MAMPARITIS

MAMPARITIS

Interior de un barco velero del siglo XVII

Con esta especie de manía humana de poner nombre a todo (no está mal por otro lado), resulta que existe un nombre para denominar a esa sensación que todos hemos tenido alguna vez, estoy segura, y que se caracteriza por irritarse hasta el extremo por cualquier cosa… ¿A quién no le ha pasado en alguna ocasión? De hecho, es bastante corriente que esa irritabilidad, cuando es una mujer quien la sufre, se atribuya como una consecuencia del ciclo menstrual. Pues no señores, resulta que es un mal muy macho, una situación que se daba muy frecuentemente entre los marinos de la armada y al que ellos mismos bautizaron como MAMPARITIS, llamada así por los mamparos que se instalan para separar camarotes en el interior de los buques.

Desde hace tiempo los marinos saben de este problema, aunque no lo llamasen así. Pasar días, semanas y hasta meses a bordo de un buque o un submarino de pequeñas dimensiones (comparado con un continente en tierra) y superpoblado, ocasiona que en algunos momentos el roce no haga el cariño, sino todo lo contrario, que produzca irritabilidad y susceptibilidad extrema, sobre todo en los marineros menos experimentados, y que cualquier gesto de otro compañero, aunque sea simple y anodino, llegue a molestar hasta extremos incluso violentos, magnificando cualquier cuestión nimia y provocando discusiones que podrían llegar a producir auténticos motines. Todos recordamos lo que nos contaron en la escuela acerca de que Cristóbal Colon obligó a sus marineros a seguir más allá de cuanto les era conocido, estos llegaron a rebelarse y a punto estuvo de producirse un motín para volver en lugar de seguir avanzando en la nada. Si ese brote que hoy llamaríamos mamparitis hubiese triunfado, el insigne navegante no hubiese llegado a América…

Escena de la película “Master and Commander”

Pues bien, ese nerviosismo entre la marinería sigue existiendo hoy en día y los mandos de la Armada e incluso los de buques civiles, lo conocen muy bien. No hay preparación para estas situaciones ni cura alguna, que no sea la paciencia y la experiencia. También, afirman, la actividad continua, la realización de tareas con horarios estrictos y, en general, ocupar el cuerpo en actividades que liberen la mente de tales susceptibilidades. Por ello, los mandos suelen colocar a los marineros más novatos al lado de los más experimentados para tratar de atenuar esas sensaciones o que no lleguen a aparecer. Pero es difícil. Los camarotes de los barcos son muy pequeños y muchas veces no existe siquiera un espacio personal y hay que compartir hasta la cama (o hamaca) donde se duerme: mientras unos trabajan otros duermen y viceversa, pero en el mismo sitio. Estas estrecheces unidas al paso inexorable del tiempo sin poder salir de un entorno claustrofóbico en muchos casos (sobre todo en los submarinos), hacen que estos síntomas aparezcan más pronto que tarde, pese a la experiencia. Entonces se sobredimensionan las acciones de los demás, aparecen las fobias más personales, las manías más persecutorias, se llega a discutir por todo, todo irrita, por cualquier cosa se monta una pelea… incluso se ha llegado a certificar que algunos marineros sufrían enfermedades imaginarias producto de esa misma irritabilidad. Es decir, es un mal que también se somatiza.

Imagen del “Faro de Vigo” en el blog Foro Naval.

Pues bien, todo esto se ha recordado últimamente por las situaciones que puede llegan a producirse con las normas de confinamiento obligadas por la actual pandemia mundial por la COVID19. Estar encerrado en casa, o no tener la oportunidad de salir todo lo que apetezca, no poder juntarse con amigos o familiares en gran número, encontrarse lugares de reunión clausurados, también bares, restaurantes y centros comerciales, hacer colas para entrar en los establecimientos que sí que abren, el influjo de las redes sociales, que alimentan los bulos y la desinformación produciendo enfado con cada post leído, la propia desinformación vertida por las autoridades, etc., etc., llegan a producir entre algunas personas un malestar, impotencia e irritabilidad similares a los de la mamparitis marinera. Todo eso puede afectar mucho a la persona que lo sufre, pero también a las personas con quienes convive, familiares, compañeros de trabajo y amigos, llegando a extremos de crear un ambiente particularmente irritante y hasta violento en el entorno familiar, laboral o social. Poner freno a este tipo de situaciones puede ser muy difícil, sobre todo porque la población en general no estamos preparados para una situación como la que estamos viviendo y tan alargada en el tiempo.

La COVID19 es una enfermedad muy contagiosa, mortal en muchos casos, pero también es muy exigente superarla. Las soluciones que nos ofrecen desde las instituciones médicas y políticas, suelen venir con cuentagotas y muchas veces son confusas e inaceptables, tanto, que lo que un día se dicta como obligatorio al día siguiente se suspende por ser contrario a la ley. Todo eso produce mucha inseguridad entre la ciudadanía, dejando un amplio espacio libre a las especulaciones y a las acciones negacionistas de todo tipo. Eso también es una forma de mamparitis, una irritabilidad contra las medidas poco claras que hace que muchos se nieguen a utilizar mascarillas con los alegatos más peregrinos, o acepten tomar placebos o productos incluso peligrosos para la salud, con la esperanza de no caer en un contagio y verse obligado a acudir a las farmacéuticas, demonizadas hasta el extremo por estos grupos negacionistas y a las que acusan de enriquecerse a nuestra costa (negando incluso la necesidad de una vacuna o exigiendo que esté disponible de forma inmediata) mientras esos grupos están haciendo exactamente lo mismo, enriquecerse a costa de la ignorancia, la esperanza y la buena fe humanas.

Lo malo es que para esta situación no hemos tenido preparación alguna, ni tenemos a “hermanos mayores” o más experimentados con los que contar. Estamos solos frente a nuestros miedos y soledades. Para mucha gente, este encierro obligado en casa es una situación inaceptable que les produce una continua irritabilidad y desasosiego. Y se discute por todo, todo molesta, todos es cuestionable, todo es una mentira, o una verdad a medias, o directamente una manipulación contra la que rebelarse. La mamparitis de la COVID19 puede producir situaciones muy duras para mucha gente que no están contempladas en los protocolos de actuación frente al virus.

Tratemos de no caer en algunos males ajenos a la propia enfermedad (que ya es bastante grave) como puede ser la irritabilidad extrema por cuestiones nimias o por sobredimensionar cualquier acción o inacción de otros. Si nos vemos asolados por esta irritabilidad no hay manera de frenarla si no es con la propia voluntad de hacerlo. Solo nosotros podemos hacer frente a esa consecuencia tan sutil como letal, tan alarmante como desconocida, como es la mamparitis de la COVID19. Hoy por hoy, solo podemos actuar contra la COVID19 siguiendo a rajatabla las medidas profilácticas: el uso de la mascarilla y la higiene extrema. Irritarnos por ello solo nos va a producir un problema más.

AlmaLeonor_LP

EL DESTRUCTOR VILLAAMIL

EL DESTRUCTOR VILLAAMIL

Es probable que DESTRUCTOR sea una palabra que nos intimide bastante o nos suene a superhéroe de cómic, pero es el nombre de un tipo de buque de guerra, un buque de escolta ligero y rápido, aunque con gran capacidad y potencia de fuego. Y, además, fue un invento español, un diseño del marino asturiano Fernando Villaamil.

 

La Primera Guerra Mundial, o Gran Guerra como se la conocía hasta el estallido de la Segunda, fue uno de los conflictos armados más sangrientos de todos los tiempos, pero, también, uno de los más novedosos en cuanto a diseños militares. Se pusieron al servicio de la guerra tanto innovaciones en estrategia militar, como un gran despliegue tecnológico armamentístico. Pero ya antes de este magno conflicto bélico, en el mundo de la ingeniería naval se habían desarrollado enormes adelantos técnicos destinados a la guerra.

Francia aportó a la marina de guerra algunas de las más importantes innovaciones en el siglo XIX: el primer buque blindado oceánico (La Gloire), el primer crucero acorazado y el primer buque portahidroaviones. Además, fue uno de los países impulsores de los buques llamados “torpederos”, muy rápidos y maniobrables. Los submarinos ya llevaban tiempo funcionando como arma de guerra, por ejemplo, en la Guerra hispano-cubana del 98 donde se utilizó el submarino diseñado por el ingeniero marino, Isaac Peral y Caballero (1851-1895), el primer submarino militar de propulsión eléctrica y armado con torpedos, que había sido botado el 8 de septiembre de 1888.

Fue precisamente la utilización de torpedos lo que hizo avanzar en el diseño de un nuevo tipo de buque de guerra: el Destructor.

El resto del artículo puede leerse en VAVEL-Historia, aquí.

AlmaLeonor_LP

DE PEQUEÑO

DE PEQUEÑO

Jim Warren 1949 (16 fotos)Imagen: Jim Warren

Yo de pequeño quería ser barco
para zarpar a los confines de la tierra
donde vivía un malvado dragón
que amenazaba con comernos
a todos los miembros de la tribu.
Quería zarpar aliado de las sombras,
tomar ventaja de la noche ausente,
partirle el corazón si lo tuviera
y volver a mi cama sudoroso
diciéndome feliz: misión cumplida.
Y en esas sigo aunque ya no soy barco
ni desde luego pequeño en absoluto.

                               José Miguel Junco Ezquerra.