LA ESTATUA

LA ESTATUA

Imagen: Los Niños del ParaguasParque Genovés, Cádiz

El VadeReto de este mes de AGOSTO no puede ser más interesante (¡que més no lo es!), y es que la propuesta que nos hace JascNet es escribir sobre LA ESTATUA. Para la creación de este relato había dos premisas:

Primera: El VadeReto va sobre LA ESTATUA y la imagen es solo ambientación para la entrada y publicidad de una de las estatuas más emblemáticas de Cádiz. Nos propone utilizar una ESTATUA que nos guste, que sea identificativa de nuestra ciudad o ¡¡inventada!! Y es que las normas de este reto, es que no hay normas. Como sugerencia, nos ofece las siguientes preguntas:
-¿Es la estatua la que os inspira o hace recordar alguna historia, o es ella misma la que os la cuenta?
-¿Habéis traspasado el umbral de la realidad y adentrado en un mundo de fantasía dónde la estatua cobra vida?
-¿Ocurre algo en la plaza que hace protagonista a la estatua?
-¿Qué tiene de diferente esta estatua para evocaros una historia fantástica?

Segunda: También nos propone una serie de frases que podemos utilizar (o no) en nuestro relato:
-«La escultura es el arte de la inteligencia». Pablo Picasso
-«La arquitectura es la ordenación de la luz; la escultura es el juego de la luz». Antoni Gaudí
«Los ojos de las estatuas lloran su inmortalidad». Ramón Gómez De La Serna.

Como siempre, la remarcada en negrita es que la yo he utilizado.

Durante una conversación con JascNet surgieron las GÁRGOLAS como tema del relato, pero buscando la definición de ESTATUA me he encontrado con que ellas, por muy intrigantes, misteriosas, interesantes y literarias que sean, no entran en esta definición:

Una estatua es la obra escultórica elaborada a imitación del natural, ​ que generalmente representa en efigie a una figura humana. En función de su actitud, puede presentar las siguientes denominaciones: propia (en pie), sedente (sentada), yacente (tumbada, generalmente sobre un sarcófago), ecuestre (a caballo), orante (arrodillada), oferente (ofreciendo presentes). Por la zona del cuerpo humano representada, se distingue: busto (solo la cabeza y la parte superior del tórax), herma (un busto que se prolonga por su base en forma de alto pedestal, más estrecho hacia abajo y sin solución de continuidad con la figura), torso o fragmento de escultura sin cabeza, piernas y brazos (típica en escultura romana, añadiéndose el resto del cuerpo en piedra de distinto color y textura). Por su tamaño, se denominan: colosos (las estatuas de gran tamaño que suelen representar a una personalidad destacada), estatuillas (las que tienen pequeño tamaño que suelen utilizarse como elemento ornamental o de culto).

Así que, nada de gárgolas, solo ESTATUAS. Pero en esta ocasión se me ha ocurrido hacer algo completamente distinto a lo hecho hasta ahora, espero no salirme del contexto del reto si en lugar de UN RELATO sobre UNA ESTATUA, ofrezco VARIOS MICRORRELATOS de 150 palabras cada uno, sobre VARIAS ESTATUAS. Y, la verdad, me ha gustado tanto esto de escribir un microrrelato sobre una estatua, que creo que voy a seguir realizando este ejercicio con un montón de ESTATUAS de las que tengo en fotografías propias y, quizá, otras que me gustan mucho y de las que buscaré una imagen en internet (como el David de Miguel Angel, una de mis favoritas, pero que aún no he visto).

Y con el beneplácito que espero obtener a este atrevimiento, aquí están los textos.

ESTATUA HUMANA

Distintas ESTATUAS HUMANAS en: Venecia, Pamplona y Amsterdam. Fotografías propias.

—Y, entonces, tu novio ¿cómo es?

—Pues, a veces muy besucón, otras un animal y en ocasiones gasta unas bromas, que asustan.

—Pues hija, que voluble… No creo que te aburras con alguien así…

—No te creas, es una ESTATUA humana.

—¡No me digas! Con tanto vaivén… ¿Quién lo diría?

—Pues sí, le va bien la profesión…

—Al menos, por la noche, eso de ser un «animal», te hará feliz en la cama…

—Bueno… De día ejerce y de noche… lo practica. Hace meses que no me como un rosco, como oyes…

—Que mal has elegido, hija… De día no le ves y de noche no le sientes…

—Esa es otra… Soy el señuelo. Si no empiezo yo pidiéndole una actuación, la gente no se anima… Se arruinaría… y, mientras tanto, a mí me arruina las noches… Menos mal que tiene humor. Me faltarán noches locas, pero nunca la risa.

LA VICTORIA DE SAMOTRACIA

La Victoria de Samotracia en su ubicación en la Escalera Daru en el Museo del Louvre. Fotografía propia.

Vienes volando, como un ser espectral, batiendo tus alas, liviana… Con tu vestido al viento, transparente, tan femenina… La belleza de tu cuerpo es impresionante… Me llamas…

—Fernando… Fernando… ¡Mírame…!

Te miro y caigo extasiado en tu mirada… ¡Espera, espera…! ¿Qué mirada? ¡Dioses del cielo! ¡Si no tienes cabeza! ¿Cómo puedes llamarme entonces?

—Fernando… Fernando… ¿Estás bien…?

No, no estoy bien, ¡cómo voy a estar bien si vienes a mí levitando, en cueros y sin cabeza…! Y encima conoces mi nombre… ¡Pero eres un bellezón! Me iría contigo al fin del mundo…

—Fernando… Fernando… ¡No te vayas…!

¿No quieres que me vaya contigo? ¿Y por qué me llamas entonces…?

—¡Ya abre los ojos! ¡Ya abre los ojos…! Fernando, ¿me oyes?

—Caballero, se ha caído usted por la escalera Daru… Menos mal que le ha frenado la ESTATUA de la Victoria de Samotracia, si no, rueda usted hasta abajo del todo…

MAIMÓNIDES

Estatua de Maimónides en Córdoba. Fotografía propia (texto ligeramente basaso en una historia real).

—¡Que te digo yo que es por aquí!

—¡No!, por ahí ya hemos pasado… hay que girar a la derecha…

—Así llegamos a la plaza del principio… A ver, déjame el plano…

—¿Y si preguntamos? Acabaremos antes.

—¡Tú siempre tan indeciso!

—¡Y tú tan perdida! ¡No te jode!

—¡Antonio! ¿Vamos a discutir también en vacaciones?

—Maribel, yo no quiero discutir, pero recorrer todos los monumentos de Córdoba me parece excesivo…

—Nos falta la ESTATUA de Maimónides, y hasta que no la encontremos no nos vamos.

—Pues voy a preguntar… ¡Perdone, señorita…! ¿Podría decirme…?

—Yo te digo a ti todo lo que tú quieras, ¡salao…!

—¡Oye, bonita, que es mi marido!

—Pues que te pregunte a ti, desaboría…

—¿Ves lo que has hecho?

—¿Yo? Si tú no fueras ligando con todo coño viviente…

—¡Y tu buscando al Maimónides! que a saber quién era ese…

—¡¡Ahí está!! (los dos a la vez)

EL HERMAFRODITO

El Hermafrodita durmiente , copia romana del siglo II a. C., sobre un colchón esculpido por Bernini en 1620. Museo del Louvre. Fotografías propias.

—Para mí no hay una ESTATUA más hermosa que esta, te lo aseguro. Ya lo verás…

—Estoy deseando verla, Gabriela.

—¡Aquí está! ¿Qué te parece?

—No se… Pensaba que sería otra cosa…

—¿No sabes quién es?

—No… ¿Debería?

—Mírala bien José… ¿es un hombre o una mujer?

—Tiene un buen culo… ¡Es una mujer!

—¿Y si fuese un hombre?

—Pues también tendría buen culo… Ahora que miro su cara… Sí, podría ser un hombre… ¡Y hermoso!

—¿Yo te parezco hermosa?

—La que más, ya lo sabes, Gabriela.

—¿Y si fuese como la de la estatua?

—¿A qué te refieres?

—Mírala por el otro lado…

—¡Me cago en la leche! Es un…, pero también…, una… ¿qué significa esto?

—José, ¿tú me quieres?

—Claro que te quiero, pero porqué me lo preguntas ahora… ¿Qué pasa?

—¿Me querrías si fuese como ella? ¿Si tuviese sus mismos atributos?

—Gabriela… Tú… ¿Gabriel…? ¡No es posible…!

TRES HOMBRES DESNUDOS

Desnudos masculinos en Amsterdam, Valladolid y Corella (Navarra). Fotografías propias.

—El desnudo masculino en las ESTATUAS, es una de las artes más antiguas y difíciles de realizar… Los grandes maestros se esforzaron mucho por mostrar el cuerpo humano en toda su magnificencia, las venas, los músculos, la perfección de las formas…

—Profesor… ¿A qué se refiere con eso de la perfección de las formas?

—La perfecta proporción del cuerpo… Desde la cara, complicada, pero que incluso desdibujada es aplaudida, hasta los glúteos, que deben mostrarse perfectos en su redondez, o los atributos masculinos…, que no pueden ser ni enormes, ni minúsculos, o se perdería su esencia…

—¿Y los ojos, profesor?

—Los ojos se suelen esculpir ciegos, mortecinos, apagados, acuosos, como cansados de lagrimear…

—¿Por qué?

—Como decía Ramón Gómez De La Serna: «Los ojos de las estatuas lloran su inmortalidad».

—Su ejemplo de tres hombres desnudos no tienen ojos, profesor…

—Pero al verlos, somos nosotros los que lloramos nuestra imperfección.

AlmaLeonor_LP

VadeReto de Abril: ¡Vacío!

VadeReto de Mayo: El Tesoro del Pirata

VadeReto de Junio: El Ramo de Violetas.

VadeReto de Julio: Soledad y algo de Desesperación

YAMAGUCHI (PAMPLONA)

YAMAGUCHI (PAMPLONA)

Para ver todas las fotografías, pinchar en la imagen o AQUÍ.


Habíamos leído en alguna parte que Pamplona contaba con un precioso jardín japonés y nos apetecía mucho conocerlo, así que en nuestra última visita a la capital navarra, el pasado 23 de noviembre, nos acercamos al Parque Yamaguchi, en el barrio Ermitagaña.

El Jardín Japonés Yamaguchi fue diseñado por paisajistas japoneses en 1997, como consecuencia del hermanamiento de Pamplona con la ciudad japonesa de Yamaguchi, localidad evangelizada por San Francisco Javier, patrón de Navarra, que no de Pamplona, cuyo patrón no es tampoco San Fermín, como se podría suponer, sino San Saturnino, festividad que se celebra hoy, 29 de noviembre.

El Yamaguchi cuenta con 80.000 m2 de parque que rodea un lago artificial y donde se puede encontrar desde una cascada, hasta un puente y paseos de madera, arreglos ornamentales con piedras y arbustos, y muchísimos árboles, algunos de los cuales se trajeron expresamente de Japón, homenajeando a las cuatro estaciones. Son más de 600 plantas y cerca de 400 árboles, entre los que se encuentran: cerezo japonés, ginkgo biloba, sauce llorón, ciprés de los pantanos, arces, robles, secuoyas y acebos.

El cerezo japonés (Prunus serrulata) es el más vistoso de los árboles del Yamaguchi, seguido del ciprés de los pantanos (Taxodium distichum), una especie que, curiosamente, procede del sureste de los EE. UU. y se desarrolla muy bien en zonas encharcadas. También se pueden contemplar un par de ejemplares de Secuoya gigante (Sequoiadendron giganteum) y del Tulípero de Virginia (Liriodendron tulipifera), que es un árbol muy apreciado por la abejas. También se pueden ver de vez en cuando unas cajas nido instaladas para atraer la población de aves, desde cernícalos y autillos a ejemplares de jardín, como gorriones, carboneros y herrerillos.

En el lago, cuyas aguas tranquilas representan en la cultura japonesa la quietud en la madurez de la vida, un gran geiser anima la población de patos y palomas (entre los más visibles, aunque también pudimos ver algunos carboneros y gorriones) que no le abandonan. Un palafito o pagoda se asoma al conjunto y permite obtener una visión casi completa del parque y del lago.

Junto al parque se encuentra el Planetario de Pamplona y junto a él otro parque singular que dejamos para otra ocasión, pues se puso a llover en ese momento. Me refiero al Jardín de la Galaxia, un parque que replica a escala la Vía Láctea con más de 500 arbustos representando las estrellas, nebulosas y hasta un agujero negro. Otra curiosidad es que su diámetro, de 30 metros, equivale a escala a 100.000 años luz.

Pamplona es una ciudad llena de jardines. A los del precioso Parque de la Taconera, que ya conocemos, se unen los de la Ciudadela, la Vuelta del Castillo y el Parque Antoniutti, así como los Jardines de la Media Luna (Tejería) y el Parque del  Campus de la Universidad Pública de Navarra, de unos 40.000 m2 de extensión, y cerca de 43.000 árboles  y arbustos de 100 especies distintas de los cinco continentes entre ellos: sequoya, acacias, magnolios, chopos lombardos, palmeras, cedros del Atlas, árbol de Judea, avellano turco, thuya o eucaliptos, además de otros autóctonos como abetos, arce, serbal de los cazadores, tilos, encinas, robles y hayas que, por otro lado pueden contemplarse en varios de las pequeñas zonas arboladas que hay por toda la ciudad, barrios exteriores y localidades de los alrededores.

Nos ha encantado esta visita. Para ver el resto de las fotografías, pinchar en la imagen de cabecera o AQUÍ.
AlmaLeonor_LP

EL AGUA NUEVA DE NAVARRA

EL AGUA NUEVA DE NAVARRA

Imagen: Fuente en el Parque de la Taconera (Pamplona)

Cada pueblo tiene sus propias tradiciones navideñas, como la Misa del Gallo en Nochebuena, o tradiciones foráneas que ha hecho propias, como el Árbol de Navidad, o ya puestos, la instalación del Belén en los hogares, una costumbre que parece que se inició en Italia y que en el siglo XVII, ya extendida por toda Europa, llega a España para convertirse en una tradición incluso institucional, pues todos los Ayuntamientos españoles construyen el suyo en la plaza principal, con más o menos fortuna (como ha ocurrido este año con el controvertido Belén del Ayuntamiento de Barcelona).

Hay algunas tradiciones navideñas locales muy arraigadas que no se han olvidado y se siguen practicando desde tiempos casi inmemoriales. Por ejemplo, el Tió de Nadal, el popular Cagatió catalán, relacionado con el Árbol de Navidad, pues se refiere a un tronco leñoso al que hay que darle de comer y taparle para que no tenga frío y que en la noche del 24 de diciembre, “caga” regalos si se le atiza. En otras comunidades españolas se celebra también con nombres parecidos como la Tronca de Nadal (Aragón), Tizón do Nadal (Galicia), e incluso en regiones francesas, como en Occitania, donde se celebra el Soc de Nadal (Cachafuòc). El Olentzero, originario de Lesaca (Navarra), es un personaje muy popular de la tradición navideña vasca. Es un carbonero gordinflón y borrachuzo (por su nariz coloreada), que trae los regalos el día de Navidad en el País Vasco y Navarra (también se conoce en la zona del País Vasco francés), y cuya celebración es antiquísima, probablemente anterior al cristianismo, como ofrenda invernal. En algunas zonas de Asturias y Cantabria existe un personaje parecido, el Esteru, un leñador, repartidor de regalos.  Y, en fin, existen otros muchos personajes navideños, algunos no tan bonachones, que pululan por los hogares de buena parte de Europa durante estas fechas y que ya traté en HELICON en un artículo anterior, LOS MONSTRUOS DE LA NAVIDAD .

Pero el final del año, celebración implícita también en las festividades navideñas, también tiene sus propias costumbres y tradiciones, como por ejemplo la de comer Doce Uvas, una por cada campanada que marca el final del año (o por cada uno de los meses del año, que no está claro). Es una costumbre que se celebra en España desde finales del siglo XIX y que pudo ser patria, aunque también parece que se importó del vecino país galo. En todo caso, desde España se exportó a muchos lugares de habla hispana.

Pero existen otra serie de tradiciones más locales que aún hoy se conservan y que merece la pena que no se olviden. Una de ellas es la del Agua Nueva de Navarra.

La última noche del año, el 31 de diciembre, en la población de Urdiain (Navrra),  se lleva a cabo una ceremonia curiosa que consiste en recoger agua de las fuentes del pueblo justo tras la última campanada de fin de año, el agua nueva del año. Una vez hecho esto los vecinos se la ofrecen a los que no han podido recogerla como gesto de buena voluntad del año y que, normalmente, es recompensado con un pequeño presente como aguinaldo. Este recorrido vecinal solía acompañarse de una cancioncilla, “Ur goiena, ur barrena”, que tiene un significado curioso, pues se refiere al agua en todos sus sentidos, la que cae del cielo en forma de lluvia (ur goiena) y la que se encuentra en el interior de la tierra y mana por las fuentes (ur barrena). Es una invocación a toda el agua para empezar el año, pero “ur” tiene un significado mayor en euskera y pude referirse a toda la “materia viva” de la naturaleza: la lluvia, la nieve, la madera, los huesos… e, incluso, el transcurso mismo del año, el nuevo ciclo vital de Ama Lur, la madre naturaleza.  La vida.

La cancioncilla puede tener muchas variaciones en su letra, José Mª Satrústegui recoge unas cuantas, pero un ejemplo podía ser este:

Esta costumbre está localizada en navarra y se celebra también en los valles de Baztán, Basaburúa, Imoz, Larráun, Burundi y Araquil. Pero en Agurain (Álava) se celebra un rito parecido, el “Gabonzar Ura” (Agua de Navidad), por el que en Nochevieja se arrojaba por la ventana el agua que existía en las jarras de la casa, el agua vieja, para en el amanecer del Año Nuevo, ir a recoger el agua nueva de las fuentes. El rito ha ido completándose con recogida de alimentos, pero la tradición manda que sea el agua el que se renueva con el primer minuto del año nuevo.

Así que celebremos el nuevo año, por ejemplo, con agua nueva.

 

 

MINIEXCURSIÓN A PAMPLONA

MINIEXCURISÓN A PAMPLONA

Pamplona  es una ciudad que merece más de una visita. Eso es lo que hemos constatado en esta nuestra primera (porque habrá más) aproximación a la que seguramente es una de las poblaciones más conocidas en el mundo gracias a sus fiestas de San Fermín.

Pero a nosotros nos han encandilado otras (más que nada porque no nos gustan las corridas de toros ni los espectáculos taurinos) de las muchas cosas que tiene Pamplona  . Nos han encantado las calles de su casco antiguo, la serena tranquilidad que se respira en la plaza del Castillo, el verdor y cuidado de sus jardines de la Taconera y la férrea presencia de su catedral al final de una calle empinada. No hemos podido ver mucho más, pero como digo, esta ha sido una miniexcursión que preludiará otras visitas.

Acueducto de Noaín

Esta vez no fuimos desde Valladolid, sino desde La Rioja baja, así que fue fácil enlazar con la AP15 en Castejón y seguirla hasta Pamplona. Lo primero que llegamos a ver desde la furgo fue el Acueducto de Noaín, construido en 1790 para abastecer de agua potable a la capital desde el manantial de Subiza. Consta de 94 arcos a lo largo de aproximadamente 16 kilómetros, y pasamos justo por donde se encontraban otros tres que fueron demolidos para construir la autopista.

Entramos en Pamplona, la vieja Iruñea. Fundada, según se afirma, en el año 74 por el mismísimo Pompeyo con el nombre de Pompaelo, se situó sobre un asentamiento anterior de nombre Bengoda. Con el tiempo y el poder de la familia del conde Casio, trastocada en el musulmán Banu Qasi y, sobre todo, con el empuje de Iñigo de Arista (¿?-851), Pamplona consigue erigirse en la capital del Reino de Navarra. Es un enclave singular bañado por el río Arga y su afluente, el Elorz, además del Sadar, afluente a su vez del Elorz. Es, por tanto, un enclave húmedo y verde a los pies de varias elevaciones montañosas y con un clima variable que hoy nos regala un día de luz espléndida y un calor inusual para la época, aunque a esto ya lo estamos sufriendo en todas partes.

Vamos buscando donde aparcar al aire libre porque no queremos entrar en uno de los muchos parking subterráneos que nos encontramos aunque nos juren que mide más de 2 metros de altura. Un empleado de la ORA (todo el centro de Pamplona es zona residencial y no se puede aparcar sin tarjeta), nos dice que podríamos aparcar todo el día con un solo ticket de pago en un lugar llamado Club Larraina, que encontramos con sus indicaciones en: Cuesta de La Reina, 2. Es un sitio muy bueno si encuentra sitio y nosotros tuvimos la suerte de encontrar uno, de no haberlo hecho, no sé qué hubiese pasado… Está justo al lado de los Jardines de la Taconera.

Portal de Francia

El Parque de la Taconera se termina de conformar en el año de 1830, cuando la burguesía construía en todas partes lugares de esparcimiento para el paseo y el solaz. Es un parque abierto y de paseo libre al que se puede acceder por algunas de las antiguas puertas de acceso de la muralla, como la Puerta de San Nicolás (la más monumental, como un Arco de Triunfo, del que solo se conserva la fachada), el Portal Nuevo, o la Puerta de Santa Engracia. Nosotros vimos el Portal de Francia, llamado así porque es el acceso a Pamplona del Camino de Santiago francés.

Parque zoológico de la Taconera

Hay un paseo a todo lo largo del parque que permite contemplar la parte baja de la ciudad con su río Arga y los árboles pletóricos de otoño. Es un parque muy, muy, muy cuidado, con un esmero envidiable y con una sorpresa en su interior, un pequeño parque zoológico con varias clases de patos, ocas, cisnes, pavos reales y diversas aves, así como conejos y, al menos, cinco ciervos hembra que nos regalaron un paseo por el recinto como si quisieran posar para nosotros y nuestra cámara (no vimos ningún macho, una pena). En uno de los puntos centrales del parque se encuentra el monumento al tenor navarro Julián Gayarre (1844-1890).

Pamplona cuenta con más jardines monumentales que no visitamos en esta ocasión. Por ejemplo, es destacable toda la zona de la Ciudadela y el Castillo, así como el Paseo del Arga, también llamado Parque Fluvial de Pamplona, el de la Universidad o el de la Media Luna, aunque a nosotros nos llamó mucho la atención la existencia de un jardín japonés, el Parque de Yamaguchi, situado cerca del Planetario.

Inscripción latina en la fachada del Ayuntamiento

Pero, como digo, teníamos muy poco tiempo, así que nos lanzamos hacia el centro de la ciudad para recorrer sus calles y disfrutar de su ambiente cosmopolita. Y desde luego que disfrutamos. En la Calle Mayor pasamos por delante del Palacio Ezpeleta un precioso edificio del siglo XVIII. Además de la famosa calle Estafeta, tan retransmitida por televisión durante los San Fermines, muchas son las callejuelas de paseo sosegado pero con viva presencia, que se parecen a ella como gotas de agua de un mismo vaso. Inevitablemente, y siguiendo la ruta de los encierros, llegamos al mismísimo centro del Casco Viejo, donde se encuentra su Ayuntamiento, edificio reconstruido en los años cincuenta, pero que aún conserva su magnífica y decorada fachada dieciochesca (es de 1760), en la que figura una inscripción latina que dice más o menos: “La puerta está abierta para todos, mucho más el corazón” (patet omnibus janua cor valde magis), una frase que describe, creo yo que muy bien, como te hace sentir la gente navarrica.

Placas con los tres burgos originales.

Ese viejo ayuntamiento había sustituido al que Carlos III de Navarra (1361-1425) mandó construir en 1423 en el lugar donde  confluían los tres burgos originales de los que constaba Pamplona: Navarrería, San Cernin y San Nicolás. Una serie de placas en el suelo recuerdan estos límites, a la vez que nos informa de lo siguiente que hay que visitar: la Iglesia de San Cernín y la de San Nicolás, además, claro está, de la Catedral. Pero primero hay que comer.

Iglesia de San Cernín

Iglesia de San Cernín.  Es el templo del patrón de Pamplona, San Saturnino o Cernín. Data del siglo XIII, aunque posiblemente hubiera allí un templo romano anterior. También fue una fortaleza militar de defensa, dada su situación en medio de los burgos que componían Pamplona. Hoy está situada en una calle estrecha, pero se ve bien el atrio porticado en su entrada. Otras curiosidades de la iglesia son su veleta en forma de gallo, el reloj de la torre de 1499, que es el que anuncia el momento exacto en el que hay que disparar el cohete sanferminero, y una oquedad, o “pocico”, donde San Fermin, que fue el primer obispo de Pamplona, bautizaba a los cristianos.

Iglesia de San Nicolás

Iglesia de San Nicolás.  Otro templo nacido como iglesia y bastión defensivo fue San Nicolás, del siglo XII. Se reforma entre los siglos XIII y XIV tras un incendio y aún tiene algunos añadidos del siglo XIX, e incluso del XX, como la torre actual, que es del año 1924. Contiene el órgano barroco más importante de Pamplona, construido en 1769. Este órgano suena cada 1 de noviembre en un concierto homenaje a Pablo Sarasate (1844-1908), cuyo paseo se encuentra justo en la entrada del Templo. Antes, este Paseo de Sarasate formaba parte de la Taconera, e inicialmente su nombre era Paseo de Valencia. Pero en 1908, al fallecer el violisnia, que vivió muy cerca, precisamente en la Calle de San Nicolás, el Ayuntamiento decidió cambiar el nombre del Paseo.

El Paseo de Sarasate tiene una curiosa historia. Durante la Edad Media, la muralla de la ciudad pasaba por el lado par de esta calle y la iglesia de San Nicolás se integraba en el cerco defensivo. El paseo era entonces una avenida extramuros, fuera de la ciudad. Fue así hasta el siglo XVI, tras la conquista de Navarra, cuando se construyeron las actuales murallas integrando toda la zona.

Catedral

Catedral de Pamplona. Es una construcción que data de los siglos XIV y XV, de fachada robusta y sobria en la que destacan los magníficos capiteles corintios de las columnas de su entrada. El interior es más ornamentado, de estilo gótico, y alberga el mausoleo de Carlos III de Navarra (1361-1425) y su esposa Leonor de Trastámara (1362-1415). El claustro de la catedral, construido entre 1286 y 1472, es imponente, una de las cumbres universales del estilo gótico a decir de los expertos, aunque no pudimos entrar porque, como todos los sitios, tiene su horario y sus estipulaciones. Cuando llegamos nosotros estaba abierto, pero solamente se podía entrar adquiriendo la entrada completa con visita al museo y torres, cinco euros y un tiempo que no teníamos. Así que nos quedamos sin verlo. Por cierto, que menudo bicho nos encontramos allí… menos mal que ya estaba muerto…

Una paradita en la plaza del Ayuntamiento ya nos puso en contacto con el buen tapeo de esta ciudad pamplonica (la buena cocina de Navarra ya la conocíamos de anteriores viajes a la navarra pirenaica), pero más tarde nos fuimos hasta las calles laterales del Paseo Pablo Sarasate, pasando por delante del Monumento a los Fueros  y el Palacio de la Diputación Foral , por recomendación de la oficina de turismo para comer. Seguimos enamorados de la cocina navarra.

Plaza del Castillo

Justo antes de la parada dimos con la Plaza del Castillo, verdadero centro neurálgico de la ciudad, que nos recordaba ligeramente a la plaza del templete de Tudela (Navarra), pero más grande y con un ambiente más relajado y tranquilo. Nos hubiésemos quedado todo el día en ese lugar. Así de bien nos hizo sentir esta plaza muy frecuentada por paseantes, familias, gentes que solo disfrutaban del sol en uno de sus bancos, y ciclistas. Creo que, hasta el momento, es la ciudad española donde más gente en bici he visto. Y con perros.

Café Iruña

Pero ya toca ir terminando. Para ello, nada mejor que un café en uno de los sitios más bonitos que he visto, el Café Iruña, en uno de los laterales de la plaza del Castillo. Es un local que existe desde 1888 y aún conserva el aire decimonónico de los cafés de lujo y tertulia que tanto proliferaron en nuestras ciudades. Este lugar fue, además, el primer establecimiento comercial en contar con luz eléctrica en toda la ciudad. Una exclusividad más para un local que se ha hecho famoso en todo el mundo por ser uno de los favoritos del escritor Ernest Hemingway (1899-1961).

La gente buena, si se piensa un poco en ello, ha sido siempre gente alegre”. Ernest Hemingway.

Uno no puede irse de Pamplona sin visitar el rincón favorito del escritor y sin hacerse una fotografía junto a su estatua.

#AlmaLeonorLP

 

Para saber más sobre los Paseos por Pamplona,
el Ayuntamiento ofrece este  pdf.

Como siempre, más fotografías pinchando la primer imagen, en ALMA VIAJERA
o también aquí.

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