SUANCES Y SAN VICENTE DE LA BARQUERA

DÍAS DE PLAYA EN CANTABRÍA: SUANCES Y SAN VICENTE DE LA BARQUERA (AGOSTO Y SEPTIEMBRE 2017)

Tal vez no sea casualidad que las dos localidades costeras cántabras empiecen por la misma consonante, pero el caso es que ambas son las protagonistas de nuestras últimas excursiones y ambas nos han encantado hasta el punto de contar, las dos, con una promesa de retorno.

SUANCES

SUANCES (CANTABRIA) AGOSTO 2017

Fuimos en Agosto. Lo digo porque es algo inusual en nosotros, que no solemos movernos en ese populoso, caluroso y agotador mes, pero teníamos un bonito día para hacer una excursión y nos decidimos por Suances.

Habíamos leído que tenía una playa para perritos, y esto nos apetecía, pues ya no hacemos un viaje sin Miki. Como el día se presentaba fresquito (salimos con unos 10º de Valladolid) pensamos que no sufriríamos los rigores del verano y nos arriesgábamos a una jornada lluviosa, pero nos fuimos.

No es difícil llegar. Desde Valladolid tomamos la E-80/A-67 dirección Santander sin problemas. Dejamos atrás Fromista, Mave (siempre que pasamos por aquí nos decimos que queremos volver, comimos de maravilla hace algún tiempo), Aguilar de Campoo, Reinosa… pero en Torrelavega debimos tomar una salida que no era, o la tomamos demasiado pronto, porque el caso es que atravesamos toda la fábrica que ocupa buena parte del cinturón industrial de esta ciudad.

Nos presentamos enseguida en Suances, el Portus Blendium romano. Nada más aparcar, en el puerto, parecía que la lluvia nos iba a visitar. Pero fue una falsa alarma… Eso sí, mientras nosotros disfrutábamos del día en camiseta, había quien se había tomado en serio la previsión de lluvia y se abrigó a conciencia.

La marea estaba baja en la Playa de la Ribera, que fue la primera que visitamos. Como digo, hacía buenísimo, pero no tanto como para que la playa estuviese ocupada por bañistas. No había nadie absolutamente. La marea estaba baja y nos permitió pasear, incluso con Miki, hasta el final de la misma, donde esperaba ya el mar.

Comimos, y muy estupendamente por cierto, en el Restaurante La Dársena, en la misma playa y, más tarde, nos fuimos a pasear por el puerto (la marea ya estaba alta y no se veía el lugar por donde habíamos paseado en la mañana) con intención de llegar hasta la playa canina. Pero no llegamos tampoco. Nos quedamos en la pequeña playa de la Riberuca, donde no había casi nadie (para no mentir, había otras personas con perro y un señor tomando el sol) y pudimos disfrutar de una jornada deliciosa jugando con Miki en la arena y en la orilla. La playa canina está un trecho más allá, pero nos contaron que es muy sucia y que con la marea alta casi no queda playa.

Finalizamos el día con un paseo por la enorme Playa de la Concha, donde ahora sí que había más bañistas disfrutando del día. Nos hicimos fotos en la zona dunar, donde hay un monolito que recuerda a Miguel Delibes y sus palabras sobre Suances, y terminamos el día con un café en una preciosa cafetería cinéfila donde Miki volvió a ser la estrella.

Cuando nos marchábamos vimos la zona más alta de Suances, con los muchos apartamentos y hoteles y la famosa Estatua de los Vientos, maravillosamente acompañada por un precioso atardecer. Pero ya no paramos. Fue aquí donde hicimos nuestra promesa de volver a Suances (es que nos quedó mucho por ver, además), pero ahora tocaba marcharse.

SAN VICENTE DE LA BARQUERA

SAN VICENTE DE LA BARQUERA (CANTABRIA) SEPTIEMBRE 2017

Esta vez era septiembre. El día 11, para ser exactos. Nos habíamos planteado dormir una o dos noches en algún lugar de la costa y nos decidimos por San Vicente de la Barquera que, aunque conocíamos de hace mucho tiempo, queríamos volver a visitar y conocer de paso la playa canina de la que nos habían hablado varios amigos.

El camino de ida era el mismo que para ir a Suances, pero esta vez antes de llegar a Torrelavega vimos una indicación hacia Santillana del Mar y San Vicente de la Barquera que también permite ir a Suances y evitar la vuelta “fabril” que habíamos tenido que dar el mes anterior. La próxima vez haríamos lo mismo.

Igualmente nos presentamos enseguida en San Vicente de la Barquera, y más rápidamente aún en el Camping El Rosal, todo un descubrimiento que nos hará volver a esta preciosa localidad mucho más frecuentemente de lo que nos imaginábamos. Tiene una ubicación envidiable, nos atendieron muy amablemente y las parcelas son fantásticas. Todo un descubrimiento, ya digo.

Con la alegría de estar tan bien situados en San Vicente de la Barquera, salimos a dar nuestro primer paseo por los alrededores del camping. Tiene de todo alrededor. Un pinar precioso, un sistema dunar muy cuidado, una zona de viviendas con varios restaurantes y tiendas y, sobre todo, una playa magnífica y larguísima, que aunque no estaba permitido utilizar con perro (a partir del 30 de septiembre si, lo que nos alegró enormemente), si que pudimos pasear con Miki por los alrededores (como hacían otras personas) disfrutando de un día maravilloso, caluroso, pero cubierto y ventoso.

Tengo que decir que salimos de Valladolid con una previsión de lluvia copiosa para los dos días, y con unas temperaturas bajas, sobre todo por la noche. Pero decidimos ir de todas formas. En el camino ya vimos que las previsiones se rebajaron y la lluvia ya no amenazaba con ser copiosa sino ocasional. Y, finalmente, solo llovió durante unas horas por la noche sin que al día siguiente se arrugase el día. Muy al contrario, amaneció con un esplendoroso azul en el cielo, unas pequeñas nubes que embellecían aún más, si cabe, el paisaje y un día agradable para pasear y disfrutar de la orilla del mar. ¡Una maravilla!

Hicimos el recorrido por el pueblo acompañados por este preciosísimo día y con una temperatura más que agradable. Así que la visita fue completa. Visitamos la zona monumental con el castillo y la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, con su Albergue para Peregrinos y su primitivo Hospital de la Concepción. Todo el entorno es una preciosidad con unas vistas estupendas a las que la cámara no dejaba de enfocar. No había rincón que no mereciese una fotografía. Por eso, y por lo angosto de esta parte alta, me resulta extraño que aquí se ubiquen desde los Juzgados municipales (con un edifico nuevo que no hace ningún favor al entorno) hasta el Ayuntamiento, pasando por un colegio privado y viviendas a las que hay que acceder por la empinada calle empedrada tras retirar un bolardo… me pareció extraño, la verdad, extraño e innecesario. Pero supongo que sus razones tendrán. Al otro lado del puente sobre la ría también hay cosas que ver, aunque aquí la cámara se dirige, casi inevitablemente, hacia el mar, como el Miki, que nos dio algún susto. Si miramos hacia la calle del otro lado, corremos el riesgo de ser “asaltados” por quienes quieren recomendarte su restaurante…

 

Si he de poner alguna pega a este viaje es que no encontramos un buen sitio para comer. Tampoco buscamos mucho, porque además nosotros llevábamos nuestras cosas, pero como tuvimos tan buena sensación en Suances, quisimos repetir y no nos salió bien la jugada. En el camping no comimos bien, todo hay que decirlo. Y al día siguiente pedimos una pizza en un sitio cualquiera que, aunque estaba bien hecha y sabrosa, no era para tirar cohetes. En otra ocasión, o elegimos mejor, o nos quedamos en la furgo directamente. Por cierto, que teníamos muchas ganas de dormir en la furgo ¡hacía muchísimo que no lo hacíamos!

Tanto tiempo hacía que hasta nos olvidamos muchas cosas. No tuvimos la precaución de preparar el Potty y nos fuimos sin él. Tampoco revisamos el gas (la bombona esta ya en las últimas y como hacía tanto tiempo que no la usábamos casi no podemos calentar ni el café) ni el agua (nos fuimos sin llenar el depósito) y, por olvidar, hasta nos olvidamos del cargador de la cámara del marido, así que casi todas las fotos son mías. Pero, como estaríamos en un camping y solo por un par de noches (nos hubiésemos quedado solo una si hubiese aparecido la lluvia copiosa de la predicción), pues no nos preocupamos demasiado. Ni siquiera llevábamos comida para los tres días, pero si para salir del paso con alguna visita a una pizzería.

San Vicente de la Barquera es una maravilla paisajística. Desde antes de llegar ya se aprecia la belleza de un enclave que pugna por ser bonito mires hacia donde mires: a un lado el mar, al otro las montañas; en la entrada, una ría con uno de los puentes más bonitos del norte; en lo alto, un castillo y una iglesia que coronan el paisaje como una guinda corona un pastel. Todo  es precioso.

Pero sin duda lo que nos encandiló fue el camping y su entorno. Es un lugar muy frecuentado por surfistas que llenaban el camping (muchos se alojaban en los bungalows, preciosos) y el aparcamiento de la playa con sus furgonetas y autocaravanas. Y verlos trasegar por todas partes con sus tablas a cuestas (y sus hijos y sus perros, ellos y ellas, con niños de todas las edades) era fantástico. Claro que observarlos sobre el mar, con las oportunidades que les brindaron las olas los dos días que estuvimos, fue ya algo sublime. Nos contaron que el primer día las olas no eran de las buenas, las que a ellos les gustan, porque eran olas “de aire”, decían. El segundo día ya se vio que eran más de su gusto, porque una inmensidad de surfistas abordaron el mar durante todo el día (y una montonera de pescadores en el malecón y unos cuantos fotógrafos con sus trípodes capturándolo todo… era “el” día). De verdad que estuvimos encantados.

La playa canina está cerca de la carretera, en la rotonda donde hay que tomar el desvío hacia el camping. No está demasiado lejos de este, pero no está al lado tampoco. Hay que bajar unas escaleras, pero luego el espacio es precioso y la arena muy buena. Había varias personas disfrutando con sus perros tanto en la arena como en el mar, y nosotros pasamos una tarde magnífica allí con el Miki. Por cierto, conocimos a dos bulldogs inglés, preciosos, que llevaban una simpatiquísima pareja de Extremadura que estaban disfrutando de unos días en Cantabria. Ojala volvamos a coincidir.

El miércoles nos levantamos con ánimo de recoger enseguida y pasar un rato más en la playa antes de marcharnos, pero hacía un día tan bueno, tan magnífico, que no pudimos por menos que remolonear todo lo que nos permitieron en el camping antes de salir.

Luego, el camino de vuelta se nos hizo tan rápido como cuando volvimos de Suances, pero no porque tuviésemos ganas de irnos, sino porque lo hacíamos con la misma promesa. La de volver en cuanto podamos.

AlmaLeonor.

 

Como siempre, las fotos del viaje pinchando en las imágenes de cabecera (SUANCES y SAN VICENTE DE LA BARQUERA) y en ALMA VIAJERA.

 

 

 

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EL “PATO” DE SCHRÖDINGER

EL “PATO” DE SCHRÖDINGER

Ánade o pato común (Anas platyrhynchos)

Aunque tardé un buen rato en darme cuenta, esta mañana, en mi paseo con Miki a lo largo del canal, un pato… mejor dicho un grupo de patos me seguía displicente en todos mis movimientos. Si yo me paraba, ellos se paraban, si avanzaba, ellos avanzaban. En realidad, todos ellos (la mayoría hembras y pollos jóvenes) seguían a un pato común macho, grande, de colores brillantes y gesto vivaz, que era el que encabezaba la comitiva y el que marcaba el ritmo de parada-avance, según mis movimientos.

Cuando me di cuenta de ello empecé a pensar en el motivo de tal comportamiento, y como yo nunca me he parado en el canal a echar comida a los patos (mucha gente sí que lo hace), se me ocurre que quizá aquel pato guiaba a sus congéneres (o tal vez una extensa familia) siguiendo no a la persona que les proporcionaba un alimento extra, sino a la representación de esa persona. Evidentemente, el pato no distinguía entre su dadivoso humano y mi persona ¿o tal vez si y lo que estaba expresando con su comportamiento era la notada ausencia de esa persona?

Entonces se me ocurrió describir la escena con un título: era el Pato de Schrödinger.

Todos conocemos, más o menos, la famosa distropía de Schrödinger, esa en la que un gato, (cruelmente utilizado, aunque se supone que en teoría) encerrado dentro de una caja con una capsula de veneno y un dispositivo que puede romper o no la capsula, crea la duda de si está vivo o muerto a no ser que se abra la caja, probando con ello la superposición cuántica de los estados «vivo» y «muerto», algo que no puede ser explicado por la lógica, solo con la intervención de un observador exterior. Es una noción interesante que siempre me ha intrigado. Estar vivo o muerto depende de la mirada ajena, parece querer decirnos la teoría de Schrödinger. Estar y no estar a la vez, mientras no se dirima la duda por un medio externo: abrir la caja y mirar.

Es lo que parecía querer decirme aquel pato de Schrödinger. Una persona que está y no está a la vez, dependiendo de la apreciación del pato. Para aquel pato, o yo era esa persona que esperaba y me estaba apremiando para que cumpliera con el cometido alimenticio, o yo era la representación de alguien que lo hacía, y por lo tanto, era una muestra clara de su ausencia. O al menos, esa es la duda que hizo crecer en mí. ¿Dónde estaba esa persona que esperaba el pato? ¿Existía siquiera? ¿Acaso debía ser yo esa persona? ¿Da igual la persona, el caso es estar ahí dando de comer a los patos? Estar y no estar a la vez. La distropía de Schrödinger.

Digo que me resulta muy interesante el experimento porque puede aplicarse a nuestra propia situación vital de cada día. Dejando aparte la inquietud que me causó el Pato de Schrödinger esta mañana, uno está o no está, dependiendo del ángulo externo con el que se le observa. Por ejemplo, para nuestros amigos, familiares y conocidos, siempre “estamos” aunque tardemos mucho tiempo en hablar o comunicarnos. Pero para el resto del mundo, nuestro estado vital dentro de una supuesta caja (nuestra vida), sería acogido con una indiferencia tan absoluta que se parecería mucho a estar muerto. Uno está y no está, vivo.

Pero si metiésemos en esa “caja” imaginaria de Schrödinger a un personaje muy conocido, por poner algún que otro ejemplo, digamos que a Jesucristo, Mahoma, Julio Cesar, Superman, James Dean, Marilyn Monroe o Elvis Presley… para la gran mayoría se proyectaría una imagen “muy viva” de su persona, aunque en puridad, sea una persona fallecida (o que nunca llegó a existir). El Rey ha muerto, viva el rey. El rey siempre está, aunque no esté.

El caso es que ahora no hago más que pensar en esa persona que esta mañana debía de haber acudido a una cita con el pato, una cita que yo imagino, que no sé si es real, que solo lo intuyo por el comportamiento del pato, y que por lo tanto, no puedo saber si está viva o muerta hasta que no se abra la caja… es decir, hasta que no aparezca alguien con una bolsa de pan para echar de comer a los patos. Pero en ese caso, y ahí está la enorme paradoja de la distropía del Pato de Schrödinger, nunca sabré si esa persona que aparece es la persona que esperaba el pato cuando aparecí yo…

Y así sigo cavilando…

AlmaLeonor

 

RINCÓN DE AGRADECIMIENTO

RINCÓN DE AGRADECIMIENTO

He dicho alguna vez que algo he debido de hacer bien en algún momento de mi vida, como para recibir tantas cosas y tanto cariño de gente buena. He tenido que hacer algo bueno alguna vez…

Alicia Prado, además de una gran pintora y dibujante, es una magnífica persona que ha tenido la paciencia y la amabilidad de realizar este retrato mio con Miki que me ha hecho muchísima ilusión y que le agradezco en el alma… ¡¡Mil Gracias Alicia!!

 AlmaLeonor

PERROFOBIA

PERROFOBIAS

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Una respuesta propia al artículo de Javier Marías titulado PERROLATRÍA  y que pueden leer pinchando en el título.

Lo de los “derechos” de los animales es un despropósito. Con frecuencia son sus propietarios quienes quieren para sí una especie de privilegio añadido.

Este es el titular con el que Javier Marías se despachaba a gusto en su columna de El País Semanal tachando a los que proclaman los derechos de los animales de “privilegiados” que defienden un “despróposito” y de paso calificándonos a los propietarios de mascotas, poco menos que de “dictadores” que queremos imponer a los demás nuestros gustos por los canes.

Marías dice que aquí, en España, hemos “importado” la “lerda” idea americana de creer que todo el que posea un perro es buena persona, y pone de ejemplo a Hitler… Mire señor Marías… sabemos de sobra que poseer un perro (empieza hablando de animales, luego de mascotas y acaba reduciendo su biliosa diatriba solo contra los que tienen perro) no es sinónimo de ser buena persona, como escribir libros de éxito no le eximen a nadie de ser idiota. Y no hace falta que se vaya muy lejos para tener claros ejemplos. De lo de los perros, digo. De lo otro, que cada uno piense en quien quiera. Aquí en España hay mucho hijoputa que tiene perro y le abandona… eso los más benévolos, porque otros directamente cuelgan a los galgos de un pino en cuanto se acaba la temporada de caza, les utilizan para peleas de perros a muerte, les maltratan hasta casi la muerte y luego les tiran desde una furgoneta a la carretera, o podría ponerle miles de ejemplos más. No son buenas personas, pero sus perros, hasta muertos, les serán fieles. Así son esos animales.

Dice también el señor Marías que los animales no tienen derechos y sí las personas deberes para con ellos. Si los ejemplos anteriores no son suficientes, podría decirle de muchos que ejerciendo de sus derechos de posesión y superioridad hacia los animales, revientan caballos en el Rocío, cortan la cabeza de lobos para colgarlos en las señales de tráfico de Cantabria, saltan encima de lechones hasta revertarles las entrañas, se suben encima de un borrico de poca alzada hasta causarle la muerte, sacan a una cría de delfín del mar hasta morir con tal de hacerse un selfie, matan a garrotazos a las crías de las focas árticas para utilizar sus pieles por snobismo, son capaces de causar la muerte de miles de tortugas que acuden a desovar a playas atestadas de turistas que hasta se suben encima de ellas para hacerse fotos, asesinan cada año a miles de calderones indefensos en las costas danesas a palo limpio, y por supuesto, hay bárbaros capaces de alancear a un toro hasta morir, de causarle sufrimientos infinitos en una plaza de toros, o de provocarle heridas de toda clase en novilladas, escuelas taurinas, correbous y demás vaquillas de pueblo.

Digital Camera

Pero claro, todo eso lo hace la gente honrada, honesta y henchida del derecho a que quien tenga un perro no le moleste cuando pasea por la calle, o se siente en una terraza, o no le ofenda cuando ve a alguien en las redes tratar a su mascota como parte de su familia. Es mejor que toda esa gente honrada, honesta y henchida de derechos, se dedique a hacer todo lo que he descrito más arriba, o vocifere o escupa por la calle, fume delante de todo y de todos sin consideración ninguna, imponga la mala educación que ha propiciado a sus chillones hijos a todo el mundo en todas partes, y por supuesto, me obligue a mí y a otros a aguantar el beneplácito absoluto del que goza el fútbol por poner un ejemplo. Por tener un perro le molesta a usted mi actitud por mantenerlo en las mejores condiciones, pero es socialmente aceptable, que una empresa cierre para ir a ver un partido o se utilicen espacios públicos de todos para aporrear los sentidos con las barbaridades de los comentaristas futboleros, y de paso para hacer política a costa de más mentiras.

Según el señor Marías los animales no tienen derechos, y aunque es partidario de no maltratarlos gratuitamente (me gustaría saber cómo ha escrito este artículo suyo entonces),  sí que es partidario de responder violentamente si le ataca. ¡Hombre! Faltaría más. Nadie le va a reprochar señor Marías que utilice un raticida en su desván, un matacucarachas o matahormigas en su jardín, un insecticida en su casa, o un repelente de mosquitos en su piel (aunque también hay alternativas menos dañinas para todo ello, que conste). Puede estar tranquilo por ello que no le vamos a acusar de nada desde este “desvariado” sector de los amantes de los animales si se defiende de ninguno de esos bichos, o de un león que quisiera devorarle, pongo por caso, si eso pudiera suceder. Incluso de un perro que le atacara, aunque su ataque tuviera una explicación (que siempre la tienen). Pero ¿acusarnos a todos los que tenemos mascotas de querer “imponer” su presencia animal porque en Madrid haya tal número de ellas? Incluso se asombra de que algunas personas tengan más de un perro. Vamos, señor mío, que hay quien tiene más de un coche (o más de un arma de fuego, si me apura) y causa más daño que el dueño de varios perros y eso no parece molestarle a usted nada de nada.

Los animales tienen derechos, como seres vivos que son, o tendrían que tenerlos, vaya. Igual que les tenemos todos.  Nosotros también somos animales a los que se supone que nos asiste una racionalidad que pocas veces demostramos y deberíamos ser capaces de discernir cuando un animal hace daño, de cuando es simplemente una mascota (también hay gatos, pajaritos, toda clase de roedores, reptiles…). A nosotros también nos asiste el derecho de defendernos de una persona que nos ataca, e incluso hay leyes que avalan esa posibilidad o sirven para hacer caer todo el peso de la ley sobre quien nos violenta. ¡¡Si hasta hay leyes, incluso internacionales, que defienden construcciones y edificios como Patrimonio de la Humanidad y ejercer violencia contra ellos está penado!! Pero los animales no las tienen. Vale, si, existen leyes contra el maltrato animal, pero eche un vistazo a los casos que he puesto más arriba y dígame a cuántos de esos carcamales les ha sido impuesta una sentencia severa, ejemplarizante y suficientemente disuasoria. No. Nuestras leyes, muy al contrario, son capaces de blindar festejos taurinos y defender escuelas de tauromaquia, incluso subvencionando visitas escolares a las plazas. Nuestras leyes, muy al contrario, son capaces de defender el derecho a cazar con escopeta animales que vuelan de paso por nuestro cielo, o que viven en nuestros bosques, o pescar con muerte y sin control algunas especies de río o marinas, que como muchos otros de los cazados, están en vías de extinción. Esas leyes no condenan a quien maltrata animales. Pero si me condenan a mi si llevo suelto a mi perro de 15 kilos por la calle.

Lo de recoger las heces es un acto de civismo que realizamos la gran mayoría, pero como en todo, hay guarros que no las recogen, y también guarros sin perro que escupen o se suenan los mocos en la calle, que orinan en cualquier rincón (hasta en mi portal, obligándonos a los vecinos a hacer un desembolso económico para poner una puerta adicional), que incluso defecan (si, si, todos los que tenemos perro lo sabemos y si no, pregunte), que tiran botellas o vasos dejando los cristales rotos, que tiran las colillas de sus cigarros al suelo, o realizan todo tipo de actos vandálicos en las ciudades y que parece que molestan poco a los que solo tienen ojos para ponerlos en quien llevamos mascotas.

No creo que los dueños de perros clamemos porque nos dejen entrar en todos los sitios posibles, pero si porque en España se puedan tener los mismos derechos que se tienen en otros países de Europa, ya que tan europeístas nos proclamamos a veces. En varios países de Europa he viajado con mi perro en todo tipo de transportes y al sentarme en una terraza o local, le ponen primero un cuenco con agua a mi perro antes de preguntarme a mí que voy a consumir. Y donde no puedo entrar con él (incluidos museos), hay habilitada una zona para poder dejarlo, a la sombra, debidamente protegido y con agua disponible. Aquí, hay quien ha dejado morir a varios cachorros en el maletero de un coche. Y no va a ser sancionado, aunque puede que usted le considerara europeo y muy europeo.

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Y en cuanto a restaurantes, se asombraría usted de en cuantos sitios me han llegado a decir que preferirían dejar pasar a los perritos, pero que no le dejan sus otros clientes, aunque sus hijos causen más destrozos. Porque los causan. Y nadie les dice nada. Bueno, sí. Ya hay donde organizan viajes sin niños o restaurantes donde no son admitidos. Por algo será.

No, no se preocupe ni usted, ni nadie de todos esos que le han aplaudido la gracia de su artículo. Yo desde luego no les voy a imponer la presencia física de mi perro (la virtual sí, y se aguantan),  pero solo por una razón, porque mi perro no se merece juntarse con alguien de su calaña. Las “perrofobias” ni van con él ni van conmigo.

Firmado: Almaleonor  y Miki.

EL BULLDOG FRANCÉS. “FRENCHY” PARA LOS AMIGOS.

EL BULLDOG FRANCÉS. “FRENCHY” PARA LOS AMIGOS.

“¿Quién es ese gracioso perro con unas orejas grandes como las de un murciélago, un cuerpo robusto y unos ojos sonrientes? ¡Es el Bulldog Francés!”

Los orígenes del Bulldog-Francés son un tanto inciertos o poco desarrollados. Se sabe que deriva del Bulldog-Ingles, pero lo demás es pura especulación. Todo parece indicar que se trata del descendiente de un pequeño Moloso  de presa (cuyos parientes más cercanos proceden de las razas tipo Mastiff ), el cual, y como sucede con todos los dogos (o mastín, o moloso), encuentra su origen remoto en el Imperio Romano y aún más allá, en la antigua Molosia, región de Epiro (Grecia), donde sus perros combatían en las guerras.

Los Molosos, perros de constitución musculosa  y fuertes mandíbulas de gran cabeza y hocico corto, que les hace ser excelentes guardianes y defensores, estaban repartidos por varios continentes y acompañaban a los marineros, muchas veces para guardar los navíos en puerto. De esta forma se piensa que acabaron cruzándose con otras razas autóctonas en cada sitio. El Bulldog-Francés es considerado un moloso de talla pequeña, así que para determinar su origen, hay que fijarse en tres etapas:

  • La primera se remonta a la entrada de los ejemplares Molosos de Asiria en las Islas Británicas, traídos por los bárbaros. Los romanos fueron los primeros en probar la casta de los enormes Molosos británicos, los “Pugnace Britannicii”, que eran muy utilizados en la batalla contra el enemigo invasor y de quienes sus historiadores ya dejaron escritos haciendo referencia a su bravura.
  • La segunda etapa sucede durante la Edad Media en las Islas Británicas. Se hace popular entonces un deporte, el “Bull-Baiting”, que consistía en el ataque de uno o varios perros a un toro que previamente se había atado a una cadena. Se trataba de grandes perros de tipo Mastiff  (procedentes de Inglaterra, se caracterizan por una fuerza descomunal y un cuerpo macizo y musculoso) cuyos dueños eran nobles que cazaban con ellos. En 1272 las “Leyes de Bosque”, solo permitían a la nobleza la posesión de perros de gran tamaño, por ser los únicos que por “posición y condición” podían mantenerlos convenientemente. Las sanciones para los infractores eran muy duras, y por ello, se desarrolló entre el pueblo llano una osada picaresca: Se buscó la creación de una raza de patas cortas, de menor tamaño, pero igual fiereza, que desempeñaran su función. Necesitaban un perro valiente, de potentes mandíbulas (con prognatismo inferior y nariz atrás para poder respirar al tiempo que mantenía su presa agarrada) y con la destreza y fuerza suficiente como para enfrentarse a un animal de mucho mayor tamaño, un toro, “bull” en ingles. Tal vez fuera este el primer paso hacia el Bulldog-Inglés, animales que proporcionaban buenos beneficios económicos a sus dueños (de clases medias y bajas, recordemos) en estos espectáculos, que se prolongarían en el tiempo (la Reina Isabel-I de Inglaterra era muy aficionada a estas peleas) hasta que en 1835 fueron prohibidos. Esta prohibición propició un declive de la raza y hacia mediados del siglo XIX estuvo a punto de desaparecer. Era un perro que no proporcionaba ingresos y muy caro de mantener.

 

Bulldog-Inglés. Publicado en “Cynographia Britania” 1800
  • Así, se llegó a la tercera etapa, cuando se buscó un animal de menor tamaño, que resultase más barato de mantener y ocupase menos sitio en los míseros hogares (estamos en pleno periodo de la Revolución Industrial en Inglaterra). Así se desarrollaron los llamados “Toy-Bulldog”, el bulldog de juguete que exhibían los obreros de las fábricas, sobre todo de la zona de Nottingham, donde la Industria más destacada era la textil. A partir de aquí se diferencian las dos razas: El Bulldog Inglés y el English Toy Bulldog. Muchos de estos artesanos textiles y encajeros, acuciados por la crisis económica de los años sesenta del siglo decimonónico, emigraron a Francia, instalándose en la región de Calais con sus familias y sus pequeños perros, que ya exhibían sus orejas características en forma de concha. Aquí desarrollaron una habilidad especial tanto como perros de pelea como de controladores de las plagas de ratas que asolaban los humildes hogares de trabajadores y artesanos.

En Francia, este pequeño bulldog alcanzó pronto gran notoriedad y se cruzó con carlinos (llamados “Pug” en Inglaterra), “terrier-boules” (no confundir con el Bull-Terrier) y pequeños molosos, dando lugar, hacia finales de siglo, al Bulldog-Francés, tal y como ahora se conoce: Se le había achatado el hocico, la frente pasó a ser más plana y con los ojos grandes y separados, su cuerpo era ancho y bajo, y sus orejas erguidas (sus orejas características “de murciélago”). De ser un perro habitual de carniceros, cocheros, comerciantes, obreros de fábricas, vendedores ambulantes y hasta policías y chicas de alterne, pasó a conquistar a la alta sociedad y el mundo artístico, debido a su aspecto original y su singular carácter, que ya había abandonado el fin como perro de pelea.

Pronto fue conocido en toda Francia, sobre todo en París, y adoptado como mascota por bohemios, pintores, artistas de la noche parisina y bufones de la época que los incluían en sus obras teatrales. Artistas del París del momento hacían referencia a este perro y contribuyeron a la difusión de la raza:

  • La novelista Collette (Gabrielle Sidonie, 1873-1954, casada con Willy, seudónimo de Henry Gauthier-Villars) incluyó en su obra “Diálogos de Animales” (1904), a un Bulldog-Brancés llamado “Toby-Chien”.

  •  Toulouse-Lautrec (1864-1901) le hizo aparecer en su cuadro “Le Marchad de Marrons” (1897). La verdad, yo no diría que es un Bulldog-Francés, pero aparece en varios sitios como tal… 

  • La cantante y actriz Mistinguett (nombre artístico de Jeanne Bourgeois, 1875-1956) tuvo uno con el que aparecía en algunas de sus fotos más famosas. En la imagen, junto a Josephine Baker y su perrito.

  • Fue la raza preferida de Anastasia, hija del último Zar de Rusia, antes de la Revolución Bolchevique. La Princesa Tatiana Nikoláyevna, tenía un Bulldog-Francés llamado Ortino, cuyos restos fueron encontrados junto a los de su dueña cuando se procedió a una exhumación hace unos años. Otros nobles rusos como los Yusúpov de San Petersburgo, amigos de la familia imperial, contaron con ejemplares de Bulldog-Francés.

  • El escritor Pierre Mac Orland (pseudónimo de Pierre Dumarchais, 1883-1970), también poseía Bulldog-Francés, y así una larga lista.

Hacia finales del siglo XIX, el Bulldog-Francés era muy  popular en Francia y fue exportado de vuelta a Inglaterra. Mr. Krehl se convirtió en un gran defensor de esta raza e importó a Inglaterra muchos de estos perros. El Rey Eduardo VII, gran amante y coleccionista de perros tenía uno de estos nuevos Bulldog-Francés recién importados, llamado “Peter”, aunque su favorito,  al que llevaba a todas partes, era un pequeño terrier blanco llamado “Cesar”.

Asimismo, En Austria, en Alemania y por supuesto en Estados Unidos la raza adquirió un notable protagonismo. Así, la carrera del Bulldog Francés empezó de verdad en 1880 al fundarse una asociación, “El Club de Amigos del Bulldog Francés”, que cada semana reunía a unas cincuenta personas entre aficionados y criadores parisienses. En 1885 se abrió el primer registro con carácter provisional y el Bulldog Francés participó con ese nombre por primera vez en una exposición oficial en 1887. Al año siguiente se elaboraron los estatutos del Club a iniciativa de Marcel Roger, primer Presidente elegido y gran amante de la raza.

Los Bulldog-Francés pronto fueron exportados a los Estados Unidos de América (a causa de los viajes que realizaban los estadounidenses de la clase alta a Paris a finales del siglo XIX), y hacia 1890 ya existía un grupo de aficionados muy dedicados que los criaban manteniendo constantes su talla y tipo.

En 1895, un francés llamado Frédéric Poffet llegó a Nueva York y participó de forma activa apoyando fuertemente a la raza, desde 1901 hasta su muerte a los 94 años de edad. Obtuvo con sus ejemplares en cuatro ocasiones el Premio al Mejor de la Exposición.

Para el año 1896, la raza fue presentada en la exposición de belleza canina más antigua y famosa de los EEUU, el certamen de belleza del Westminster Kennel Club, y sólo en un año las inscripciones se duplicaron. Ese año el juez era un caballero inglés que prefería la oreja “de rosa” propia del Bulldog y todos los ejemplares premiados tenían este tipo de oreja. Los estadounidenses se molestaron porque la oreja “de murciélago” había sido despreciada por el juez e inmediatamente fundaron el French Bulldog Club of América y así se redactó el primer estándar estadounidense de la raza. En 1898 la “Societé Centrale Canine Française” reconoció la raza.

Aunque el Bulldog-Francés procedía de Francia y tenía al Bulldog-Inglés en sus orígenes, fue criado y asentado por los estadounidenses. La raza fue aceptada por el American Kennel Club (AKC) en 1898 y la primera exposición autorizada por éste se celebró ese mismo año en el Hotel Waldorf-Astoria en Nueva York. De 1896 a 1902 casi 300 Bulldog-Francés fueron exportados anualmente a los EEUU y con frecuencia su alto coste hacía que solo las clases altas podían tener acceso a su compra.

En 1905 el macho francés Nellcote Gamin fue importado a EE.UU. por Samuel Goldberg, y pronto considerado el mejor representante de la raza hasta ese momento. Pesaba 10 kg y no sólo triunfaba en el ring (de exhibición) sino que también era un magnífico semental y dejó una importante huella en la raza. Por entonces se escribió que “no ha habido perro alguno que haya hecho tanto por la raza”. En este mismo año el Bulldog-Francés llegó a ser la quinta raza más popular en los EEUU. Gracias a la gran influencia de sus propietarios, todos de la alta burguesía, en 1907 ocuparon la portada del catálogo del Westmister Kennel Club Show.

LA CRIADORA LADY LEWIS CON “POPSY”, SU FAVORITA (1902)
EL CRIADOR FREDERICK ORIEL WILLIANS CON SU 1º FRENCHIE (1910)

Para el año 1909 la famosa actriz Mary Winthrop Turner propietaria del criadero Never-Never-Land crióe importó perros de sobresaliente calidad, los cuales tuvieron un gran impacto sobre esta raza en EEUU. En 1913 se inscribieron 142 Bulldog Francés en la exposición del French Bulldog Club of New England.

“Me regalaron mi primer Bulldog-Francés en otoño de 1909 y presenté al macho Ponto en la exposición canina de belleza del Westminster Kennel Club celebrada el febrero siguiente, consiguiendo el primer premio en la clase novatos. Poco después, Ponto se envenenó accidentalmente y quise rodearme de Bulldog-Francés para intentar olvidar al que había cuidado con tanto carió. A modo de homenaje hacia él fundé el criadero Never-Never-Land”. Mary Winthrop.

BULLDOG FRANCES AFAMADOS A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

En Inglaterra, en 1902, los aficionados fundaron el French Bulldog of
England
cuyos objetivos fueron promocionar a la raza (con cánones franceses) y la importación de Bulldog-Francés. Los criadores de los Toy-Bulldog y los de Bulldog-Inglés se mostraron contrarios a esta sociedad y cuestionaban que el Bulldog-Francés fuese realmente una raza. En 1930 apareció en escena Gladys Anderson, con su criadero The Moorings, con el que fue capaz, a pesar de los difíciles años de guerra, de mantener algunos perros.

Ralph y Amanda West fueron unos importantes criadores estadounidenses en la década de 1950 y 1960 (los años de menor popularidad de la raza), que introdujeron los ejemplares color crema (no aceptados en el Reino Unido) en su país. Eran propietarios de Bouquet Novelle, un ejemplar que obtuvo 37 veces el Trofeo al Mejor de la Exposición y ganó durante cuatro años consecutivos la Exposición Nacional. Su mejor cría, Ralanda Ami Francine, logró 55 veces el Mejor de Exposición y consiguió el galardón Ken-L Ration en 1962 y en 1964.

En los últimos años la popularidad del Bulldog-Francés ha ido en aumento en todo el mundo, por ejemplo la AKC informó que en 1998 la raza se situó en el puesto 76. Ese año el French Bulldog Club of America celebró su exposición del centenario en Kansas City (Missouri), con una inscripción de más de 300 perros, que pudieron ser vistos por visitantes de todo el mundo). Para el 2008, o sea en diez años, escaló 50 posiciones para ubicarse en el lugar 26 de popularidad en EEUU.

MIKI,ACTUALMENTE EL BULLDOG-FRANCÉS MÁS GUAPO DEL MUNDO MUNDIAL

El Bulldog-Francés es un perro de compañía. Ideal para un piso pequeño además. No fue criado para cazar aves en el campo ni para meterse en madrigueras de conejos. Es listo y refinado, le agrada sentarse en el sofá con su amo y las golosinas. Le gusta divertirse, correr por la arena, tomar el sol y “salvar piedras” de los ríos. Es un perro simpático y juguetón, pero leo por ahí que le gustan las “bufonadas”, ponerse sombrerotes y gafas y “orejas de Mickey Mouse”. No estoy de acuerdo. Lo que pasa es que es tan bueno y dócil y tiene una carita tan linda que parece que cualquier disfraz le “cae” bien. Pero eso no quiere decir que “le guste”. Si que es un perrito fotogénico, y le agrada posar, pero también ser libre y mostrarse tal cual es. Tampoco es muy amigo de “montarse en vehículos”, como leo en los mismos sitios. Al menos si eso supone permanecer “lejos” de su amo, y ese “lejos” para ellos es no estar a sus pies o en sus rodillas. No es un perro para grandes caminatas, pero si para paseos agradables, y le gusta mucho dormir. Muy protector, pese a su pequeño tamaño es valiente y decidido y siempre está alerta ante cualquier ruido o intrusión en “su hogar”. No es un perrito ladrador ni molestoso, y solo emite algún ligero ladrido para “pedir” algo que le hace falta o “reclamar” atenciones y juegos. Muy testarudo y cabezón… mucho.

Son perritos que sufren de varios tipos de enfermedades por las características de su morfología. Su piel forma pliegues y arrugas que conviene revisar y limpiar, ya que son propensos a irritaciones y alergias. Hay que tener cuidado con la comida, pues no digieren bien ciertos alimentos. La contracción maxilo-facial (su morro chato) hace que suelan tener problemas respiratorios y de paladar. Y también pueden sufrir lesiones en sus ojos grandes y resultones. Y las hembras llegan a presentar complicaciones en los partos, que a menudo necesitan de cesárea. Su mayor peculiaridad es muy evidente…  Cuando se adquiere un Bulldog-Francés se pregunta…. ¿Ronca?, ¿Echa Pedos?….. Si la respuesta a ambas preguntas es ¡SI!, entonces ha adquirido un buen perro”.

AlmaLeonor

Enlaces (son muchos los enlaces que he consultado, sobre todo para las fotos, así que no puedo ponerlos todos. Lo que si diré, es que lamentablemente en prácticamente todos ellos se repiten las mismas palabras, casi letra por letra, sin entrar a desarrollar mucho. Hay datos que no he podido confirmar, y personas a las que me ha sido imposible localizar. No obstante, aquí figuran algunos de los que he podido sacar más información y fotografías):
http://bulfran.blogspot.com.es/2009/10/historia-versao-americana.html

http://www.criaderodinan.com.ar/origen-del-bulldog-frances/

http://www.bulldogcontinental.com/historia-Bulldog-Frances.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Bulldog_franc%C3%A9s
http://bulldogfrances2.crearforo.com/nuestros-primeros-frenchies-es42.html
http://www.elmundodelperro.net/noticia/1545/Raza-del-mes/bulldog-franc%C3%A9s.html
http://personales.mundivia.es/buho/index.html
http://www.paginasprodigy.com.mx/dtarrab/pagina124834.html
http://books.google.es/books?id=panZnh80yBcC&pg=PA15&lpg=PA15&dq=Mary+Winthrop+Turner&source=bl&ots=n7aJ3JiRNn&sig=x5xEQlemEIs7HvGwsd7zv7r2E7o&hl=es&sa=X&ei=0jUmULTNJMy5hAfvzYG4Cw&ved=0CE4Q6AEwAw#v=onepage&q=Mary%20Winthrop%20Turner&f=false