25 DE NOVIEMBRE: NINGUNA MUJER SUFRIENDO VIOLENCIA DE GÉNERO

25 DE NOVIEMBRE: NINGUNA MUJER SUFRIENDO VIOLENCIA DE GÉNERO

Imagen del sitio web de la ONU, Mujeres: Violencia contra las mujeres: hechos que todos deben conocer.

Me has mirado como quien mira el mar
Como un lujo que debes conservar,
Yo no quiero ser tu sombra en un rincón,
La muñeca que no tiene opinión

Has comprado el silencio de mi voz
Con amor que al fin no es más que amor,
Yo no soy la marioneta de cartón,
El juguete que baila en tu guiñol

CECILIA
Amor de Medianoche

25 de noviembre

Hay muchas formas de violencia hacia la mujer. La violencia doméstica, la que se ejerce en silencio hacia el exterior, la que no nota nadie fuera del hogar, es una de las peores lacras. Una violencia que en este 2020, con las medidas antiCOVID que obligan a un encierro doméstico prolongando, es, posiblemente la que más daño está haciendo. Sin olvidarnos de la brutalidad de los asesinatos de mujeres solo por el hecho de ser mujer. La Asamblea General de la ONU designa el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer desde el año 2000 y este año proclama 16 días de activismo, hasta el 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos. Su origen, como conté en un artículo en ANATOMÍA DE LA HISTORIA, se encuentra en el asesinato de las HERMANAS MIRABAL en el año 1960, pero, tristemente, este día sigue estando justificado sesenta años después.

No a la Violencia contra la Mujer, a cualquier tipo de violencia justificada únicamente por razón de su sexo. Este 25 de noviembre puede ser más necesario que nunca.

AlmaLenor_LP

UN PECADOR ESTÚPIDO E HIPÓCRITA

UN PECADOR ESTÚPIDO E HIPÓCRITA

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Steve Harris en un concierto con Iron Maiden en Costa Rica (2008)

Steve Harris (Steve Percy Harris, 12 de marzo de 1956), como muchos saben, es el fundador, además de voz, bajista, teclista, compositor principal y líder de la mítica banda británica de heavy metal Iron Maiden. Pero no, aunque él protagonice la imagen de cabecera, el título de este artículo no se refiere a su persona. “Un pecador estúpido e hipócrita”, es una frase con la que Steve Harris calificó a otra persona. La historia es rocambolesca.

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Jimmy Swaggart

Steve Harris fue, en los años ochenta, el objetivo de las maldiciones de un predicador pentecostal estadounidense, Jimmy Lee Swaggart, primo de los míticos músicos Jerry Lee Lewis y Mickey Gilley y, a la sazón, uno de los pioneros del llamado «televangelismo». Swaggart fue tan popular en la década de los 80 que sus programas de televisión eran transmitidos a más de 3000 estaciones y sistemas de cable cada semana, siendo vistos por más de 8 millones de personas en los Estados Unidos y más de 500 millones en todo el mundo. Fue en su momento el medio de comunicación más amplio del Evangelio Pentecostal en la historia.

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Iron Maiden

En una de esas retransmisiones televisivas, Jimmy Swaggart llegó a decir que el heavy metal era maligno, un instrumento del diablo que personificaba en Steve Harris, el líder de la banda más famosa del momento, Iron Maiden, para él, una banda satánica. Swaggart predicaba que Harris era una pésima influencia para los jóvenes y que solo con su música podía volverlos drogadictos, violentos y seguidores de Satanás. El delirio de Swaggart llegó al extremo de quemar fotografías de la banda previamente mojadas con agua bendita en su show o, incluso, solicitar a sus acólitos que  los mataran por el bien de todos. En otra ocasión, llegó a hacer objeto de sus aceradas críticas a la banda de heavy metal cristiana Stryper (formada por los hermanos Michael y Robert Sweet, Oz Fox, y Timothy Gaines, la primera banda  de heavy metal abiertamente cristiana en ganar reconocimiento en el mundo de la música), por la costumbre del grupo de arrojar ejemplares del Nuevo Testamento al público. Swaggart afirmó que era un acto similar a “arrojar perlas a los cerdos”. Sin embargo, era fan declarado de la banda su más directo competidor,  Jim Bakker, máximo exponente entonces de la llamada Teología de la Prosperidad, una de cuyas más acérrimas defensoras hoy en día es Paula White, escritora y pastora televangelista, a quien Donald Trump nombró en noviembre de 2019, asesora especial de la Iniciativa de Fe y Oportunidades en la Oficina de Enlace Público.

En su afán por desacreditar el heavy metal en general y a Iron Maiden y a su líder Steve Harris en particular, Jimmy Swaggart llegó a publicar un libro titulado Religious rock n’ roll: a wolf in sheep’s clothing   (rock and roll religioso: un lobo con piel de cordero), con la fotografía de Harris en la portada, donde insistía en su idea de calificar el rock duro como música del demonio. Se ensañaba especialmente con Harris, pero también con las bandas de rock cristiano como eran la mencionada  Stryper o Petra, así como con el músico Larry Norman (1947-2008), exlíder de la banda  People! de los años sesenta y considerado el pionero de la música rock cristiana, y con otros muchos. No dejaba títere con cabeza.

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Tipper y Al Gore

Para colmo, a la cruzada de Swaggart y las Asambleas de Dios norteamericanas, se unieron otras voces como el Parents Music Resource Center (Centro de Recursos Musicales de Padres) o PMRC, un comité estadounidense formado en 1984 por las esposas de varios diputados (encabezado por Tipper Gore, entonces esposa del senador y futuro Vicepresidente, Al Gore), con la misión de “educar” a los padres sobre “modas alarmantes” en la música popular.

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Tipper Gore en el Comité PMRC

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Protestas del PMRC

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Las quince canciones “sucias” según el PMRC

Según el PMRC el rock apoyaba y glorificaba la violencia, el consumo de drogas, el suicidio, las actividades criminales, y todos los males que se les pudieran ocurrir en cada intervención, incluido el sexo, por supuesto, por lo que abogaban por la prohibición, la censura y la catalogación de la música, destacando 15 canciones a las que tildó de “Asquerosas” (Filthy Fifteen). Curiosamente, la canción que más ofendió a este colectivo no fue una de Iron Maiden, sino “Darling Nikki” (1984) de Prince.​

En ella, se pueden escuchar varias alusiones sexuales, incluido el onanismo: “Conocía a una chica llamada Nikki. Supongo que se podría decir que era una fanática del sexo. La conocí en el lobby de un hotel masturbándose con una revista”. Los demás artistas y canciones incluidas en esta lista, la mayoría por su alusión al sexo, son: Sheena Easton (“Sugar Walls”), Judas Priest (“Eat Me Alive”), Vanity (“Strap on Robbie Baby”), Mötley Crüe (“Bastard”), AC/DC (“Let Me Put My Love Into You”), Twisted Sister (“We’re Not Gonna Take It”), Madonna (“Dress You Up”), W.A.S.P. (“Animal.Fuck Like a Beast”), Def Leppard (“High ‘N Dry”), Mercyful Fate (“Into the Coven”), Black Sabbath (“Trashed”), Mary Jane Girls (“In My House”), Venom (“Possessed”) y Cyndi Lauper (“She Bop”). Jimmy Swaggart, por su parte, predicaba en su programa de televisión que “la educación sexual en nuestras aulas está promoviendo el incesto“. Música satánica y educación sexual, una mezcla letal.

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Frank Zappa y Dee Snider sostienen documentos relacionados con el PMRC

Como cabría esperar, este grupo fue muy contestado, tanto política como musicalmente por varios artistas, entre ellos Eminen, Jello Biafra (ex-miembro de Dead Kennedys), Frank Zappa, Ramones, y el grupo Rage Against the Machine quienes en 1993, durante el festival Lollapalooza (Filadelfia) protagonizaron una protesta contra la censura y contra la PMRC permaneciendo en el escenario completamente desnudos, con cinta aislante en la boca y cada uno con una de las letras (“P”.”M”.”R”.”C”) del comité escritas en el pecho. Estuvieron así durante 14 minutos, con el sonido del bajo y la guitarra de fondo. Toda una demostración de audacia reivindicativa. No obstante, durante los años ochenta y principios de los noventa el PMRC, tuvo mucha fuerza y logró vetar y calificar las cubiertas de los álbumes metaleros.

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Steve Harris

Pero desde el lado musical no se estaban quedando de brazos cruzados y mucho menos Steve Harris, que también había sido futbolista, además de cartógrafo y barrendero, principal blanco de los dardos de Swaggart, quien denunció al predicador por difamación y Swaggart le reprendió diciendo que su mensaje era el que Dios le había transmitido y que frente a eso Harris no tendría derecho alguno a hacer algo al respecto. La utilización de la imagen de Harris para ilustrar la portada del libro de Swaggart fue la gota que colmó el vaso y el rockero volvió a presentar una querella por utilizar su imagen sin su permiso.

Uno de los discos de Jimmy Swaggart

En aquellos momentos Jimmy Swaggart se veía invencible. Era el predicador más importante de las Asambleas de Dios, líder de recaudaciones y el de más éxito televisivo (su programa “Un estudio de la palabra de Dios” se retransmitía por 78 canales a todo el país y a otros 104 países del mundo, además de por Internet). Recorría todo EE. UU. con su mensaje en giras multitudinarias que llenaban iglesias y centros de convenciones, además de organizar giras por toda Sudamérica (Paraguay, Argentina, Chile, Perú, Brasil, Panamá, República Dominicana, Nicaragua, Costa Rica y El Salvador). Creó un Seminario de adiestramiento de líderes eclesiásticos, el WEBC (World Evangelism Bible College, que sigue funcionando), grababa discos, publicaba libros y abrió hasta un Ministerio en un edificio de varios pisos en Baton Rouge (Luisiana). Hoy sigue ejerciendo su labor pastoral en esta localidad, donde ha creado el Centro Familiar de Adoración, una iglesia evangélica que ha vuelto a cobrar vitalidad en los últimos años.

Centro Familiar de Adoración
Centro Familiar de Adoración, el Ministerio de Jimmy Swaggart actualmente

Resultado de imagen de Marvin GormanEn aquellos años ochenta era todopoderoso. Y los éxitos de su campaña anti heavy metal le animaron a ir más lejos. Casi emborrachado por la popularidad, llegó a demandar a sus rivales evangélicos por mantener relaciones extramaritales. Eran los pastores Jim Bakker y Marvin Gorman, ambos telepredicadores de éxito en aquellos momentos, siempre haciéndose acompañar por sus esposas, Tammy Faye y Virginia Seen, respectivamente. El escándalo fue mayúsculo y ambos tuvieron que dejar sus ministerios, pero, en realidad, no había sido solo un capricho de Swaggart.

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Jim Bakker y su entonces esposa Tammy Faye en 1986

Jim Bakker y su ministerio (The PTL Club, “Alabanza al Señor”, que fundó junto a su esposa) ya se encontraba investigado desde 1979 por la Comisión Federal de Comunicaciones, por fraude en las recaudaciones de sus feligreses. Los Bakker, acostumbrados al lujo y la prosperidad avalada por su convicción religiosa, utilizaban las donaciones (en la década de los setenta alcanzó la nada desdeñable cifra de 120 millones de dólares por año) no para hacer labor misionera por el mundo como anunciaban, sino para construir su parque temático, a mayor gloria de su familia, el Heritage USA un complejo residencia y de entretenimiento de temática cristiana construido en Fort Milll (Carolina del Sur), que ocupaba casi 10 Km cuadrados (curiosamente, el constructor del parque, el afamado arquitecto de iglesias, Roe Messner, fue el segundo marido de Tammy Faye tras divorciarse de Bakker).

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Jim Bakker en el Heritage USA

El parque, que se inauguró en 1978, llegó a ser el tercer parque temático más visitado de EE. UU., con cerca de 5 millones de visitantes al año (piensen que por ser de una confesión religiosa no pagaba impuestos). Entonces llegó otra investigación. En 1985 la hacienda estadounidense descubrió que casi un millón y medio de dólares fueron sacados del Ministerio para engrosar las cuentas personales de sus fundadores durante los años 1980 a 1983. Sin embargo, no se llegaron a tomar medidas contra él. Un par de periodistas del Washington Post, Art Harris y Michael Isiskoff (este último, además de investigar y escribir sobre los abusos a los prisioneros de la cárcel de Abu Ghraib, y del escándalo Clinton-Lewinsky, es coautor, junto a David Corn del libro titulado Russian Roulette: The Inside Story of Putin’s War on America and the Election of Donald Trump, publicado el 13 de marzo de 2018 sobre la interferencia rusa en las elecciones norteamericanas que dieron la victoria a Donald Trump), destaparon algo mucho más gordo. Bakker y otros evangelistas televisivos no eran investigados pese a los muchos indicios de fraude y evasión de impuestos, porque en aquellos años ochenta los seguidores de estos pastores formaban la base electoral de la administración Reagan. Sus funcionarios no querían dañar su propia línea de flotación.

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Jim Bakker es detenido.

Entonces llegó la denuncia de Jimmy Swaggart y se descubre que las infidelidades matrimoniales no fueron lo único que Bakker tenía que ocultar. Al parecer, había pagado una buena cantidad de dólares (sacados de su iglesia, of course) a una mujer, Jessica Hahn, de 21 años y secretaria de la iglesia en 1980, por su silencio. El escándalo Bakker estaba ya servido.Resultado de imagen de juice to jim bakker in 80's No querían que Jessica difundiera que Bakker y su principal colaborador, John Wesley Fletcher, la habían drogado y violado, pero lo hizo. Lo curioso es que el encargado de pagar dicho dinero a Jessica fue Roe Messner, constructor del Heritage USA y futuro esposo de la mujer de Bakker. John Wesley Fletcher, por su parte, denunció que Bakker mantenía relaciones homosexuales y bisexuales con otras personas. Todo un culebrón. Una nueva investigación periodística, esta vez por parte de reporteros del Charlotte Observer, desveló que el Ministerio de Bakker disponía de dos juegos de contabilidad paralelos. El 19 de marzo de 1987, Jim Bakker renunció a su ministerio y un par de años después el Heritage USA cerró (hoy los terrenos se encuentran en ruina). Un jurado condenó a Bakker a cumplir 45 años en una prisión federal (posteriormente se reduciría y solo cumplió cinco años). Jimmy Swaggart se salía con la suya.

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Pero como todo el este mundo es susceptible de recibir su merecido o, al menos, de ser alcanzado por su propio karma, algunos familiares del otro evangelista denunciado por Swaggart, Marvin Gorman, hicieron públicas unas imágenes en las que se veía a Jimmy junto a una prostituta de nombre Debra Murphee en un motel de Lousiana. En febrero de 1988 Swaggart, entre sollozos y aspavientos, confesó ante sus telespectadores haber cometido un pecado: “He pecado contra Ti, mi Señor, y pido que tu preciosa sangre lave y limpie cada mancha hasta que yo esté en los mares del perdón de Dios”. Amén.

Fue apartado de su programa y de sus tareas evangélicas durante un año. Las ganancias de su iglesia se resintieron enormemente y el fisco le investigó sacando a la luz malversaciones y ganancias no declaradas. Pero volvió a los platós de TV a los tres meses. En 1991, no obstante, se le volvió a ver en compañía de prostitutas, a lo que el pastor replicó afirmando que “el Señor me dijo que simplemente no es asunto de ustedes”. Amén, corto y cierro.

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Jim Bakker, por su parte, que volvió a ejercer su Ministerio, grabó un vídeo en el año 2017 anunciando que “Dios castigará a aquellos que me ridiculizan”. No se cortó un pelo en calificar el huracán Harvey (agosto 2017) como un Juicio de Dios (también había culpabilizado a Barack Obama de ser la causa de que se desatara el huracán Matthew en el 2007), afirmó predecir los atentados del 11S del año 2001 y anunció sin cortapisas que Dios se presentó ante él con un camuflaje, un chaleco de caza y un rifle AR-15 atado a la espalda, y le habló respaldando su ministerio y el plan de Trump para armar maestros. Por si no quedaba claro con todo esto, declaró que si se destituye al actual presidente Donald Trump, los cristianos comenzarían una Segunda Guerra Civil Americana. ¡Tomaaaaaa!

Finalmente, y volviendo a la tierra, Steve Harris ganó el juicio contra el pastor Jimmy Swaggart y su imagen tuvo que ser retirada de sus libros. Entonces fue cuando dijo públicamente de Swaggart eso de que era UN PECADOR ESTÚPIDO E HIPÓCRITA y en 1990 grabó una canción, “Holy Smoke” en la que criticaba toda esa situación y la impunidad de los pastores televisivos para cometer todo tipo de tropelías.

Cree en mí y no envíes dinero
Yo morí en la cruz, y eso no es divertido
Pero mis supuestos amigos hacen un chiste de mí.
Se perdieron lo que dije como si nunca hubiese hablado.
Ellos escogen lo que quieren oír, no mientas
Ellos simplemente dejan fuera la verdad mientras te están viendo morir
Salvando tu alma, tomando tu dinero
Moscas alrededor de la basura, abejas alrededor de la miel

Holy Smoke Holy Holy Smoke, (humo sagrado, humo sagrado)
Un montón de malos predicadores para que el diablo avise.
Aliméntalos con los pies de frente, esto no es broma.
Este es un trabajo agotador, haciendo Holy Smoke

Jimmy Reptil y todos sus amigos
Dicen que van a estar contigo hasta el final
Quemando discos, quemando libros
Soldados sagrados, nazis.
Sonrisas de Cocodrilo, sólo espera un poco
Hasta que la Reina de la TV se quite su maquillaje.
He vivido en la suciedad, he vivido en el pecado
Pero todavía huelo más limpio que esa mierda

Holy Smoke Holy Holy Smoke, (humo sagrado, humo sagrado)
Un montón de malos predicadores para que el diablo avise.
Aliméntalos con los pies de frente, esto no es broma.
Este es un trabajo agotador, haciendo Holy Smoke.

No son religiosos, pero no son tontos
Cuando Noé construyó su Cadillac fue genial
De dos en dos siguen cayendo
Y el circo vía satélite acaba de salir de la ciudad
Creo que son extraños y cuando esten muertos
Podrán tener un Lincoln por cama
Amigo del Presidente -el truco de la cola
Ahora no tiene salvación- cien años de prisión

Holy Smoke Holy Holy Smoke, (humo sagrado, humo sagrado)
Un montón de malos predicadores para que el diablo avise.
Aliméntalos con los pies de frente, esto no es broma.
Este es un trabajo agotador, haciendo Holy Smoke.

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Sobre este álbum, y sus vinculaciones con la historia, ver el artículo de Rafael Esteban en Anatomía de la Historia.

Pues bien… si hiciésemos más caso al rock, al heavy metal, a la música y la cultura en general, no tendríamos a las puertas de dominar el mundo a todos estos predicadores fraudulentos, pecadores, estúpidos e hipócritas.

AlmaLeonor_LP

NADA MÁS HISTÓRICO QUE EL IMPERIO ROMANO

NADA MÁS HISTÓRICO QUE EL IMPERIO ROMANO

Imagen: “Rome, The Colosseum”, de William Turner (1820)

En Anatomía de la Historia una vez hablamos del Imperio Romano, un periodo que muchos consideramos el de mayor importancia de la historia, y así quedó reflejado en la revista en junio de 2014. Esta fue mi apreciación:

Sólo hay dos cosas que un padre puede dejar a sus hijos. Una es raíces y la otra, alas. Siguiendo este adagio norteamericano, y como si de un pater familia se tratase, el Imperio romano nos legó a la Historia raíces abonadas que perduran hoy en el derecho, la ingeniería, el calendario, la historia militar, las artes, la organización administrativa, la difusión del cristianismo… y sobre todo en el latín, la lengua por excelencia de cuya vulgarización derivaron muchas de las hoy habladas.Pero también nos proporcionó alas. Sucesor de una República que a su vez derivó de un reino, el Imperio romano nos enseñó que es posible encontrar fórmulas de convivencia que sobrepasen la conquista o la anexión: pactos de hospitalidad (hospitum), ciudadanía, tetrarquías y hasta la división de su propio territorio para garantizar su pervivencia. Todos somos en gran parte “romanos”… aprovechémoslo.

AlmaLeonor_LP

 

En Anatomía de la Historia se pueden leer todas las aportaciones de los autores de la revista, todas muy interesantes.

 

 

DOS AÑOS DE LOS PUSSYHATS

DOS AÑOS DE LOS PUSSYHATS

El 21 de enero del año 2017 se llevó a cabo en Washington (y en otras ciudades estadounidenses y del mundo) una manifestación de mujeres contra Donal Trump caracterizada por la utilización masiva de una prenda, un gorrito de lana con orejas de gato, que se popularizó con el nombre de PUSSYHATS. Unos días más tarde, la revista digital Anatomía de la Historia publicaba mi artículo LOS PUSSYHATS: UN MUNDO DE MUJERES VISIBLES, que hacía referencia a este acontecimiento y a alguna otra cosa más… Hoy, pasados dos años de aquello, el blog del Brithis Museum recoge un artículo sobre el gorrito (“Cuando un sombrero no es solo un sombrero“) y he pensado que es un buen momento para recordar en HELICON aquel artículo. Lo único que ha cambiado desde entonces es que cuando publiqué este artículo (en enero de 2017) mi libro VISIBLES. MUJERES Y ESPACIO PÚBLICO BURGUÉS EN EL SIGLO XIX aún no se había publicado, saldría un año después, en febrero de 2018, y ahora ya puede encontrarse en librerías y a través de la web de Ediciones UVA.

LOS PUSSYHATS: UN MUNDO DE MUJERES VISIBLES

Por Alma Leonor López . 25 enero, 2017 en Discusión histórica , Mundo actual.

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Antes de la independencia norteamericana, un llamamiento patriótico en 1765 instaba a las mujeres de los colonos a hilar sus propias ropas en casa para no tener que importar tejidos de la metrópoli inglesa y contribuir así a la causa. De esta forma, a la simple ama de casa, le fue atribuida la condición de “hija de la libertad”, emulando la masculina proclama de la organización patriótica (Sons of Liberty, organización en un principio fiel al rey de Inglaterra, con la que estuvieron relacionados Paul Revere o Samuel y John Adams) creada para reivindicar y proteger los derechos de los colonos.

«Boicot a las mercancías importadas de Inglaterra, fabriquemos y compremos americano»

Eso es lo que se decía en un llamamiento cívico que se dirige a ellas, a las mujeres, y solo a ellas. Porque coser, hilar, tejer… eran labores femeniles. Como cuando hubo que coser una nueva bandera nacional con 13 bandas blancas y rojas y 13 estrellas y el mito se atribuyó a una mujer, Betsy Ross (1752-1836), hija de un pastor cuáquero de Pensilvania, repudiada por éste al casarse con un episcopaliano tapicero de profesión. A Betsy la habían enseñado a coser desde la escuela de su iglesia, como se enseñaba a coser a las niñas pobres españolas que entraban en alguna de las escuelas de hilados fundadas por las Sociedades Patrióticas del siglo XVIII o más tarde en las promovidas por las Juntas de Damas del siglo XIX. Coser, hilar, tejer… para el bien de la patria, son formulas con las que se traslada a la mujer, desde un cercado espacio femenino dentro del hogar, al espacio público y visible de la actuación sociopolítica.

Tejer

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Hoy vemos en los Estados Unidos recién despertados en la era Trump, cómo las mujeres han encontrado en el acto de tejer una labor altamente patriótica. El Pussyhat Project, puesto en marcha el día de Acción de Gracias por Krista Suh y Jayna Zweiman, dos mujeres de Los Ángeles que nada tienen que ver con la política (la primera es guionista y la segunda arquitecta), junto con la artista Aurora Lady, nació con la intención de «crear un océano de color rosa para la manifestación, ofrecer un mensaje visual que distinguiese a esta protesta» (Noelia Ramírez, El País). Se referían a la manifestación de mujeres contra Donal Trump celebrada en Washington (y en otras ciudades estadounidenses y del mundo) este pasado día 21 de enero de 2017.

El nombre, pussyhat, surge de un juego de palabras: pussy es la versión coloquial de ‘vagina’ y la forma de orejitas de gato en el gorro (hat, un diseño de Kat Coyle) hacen referencia a la palabra pussycat, todo ello como respuesta gráfica al «grab the from the pussy» (traducido libremente como ‘agarrarlas por el coño’) que dicen que dijo Trump según unas comprometidas grabaciones difundidas durante la campaña electoral.

El mensaje es claro: somos mujeres, estamos aquí, hemos tejido nuestro propio elemento distintivo. Pero incluso van más allá. La idea se lanzó con un gran carácter inclusivo para visibilizar a través de ellos la adhesión a la protesta de aquellas mujeres que no pudieran estar presentes en Washington. Unas mujeres los lucen, otras los tejen para ser visibles a través de ellos. Las redes sociales ayudaron a que los pussyhats traspasasen las fronteras estadounidenses y llegasen a Canadá o Reino Unido o a lugares tan lejanos como Noruega, lugares desde donde muchas mujeres se sintieron representadas en la manifestación de Washington al ver sus gorros rosas en las cabezas de las que si estaban allí.

Visibilidad

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Hubo un tiempo en España en el que las mujeres también realizaron protestas con un claro cariz político y patriótico visibilizado a través de un objeto o un color que lucían en sus cuerpos. Por ejemplo, cuando en 1833, ya fallecido Fernando VII, Isabel II es proclamada reina y «las señoras empezaron a usar, en sus vestidos y adornos, el color azul cristina», contaba José Ortega Zapata en su crónica del Valladolid del XIX, en señal de reconocimiento cristino, es decir, de apoyo a la reina madre, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, preceptora y regente de la reina niña entre 1833 y 1840, y contra las aspiraciones de los partidarios de Carlos María Isidro, hermano del rey finado.

De igual modo, durante el reinado de Amadeo de Saboya (como Amadeo I, entre 1871 y 1873), una protesta aristocrática, impulsada por Sofía Troubetzkoy (duquesa de Sesto), conminó a las mujeres madrileñas a lucir la españolísima mantilla española en lugar de los sombreros parisinos tan de moda en esos años, para mostrar su adhesión a la restauración borbónica y el rechazo a la nueva casa reinante. Para ello, la duquesa de Sesto diseñó un alfiler en forma de flor de lis (emblema de los Borbones) que las damas debían lucir visibles sobre la mantilla en los paseos solariegos por el madrileño Paseo del Prado.

Llamada la Rebelión de las Mantillas, fue orquestada y llevada a cabo por mujeres, una presencia femenina con un protagonismo propio y una visibilidad con sentido político. O al menos, reivindicativo de una corriente político-social contraria al nuevo orden institucional, como sucede con las actuales mujeres de Washington opuestas al nuevo presidente. Sí. Ninguna de esas formas de protesta pueden ser tomadas como una mera manifestación femenil.

Las mujeres de Estados Unidos y de buena parte del mundo, han querido mostrar en Washington este pasado día 21 una clara (y visibilizada en rosa) oposición a su recién proclamado presidente, a sus modos chulescos y su postura fatua, a sus desplantes mediáticos, a su falta de educación, a su xenofobia manifiesta contra inmigrantes y extranjeros, a su más que evidente machismo, misoginia y agresividad verbal hacia el sexo femenino. La protesta de las mujeres de Washington no solo es feminista, es parte de una protesta cívica y política que algunos medios ya han llegado a calificar de auténtica «resistencia civil».

Claro que, me dirán, que Washington no es precisamente una ciudad proclive a Donald Trump, donde solo un 4% de los votantes le apoyaron (lo que también explicaría las “calvas” en la multitud concentrada frente al Capitolio, en el National Mall, el día de la proclamación presidencial) y que al fin y al cabo, las mujeres, un 53% de las mujeres (blancas, el voto afroamericano conjunto fue del 8%), votaron a favor del nuevo presidente. Son cifras para la reflexión, sobre todo, cuando su oponente demócrata era una mujer, Hillary Clinton.

Pero son cifras que directamente nos dicen que las mujeres tienen su propia opinión política. No votan por corporativismo femenino. Y por lo tanto, la oposición que se realiza ahora frente al nuevo presidente no es feminista ni corporativista, ni debe tenerse únicamente por femenil. Es una reivindicación política que se visibiliza en rosa, sí, con los pussyhats, sí, pero también a través de un claro empuje cívico-político femenino.

La historia nos ha enseñado que tal empuje no debe ser desdeñado. Si podemos considerarlo histórico, Eva realizó la primer acción de protesta femenina (y solo femenina) contra el poder establecido, reivindicando el derecho a la sabiduría para ella y para toda la humanidad. Fue un gran logro, pero a cambio, supuso un alto costo para nosotras: la carga perpetua de un pecado en forma de subordinación femenina al sexo opuesto. No nos conformamos nunca con ese destino.

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Fueron muchas las ocasiones en las que a lo largo de la historia las mujeres mostraron ese empuje, coraje y voluntad de cambiar el destino de todas. Fueron las mujeres las que en la Revolución Francesa alentaron a los hombres para salir a las barricadas portando ellas armas y antorchas en todas las revueltas. Fueron las mujeres del mercado de París las que el 5 de octubre de 1789 protagonizaron la marcha a Versalles protestando por la carestía y alto precio del pan, marcha que pronto se tornó en política cuando se unieron a los ciudadanos (hombres y mujeres) que sitiaron el Palacio de Versalles obligando al rey, y a los miembros de los Estados Generales allí reunidos, a volver a París. Para algunos estudios feministas, estos actos son considerados “fundacionales” de la lucha por la emancipación femenina. Pero es que no fueron los únicos.

En la previa Revolución Norteamericana (1775-1783), hubo mujeres que empuñaron armas y cañones (Margaret Corbin, por ejemplo, la primera mujer en la historia de Estados Unidos que recibió una pensión del Congreso por los servicios militares prestados y la única enterrada en West Point, pero también la mítica Molly Pitcher, por cierto, ambas vinculadas a Pensilvania, como Betsy Ross)

Y en la posterior Guerra de la Independencia española iniciada en 1808, las mujeres se rebelaron contra los invasores franceses, llegando a ser artilleras (Agustina de Aragón) o jefas de Somatén (Susana Claretona, Margarita Tona, María Esclopé…), por poner solo un par de ejemplos.

Fueron decididas mujeres norteamericanas (muchas inmigrantes de origen europeo, además) las que protagonizaron las huelgas del sector textil de 1908 (en Chicago) y 1909 (como la famosa “huelga de las camiseras” o el “levantamiento de las 20.000”, organizado por los sindicatos de mujeres de Nueva York) o las que sucedieron en 1911 después del terrible incendio de la Fábrica de camisas Triangle Waist Co. de Nueva York, que se saldó con la muerte de 146 personas, 123 de las cuales eran mujeres, muchas de ellas muy jóvenes y de nuevo, inmigrantes europeas en gran número (incendió que desde entonces se recuerda con el Día Internacional de la Mujer Trabajadora del 8 de marzo).

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Las condiciones de trabajo de todas estas mujeres eran terribles y la respuesta que las autoridades dieron a esas manifestaciones multitudinarias no estuvieron ausentes de detenciones, despidos, multas y más violencia (la sindicalista Clara Lemlich, por ejemplo, con varias costillas rotas en la manifestación de 1909 en Nueva York), pero estas protestas alentaron el movimiento sufragista femenino que ya había nacido en el siglo anterior y que tendría en estos primeros años del siglo XX su momento de apogeo.

Y también fueron mujeres con empuje las milicianas republicanas españolas del 36 que defendieron la legalidad constitucional frente a un bárbaro golpe de Estado, dejando visibilizada su condición femenina y su decidida voluntad de participación revolucionaria y política como ciudadanas.

Hoy, muchas mujeres en todo el mundo están mostrando su empuje, su voluntad de seguir siendo escuchadas, su decidida negativa a ser tratadas como ciudadanas de segunda y seres humanos de tercera. Y una de esas reivindicaciones ha llegado al corazón de la gran metrópoli occidental, Washington, visibilizándose con un gorro de lana de color rosa y orejas de gato. La manifestación de mujeres en Washington, y en otras muchas ciudades, portando sus pussyhats o fabricándolos para otras mujeres, han mostrado dos cosas al mundo: una, que en Estados Unidos han empezado a conocer un tipo de protesta civil a la que no estaban acostumbrados, una protesta espontánea y multitudinaria hacia una institución tan venerada en ese país como es la Presidencia de la República; y dos, la han conocido a través de las mujeres… definitivamente estamos en una nueva era… la era de las mujeres.

(Datos del TFM de la autora, “La visibilidad de las mujeres en el espacio público burgués del siglo XIX”, aún sin publicar).

AlmaLeonor_LP

EN LOS CAMPOS DE FLANDES

EN LOS CAMPOS DE FLANDES

Imagen: Matthew Frock

En los campos de Flandes
se mecen las amapolas
entre hileras de cruces
que señalan nuestra tumba.
Las alondras cantan desafiantes pese a todo;
vuelan oyendo apenas el fragor de los cañones.
Somos los muertos
Hace pocos días vivíamos,
sentíamos el amanecer,
veíamos el brillo del crepúsculo,
amábamos y éramos amados…
Ahora yacemos en los campos de Flandes.
Resume nuestra lucha con el enemigo.
De nuestras manos inertes
te lanzamos la antorcha;
es tu tarea mantenerla bien alta.
Si faltas a la palabra
que nos diste a los muertos,
nunca descansaremos,
aunque florezcan las amapolas
en los campos de Flandes.

John McCrae Alexander (1872-1918)

 

In Flanders Fields es un poema escrito por el teniente coronel John McCrae Alexander, antes profesor de Medicina en la Universidad McGill de Montreal (Canadá), cuando ejercía de cirujano en un hospital de campaña en Ypres (Bélgica), durante la Primera Guerra Mundial. Fue publicado anónimamente en la revista Punch el 8 de diciembre de 1915 y popularizado por Moina Michael (1869-1944) al publicar un poema en respuesta al de McCrae, titulado“Guardaremos la Fe”, en el que se comprometía a llevar siempre una amapola roja en su recuerdo. De ambos hablé en el artículo Con ese nombre de mujer, publicado en la Revista Digital Anatomía de la Historia el 21 de marzo de 2016.

El 11 de noviembre de 1918, a las 11:00 de la mañana, cien años más tarde y a la misma hora en la que se publica este artículo en HELICON, entró en vigor el Armisticio  de Compiègne firmado a las 5:20 de ese día en un vagón de tren en el bosque de Compiègne (noreste de Francia) por el que los representantes del Imperio alemán (los civiles Matthias Erzberger y Alfred von Oberndorff,  y los militares general Detlof von Winterfeldt y capitán Ernst Vanselow) se rinden ante los representantes de la Triple Entente (los franceses mariscal Ferdinand Foch, comandante supremo de los Aliados, y el general Maxime Weygand, y los británicos almirante Rosslyn Wemyss, contralmirante George Hope y  capitán Jack Marriott). Esta firma quedará fijada para siempre en el ideario alemán, como las amapolas (Poppys) quedaron fijadas para siempre a la Primera Guerra Mundial. Hoy, 11 de noviembre de 2018, se cumplen cien años de aquella firma y del fin del conflicto bélico.

AlmaLeonor_LP

 

MÁS VISIBILIDAD, POR FAVOR.

MÁS VISIBILIDAD, POR FAVOR.

Damas de luto de la época victoriana.

(Extracto publicado en la Revista Digital Anatomía de la Historia el 28 de febrero de 2018).

Visibles. Mujeres y espacio público burgués en el siglo XIX. Sí. Este es otro libro sobre la mujer. También necesario, pues es otro libro donde se reivindican más estudios y más publicaciones sobre la presencia y visibilidad femeninas, tanto en el espacio público, como en la historia, en los procesos de transformación histórica.

Estamos ante un compendio (nunca suficiente, nunca completo) de acciones, presencias, estampas cotidianas, y no tanto, con las que se ha querido evidenciar la visibilidad continuada de las mujeres del siglo XIX en un ámbito tradicionalmente considerado como masculino: el espacio público, entendido como “lugar donde cobran importancia aspectos como la interacción social y cívica –la opinión pública, que diría Habermas–, y el debate público-político –la Institución pública sigue diciendo–, elementos legitimadores de la vida en comunidad.” Un espacio de donde se excluye a la mujer, en tanto que su participación en la vida social decimonónica se circunscribía únicamente al ámbito privado del hogar.

“Digámoslo desde el principio: el siglo XIX no fue un buen siglo para la mujer”. Este comienzo de mi libro encierra, sin embargo, una paradoja. Sus manifiestas limitaciones y la invisibilidad que comportaba su rol exclusivamente privativo familiar no mermó su “más que evidente presencia visible en el proceso histórico”. Es en ese sentido en el que se reivindica mayores y más profundos estudios sobre la importancia social de las mujeres en las transformaciones sociopolíticas de su tiempo, así como sobre la importancia, para esas mismas transformaciones, del ámbito privado, doméstico, en el que la sociedad burguesa del siglo XIX situó a la mujer como dueña y señora, como “ángel del hogar”.

Esa es la primera y principal paradoja que se intenta mostrar en el libro. La sociedad burguesa, que crece y se afianza en este siglo XIX, construye un modelo propio de sociabilidad y presencia pública, del que excluye a la mujer en cuanto a que la considera únicamente parte de su esfera familiar privada. Pero, al mismo tiempo, instituye su propio hogar como elemento esencial de su proyección social pública y dota a sus mujeres de una importante presencia visible en los nuevos espacios públicos de sociabilidad. Las mujeres van a poner todo su empeño en demostrar, con su visibilidad, presencia y hasta protagonismo, que han de ser reconocidas como parte imprescindible de esa nueva sociabilidad burguesa.

Sin perder de vista la realidad de una ciudad como Valladolid, incipiente centro de auge burgués con el comercio harinero primero y el desarrollismo que trajo el ferrocarril después, el libro parte de una Introducción y de un primer capítulo en el que se describe, desde la incipiente visibilidad femenina del siglo XVII a la realidad aperturista de un siglo XVIII calificado como El siglo de las mujeres. Un siglo tachado por sus contemporáneos de “frívola libertad” para la mujer, pero en el que el ideario ilustrado posibilitó nuevos espacios (sociedades patrióticas, academias de arte, junta de damas, tertulias, reuniones sociales y hasta políticas, organizadas por una dama…) y un “importante empuje para su promoción y presencia social”.

Con profusión de citas, imágenes y bibliografía, continúa con los dos capítulos esenciales en los que se describe cómo ese empuje y protagonismo femenino dieciochesco se va a encontrar con las barreras que le impone el nuevo siglo decimonónico. Su forma de visibilización se abrirá camino en la sociedad burguesa entre dos modelos diferentes:

-Por un lado, en el capítulo titulado El “largo” siglo XIX y la sociedad burguesa, se describen las que se han calificado como incursiones sociales, oportunidades de participación pública posibilitadas por el propio modelo burgués, en las que se incluiría desde la nueva distribución del hogar, privado en cuanto a la función de la mujer, pero público en cuanto a las nuevas necesidades burguesas, hasta los nuevos enclaves de sociabilidad decimonónica: paseos, teatros, cafés, casinos, manifestaciones populares…, pasando por el auge de la moda y, sobre todo, la educación y la participación en la vida cultural española.

-Por otro, acciones que la moralizante sociedad burguesa del siglo XIX, considera como Transgresiones de la domesticidad, actuaciones públicas femeninas fuera de su encorsetado papel de esposa, madre y ángel del hogar. Las mujeres decimonónicas son trabajadoras asalariadas y hasta empresarias, son revolucionarias, agitadoras, combaten en la guerra y protagonizan tanto posicionamientos políticos como propuestas de renovación religiosa.

Las mujeres han soportado una discriminación pública continua casi durante todos los momentos de la historia. Discriminación que en el siglo XIX unía, a la diferenciación de clase, la exclusión social de género:

“El problema fundamental de las mujeres en la historia es que no tenían un lugar público a donde ir… ni un lugar físico ni un lugar mental. El camino que habrían de recorrer para llegar a hacer suyo ese espacio era, pues, muy largo.”

Pero, llegados al último cuarto del siglo XIX, el proceso de reconocimiento de la visibilidad de la mujer en el espacio público y la lucha por la emancipación femenina son ya irreversibles.

“Mi más sincero agradecimiento a todas las mujeres de la historia. Ellas han hecho posible que hoy disfrutemos de más oportunidades y derechos de los que ninguna gozó en todos los tiempos. Nuestra deuda con ellas es impagable.”

 María del Pilar López Almena: Visibles. Mujeres y espacio público burgués en el siglo XIX. Ediciones Universidad de Valladolid. Valladolid, 2018.

 María del Pilar López Almena es en Anatomía de la Historia Alma Leonor López.

 

 

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Sobre el libro de Ediciones UVA no tengo mucha capacidad de decisión, pero si alguien está interesado, que entre en mi grupo de Facebook, con el título del libro y me deje un privado.   VISIBLES. MUJERES Y ESPACIO PÚBLICO BURGUÉS EN EL SIGLO XIX.

“VISIBLES…” EN ANATOMÍA DE LA HISTORIA

“VISIBLES…” EN ANATOMÍA DE LA HISTORIA

La Revista Digital Anatomía de la Historia siempre será mi revista de referencia. Con el seudónimo de Alma Leonor López, fue la primera publicación digital que acogió uno de mis artículos de historia, gracias a la invitación de su director, Jose Luis Ibáñez Salas, quien siempre confió en mi como escritora y con quien siempre mantendré una deuda de gratitud. Pese a que ya no se actualiza, la Revista ha aceptado la reseña que escribí sobre mi libro “VISIBLES. Mujeres y espacio público burgués en el siglo XIX”.

 

MÁS VISIBILIDAD, POR FAVOR

Por Alma Leonor López . 28 febrero, 2018 en Reseñas , Siglos XIX y XX

Visibles. Mujeres y espacio público burgués en el siglo XIX. Sí. Este es otro libro sobre la mujer. También necesario, pues es otro libro donde se reivindican más estudios y más publicaciones sobre la presencia y visibilidad femeninas, tanto en el espacio público, como en la historia, en los procesos de transformación histórica.

Estamos ante un compendio (nunca suficiente, nunca completo) de acciones, presencias, estampas cotidianas, y no tanto, con las que se ha querido evidenciar la visibilidad continuada de las mujeres del siglo XIX en un ámbito tradicionalmente considerado como masculino: el espacio público, entendido como “lugar donde cobran importancia aspectos como la interacción social y cívica –la opinión pública, que diría Habermas–, y el debate público-político –la Institución pública sigue diciendo–, elementos legitimadores de la vida en comunidad.” Un espacio de donde se excluye a la mujer, en tanto que su participación en la vida social decimonónica se circunscribía únicamente al ámbito privado del hogar.

“Digámoslo desde el principio: el siglo XIX no fue un buen siglo para la mujer”.

El artículo continúa aquí.

María del Pilar López Almena: Visibles. Mujeres y espacio público burgués en el siglo XIX. Ediciones Universidad de Valladolid. Valladolid, 2018.

 

LA MENTIRA: LO QUE PARECE, NO ES

LA MENTIRA:
LO QUE PARECE, NO ES

Artículo de Alma Leonor López publicado el 2 de febrero de 2015 en Anatomía de la Historia, sección Siglos XIX y XX.

“La mentira es un gran problema que, con frecuencia, nos inquieta en nuestro quehacer cotidiano porque tal vez denunciemos, temerariamente, como mentira lo que no es mentira, o pensemos que, a veces, se puede mentir con una mentira honesta, oficiosa o misericordiosa.”

Agustín de Hipona, Sobre la mentira

En el año 2013 Anatomía de la Historia publicó mi artículo Corruptelas que hicieron Historia, donde se hablaba de algunos de los casos de corrupción más sonados de nuestro país a la luz de los que estaban siendo conocidos en aquellos momentos. Aún siguen presentes en la actualidad política, aunque ahora un poco más acompañados, si puede decirse así, ya que otros escándalos político-financieros, relacionados algunos con la ocultación de ingresos a través de las llamadas tarjetas black, están provocando un rosario de dimisiones políticas no solo por la corrupción manifiesta, sino además, por mentir.

Y de esto es de lo que trata este artículo, de mentiras, de cómo la mentira aparece en la historia unas veces con su acepción primera (“expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa”, según el DRAE), y otras en forma de alguno de sus sinónimos: farsa, invención, engaño, simulación, falacia, treta, argucia, fraude, subterfugio, enredo, artificio, disimulo, apariencia, bola, embuste, chisme, calumnia, difamación, exageración, burla… o, sugestivamente, cuento, fábula y novela, como puede encontrarse en algún listado de sinónimos, aunque en puridad, una ficción no sea una mentira, ya que ésta ha de resultar, necesariamente, una acción intencionada como explicó Agustín de Hipona: “El pecado del mentiroso está en su deseo intencionado de engañar… Las bromas no son mentiras” (Sobre la mentira).

Fue la radio la que resultó testigo de una de las mayores “bromas” de la historia, la retransmisión teatralizada de la novela La Guerra de los Mundos de H. G. Wells, que el 30 de octubre de 1938 realizara un joven Orson Welles (1915-1985) causando una alarma generalizada de pánico en todo Estados Unidos, pese a que se había anticipado un mensaje aclarando que se trataba de una invención (Welles tuvo que volver a explicarlo en el minuto 40:30 aproximadamente). Todo había sido una ficción, un “truco o trato” en la noche más “terrorífica” de Estados Unidos, la noche de Halloween.

Pero vamos a ver algunas mentiras más que se sucedieron a lo largo de la historia… solo algunas, porque todas es imposible contarlas.

PRENSA, PROPAGANDA Y MAINSTREAM

Se suele decir que desde el siglo XVIII la prensa ha jugado un importante papel como un “cuarto poder”, pero finalizando el siglo XIX fue una suerte de prensa sensacionalista la que originó, en la Guerra Hispano-estadounidense de 1898, el anticipo de un conflicto bélico y hasta una nueva forma de hacer periodismo, llamado con el tiempo amarillismo, que consiste en falsear o presentar exageradamente un acontecimiento como “subterfugio” para provocar una reacción, ya sea comercial, social, política o, como en este caso, militar: el 16 febrero de 1898, al día siguiente del suceso, The New York Journal, el diario del gran magnate William Randolph Hearst, publicaba en titulares la noticia del estallido del barco estadounidense USS Maine en el puerto cubano de La Habana, culpabilizando a España de haber emprendido una acción de guerra: “El Maine, partido en dos por una máquina infernal del enemigo”. Sin embargo, la nota de su enviado a Cuba, Silvester Scovel, solo informaba de la explosión, sin más datos. Nacía así el periodismo al servicio de los intereses políticos o la prensa llamada hoy mainstream, creadora propia de opinión pública.

Uno de los mayores embustes conocidos a través de una publicación en prensa fue la sonada orquestación político-novelesca de los llamados Protocolos de los Sabios de Sión, muy difundidos a principios del siglo XX en Rusia (y en toda Europa, solo en la Biblioteca del Museo Británico se conservan 43 ediciones, la primera de 1905), con la pretensión de desacreditar a los judíos y, en cierto modo, justificar los pogromos rusos.

“La política no tiene nada que ver con la moral. Un jefe de Estado que pretenda gobernar con arreglo a leyes morales, no es hábil y, por tal, no está bien afianzado en su asiento. Todo el que quiera gobernar debe recurrir al engaño y a la hipocresía.” (Protocolo I)

Los Protocolos explicaban una elaboradísima trama conspiratoria sionista para hacerse con el control político mundial (empezando por la masonería y el comunismo y después manipulando la economía, controlando los medios de comunicación y fomentando los conflictos religiosos), una idea que ha continuado circulando durante mucho tiempo y que incluso a día de hoy puede rastrearse por Internet. En el año 2010 Umberto Eco reescribió la historia de los Protocolos, y de paso buena parte de la historia europea de la segunda mitad del siglo XIX, en su novela El Cementerio de Praga, donde el protagonista, el capitán Simonini (acuciado por una doble personalidad) se confiesa espía y autor de los documentos.

El texto de los Protocolos, del que no se conoce su origen exacto, aparece publicado por primera vez en 1903 en el diario ruso Znamya (‘bandera’), pero el que se difunde profusamente a partir de la Revolución Rusa de 1917 es el de la tercera edición de 1905, publicada en Rusia por Sergei Nilus (1862-1929), escritor, religioso, místico y, según él mismo, agente secreto de la Ojrana, la policía secreta rusa.

Poco después, en 1921, se publican en Nueva York una serie de artículos periodísticos sensacionalistas sobre los Protocolos cuya autora era la princesa Catherine Radziwiłł (1858-1941), la condesa polaca Ekaterina Adamovna Rzewuska, casada con el príncipe Wilhelm Radziwiłł a los 15 años, tenida por instigadora y chismosa en su tiempo y a la que se le conocen varios libros escritos con pseudónimo (el más conocido es el de Paul Vasili, nombre con el que escribió, por ejemplo, La Société de Madrid. 1886). Fue condenada y enviada a prisión en alguna ocasión por fraude y falsificación y el escritor francés André Maurois dijo de ella que era una “mitómana” y que toda su vida era un engaño y una mentira.

Pues bien, en esos artículos Radziwiłł describe cómo, entre los años 1904 y 1905, un agente de la Ojrana (según su versión era el periodista de Le Figaro Matvei Golovinski), le entrega en su apartamento de los Campos Elíseos de París unos documentos en francés, los Protocolos, siguiendo órdenes de Piotr Rachkovski, jefe del servicio secreto ruso, de la Ojrana. Pero toda la historia quedó desacreditada cuando se descubrió la mentira de Radziwiłł, ya que los documentos no eran originales, Rachkovski en esas fechas no estaba ya en París y, por supuesto, ella no poseía un apartamento en los Campos Elíseos.

Los Protocolos son una elaborada falsificación, una mentira antisionista con muchas ramificaciones, que según el Museo del Memorial del Holocausto ha sido varias veces condenada: en 1935 un tribunal suizo declaró que los Protocolos eran “difamatorios” y “falsificaciones obvias”; en 1964 el Senado de Estados Unidos emitió un informe en el que se dice de los Protocolos que estaban “fabricados” y eran un “galimatías”; en 1993 un tribunal ruso condenaba a los difusores de una nueva edición de los Protocolos por propagar el “antisemitismo”. Pues bien, aun así, es una de las publicaciones más difundidas en todo el mundo.

Para cuando los Protocolos llegan a Estados Unidos, hacia 1928, algunos magnates, como Henry Ford (1863-1947), los tomaron, si no como auténticos, sí como reflejo de una realidad posible.

Los Protocolos de los Sabios de Sión fueron también uno de los pasquines utilizados por la propaganda intencionadamente antisemita del nazismo alemán para justificar su ideología y amparar el Holocausto judío. A Joseph Goebbels se debe la famosa frase una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, tantas veces parafraseada hoy en sentido contrario. La propaganda de los regímenes dictatoriales europeos del siglo XX, tanto de los fascismos como del régimen estalinista, puede encuadrarse también en una suerte de “exageración”, de política intencionadamente difamatoria, con el fin de subyugar a la opinión pública y promocionar la ideología dominante. Es doblemente dolosa si tenemos en cuenta que son campañas realizadas en tiempos en los que la censura y la represión impedían una contrastación efectiva de las mentiras.

Una forma de “engañar” y mentir a la opinión pública y, en cierto sentido, a la historia, también puede ser la falsificación de documentos gráficos como las fotografías. No es una exclusividad de nuestra era digital, sino que ha venido siendo una práctica habitual casi desde su mismo nacimiento. Como casos de semejantes montajes hay muchísimos, señalaremos solamente que no siempre se han manipulado para “eliminar” una presencia políticamente incómoda (como hizo Mussolini con el mozo que sujeta su caballo, para ofrecer una imagen más “marcial”; o Lenin con Trotsky de 1917 a 1926, o Stalin con este deportado y ajusticiado político), también se han utilizado para “retocar” carteles inapropiados (en la Rusia bolchevique “Abajo la Monarquía” decora una bandera anodina y un cartel que rezaba “Relojes. Oro. Plata”, se sustituye por un mensaje más adecuado: “en la lucha tendrás tu derecho”), o para “añadir” ausencias significativas, como la del general Francis Preston Blair Jr. en una fotografía junto al General William Tecumseh Sherman y su Estado Mayor de la Unión, tomada entre 1862 y 1865 por el equipo del famoso documentalista de la Guerra Civil estadounidense Mathew B. Brady (1822-1896).

O para cubrir las ausencias de parte de la familia real española en una felicitación navideña. Porque la política reciente también ha hecho uso de este “montaje” de forma más que habitual. Por ejemplo en el año 2004, en Estados Unidos, al entonces candidato demócrata a la presidencia y actual secretario de Estado, John Kerry, le “fabricaron” un pasado de lucha apasionada por los derechos civiles trucando una fotografía en la que aparecía junto a una activista Jane Fonda. Y en 2011, durante la operación secreta de las fuerzas especiales norteamericanas que acabó con la captura y muerte del terrorista Osama bin Laden, el presidente Barack Obama y sus colaboradores más inmediatos siguieron todos los acontecimientos desde una sala de la Casa Blanca, escena que todos los periódicos del mundo pudieron contemplar al día siguiente. Todos menos uno. Hubo un diario ortodoxo judío que borró digitalmente de la escena a las mujeres presentes en la reunión: Hillary Clinton y Audrey Tomason.

El caso es que muchas veces una imagen sí que necesita de mil palabras para no mentir.

MENTIRA VERSUS POLÍTICA

Ya desde la Antigüedad clásica, la política y el poder, encontraron en la mentira una “herramienta necesaria y justificable” −decía Hannah Arendt (Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política, 1954)− para encumbrarse, mantenerse y perpetuarse en los puestos dirigentes de la nación. La mentira, amparada en ocasiones en la maquiavélica “razón de Estado” como fin que justifica los medios, hace que la autora alemana se cuestione hasta dónde esta utilización del “falso testimonio”, puede llegar a resultar dañina no solo para la credibilidad del político, sino también para “la naturaleza y dignidad del campo político, de la verdad y la veracidad”. En definitiva, el peligro de que la banalidad de la mentira acabe por hacerla tan habitual que resulte aceptable. En su estudio Eichmann en Jerusalén, Arendt busca la evidencia de un falso testimonio, un delito de perjurio más allá del eficaz comportamiento del burócrata que cumple órdenes superiores.

Pero cuando quien falta a la verdad es el primer mandatario de un país, esta justificación no sirve. Políticos que fueron manifiestamente “cazados” en una mentira pueden ser muchos, pero nos centraremos en dos buenos ejemplos de presidentes estadounidenses: Richard Nixon, el único presidente en la historia de Estados Unidos que se vio obligado a dimitir de su cargo, el día 9 de agosto de 1974, tras la investigación de dos periodistas que sacaron a la luz toda una trama de obstrucción a la justicia y escuchas fraudulentas, bautizada como caso Wartergate; y el presidente Bill Clinton, por cuyo affaire sentimental con una becaria de la Casa Blanca de nombre Monica Lewinsky en enero de 1998 (asunto que saltó a la opinión pública desde la red de Internet), fue acusado por el fiscal Kenneth Starr de perjurio, además de otros cargos −hasta once−, entre los que se encontraba el de coacción de testigos por haber obligado a mentir a aquélla en otra causa. Aunque no llegó a dimitir por el escándalo y nunca admitió que cometiese perjurio, sí que tuvo que reconocer que había mantenido algún tipo de relación sexual con la becaria. Un año más tarde salió absuelto de todos los cargos.

Y aún está por determinar por la comunidad internacional, pero podríamos mencionar hasta a un tercer presidente estadounidense, George W. Bush, quien hizo creer a todo el mundo que, el otrora aliado norteamericano, el presidente iraquí Saddam Hussein, ocultaba armas de destrucción masiva en su país (violando la Resolución 687 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de 1991) capaces de provocar una masacre terrorista internacional. Con este, digamos, bullshitting (una aseveración sin saber a ciencia cierta su veracidad y sin que le importe al interlocutor que lo sea, según el filósofo Harry Frankfurt), el “Trío de las Azores” (Bush y los jefes de Gobierno europeos, José María Aznar y Tony Blair) emprendió la que quizá fue la más estrepitosa y mediática de las guerras modernas, la Guerra de Irak (2003-2011).

También en España, y en cierto sentido a consecuencia de este asunto, conocimos un sangrante caso de bullshitting cuando el Gobierno Aznar, con su ministro del Interior, Ángel Acebes a la cabeza, afirmó por todos los medios a su alcance la autoría etarra de los atentados que la organización terrorista Al-Qaeda perpetró en Madrid el 11 de marzo de 2004 en la Estación de Atocha.

ESPIANDO, QUE ES GERUNDIO

Pero a veces “no decir la verdad” no tiene por qué ser una mentira. Otra herramienta política, el espionaje, se basa en mantener la ilusión de un artificio, un doble juego, la falsedad de una lealtad hacia un bando que en realidad está sirviendo al contrario. Ejemplos de espías en la Historia hay muchos, y es uno de los más famosos, quizás, el del francés Alfred Dreyfus (1859-1935), un posible caso de espionaje, antisemitismo y mentiras a partes iguales.

Muchas mujeres participaron en contiendas y guerras utilizando el “ardid” de un fingido cambio de sexo para poder luchar como hombres. Fue el caso, por ejemplo, de Catalina de Erauso y Pérez Galarraga (1585?-1650), la “monja alférez” española, pero la lista podría ser enorme. Muchas fueron también las mujeres que mantuvieron una ficción actuando de espías, como la famosa holandesa Mata-Hari (1876-1917), o las mujeres españolas que, durante la Guerra de la Independencia, espiaron al francés con una fingida relación amorosa.

En una ocasión, en 1812, en la población vallisoletana de Tordesillas, una mujer, de nombre Ángela Villagarcía, realiza un servicio de espionaje, pero con una “artimaña” con la que “supo servir a un tiempo a su sangre y a su patria”, pues con ella, además del servicio a la independencia, pudo liberar a un hermano suyo, de nombre Antonio, presbítero de Torrecilla de la Abadesa, preso y condenado a muerte por el ejército francés. Ángela se dirigió al mariscal Auguste Marmont, que estaba en esos momentos atrincherado en la línea derecha del Duero (en el vado de Pollos), ofreciéndose llegar hasta las líneas inglesas (en la orilla opuesta), averiguar su composición y volver con la información, a cambio de la libertad de su hermano. Pero en lugar de eso, le reveló a Arthur Wellesley, capitán del ejército anglo-español (), todo lo hablado con el francés y, de paso, la posición de sus tropas. Poniéndose de acuerdo con el futuro primer duque de Wellintong, Ángela “regresa a Tordesillas, presenta el fruto de su espionaje, y obtiene la libertad de su hermano” (Eleuterio Fernández TorresHistoria de Tordesillas, 1905).

ATRÁPAME SI PUEDES

Alguien que procura engañar” o gentes “trapaceras”, son algunas de las acepciones que pueden encontrarse en el DRAE respecto a los gitanos, pero para hablar de auténticos trapaceros y mentirosos, vamos a recurrir, de nuevo, a Agustín de Hipona:

Miente el que tiene una cosa en la mente y expresa otra distinta con palabras u otros signos” (Sobre la mentira, Cap. II). De estos personajes la historia nos proporciona muchos nombres, tanto de hombres como de mujeres, que quisieron hacer de la mentira virtud, fortuna y fama… y terminaron por salir “escaldados”.

Desde Richard Adams Locke, quien, intentando hacer una fallida crítica social, publica como real la historia de unos habitantes alados-humanoides de la luna en el periódico The Sun en 1844… a Victor Lustig, que debe su fama a que, en 1925 y hasta en dos ocasiones, consiguió vender la Torre Eiffel… pasando por Konrad Kujau, quien en 1983 consiguió “colar” al periódico alemán Stern una serie de falsificaciones haciéndolas pasar por “los diarios secretos de Hitler” y por las que obtuvo una bonita suma de millones, además de una condena de 42 de meses de prisión.

También hay mentirosos, estafadores y desfalcadores profesionales, cuyas vidas fueron incluso recreadas en filmes. El más conocido es, seguramente, Frank Abagnale Jr., famoso gracias a la película de Steven Spielberg, Atrápame si puedes (2002) protagonizada por Leonardo DiCaprio y Tom Hanks. Pero también tienen películas sobre su vida, Ferdinand Waldo Demara (1921-1982), uno de los mayores embaucadores de estados Unidos; Nick Leeson (nacido en 1967), quien provocó la quiebra de la inglesa Banca Barinas (donde hasta la reina de Inglaterra tenía cuenta); o Frédéric Bourdin (nacido en 1974), habitual estafador y suplantador de identidades de jóvenes desaparecidos en los años 90 y que cuenta con un polémico documental británico sobre su vida titulado The Impostor (2012, Bart Layton).

Todos ellos acabaron por descubrir que al final, tanto en el cine como en la realidad, y si no que se lo pregunten a Jenaro García, el flamante fundador de Let’s Gowex (la Compañía española de Internet y comunicaciones, acusada de falsedad documental y contable), los mentirosos y falsificadores sí que pueden ser atrapados.

¿NUNCA ES LÍCITO NI PROVECHOSO MENTIR?

Lejos de escarmentar, la mentira, el fraude, el engaño y la suplantación han campado por nuestra historia sin que ningún pinocho de Collodi nos haya avisado nunca de su falta hasta que no ha sido ya demasiado tarde. Eso debieron pensar los troyanos de La Ilíada cuando vieron salir del famoso Caballo de Troya a los enfurecidos griegos y campar a sus anchas por la inexpugnable ciudad gracias a la “treta” de Odiseo.

E igualmente engañado se debió sentir el gobernador de Cuba Diego Velázquez, cuando Hernán Cortés (que además era su “concuñado”), merced a una hábil estratagema político-administrativa, funda en julio de 1519 la ciudad de la Villa Rica de la Vera Cruz, con la que compuso un Cabildo adicto que lo proclamó gobernador y capitán general de las tierras descubiertas, y con esa acreditación y “artimaña” se le adelantó en la campaña de conquista de la ciudad azteca de Tenochtitlán. Pues si hay que mentir, mejor que la recompensa resulte tan provechosa como a Enrique IV de Francia: “París bien vale una misa”.

Desde la exégesis religiosa, se ha intentado verificar si una mentira puede o no ser provechosa en según qué ocasiones. Para empezar, ni el Corán(“Luego roguemos seriamente que la maldición de Allah caiga sobre los mentirosos”, Corán 3:61), ni la Biblia (“No dirás contra tu prójimo falso testimonio”,  Éxodo 20:1-7 y Deuteronomio 5:6-21) consideran aceptable la mentira. Pero en la Sunna se aceptan excepciones (“primero para conciliar entre la gente; segundo, en la guerra; tercero, entre los esposos”, en este último caso no se refiere al adulterio, sino a elogios falsos o exagerados) y en la Biblia se anuncia su presencia habitualmente (por ejemplo en Mateo 24:11, “Muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos”, pero hay más) constatando que la mentira coexiste con la verdad divina y que también imperan “escalas”.

San Agustín estableció hasta ocho tipos de mentiras, algunas de ellas excusables, y Santo Tomás de Aquino, tres: la útil, la humorística y la maliciosa, donde todas son pecado, y el peor de todos es la calumnia.

El relato bíblico de la Pasión refiere el “engaño” y traición de Judas, así como la triple negación de Pedro incurriendo en falsedad de testimonio; y San Agustín, que nos recuerda episodios bíblicos como la mentira de Jacob al decir que era su hermano Esaú, afirma que “se debería confesar que, en ocasiones, la mentira no solo no es digna de reprensión, sino que incluso podría ser digna de alabanza” (Sobre la mentira).

Con esta ideología cristiana no es extraño que durante siglos la Curia Vaticana pudiera mantener como verdad incuestionable el documento apócrifo conocido como Donatio Constantini, el documento según el cual el emperador Constantino I donó al papa Silvestre I la ciudad de Roma, las provincias de Italia, y de paso todo el Imperio romano de Occidente, es decir, que todo el mundo conocido pasaba a ser “patrimonio de San Pedro” y, por lo tanto, el Papa se otorgaba para sí la jefatura universal del orbe cristiano. Es más, la Donatio le vino muy bien al Vaticano como acreditado argumento político en las disputas territoriales con el Sacro Imperio Romano Germánico acerca de los llamados Estados Pontificios. Esta falsa atribución no fue desvelada hasta que en 1440 el humanista Lorenzo Valla, aplicando un método lingüístico de estudio, descubre la utilización de términos medievales y, en consecuencia, la falsedad de un documento atribuido al siglo IV. El Vaticano nunca ha reconocido un fraude documental.

Sin embargo, la Iglesia católica se especializó en la averiguación de la verdad entre los conversos para luchar contra la herejía (considerada una “falacia” contra la doctrina católica “verdadera” y el mayor de los pecados del cristianismo) estableciendo Pruebas de Verdad (ad eruendam veritatem) desde un organismo creado ad hoc, la Santa Inquisición, que podía incluso utilizar el tormento como medio de prueba.

Llegar a establecer quien dice la verdad o quién miente o actúa “pensando” en mentir o no, es una tarea ardua que ha preocupado a todos las culturas desde la Antigüedad. Ya lo decía Heródoto: “me veo en el deber de referir lo que se me cuenta, pero no a creérmelo todo a rajatabla” (Historias, VII, 151, 3).

Pablo de Tarso (San Pablo) encontró en Epiménides (poeta y filósofo del siglo VI a. C.) una “paradójica” explicación sobre la proliferación de mentirosos entre los no cristianos cuando escribió su Carta a Tito, que se encontraba en Creta: “todos los cretenses son mentirosos” (Tito, 1:12). Lo paradójico es que Epiménides era cretense, con lo que tal explicación se complica, y necesitamos otra solución.

El rey Salomón patentó una forma poco convencional de desenmascarar a la mujer mentirosa que reclamaba el hijo que no era suyo (Libro I de los Reyes 3:16-18). Pero ni siquiera este juicio salomónico nos serviría hoy para dirimir, por ejemplo, si un anciano preferentista fue engañado por un banco usurero, o si por el contrario miente el cliente al afirmar que no conocía el alto riesgo de tal producto financiero. Y en esas estamos.

AlmaLeonor.

1,2,3,4… AMÉRICA

1,2,3,4… AMÉRICA

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El pasado día 17 de febrero se celebraron en la Facultad de Filosofía y Letras de Valladolid, la III Jornada Académica de Investigadores Latinoamericanos, en la que participé gracias a la invitación del recién investido Doctor en Historia, Jose Julián Soto Lara, compañero mío en el Máster Europa y el Mundo Atlántico y a quien agradezco enormemente la oportunidad que me brindó de poder estar en esa mesa a la que se le dio el título de HISTORIA DE DOS MUNDOS.

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Todas estas ponencias fueron grabadas en vídeo y se pueden ver en el canal youtube del colectivo, al que puede accederse aquí. La Mesa HISTORIA DE DOS MUNDOS, puede verse y escucharse pinchando en la imagen siguiente, y también aquí. Mi intervención comienza a partir del minuto 47:45, aunque recomiendo vivamente escuchar el resto de conferencias, todas ellas con una temática diferente y muy interesantes. En todo caso, el texto de lo expuesto en esa charla, puede leerse a continuación.

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1,2,3,4… AMÉRICA

Primero quería dar las gracias por acogerme en esta III Jornada Académica de Investigadores Latinoamericanos, no siendo yo ni americana ni investigadora de la historia del continente, aunque como si me considero latina e historiadora, de nuevo ¡Muchas Gracias!

Como se ha dicho, yo he trabajado en el siglo XIX español y más concretamente en la visibilidad de la mujer en esa sociedad burguesa que se afianza precisamente en este siglo, aunque a lo largo de mi trabajo me he encontrado con algunos temas que me hubiese gustado ampliar con una  investigación en la historia americana. Por ejemplo, el empuje de las mujeres que participaron en los procesos emancipadores americanos, o la valentía de las mujeres que forman sociedades masonas en la segunda mitad del siglo XIX en todo el subcontinente.

Pero aun no siendo especialista en la historia americana, si he tocado ciertos aspectos en algunos trabajos y artículos, y de eso tratará esta ponencia, de la exposición de algunos hechos de la historia americana que alguna vez he tratado en mis artículos.

Bien… como historiadores, siempre anticipamos si nuestra investigación histórica va a estar vertebrada con un orden cronológico, geográfico, biográfico o transversal, y esa suele ser la misma fórmula que empleamos como divulgadores para visibilizar nuestro trabajo. Pero a mí, que llegué a Historia desde la diplomatura de Educación Social, me gusta decir que utilizo una fórmula de “causalidad” para escribir mis artículos, es decir, que partiendo de un elemento cualquiera, común, saltar hacia relatos históricos, hacia la narración de hechos históricos. Por ejemplo desde los números.

Y para esta ocasión, he pensado que sería una buena idea hablarles a ustedes de historia desde esta óptica de causalidad numérica. Lo que vamos a hacer es un recorrido, del 1 al 4, por algún aspecto de la historia americana.

 

EMPEZANDO POR EL UNO…

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…tengo que decir que mi primera aproximación a la historia y cultura de las comunidades precolombinas fue con los Aymara. Fue una aproximación más que interesante, que cambió para siempre mi forma de entender la historia. Con los Aymara aprendí la importancia de la lengua y el lenguaje para el relato histórico. Y llegué a hacer mío ese axioma que dice que la lengua condiciona nuestra visión del mundo. Porque no podemos conocer aquello que no sabemos expresar. O al menos nos costaría muchísimo hacerlo.

También resultó una enseñanza enriquecedora la óptica desde la que se sitúa la concepción del mundo para los Aymara. Con aquel trabajo que realizamos un grupo de estudiantes de Educación Social, aprendimos que para ellos el pasado está delante de nuestros ojos porque es aquello que podemos ver, y que el futuro está detrás de nosotros porque es aquello que no podemos atisbar, que nos está oculto. Desde nuestra cultura occidental aprendemos justo lo contrario, que el pasado está detrás de nosotros porque es de dónde venimos y el futuro está delante porque es lo que tenemos que construir.

Conjugar esas dos visiones casi antagónicas del sentido de la vida tuvo que ser muy difícil para los primeros encuentros poscolombinos, pero hoy podemos extraer una enseñanza, que hay distintas fórmulas con las que abordar el relato de los hechos del pasado, de la historia. Situarnos en diferentes perspectivas en nuestro trabajo como historiadores puede ayudarnos a arrojar más luz sobre esos hechos históricos sobre los que investigamos.

Siempre recuerdo a los Aymara cuando me enfrento al reto de escribir un artículo histórico, o como en esta ocasión, hablar de historia.

 

EL NÚMERO DOS…

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…nos anuncia un error nominativo. Y es que tanto América, como el nombre con el que esas tierras empezaron siendo llamadas, Las Indias, son nombres, digamos “erróneos”, que no responden completamente a la realidad. Esto que les voy a contar formó parte de una intervención mía sobre los nombres de los continentes, en un programa de radio llamado Tempus Fugit que realizan unos amigos míos en una emisora de Almería, y en el que colaboré durante una temporada hablando de historia.

Cristobal Colon, aunque equivocadamente, pensaba que había llegado a Las Indias, la tierra que buscaba. Decía el Almirante que eran “unas tierras pegadas a Asia”, el oriente del mundo conocido, encontradas navegando hacia el occidente. Y así, En España, durante los siglos XV y XVI se utilizó el nombre de “Las Indias Occidentales”, o Las Indias, para referirse a todas las tierras descubiertas desde 1492. En el siglo XVIII se empieza a utilizar tímidamente el nombre de “América”, pero el órgano administrativo del que dependía todo lo relacionado con ella, el Consejo de Indias, siguió utilizando esta denominación hasta su desaparición en 1834.

El resto de naciones europeas utilizaban habitualmente el nombre de Nuevo Mundo, o como por ejemplo, Tierra de Brasil, una denominación muy corriente entre los portugueses, entre otras cosas, por Américo Vespucio, un navegante florentino al servicio de los Médicis que más tarde sirvió a la corona portuguesa para quien navegó bordeando Brasil. Y son estos viajes portugueses de Américo Vespucio los que le acabarían dando una idea de las enormes proporciones de las tierras descubiertas, un “Mundus Novus”, de proporciones que él consideraba continentales.

En 1502, a la vuelta de uno de sus viajes, Américo Vespucio escribió un texto en el que, entre otras cosas, decía: “Al sur de la línea equinoccial, en donde los antiguos declararon que no había Continente, sino un solo mar llamado Atlántico… yo he encontrado países más templados y amenos, de mayor población que cuantos conocemos. Es la Cuarta Parte de la Tierra”. Recordemos que hasta el momento se conocían o se nombraban tres continentes, Europa, Asia y África.

Es así como en 1507 en Lorena, Martin Waldseemüller,  edita la colección de mapas de Ptolomeo y en el de América estampa ese nombre, por cierto, en la parte sur del continente. En el prólogo, Mathias Ringmann explica que ese nombre es honor a la “mente preclara de Américo Vespucio”, y aclara que feminiza el nombre porque femeninos son el resto de continentes.

Mientras esto sucedía, decía Francisco Morales Padrón, uno de los especialistas más reputados sobre el Descubrimiento de América: “Américo Vespucio, en Sevilla, permanecía completamente ajeno a lo sucedido, igual que Colon permaneció ajeno al conocimiento de un nuevo continente”.  Dos personajes ajenos a su logro; dos nombres ajenos a la realidad del nuevo continente.

 

EL NÚMERO TRES…

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… fue uno con los que trabajé en los artículos de Anatomía de la Historia, donde colaboro de vez en cuando con el pseudónimo de Alma Leonor López. Fueron dos, y en ellos hablaba de las Troikas (las soviéticas y las más recientes y económicas de la UE) y de los Triunviratos, los dos romanos y los Triunviratos americanos, Triunviratos que tuvieron su importancia en la historia de las emancipaciones americanas del siglo XIX y aún después.

Por ejemplo, en Argentina (Provincias Unidas del Río de la Plata), en 1811, una Junta Conservadora revierte los avances emancipadores de la Junta Grande y nombra un Triunvirato gubernativo que tiene su continuación en un segundo Triunvirato que durará hasta 1814.

Por ejemplo, en las Provincias Unidas del Centro de América se nombró igualmente un gobierno triunviro, pero con un carácter completamente contrario, fue en 1823 y a raíz de su proclamación de independencia. El Triunvirato fue nombrado por tanto por una Asamblea Nacional Constituyente. Aún hubo un segundo Triunvirato hasta 1825.

Por ejemplo, en México, un Triunvirato ejecutivo (entre 1823 y 1824) fue designado por el Congreso restituido tras la abdicación como emperador de Agustín de Iturbide, con el triunfo de la Revolución de Casa Mata (1822-1823) y la proclamación de la República. La Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, aprobada en octubre de 1824, otorgaba la presidencia de la República a Guadalupe Victoria y puso fin al Triunvirato.

Por ejemplo, el caso de Uruguay, que fue algo más tardío, enmarcado en las disputas por el control del gobierno que mantenían el partido “blanco” y el “colorado”, y que desembocaron en la llamada Guerra Grande (1839-1851). Tras la paz de octubre de 1851 sobrevinieron unos años de convulsiones que impidieron la consolidación de un gobierno constitucional. En septiembre de 1853 se acordó la formación de un Triunvirato gubernamental en el que Venancio Flores acabó gobernando en solitario dada la muerte de sus dos correligionarios en el plazo de pocos meses. En 1854 fue nombrado presidente constitucional y se dio por finalizado el Triunvirato.

Nos vamos ahora a la República Dominicana donde en la segunda mitad del siglo XX, el 25 de septiembre de 1963, toma las riendas del Estado un grupo de militares que nombran una Junta Superior de Gobierno, militar y apoyada por la oligarquía y las élites dominicanas, que es la que instala un gobierno civil ejecutivo en forma de Triunvirato. Este golpe militar derrocó el gobierno constitucional que se había formado en febrero de ese mismo año con Juan Bosch, y que a su vez, había puesto fin a los 31 años de dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.

Este Primer Triunvirato, presidido por Emilio de los Santos (1903-1986), tuvo que ser renovado constantemente por las revueltas populares, sobre todo por la acción del movimiento político 14 de Junio, que se rebela en armas, provocando la dimisión del presidente tras el fusilamiento de su líder Manuel Távarez Justo. Donald Reid Cabral es quien dirigirá los tres Triunviratos siguientes, hasta ser derrocado por la Revolución de abril de 1965.

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Para terminar quiero que nos quedemos en este país, la República Dominicana, y volvamos a los orígenes de esta charla, a mi objeto de estudio, a la mujer. Para cerrar esta intervención me gustaría recordar un artículo de mi blog, HELICON, en el que contaba la historia de tres mujeres dominicanas cuyo ejemplo y sacrificio se recuerda cada 25 de noviembre en el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”.

Me estoy refiriendo a Patria, Minerva y María Teresa Mirabal Reyes, activistas políticas asesinadas en la República Dominicana a manos de la policía secreta del dictador Rafael Trujillo el 25 de noviembre de 1960. Tenían entre 26 y 36 años y en las ocasiones en las que fueron encarceladas, sufrieron vejaciones, violaciones y torturas sistemáticas. Las tres hermanas, llamadas “las mariposas” pertenecían a la “Agrupación política 14 de junio”, opositora a Trujillo, que ya hemos mencionado antes.

Bien, pues en 1981, en Bogotá (Colombia) se celebró el “Primer encuentro feminista para América Latina y el Caribe”, con asistencia de más de 200 feministas latinoamericanas. Es en este foro donde se denuncia la violación sistemática de los derechos de la mujer latina, incluyendo, como novedad hasta el momento, cuando no se contemplaba como tal, la violencia de Estado hacia la mujer.

Fue aquí cuando se propone recordar esta lucha el día 25 de noviembre como homenaje a las hermanas Mirabal. La propuesta, que fue aceptada por la ONU no fue oficializada hasta mucho más tarde, el 17 de diciembre de 1999 (resolución 54/134). Y se celebra así desde entonces, en España visibilizando el evento a través del color violeta.

No es el único color. Se ha utilizado el color blanco en alguna ocasión y en el año 2014, por ejemplo, el lema de la ONU para la campaña que llamó “16 días de activismo contra la violencia de género”, celebrada entre el 25 de noviembre y el 10 de diciembre (Día de los Derechos Humanos), llevó como emblema el color naranja. Y, no quiero dejar de mencionarlo, recientemente la visibilización de la lucha de la mujer por el reconocimiento igualitario entre los sexos y los derechos de las mujeres, y contra las formas machistas y burlescas del presidente Trump, ha tenido, como todos sabrán una visibilización en color rosa, el de los pussyhats (gorros rosas con orejas de gato) que llevaron las mujeres de la marcha de las mujeres Washington y en buena parte del mundo el pasado 21 de enero, y de la que también realicé un artículo para Anatomía de la Historia.

 

¿Y DÓNDE ESTÁ EN ESTA HISTORIA EL NÚMERO 4 …

…se estarán preguntando? Pues con las mismas hermanas Mirabal, porque la más pequeña de ellas, Bélgica Adela Mirabal, llamada Dedé, que no participaba de su activismo político y sobrevivió a la persecución, dedicó su vida a recordar la memoria de sus hermanas hasta su fallecimiento el 1 de febrero del 2014.

Casi sin haberlo previsto, hemos realizado un recorrido geográfico por distintos países de Centro y Sudámerica, casi biográfico, desde luego transversal y también cronológico. Empezamos hablando de los Aymara, un pueblo precolombino, luego pasamos al momento del descubrimiento y los nombres dados a las tierras descubiertas en los siglos XV y XVI, saltamos a los siglos XIX y XX con los Triunviratos gubernativos formados durante y después de las emancipaciones americanas y finalmente llegamos al tiempo actual con el recuerdo de las Hermanas Mirabal y la lucha feminista.

Muchas Gracias a todos.

PARA ESTO ES PARA LO QUE SIRVE LA HISTORIA

PARA ESTO ES PARA LO QUE SIRVE LA HISTORIA

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Artículo de  en Anatomía de la Historia del 15 febrero 2017

No me interesa mucho el pasado y, si quieren saberlo, es la obsesión de este país por la historia lo que, en parte, nos ha metido donde estamos ahora: en la mierda. No puedes entrar en un bar sin que algún caraculo te de la paliza hablando sobre las fronteras de antes de 1918, o remontándose hasta Bismarck, cuando corrimos a patadas a los franceses. Son heridas viejas y no sirve de nada hurgar en ellas.”

Bernie Gunther, personaje alemán de Philip Kerr, en 1936

La Historia es una disciplina que aquí escribo en mayúscula (H-i-s-t-o-r-i-a) para distinguirla de lo que esa disciplina estudia, que es la h-i-s-t-o-r-i-a, esto es, el conjunto de hechos, de acontecimientos, que los historiadores narran tras analizarlos constituyendo con ese discurso suyo escrito lo que es la propia historia, a la que acuden, a la que llegan, por medio o a través de las herramientas de la Historia, que es su oficio, eso de lo que hemos dicho que es una disciplina. Qué lío, sí. Pasado versus oficio. Lo ocurrido versus disciplina. historia versus Historia. Sigo.

La objetividad no es inherente al oficio del historiador, una profesión cuyo ejercicio no carece de intenciones, ni está exenta de partir de una serie de presupuestos sociales y políticos: que conste ya. Si revisamos el pasado es para desprender a la historia de su parte inexcusable de leyenda por medio de la Historia, un ámbito donde y con el que debatir sobre asuntos en absoluto banales.

Los historiadores presenciamos un espectáculo que luego explicamos por medio de una narración, pues no en vano le devolvemos al lector de nuestros libros algo muy parecido al guion de una película que hemos visto con mucha atención.

Nuestra disciplina ha aprendido a enfrentarse al pasado y nosotros, los historiadores, a no temer salir en ocasiones derrotados en ese combate contra un mundo que en realidad no existe; y ello desde la honestidad del profesional que trata de que sus propios intereses no estropeen la realidad que ha de mostrar a su público, a la sociedad civil, no sólo a la comunidad lectora.

En buena parte del siglo XX prevaleció aquella idea historiográfica que quería ver un plan en la historia y reconocía un conjunto de leyes que en ella se dan y que han de ser descubiertas y dadas a conocer por los historiadores. Si Arnold Toynbee y Oswald Spengler mostraron un camino, no hemos sido capaces los historiadores de dar con semejante plan ni encontrar ley alguna. No hemos visto la Historia. Si acaso, nos hemos conformado con atender “las múltiples formas que adopta todo lo que ha dejado de ser”, como ha dejado dicho el historiador colombiano Luis Felipe Valencia Tamayo recientemente.

Y ahora es cuando creo que hay que plantear, cuanto antes mejor, una de las grandes preguntas a este respecto: ¿es la Historia una ciencia? En esa manera suya de analizar y explicar y contar el pasado, esto es, el cambio y la permanencia, la Historia, como ya dije cuando esta revista debutaba en mayo de 2011, es más bien un género narrativo que, a diferencia de la ficción, persigue objetivos científicos.

Los historiadores sólo revisamos el pasado en tanto que revisamos lo que otros han hecho cuando han revisitado ese mismo pasado. De tal manera que la Historia sería “el pasado recordado”, como escribiera el historiador estadounidense de origen húngaro, John Lukacs, experto en la Segunda Guerra Mundial y su correlato, la Guerra Fría.

Jose Luis Ibáñez Salas.

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