EL RUISEÑOR Y LA ROSA

EL RUISEÑOR Y LA ROSA

Imagen: Pamela C. Newell

Había una vez un ruiseñor que vivía en un jardín. El ruiseñor comía las migas de pan que caían de la ventana donde un joven estudiante comía pan cada mañana. El pajarito pensaba que las dejaba para él y por eso no tenía miedo de posarse a comer en el alféizar de la ventana.

Un día el joven se enamoró. El joven pidió a la doncella que bailara con él. Ella le dijo que lo haría a cambio de una rosa roja.

Dijo que bailaría conmigo si le llevaba una rosa roja -se lamentaba el joven-, pero no hay una solo rosa roja en todo mi jardín.

Desde su nido, el ruiseñor oyó la pena del muchacho.

¡Ah, de qué cosa más insignificante depende la felicidad! -lloraba el joven-. El príncipe da un baile mañana por la noche y mi amada asistirá a la fiesta. Si le llevo una rosa roja, bailará conmigo y la tendré en mis brazos. Pero no hay rosas rojas en mi jardín, así que la perderé para siempre.

¿Por qué llora? -preguntó la lagartija verde, correteando cerca de él.

Si, ¿por qué? -decía una mariposa que revoloteaba por allí.

Eso digo yo, ¿por qué? -murmuró una margarita.

Llora por una rosa roja -dijo el ruiseñor.

¿Por una rosa roja? ¡Qué tontería! -dijeron la lagartija, la mariposa y la margarita a la vez, echándose a reír.

Pero el ruiseñor, que comprendía el secreto de la pena del estudiante, permaneció silencioso. De pronto desplegó sus alas oscuras y emprendió el vuelo hasta el prado, en cuyo centro había un hermoso rosal.

Dame una rosa roja -dijo el ruiseñor al rosal-, y te cantaré mis canciones más dulces.

Mis rosas son blancas -contestó el rosal-. Ve en busca del hermano mío que crece alrededor del viejo reloj de sol y quizá el te dé lo que quieres.

El ruiseñor voló al rosal que crecía entorno del viejo reloj de sol.

Dame una rosa roja -dijo el ruiseñor al rosal-, y te cantaré mis canciones más dulces.

Mis rosas son amarillas -respondió el rosal-. Ve en busca de mi hermano, el que crece debajo de la ventana del estudiante, y quizá él te dé lo que quieres.

Entonces el ruiseñor voló al rosal que crecía debajo de la ventana del estudiante.

Dame una rosa roja -dijo el ruiseñor al rosal-, y te cantaré mis canciones más dulces.

Mis rosas son rojas -respondió el rosal-, pero el invierno ha helado mis venas, la escarcha ha marchitado mis botones, el huracán ha partido mis ramas y no tendré más rosas este año.

No necesito más que una rosa roja -dijo el ruiseñor al rosal-, una sola rosa roja. ¿Hay alguna forma de conseguirla?

Hay un medio -respondió el rosal-, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtelo.

Dímelo -contestó el ruiseñor-. No soy miedoso.

Si necesitas una rosa roja -dijo el rosal -, tienes que hacerla con notas de música al claro de luna y teñirla con sangre de tu propio corazón. Cantarás para mí con el pecho apoyado en mis espinas. Cantarás para mí durante toda la noche y las espinas te atravesarán el corazón: la sangre de tu vida correrá por mis venas y se convertirá en sangre mía.

La muerte es un buen precio por una rosa roja -replicó el ruiseñor-, y todo el mundo ama la vida. Sin embargo, el amor es mejor que la vida. ¿Y qué es el corazón de un pájaro comparado con el de un hombre?

Entonces desplegó sus alas y emprendió el vuelo hasta donde estaba el joven.

Sé feliz -le dijo el ruiseñor-, tendrás tu rosa roja. La crearé con notas de música al claro de luna y la teñiré con la sangre de mi propio corazón. Lo único que te pido es que seas un verdadero enamorado.

El estudiante no pudo comprender lo que le decía el ruiseñor. El joven volvió a su habitación y se quedó dormido. Cuando la luna brillaba el ruiseñor voló al rosal y colocó su pecho contra las espinas. Y toda la noche cantó con el pecho apoyado sobre las espinas hasta que nació una rosa roja, la rosa más hermosa de cuantas hayan existido jamás.

Mira, mira -gritó el rosal-, ya está terminada la rosa.

Pero el ruiseñor no respondió, pues yacía muerto sobre las altas hierbas, con el corazón traspasado de espinas.A mediodía el estudiante abrió su ventana y miró hacia afuera.

¡Qué extraña buena suerte! -exclamó-. ¡He aquí una rosa roja!

E inclinándose, la cogió. Con ella en la mano fue a ver a su amada para ofrecérsela.

Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja -le dijo el estudiante-. He aquí la rosa más roja del mundo. Esta noche la prenderás cerca de tu corazón, y cuando bailemos juntos, ella te dirá cuánto te quiero.

Temo que esta rosa no combine bien con mi vestido -respondió ella-. Además, hay otro que me ha traído joyas de verdad, que cuestan más que las flores.

¡Oh, qué ingrata eres! -dijo el estudiante lleno de cólera.

Y tiró la rosa al suelo, donde fue aplastada por un carro.

¡Qué tontería es el amor! -se decía el estudiante a su regreso-. No es ni la mitad de útil que la lógica, porque no puede probar nada.

Habla siempre de cosas que no sucederán y hace creer a la gente cosas que no son ciertas. Realmente, no es nada práctico, y como en nuestra época todo estriba en ser práctico, voy a volver a la filosofía y al estudio de la metafísica.

Y dicho esto, el estudiante, una vez en su habitación, abrió un gran libro y se puso a leer.

Oscar Wilde.

OLIVE ELEANOR CUSTANCE

OLIVE ELEANOR CUSTANCE

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Cada 10 de Junio intento hablar de un personaje femenino de la historia con el nombre de Leonor o Eleanor, para celebrar el aniversario de la creación de este blog, HELICON, nacido un 10 de junio de 2006. Hoy, se cumplen, pues, diez años de su nacimiento y para esta ocasión he elegido a Eleanor Custance (1874-1944), poeta británica, integrante del Movimiento Estético de 1890 y más conocida por ser la esposa de Lord Alfred Douglas (1870-1945),  el que fuera uno de los amantes favoritos de Oscar Wilde (1854-1900). Un triángulo amoroso lleno de intelectualidad y literatura.

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La relación de Douglas con Wilde comenzó en 1891, cuando Wilde estaba casado, tenía ya dos hijos y escribió para Alfred “El Clavel Verde”, una especie de alegoría de su relación, que no era del agrado del padre de Alfred, Sir John Sholto Douglas (1844-1900), marqués de Queensberry,  todo un personaje, gran polideportista, modernizador del deporte del boxeo, ateo confeso y divorciado dos veces (una de ellas acusado de adulterio). Contrario a la homosexualidad, se vio envuelto en una serie de demandas contra Oscar Wilde a causa de la relación que mantenía con su hijo. Oscar Wilde, resultó finalmente condenado por sodomía e indecencia y las costas del juicio terminaron por arruinarle, siendo condenado a dos años de trabajos forzosos. El marqués de Queensberry falleció en 1900, supuestamente de sífilis (que le causó un derrame cerebral), desplomado en el cuarto de su club en Londres a los 55 años.

Olive, que era conocida como “Opal” por su marido, al que llamaba “Bosie”, era conocedora de la relación que había tenido Alfred con Wilde y al parecer ambos mantenían una vida amorosa bastante libre, y en la que los roles de género no se interponían en sus afectos. Lord Alfred Douglas, solía decir que todos tenemos una cierta tendencia bisexual, pero que solo unos pocos se atreven a descubrirla. Hay quien afirma que precisamente esa parte “contraria” al sexo de cada uno, fue lo que les atrajo el uno del otro. Oliva, con tendencia a comportarse de un modo “masculino”, se sentía atraída por la feminidad que desprendía Alfred, mientras que a éste, homosexual hasta su conversión religiosa, le atraía profundamente ese lado masculino de su esposa.

A Douglas se le atribuye también una cierta defensa de la pederastia. Escribió un poema titulado “Dos Amores” en el que figura una frase que se ha hecho famosa por su ambigüedad: “el amor que no se atreve a decir su nombre”. Generalmente se interpreta como una forma eufemística de referirse al amor homosexual, concretamente el suyo por su mentor y amante Oscar Wilde (cosa que él negó), pero habla de afectos entre “un anciano y un hombre más joven”, que considera que no constituyen “nada anormal”, sobre todo referidos a un cierto tipo de amor elitista (cultural y económicamente) al justificarlo cuando “el hombre anciano tiene el intelecto, y el más joven tiene toda la alegría, la esperanza y el glamour de la vida delante de él”. Como contestación a esta afirmación de Douglas, el poeta inglés James Kirkup  (1918-2009)  escribió en 1976 el poema “El amor que se atreve a decir su nombre” ,  explicado desde el punto de vista de un centurión romano que tiene relaciones sexuales (explícitamente recreadas en el poema) con Jesús resucitado, al tiempo que afirma que también Jesús las mantuvo en vida con varios de sus discípulos e incluso con Poncio Pilatos. Kirkup fue juzgado y condenado por “Injurias Blasfemas” (fue el último juicio celebrado al amparo de la Ley de Blasfemia vigente en Inglaterra desde 1697).

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Pero hemos venido aquí a hablar de Eleanor Olive, “Opal”, poeta y bisexual, que se educó en el férreo hogar de un militar del ejército británico desarrollando muy pronto una innata rebeldía.  En 1901 se la relaciona con su amante, la escritora y lesbiana declarada Natalie Clifford Barney (1876-1972), mujer de gran carisma (en quien está basada “El Pozo de la Soledad”, de Radclyffe Hall, la novela de lesbianas más famosa del siglo XIX) y en 1902 se casa con Lord Alfred Douglas, escapando de otro pretendiente, George Montagu, y de paso de su hogar, pues su padre no aprobaba para nada esta relación de su hija. La relación del matrimonio Custance-Douglas no fue nada convencional y mantuvieron algunos periodos de separación entre 1911 y 1917, sobre todo a raíz de la conversión al catolicismo de su marido (momento en el que repudió a Oscar Wilde y atacó su homosexualidad tachándola de perversión) y sus ansias proselitistas que no gustaron a Opal y terminó por abandonarle definitivamente en 1920. Nunca se divorciaron, incluso vivían en casas cercanas y su relación se calmó mucho a causa de la inestabilidad emocional de su único  hijo, Raymond, que tuvo que ser internado en instituciones de salud mental durante largos periodos de tiempo. Hacia el final de sus días Opal y Bosie se veían casi todos los días.

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En cuanto a su trabajo, Olive se unió muy pronto, en 1890 con 16 años, al considerado “círculo literario” de Londres, en el que se encuadran artistas de la talla de Oscar Wilde , Aubrey Beardsley , Ernest Dowson y John Gray (1866-1934) poeta de quien estuvo más influenciada, aunque también se aprecia la impronta de poetas franceses como fueron Paul Verlaine (1844-1896) y Arthur Rimbaud (1854-1891). Fue una habitual en “El Libro Amarillo”, publicación que aparece trimestralmente en Londres entre 1894 y 1897, con el siempre elegante ilustrador Aubrey Beardsley  (1872-1898) como primer redactor jefe, y tenida como una de las publicaciones de vanguardia de finales del siglo XIX. Contenía todo tipo de géneros literarios: poesía, ensayo, cuento, ilustraciones, biografías… Oscar Wilde no llegó a publicar nada, pero si incluyó varias críticas a sus obras realizadas por otros autores y estaba vinculado literariamente a muchos de ellos. También aparece una referencia velada al Libro Amarillo en la obra de Wilde “El Retrato de Dorian Gray” (1891). Fue una publicación artística y literaria de gran importancia en su tiempo.

En cuanto a su influencia del Movimiento Estético , este nace en el siglo XIX como una forma de reivindicar el arte exclusivamente como exaltación de la belleza (considerado como el representante inglés del “simbolismo” o el “decadentismo” francés). Surgió como oposición al utilitarismo y materialismo de los primeros años del XIX y a la “fealdad” en el arte como consecuencia de la impronta de la creciente industrialización. La mencionada obra “El Retrato de Dorian Gray” se considera como una de las más insignes representantes de este movimiento, y con el juicio y posterior ruina de Oscar Wilde, en 1895, llega a su fin.

Entre las obras de Eleonora Cunstance caben citarse Opals (1897), Rainbows (1902), The Blue Bird (1905), y una serie de poemas que fueron publicados en 1995 por Brocard Sewell. Y es que Olive continuo escribiendo poemas durante toda su vida, así como artículos que enviaba a revistas locales y soflamas patrióticas que fueron muy repartidas durante la Segunda Guerra Mundial, pero de las que no se han conservado ninguna.

Eleanor Olive Custance murió en 1944. Su marido Alfred en 1945 y su hijo Raymond, que vivió siempre atormentado por su inestabilidad mental, en octubre de 1965.

AlmaLeonor