INVISIBILIDAD Y PRIVILEGIO

INVISIBILIDAD Y PRIVILEGIO

Imagen: “Johann Wolfgang von Goethe” (1982), de Andy Warhol.

La invisibilidad de la masculinidad no sólo es académica, sus consecuencias son graves y de carácter político. Para ilustrar lo anterior voy a referir una conversación entre una mujer blanca y una negra:

La negra pregunta: “Cuando te miras al espejo, ¿qué ves?”; “Veo una mujer”, responde la blanca. La negra explica: “Ese es el problema, cuando yo me miro al espejo, veo una mujer negra. Para ti la raza es invisible, porque así funcionan los privilegios.”

O sea que los privilegiados no saben cómo o por qué los son. Antes cuando me veía al espejo veía a un ser humano, sin raza, clase o género: universal. A partir de esa conversación me convertí en un hombre blanco de clase media. Me di cuenta de que la raza, la clase y el género también tenían que ver conmigo. Si queremos que los hombres entren a la discusión de la salud sexual y reproductiva, tenemos que hacer la masculinidad visible para ellos y darnos cuenta de que la invisibilidad es consecuencia del poder y el privilegio.

Un autor escribió en 1917 que el feminismo hará por primera vez libre a los hombres porque representa un reto para las definiciones tradicionales de la masculinidad. Nos ofrece un proyecto para llegar a transformarla. El ejemplo está frente a nosotros en el movimiento de las mujeres y en el movimiento lésbico-gay.

MICHAEL KIMMEL
“Los varones frente a la salud sexual y reproductiva”
(marzo 1999)

Anuncios

EGIPTO

EGIPTO

Imagen: Claudette Colbert  como Cleopatra (1934). 

“Paso a hablar del Egipto con detenimiento, pues comparado con cualquier otro país, es el que más maravillas tiene y el que más obras presenta superiores a todo encarecimiento. A causa de esto hablaré más del Egipto. Los egipcios, con su clima particular y con su río, que ofrece naturaleza distinta de la de los demás ríos, han establecido en casi todas las cosas, leyes y costumbres contrarias a las de los demás hombres. Allí son las mujeres las que compran y trafican, y los hombres se quedan en casa, y tejen. Tejen los demás empujando la trama hacia arriba, y los egipcios hacia abajo. Los hombres llevan la carga sobre la cabeza, y las mujeres sobre los hombros. Las mujeres orinan de pie, y los hombres sentados. Hacen sus necesidades en casa, y comen fuera, por las calles, dando por razón que lo indecoroso, aunque necesario, debe hacerse a escondidas, y lo no indecoroso, a las claras. Ninguna mujer se consagra allí por sacerdotisa a dios o diosa alguna: los hombres son allí sacerdotes de todos los dioses y de todas las diosas. Los varones no tienen ninguna obligación de alimentar a sus padres contra su voluntad; pero las hijas tienen entera obligación de alimentarlos, aun contra su voluntad.

En los otros países los sacerdotes de los dioses se dejan crecer el cabello; en Egipto se rapan. Entre los demás pueblos es costumbre, en caso de duelo, cortarse el cabello los más allegados al difunto; los egipcios, cuando hay una muerte se dejan crecer el cabello en la cabeza y barba, mientras hasta entonces se rapaban. Los demás hombres viven separados de los animales, los egipcios viven junto con ellos. Los demás se alimentan de trigo y cebada; pero para un egipcio alimentarse de estos granos es la mayo afrenta; ellos se alimentan de olyra, que algunos llaman también espelta. Amasan la pasta con los pies, el lodo con las manos y recogen el estiércol. Los demás hombres (excepto los que lo han aprendido de los egipcios) dejan su miembro viril tal como nació, pero ellos se circuncidan. Los hombres usan cada uno dos vestidos y las mujeres uno solo. Los demás fijan por fuera los anillos y cuerdas de las velas, los egipcios por dentro. Los griegos trazan las letras y calculan con piedrecillas llevando la mano de izquierda a derecha; los egipcios de derecha a izquierda, y por hacer así dicen que ellos lo hacen al derecho y los griegos al revés. Usan dos géneros de letras, las unas llamadas sagradas, las otras populares.”

HERÓDOTO DE ALICARNASO.
Historias” (siglo V a.C.) Libro II

MÁS VISIBILIDAD, POR FAVOR.

MÁS VISIBILIDAD, POR FAVOR.

Damas de luto de la época victoriana.

(Extracto publicado en la Revista Digital Anatomía de la Historia el 28 de febrero de 2018).

Visibles. Mujeres y espacio público burgués en el siglo XIX. Sí. Este es otro libro sobre la mujer. También necesario, pues es otro libro donde se reivindican más estudios y más publicaciones sobre la presencia y visibilidad femeninas, tanto en el espacio público, como en la historia, en los procesos de transformación histórica.

Estamos ante un compendio (nunca suficiente, nunca completo) de acciones, presencias, estampas cotidianas, y no tanto, con las que se ha querido evidenciar la visibilidad continuada de las mujeres del siglo XIX en un ámbito tradicionalmente considerado como masculino: el espacio público, entendido como “lugar donde cobran importancia aspectos como la interacción social y cívica –la opinión pública, que diría Habermas–, y el debate público-político –la Institución pública sigue diciendo–, elementos legitimadores de la vida en comunidad.” Un espacio de donde se excluye a la mujer, en tanto que su participación en la vida social decimonónica se circunscribía únicamente al ámbito privado del hogar.

“Digámoslo desde el principio: el siglo XIX no fue un buen siglo para la mujer”. Este comienzo de mi libro encierra, sin embargo, una paradoja. Sus manifiestas limitaciones y la invisibilidad que comportaba su rol exclusivamente privativo familiar no mermó su “más que evidente presencia visible en el proceso histórico”. Es en ese sentido en el que se reivindica mayores y más profundos estudios sobre la importancia social de las mujeres en las transformaciones sociopolíticas de su tiempo, así como sobre la importancia, para esas mismas transformaciones, del ámbito privado, doméstico, en el que la sociedad burguesa del siglo XIX situó a la mujer como dueña y señora, como “ángel del hogar”.

Esa es la primera y principal paradoja que se intenta mostrar en el libro. La sociedad burguesa, que crece y se afianza en este siglo XIX, construye un modelo propio de sociabilidad y presencia pública, del que excluye a la mujer en cuanto a que la considera únicamente parte de su esfera familiar privada. Pero, al mismo tiempo, instituye su propio hogar como elemento esencial de su proyección social pública y dota a sus mujeres de una importante presencia visible en los nuevos espacios públicos de sociabilidad. Las mujeres van a poner todo su empeño en demostrar, con su visibilidad, presencia y hasta protagonismo, que han de ser reconocidas como parte imprescindible de esa nueva sociabilidad burguesa.

Sin perder de vista la realidad de una ciudad como Valladolid, incipiente centro de auge burgués con el comercio harinero primero y el desarrollismo que trajo el ferrocarril después, el libro parte de una Introducción y de un primer capítulo en el que se describe, desde la incipiente visibilidad femenina del siglo XVII a la realidad aperturista de un siglo XVIII calificado como El siglo de las mujeres. Un siglo tachado por sus contemporáneos de “frívola libertad” para la mujer, pero en el que el ideario ilustrado posibilitó nuevos espacios (sociedades patrióticas, academias de arte, junta de damas, tertulias, reuniones sociales y hasta políticas, organizadas por una dama…) y un “importante empuje para su promoción y presencia social”.

Con profusión de citas, imágenes y bibliografía, continúa con los dos capítulos esenciales en los que se describe cómo ese empuje y protagonismo femenino dieciochesco se va a encontrar con las barreras que le impone el nuevo siglo decimonónico. Su forma de visibilización se abrirá camino en la sociedad burguesa entre dos modelos diferentes:

-Por un lado, en el capítulo titulado El “largo” siglo XIX y la sociedad burguesa, se describen las que se han calificado como incursiones sociales, oportunidades de participación pública posibilitadas por el propio modelo burgués, en las que se incluiría desde la nueva distribución del hogar, privado en cuanto a la función de la mujer, pero público en cuanto a las nuevas necesidades burguesas, hasta los nuevos enclaves de sociabilidad decimonónica: paseos, teatros, cafés, casinos, manifestaciones populares…, pasando por el auge de la moda y, sobre todo, la educación y la participación en la vida cultural española.

-Por otro, acciones que la moralizante sociedad burguesa del siglo XIX, considera como Transgresiones de la domesticidad, actuaciones públicas femeninas fuera de su encorsetado papel de esposa, madre y ángel del hogar. Las mujeres decimonónicas son trabajadoras asalariadas y hasta empresarias, son revolucionarias, agitadoras, combaten en la guerra y protagonizan tanto posicionamientos políticos como propuestas de renovación religiosa.

Las mujeres han soportado una discriminación pública continua casi durante todos los momentos de la historia. Discriminación que en el siglo XIX unía, a la diferenciación de clase, la exclusión social de género:

“El problema fundamental de las mujeres en la historia es que no tenían un lugar público a donde ir… ni un lugar físico ni un lugar mental. El camino que habrían de recorrer para llegar a hacer suyo ese espacio era, pues, muy largo.”

Pero, llegados al último cuarto del siglo XIX, el proceso de reconocimiento de la visibilidad de la mujer en el espacio público y la lucha por la emancipación femenina son ya irreversibles.

“Mi más sincero agradecimiento a todas las mujeres de la historia. Ellas han hecho posible que hoy disfrutemos de más oportunidades y derechos de los que ninguna gozó en todos los tiempos. Nuestra deuda con ellas es impagable.”

 María del Pilar López Almena: Visibles. Mujeres y espacio público burgués en el siglo XIX. Ediciones Universidad de Valladolid. Valladolid, 2018.

 María del Pilar López Almena es en Anatomía de la Historia Alma Leonor López.

 

 

Hasta el día 27 y con motivo de la celebración del Día del Libro 23 de AbrilLAS ACTRICES FAVORITAS DE MI PADRE podrá encontrarse en Amazón a unos precios irresistibles… Espero que lo aprovechéis ❤ 
-Tapa blanda… 5,57€ 
-Formato digital… GRATIS.

Sobre el libro de Ediciones UVA no tengo mucha capacidad de decisión, pero si alguien está interesado, que entre en mi grupo de Facebook, con el título del libro y me deje un privado.   VISIBLES. MUJERES Y ESPACIO PÚBLICO BURGUÉS EN EL SIGLO XIX.

LA RELIGIOSIDAD EN “VISIBLES…”

LA RELIGIOSIDAD EN
“VISIBLES. MUJER Y ESPACIO PÚBLICO BURGUÉS EN EL SIGLO XIX” (2018)

Imagen: “Procesión del Viernes Santo en Sevilla” (1862), de Manuel Cabral y Aguado Bejarano (1827-1891).

 

“Para la mujer decimonónica española, “ángel” al fin y al cabo del hogar y de la sociedad, el culto cristiano y los rituales religiosos, son señalados espacios públicos donde ejercer una interacción social aceptada, permitida y fomentada. Forman parte de estos lugares las celebraciones religiosas como misas y rosarios, procesiones de Semana Santa, el Corpus, Cuaresma…”

Mª del Pilar López Almena.
Jueves Santo 2018. Inicio de la Semana Santa española.

Visibles. Mujeres y Espacio Público Burgués en el siglo XIX
Ediciones Universidad de Valladolid.

NO ES LA MUJER VARÓN MENGUADO

NO ES LA MUJER VARÓN MENGUADO

Imagen: ‘La gata’ (1998), fotografía de Alberto García Alix

Madrileños:

Aun contradiciendo al filósofo, en el segundo libro de las “Éticas”, hay que perder la vieja idea de que sea la mujer varón menguado. Puede ser contradicha sin ambages ni rebozos esta opinión con la larga experiencia que enseña que vale la mujer tanto como el hombre vale en cuanto atañe a las facultades de la inteligencia. Es también capacísima en los ejercicios que requieren esfuerzo y destreza física, a lo que hay que añadir vivaz imaginativa y natural aversión a la melancolía que hácela alegre y siempre dispuesta a cuanto requiere festivo humor.

Por cuya razón el Alcalde cree que es en extremo conveniente dejar en desuso y sin fuerza alguna los antiguos preceptos que juzgaban contrario al femenil recato que fuesen las mujeres con el rostro cubierto y el cuerpo aderezado con el disimulo de extrañas y a veces risibles ropas, pues son tales las vecinas de Madrid, en cuanto a despiertas y avisadas, que mucho tiene que temer y si el caso llega padecer el varón que, ayudado por la maliciosa ignorancia, crea que con ocasión del disfraz halas de torcer la voluntad contrariando su firmeza y casto trato.

          Bando (extracto)
del Alcalde Presidente del Excelentísimo Ayuntamiento de Madrid,
Don Enrique Tierno Galván.
9 de febrero de 1983.

 

Por la defensa del derecho de toda mujer a la no discriminación por razón de sexo, a la igualdad en derechos civiles, cívicos y laborales; por la defensa y derecho de toda mujer a no ser víctima de violencia machista por el solo hecho de ser mujer; por la defensa de su visibilización e importancia en los procesos de cambio social e histórico; por la defensa del derecho de toda mujer de poder expresarse y representarse como ser humano y ejercer su plena libertad de acción, obra, palabra y pensamiento; en defensa del derecho de toda mujer a no ser considerada ni un objeto ni una cuota, sino una persona con las mismas capacidades y prerrogativas que el varón.

Por la defensa del Día Internacional de la Mujer.
AlmaLeonor_LP

“VISIBLES…” EN ANATOMÍA DE LA HISTORIA

“VISIBLES…” EN ANATOMÍA DE LA HISTORIA

La Revista Digital Anatomía de la Historia siempre será mi revista de referencia. Con el seudónimo de Alma Leonor López, fue la primera publicación digital que acogió uno de mis artículos de historia, gracias a la invitación de su director, Jose Luis Ibáñez Salas, quien siempre confió en mi como escritora y con quien siempre mantendré una deuda de gratitud. Pese a que ya no se actualiza, la Revista ha aceptado la reseña que escribí sobre mi libro “VISIBLES. Mujeres y espacio público burgués en el siglo XIX”.

 

MÁS VISIBILIDAD, POR FAVOR

Por Alma Leonor López . 28 febrero, 2018 en Reseñas , Siglos XIX y XX

Visibles. Mujeres y espacio público burgués en el siglo XIX. Sí. Este es otro libro sobre la mujer. También necesario, pues es otro libro donde se reivindican más estudios y más publicaciones sobre la presencia y visibilidad femeninas, tanto en el espacio público, como en la historia, en los procesos de transformación histórica.

Estamos ante un compendio (nunca suficiente, nunca completo) de acciones, presencias, estampas cotidianas, y no tanto, con las que se ha querido evidenciar la visibilidad continuada de las mujeres del siglo XIX en un ámbito tradicionalmente considerado como masculino: el espacio público, entendido como “lugar donde cobran importancia aspectos como la interacción social y cívica –la opinión pública, que diría Habermas–, y el debate público-político –la Institución pública sigue diciendo–, elementos legitimadores de la vida en comunidad.” Un espacio de donde se excluye a la mujer, en tanto que su participación en la vida social decimonónica se circunscribía únicamente al ámbito privado del hogar.

“Digámoslo desde el principio: el siglo XIX no fue un buen siglo para la mujer”.

El artículo continúa aquí.

María del Pilar López Almena: Visibles. Mujeres y espacio público burgués en el siglo XIX. Ediciones Universidad de Valladolid. Valladolid, 2018.

 

LA BOTELLA O LA MUGER

LA BOTELLA O LA MUGER

Póster Publicitario Absinthe Rosinette. Paris (1900)

Disputaban, sin saber
Un pastor y un Lechuguino,
Cual es tesoro más fino,
La Botella o la Muger:
Aquel dijo… A mi entender
Es más sabrosa y más bella
………… La Botella.

Cuando exhausto de fatiga
Bajo un ombú me reclino
De Baco el licor divino,
Todas mis ansias mitiga;
Allí es mi mejor amiga,
Mi Sol, mi Luna, y mi Estrella
………… La Botella.

El que empieza a envejecer
Se refosila, imagino,
Mas, en dos cuartas de vino
Que en seis cuartas de muger;
Porque siempre está en su ser
Sin melindres de doncella,
………… La Botella.

Calla, dijo el Lechuguino,
Solo un hombre sin templanza
Puede poner en balanza
A las mugeres, y al vino:
¿Quién suaviza el cruel destino?
¿Quién da el supremo placer?
………… La Muger.

No hay contento comparado
Con los goces del amor;
Ni otra delicia mayor
Que el de amar y ser amado,
Es el don más delicado
Que Dios quiso al Mundo hacer,
………… La Muger.

Sin ellas todo sería
Caos de inmensa tristura
Porque son de la natura
La más perfecta armonía,
Es del hombre la alegría
Consuelo en su padecer
………… La Muger.

No siempre dijo el Pastor,
Porque salen, camarada,
A estocada por cornada
El fastidio y el amor;
Mas mi prenda es superior
Pues no es falaz como aquella
………… La Botella.

Cuantos besos más le doy
Más me inflama y me enardece,
Y cuando aquel desfallece
Yo más animado estoy,
Papa, Rey, Príncipe soy
Sin que me cause querella,
………… La Botella.

Dama que no pide, y da,
Grata aun después de gozada,
Cuando la ven más preñada
Tanto más virgen está,
Sin muger muy bien me va
Porque me suple por ella
………… La Botella.

Silenciosa y no profana,
Un tapón tiene su boca,
Aunque a celos la provoca
Tal vez cierta Dama-Juana
Espera su turno ufana
Y a su rival atropella
………… La Botella.

Muger, dijo el Lechuguín,
Bocado de Reyes es,
Pues dice el nombre al revés
De los Reyes en latín
Mas no conoce un malsín
De cuanto puede valer,
………… La Muger.

A nuestros hijos ¡que humanas
Dan sus cuidados prolijos!
A ver si a ti te dan hijo
Botella ni Damas-Juanas,
En sus angustias tiranas
Sabe al hombre sostener,
………… La Muger.

Tiene el hombre una aflicción,
Gime solo… y de repente
Ve a su amada, y luego siente
Taz, taz en el corazón,
Porque una innata afección
Le dice que es su placer,
………… La Muger.

En esto, dejanse ver
Baco y Cupido abrazados
Y dicen… callad cuitados
Que no os sabéis entender:
Todo puede complacer,
Tomado en media bella,
La Muger y la Botella,
La Botella y la Muger.

Natalicio de María Talavera (1839-1867)

El Parnaso Oriental.  Guirnalda poética de la República de Uruguay 
Poesías patrióticas. Buenos Aires: Imprenta de la Libertad (1835).

 

 

LAS VÍRGENES SIN NOMBRE

LAS VÍRGENES SIN NOMBRE

Virgen de la Consolata (Turín). Se dice que fue pintada por San Lucas (detalle).

¿Se habían dado cuenta de que todas las advocaciones de la Virgen María en nuestro país, carecen, en realidad, de nombre alguno? Ni siquiera María, tan popular como nombre propio en el mundo entero, puede ser un nombre, sino un apelativo. De hecho, de los personajes principales del relato Bíblico, solo Jesús tiene un nombre propio como tal, que derivaría del Yeshúa arameo, transformado en el Iesoús griego para finalizar con el Iesus latino. Hay quien lo hace derivar del hebreo Josué, que es el mismo que en arameo se diría Yeshua, pero eso sería otra historia. El caso es que él sí que tiene nombre, mientras que por mucho que busquemos, a Dios padre no se le conoce otro nombre que el de Dios, que puede ser un título tan genérico como el de Espíritu Santo, el otro vértice de la Trinidad, y de quien tampoco conocemos el nombre… ¿el espíritu santo… de quién?

Pero hablaba yo de María… La Biblia reconoce como María a varios personajes, empezando por la Madre de Jesús, pero también María la hermana de Moisés y Aarón, que acabó siendo reconocida por el nombre original en hebreo, Miryam (origen del Maryam en árabe), mientras que para la Madre de Jesús se utiliza simplemente María. Pero es que María, según alguna de las muchas interpretaciones que se han realizado sobre esta palabra, significa “señora”, un título. No debemos desdeñar esta interpretación porque fue realizada por los mismísimos Padres de la Iglesia (siglos I-VIII), partiendo del arameo mra, con ese significado de “señora” o también “excelsa”. Incluso en algunas versiones posteriores, María es relacionado también con “luz”. Yendo más allá, una interpretación de ese nombre de María, bajo la óptica egipcia, haría derivar el vocablo de mry, que significa “amada”. La Iglesia reconoce los apelativos de Santa María, Madre de Dios o María, Madre de la Iglesia… pero no quiere decir que sea un nombre.

 

Para concluir… no importa tanto encontrar el auténtico origen de este vocablo, como constatar, con todo ello que, en todo caso, María, bien puede ser un título o un tratamiento: la excelsa y amada señora que dio a luz a Jesús…  la Santa Señora,  madre de Dios; o la Señora que es Madre de la Iglesia. O sea, una mujer sin nombre.

Piensen en sus nombres, o en los de sus esposas, madres e hijas… Curiosamente, en España hubo un tiempo en el que era de cumplimiento obligado incluir María delante de todo nombre de niña (una amiga mía, de nombre Susana y cuya madre se negaba a tal norma, acabó incluyéndola por obligación, pero al final: Susana María), y ahora pienso que, además de un absurdo precepto religioso (que, por otro lado, era más alienante que absurdo), tenía una razón lógica. Les cuento, verán. Mi madre se llama Pilar, solamente Pilar. A mí me bautizaron como María del Pilar por mor de ese precepto que mencionaba antes, pero es que ahora veo que el nombre de mi madre no tiene ninguna lógica… Pilar… mi madre lleva el nombre de ¡una columna de piedra! No es un nombre, ¡es una columna! En cambio, el mío, María del Pilar, significa, implícitamente al menos, un apelativo femenino: “la señora del pilar de piedra”… no es que me lleve un nombre propio tampoco, pero al menos no me quedo solamente con la piedra.

Virgen del Pilar (1780), de Ramón Bayeu (1746-1793)

Si pensamos en prácticamente todos los nombres marianos de España, encontramos ejemplos similares: La Inmaculada Concepción, que son dos nombres femeninos, no son nombres, son los atributos que le asignó la Iglesia de Roma a la Madre de Jesús, a la que nombró Virgen por decreto conciliar; Lo mismo podríamos decir de la Virgen de la Asunción, en realidad, una mujer que es llevada al cielo (asunción) en cuerpo y alma tras su “durmimiento”; o Dulce Nombre de María, que nos queda con las ganas de saber cuál es ese nombre, el de esa “señora excelsa” cuyo nombre es tan dulce… Pero es que hay más…

  • María del Mar… la señora del mar.
  • La Virgen de Lourdes… una aparición mariana en la localidad francesa de Lourdes, como la Virgen de Fátima lo es por la localidad portuguesa del mismo nombre, o como la Virgen de Loreto lleva ese apelativo por la ciudad italiana de la que es originaria, un vergel de laureles (lauretum en latín). Y lo mismo pasa con la Virgen del Rocío, una imagen hallada en la aldea almonteña del mismo nombre, o las rivales vírgenes sevillanas de distintos barrios, la Macarena y la de Triana… llevan el nombre del barrio, no un nombre propio.
  • La Virgen del Camino… una señora en el Camino de Santiago.
  • La Virgen del Pino… una imagen encontrada en un pino en la bella localidad de Teror en Gran Canaria.
  • Nuestra Señora de los Ángeles… ni siquiera es María…
  • Nuestra Señora de la Esperanza… de la Fe, o de la Caridad, todos ellos nombres femeninos hoy en día, pero que son solo virtudes teologales.
  • María Auxiliadora, o la Virgen del Perpetuo Socorro, o Nuestra Señora de la Purificación o de la Consolación… explican muy bien cuál es su función, pero no es nombre.
  • Nuestra Señora del Rosario… pues eso, lo que lleva la señora en la mano.
  • Nuestra Señora del Carmen… curioso, porque deriva del Monte Carmelo, en Israel, o de la palabra Carmen, que es un canto extraño, un conjuro, un hechizo, un poema cantado con un ritmo determinado y cadencioso.
  • Nuestra Señora de los Dolores… no hace falta decir lo que son los dolores…
  • Nuestra Señora de la Almudena… la señora de la “ciudadela”, al-mudayna, o madina, un diminutivo árabe de “ciudad”, como la ciudadela árabe que existía en Madrid, la Almudena, o la antigua medina musulmana, en cuya muralla se encontró la que hoy es la patrona de Madrid.

… Piénsenlo.

Busquen una advocación mariana y se encontrarán con que en realidad no dice el nombre de la mujer de la imagen, sino un atributo, un lugar de origen, un elemento sobre el que se posa, un objeto que porta… pero no un nombre, porque ni siquiera María lo es… significa “señora”.

En cambio, los nombres propios los encontramos fácilmente en el pecado (Eva, Magdalena) o en el santoral: Santa Isabel, Santa Ana, Santa Lucía, Santa Águeda, Santa Bárbara, Santa Brígida, Santa Catalina, Santa Clara, Santa Cristina, Santa Elena, Santa Eulalia, Santa Genoveva, Santa Inés, Santa Juana, Santa Lucrecia, Santa Margarita, Santa Micaela, Santa Matilde, Santa Mónica, Santa Rosa, Santa Teresa, Santa Úrsula, Santa Tecla, Santa Felicidad… una santa que bien podría ser virgen, pues su nombre es un estado emocional en realidad.

LA VIRGEN DE SAN LORENZO

La Virgen de San Lorenzo de Valladolid (Fuente: Domus Pucelae)

Me he desviado un poco bastante del tema, porque yo, de lo que quería hablar es de la patrona de mi ciudad, la Virgen de San Lorenzo. Pero cuando me he dado cuenta de que, en realidad, nuestra Virgen no tiene nombre, me he puesto a pensar y he descubierto que, como he explicado, no lo tiene ninguna. Así que nuestra patrona no es un caso extraño. Es, eso sí, la única de la península (creo, tampoco he realizado un estudio exhaustivo) que lleva el apelativo de un señor, de un santo.

La historia de nuestra Virgen pucelana es prácticamente igual a la de todas las de los hallazgos de tallas de imágenes marianas contadas en casi todas partes. La mayoría de esas historias derivan de que, por temor a la invasión musulmana, muchas imágenes de cristos, santos y vírgenes fueron ocultadas, apareciendo “milagrosamente” tiempo después y originando su propia leyenda (aunque se tallase realmente en siglos posteriores). Esta Virgen nuestra fue hallada por unos aguadores vallisoletanos a la orilla del río, en la parte donde se solían abastecer desde el río Pisuerga para venderla por la ciudad, justo donde la historia sitúa la “Puerta de los Aguadores”, fuera de las murallas vallisoletanas.

Talla de la Virgen de San Lorenzo de Valladolid (Fuente: El Norte de Castilla)

Esa imagen, no tan pequeña como otras de su época y con un niño en brazos, originaria, hoy lo sabemos, de la segunda mitad del siglo XIV y de autor anónimo, fue llamada en un principio, la Virgen de los Aguadores, lo que viene a corroborar dos cosas: que ninguna Virgen lleva nombre propio y que esta nuestra siempre tuvo un nombre masculino.

La imagen fue entregada al párroco de la vecina Iglesia de San Lorenzo, la más cercana al río en esos momentos, y allí permaneció durante mucho tiempo, siendo tenida por la patrona de los aguadores del río y, más tarde, de todo Valladolid.

En 1917 es canonizada y el Ayuntamiento la nombra oficialmente Patrona de la ciudad de Valladolid (además de alcaldesa perpetua, lo que hoy causaría estupor) con lo que este año se celebra el centenario de ese nombramiento.  Como no se sabe a ciencia cierta en qué día fue hallada, para la celebración de la patrona se fijó la fecha de su festividad, el 8 de septiembre, día en el que el santoral católico celebra el nacimiento de la Virgen María, la madre de Jesús.

Y desde entonces se celebra en Valladolid la fiesta de su patrona en este 8 de septiembre, una fiesta y una patrona que, contrariamente a lo que sucede con la mayoría de las vírgenes de nuestro país, no tiene su santuario propio y ni siquiera recibió nunca un nombre. Se quedó como “la virgen que se encuentra en la Iglesia dedicada a San Lorenzo en Valladolid”, o sea, la Virgen de San Lorenzo, la patrona de Valladolid.

AlmaLeonor

¡¡Felices Fiestas!!