ALMAS PARA EL RECUERDO: JIM THORPE (1888-1953)

ALMAS PARA EL RECUERDO: JIM THORPE (1888-1953)

Voy a empezar a escribir una serie de historias de personas que unas veces serán extraordinarias y otras a lo mejor no tanto, pero cuya vida pienso que merece ser contada. Por eso he pensado llamar esta serie de artículos ALMAS PARA EL RECUERDO. Voy a empezar por alguien cuya vida es más que extraordinaria, pero que se vio sumido en el más cruel de los ostracismos, el provocado por el racismo y la xenofobia.

Me dirán ustedes que son muchos los deportistas, hombres y mujeres, que se vieron eclipsados por una cuestión racista en algún momento. Es verdad. Muchos han sido discriminados a lo largo de la historia por una cuestión de sexo, raza, religión, origen y condición. Pero hoy vamos a contar la historia de uno de los más grandes, la historia de Jim Thorpe (1888-1953). Conozcámosle.

Jim nació un 28 de mayo en el seno de la nación india Sac y Fox en Oklahoma (EEUU). Su nombre en idioma kikapú, la de su tribu, era Wa-Tho-Huk (algo así como Sendero Luminoso), pero fue bautizado por su madre, que era católica, como Jacobus Franciscus Thorpe, Jim Thorpe. Sus padres eran ambos mestizos: su padre era hijo de irlandés y madre nativa Sac y Fox; y su madre hija de padre francés y madre nativa de los potawatoni. La vida de Thorpe no fue fácil con estas circunstancias, pero además, se vio bastante afectado por el fallecimiento de su hermano gemelo, Charlie, a los nueve años,  y el de sus padres, en diferentes momentos, varios años después. Cursando estudios en la Carlisle Indian Industrial School de Pensilvania (una escuela concebida para la “americanización” de los indios, modelo para otras muchas,  acusada de abusos y violencia en su día y que fue clausurada en 1918), inicia su carrera deportiva. Era el año de 1907.

Equipo de Fútbol de los Carlisle Indian en 1911, con Jim Thorpe (tercero por la derecha en la fila del medio)

En unos años se convirtió en un excelente atleta, además de competir con éxito en fútbol americano, béisbol, baloncesto, lacrosse, natación, hockey sobre hielo, boxeo, tenis, tiro con arco… Llegó incluso a ganar un campeonato de baile de salón en 1912. Era un superdotado. “Nadie va a derribar a Jim”, le dijo a su entrenador de entonces.

Ese año consigue clasificarse para las pruebas de Decatlón y Pentatlón, prueba esta que se incluía por primera vez en los Juegos Olímpicos que se celebrarían en Estocolmo (la prueba de Decatlón se instauró en Saint Louis 1904, pero en los siguientes Juegos de Londres 1908 no se celebró).

OLIMPIADAS DE ESTOCOLMO 1912

Thorpe fue considerado en estos Juegos Olímpicos de Estocolmo 1912, el mejor atleta del mundo de su tiempo, tal y como se lo y así se lo dijo el propio rey Gustavo V de Suecia (1858-1950) cuando le colocó las dos medallas olímpicas de oro en Estocolmo 1912, ganadas en las pruebas de Pentatlón y Decatlón, disciplina ésta con la que estableció un récord olímpico de 8.413 puntos, que no sería sobrepasada en casi dos décadas.

Además, Thorpe, compitió en Suecia en Salto de Longitud y Salto de Altura. Sus logros son aún más sorprendentes si se tiene en cuenta que en estas competiciones tuvo que utilizar un par de zapatos y calcetines viejos (y dispares, un zapato era más grande que el otro y tuvo que utilizar varios calcetines en uno de sus pies) que encontró en un cubo de basura, pues alguien le había robado los suyos (posó así en las fotografías del evento olímpico).

Más tarde, jugó a nivel universitario y profesionalmente, a fútbol americano (entre 1920 y 1921, fue el primer presidente de la Asociación Profesional de Fútbol Americano, APFA, que al año siguiente sería renombrada como Liga Nacional de Fútbol Americano NFL), béisbol y baloncesto (jugó con varios equipos formados únicamente por indios americanos), obteniendo grandes triunfos en todas las disciplinas.

La vida deportiva de Jim Thorpe tampoco fue nada fácil, pese a sus logros. El Olimpismo de inicios del siglo XX era totalmente amateur, y eso significaba que únicamente quien dispusiera de recursos económicos podía participar en los Juegos (o realizando extremos sacrificios personales). Y esto era válido tanto para atletas como para países. Thorpe era un indio nativo norteamericano y sus éxitos no eran bien vistos ni por la exclusiva sociedad elitista del deporte internacional de entonces, ni por el racismo imperante en los EEUU.

Pasado un año de las Olimpiadas de Estocolmo, alguien descubrió que había cobrado unas dietas (cantidades míseras, unos 35 dólares por semana) por unos partidos de béisbol, algo prohibido por las normas amateurs del Olimpismo, y fue desposeído de sus medallas. Sin embargo, se llegó a aducir que fue un caso de racismo por el origen étnico de Thorpe.

OCASO Y RECUPERACIÓN DE UNA ESTRELLA

Desdichadamente no fue el único caso de racismo ocurrido en un evento olímpico. Se tiene por los juegos más racistas de la historia del olimpismo los celebrados en  St. Louis (EEUU) en 1904, donde se celebraron pruebas paralelas y hasta un desfile dedicado a “razas inferiores” (en el Anthropological Day), para los que se reclutó, sin ningún criterio deportivo ni nacional, participantes buscados entre los miembros de los stand de la Exposición Universal que se estaba celebrando en la misma ciudad, entre ellos, indios de varias tribus, como sioux o cocopas mexicanos, sudafricanos, sirios, zulúes, pigmeos, filipinos y gentes de varias otras nacionalidades asiáticas y de medio-oriente.

En las Olimpiadas de Tokio de 1964, otro indio nativo norteamericano obtuvo una medalla de oro y un reconocimiento internacional. Fue en la prueba de los 10.000 m donde resultó ganador William Mervin “Billy” Mills (n.1938), conocido en su tribu (los Oglala Lakota de la reserva india de Pine Ridge) como Makata Taka Hela, convirtiéndose así en el segundo indio nativo americano después de  Jim Thorpe, en conseguir una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos. Ningún estadounidense había ganado nunca esta prueba olímpica, ni volverá a suceder un logro así hasta Londres 2012 (donde ganó  Galen Rupp). Mills participó también en la Maratón quedando en el puesto 14. En 1983 la película Running Brave (de D.S. Everett) protagonizada por Robby Benson recrea su vida.

Pero el agravio hacia uno de los más grandes deportistas del siglo XX será recordado por siempre. Su grandeza deportiva le sitúa hoy junto a deportistas de la talla de Muhammad Ali, Babe Ruth, Jesse Owens, Wayne Gretzky, Jack Nicklaus, y Michael Jordan. Pero no llegó a ser reconocido como tal en vida. La humillación que sufrió Thorpe no fue reparada hasta pasados 30 años de su muerte, cuando en 1983, el COI, presidido entonces por Juan Antonio Samaranch, restituyó su nombre haciendo entrega de dos medallas de oro a sus descendientes. En realidad no fueron “sus” medallas, ya que aquellas fueron robadas del Museo Olímpico y nunca se hallaron.

Numerosas estatuas, placas y reconocimientos figuran desde entonces en todo el mundo en su honor. Una ciudad en Pennsylvannia fue renombrada con su nombre y el presidente Richard Nixón declaró el día 16 de abril de 1973 como el día de Jim Thorpe para reivindicar su nombre y su legado.  Todo ello, en realidad, demasiado tarde para él.

Desde el fin de su carrera deportiva, a los 41 años, vivió ejerciendo trabajos dispares, incluso como extra de cine, y murió sumido en el alcoholismo, el olvido y la pobreza a los 65 años, sin dejar de reivindicar siempre la validez de sus triunfos olímpicos. Toda la historia de su vida fue recreada en el cine en 1952 (un año antes de su muerte) con la película Jim Thorpe. All-american, dirigida por Michael Curtiz e interpretada (magníficamente) por Burt Lancaster.

Para ampliar todos los datos sobre los Juegos Olímpicos remito a los artículos que sobre ellos ya publiqué en HELICON, hace unos meses, empezando por el artículo TIEMPO DE OLIMPIADAS (I), desde donde se puede acceder a los siguientes.

AlmaLeonor.

 

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