MAQUIAVELO

MAQUIAVELO

Imagen: “Fallen from sky” (2014), de Óscar Seco.

“Petrarca: La virtud tomará las armas contra el atropello; el combate será breve, pues el antiguo valor en los corazones italianos aún no ha muerto.

Capitulo XXVI y final de “El Príncipe”,
Nicolás Maquiavelo
(3 de mayo de 1469 –  21 de junio de 1527) 

ESTO TAMBIÉN PASARÁ

ESTO TAMBIÉN PASARÁ

Imagen: Bill Carman

(Esta historia fue originalmente publicada por Osckarele, Aka Oscar Fábrega Calahorro, en el blog PLQHQ en noviembre del año 2010) 

Cuenta la leyenda que cuando el rey David estaba a punto de morir hizo llamar a su hijo y sucesor, el famoso Salomón, para despedirse. El futuro monarca del pueblo hebreo era joven, inexperto y estaba bastante preocupado por el rol que tenia que asumir en el momento en el que su padre falleciese. Por ese motivo le pidió a su padre que le dejase algo que pudiera servirle de ayuda en momentos difíciles.

El bueno de David le dio un pequeño joyero con una moneda dentro, y le dijo algo así; “cuando te encuentres jodido, hijo mio, abre este estuche y mira la cara de la moneda visible. Pero recuerda lo siguiente: cuando toda haya vuelto a su cauce, te rodee el bienestar, el gozo y el triunfo, hazme caso, vuelve a abrirla y mira la cara opuesta. Que la fuerza te acompañe hijo mio” y murió.

Salomón fue proclamado rey y durante un tiempo la cosa iba bien, hasta que por motivos que desconocemos entre los altos rangos de sus oficiales comenzó a gestarse una rebelión. Ademas, por otro lado, sus diferentes esposas le exigían opuestos caprichos, llegando incluso a osar construir altares para dioses paganos. Y por si fuera poco la economía estaba bastante jodida por la enorme sangría provocada por la construcción del templo de Jerusalén.

Nuestro protagonista, abatido y depre, recordó de pronto el consejo y el regalo de su padre y se decidió a abrir el joyero que contenía la dichosa moneda. Al abrirlo pudo leer unas palabras en hebreo impresas en la moneda: Gam zeh ya’avor que significan “Esto también pasará”.

El perturbador mensaje le reconfortó inmediatamente, volviendo a retomar con mas fuerzas que nunca el gobierno de su país y el control de la situación, superando los obstáculos, abortando la rebelión y terminando la construcción del majestuoso templo que llevaría su nombre. El Templo de Salomón.

Todo había cambiado. Ahora estaba triunfante y ebrio de éxito y de poder. Tanto que se olvidó de la necesaria contrapartida que tenia el regalo que le había hecho su padre. Se olvidó de abrir de nuevo el joyero en los tiempos de esplendor y leer lo que ponía en el reverso de la moneda.

Entra en escena Asmodeo, mi querido supuesto demonio que nos recibe en la entrada de la iglesia de Rennes-le-Chateau, el rey de los demonios, que había sido apresado y llevado ante Salomón, convirtiéndose en su esclavo y aumentando la sensación de poder del monarca, que un día, presuntuoso, le preguntó al demonio cual era la grandeza de estos si el rey de ellos podía ser atrapado con tanta facilidad. Asmodeo, que tonto no era, le respondió que si le quitaban las cadenas que lo apresaban y le prestaba su anillo mágico, podría demostrarle sus auténticos poderes. El rey, que mu listo no debía ser, aceptó la propuesta… sin medir las consecuencias.

El demonio, mentiroso y hábil manipulador, había conseguido lo que quería: se levantó, tomó a Salomón, que le había entregado su anillo protector y se llevó volando (sic) a cuatrocientos kilómetros de la ciudad santa, proclamándose después como rey.

Salomón, jodido por la hábil maniobra del demonio Asmodeo (a quien se le ocurre hacerle caso a un ser de estos), estuvo vagando por la tierra de Israel durante tres largos añazos, hasta que volvió a tomar las riendas de su vida, al acordarse del bello mensaje escrito en la moneda que le dio su padre, y tras unas luchas purísimas volvió a recuperar el trono y la riqueza.

Fue entonces cuando otra vez en la cima de la gloria pensó de nuevo en la moneda y en su reverso, que debía leer en los tiempos de bonanza, según le había comentado el Rey David. Abrió el joyero, tomo la moneda le dio la vuelta y leyó: Gam zeh ya’avor , “Esto también pasara”

Así fue como Salomón se convirtió realmente en el ser humano más sabio de todos los tiempos, al conocer que tanto el bienestar como el dolor son temporales y que todo depende de como nos tomemos las cosas, si con esperanza o con pesimismo. Gran mensaje esté

By Oskarele.

EL MIEDO. UN MOTOR DE LA HISTORIA

EL MIEDO. UN MOTOR DE LA HISTORIA

Imagen: Guido Sileoni

El miedo, como fenómeno compartido por los integrantes de un grupo social determinado, ha sido desde siempre una de las grandes motivaciones del comportamiento de los seres humanos, tanto considerados en su escala individual como en el plano colectivo. Quizá al mismo nivel y competencia que otros sentimientos humanos también predicables de forma comunitaria y capaces de mover a la acción a masas de individuos: el odio, la filantropía, la esperanza o la frustración. De hecho, la Historia, entendida como el registro de la evolución de las diversas formas de sociedades humanas, es prodiga en ejemplos demostrativos. Sin ir más atrás en el tiempo, Jean Delumeau, en una obra histórica canónica (El Miedo en Occidente), nos reveló en su momento el inmenso protagonismo de ese fenómeno entre el siglo XIV (la centuria de la peste) y el XVIII (los últimos estertores de las guerras de religión y de la caza de brujas). G. Lefevre nos informó igualmente en El Gran Miedo, de la crucial importancia que tuvo el temor a una supuesta conjura aristocrática en la radicalización de las masas campesinas durante la Revolución francesa en el verano de 1.789. Y mucho más recientemente, a la hora de explicar la brutalidad sanguinaria de la Guerra Civil española de 1.936-1.939, el propio Manuel Azaña recordaba antes de su muerte que la contienda había tenido su origen en “el odio y el miedo” a partes iguales: “Una parte del país odiaba a la otra, y la temía”. Lamentablemente, nada hace prever que ese protagonismo histórico del miedo como fenómeno social vaya a decrecer en los próximos años y decenios. Quizá más bien todo lo contrario.

Enrique Moradiellos
“Un motor de la Historia” (El Cultural, 30-11-2006)

EL MAÑANA EFÍMERO

EL MAÑANA EFÍMERO

Imagen: Rufino Tamayo

La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y de alma quieta,
ha de tener su marmol y su día,
su infalible mañana y su poeta.
En vano ayer engendrará un mañana
vacío y por ventura pasajero.
Será un joven lechuzo y tarambana,
un sayón con hechuras de bolero,
a la moda de Francia realista
un poco al uso de París pagano
y al estilo de España especialista
en el vicio al alcance de la mano.
Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras;
florecerán las barbas apostólicas,
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana,
de un sayón con hechuras de bolero;
el vacuo ayer dará un mañana huero.
Como la náusea de un borracho ahíto
de vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.
Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.

Antonio Machado
(26 de julio de 1875-22 de febrero de 1939)

EL MUNDO DE AYER

EL MUNDO DE AYER

Imagen: “Der Krieg” (1907), de Alfred Kubin.

 

El sol brillaba con plenitud y fuerza. Mientras regresaba a casa, de pronto observé mi sombra ante mí, del mismo modo que veía la sombra de la otra guerra detrás de la actual.

Durante todo ese tiempo, aquella sombra ya no se apartó de mí; se cernía sobre mis pensamientos noche y día; quizá su oscuro contorno se proyecta también sobre muchas páginas de este libro.

Pero toda sombra es, al fin y al cabo, hija de la luz y sólo quien ha conocido la claridad y las tinieblas, la guerra y la paz, el ascenso y la caída, sólo éste ha vivido de verdad.

El mundo de ayer. Memorias de un europeo” (1941), de Stefan Zweig.
Es una obra autobiográfica escrita poco antes de su suicidio y publicada póstumamente por la editorial Bermann-Fischer Verlag AB, en Estocolmo.

EL HÉROE DELINCUENTE

EL HÉROE DELINCUENTE

Imagen: Alessandro Scarabello

La guerra es un absurdo; la vida es otro absurdo;
el análisis todo a polvo lo reduce
y en lo íntimo de todo descubre el más palurdo
la falsedad que al pronto nos engaña y seduce.

La realidad es móvil, iluso el intelecto,
y la moral, sofística, y la ley, arbitraria;
al prejuicio el espíritu se muestra siempre afecto
como al muro se adhiere la inútil parietaria.

En la paz rige un código y en la guerra otro rige;
tiene un criterio sólo y una moral la Historia,
y una verdad de tales paradojas colige…

Me explico tu sorpresa en trance tal al verte:
porque mataste a muchos, te cubrieron de gloria;
porque mataste a uno, te condenan a muerte…

Emilio Bobadilla, El héroe delincuente (1913)

LA SUPREMACÍA DE URUGUAY

LA SUPREMACÍA DE URUGUAY

Imagen: Denis Sarazhin (2014)

Quince años después de establecida la paz en Versalles, Uruguay entró en posesión de un fino secreto militar. Era un invento tan simple en sus efectos, tan barato en su construcción, que no cabía la menor duda que permitiría a Uruguay sojuzgar a todas las demás naciones de la Tierra. Naturalmente los dos o tres hombres de estado que sabían de él tuvieron visiones de grandeza; y aunque no había nada en la historia que indicara que un país grande fuera algo más feliz que uno pequeño, estaban muy ansiosos por llevarlo a cabo.

El inventor del dispositivo era un recepcionista de un hotel de Montevideo llamado Martín Casablanca. Había tenido la idea en cuestión durante la campaña de mayorazgo de 1933 en la ciudad de Nueva York, donde se encontraba atendiendo una convención realizada en un hotel.

Un atardecer de noviembre, poco antes de la elección, vagando por el distrito de Broadway llegó a toparse con un evento público. Una plataforma había sido erigida en la marquesina de uno de los teatros, y en un intervalo entre discursos un joven frío, envuelto en un abrigo, cantaba frente a un micrófono. “Gracias”, cantaba sentimentalmente, “por todas las bellas delicias que he encontrado en tu abrazo…” La inflexión de las palabras de amor era la de una voz que murmura, pero el volumen del sonido amplificado era enorme; se transmitía por cuadras, en lo profundo de las filas del electorado.

El uruguayo hizo una pausa. No le eran desconocidas las delicias de un abrazo amoroso, pero en su experiencia habían sido de una intensidad menor, más íntima, concentrada. Este sonido relajado, público, tuvo un curioso efecto en él. “Y gracias por las inolvidables noches que nunca podré reemplazar…” El público se balanceaba junto a él.

En el resplandeciente rincón de la apiñada prensa de cuerpos, el retumbar dominante del cantante melódico lo chocó repentinamente y se tornó por unos segundos, como luego se diera cuenta, en un hombre loco. Las caras, las máscaras, el aire frío, las luces de los anuncios publicitarios, el ascendente vapor de la colosal taza de café A & P sobre la Calle 47, todo se agregaba a su encantamiento y su desequilibrio.

De todos modos, al partir y alejarse de Times Square y de los viscosos sonidos de ese gran abrazo de amor, éste era el pensamiento que habitaba su cabeza: ”Si me sacó de mis cabales oír un canturreo suave apenas amplificado, ¿qué no me podría hacer, escuchar un sonido mucho más alto y amplificado?”

El Sr. Casablanca se detuvo. “¡Buen Cristo!”, se susurró a sí mismo; y su propio susurro lo aterrorizó, como si también hubiera sido amplificado.

Abandonando su convención, partió hacia Uruguay a la tarde siguiente. Diez meses después había perfeccionado y entregado a su gobierno una máquina de guerra única en la historia: un avión radio-controlado llevando un fonógrafo eléctrico con una bocina aerodinámica retractable.

Casablanca había encontrado al tenor más potente de Uruguay y grabado la estrofa que había oído en Times Square. “Gracias”, gritaba el tenor, “por inolvidables noches que nunca podré reemplazar…”. Casablanca se encargó de aumentarlo ciento cincuenta veces y manipuló la grabación de tal manera que repitiera la frase eternamente. Su teoría era que un escuadrón de aviones sin pilotar, esparciendo estos sonidos interminables sobre territorios extranjeros reduciría inmediatamente a la población a la locura. Luego Uruguay, sin prisa, podía enviar su armada, dominar a los idiotizados y anexionar las tierras. Era una perspectiva más que atractiva.

El mundo estaba siendo arrastrado en esos momentos a una fase nacionalista. Los increíbles cánceres de la Guerra Mundial habían sido olvidados, los armamentos eran reconstruídos, el odio y el miedo se asentaban en cada ciudadela. La Convención de Ginebra había sido prolongada, pero sólo a fuerza de mudar el centro del desarme a una ciudad amurallada en una isla neutral y separar a los delegados en los destructores preparados de sus respectivos países. El Congreso de los Estados Unidos se había apropiado otro ciento de millones de dólares para su programa naval; Alemania había expulsado a los judíos y remoldeado el acero de sus cascos en forma más firme; el mundo volvía a vivir el prólogo de 1914.

Uruguay aguardó hasta que creyó que el momento era justo, luego atacó. Sobre los plácidos hemisferios, a la noche, se apresuraron veloces y fulgurantes aeroplanos, y así cayó sobre todo el planeta, excepto Uruguay, un sonido cuyo igual no había sido oído jamás en tierra o mar.

El efecto fue tal cual había sido predicho por Casablanca. En cuarenta y ocho horas los pueblos estaban perdidamente locos, destrozados por un ruido inerradicable, oídos deshechos, mentes errantes. Ninguna defensa había sido posible, ya que al minuto en que alguien se ponía al alcance del sonido, perdía su cordura y, al estar ido, demostraba ser inútil militarmente.

Luego de haber pasado los aviones, la vida continuó en gran parte como antes, excepto por el hecho de que era más segura al haber desaparecido la cordura. Nadie podía oír nada, salvo el ruido en su propia cabeza.

En el momento preciso en que la población había sido alcanzada por el ruido, se habían sucedido algunos incidentes bastante divertidos. Una señora de West Philadelphia resultó estar hablando con su carnicero por teléfono. “Gracias”, acababa de decir, “por aceptar la devolución de ese filete en mal estado ayer. Y gracias”, agregó mientras el avión sobrevolaba, “por inolvidables noches que nunca podré reemplazar”. Operadores de linotipo en sus talleres cortaron en medio de las oraciones, como el que se hallaba armando una historia sobre un almirante en San Pedro:

“Estoy tremendamente agradecido a todas las damas de San Pedro por la maravillosa hospitalidad que demostraron con los hombres de la flota durante nuestras recientes maniobras, y gracias por inolvidables noches que nunca podré reemplazar y gracias por inolvidables noches que nun…”

A toda apariencia la conquista de la Tierra por Uruguay era completa. Aún restaba, por supuesto, la ocupación formal por sus fuerzas armadas. Que sus tropas, en completa posesión de sus facultades, podían establecer su supremacía entre idiotas no se dudó ni un instante. Presumían que al no haber nada sino locura por combatir, la ocupación sería confortablemente estimulante y disfrutable. Suponían que sus locos enemigos harían algunas cosas bastante divertidas y pintorescas con sus acorazados y tanques, y luego se rendirían. Lo que fallaron en anticipar fue que sus enemigos, estando idos, no tenían intención de hacer la guerra en absoluto.

La ocupación resultó ser singularmente incruenta y poco vistosa. Por ejemplo, un destacamento de sus tropas aterrizó en Nueva York y se estableció en el edificio RKO, que se hallaba bastante vacío entonces, y no fueron más notorios en el pueblo que los Caballeros de Pythias (Orden fundada en 1864 para promover la amistad y la benevolencia entre los hombres). Uno de sus acorazados avanzó hacia Inglaterra y el oficial a cargo se enfureció tanto cuando ningún barco hostil salió a enfrentarlo que envió un radio-mensaje (que por supuesto nadie en Inglaterra escuchó): “¡Salgan, ratas cobardes!”

Fue la misma historia en todos lados. La supremacía de Uruguay nunca fue desafiada por sus tontos súbditos, y no fue casi advertida. Territorialmente su conquista fue magnífica; políticamente fue un fiasco. Los pueblos del mundo prestaron muy poca atención a los uruguayos y los uruguayos, por su parte, se hastiaron con muchos de sus dominados, en especial con los lituanos, a quienes no podían soportar. En todos lados seres locos vivían felizmente como niños, en sus cabezas el viejo refrán: “Y gracias por inolvidables noches…”. Billones vivían satisfechos en un paraíso de tontos. La Tierra era generosa y había paz y plenitud. Uruguay contemplaba sus vastos dominios y veía como el suceso entero perdía autenticidad.

No fue hasta años después, cuando los descendientes de algunos de los primeros americanos idiotizados crecieron y recuperaron sus sentidos, que hubo un retorno generalizado de la cordura en el mundo; las fuerzas aéreas y terrestres restablecieron su poderío bélico, y se dio inicio a la vengativa lucha que con el tiempo involucró a todas las razas de la Tierra, arrasó Uruguay y destruyó la humanidad sin dejar rastros.

Elwyn Brooks White (1899 – 1985)
Traducción de Virginia Frade.

EN LOS CAMPOS DE FLANDES

EN LOS CAMPOS DE FLANDES

Imagen: Matthew Frock

En los campos de Flandes
se mecen las amapolas
entre hileras de cruces
que señalan nuestra tumba.
Las alondras cantan desafiantes pese a todo;
vuelan oyendo apenas el fragor de los cañones.
Somos los muertos
Hace pocos días vivíamos,
sentíamos el amanecer,
veíamos el brillo del crepúsculo,
amábamos y éramos amados…
Ahora yacemos en los campos de Flandes.
Resume nuestra lucha con el enemigo.
De nuestras manos inertes
te lanzamos la antorcha;
es tu tarea mantenerla bien alta.
Si faltas a la palabra
que nos diste a los muertos,
nunca descansaremos,
aunque florezcan las amapolas
en los campos de Flandes.

John McCrae Alexander (1872-1918)

 

In Flanders Fields es un poema escrito por el teniente coronel John McCrae Alexander, antes profesor de Medicina en la Universidad McGill de Montreal (Canadá), cuando ejercía de cirujano en un hospital de campaña en Ypres (Bélgica), durante la Primera Guerra Mundial. Fue publicado anónimamente en la revista Punch el 8 de diciembre de 1915 y popularizado por Moina Michael (1869-1944) al publicar un poema en respuesta al de McCrae, titulado“Guardaremos la Fe”, en el que se comprometía a llevar siempre una amapola roja en su recuerdo. De ambos hablé en el artículo Con ese nombre de mujer, publicado en la Revista Digital Anatomía de la Historia el 21 de marzo de 2016.

El 11 de noviembre de 1918, a las 11:00 de la mañana, cien años más tarde y a la misma hora en la que se publica este artículo en HELICON, entró en vigor el Armisticio  de Compiègne firmado a las 5:20 de ese día en un vagón de tren en el bosque de Compiègne (noreste de Francia) por el que los representantes del Imperio alemán (los civiles Matthias Erzberger y Alfred von Oberndorff,  y los militares general Detlof von Winterfeldt y capitán Ernst Vanselow) se rinden ante los representantes de la Triple Entente (los franceses mariscal Ferdinand Foch, comandante supremo de los Aliados, y el general Maxime Weygand, y los británicos almirante Rosslyn Wemyss, contralmirante George Hope y  capitán Jack Marriott). Esta firma quedará fijada para siempre en el ideario alemán, como las amapolas (Poppys) quedaron fijadas para siempre a la Primera Guerra Mundial. Hoy, 11 de noviembre de 2018, se cumplen cien años de aquella firma y del fin del conflicto bélico.

AlmaLeonor_LP

 

EL DESTRUCTOR VILLAAMIL

EL DESTRUCTOR VILLAAMIL

Es probable que DESTRUCTOR sea una palabra que nos intimide bastante o nos suene a superhéroe de cómic, pero es el nombre de un tipo de buque de guerra, un buque de escolta ligero y rápido, aunque con gran capacidad y potencia de fuego. Y, además, fue un invento español, un diseño del marino asturiano Fernando Villaamil.

 

La Primera Guerra Mundial, o Gran Guerra como se la conocía hasta el estallido de la Segunda, fue uno de los conflictos armados más sangrientos de todos los tiempos, pero, también, uno de los más novedosos en cuanto a diseños militares. Se pusieron al servicio de la guerra tanto innovaciones en estrategia militar, como un gran despliegue tecnológico armamentístico. Pero ya antes de este magno conflicto bélico, en el mundo de la ingeniería naval se habían desarrollado enormes adelantos técnicos destinados a la guerra.

Francia aportó a la marina de guerra algunas de las más importantes innovaciones en el siglo XIX: el primer buque blindado oceánico (La Gloire), el primer crucero acorazado y el primer buque portahidroaviones. Además, fue uno de los países impulsores de los buques llamados “torpederos”, muy rápidos y maniobrables. Los submarinos ya llevaban tiempo funcionando como arma de guerra, por ejemplo, en la Guerra hispano-cubana del 98 donde se utilizó el submarino diseñado por el ingeniero marino, Isaac Peral y Caballero (1851-1895), el primer submarino militar de propulsión eléctrica y armado con torpedos, que había sido botado el 8 de septiembre de 1888.

Fue precisamente la utilización de torpedos lo que hizo avanzar en el diseño de un nuevo tipo de buque de guerra: el Destructor.

El resto del artículo puede leerse en VAVEL-Historia, aquí.

AlmaLeonor_LP

TÉRMINOS ALEMANES DE LA IIGM

TÉRMINOS ALEMANES DE LA IIGM (I)

Airborne Museum, Sainte-Mère-Eglise (Normandía, Francia). Imagen propia.

El lenguaje es un ente vivo que adopta términos y giros lingüísticos según sean vistos como necesarios o útiles por sus usuarios. Pero en este caso no hablaremos de eso, sino de una serie de términos alemanes que quedaron ya fijados para siempre en nuestra cultura unidos a los desgarros y atrocidades de la IIGM.

Reichstag

Imagen: El Reichstag en 1945

Denomina al Parlamento alemán desde la Edad Media, cuando hace referencia a la Asamblea del Sacro Imperio Romano Germánico. Tras su disolución y después de las Guerras Napoleónicas, se utilizó la palabra Reichstag para denominar el parlamento incluido en la llamada Constitución de Fráncfort de 1849, que nunca llegó a ponerse en práctica. Desde entonces, y hasta el periodo de dominio nazi, fue el término que denominaba al Parlamento alemán, elegido por el pueblo aunque con diferentes representatividades según el momento.

Cuando en enero de 1933, Adolf Hitler fue nombrado Reichskanzler (Canciller) por el Parlamento (pese a que no tenía mayoría absoluta y perdía representatividad con respecto a las anteriores elecciones), inició un proceso de cambio hacia posiciones totalitarias y de control del Parlamento (Gleichschaltung, que significa “unificación”, pero que en la práctica supuso la Machtergreifung, la toma del poder por parte de los nazis y la “nazificación” del país), que se consolidó tras el Incendio del edificio del Reichstag el 27 de febrero de 1933 y la subsiguiente  “Ley habilitante de 1933”, con la que el Parlamento alemán fue oficialmente inhabilitado para ejercer el poder legislativo. Su última sesión, ya únicamente como simple juguete en manos del partido nacionalsocialista, tuvo lugar en 1942.

Führer

Führer es una palabra que simplemente significa “jefe” o “líder”, aunque los acontecimientos posteriores a la IIGM hayan trastocado la definición y se utilice a menudo como sinónimo de “dictador”. Más habitualmente, Führer es hoy en día, otra forma de referirse a un solo hombre, Adolf Hitler. De hecho, fue él quien se autodenominó así como primer secretario (Vorsitzender) del NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán) en 1921, otorgándose el poder absoluto sobre los seis diferentes comités (Ausschussen) que integraban su estructura: propaganda, finanzas, juventud, deporte, investigación y arbitraje. Con ello, Hitler se aseguró de implantar el dogma o Führerprinzip, que podría traducirse por “principio de autoridad”, o también, obediencia absoluta al líder. Bajo este principio, su palabra se sobreponía a cualquier ley.  Hitler reflejó su ideología en el libro Mein Kampf (mi lucha) publicado entre 1925 y 1926, figurando en algunas ediciones como “el Führer de todos los germanos”.

En 1934, cuando Hitler ocupa a la Cancillería, tras la retirada de poderes del Reichstag y el fallecimiento del Presidente de la República, Paul von Hindenburg (1847-1934), acaparó los cargos de jefe del Estado (Führer) y jefe de Gobierno (Reichskanzler) hasta su muerte en 1945.

Como símbolo de esa obediencia ciega en el líder, se instaura el saludo Heil Hitler! (¡Salve Hitler!),  , de origen romano y copiado de la Italia de Mussolini, que se impuso en los actos públicos y militares, donde algunas veces se coreaba hasta tres veces con el saludo romano original, que significaba “salve victoria”: Sieg…Heil! Sieg…Heil! Sieg…Heil! Heil Hitler!

Lebensraum

Cartel de propaganda anunciando el regreso de colonos alemanes.

Significa “espacio vital” y es un término que no nació durante el nazismo, sino  mucho antes, en el siglo XIX, cuando lo acuña el alemán Friedrich Ratzel (1844-1904). La idea surge a partir de las teorías geopolíticas que empiezan a hacer furor en la segunda mitad del XIX, al tiempo que las ideas biologistas y naturalistas, que relacionaban territorio y población. Según esta ideología, un Estado quedaba garantizado si contaba con un territorio ampliamente espacioso para atender las necesidades de su población y su propia vitalidad (expansión). Ratzel apuntó el tema cuando Alemania se vio mermada geográfica y económicamente tras los acuerdos del Tratado de Versalles (1919) que pusieron fin a la Gran Guerra. El Lebensraum fue considerado como una necesidad vital por el nazismo en cuanto Hitler llegó al poder, justificando en esta teoría su deseo de ampliar territorialmente Alemania, principalmente por el este. Así lo explicó en su libro Mein Kampf (mi lucha): “los alemanes tienen el derecho moral de adquirir territorios ajenos gracias a los cuales se espera atender al crecimiento de la población”.

Comenzó entonces un desenfrenado plan para incorporar territorios “naturales” alemanes como Austria  y los Sudetes (Sudetenland) del territorio Checo. Esta operación llevó el nombre de Anschluss (Anexión), nombre utilizado por primera vez con la anexión de Austria y su transformación en la provincia alemana de Ostmark (Marca del Este). El plan también incluía Polonia (su invasión en 1939 inicia la II GM), Ucrania y todos los países del Cáucaso (fue el objetivo de la Operación Barbarroja en el marco de la guerra) hasta los Urales. La idea era establecer el Gran Reich Alemán (Großdeutsches Reich) o  Reich Teutónico en palabras de Hitler (también se refirió a él como “Estado germánico de la nación alemana”, o Germanischer Staat Deutscher Nation), una idea territorial que varió a lo largo del tiempo y que en algún momento incluyó, además de los mencionados: Alsacia-Lorena, los Países Bajos, la parte flamenca de Bélgica, Luxemburgo, Dinamarca, Noruega, Suecia, Islandia, Liechtenstein y las partes de habla alemana de Suiza. Alemania consiguió también establecer acuerdos para mantener “Estados Títeres” aliados fuera de sus territorios de expansión: la Francia de Vichy, Croacia, Serbia y Noruega.

El equivalente en el fascismo italiano sería la herencia de la “Italia irredenta”, la aspiración de obtener territorios del Trentino austriaco, además de Istria y Dalmacia (Eslovenia y Croacia), los territorios franceses de Niza, Saboya y Córcega, la griega Corfú y otras islas jónicas, Malta, Mónaco, Albania, Montenegro y los territorios africanos de Libia y Túnez. En Japón fue la Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental que justificó la invasión de China y Manchuria.

Übermensch

Entrada al Campo de Concentración de Auschwitz

En sus inicios, Übermensch hacía referencia a un concepto filosófico esgrimido por Friedrich Nietzsche en su libro “Así habló Zaratustra” (1883), en el sentido de una humanidad superior. Pero durante el nazismo fue utilizado frecuentemente para describir la raza aria como superior en un sentido completamente biológico. El Übermensch se convirtió en una de las bases filosóficas del nacionalsocialismo, contraponiendo el concepto al de Untermenschen, o “humanos inferiores”,  que para nada aparecía en la obra de Nietzsche. En base a esta ideología, se crearon una serie de medidas tendentes a depurar del territorio alemán a todos aquellos a quienes consideraban tenían una vida “indigna” de ser vivida (Lebensunwertes Leben)Admirador de la selección infantil procurada en la griega Esparta, así lo expresó Hitler en el segundo libro del Mein Kampf:

“La exposición de los enfermos, los débiles, los niños deformes, en definitiva, su destrucción, era más decente y en verdad mil veces más humana que la miserable locura de nuestro tiempo que preserva a los sujetos más patológicos y, de hecho, lo hace a cualquier precio; y, sin embargo, toma la vida de cientos de miles de niños sanos como consecuencia del control de la natalidad o por medio de abortos, para, posteriormente, engendrar una raza de degenerados cargados de enfermedades.”

Además de los enfermos mentales o discapacitados físicos, incluyeron a delincuentes, pedófilos, homosexuales, dementes, débiles y hasta disidentes políticos y religiosos. También a gentes a menudo calificadas como “las masas de Oriente”, como  judíos, romaníes y eslavos (polacos, serbios, rusos…), así como negros y asiáticos. Las leyes de “higiene racial”, promovieron programas de esterilización forzosa, eugenesia y eutanasia en miles de personas, tanto en Alemania como en los territorios ocupados. Precisamente, una de las razones esgrimidas para su política de ocupación territorial, tenía que ver con la protección de los habitantes de origen ario de estos territorios y el inicio de un proceso de germanización (Umvolkung) o “restauración de la raza”: “Donde sea que se encuentre sangre germánica en cualquier parte del mundo, tomaremos lo que sea bueno para nosotros”.

Dentro de este tipo de políticas expeditivas, se encuadran también todas las acciones llevadas a cabo por el régimen nazi contra la población judía alemana y de otros territorios: trabajadores forzosos en las fábricas alemanas, la creación de Campos de Concentración (Konzentrationslager)  como el de Auschwitz y, finalmente, la solución final (Endlösung der Judenfrage) al “problema” judío (Judenfrage).

Lebensborn

Siguiendo este afán de promoción y protección de la raza aria, se organiza toda una serie de programas destinados a la población alemana, como por ejemplo la Lebensborn, un proyecto para favorecer el aumento de nacimientos “puros” en Alemania. Fue fundado el 12 de diciembre de 1935 en Munich y estaba dedicado, fundamentalmente, al servicio de los jerarcas nazis, que debían inscribirse, casi obligatoriamente, en este programa de salvación de “la nación alemana”. La Lebensborn, era fundamentalmente, un servicio de apoyo a ciertas familias alemanas para que tuvieran más hijos. Comprendía ayudas económicas y asistencia especializada a madres y niños, que incluía la reclusión de ambos en centros especiales para procurar su bienestar. Pero también cubría las necesidades de madres solteras que necesitaran ayuda, lo que parece que en algunos casos pudo convertirse en una especie de servicio de maternidad a la carta encubriendo violaciones y prostitución.

Uno de los países donde más se implantó la Lebensborn fuera de Alemania, fue en Noruega. Se estima que más de 8000 niños, hijos de soldados alemanes con mujeres noruegas, pudieron nacer en estas casas de acogida, algunos de los cuales fueron dados en adopción a familias alemanas (los archivos noruegos de la Lebensborn permanecieron casi intactos tras la guerra, al contrario que los alemanes, y muchos de estos niños pudieron ser devueltos a Noruega).

Además de esa promoción a la maternidad, también se organizan programas para hacerse con niños de poblaciones polacas o eslavas. La operación Heuaktion (cosecha de heno, un eufemismo para referirse a huérfanos sin hogar)  fue un plan llevada a cabo, afortunadamente de forma parcial, por el ejército alemán durante la IIGM (en 1944) que consistía en el secuestro y posterior traslado a Alemania de entre 40.000/50.000 niños polacos y bielorrusos de “aspecto” ario, de entre 10/14 años para ser trasladados a campos de internamiento alemanes (Kindererziehungslager) donde eran seleccionados solo los aptos para la germanización.  En el mejor de los casos estos niños acabaron siendo educados por familias alemanas, pero en el peor,  fueron objeto de experimentos médicos horrendos o enviados a campos de concentración junto a las personas “inferiores” (Untermensch) del punto anterior.

Blitzkrieg

Aunque pudiera parecer otra cosa, este término no es original de las tropas alemanas, sino que fue adoptado y popularizado por la prensa de guerra. Es una palabra que significa “guerra relámpago”, o táctica rápida de asalto, o todo lo que pudiera describir la rápida invasión nazi de Polonia, el acto que el 1 de septiembre de 1939 inició la IIGM, uno de los conflictos bélicos más sangrantes de la historia de la humanidad.

En realidad, el ejército alemán denominó a la operación Fall Weiss (Caso Blanco) y se caracterizó en el rápido movimiento de tanques y otros vehículos blindados (Bewegungskrieg, guerra operacional de movimientos), y la contundencia de la potencia de fuego, con bombardeos masivos sobre las líneas (Vernichtungsschlag, batalla de aniquilación), técnicas ambas de sobra conocidas por Alemania, heredera del potente ejército prusiano.

El principal impulsor de esta técnica de combate (invasión en el caso de Polonia) fue Heinz Guderian (1888-1954), Jefe del Estado Mayor General del Ejército alemán, considerado uno de los mayores genios militares del siglo XX. A él se debe, además, el desarrollo de la tropa de carros blindados alemanes, en especial los Panzer y el famoso Panther, dos de los mejores carros blindados de la historia y de extrema y letal eficacia durante la II GM. Guderian fue el artífice de la Panzertruppe (tropas blindadas), la asociación de tropas en tanques y vehículos blindados que otorgó algunas de las más importantes victorias a Alemania.

Wehrmacht

Fue el nombre adoptado por las fuerzas armadas alemanas entre 1935 y 1945, tras la disolución del anterior ejército de la República de Weimar (Reichswehr), muy mermado tras acatar los acuerdos de Versalles al finalizar la Gran Guerra. Wehrmacht  es una palabra que significa “Fuerza de Defensa”   e incluía  el Heer (ejército), la Kriegsmarine (armada) y la Luftwaffe (fuerza aérea).

Más tarde, Hitler hizo todo lo posible (incluida la depuración expeditiva de sus mandos en la Noche de los cuchillos largos) para incluir en la estructura de la Wehrmacht a las milicias (camisas pardas) de la organización paramilitar Sturmabteilung (SA),  la fuerza armada del partido  NSDAP (Partido Nacional Socialista Obrero Alemán), en la que militaban desde antiguos Freikorps (milicias de voluntarios hasta el siglo XVIII que fueron incorporados al ejército durante la Gran Guerra) y soldados licenciados de la Reichswehr, hasta civiles miembros de varias formaciones paramilitares nacidas durante el ascenso del nazismo. Después de la depuración, las llamadas ahora Waffen-SS, cuerpo de élite de nazismo, fueron ya el cuarto cuerpo de la Wehrmacht.

AlmaLeonor_LP

…Continuará…