FRASES CON IMÁGENES (XIII)

FRASES CON IMÁGENES (XIII)

Jose Luis Muñoz

“Hubo un tiempo en el que ella simplemente no existía.” JLIS

Microrelato de José Luis Ibáñez Salas.

 

 

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PARA ESTO ES PARA LO QUE SIRVE LA HISTORIA

PARA ESTO ES PARA LO QUE SIRVE LA HISTORIA

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Artículo de  en Anatomía de la Historia del 15 febrero 2017

No me interesa mucho el pasado y, si quieren saberlo, es la obsesión de este país por la historia lo que, en parte, nos ha metido donde estamos ahora: en la mierda. No puedes entrar en un bar sin que algún caraculo te de la paliza hablando sobre las fronteras de antes de 1918, o remontándose hasta Bismarck, cuando corrimos a patadas a los franceses. Son heridas viejas y no sirve de nada hurgar en ellas.”

Bernie Gunther, personaje alemán de Philip Kerr, en 1936

La Historia es una disciplina que aquí escribo en mayúscula (H-i-s-t-o-r-i-a) para distinguirla de lo que esa disciplina estudia, que es la h-i-s-t-o-r-i-a, esto es, el conjunto de hechos, de acontecimientos, que los historiadores narran tras analizarlos constituyendo con ese discurso suyo escrito lo que es la propia historia, a la que acuden, a la que llegan, por medio o a través de las herramientas de la Historia, que es su oficio, eso de lo que hemos dicho que es una disciplina. Qué lío, sí. Pasado versus oficio. Lo ocurrido versus disciplina. historia versus Historia. Sigo.

La objetividad no es inherente al oficio del historiador, una profesión cuyo ejercicio no carece de intenciones, ni está exenta de partir de una serie de presupuestos sociales y políticos: que conste ya. Si revisamos el pasado es para desprender a la historia de su parte inexcusable de leyenda por medio de la Historia, un ámbito donde y con el que debatir sobre asuntos en absoluto banales.

Los historiadores presenciamos un espectáculo que luego explicamos por medio de una narración, pues no en vano le devolvemos al lector de nuestros libros algo muy parecido al guion de una película que hemos visto con mucha atención.

Nuestra disciplina ha aprendido a enfrentarse al pasado y nosotros, los historiadores, a no temer salir en ocasiones derrotados en ese combate contra un mundo que en realidad no existe; y ello desde la honestidad del profesional que trata de que sus propios intereses no estropeen la realidad que ha de mostrar a su público, a la sociedad civil, no sólo a la comunidad lectora.

En buena parte del siglo XX prevaleció aquella idea historiográfica que quería ver un plan en la historia y reconocía un conjunto de leyes que en ella se dan y que han de ser descubiertas y dadas a conocer por los historiadores. Si Arnold Toynbee y Oswald Spengler mostraron un camino, no hemos sido capaces los historiadores de dar con semejante plan ni encontrar ley alguna. No hemos visto la Historia. Si acaso, nos hemos conformado con atender “las múltiples formas que adopta todo lo que ha dejado de ser”, como ha dejado dicho el historiador colombiano Luis Felipe Valencia Tamayo recientemente.

Y ahora es cuando creo que hay que plantear, cuanto antes mejor, una de las grandes preguntas a este respecto: ¿es la Historia una ciencia? En esa manera suya de analizar y explicar y contar el pasado, esto es, el cambio y la permanencia, la Historia, como ya dije cuando esta revista debutaba en mayo de 2011, es más bien un género narrativo que, a diferencia de la ficción, persigue objetivos científicos.

Los historiadores sólo revisamos el pasado en tanto que revisamos lo que otros han hecho cuando han revisitado ese mismo pasado. De tal manera que la Historia sería “el pasado recordado”, como escribiera el historiador estadounidense de origen húngaro, John Lukacs, experto en la Segunda Guerra Mundial y su correlato, la Guerra Fría.

Jose Luis Ibáñez Salas.

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El resto de este interesantísimo artículo, puede leerse aquí, en Anatomía de la Historia.

LEER

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André Kertész

Lees un libro
una novela o unos poemas
una obra de teatro
algún ensayo
puede que sea un tebeo
un libro de cuentos
lees ese libro
y durante un instante sin manecillas
un momento de magia
olvidas quién eres
ni sabes qué haces
sólo reconoces esas palabras
esas líneas robadas al espacio
esas páginas fuera del tiempo
no, con su propio tiempo
páginas con sus propios límites
estás leyendo
sabes que lo falso es la realidad.

[JLIS] José Luis Ibáñez Salas

[Imagen: André Kertész]

GROUCHO

GROUCHO

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Perdona que te moleste
Groucho
(ya sé que nunca dijiste eso
y que en tu lápida pone otra cosa)
perdona, digo, fumador de bigote falso
pintado
no de pega
porque nada tuyo es de pega
¿que no?
te debo unas frases
te debo las risas
millones de risas
te debo al menos dos
mi risa y la de mi hija María
!!!tendrías que oírla¡¡¡
perdona Groucho
pero tengo que felicitarme

felicitarme a mí por tu cumpleaños
te dejo que sigas
que sigas con tus cosas.

                   (JLIS) Jose Luis Ibañez Salas

Dedicado al aniversario del nacimiento de Julius Henry Marx, más conocido como Groucho Marx (2 de octubre de 1890-19 de agosto de 1977)

El franquismo

El franquismo

Jose Luis Ibáñez Salas

Silex ediciones, 2013, Madrid, Prólogo de Ángel Viñas.

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Creo que un día como hoy, 18 de Julio, es el mejor del año para hablar de este libro, El franquismo”, una nueva forma de contar esa etapa de nuestra Historia reciente de la que creo que nunca, repito nunca, acabará de explicarse completamente.

“Es decir, que si el origen del franquismo está en la Guerra Civil y esta lo tiene a su vez en una rebelión llevada a cabo por militares, Franco entre ellos, que había jurado fidelidad a una Constitución… el franquismo nació de una traición”.

Y eso es lo que convierte a nuestra peculiar Historia en algo difícilmente definible… tanto como el propio término que da título al libro… franquismo… con minúscula.  Hace algún tiempo asistí en un foro de Historia a una discusión acerca de si franquismo se escribía con minúscula (adjetivado) o con mayúscula (nombre de período histórico), sin llegar a ninguna conclusión. En este libro no se encuentra la mayúscula ni en el título.

No es esta la única aclaración terminológica que se hace en el libro. A mí la que más me gustó fue esta:

“Dado que los rebeldes y los historiadores favorables a sus actos llamaron nacional a su bando y a la zona conquistada por sus tropas, conviene dejar claro que en este libro semejante adjetivo no será usado por cuestiones en absoluto ideológicas, más bien profesionales. Nacionales eran los dos bandos. Y de hecho es curioso que quienes más ayuda internacional recibieran se adjudicasen, llevados por su ideario nacionalista, claro, ese apelativo.”

Y no lo hace:

Fuerzas sediciosas, sublevados, rebeldes, bando rebelde, bando franquista, Gobierno rebelde, pronunciamiento fallido rebelde, rebeldes franquistas, sublevados franquistas, Gobierno franquista, bando franquista, los hombres de Franco, los franquistas, la causa anticonstitucional y antirrepublicana, dictadura franquista, la rebelión, levantamiento antirrepublicano, sediciosos militares, los juramentados, los alzados en julio del 36 contra la legalidad republicana, autocracia, la autocracia ultranacionalista, el régimen de Franco…

Estos son varios de los términos que emplea para definir lo que el propio régimen llamó “bando nacional”.  Solo en la página 56 se desliza un “los nacionales ocupan definitivamente…” (la negrita es mía).

Pero el libro ya me había conquistado del todo. Aunque para ser sincera, SABÍA que me gustaría. Conozco la profesionalidad de Jose Luis Ibáñez Salas y habíamos hablado en alguna ocasión sobre la época, demostrando siempre sus amplios conocimientos. Pero es que además, me gusta su estilo y su forma de escribir. Aunque pueda parecer que esto “se lo digo a todos”, en esta ocasión me cautivan algunas de sus “formas” escriturarias: Me encantan las introducciones en cada capítulo con párrafos que vienen al caso; Me gustan mucho sus “recapitulaciones”; me parecen muy acertadas sus referencias bibliográficas y la forma de citarlas, poniendo énfasis adecuados con cursivas propias; y me gusta la forma clara y sin rodeos de exponer las cosas…

“No parece que sea necesario insistir en algo que resulta evidente y que ni la trayectoria institucional ni cronológica del franquismo desmentiría jamás: el general Francisco Franco ejerció sobre los españoles en sus 39 años de gobierno una dictadura.”

Así pues el recorrido que hace Jose Luis Ibáñez en su libro, es un retrato de la dictadura ejercida por un hombre, Francisco Franco, a quien en ningún momento llama otra cosa que no sea la correcta: Francisco Franco, protagonista y dueño del franquismo, el autócrata (es el término más utilizado),  el dictador, el caudillo ferrolano… y hasta megalómano le llama.

Porque lo que trasmite Jose Luis Ibáñez Salas en todo su libro es que  el periodo de la Historia de España que se ha dado en llamar “El franquismo”, no fue un régimen fascista, sino personalista, dirigido por un hombre acostumbrado a nadar entre agitadas aguas procurando siempre colocarse, sin que se sepa muy bien como, en la cresta de la ola ganadora. Solo así se entiende que un totalitarismo tan personal consiguiese aunar en torno suyo a todas las diferentes, muy diferentes, “familias” (por utilizar el término del propio dictador) que le auparon y mantuvieron en el poder: militares, monárquicos tradicionalistas, derecha española, falangistas y jerarquía católica.

Dice el autor al respecto que “el totalitarismo fascista” solo existió en tanto que extensión de la propia “eternización de la figura de Francisco Franco”. Y solo atribuye una cierta fascistización del franquismo” a la labor ejercida por Jose Luis Arrese, Ministro secretario general del Movimiento.

No fue un fascismo, ni se acercó siquiera a los llevados a cabo en Alemania e Italia previamente a la II Guerra Mundial. Es verdad. Pero pienso que es muy probable que desde 1931 incluso, y hasta 1975 (tal vez se pueda extender hasta la actualidad), todos (particulares, grupos o instituciones) los que de alguna manera se vieron afectados por los protagonistas del golpe de Estado, la Guerra Civil y el propio franquismo, sí que lo vieran, lo apreciaran, lo vivieran y lo combatieran como tal, como un fascismo “a la manera española”. Es posible que sea un aspecto aún por investigar.

Concluye el libro con un magnífico capítulo sobre el tardofranquismo que culmina la idea general defendida en toda la obra:

“No hubo libertades en el régimen de franco”.

Ninguna. Todo lo que pudo hacer el franquismo en nombre de la libertad, incluso durante el periodo del “desarrollismo”, no fue más que la fachada de una represión que duró hasta el día del último hálito de vida del dictador, como bien queda reflejado en este capítulo.

Termina el libro con un epílogo y una muy necesaria recopilación bibliográfica, mejor una aproximación bibliográfica, pues como decía al principio de esta reseña, nunca se acabará de escribir todo lo todo que fue el franquismo para España.  Y digo “fue” porque estoy con José Luis Ibáñez Salas cuando concluye contundentemente que el franquismo, pese a quien pese, murió con su creador, “treinta y cinco minutos antes de las 6 de la mañana del día 20 de noviembre del año 1975”.

Echo de menos en libros de este tipo un índice onomástico, aunque la brevedad de la obra presente quizá lo desaconsejase desde el principio. Por lo demás es de desear una continuación con la etapa de la Transición española, de tantas y tan variadas interpretaciones, disparadas hasta el paroxismo hoy en día. Apetece, y mucho, una clarificación y concreción de ese periodo con las mismas fórmulas empleadas para “El franquismo”.

Un día como hoy, 18 de Julio, de 1936 comenzó uno de los episodios más dramáticos de nuestra Historia, una Guerra Civil que nunca terminó en paz, sino en victoria y con ella comenzaron los casi cuarenta años de oscurantismo y represión llamados genéricamente, “El franquismo”. Un buen día para empezar a leer este libro que recomiendo vivamente.

“Pero la paz no llegó, y no llegó porque no hubo acuerdo de paz. Hubo rendición y Victoria con mayúscula. El triunfo de los valores diametralmente opuestos a aquellos que habían inspirado las jornadas de alegría colectiva de abril de 1931, el triunfo de la autocracia personalista ultraconservadora, antiliberal y antidemocrática, revanchista y represiva”.

Alma Leonor López.