro vino del Mosela.

A las 12:00 seguimos camino disfrutando del paisaje que nos ofrece el río adornado con los viñedos. Pasamos por el bello pueblecito de Neumagen-Dhron, una denominación doble, muy común tanto en el Mosela como en el Rin, y que hace referencia a dos villas, una a cada lado del río, que se unen administrativamente en una sola. En este lugar se encontraron unos restos romanos que evidencian que fue la localidad vitivinícola más antigua de Alemania.

Pronto nos encontramos en los alrededores de una de las poblaciones más bellas que hemos visitado, y desde luego la estrella de esta Ruta del Mosela, Bernkastel-Kues.

Bernkastel-Kues

A las 12:45 (km.1886,5) aparcamos en Bernkastel-Kues al lado de un inmenso parque que se extendía a todo lo largo del río y que desembocaba en el puente que veíamos a lo lejos, el que une las dos ciudades, Bernkastel a la derecha y Kues a la izquierda, constituidas como ciudad única en 1905.

Primero nos recreamos paseando por el parque donde mucha gente disfrutaba del sol en la orilla del río (cisnes y gansos egipcios con sus polluelos, comieron de nuestra mano). En el otro lado, imponentes mansiones con jardines bordeaban la carretera. En el río, enormes barcos de recreo circulaban llenos de turistas o se veían varados en sus muelles. Por encima de todo este idílico paisaje, y rodeado de verdísimos viñedos, se erguían, imponentes, las ruinas del Castillo de Landshut, antigua residencia veraniega del Arzobispo de Tréveris destruida en un incendio a finales del siglo XVII.

Cuando llegamos al puente, decidimos entrar en Bernkastel, no sin dejar de admirar el Hotel Drei Könige, en el lado de Kues. Una vez en el pueblo empezaron a surgir preciosas casa de colores con maderas entramadas, que fueron ganando en belleza cuando llegamos a la Plaza del Mercado. En esta plaza se encuentran: la Spitzhäuschen”, la “Casita Puntiaguda”, la más estrecha del Mosela, que data de año 1583; el Ayuntamiento (Rathaus), de 1608, muy decorado, y con un balcón saledizo; la Iglesia y Fuente de San Miguel, con sus alas doradas; y muchas otras casas a cual más bonita. Alrededor hay multitud de tiendas y restaurantes.

La verdad es que llegó un momento en el que no sabíamos ni a donde mirar, pues si bonitas eran las casas, preciosas eran las tiendas y muy elegantemente decorados los bares y restaurantes. Las guirnaldas de parras, con sus uvas, adornaban muchas de estas calles y bordeaban puertas y callejones. Las macetas y las flores aparecían por doquier, en cada esquina, en cada balcón o ventana, en cada farola, en cada fachada…

Después nos encontramos con otra plaza pequeña donde había una Iglesia con una inscripción en alemán, una Fuente, y un gran Crucifijo de piedra en el medio (con un cristo en cada lado de la cruz), con el año 750 inscrito. Y tras seguir fotografiando rincones de ensueño (algunos edificios contenían inscripciones en letra gótica alemana antigua) al final volvimos a llegar al Puente, desde donde se podía admirar la Torre de Entrada a la ciudad.

De vuelta a la Camper, aun no nos podíamos creer lo que habíamos visto. Ha sido sin duda, el pueblo más bonito de la Ruta del Mosela, aunque los demás no se quedaban atrás, desde luego, pero Bernkastel-Kues tenía, además de belleza, un encanto especial que la hizo única a nuestros ojos.

A las 15:45 dejábamos el pueblo y seguíamos por la N53 ahora dirección Cochen, otro de los pueblos destacados en nuestra guía. De camino seguíamos disfrutando de las vistas del río con gabarras de carga y barcos de pescadores que lo surcan. Pasamos, sin detenernos, por Traben-Trabach (otras dos localidades unificadas en 1904) que ostenta un puente construido en 1898 y sobre el que descansa la bella “Puerta del Puente”. En lo alto se podían divisar las ruinas del Castillo Grevenburg.

Tras dejar atrás, Kröv y Briedel, ambos bellos pueblos rodeados de viñedos y asomados al río, divisamos el Castillo de Marienburg y las ruinas del Castillo de Arras. Pasamos por una indicación que señalaba al pueblo de Bad Bertrich, un lugar que según nuestra guía alberga la única terma de sales Glauber y donde las aguas termales surgen con una temperatura natural de 32º, a causa de las piedras volcánicas. A partir de Zell, otro bello pueblecito, hay que seguir un trecho por la carretera N49 que es la que lleva a Cochen.

A las 16:50 paramos un momento en el bello pueblo de Ediger-Eller,  para sacar alguna foto y pasear un rato, y poco después pudimos fotografiar desde el coche el Castillo de Metternich (en ruinas) sobre el pueblo de Beilstein, volcado literalmente sobre el río.

COCHEN

A las 17:30 paramos en Cochen, a la entrada, en un aparcamiento gratuito. Justo enfrente teníamos el Puente que une Cochen con Cochen-Cond, un barrio de la ciudad, y a nuestro lado se encontraban los embarcaderos desde los que se puede realizar un viaje por el Mosela.

También divisábamos el Castillo  de Reichsburg en lo alto, claro que no verlo es imposible, porque domina un cerro y su estampa es imponente. Este Castillo fue destruido en varias ocasiones. Un comerciante berlinés compró las ruinas y lo reconstruyó a su gusto. En 1978 la ciudad de Cochen lo adquirió y ahora se puede visitar. También se pueden ver los restos de las antiguas fortificaciones de la ciudad, de las que hoy se conservan los Portales Endertor, Balduintor y Mäusetor. Vimos una Torre con un reloj que además indicaba los distintos niveles que las inundaciones del río habían alcanzado a lo largo del tiempo. Al poco, estábamos ya imbuidos en el bullicioso ambiente de Cochen, empezando por la Plaza del Mercado y  uno de los portales de entrada, una Torre rematada en Bulbo. Y paseando llegamos hasta la Bodega-Restaurante “Alte Thorschenke”, una gran casa amarilla, adosada a otro de los portales, que cuenta con balcones saledizos y tejados de pizarra en forma de cúpula. Es uno de los lugares más conocidos y frecuentados de Cochen, que aparece hasta en las postales que se venden por doquier.

Seguimos por la N49 y a las 19:00 (km.1971,6) y nada más pasar el pueblo de Pommern, entramos en el Camping Van der Berk. Su dueño, el del nombre del Camping, habla muy bien español, y el sitio era magnífico, justo al lado del río. Aquí probamos nuestras primeras cervezas alemanas y por la mañana nos visitaron dos cisnes con sus polluelos.

11-07-2008 VIERNES

A las 10:30 ya estábamos listos para salir. Al poco de ponernos en marcha (aún por la N49) vemos el pueblo de Treis-Karden, también con muy bonita estampa, y enseguida estábamos ya en la 416 con destino Koblenz, pasando por Eltz y KobernGondorf. Seguimos viendo una gran cantidad de ciclistas por las avenidas destinadas a tal uso.

A la altura de Hatzenport nos desviamos hacia Eltz para entrar en el pueblo, ya que nuestra guía anuncia un bellísimo Castillo en este lugar. Dice que el Castillo de Eltz es el más famoso de los Castillos del Mosela, y que está situado en un valle transversal del río, por donde circula el riachuelo Elzbach que le dio nombre. Después de desviarnos considerablemente del río, llegamos al pueblo de Eltz, que no tiene ningún encanto, pero para acceder al Castillo hay una carretera que parte del pueblo de Münstermaifeld siguiendo la indicación “Burg Eltz”, a unos 5 kilómetros. Resulta que no se ve desde ningún punto más que accediendo a la visita pagada, así que al llegar al aparcamiento nos dimos la vuelta. Pero desde luego, tal y como lo pinta la guía, merecía una visita.

A las 11:45 estamos de nuevo a la orilla del Mosela. Desde el coche fotografiamos el Castillo de Ehrenburg en el pueblo de Brodenbach y más adelante hacemos lo mismo con el Castillo del Agua de Lehmen de Kobern-Gondorf, derribado en parte para ampliar la carretera que hoy pasa por debajo. Leemos que en el próximo pueblo de Winningen, el último antes de Koblenz (Coblenza), se producen los mejores Riesling de la zona, aunque no pudimos parar.

Con esto llegamos al final de la Ruta del Mosela y damos comienzo a la Ruta de los Castillos del Rin. No podíamos dejar de pensar en como sería la ruta que nos quedaba por ver, después de lo que ya llevábamos admirando.

ANECDOTAS-21: VIAJE Y BICHOS

ANECDOTAS-21: VIAJE Y BICHOS.

 

Una de las cosas que solemos hacer en todos los viajes es fijarnos mucho en los animales que podemos encontrarnos. En este viaje a Alemania teníamos curiosidad por uno en concreto, el Cascanueces, un córvido que solo se da en la Selva Negra, pero nos hemos encontrado muchos más.

 

Lo primero los perros. En Europa hay muchísima aficción a tener un can, de cualquier tipo, pero siempre se ven muy cuidados, muy atendidos y muy educados, ninguno ladra ni molesta, ni siquiera en un camping. Esta vez hemos visto hasta alguna señora muy mayor que llevaba al suyo en una sillita, como las de niño. Si en un principio podía parecer algo grotesco, enseguida nos dábamos cuenta del valor de una anciana que sobreponiendose a sus evidentes achaques, no quería privarse de hacer una visita turística ni de la compañía de su perrito. También vimos a una pareja que paseaba unos ¡¡7 perros!! Nos contaron que eran perros de competición (creo que eran de la raza Pinscher) y que no podían dejarselos a nadie cuando se desplazaban, así que los llevaban consigo en una enorme Autocaravana. Es cuestión de buscar soluciones a todo. Y tengo que decir que gracias a algunos de estos preciosos animales, hemos mantenido unas animadas charlas con sus dueños. Pero además de perros, hemos visto casi de todo.

 

En el bonito pueblo de Bernkastel-Kues, en el Mosela, vimos una preciosa pareja de cisnes blancos con sus polluelos, acompañados de una pareja de gansos egipcios, preciosos, también con sus polluelos. Todos ellos comieron de nuestra mano. Pero fue en el Camping Van der Berk, también en en el Mosela, donde nos despertamos acompañados por un par de cisnes y sus polluelos que debían de haber pasado la noche al ladito de nuestra Camper. En cuanto se desperezaron comenzaron a picotear todo lo que encontraban por el suelo, incluidas las muchas cerezas que había esparcidad por todo el camping. También, por supuesto, se zamparon las galletas que nosotros les ofrecimos. Luego se acomodaron delante de una AC en la que protagonizaron una graciosa escena. El dueño de la Autocaravana salía tan ufano con su perro, un labrador color canela precioso, como por lo visto hacía todas las mañanas, para dar un paseo, cuando los dos cisnes adultos se le avalanzaron estirando sus alas y profiriendo sonoros graznidos. ¡¡¡Creían que el perro amenazaba sus polluelos!!! El hombre tuvo que meter al labrador a trompicones otra vez en la AC y sacarlo por el otro lado, por la cabina del conductor, para no alterar otra vez a los cisnes. Pero lo más gracioso es que la Autocaravana, ¡¡¡tenia unos cisnes pintados en el frente!!! Jejejeje

 

En Alsacia fue frecuente encontrarnos con cigüeñas paseando por el Camping y reclamando algún manjar, que no querían coger de nuestra mano, son más esquivas. La cigüeña es el ave emblemática de Alsacia. Tradicionalmente esta región siempre contó con una elevada población de cigueñas, porque está situada en una de las vías de migración de estas aves entre el norte de Europa y África. Esta mayoritaria presencia dio lugar a leyendas, cuentos e historias que normalmente asociaban a la cigüeña a los símbolos de fecundidad y fidelidad. De ahí a entender ese simbolismo como parte de la propia historia de Alsacia, fue un paso. Luego se hicieron sedentarias, pero empezaron a escasear en la región. Desde los años 70 se está realizando una ingente labor de reintroducción de la cigüeña en Alsacia, y además de la colocación de nidos artificiales en campanarios e iglesias, en la ciudad de Kintzheim, se puede encontrar una atracción trurística llamada “Parc des Cigognes”,que no es otra que un parque de cigüeñas, donde se pueden observar estas elegantes aves y sus polluelos, y desde donde gestionan la reintroducción. En esta ciudad, además hay otras atracciones con animales como la “Volerie des Aigles”, (vuelos de águilas www.voleriedesaigles.com ), la “Montagne des Singes” (montaña de los monos www.montagnedessinges.com ).

 

En la Ruta de los Castillos del Rin, pudimos ver muchos animales…. expuestos solo con su cornamenta. En uno de los castillos que visitamos había muchísimas cornamentas de ciervos y otros animales por todas las salas y escaleres. Pero también pudimos ver, en Rudesheim, en la subida al Niederwald, un cercado con ciervos en cautividad. Además de un imponente macho que no se movió de su sitio bien cobijado, había otro par de machos jóvenes, varias hembras y un montón de simpáticos cervatillos que correteaban por todas partes y se acercaban descaradamente a las vallas. Al momento caímos en la cuenta de que a ambos lados, había sendas máquinas expendedoras de grano ¡¡¡pero que preparados que están siempre estos alemanes!!!

 

En la Selva Negra, tuvimos un encuentro con animales la primera noche, en el Camping Herrenwies, donde nos visitó un zorro que al principio nos hizo mucha gracia, pero luego, cuando intentó hurgar en nuestra bolsa de basura, ya no nos hizo tanta, y cuando al final consiguió llevarse una de nuestras sandalias Tuckland, le debieron de “pitar los oídos” de las maldiciones que le echamos. Teníamos el resto de nuestras zapatillas de camping justo al lado, pero claro, todas de plástico, no como las Tuckland. ¡¡¡Que listos los bichos en la Selva Negra!!!

 

Y por fin llegamos a Triberg, donde se encuentran unas fantásticas cascadas que se recorren en un paseo empinado en el que una de sus principales atracciónes son las ardillas que salen al paso de los visitantes reclamando cacahuetes (que te venden junto con la entrada). Algunas son tan atrevidas que hasta los cogen de la mano de quien se los ofrece, aunque la mayoría lo único que permiten es que se las fotografíe de cerca.

Aquí También hay carteles que informan de los otros posibles habitantes del bosque que uno puede encontrarse en su camino, especialmente aves, de las que vimos Pinzón Real, Carbornero Agarrapinos, Arrendajos (estos son bellísimos, y se ven bien) y Trepador Corso. Y, como no, el más especial de todos, el Cascanueces, la especie de córvido que solo se encuentra en la Selva Negra. Son muy esquivos, y en su hábitat natural son muy difícil de ver, pero aquí había muchos y estaban también atentos a los cacahuetes de la gente. ¡¡eran capaces de cogerlos al vuelo!!. Son muy listos. Para atraerlos y poder fotografiarlos, dejamos unos cacahuetes encima de un tocón, a su vista, pero los muy taimados se los llevaban antes de que pudiésemos siquiera colocar la cámara. No obstante alguna foto les sacamos (pero muy mala).

Lo peor fue la enorme rata negra que atravesó el área de pernocta de Trier……