¡OJO CON ELLAS!

¡OJO CON ELLAS!

Imagen: Bev Howe


Andan por ahí, con su atrevido miedo, portando sus cuarenta y tantos, lindas, leídas, viajadas, sensibles.
¡Ojo con ellas!
Vienen de cerrar una puerta con decisión, pero sin olvido. Amaron, construyeron, parieron, cumplieron. Amaron a su hombre, dieron alas a sus crías y ahora, desentumecieron las suyas: ¡ahí estaban!: intactas, brillantes,soberbias, majestuosas, listas para el vuelo: no ya las de un hornero, sí las de una gaviota, soberana y curiosa.
¡Ojo con ellas!
Saben de la vida y de tu hambre porque con su cuerpo han sabido saciarlas. Expertas en estupidez y sus matices: se reconocieron inmersas en ella hasta el estupor y soportaron mucha hasta el dolor; sabrán distinguirla, no lo dudes. Versadas en economía, la aplican en el gesto, en el andar y en su exacta sensualidad.
¡Ojo con ellas!
Ojo con sus caderas sabias: ya se estiraron y contrajeron, se estremecieron y agitaron. Saben del amor, en todos sus colores, desde el rojo resplandor al mustio gris. Sus piernas fuertes arrastran raíces todavía. Prontas a sentir, van con una vieja canción en los labios, profunda intensidad en la mirada y delicada seguridad en la sonrisa.
¡Ojo con ellas!
Pero, si esta advertencia es tardía, y descubres que ya no puedes dejar de pensar en ella, entonces, ten cuidado de ahora en adelante, no te equivoques; no lo arruines, no les envíes un mensaje de texto, mejor invítala a un café con tiempo; no recurras al email, preferirán, sin duda, un poema en servilleta. No les hagas promesas, no les vendas imagen, mejor exhibe tu autenticidad mas despojada. No caigas, por rellenar, en aturdido ruido vacuo, deja que respire un silencio en común.
¡Ojo con ellas!
Vienen de quemar las naves y cambiar comodidad indolente por riesgo vital. Avanzan por un camino incierto, pero elegido. En su cartera, fotos, un perfume y algunas lágrimas. En su mirada, una decisión…
¡Ojo con ellas!
… Tal vez, si tienes suerte, hay una en tu camino.

Jorge Eduardo Cinto.
Escritores de Tucuman Siglo XXI (Lucio Piérola Ediciones, 2008)

MUCHO MÁS ALLÁ

MUCHO MÁS ALLÁ

Imagen: Catrin WelzStein

¿ Y si nos vamos anticipando
de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza?

Y con las manos embarradas
golpeamos a las puertas del amor.
Y con la conciencia cubierta
de sucios y hermosos velos,
pedimos por Dios.
Y con las sienes restallantes
de imbécil soberbia
tomamos de la cintura a la vida
y pateamos de soslayo a la muerte.

Pues esto es lo que hacemos.
Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza.

Alejandra Pizarnik
(29 de abril de 1936 – 25 de septiembre de 1972) 

RADIO LA FIACA

RADIO LA FIACA

Aquí se puede escuchar el programa La Fiaca del pasado día 28 de septiembre en el que la encantadora Patricia Furlong habla de las Jornadas sobre el Misterio que tendrá lugar el próximo día 4 de octubre en Vitoria y me hizo una pequeña entrevista (minuto: 0:54:55) sobre mi libro LA MENTIRA Y LOS MENTIROSOS DE LA HISTORIA .
Encantada y agradecida 

AlmaLeonor_LP

 

REPUBLIQUETAS…

REPUBLIQUETAS…

Cartel de la obra teatral escrita por Francisco Civit y Francisco Yeannoteguy, sobre las Republiquetas argentinas de 1816.

Preparando un artículo que saldrá enseguida sobre Repúblicas que ya no existen, me topé con el término “Republiquetas”, y no se trataba de un término despectivo, no… bueno, no, pero si… Me explicaré.

Se denominan Republiquetas a aquellos territorios, generalmente rurales, que fueron precariamente organizados en forma de República irregular por grupos guerrilleros y sometidos a una muy escasa o nula organización política o institucional, que surgieron entre 1811 y 1825 en el marco de las independencias sudamericanas, más exactamente, en la Real Audiencia de Charcas (Alto Perú), actual Bolivia. Hoy sí que se utiliza la palabra “republiqueta” con ciertas connotaciones despectivas para referirse a formaciones guerrillero-político-revolucionarias inestables, especialmente en los países de Centroamérica y del Caribe.

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No es exactamente lo mismo que una República Bananera, pero casi. Por cierto que este término, que fue acuñado por el afamado periodista humorístico y escritor de relatos cortos O. Henry (William Sydney Porter, 1862-1910), en su libro “Cabbages and Kings” (1904), para referirse a la dictadura servil de Honduras, país al que llegó refugiándose de una acusación de malversación de fondos, se extendió rápidamente para definir a “un país que es considerado políticamente inestable, empobrecido, atrasado y corrupto, cuya economía depende de unos pocos productos de escaso valor agregado (simbolizados por las bananas), gobernado por un dictador o una junta militar (muchas veces formando gobiernos forzosos o fraudulentamente legitimados, de ahí la impresión de equiparar “república” con “dictadura”), sometido a la hegemonía de una empresa extranjera (en este caso era Guatemala el mejor ejemplo), bien sea mediante sobornos a los gobernantes o mediante el ejercicio del poder financiero.”​ Con este término se acabó calificando a buena parte de las repúblicas centro-sudamericanas desde finales del siglo XIX hasta la década de 1970 y, posteriormente, a cualquier país en cualquier parte del mundo que hiciera de la inestabilidad política, la corrupción, el soborno y los golpes de Estado, su modus operandi habitual.

Pero las Republiquetas fueron otra cosa. En los primeros veintitantos años del siglo XIX se constituyeron en América Latina varias de ellas al amparo de los sucesivos “gritos” de libertad y secesiones de independencia de los territorios hispanos en el subcontinente. De hecho, fue Bartolomé Mitre  (1821-1906), historiador y primer presidente de la Nación Argentina entre 1862 y 1868, quien dio el nombre de Republiquetas a las insurgencias del Alto Perú  (Chiquitos, Santa Cruz, Tarija, Ayoupaya, Chayanta, Mizque, Santa Cruz de la Sierra, Cintis, Pomobamba, Muñecas…) sin que tuviera ninguna connotación despectiva (Mitre, B. Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina (1887), Cap. “Las Republiquetas”).

La llamada “Guerra de las Republiquetas” engloba una serie de enfrentamientos sucedidos en el Alto Perú durante un periodo que abarca, aproximadamente, desde 1813 hasta 1825, entre campesinos e indígenas liderados por un caudillo carismático, por un lado, y tropas realistas por otro. Fueron guerras desiguales en las que los realistas acababan pronto con unas tropillas, si bien numerosas, mal armadas y, con frecuencia, desorganizadas, que esperaban una ayuda de Buenos Aires que rara vez llegaba. No obstante, los realistas sufrieron muchas bajas en esas refriegas y, muchas veces, con escaso rendimiento efectivo, pues cuando un grupo guerrillero era desmantelado, enseguida aparecía otro en la zona.

Es ésta una de las guerras más extraordinarias por su genialidad, la más trágica por sus sangrientas represalias y la más heroica por sus sacrificios oscuros y deliberados. Lo lejano y aislado del teatro en que tuvo lugar, la multiplicidad de incidentes y situaciones que se suceden en ella, fuera del círculo del horizonte histórico, la humildad de sus caudillos, de sus combatientes y de sus mártires, han ocultado por mucho tiempo su verdadera grandeza, impidiendo apreciar con perfecto conocimiento de causa, su influencia militar y su alcance político.” (Bartolome Mitre) 

Quizá la más exitosa de esas Republiquetas formadas en el Alto Perú fue la Republiqueta de Ayopaya, dirigida por José Miguel Lanza, que en 1817 dominaba un territorio de 1400 km2 organizado como una República. Hacia 1825 parece que contaba con unos 500 combatientes, que se dieron así mismos el nombre de “División de los Aguerridos”, y unos 2.000 indios. Otra de las más famosas fue la Republiqueta de La Laguna que estuvo comandada por Manuel Ascensio Padilla y su esposa, la conocida Juana Azurduy (1780-1862), dominando el norte de Chuquisaca. Llegó a contar con 200 soldados y unos 4.000 indios (en un momento puntual juntaron hasta 10.000 indios para ponerse al servicio de Manuel Belgrano). El matrimonio Padilla-Azurduy sometió a su dirección a tropillas más pequeñas instalando su cuartel general en la localidad de La Laguna (hoy llamada Padilla en su honor), pero a la muerte de Padilla el 14 de septiembre de 1816, su grupo se desmembró en varias partidas.

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Juana había organizado ella sola varios grupos de guerrilleros, como el Batallón de Leales o el Batallón de Húsares, y combatió en primera línea junto a su marido y sus hombres. Por su valor en la batalla, Belgrano le concedió el grado de teniente coronel. Con su partida desmantelada Juana se unió a la Republiqueta de Tarija liderada por Francisco Uriondo, quien llegó a contar con casi un millar de guerrilleros. Más tarde, Juana se vinculó sentimentalmente a Martín Miguel de Güemes  (1785-1821), quien combatía junto a su hermana, llamada “Macacha” Guemes (1776-1866)  en la provincia de Salta, durante la Guerra Gaucha. Pero cuando Matín muere en 1821 Juana se apartó de la lucha y quedó desamparada. Falleció el  25 de mayo de 1862 casi en la indigencia. Entre los años 2009 y 2015 tanto Bolivia como Argentina reconocieron sus servicios a la independencia de ambas naciones y fue ascendida a mariscal del Ejército de Bolivia y generala del Ejército Argentino.

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Algunas de las otras Republiquetas formadas en este tiempo fueron: la Republiqueta de Larecaja, instalada en la región del lago Titicaca del Alto Perú (actual Bolivia) como un autodenominado “Batallón Sagrado” formado por 200 regulares y 3.000 indios, al mando del sacerdote católico Ildefonso Escolástico de las Muñecas (1776-1816), quien fue ejecutado tras su derrota en la batalla de Choquellusca el  18 de octubre de 1816 y la Republiqueta desmantelada;  la Republiqueta de Santa Cruz en torno a la ciudad de Santa Cruz de la Sierra (actual Bolivia), la de mayor tamaño y duración, que estuvo comandada por el coronel Ignacio Warnes (entre 1813 y 1816) y después, y hasta 1825, por José Manuel Mercado (1782-1842), el colorao, llegando a contar con unos 1.000 regulares​ y 2.000 indígenas; la  Republiqueta de Vallegrande que actuaba en la ruta Cochabamba-Chuquisaca-Santa Cruz de la Sierra, al mando de Juan Antonio Álvarez de Arenales, quien era, además, el jefe principal de todas las Republiquetas de la zona y llegó a contar con 1.000 regulares y 3.000 indios armados con lanzas, hondas, palos y arcos, además de 13 cañones;  ​la Republiqueta de Cinti, en la ciudad del mismo nombre, que estuvo bajo las órdenes del famoso guerrillero José Vicente Camargo (1785-1816), herido y capturado en Arpaya por el coronel Centeno en abril de 1816, quien mandó su ejecución a degüello el mismo día; o la Republiqueta de Porco y Chayanta, dirigidas respectivamente por Miguel Betanzos y José Ignacio de Zárate, quienes dirigieron su tropilla de forma muy irregular y cometiendo abusos y asesinatos con sus 3.000 a 4.000 indios, con los que también conquistaron Potosí el 26 de abril de 1815, con el resultado de la muerte de Betanzos en combate.

La historia de las emancipaciones americanas es inmensa y en ella se entrecruzan acciones que tuvieron lugar en territorios que hoy son países diferentes y llevadas a cabo por personajes de muy diversa procedencia. Lo que caracterizaron a estas Republiquetas es su organización irregular y su establecimiento casi político en un territorio que tan pronto dominaban como perdían a manos de las tropas españolas. Otra de las características de estos grupos es la adhesión de muchos indios que habían estado siendo empelados como mano de obra semi-esclava en las plantaciones y minas de los adelantados españoles y criollos. Pero una vez establecido el gobierno de un territorio,  y sobre todo, una vez proclamada la independencia del territorio del Río de la Plata (futura República Argentina) hacia 1825,  también se opusieron a someterse a la voluntad del nuevo estado, lo que llevó a una historia de enfrentamientos entre indígenas y los nuevos gobiernos independientes.

Para terminar con este repaso a las Republiquetas, tenemos que hablar de otro término con el que a veces se equipara y a veces se diferencia, las “Montoneras” (no confundir con los “montoneros” peronistas del siglo XX que no tenían nada que ver con estos). Se denomina Montoneras a las formaciones civiles, pero con carácter militar irregular (de ahí el apodo: “montones” de hombres desorganizados que se agrupaban en los “montes” de un entorno rural, y que luchaban a caballo, es decir, “montados”) y frecuentemente locales, que seguían a un caudillo autonombrado y que lucharon en los procesos de las independencias americanas frente a España durante el siglo XIX. También hay quien ha querido ver en estos grupos una similitud con las guerrillas que se hicieron numerosas durante la Guerra de la Independencia española (1808-1814), aunque a decir verdad se diferenciaban en algunos aspectos, por ejemplo, en su deseo de formar tropas regulares (auxiliares) para la causa independentista, cosa que lograban a veces (y se convertían en milicias regulares rurales al servicio del gobierno provisional) y otras se alejaban de ese plan y se convertían en una especie de azote del gobierno provisional establecido actuando, por lo tanto, fuera de la ley, tanto de la provincial, como de la real española.

Otra de sus características, su organización jerárquica militar, lo era en su mayoría, porque, por ejemplo, las Montoneras de Blas Basualdo (1790-1815) que actuaban en las provincias de Entre Ríos y Corrientes entre 1813 y 1815, se distinguían, precisamente, por su indisciplina y la eventualidad de sus acciones. Sin embargo, las disciplinadas Montoneras de  Martín Miguel de Güemes, fueron muy valiosas durante la Guerra Gaucha. En Bolivia (Alto Perú) se conocen los Montoneros de Eustaquio “Moto” Méndez, un pequeño hacendado local al que le faltaba un brazo y cuya imagen se hizo muy popular después de unirse a la guerrilla de Güemes en la Batalla de Suipacha y durante la Guerra Gaucha. Organizó su propia cuadrilla alrededor de 1812 hostigando a las tropas realistas de Tarija que nunca pudieron dar la región por pacificada. También participó en la Batalla de Sipe-Sipe en 1816, pero a partir de aquí fue más eficazmente perseguido y detenido en alguna ocasión.

“Caballerías Montoneras a mediados del siglo XIX” (1973), de Carlos Morel

También se llamaron Montoneras a algunos grupos rebeldes más tardíos que operaron en otros lugares de Sudamérica, como en Perú, donde lucharon contra la ocupación chilena durante la Guerra del Pacífico (entre 1879 y 1893); o en Ecuador, donde llegaron a formar parte de las fuerzas militares del Partido Liberal de Eloy Alfaro (1842-1912) con las que pudo liderar la Revolución Liberal Ecuatoriana de 1895 y efectuar los golpes de estado que le llevaron a la presidencia del país en dos ocasiones entre 1897 y 1911; o en Venezuela, donde grupos montoneros se enfrentaban continuamente con caudillos hacendados (todos ellos habían participado de las guerras del libertador Simón Bolívar), durante toda la segunda mitad del siglo, hasta que la Revolución Liberal Restauradora de 1899 emprendida desde Colombia por Cipriano Castro  (1858-1924), termina con este estado de cosas convirtiéndose en Jefe de Estado (1899) y primer Presidente constitucional de Venezuela (1901-1908) tras su triunfo en una guerra civil en la que es de suponer que los montoneros tuvieron mucho que ver, pues acabó con el caudillismo imperante.

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Con el tiempo, y al igual que la palabra “Republiquetas”, también el término “Montonera” ha sido reutilizado con carácter peyorativo y se ha llegado a utilizar con una cierta consideración federalista provincial frente al centralismo de Buenos Aires. Hoy, cualquier país puede ser considerado una Republiqueta por otro con el que mantenga cualquier tipo de desavenencia…

AlmaLeonor_LP

POLEMISTAS

POLEMISTAS

Imagen: Carolina Himmel

Varios gauchos en la pulpería conversan sobre temas de escritura y de fonética. El santiagueño Albarracín no sabe leer ni escribir, pero supone que Cabrera ignora su analfabetismo; afirma que la palabra trara* no puede escribirse. Crisanto Cabrera, también analfabeto, sostiene que todo lo que se habla puede ser escrito.

-Pago la copa para todos -le dice el santiagueño- si escribe trara.

-Se la juego -contesta Cabrera; saca el cuchillo y con la punta traza unos garabatos en el piso de tierra.

De atrás se asoma el viejo Álvarez, mira el suelo y sentencia:

-Clarito, trara.

Luis Antuñano

¿PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA?

¿PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA?

¿Por qué todo?

Gente. ¿Quién es toda esta gente? ¿A dónde van? ¿De dónde vienen? ¿Por qué coincidimos todos en este colectivo hoy, ahora? Podría haber sido de otro modo, pero fue así. ¿Y por qué fue as? ¿Por qué hay colectivos, asientos, timbres, carteles, hombres? ¿Por qué somos así? ¿Qué es todo esto? ¿Qué pasará después? ¿Hay algo más? ¿Por qué hay cuando puedo no haber habido nada? ¿Pudo no haber habido nada? ¿Qué significa que algo pudo no haber sido? ¿Es lo mismo “habido” que “sido”? Pudo no haber habido nada, ¿pero qué es la nada? ¿Puede darse la nada? ¿Y cómo? Sube y baja la gente de este colectivo. Viaja. No se oye nada. Todos en silencio. ¿Qué estarán pensando? ¿Cómo funciona internamente en cada uno de nosotros el pensamiento? ¿Pensamos igual? La señora que lleva los estudios médicos junto a su cartera tiene mucha cara de preocupada. ¿Le habrá dado mal un examen? ¿Se estará por morir? Morir. Otra vez la nada. ¿Puede viajar alguien en un colectivo si se estuviese por morir? ¿Y por qué no? ¿Qué haría yo si me enterase de que me quedan pocos días de vida? ¿Qué haría? ¿Haría? ¿Haría algo? ¿De cuántos días hablamos? ¡No, no quiero pensar en esto! ¿Pero se puede dejar de pensar?
¿Qué son estas preguntas?

¿Por qué? La pregunta por el por qué. Una de las tantas maneras de pensar: la pregunta por el fundamento. Todo parece tener que tener un fundamento. Todo tiene un por qué, una razón de ser, una causa, un sentido. Todo parecería tenerlo. ¿Pero es así? ¿Estamos seguros? ¿Todo tiene un por qué? ¿Pero por qué todo un por qué? ¿Y por qué todo tiene que tener un por qué? Y si todo tiene un por qué, ¿el todo tiene un por qué? ¿El todo? ¿Cómo llegó este término aquí adentro? ¿Adentro?

A ver, ¿el todo tiene un por qué? Y si suponemos que lo tiene, ¿dónde estaría ubicado? No podría estar “afuera” ya que es el todo; y si es el todo, nada puede serle indiferente. El todo tiene que contener todo, con lo cual si hubiera un “afuera”, esto solo nos demostraría que este todo, no lo es todo… La cabeza vuela.

¿Se vencerá el tiempo alguna vez? ¿Terminará? No tiene lógica, ¿no? ¿Qué significa que el tiempo acabe? ¿Cómo sería el tiempo después del tiempo? ¿Sería como ese lugar que no es un lugar donde se está previo y después de la vida?

Si esto es hacer filosofía, creo que empezaré a disfrutar algo de mis angustias.

Darío Sztajnszrajber (2013)

El Congreso español aprueba que Filosofía sea asignatura obligatoria en Bachillerato, modificando la LOMCE aprobada con el ministro Wert.
(17-Octubre-2018).

1,2,3,4… AMÉRICA

1,2,3,4… AMÉRICA

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El pasado día 17 de febrero se celebraron en la Facultad de Filosofía y Letras de Valladolid, la III Jornada Académica de Investigadores Latinoamericanos, en la que participé gracias a la invitación del recién investido Doctor en Historia, Jose Julián Soto Lara, compañero mío en el Máster Europa y el Mundo Atlántico y a quien agradezco enormemente la oportunidad que me brindó de poder estar en esa mesa a la que se le dio el título de HISTORIA DE DOS MUNDOS.

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Todas estas ponencias fueron grabadas en vídeo y se pueden ver en el canal youtube del colectivo, al que puede accederse aquí. La Mesa HISTORIA DE DOS MUNDOS, puede verse y escucharse pinchando en la imagen siguiente, y también aquí. Mi intervención comienza a partir del minuto 47:45, aunque recomiendo vivamente escuchar el resto de conferencias, todas ellas con una temática diferente y muy interesantes. En todo caso, el texto de lo expuesto en esa charla, puede leerse a continuación.

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1,2,3,4… AMÉRICA

Primero quería dar las gracias por acogerme en esta III Jornada Académica de Investigadores Latinoamericanos, no siendo yo ni americana ni investigadora de la historia del continente, aunque como si me considero latina e historiadora, de nuevo ¡Muchas Gracias!

Como se ha dicho, yo he trabajado en el siglo XIX español y más concretamente en la visibilidad de la mujer en esa sociedad burguesa que se afianza precisamente en este siglo, aunque a lo largo de mi trabajo me he encontrado con algunos temas que me hubiese gustado ampliar con una  investigación en la historia americana. Por ejemplo, el empuje de las mujeres que participaron en los procesos emancipadores americanos, o la valentía de las mujeres que forman sociedades masonas en la segunda mitad del siglo XIX en todo el subcontinente.

Pero aun no siendo especialista en la historia americana, si he tocado ciertos aspectos en algunos trabajos y artículos, y de eso tratará esta ponencia, de la exposición de algunos hechos de la historia americana que alguna vez he tratado en mis artículos.

Bien… como historiadores, siempre anticipamos si nuestra investigación histórica va a estar vertebrada con un orden cronológico, geográfico, biográfico o transversal, y esa suele ser la misma fórmula que empleamos como divulgadores para visibilizar nuestro trabajo. Pero a mí, que llegué a Historia desde la diplomatura de Educación Social, me gusta decir que utilizo una fórmula de “causalidad” para escribir mis artículos, es decir, que partiendo de un elemento cualquiera, común, saltar hacia relatos históricos, hacia la narración de hechos históricos. Por ejemplo desde los números.

Y para esta ocasión, he pensado que sería una buena idea hablarles a ustedes de historia desde esta óptica de causalidad numérica. Lo que vamos a hacer es un recorrido, del 1 al 4, por algún aspecto de la historia americana.

 

EMPEZANDO POR EL UNO…

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…tengo que decir que mi primera aproximación a la historia y cultura de las comunidades precolombinas fue con los Aymara. Fue una aproximación más que interesante, que cambió para siempre mi forma de entender la historia. Con los Aymara aprendí la importancia de la lengua y el lenguaje para el relato histórico. Y llegué a hacer mío ese axioma que dice que la lengua condiciona nuestra visión del mundo. Porque no podemos conocer aquello que no sabemos expresar. O al menos nos costaría muchísimo hacerlo.

También resultó una enseñanza enriquecedora la óptica desde la que se sitúa la concepción del mundo para los Aymara. Con aquel trabajo que realizamos un grupo de estudiantes de Educación Social, aprendimos que para ellos el pasado está delante de nuestros ojos porque es aquello que podemos ver, y que el futuro está detrás de nosotros porque es aquello que no podemos atisbar, que nos está oculto. Desde nuestra cultura occidental aprendemos justo lo contrario, que el pasado está detrás de nosotros porque es de dónde venimos y el futuro está delante porque es lo que tenemos que construir.

Conjugar esas dos visiones casi antagónicas del sentido de la vida tuvo que ser muy difícil para los primeros encuentros poscolombinos, pero hoy podemos extraer una enseñanza, que hay distintas fórmulas con las que abordar el relato de los hechos del pasado, de la historia. Situarnos en diferentes perspectivas en nuestro trabajo como historiadores puede ayudarnos a arrojar más luz sobre esos hechos históricos sobre los que investigamos.

Siempre recuerdo a los Aymara cuando me enfrento al reto de escribir un artículo histórico, o como en esta ocasión, hablar de historia.

 

EL NÚMERO DOS…

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…nos anuncia un error nominativo. Y es que tanto América, como el nombre con el que esas tierras empezaron siendo llamadas, Las Indias, son nombres, digamos “erróneos”, que no responden completamente a la realidad. Esto que les voy a contar formó parte de una intervención mía sobre los nombres de los continentes, en un programa de radio llamado Tempus Fugit que realizan unos amigos míos en una emisora de Almería, y en el que colaboré durante una temporada hablando de historia.

Cristobal Colon, aunque equivocadamente, pensaba que había llegado a Las Indias, la tierra que buscaba. Decía el Almirante que eran “unas tierras pegadas a Asia”, el oriente del mundo conocido, encontradas navegando hacia el occidente. Y así, En España, durante los siglos XV y XVI se utilizó el nombre de “Las Indias Occidentales”, o Las Indias, para referirse a todas las tierras descubiertas desde 1492. En el siglo XVIII se empieza a utilizar tímidamente el nombre de “América”, pero el órgano administrativo del que dependía todo lo relacionado con ella, el Consejo de Indias, siguió utilizando esta denominación hasta su desaparición en 1834.

El resto de naciones europeas utilizaban habitualmente el nombre de Nuevo Mundo, o como por ejemplo, Tierra de Brasil, una denominación muy corriente entre los portugueses, entre otras cosas, por Américo Vespucio, un navegante florentino al servicio de los Médicis que más tarde sirvió a la corona portuguesa para quien navegó bordeando Brasil. Y son estos viajes portugueses de Américo Vespucio los que le acabarían dando una idea de las enormes proporciones de las tierras descubiertas, un “Mundus Novus”, de proporciones que él consideraba continentales.

En 1502, a la vuelta de uno de sus viajes, Américo Vespucio escribió un texto en el que, entre otras cosas, decía: “Al sur de la línea equinoccial, en donde los antiguos declararon que no había Continente, sino un solo mar llamado Atlántico… yo he encontrado países más templados y amenos, de mayor población que cuantos conocemos. Es la Cuarta Parte de la Tierra”. Recordemos que hasta el momento se conocían o se nombraban tres continentes, Europa, Asia y África.

Es así como en 1507 en Lorena, Martin Waldseemüller,  edita la colección de mapas de Ptolomeo y en el de América estampa ese nombre, por cierto, en la parte sur del continente. En el prólogo, Mathias Ringmann explica que ese nombre es honor a la “mente preclara de Américo Vespucio”, y aclara que feminiza el nombre porque femeninos son el resto de continentes.

Mientras esto sucedía, decía Francisco Morales Padrón, uno de los especialistas más reputados sobre el Descubrimiento de América: “Américo Vespucio, en Sevilla, permanecía completamente ajeno a lo sucedido, igual que Colon permaneció ajeno al conocimiento de un nuevo continente”.  Dos personajes ajenos a su logro; dos nombres ajenos a la realidad del nuevo continente.

 

EL NÚMERO TRES…

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… fue uno con los que trabajé en los artículos de Anatomía de la Historia, donde colaboro de vez en cuando con el pseudónimo de Alma Leonor López. Fueron dos, y en ellos hablaba de las Troikas (las soviéticas y las más recientes y económicas de la UE) y de los Triunviratos, los dos romanos y los Triunviratos americanos, Triunviratos que tuvieron su importancia en la historia de las emancipaciones americanas del siglo XIX y aún después.

Por ejemplo, en Argentina (Provincias Unidas del Río de la Plata), en 1811, una Junta Conservadora revierte los avances emancipadores de la Junta Grande y nombra un Triunvirato gubernativo que tiene su continuación en un segundo Triunvirato que durará hasta 1814.

Por ejemplo, en las Provincias Unidas del Centro de América se nombró igualmente un gobierno triunviro, pero con un carácter completamente contrario, fue en 1823 y a raíz de su proclamación de independencia. El Triunvirato fue nombrado por tanto por una Asamblea Nacional Constituyente. Aún hubo un segundo Triunvirato hasta 1825.

Por ejemplo, en México, un Triunvirato ejecutivo (entre 1823 y 1824) fue designado por el Congreso restituido tras la abdicación como emperador de Agustín de Iturbide, con el triunfo de la Revolución de Casa Mata (1822-1823) y la proclamación de la República. La Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos, aprobada en octubre de 1824, otorgaba la presidencia de la República a Guadalupe Victoria y puso fin al Triunvirato.

Por ejemplo, el caso de Uruguay, que fue algo más tardío, enmarcado en las disputas por el control del gobierno que mantenían el partido “blanco” y el “colorado”, y que desembocaron en la llamada Guerra Grande (1839-1851). Tras la paz de octubre de 1851 sobrevinieron unos años de convulsiones que impidieron la consolidación de un gobierno constitucional. En septiembre de 1853 se acordó la formación de un Triunvirato gubernamental en el que Venancio Flores acabó gobernando en solitario dada la muerte de sus dos correligionarios en el plazo de pocos meses. En 1854 fue nombrado presidente constitucional y se dio por finalizado el Triunvirato.

Nos vamos ahora a la República Dominicana donde en la segunda mitad del siglo XX, el 25 de septiembre de 1963, toma las riendas del Estado un grupo de militares que nombran una Junta Superior de Gobierno, militar y apoyada por la oligarquía y las élites dominicanas, que es la que instala un gobierno civil ejecutivo en forma de Triunvirato. Este golpe militar derrocó el gobierno constitucional que se había formado en febrero de ese mismo año con Juan Bosch, y que a su vez, había puesto fin a los 31 años de dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.

Este Primer Triunvirato, presidido por Emilio de los Santos (1903-1986), tuvo que ser renovado constantemente por las revueltas populares, sobre todo por la acción del movimiento político 14 de Junio, que se rebela en armas, provocando la dimisión del presidente tras el fusilamiento de su líder Manuel Távarez Justo. Donald Reid Cabral es quien dirigirá los tres Triunviratos siguientes, hasta ser derrocado por la Revolución de abril de 1965.

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Para terminar quiero que nos quedemos en este país, la República Dominicana, y volvamos a los orígenes de esta charla, a mi objeto de estudio, a la mujer. Para cerrar esta intervención me gustaría recordar un artículo de mi blog, HELICON, en el que contaba la historia de tres mujeres dominicanas cuyo ejemplo y sacrificio se recuerda cada 25 de noviembre en el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”.

Me estoy refiriendo a Patria, Minerva y María Teresa Mirabal Reyes, activistas políticas asesinadas en la República Dominicana a manos de la policía secreta del dictador Rafael Trujillo el 25 de noviembre de 1960. Tenían entre 26 y 36 años y en las ocasiones en las que fueron encarceladas, sufrieron vejaciones, violaciones y torturas sistemáticas. Las tres hermanas, llamadas “las mariposas” pertenecían a la “Agrupación política 14 de junio”, opositora a Trujillo, que ya hemos mencionado antes.

Bien, pues en 1981, en Bogotá (Colombia) se celebró el “Primer encuentro feminista para América Latina y el Caribe”, con asistencia de más de 200 feministas latinoamericanas. Es en este foro donde se denuncia la violación sistemática de los derechos de la mujer latina, incluyendo, como novedad hasta el momento, cuando no se contemplaba como tal, la violencia de Estado hacia la mujer.

Fue aquí cuando se propone recordar esta lucha el día 25 de noviembre como homenaje a las hermanas Mirabal. La propuesta, que fue aceptada por la ONU no fue oficializada hasta mucho más tarde, el 17 de diciembre de 1999 (resolución 54/134). Y se celebra así desde entonces, en España visibilizando el evento a través del color violeta.

No es el único color. Se ha utilizado el color blanco en alguna ocasión y en el año 2014, por ejemplo, el lema de la ONU para la campaña que llamó “16 días de activismo contra la violencia de género”, celebrada entre el 25 de noviembre y el 10 de diciembre (Día de los Derechos Humanos), llevó como emblema el color naranja. Y, no quiero dejar de mencionarlo, recientemente la visibilización de la lucha de la mujer por el reconocimiento igualitario entre los sexos y los derechos de las mujeres, y contra las formas machistas y burlescas del presidente Trump, ha tenido, como todos sabrán una visibilización en color rosa, el de los pussyhats (gorros rosas con orejas de gato) que llevaron las mujeres de la marcha de las mujeres Washington y en buena parte del mundo el pasado 21 de enero, y de la que también realicé un artículo para Anatomía de la Historia.

 

¿Y DÓNDE ESTÁ EN ESTA HISTORIA EL NÚMERO 4 …

…se estarán preguntando? Pues con las mismas hermanas Mirabal, porque la más pequeña de ellas, Bélgica Adela Mirabal, llamada Dedé, que no participaba de su activismo político y sobrevivió a la persecución, dedicó su vida a recordar la memoria de sus hermanas hasta su fallecimiento el 1 de febrero del 2014.

Casi sin haberlo previsto, hemos realizado un recorrido geográfico por distintos países de Centro y Sudámerica, casi biográfico, desde luego transversal y también cronológico. Empezamos hablando de los Aymara, un pueblo precolombino, luego pasamos al momento del descubrimiento y los nombres dados a las tierras descubiertas en los siglos XV y XVI, saltamos a los siglos XIX y XX con los Triunviratos gubernativos formados durante y después de las emancipaciones americanas y finalmente llegamos al tiempo actual con el recuerdo de las Hermanas Mirabal y la lucha feminista.

Muchas Gracias a todos.